° Nuevamente, hola a todas. Quiero disculparme por la tardanza, y debo culpar a mi hermano por ésto, ya que el condenado chiquillo se llevó mi compu y no quería devolverlo. Pero en fin, una páliza y muchos gritos después, aquí me tienen.
° Antes de comenzar, quiero comentarles algo. En un principio, dije que el fic sería breve, pero por cómo se está dando la historia, tal vez se alargue un poco más de lo previsto. Es decir, de ser tres capítulos, quizá sean seis o siete. Espero que ésto no resulte una molestia para ustedes, dado que en ocasiones, las historias con muchos capítulos aburren a los lectores.
° Gracias a quienes dejaron su review, aunque no me gusta pedirlos ni nada, es muy grato saber qué les va pareciendo la historia, así sé si existen cosas que debo mejorar o no. Por lo pronto, dejaré unas palabritas para ustedes.
*karin-chan150301.- Concuerdo contigo, la última parte quedó medio rara, pero te prometo que se explicará un poco mejor en éste capítulo. No quiero que mueras, me pones entre la espada y la pared, pero bueno, es lo que hay ~no daré spoilers~ y con respecto a lo de Toph, es una chica fuerte y de muy mal carácter, por lo que no siempre tendrá las mejores formas de reaccionar ante un tema tan sensible. Veremos cómo se da durante la historia. Gracias por leer y comentar ^^
*leslaut.- ¡Bienvenida a mi historia! Sabremos qué pasó ahora, pero en tanto, ¡Me alegro de que te guste! Muchas gracias por decirlo ^^
*erazoanette.- lol me mataste con ese comentario jejeje calma, habrá más toko con el tiempo. Tendrás más, lo prometo. Gracias por pasarte por aquí.
*VYTA2000.- Ya te había respondido antes, pero en caso de que no lo leyeras, sí, planeo continuar la historia. Solo tardé un poco por mi hermano, como ya dije antes. Gracias de todas formas por preocuparte y comentar ^^
® Disclaimer.- Los personajes de avatar no me pertenecen, sin embargo, la historia sí es mía. Sus personajes pertenecen a sus creadores, por supuesto, si fueran míos, toda la animación hubiese tratado de Toph :v.
{...}
Momentos robados
Parecía que había transcurrido una eternidad entre el momento en el que, paralizado por los gritos de la maestra metal, Zuko detuvo por completo sus movimientos, y la llegada asustada del resto del equipo avatar guiados por el fuerte sonido que la garganta desgarrada de Toph podía llegar a emitir. Y así, ajena como un simple ente, la niña los sentía a todos rodearla, diciendo un montón de incoherencias, extendiendo sus manos con el objetivo de tocarla.
De pronto, como en una alucinación, dos guardias del palacio dieron vuelta en la esquina cerca de ellos, y Toph, aun aterrada de tantas personas, tanta cercanía, y tantos recuerdos abrumándola, estiró uno de sus brazos, señalando en dirección de ambos hombres, deseando lanzarles una enorme roca que los aplastara por siempre. Por supuesto, no podía destruir el palacio de la nación del fuego sin iniciar una nueva guerra por eso.
-jamás podría olvidar su voz –El tono utilizado fue apenas escuchado por el resto, pero no hizo falta darle muchas vueltas a la afirmación de la menor. Así que, olvidándose de sus status de señor del fuego y héroe de guerra, Zuko y Sokka no dudaron en correr hacia el tipo que, quizás adivinando lo que la maestra tierra había revelado, ya se disponía a dar media vuelta y correr -¡Lo mataré!
-Toph, por favor, cálmate –Y Katara, que era experta en eso de mantenerse serena en todas las oportunidades que se le presentaban, logró, después de mucho tiempo, abrazar el cuerpo de la más joven del grupo, intentando darle un confort que poco hacía en la niña ciega –Debes calmarte
-él me… él solo… tocó… lo hizo… fue primero…
-Shh, ven cariño, creo que deberías dormir.
-¡No Katara! Por favor, no me dejes sola con él. No lo hagas princesita, te lo suplico, no me dejes
-No te dejaré Toph, ¿Cuánto hace que no tenemos una noche de chicas tú y yo?
