Bueno, otro capítulo más. Este es más de relleno que otra cosa, pero necesario para poder seguir avanzando.
No me gusta mucho el resultado… siento que le falta algo pero no logro dar con el qué, así que…
PD: yo no entiendo mucho de medicina. He leído todo lo que he encontrado por Internet sobre el cáncer que "sufre" la niña. Aún así, habrá detalles que estarán mal :/
Capítulo 3-Mi turno acaba dentro de dos horas. –Miro a la niña que, después de una dura sesión de quimio, ha perdido toda la energía y fuerza con la que llegó. Suspiro apenado. –Si quieres, podéis esperarme aquí o iros a vuestra casa. Si me das la dirección cuando acabe, me pasaré para ayudarte con la mudanza. –Me ofrezco. Kate me mira con los ojos sumidos en una gran tristeza. Trago saliva.
-No quiero abusar más de ti. –Dice con la voz totalmente apagada.
-No abusas. –Le sonrió levemente para que vea que lo digo en serio. –Yo me ofrecí, ¿recuerdas? –Ella asiente. -¿Tenéis muchas cosas? ¿Muebles?
-No –niega. –Solo la habitación de Bella. Los demás muebles pertenecen al casero. –Coge una de las manos de su hija y acaricia su dorso, haciendo círculos con el pulgar.
-Bueno, -me arrodillo a su lado para ponerme a su altura. Kate está sentada en una silla de plásticos, de esas que te destrozan la espalda si te pasas mucho tiempo en ella. –en mi casa podríamos poner su dormitorio en una de las habitaciones libres. Tengo dos vacías. La otra podría servir para que pongáis vuestras cosas.
-Gracias. Por todo, de verdad. –Sus ojos me miran, están llenos de lágrimas, enrojecidos e hinchados. –Por haberte quedado con nosotras hoy y por todo esto que estás haciendo. –Traga saliva, se le hace difícil hablar.
-¡Eh! –la obligo a mirarme cuando agacha la mirada. –Todo va a estar bien, ¿vale? -Mira de reojo a su hija que está dormida en la camilla. –Se va a recuperar, es una niña fuerte. –Un par de lágrimas se escapan de sus ojos. –Confía en mí, dentro de nada la verás correteando por todos lados. –Una pequeña sonrisa se esboza en sus labios al visualizar esa posibilidad. –Ya verás. –Repito, tomándome la libertad de secarle con mis pulgares las lágrimas que están recorriendo sus mejillas.
XXX
He decido irme a casa e ir empaquetando cosas, así, iré adelantando trabajo. Bella tiene muchísimos juguetes y solo con eso, se necesita bastante tiempo. Castle va a venir luego de que salga de trabajar a ayudarme. No sé cómo agradecerle todo lo que está haciendo por nosotras. La palabra "gracias" no basta para expresar la magnitud de mi agradecimiento.
Pagarle el tratamiento a Bella y la operación, es darle la oportunidad de que siga viviendo. Cuando una lágrima estampa en mi pantalón, dejando un círculo como prueba de que ha caído ahí, me doy cuenta de que estoy llorando de nuevo. Lo hago tan a menudo que ya no soy consciente de que lo hago mucha de las veces. Veces como esta, en la que pienso que si no fuese por ese doctor, mi hija, no tendría la posibilidad de sobrevivir porque yo no podría darle esa oportunidad. No podría pagarle lo que cuesta sus tratamientos y, eso, me hace sentir que soy una mala madre.
Me paso las manos por la cara con rabia. Se supone que estas cosas les pasan a los demás, no a ti. Nunca piensas que vas a encontrarte en una situación así. Como mucho, te enteras de que alguien conocido está viviendo algo similar a lo que estoy viviendo yo, pero nunca piensas que puedes ser tú ese conocido para otra persona.
Si, al menos, fuese yo y no mi hija… Ella tiene toda la vida por delante. Los hijos son lo que entierran a sus padres, no al revés. Es decir, va en contra de la naturaleza. Si pudiese hacer algo para ocupar su lugar, lo haría sin pensarlo, porque no existe mayor dolor que ver a un hijo sufrir y más si… No, no, no se va a morir. Me recrimino ser tan pesimista. El doctor me dijo que en estos casos, la esperanza ayudaba, el positivismo.
Intento ser positiva, sobre todo, cuando Bella está delante pero, ahora mismo estoy sola y se me hace imposible.
Dentro de unas cuantas semanas, cuando lleguen al número indicado por Smith de sesiones de quimio y radioterapia, van a operarla. Es una operación muy arriesgada. Y no solo eso, no están seguros de que puedan quitarle todo el tumor. En ese caso, solo prolongarían su vida a unos pocos años, dos o tres, como mucho. La posibilidad de que salga con mi vida y sin células cancerosas es tan limitada que… apenas me quedan esperanzas.
Cierro la caja que acabo de llenar y escribo con un rotulador permanente "Zapatos de Bella" en uno de los lados. La coloco donde están las demás cajas. Ya llevo unas cuantas. El timbre suena. Me limpio los restos de lágrimas de la cara, aunque mis ojos hablan por sí solos, antes de abrir la puerta.
XXX
-Hola –me saluda Kate, haciéndose a un lado para dejarme pasar a du departamento.
-Hola –repito yo, dando un paso al frente.
-Bella está dormida. –Me dice, mirando hacia una de las habitaciones, supongo que es la de la niña. Asiento.
-Debe de estar agotada. –Menea la cabeza de arriba abajo, confirmando lo que he dicho.
Puedo ver, por encima de su hombro, que ha estado guardando cosas, pues algunas cajas cerradas están al fondo de la sala.
