III: Nuestra Primera Noche.

Llegó a la casa muy tarde, tanto que ya Patrick dormía. Verificó que así era y después de eso empezó a desvestirse demasiado cansada como para buscar una bata.

-Bonito panorama.

Dio un respingo y se metió de un salto en el baño. ¡Tonta! –se dijo- Eres su esposa no debes tener pena.

-¿Te he asustado? –preguntó Patrick desde detrás de la puerta.

-No, eh… necesitaba ir al baño.

-Ah, ok. –Abrió el grifo del lavamanos, lo cerró y bajó el WC.- ¿Consideraste lo que te dije ésta mañana?

-Sí. Pero… -miró a su alrededor en busca de una excusa- No puedo, estoy en mis días. –dijo al ver la cajita azul en el neceser. Cerró los ojos rogándole a Dios porque él se lo tragara.

-Que inoportuno.

-Voy a tomar una ducha. Si quieres ve a descansar. –suspiró y sin darle chance a responder se metió a la ducha. Se demoró la mayor cantidad de tiempo posible, esperando a que él se quedara dormido.

Al salir, se apoyó en la pared y se dejó caer al suelo, puso la cara entre las rodillas y respiró profundo, ¿En que lío me habré metido? Se preguntó.

Muy tarde se dio cuenta de que habia dejado su ropa en la habitación, buscó en el baño alguna bendita toalla pero súbitamente recordó que todas estaban en la lavadora; todas excepto la de Patrick que convenientemente no se hallaba ahí.

Abrió la puerta con cuidado, en la cama matrimonial estaba la silueta de su falsa pareja. Salió con cuidado intentando no despertarlo, se puso la ropa interior y rebuscó en la habitación intentando encontrar su pijama, revisó alrededor de la cama y la encontró en los brazos de él. Con sutileza intentó sacarla de su escondite.

Con un sencillo movimiento, Patrick la tumbó en la cama sobre él, giró y le dio un beso en el cuello.

-No estás en tus días, a ti te viene los primeros del mes, estamos a finales de agosto. Ahora, ¿Me vas a decir por qué mi esposa se rehúsa a dormir conmigo?

-Ah… el doctor dijo que no debías tener… emociones fuertes.

-Si es por eso… -besó su cuello y desabrochó el sujetador. En ese momento ella desechó cualquier principio moral y se dejó llevar por el momento.

-No te recordaba tan… salvaje.

Lisbon se ruborizó y desvió la vista, jamás, jamás de los jamases se imaginó en ésta situación, se encontraba sobre el pecho de Jane, él le acariciaba lenta pero rítmicamente la espalda.

-Creo que tu estancia en el hospital te volvió más viejo, y lento.

-¿Tú crees?

-Sí, has estado mejor. –dijo fingiendo decepción.

-Mis tiempos de gloria aún no han pasado.

A ella no le importó que no fuer real, o que él podría recordarlo todo, que podría odiarla por suplantar a su amada. Lo único que le importó fue que en ese momento Patrick la hacía sentir como nunca, también le había hecho descubrir rasgos de ellas que ni ella misma conocía, por ejemplo: nunca se había catalogado como gritona pero en este preciso instante se hallaba gritando ¡Patrick! A todo pulmón.

-Creo que fue mejor hacerlo ahora que con Charlotte en su cuarto. –comentó Patrick.

-Siempre nos quedan las pijamazas. –después de ciertos besos- Tengo que irme, me está esperando una amiga. –viendo el reloj se regañó por no haberse acordado, el hecho de que llegara tarde aumentaría los rumores que minaban el CBI.

-Respecto a ese vestido…

-¿Quieres verlo?

-Compláceme. –ella sonrió y apenada le besó con suavidad la marca que le había dejado en el hombro. Definitivamente, Patrick Jane la había cambiado. Se cubrió con la sábana, tomó su ropa interior y el vestido yéndose al baño. Ésta vez no se sentía ridícula, se sentía… como la mujer más sexy del mundo (Aunque una copa más grande no le hubiera molestado)

-¿Qué tal? -apartó la falda para darle una mejor vista de sus piernas.