-¿Una noche de chicas? ¿Hablas en serio princesita? ¡QUIERO ASESINARLO, MALDICION! ¡Él ES UNO DE LOS INFELICES QUE DESTRUYÓ MI VIDA! ¿Por qué no puedes comprenderlo?
-La llevaré a su habitación y…
-¡NO TE ATREVAS A TOCARME!
Ninguno fue capaz de saber con exactitud en qué momento la más joven fue capaz de usar su tierra-control, lanzando enormes rocas hacia los dos guardias del palacio y sus actuales captores, –en referencia a Zuko y Sokka- y mucho menos supieron cómo se las arreglaron ambos chicos para evadir con éxito el ataque de la maestra ciega. Suki gritó en un momento, de seguro, cuando una de las piernas del maldito que había tocado a Toph fue crudamente aplastada, el grito de éste opacando por completo al de la guerrera kyoshi.
El aire-control de Aang golpeó de lleno el pecho de la muchacha distraída en su venganza, enviándola con brutal fuerza contra la pared del palacio en la que había estado oculta cuando el señor del fuego la encontró hace ya unos minutos. El sonido de piel impactando contra piedra hizo a Katara gritar el nombre de su novio antes de correr hacia su amiga, sin saber del todo cómo acercarse a ella sin resultar lastimada también.
-¿Qué crees que haces Aang? –Agitándose con furia, Sokka señaló a su amigo, el ceño en su rostro más fruncido de lo que lo había estado nunca -¿Por qué lastimas a Toph?
-¡Estaba tratando de asesinar a ese hombre! ¿Qué querías que hiciera?
-¡Pues dejarla! ¡Está en todo su derecho! –El avatar negaba una y otra vez, viendo ahora a los guardias del palacio que comenzaban a rodearlos. Zuko gritó indicaciones para todos, al igual que lo hizo Suki con sus guerreras. No podía permitirlo, los monjes le habían enseñado que toda vida era sagrada, incluso la de los criminales -Ellos se aprovecharon de la vida inocente de Toph, ¿Por qué no puede ella hacer lo mismo?
-¡Porque la vida es algo sagrado!
-¿Y la de nuestra amiga no lo era?
-Ellos no la mataron
-¿En qué lugar es eso un consuelo para lo que le hicieron Aang?
-Chicos, yo pienso que deberían calmarse un poco… -La buena de Suki interrumpió, siempre tratando de llevar la paz entre los amigos, incluso cuando ambos estaban a muy poco de irse a los golpes, mientras Katara aun intentaba poder acercarse a la maestra tierra que, encogida y dolorida, había comenzado a llorar de una forma que le rompía el corazón –Lo importante ahora no son sus diferencias, es nuestra amiga. –Sokka masculló entre dientes, sujetando su boomerang al alejarse del avatar, tan furioso como solo él podía estarlo en ese momento
Katara murmuró palabras inentendibles a cualquier oído, intentando llegar hasta su amiga que, con temor, alzaba la mirada en su dirección. Ella temblaba de solo saberla cerca, más no hizo ningún ademán de alejarla. Probablemente porque el dolor que el golpe le había provocado era más grande que su propio temor, y Katara no sabía si aquello era algo bueno o malo. Le dio una mirada de reojo a su hermano, que seguía refunfuñando por su anterior discusión con el avatar.
Toph se apartó cuando él fue a alzarla, y su respiración se aceleró de pronto, haciéndola volver a encogerse contra la pared con la que se había golpeado. No podía permitir que Sokka la tocara. Sabía que debería hacerlo, pero simplemente no podía. No con el recuerdo de todas esas manos en su cuerpo, de todas esas voces atormentándola. De los sentimientos embargándola. Estaba desesperada por algo que ni siquiera sabía qué era. Simplemente necesitaba... algo. Cualquier señal de que los recuerdos se irían. De que su corazón sanaría. De que ya no dolería más.
No había en ese momento alguien más necesitado de acercarse a ella que Aang, arrepentido por la forma exagerada en la que la había atacado, sabiendo que para la maestra ciega era casi imposible luchar contra su aire-control, pero -cuando fue a acercarse- la expresión de los hermanos lo mantuvo quieto en su lugar, temiendo que fueran a golpearlo en cualquier segundo.