-He estado guardando las cosas de Bella, las cosas que no usa, sobre todo. –Me dice al notar donde están puestos mis ojos.
-Mmm hmm –asiento. -¿En qué puedo ayudarte? –pregunto, frotándome las manos.
-No sé, puedes seguir con los juguetes de Bella o con la decoración del salón. –Se encoge de hombros. -¿De verdad que no estoy abusando de ti? –inquiere, mirándome directamente a los ojos.
Pongo mis manos sobre sus hombros y, entonces, me fijo que se ha cambiado de ropa. Ahora lleva ropa más cómoda que la que vestía en el hospital.
-Claro que no. –Le sonrío. –Me pondré con las cosas de la sala. –Digo, mientras me quito el abrigo, ella me lo quita de las manos y lo cuelga en el perchero. -¿Has cenado? –le pregunto.
-No, pero no tengo hambre. –Me dice, empezando a caminar al cuarto que supuse que era de la niña.
-Seguro que cuando huelas la comida te entra hambre. –Ella arruga la nariz y niega. –Yo tampoco he cenado y no me gusta comer solo. Además, estaba pensando en pedir comida china. –Alzo las cejas, moviéndolas graciosamente. –Acompáñame –le suplico, frunciendo los labios.
Vio que en su rostro se dibuja una pequeña sonrisa y no puedo evitar sonreír, cuando ha abierto y la he visto, he sabido que lleva toda la tarde llorando y… nunca me ha gustado ver a las personas llorar o con tanta tristeza en sus ojos, pero con Kate… no sé bien el qué pero hay algo más. Es como si todo lo que le está pasando me afectase mucho más que si fuese otra persona y es raro, porque a penas la conozco. Es más, si sé su nombre es porque lo he leído en el informe de su hija. Y todo lo que sé de ellas es lo que está escrito en el historial clínico de la pequeña.
-¿Sí? –pregunto con voz de niño pequeño.
-Está bien –acepta, dándose por vencida. –Pero solo por acompañarte, no creo que coma mucho de todas formas.
-Bueno,… -digo, voy a hacer todo lo posible porque se lo coma todo, o casi todo. -¿Te gusta la comida china o pedimos otra cosa?
-Comida chica está bien.
XXX
-De verdad, Rick, ya no puedo más. –Siento que estoy a punto de explotar si como un bocado más.
-Come –me dice, señalándome con el tenedor y con una mirada seria. –Si ya te queda nada.
Yo entrecierro los ojos. Se está comportando como si fuese mi padre y… bueno, es raro, entre otras cosas.
-No te vas a levantar hasta que te lo comas todo. Necesitas comer. –Añade, llevándose comida de nuevo a la boca. –Si hace falta te lo daré yo –dice, divertido. Pero aunque lo estés diciendo en tono de broma, sé que es capaz de hacerlo.
-De verdad, que no puedo más –repito, llevándome una mano al vientre.
-Seguro que te queda un poco de espacio más en el estómago. –Señala ahora mi plato. –Come. –Insiste. Sacudo la cabeza, ¿cómo es que he llegado aquí? Hace mucho tiempo que dejé de recibir este tipo de órdenes.
-Oye –me quejo, cuando veo que coge mi tenedor. Achico los ojos.
-Tienes que comer, Kate –dice, preocupado. –Tienes que estar fuerte y, así, solo vas a conseguir enfermar. –Hace una mueca con los labios, disgustado. –Bella te necesita.
Yo lo miro y asiento, terminando de comer lo que queda en mi plato. Por mi hija.
XXX
Me dejo caer en el sofá. Llevamos horas empaquetando cosas. Estoy bastante cansado.
-¿Qué falta? –le pregunto cuando se sienta a mi lado.
-Poco, algunas mudas de ropas y los muebles de la habitación de Bella.
-Vale. Entonces, mañana podría venir a desmontarlo y lo llevamos a mi casa. Hoy puedo llevarme cajas, si quieres.
Ella no dice nada solo asiente. Veo que titubea antes de cogerme la mano y mirarme a los ojos.
-Gracias –dice. Veo cómo sus ojos se vuelven a empañar. Sus manos tiemblan.
Me muevo en el sofá, acercándome más a ella. Ahora soy yo el que dudo si hacerlo o no, pero cuando su cuerpo tiembla por los sollozos, la rodeo con mis brazos y la estrecho contra mi pecho sin apretarla demasiado.
-Kate –digo al ver que no deja de llorar.
Ella sacude la cabeza.
-Es muy duro, Rick, muy duro. –Repite entre sollozos. –Si no fuera por ti, mi hija no tendría ninguna posibilidad y, dentro de unos días, estaríamos en la calle. Y… -su voz se corta.
-No pienses en eso porque no va a pasar. Bella seguirá con su tratamiento y estaréis en mi casa, que será vuestra casa. No pienses en otra cosa que no sea en la recuperación de tu hija.
-Pero… me siento mala madre por no poderle dar todo lo que ella necesita. –Aparto su cabello para poder mirarla mejor.
-No digas eso. No eres mala madre. Es más, eres una buena madre. Te desvives por tu hija. Dejaste tu trabajo para estar con ella. Le has dado todo. Está siendo atendida en el mejor hospital de Nueva York para estos casos. Sí, ahora, necesitas ayuda pero, ¿quién no la ha necesitado alguna vez? –levanto su barbilla para que me mire a los ojos.
-Pero… -gimotea.
-No, no hay peros. No eres mala madre por necesitar ayuda, solo te hace humana. Estoy seguro que Bella no podría tener mejor madre que tú. –Le sonrío.
-Gracias –dice antes de volver a colocar su cara contra mi pecho, abrazándose más fuerte a mí. –Gracias por estar aquí.