-¿Crees que tu amiga se molestaría mucho si llegas un poco más tarde?

-Diré que había tráfico. –dijo quitándose el vestido con una sonrisa traviesa.

-Hola jefa ¿Pasó una buena noche? –preguntó Rigsby. Por un momento creyó que la había descubierto, pero arrojó ese pensamiento sabiendo que era imposible.

-Sí. –se quitó el anillo y se puso la placa, dejó el arma a la mano, desde aquel fatídico día siempre la tenía al alcance.- Chicos, el sábado Patrick y yo vamos a darle una fiesta de bienvenida a Charlotte ¿Vienen?

-Eh… ¿Cómo va a hacer para traer a una chica que está muerta? –Rigsby expresó la confusión que tanto él como el inexpresivo Cho sentían. A Van Pelt nada de esto le sorprendía, ayer habían tramitado la adopción.

-He adoptado a una adolescente que se parezca a nosotros.

-¿No debería ser igual a la verdadera Charlotte?

-Sería extraño que ella no se pareciera para nada a mí, además no puedo adoptar a una niña de tres años, han pasado casi 11 años desde que ellas murieron. El caso es ¿Vienen o no?

-Pero si no nos conoce.

-Pues entonces lo hará. Sé que es algo irritante pero ¿De verdad quieren perder contacto con él hasta que recupere la memoria?

-Yo voy. –dijo Van Pelt.

-Igual. –contestó Rigsby.

-Cuente conmigo. –dijo Cho.

-¿Qué tienen para mí? –Lisbon dejó los asuntos personales y se enfocó en el caso que llevaban, siendo lo más objetiva posible con la víctima, no podría dejar que su vida personal arruinaran la investigación. ¿Qué el hombre era un verdadero hijo de puta? Sí, lo era. ¿Qué con solo verlo le provocaba revivirlo solo para matarlo con sus propias manos? Sí, quería. Pero había un asesino libre y cabía la posibilidad de que ese asesino los condujese a Red John.

-Murió de una sobredosis de cocaína, los forenses encontraron abrasiones en el rostro y rastros de polímeros en los ojos. Dice que es probable que lo obligaran a inhalarla.

-Tal vez no se trate de Red John después de todo. –dijo Lisbon ocultando la decepción de su voz. – Rigsby revisa los estados de cuenta, tal vez alguien le pagó por el secuestro; Van Pelt quiero que averigües quien tenía razones para matarlo y dónde estuvo recientemente.

-Tengo la dirección. –dijo Cho.

-Perfecto. Dirígete allá. Sé que es nuestro primer caso sin Jane, pero estábamos bien antes de él, y lo estaremos ahora.

Al final del día, habían reducido la lista de sospechosos a tres posibles asesinos.

-¿Está lista? –preguntó Van Pelt entrando a la oficina de su jefa.

-Déjame terminar estos formularios y ya te sigo.

Firmó el documento que tenía en la mano y apagó todo dejando la habitación iluminada solo por la luz que entraba por la ventana. Se sentía extraño dejar el edificio tan temprano.

-Voy a cambiarme, debería venir conmigo.

-¿Por qué?

-Hoy me he topado con Jane.

-¿Y qué hiciste?

-Me presenté como la amiga con la que estabas reunida.

-Ah ¿Preguntó por mí?

-Sí, estabas en la peluquería.

-Ah. –la siguió hasta los vestidores con una calida sensación en el pecho, sí, tal vez se estaba comportaba como una adolescente con su primer novio, pero también es cierto que de adolescente no tuvo la libertad de tener uno.

-Por cierto ¿Qué hicieron anoche?

-¿Qué? ¿A qué se debe la pregunta? –dudó de la discreción de Jane por un momento, ¿Sería posible qué…? No, él no era de los que presumen de sus conquistas, no el Jane que conocía.