-Toph, cariño, debemos revisar el daño -Era algo muy común en la maestra agua su voz cargada de cariño y la sonrisa bondadosa con la que se dirigía a su amiga, y algo totalmente normal que la bandida ciega la ignorase. Con una risa cargada de sarcasmo, la más joven se encogió todavía más, sus ojos enfocados en algo que nunca podría ver
-¿Cuál de todos, princesita? No sé si lo notaste, pero estoy bastante dañada
-Toph, lamento haberte...
-No solo hablo de ti, pies ligeros. -Curvó aun más la espalda, haciendo una clara mueca de dolor ante el pequeño movimiento. Lágrimas corrieron de pronto por sus mejillas, siendo cuidadosamente limpiadas por Katara -Duele tanto princesita, ¿Por qué aun no deja de doler?
-pasará Toph. Te prometo que pasará
-¿Cuándo? ¿Cuándo se irá el dolor? ¿Cuándo se irán las pesadillas? ¿Por qué tenían que hacerlo conmigo? Quiero decir, sé que no soy una dulce princesa ni nada pero... -Su voz se quebró al final, ocultándose entre los brazos que la rodeaban. Hablando tan bajo que solo la maestra agua era perfectamente capaz de escucharla -pero no lo merezco...
-Nadie lo merece. -Ambas chicas se sobresaltaron ante las palabras del señor de la nación del fuego -Ven Toph, te llevaré a tu habitación. -Y antes de que cualquiera pudiera protestar, Zuko pasó sus brazos bajo las piernas de la maestra tierra, cargándola contra su pecho como si del tesoro más preciado se tratara.
No era normal para nadie tal cercanía, ni mucho menos sabrían decir con exactitud cuándo fue que ésta nació, pero hacia feliz a Katara que su amiga tuviera una confianza tan grande en otra persona, y hacia infeliz a Sokka al saber que fácilmente había sido relegado a un segundo plano en la vida de aquella que era para él como otra hermanita menor. Y así, tan rápido como su ceño se frunció, el chico de la tribu agua dio media vuelta, yendo en dirección contraria a la que el ahora señor del fuego había tomado junto a Toph, y pasando totalmente de la presencia aun culposa del avatar, avanzó hacia los calabozos del palacio de la nación del fuego.
Aun podía ayudar a su mejor amiga de otras maneras.
-Estamos fragmentados por nuestros deseos -Suki murmuró en voz muy baja, deslizando las manos sobre su traje de guerrera ante la mirada fija del avatar -Por nuestros lazos, y por nuestras creencias. Siempre ha sido así
-Y siempre lo será -La chica asintió
-Volveré con mis guerreras ahora. Debo encargarme de Ty Lee. No aprendes a ser una guerrera kyoshi de la noche a la mañana
Las celebraciones por la reciente coronación del señor del fuego lograban escucharse aun a través de las ventanas cerradas de la habitación en penumbras en la que se encontraban. No había problema en que su gente celebrara, en opinión de Zuko. Él simplemente había perdido los ánimos, al igual que el resto de sus amigos. Su mirada, que constante había permanecido en la puerta cerrada, buscó la figura más pequeña encorvada en un rincón de la habitación, siempre apegada a su adorada tierra.
-¿Por qué no nos lo dijiste? -Toph negó, aún acunando su dolorido pecho -Ey, ¿Cómo se supone que vamos a hacer algo al respecto cuando la única capaz de reconocerlos eres tú?
-Zuko...
-¿Sí?
-Podrías... ¿Podrías llamar a Katara? -El señor del fuego frunció cada vez más el ceño, dudando de acercarse o no a ella -Es enserio. Mi espalda duele mucho, y estoy sangrando...
-¿Sangre? ¡Déjame revisarte!
-¡No! -Su negación fue instantánea, encorvándose aun más -No es un lugar de mi cuerpo que deberías ver.
