Notas del fanfic:
¡Hola a todos! Pues pasaba por aquí y decidí dejarles un nuevo capítulo de esta historia. Aunque tengo la sospecha de que nadie la lee XD Pero bueno, me entretiene escribir, sobretodo en clases :S Ahora los dejo con el fic.


Capítulo 3: Una petición inesperada.

Oropher estaba ante su puerta. Estaba ataviado con una costosa túnica carmesí con bordados en plata y con el cabello rubio suelto sobre su espalda y enmarcando un rostro pálido adornado por unos ojos azules. Era muy parecido a Thranduil físicamente, pero la diferencia de temperamentos entre ambos era evidente, sintiéndose Thranduil más inclinado a las risas, comentarios sarcásticos y la diversión que Oropher.

La mirada de Oropher era apacible, pero por su tono de voz, Ithiel dedujo que quería hablar con ella de algo serio.

— ¿Sucede algo malo? —Ithiel titubeaba— ¿Hice algo mal?

— Me preguntas si hiciste algo mal, pero si tú misma no lo sabes, ¿cómo podría saberlo yo? —Oropher sonrió sin dejar de lado esa formalidad con la que solía tratar a Ithiel— No vengo a regañarte. Vengo a pedir tu ayuda.

— ¿Mi ayuda?

Oropher asintió. Dio unos pasos al interior de la habitación, examinándola, para luego regresar la mirada a Ithiel.

— Sabes que Galenorod, hermano de Celeborn, y su familia han regresado a Menegroth. Son descendientes de Elmo y son muy apreciados por Thingol. Emlinil es su hija, y cuando ustedes la vean comprobarán que los rumores sobre su radiante belleza son informes fieles.

— ¿Y qué es lo que tengo que ver con ello? —preguntó Ithiel, confundida.

— Es mi deseo que Thranduil y Emlinil se casen —las palabras de Oropher fueron acompañadas por una mirada enérgica y un tono autoritario, como si se tratase de un rey que ordena a sus vasallos.

Ithiel sintió un nudo en la garganta con la declaración de Oropher. La amargura comenzó a inundar su pecho. No pudo evitar que el color abandonara su rostro y que su expresión fuese de completo asombro. Pero, consciente de que no debía mostrarse alterada por ello, ocultó el dolor y la rabia que dichas palabras le habían causado. Oropher prosiguió, con la mirada fija en ella:

— Es por eso que necesito tu apoyo. No creo que Thranduil esté pensando en el matrimonio, pero debería. Ya está en edad de tomar esposa, y no podría haber nadie mejor que la encantadora Emlinil. —Hizo una pausa, luego prosiguió, con la voz más baja, como aquel que da una advertencia o amenaza secreta—. Además, es probable que con ello se establezca. Su lugar no está en las fronteras o en el campo de batalla —su voz se teñía de amargura—. Pertenece a esta ciudad, eso es lo que quiero para él. Aun cuando no acepte casarse con Emlinil, podría buscar a alguien más entre la corte.

Ithiel sentía su sangre hervir. Apretaba entre sus dedos su túnica, intentando controlarse para no salir gritando de la habitación. Sentía una opresión cada vez mayor en su pecho y apenas podía respirar. Las lágrimas amenazaban con anegar sus ojos, pero se resistía a ser vista de manera tan humillante. Miraba al suelo, esquivando la mirada de Oropher.

Oropher le dio la espalda, caminó hacia la puerta, se dio vuelta para ver a Ithiel y con un tono diplomático dijo:

— Tú y Thranduil son muy cercanos, creo que valoraría el consejo viniendo de ti. ¿Cuento con tu ayuda? —Nuevamente el pedido sonó más como una orden.

— Aprecio que haya cuidado de mí, Oropher. —Ithiel hablaba lento, temiendo que se escuchara temblor en su voz, temblor que ya invadía su cuerpo— Pero no puedo obligar a Thranduil a hacer algo en contra de su voluntad, no creo que nadie pueda tener tanta influencia sobre su juicio y decisiones. Pero hablaré con él del tema, se lo aseguro.

Dicho esto, Oropher salió de las habitaciones de Ithiel, no muy satisfecho.

Ithiel cerró la puerta. Las lágrimas comenzaron a descender en torrentes por sus mejillas. Se deslizó sobre la puerta hasta quedar en el suelo. Lloró por un largo tiempo, amargamente, sintiéndose devastada y perdida.

Thranduil se alejaba cada vez más de ella, cada día sus caminos se distanciaban más. Sabía que eso era lo correcto, ambos eran muy distintos y algo entre ellos jamás sería aceptado, pero eso no disminuía el dolor. Y ahora, cuando estaba segura de que jamás podrían estar juntos, podía ser honesta consigo misma y aceptar lo que había callado tanto tiempo por temor: amaba a Thranduil. Lo amaba más que a nada en este mundo, lo amaba con cada fibra de su ser y más que a la vida misma. Y por ese mismo amor, aun cuando le doliera, si su felicidad estaba lejos de ella, debía aceptarlo.

Durante la cena, Thranduil hablaba muy animadamente con los presentes en la mesa. A su derecha estaba su padre, a su izquierda se hallaba Galenorod y frente a él, la radiante Emlinil. Ithiel se hallaba a la derecha de Oropher, el cual había dispuesto que la ubicación fuese aquella.