-Me preguntó de dónde era, yo dije que de Iowa, entonces dijo que yo la estaba influenciando.

-Debe ser por el guiso de ayer quedó algo picante. –dijo bloqueando el recuerdo del comentario que Patrick le había regalado a Rigsby hace casi cuatro años.

- ¿Por eso dijo que de una combinación de pelirroja y iowano siempre resultaba una femme fatale?

-Quién sabe –se encogió de hombros- después de su hospitalización no quedó del todo bien. –fingió una sonrisa.

-Me pidió que le diera esto. –le dio el guardapolvo con el dichoso vestido que al parecer deseaba ser estrenado.- la cena es elegante, ¿Sería posible que llevara a alguien conmigo?

-Sí, seguro. –consintió aún aturdida por el cambio de planes.

-Gracias. Vuelvo en un minuto. –dejó la habitación y se dirigió al escritorio de Rigsby.- ¿Me acompañas a la cena de la jefa?

-La verdad… -contestó pensando en la rubia que lo esperaba esta noche.

-Por favor, no quiero sentirme como un estorbo.

-Bueno. –no importaba la rubia. Ninguna de ellas importa al lado de Grace. Y más si exhibía esa sonrisa triunfante.

-Es de gala. Puedes ir a cambiarte mientras la jefa y yo vamos al salón.

-Ok.

-¿Y estos zapatos? –intervino Lisbon haciendo acto de presencia, ya vestida y subida a unos tacones de aspecto gamuzado, de suela roja y tremendamente altos que a los ojos de Van Pelt eran perfectos.

-Son Christian Louboutin. Perfectos ¿No?

-Son hermosos. –dijo admirándolos bajo la luz mortecina del edificio.

-Déme un minuto. –desapareció por el mismo sitio en el que había aparecido su jefa y se cambió rompiendo el récord de su jefa. Llegó hasta sus compañeros calzándose el zapato izquierdo.

-Te ves hermosa –halagó Rigsby. Y sí que lo estaba, el vestido rojo le sentaba a las mil maravillas.

-Gracias. –dijo sonrojándose, haciendo un hermoso contraste con el tono de su piel.

-¿Tenemos que ir a la peluquería en serio? –dijo Lisbon sin ánimo.

-Recuerde que Ángela era muy cuidadosa con su aspecto personal.

-Bien, pero me duele la cabeza así que no voy a hacerme algo elaborado y ridículo.

Lamento publicar tan tarde. Graze mile por los reviews. La historia ya está terminada, sólo debo pasarla a la compu, sin embargo bienvenidas sean las sugerencias. Éste es el vestido que usa Lisbon en el capítulo anterior, el presente y el siguiente: ./imgres?hl=es&biw=1024&bih=424&gbv=2&tbm=isch&tbnid=HuMdXtZiyScd-M:&imgrefurl=.&docid=KcCp2hmUCAeQiM&imgurl=.&w=500&h=800&ei=LjOKT_KdAoei8AST1fnCCQ&zoom=1&iact=rc&dur=718&sig=111386363812502300901&page=1&tbnh=105&tbnw=66&start=0&ndsp=18&ved=1t:429,r:1,s:0,i:65&tx=161&ty=58

, y estos son los zapatos: ./imgres?q=louboutin&um=1&hl=es&sa=N&biw=1024&bih=424&tbm=isch&tbnid=5NRGN0kiajmA-M:&imgrefurl=.net/&docid=tTYkAbMRJLgHnM&imgurl=.&w=500&h=500&ei=fDCKT8DIEo-o8ASK4cHiCQ&zoom=1&iact=hc&vpx=753&vpy=64&dur=1391&hovh=225&hovw=225&tx=173&ty=182&sig=111386363812502300901&page=2&tbnh=124&tbnw=118&start=15&ndsp=19&ved=1t:429,r:6,s:15,i:112