{…}
-Yo no... No lo entiendo -La maestra agua veía con extrañeza a su amiga, sabiendo que ésta, aun recostada en la cama, la ignoraba a propósito -Eso no es posible. Es una niña. -La anciana suspiró sin verla, terminando de arropar a la más pequeña -Apenas cumplirá los 13 años.
-El cuerpo es una cosa sorprendente, ¿Sabes querida? -Sus manos arrugadas se apartaron al fin de la maestra ciega, temblando producto del paso de los años -Y el cuerpo de una niña forzada a convertirse en mujer, puede arreglárselas perfectamente para albergar vida en él. -Ambas observaron ahora cómo la más joven se tensaba ante sus palabras, llevando de forma inconsciente las manos a su vientre.
El señor del fuego corría en dirección a los calabozos, tropezando con más de un guardia que corría en la misma dirección. El calor abrasador de las llamas llegó a él incluso antes de saber qué ocurría exactamente. Hace solo cosa de un par de horas, él y Aang se habían encargado de interrogar al infeliz que había tocado antes a Toph, habiéndole el avatar arrebatado su fuego control para terminar el asunto. Entonces, se dirigió al palacio para encargarse de sus asuntos, extrañado de no oír de Sokka en todas esas horas. Y luego se escuchó la explosión desde los calabozos.
En el principio, creyó que era un ataque a su padre, más era obvio que estaba equivocado, juzgando que la celda del ex señor del fuego se encontraba en dirección contraria. Jadeando, se detuvo a unos metros de donde los guardias intentaban controlar las llamas, sus cejas fruncidas ante la inmensa bola ardiente que se movía en la celda.
Misma celda en la que él y Aang habían estado antes.
-¿Cuál es la prisa, su fogosidad? -A su lado, Sokka lo veía recostado contra la pared, los brazos cruzados en su pecho
-Sokka, ¿Qué hiciste? -El otro se alzó se hombros, desinteresado de los gritos que comenzaban a extinguirse
-¿Yo? Yo no hice nada. No, no controlo ningún elemento, ¿Sabes? Esto lo hizo uno de tus súbditos.
-¿Quién?
-¿Por qué habría de decírtelo? No merece un castigo por quemar vivo a un monstruo. Más bien, yo lo consideraría... -Llevándose un dedo al mentón, sonrió despectivamente, comenzando a caminar hacia la salida -lo consideraría un héroe. Eso es.
Aang llegó a su lado en el preciso momento en el que sacaban el cuerpo del pobre infeliz de la celda, su rostro desfigurado demostrando el enorme dolor sufrido antes de su muerte. Con un bajo gemido, el avatar le dio una mirada cargada de dudas, más fue imposible darle cualquier respuesta que no inculpara a Sokka. Y sabía que Sokka tenía algo que ver en el asunto. No podía haber estado ahí por pura casualidad. Así que, negando, ambos salieron de allí, en dirección a la sala donde Katara les había pedido reunirse.
Sinceramente, Zuko preferiría desviarse de ése camino hacia la habitación de su valiente mujercita ciega, sólo para verla, nada más. Para asegurarse de que se encontraba bien, más tranquila. Y también debería buscar a Mai. ¿Por qué esa idea lo emocionaba mucho menos que la de reunirse con Toph?
La joven maestra agua se encontraba ubicada en uno de los extremos de la mesa, el rostro oculto entre sus manos y el cabello alborotado en torno a su figura. El señor del fuego siempre había encontrado algo casi mágico acerca de la chica, algo que te atraía a ella en busca de un consuelo que ni creías necesitar. O al menos, así había sido antes de ser capturado por los increíbles y hermosos ojos ciegos de Toph. Aquellos ojos que parecían albergar un millón de secretos, la promesa de una aventura inigualable al embarcarse en ellos.
-Bueno hermanita, ya estamos casi todos -Sokka dio un vistazo a su alrededor, arrugando apenas la nariz -¿Dónde está Suki?
-No llamé a Suki. Esto es algo de nosotros. Algo acerca de Toph
-¿Qué pasa con ella? ¿Nuestro avatar le rompió un par de costillas?