Ithiel no participó en absoluto en la conversación, y ni siquiera prestaba atención a lo que se decía en ella. Su mente divagaba, repetía una y otra vez lo que Oropher le había dicho y cuando sus ojos se posaban en Emlinil no podía evitar aceptar que era realmente bella. "Solo Lúthien podría superarla en belleza", pensaba. Sus cabellos dorados parecían propios de una Vanya, largas pestañas enmarcaban su mirada luminosa. Su rostro era reflejo de inocencia y candidez. Y no podía negar que al menos no le había lanzado mirada alguna de desprecio, como solían hacer algunos altivos sindar durante las celebraciones. O al menos no lo había hecho aún. Le costaba y le dolía admitirlo, pero sin decirle todavía una sola palabra a Thranduil sobre las intenciones de su padre, él había estado muy atento con Emlinil toda la noche. Su ánimo se ensombreció incluso más cuando escuchó a Thranduil reír ante un comentario de Emlinil. Vio la sonrisa que él le dedicó y sintió un profundo dolor. Para ella era evidente que a Thranduil le agradaba Emlinil, incluso parecía gustarle.

Movida por la necesidad de liberar algunas lágrimas que comenzaban a nublarle la visión, se puso de pie silenciosamente y se escabulló hacia los pasillos. Necesitaba aire fresco, un lugar solitario donde poder desfogar todo su dolor.

Caminó con paso rápido, pudo notar a algunos rumorear sobre el estado en el que iba, pero nada de eso le importaba ahora. Caminó hasta llegar a una estancia en donde no había nadie. La estancia era adornada por una pequeña cascada artificial, cuyas aguas se reunían en un estanque de piedra bellamente labrado. Se sentó en el borde del estanque y comenzó a llorar en silencio, ya no tan intensamente como cuando estaba en sus habitaciones. Se sintió enferma y con ganas de huir de Menegroth y no regresar. Después de un largo rato al borde del estanque decidió volver a sus habitaciones. No sería prudente regresar a la fiesta con los ojos enrojecidos e hinchados, y tampoco tenía ánimo alguno para regresar y seguir contemplando aquél espectáculo. Caminó en silencio, esta vez más calmadamente, dirigiéndose a sus habitaciones, sumida en reflexiones.

Pasaba a través de un pasillo poco iluminado cuando, ignorando los pasos detrás de ella, sintió que alguien la tomaba del brazo y la arrastraba hacia sí.

— ¿A qué maldito lugar fuiste, Ithiel? Te he estado buscando por horas —Thranduil le reprochó. Ithiel se sacudía de su agarre y esquivaba su mirada.

— Thranduil, yo... solo...—la luz de las lámparas iluminó difusamente el rostro lloroso de Ithiel. Thranduil se alarmó.

— ¿Has llorado? Por Eru, ¿qué sucede?

— No es nada, no he llorado —Ithiel, al verse descubierta titubeaba y forcejeaba de nuevo, tratando de escapar. Solo logró que Thranduil la arrinconara contra la pared para evitar su huida. La luz ahora le daba del todo en el rostro.

— Tus ojos están enrojecidos y tus mejillas aún están húmedas —señaló Thranduil después de pasar su pálida mano sobre el rostro de Ithiel.

Ithiel se sentía cada vez más avergonzada por su humillante situación. Necesitaba escapar.

— Por favor, solo déjame ir. Estoy cansada...—empujaba a Thranduil para que le permitiera irse, pero Thranduil seguía impidiéndole moverse, con sus brazos sujetándola por los hombros y con su cuerpo como una muralla rodeándola—. ¡Déjame ir! ¡Estoy harta de esta maldita ciudad!

— Otra vez con eso... —Thanduil comenzaba a perder la paciencia. Lanzándole una mirada acusadora le reprochó— Siempre te quejas de que no encajas aquí, pero no haces ni el mínimo esfuerzo por hacerlo. Te quejas de que te miran con desprecio pero tú también los juzgas con dureza.

— Cierra la boca, idiota —dijo Ithiel, iracunda.

— Te rodeas de una muralla impenetrable, evitas que se acerquen a ti. Siento...—Thranduil desvió la mirada, su voz parecía desvanecerse en sus labios. Susurró, con tristeza en su voz— siento que incluso me estas sacando de tu vida.

— Thranduil...—la ira que se había ido acumulando en su interior con los reproches de Thranduil fue desvaneciéndose con aquellas últimas palabras. La forma en que Thranduil lo dijo le parecía insólita. Pocas veces había visto a Thranduil realmente triste y saberse culpable de hacerle sentir mal fue como un cubo de agua fría. Thranduil prosiguió, mirándola a los ojos, con voz suave:

— ¿Desde cuándo hay secretos entre tú y yo? ¿Desde cuándo nos convertimos en perfectos extraños?

Había sido egoísta. Había estado pensando todo el tiempo en cómo ella se sentía y no había pensado en cómo su actitud negativa perjudicaba a los demás. Se sentía terrible. Abrazó a Thranduil, sin poder controlarse.

— Perdóname. Lo siento — susurraba, sinceramente apenada, al oído de Thranduil mientras lo abrazaba—. Te lo compensaré, pero hoy me siento realmente mal. —Rompió el abrazo para ver a Thranduil— Hablemos de esto mañana.

— Hagamos algo juntos. ¿Qué te parece si acampamos en el río, como habíamos planeado? Incluso podríamos ir de caza.

— Me parece una excelente idea, amigo mío.

— Vamos, te acompañaré a tu habitación. En el estado que estas, siento que podrías cometer una locura —dijo Thranduil, con una tonalidad exagerada y teatral.

— No seas tan dramático.


Notas finales:
¿Tomatazos? ¿Amenazas de muerte? Tenga la gentileza de indicar cuánto le gustó o cuánto odió mi fanfic en los reviews :)
(¿Por qué siento que estoy hablando sola?)