-¡No tenía la intención de lastimarla! ¿De acuerdo? -El joven nómada aire exclamó ansioso, levantándose de su asiento -¡Juro que no quería lastimarla! ¿Le hice mucho daño? -Con un gesto de su mano, la maestra los obligó a guardar silencio, aun tensa en torno a ellos
-Katara, ¿Por qué no nos dices de una vez qué ocurre?
-Parece ser que esos hombres no solo habían dejado el horror como un regalo para Toph. Una curandera más anciana la revisó, y dijo que estaba... embarazada.
-¿Qué? -Nada más que silencio siguió a la pregunta casi gritada de Sokka. Nada se les ocurría, en realidad. Zuko intentó pensar algo, cualquier cosa. Pero lo único que se le venía a la cabeza era la imagen de Toph, siendo madre del hijo de cualquiera de esos infelices. La idea de Toph teniendo un hijo de cualquier hombre. ¿Por qué aquello no le agradaba? -Pero eso no puede ser...
-la anciana dijo que podía. De todos modos...
-me casaré con ella
Esta vez sí que hubo reacción por parte del nuevo señor de la nación del fuego. No fue capaz de saber en qué momento lo hizo, pero su cuerpo se impulsó de golpe, manteniéndolo en pie frente al chico de la tribu de agua antes de que éste alcanzara siquiera a terminar su oración. Por supuesto que no lo haría. Toph jamás accedería a casarse con él, sin importar el asunto por el que lo hicieran. La maestra metal era, además de preciosa y fuerte, orgullosa como solo ella -y quizás él mismo- podía serlo.
-No harás eso -Sokka se levantó también, genuinamente curioso ahora
-¿Por qué no? Quiero decir, Toph es una niña, y tener que criar sola a un bebé que es, también, producto del ataque más horrible que ha sufrido, acabará con ella. Soy su amigo, y creo poder ayudarla en esto.
-Chicos, si me dejaran terminar...
-¿Y qué pasa con Suki? -Siguió interrogando, sin importarle cómo Aang intentaba tranquilizar a Katara que, más que harta de ser interrumpida, amenazaba con enviarlos a nadar a todos -¿La dejarás?
-Suki lo comprenderá. Toph necesita alguien que cuide constantemente de ella ahora y...
-Aunque todo lo que dices es muy dulce cabeza de carne -Las fuertes palabras dichas acabaron de raíz con la discusión, y la mirada de todos fue, como un deja vú, hacia la recién llegada -no necesito que nadie cuide de mí
-Toph, deberías de estar descansando. La anciana fue muy clara en eso
-Ya voy mamá. Sólo déjame decir algo en lo que ustedes deciden mi vida. Lo que dijo la anciana no debe preocuparles, no importa ya. La cosa no está más, resulta que un golpe bien dado puede acabar de una vez con el problema.
-Toph...
-es lo mejor. Lo habría despreciado de todos modos. Gracias Aang, te debo una. Y no, no intento ser sarcástica pies ligeros. Realmente lo agradezco. Ahora, si dejaran a Katara terminar sus oraciones, probablemente hubiesen sabido esto antes de comenzar a planear la boda. Por cierto, no me casaría contigo ni aunque fueras el último hombre en la tierra. Estaré en mi habitación, en cama, para que mamá no se moleste.
Su reunión con Mai había estado especialmente tensa aquella tarde, probablemente porque estaba ya demasiado cansado de todos los hechos ocurridos durante el día, y lo único en lo que podía pensar era en dormir de una buena vez. Por supuesto, eso luego de desearles buenas noches a sus amigos y arreglar un poco las cosas con Sokka. Él sabía que al estratega no le había hecho ninguna gracia que se pusiera del lado de Aang en el asunto del hombre que atacó a Toph. Pero ya poco importaba, dado que el tipo estaba, uhg, muerto.
Se lo encontró en los corredores que daban acceso al temporal hogar de las guerreras Kyoshi, y no pudo más que sonreír divertido. Era la segunda vez que lo descubría en esas acciones. Intercambiaron un par de palabras, junto con algunas bromas, y asunto olvidado. No podías durar mucho tiempo enfadado con aquel idiota. Así que, aun podía hacer una parada más.
-¿Cómo imaginas que serán tus hijos? -Encogiendo los pequeños hombros, ella acomodó el cabello previamente cepillado por Katara a un lado de su rostro -¿No quieres ser madre?
-¿Por qué me estás preguntando esto, precisamente hoy?
-Porque hoy se me ocurrió pensar en ti siendo madre, ya sabes, un pequeño maestro metal fastidiando por el palacio sería lindo -Un pequeño rubor cubrió sus mejillas, más Toph fingió no notarlo mientras sus manos se movían a tientas, ciega sobre aquella cama
-¿Por el palacio? -No necesitó su tierra control para saber que el otro estaba nervioso, los constantes movimientos de las manos que sujetaban las suyas lo delataban -¿Asumes que te visitaríamos?
-No me refería a eso -Debió admitir a regañadientes, más para sí mismo que para ella, sin liberarla de su agarre -O tal vez una niña. Una perfecta maestra fuego.
-¿Por qué mi hija sería maestra fuego? Controlo la tierra, Zuko, por si no lo notaste -Era increíblemente incómodo para el otro verla ahora a los ojos, sin importar si ella podría o no devolverle tal mirada. -¿Acaso estás insinuando que...? Olvídalo. -Su puño golpeó el hombro del hombre, una tímida sonrisa ahora en sus labios -Deberías ir con Mai. Yo dormiré, antes de que Katara venga y nos regañe a ambos.
-Pero, no quiero ir con Mai. -En un gesto de desinterés, la maestra encogió ambos hombros, tirando bruscamente de la ropa de cama, ligeramente harta de no poder ver nada. Sus manos se apartaron de las más cálidas, acostumbrándose al frío común cuando estaba alejada de él -Toph, escucha. Esos días en la isla...
-Son pasado, flamitas. Anda, ve a tu habitación, gran señor del fuego.
Y, con un último golpe del puño más pequeño -pero no por eso menos fuerte- Zuko fue despedido del lado de la gruñona maestra tierra.
{…}
El estruendo sacudió el palacio completo temprano por la mañana aquel día, y Zuko –que, concentrado, discutía con algunos ancianos el futuro de su nación- no reaccionó a nada más que aferrarse con fuerza a la mesa de piedra, mascullando alguna maldición para aquel que fuera el causante de semejante movimiento. Quitó la pesada capa que colgaba de sus hombros –y de la que Sokka siempre se burlaba- antes de abandonar la sala, rumbo al jardín interior, de donde suponía, provenía el desastre.
Un boomerang voló rozando su nuca, y el grito aterrado de Sokka hizo a sus ojos girar fastidiado, comenzando a hartarse ya de la prolongada estadía del imbécil en su palacio. Sin ser malinterpretado, él estaría encantado de darle al idiota una casa en la ciudad solo para tener un poco de paz. Juntos, y ya más calmados, llegaron finalmente a la zona del desastre, encontrando a Katara muy enfadada allí.
Aang gritó algo, y una enorme roca voló junto a él, estrellándose contra la fuente más bonita del jardín. Junto a ésta, Iroh disfrutaba una taza de té, ignorando por completo el desastre a su alrededor.
-¿Es todo lo que tienes? –El avatar gritó, lanzando un puñado de rocas en dirección incierta para el señor del fuego –Porque no dañarías ni a un león tortuga con eso
-¡No me provoques, pies ligeros!
-¿Es Toph? –Dando un resoplido muy poco femenino, la maestra agua asintió a la interrogante apenas la chica ciega desfiló frente a ellos, enviando un montón de ataques a su escurridizo oponente -¿No debería estar aun descansando?
-¿Puedes tratar de explicárselo a ésta chica testaruda? –Sokka rió como si acabasen de contar un chiste realmente bueno, palmeando la espalda del maestro fuego sin cesar
-Anda Zuko, díselo a nuestra chica
-¿Por qué yo? –Un sudor frío recorrió su espalda de solo pensar en detener a la maestra ciega de practicar su tierra control. Rocas iban y venían por el jardín, junto a la risa incesante de Sokka y los gruñidos de Katara, le recordaron al mayor los primeros días junto al equipo avatar. Cuando todos reían con fe en el futuro. Cuando Toph aun era Toph –Tú eres su mejor amigo
-y tú eres su novio
-¿Eh?
-¡Escuché eso, capitán boomerang! –Un desorientado avatar yacía contra el muro más lejano a ellos, sus ojos en blanco y una sonrisa de derrota en sus labios. Frente a él, la maestra metal avanzaba rauda hacia su próximo objetivo, intentando en vano rodear al viejo que bebía su té como si el jardín del palacio no hubiese sido jamás destruido -¡Ya viejo! Iré a matar a ese tonto.
-Ya te esforzaste mucho hoy, mi pequeña amiga. Un té te vendrá bien.
No era algo común, pero Toph se limitó a gruñir entre dientes, acatando sumisamente la petición/orden del anciano maestro fuego. Por supuesto, tampoco era una sorpresa que se comportara así, dado que siempre había demostrado tenerle un gran aprecio a éste mismo.
Como si no hubiese realmente detenido un asesinato, Iroh sirvió varias tazas más de té, invitando en silencio al resto del grupo a unirse a ellos. Katara, más que satisfecha por el hecho de que su amiga ya no estaba lanzando rocas por el aire como la demente que era, aceptó de buena gana, sonriendo apenas al ver a su novio dirigiéndose ahora hacia ellos.
-Bueno, ¿No deberían entonces hablarme del asunto de que ustedes son pareja? –Escupiendo todo el té de jazmín que había en su boca, Zuko de apresuró a agitar las manos, negando con insistencia
-No somos eso, viejo. La novia de Zuko es Mai –Con toda la calma que logró aparentar, Toph le dio un nuevo sorbo a su té, sintiendo la amargura carcomer su interior como un cruel veneno al decir esas palabras. Por supuesto que ella no era la novia del señor del fuego. Ella nunca sería lo suficientemente valiosa para tal posición
-Ya veo, ya veo. Es una muchacha… ciertamente encantadora a su modo, creo.
-¿Mai? Creí que habían roto –Era algo de lo que Sokka estaba seguro, en su momento, dado el obvio interés que Zuko había demostrado en el último tiempo por su amiga Toph –Que decepción. En fin, estoy seguro de que tendrás novio pronto Toph
-¿Por qué estamos hablando de esto? –La maestra tierra preguntó molesta, más fue brutalmente ignorada por el grupo de idiotas que se hacían llamar sus amigos, siendo sólo la sonrisa conocedora de Iroh su respuesta. Aunque, obviamente, ella no supo de ésta última
-Es cierto. Toph es muy guapa y fuerte. Cualquier hombre podría fijarse en ella
-creo que eso ya está más que comprobado, ¿No? –Pero, nuevamente, fue ignorada por los demás.
Era bastante molesto, y no se había levantado de la cama esa mañana para ser ignorada por el resto de sus amigos. ¿Acaso querían ser golpeados? Por supuesto que existían hombres que se fijarían en ella, ¿No lo habían hecho ya aquellos tipos aquel día? ¿No era obvio lo mucho que se habían, de hecho, fijado en ella? Era esa la atención que atraía, no la sincera de alguien como Zuko. Que, estaba de más decirlo, ya tenía alguien a su lado, alguien que no era ella.
Suponía que así sería siempre a partir del momento en el que fue marcada por ellos. La chica a la que nadie querría sinceramente. ¿Quién podría tenerle un cariño honesto, amarla como cualquier mujer en su corazón desea ser amada?
Katara y Aang se alejaron pronto, gritando que irían de compras por la ciudad, en tanto Sokka se apresuró a levantarse, apenas recordando que había quedado con Suki entre los breves intervalos de tiempo que las guerreras kyoshi tenían para descansar. Toph deseaba tener también otro lugar donde ir, alguien con quien estar. Pero solo tenía al viejo Iroh y su té, dado que ahora ni siquiera el tiempo de Zuko estaba destinado a ella. No más charlas en medio de la noche, no más explicaciones acerca del loto y la luna. Esos momentos le pertenecían ahora a Mai. Lo habían hecho desde aquella noche hace una semana, cuando despidió de su habitación, con un golpecito, al señor del fuego.
Ahora, eran apenas los momentos así los que tenía para ella, aquellos minutos que lograba robarle a Zuko entre reunión y reunión, entre amores y tazas de té. Con la presencia de alguien más, con el aire cómplice de sus palabras rodeándolos en el recuerdo del tiempo compartido. Y el dolor de no poder decir las palabras en alta voz, como Katara iba libremente diciéndolas por cualquier lugar.
"Te quiero", deseaba gritarle, hacer que su corazón se acelerase, sentir los nerviosos latidos de éste al escucharla. Quería que las conversaciones regresaran, que su cálido aliento golpeara de nuevo sus mejillas mientras le hablaba acerca de los colores del loto. "¿Me quieres tú?"
-Son estos instantes los que se deben atesorar, pequeños míos –Un sorbo de té siguió a las palabras que habían acabado con el silencio, y la sonrisita en los labios de Iroh hizo a su sobrino fruncir el ceño –los momentos en los que dos almas que se han encontrado en medio de la oscuridad, se contemplan a plena luz del día, sin penumbras entre ellas. –El sonrojo se expandió como una sombre en ellos, aumentando así la diversión del anciano
-Uh, no sé si lo has notado, pero estoy ciega viejo, ¡Ciega!
-Yo nunca dije que eras tú una de esas almas, ¿O sí, mi vieja amiga?
-¿Tú y flamitas son almas que se encontraron, entonces?
-¡Mi tío no es mi alma gemela! –Se exaltó el otro, ligeramente enfurruñado por la insinuación de la muchacha. Iroh, en cambio, negó levantándose para alejarse discretamente de ambos, en busca de más agua para su té. –De ser así, Sokka sería la tuya, ¿No?
-¿Sokka?
-¡Siempre están juntos! Todo el tiempo desde aquel día.
-¿Aquel día?
-¡Cuando me echaste de tu habitación! ¡No se te ha despegado desde entonces! Odio ser compañía de consuelo para cualquiera.
-pantalones humeantes, te comportas como un niño al que le han robado su juguete favorito, ¿Sabes? –Toph se burló, restándole importancia a las quejas del adolescente con un movimiento desinteresado de su mano –No debería importarte, ya que tu tiempo libre es para estar junto a tu novia
-No me digas como tengo que ocupar mi tiempo
-Lo dices porque… ¡Oh! –Sus palabras se vieron interrumpidas al momento en que la maestra ciega se llevó la mano al vientre, jadeando al sentir un nuevo dolor en éste.
-¿Qué es? ¡Maldición Top! ¡Sabía que deberías seguir descansando, niña terca!
Los guardias del palacio vieron, con extrañeza, como su señor corría ahora en dirección a las habitaciones, cargando en sus brazos a una más que molesta maestra tierra. Los dolores habían desaparecido tan pronto como habían llegado, pero al otro parecía que sus palabras le entraban por un oído y se le escapaban por el otro. Si ella era una niña terca, él era un tipo aun peor.
Así que, gritando un más que audible "te patearé hasta que no te queden flamas", Toph volvió a ser confinada en su habitación, a la espera de que la vieja sanadora que la había visto antes le permitiera volver a entrenar. Y ésta vez, el mismo señor del fuego Zuko vigilaría que ésta orden se cumpliera. Mataba así dos pájaros de un tiro**, Toph cumplía con su descanso obligatorio, y pasaba además más tiempo con él que con Sokka. Todos felices, ¿No?
-Querido sobrino… –El anciano maestro fuego observaba, taza de té en mano, cómo los maestros discutían acaloradamente acerca del si Toph descansaría o no, recordando también las frases dichas antes en el jardín, despreocupadas de los oídos que pudiesen interceptarlas –Los celos son en realidad una consecuencia del amor: les guste o no, existe.
**Matar dos pájaros de un tiro. Significa que, con una acción, puede conseguir dos resultados deseados para la persona. En éste caso, si Zuko vigila a Toph, ella estará obligada a descansar, y también a pasar más tiempo con él que con Sokka. Tal vez la mayoría lo comprendió, pero nunca está de más hacer la aclaración, solo por si las moscas.**
