Basada en una serie coreana titulada Herederos (Heirs)
DISCLAIMER: Los personajes de Los Juegos del Hambre ni la historia de Herederos (Heirs) me pertenecen. Esto solo es por pura diversión. Cualquier cambio en la historia original es producto de mi imaginación. :)
ALMOST IS NEVER ENOUGH
CAPITULO 2
En el capitulo anterior…
Me detengo en seco a su lado y ella salta al oír el frenazo. Me mira fijamente en los ojos… sus ojos grises vuelven a conectar con los míos e intento descifrarlos…
-¿Qué…? –pregunta.
-Sube. –la interrumpo. –No pienso dejarte aquí.
PEETA POV
Sí. Definitivamente me estoy volviendo loco. Loco de remate. ¿Cómo es posible que me involucre tanto con esta desconocida? Ella me acusa de ser un vendedor de drogas pero ella fácilmente podría ser una también, quizás hasta pueda ser una psicópata asesina… no sé, después de todo yo no sé nada de ella.
Es desesperante lo que siento ahora mismo. ¿Por qué tengo esta necesidad de ponerla en un sitio seguro? Lo peor de todo es que no se me ocurre otro sitio más seguro que mi casa. Genial, ahora mismo podría estar llevando a mi propia casa mi futura asesina… espera, también podría ser un secuestrador.
Vale, déjate de paranoias Peeta. Sea lo que sea ella, tú eres mucho más grande y fuerte que ella… idiota.
-No sé por qué estás haciendo esto… -murmura de repente rompiendo el silencio sepulcral que nos envolvía. –Que sepas que yo no hago esto…
-¿Subir en coches de desconocidos? –pregunto, irónico.
-¿Por qué no sólo te has ido y ya? –sigue hablando y me siento más cómodo. Aunque en ningún momento ha hecho contacto visual conmigo.
-No entiendo por qué me dices eso… tú sola has subido en mi coche. Definitivamente tampoco querías que me fuera. –bufo.
-He subido porque no te habrías ido de allí. –exclama y ahora se gira hacia mí fulminándome con su mirada.
Justo entonces detengo el coche en un semáforo en rojo y yo también me giro, la miro fijamente en sus ojos grises y esbozo una sonrisa de suficiencia. Ella se mueve incómoda en su asiento y aparta la mirada. Segundos has durado nuestro contacto visual… en ese mismo tiempo he sentido un hormigueo en el estómago. Yo también aparto la mirada y arranco en coche.
-No voy a hacerte nada malo… si eso te hace sentir más tranquila. –murmuro de nuevo entre el silencio.
Ella no respondo. Mantiene la mirada fija en el camino y respira de manera acompasada, yo suspiro más tranquilo, al menos ahora parece que ella también se encuentra tranquila.
Tardamos como unos quince minutos en subir la colina. Ella definitivamente ha estado boquiabierta al ver como pasamos delante de las pocas casas que también se encuentran aquí. Ha sido divertido observarla durante todo el camino, como sus expresiones han ido cambiando de terror a sorprendida, de maravillada a emocionada… es increíble como esta chica experimenta tantas emociones en tan solo unos minutos. Si no me equivoco, cuando la vi llorando en el suelo, fue la primera vez durante mucho años que he sentido una emoción… una emoción de verdad.
-Ya estamos. –la aviso mientras aparco el coche en su sitio.
-¿Vives… vives aquí? –murmura… maravillada, al menos eso espero.
Bajamos del coche al mismo tiempo. Camino hacia detrás y agarro su maleta, ella enseguida me lo quita de las manos y no tengo más remedio que encogerme de hombros. Voy a tres pasos por delante de ella mientras me sigue mirando en los alrededores. Abro la puerta y la invito a pasar.
-Tus… tus padres… ¿no les molestará? –balbucea mientras cruza el umbral de la puerta principal. La cierro y enciendo las luces. Claro, supuestamente tengo que vivir con mis padres.
-Vivo solo. –digo con la voz demasiado rasposa.
Bajo las escaleras en espiral para llegar a la sala. Me doy cuenta que no oigo pasos detrás de mí así que me giro, y lo que veo a continuación me deja bastante… tocado.
Ella sigue clavada en su sitio y mira por toda la casa. Yo imito lo que hace y también me giro para ver la cosa tan interesante que está mirando… sonrío. Por supuesto que es la casa, con su gran escalera en espiral, la sala de estar circular cubierta de ventanas de cristales, todas las paredes de la casa blancas… se me encoge el corazón al ver su expresión de asombrada.
-Podrás quedarte en la habitación de invitados… -murmuro a ver si la despierto de su ensoñación.
Enseguida me mira y se sonroja, sabe que la he visto observando mi casa. Baja con cuidado las escaleras cargando su maleta, si no hubiera sido tan terca la habría ayudado. Al final llega hasta donde estoy y me mira, ahora muy asustada. Noto que me quiere decir algo pero lo duda… insisto con la mirada.
-Tú… tú… tú de verdad, ¿no serás un vendedor de drogas, cierto? –tartamudea.
Tengo que esconder mi sonrisa. ¿De verdad vamos a empezar de nuevo? Entrecierro los ojos y decido jugar con ella.
-¿Quién dice que yo solo venda drogas? –doy un paso hacia ella con una sonrisa de suficiencia. Ella instintivamente da un paso hacia atrás.
-¿Qué… qué quieres decir? –ahora dice asustada. ¿En serio me cree?
-No sé… tú dirás… -me detengo fingiendo estar pensativo. -¿Sabes que también se gana mucho con el tráfico de órganos? –sonrío. –Pareces una chica bastante sana…
Camino hacia ella y ella sigue alejándose de mí con pasos atrás. Definitivamente me mira muy asustada. Sigo con mis pasos y ella me mira fijamente, choca contra la pared. Ella jadea nerviosa mientras que yo la tengo entre la pared y mi cuerpo. Inclino mi rostro hacia el suyo hasta quedar a unos centímetros. Yo también tengo que aguantarme de lo que estoy sintiendo ahora mismo, algo bastante confuso por cierto. Entonces ladeo la cabeza hacia un lado y extiendo la mano girando el pomo de una puerta.
-Que duermas bien… -la guiño el ojo y la dejo libre.
Me voy casi corriendo hacia la cocina y abro el frigorífico, me bebo una botella de agua bien fría de un solo trago. ¿Qué demonios acaba de pasarme? He podido sentir su aliento golpeando mis labios… me llevo la palma de la mano en mi pecho. ¿Por qué me siento tan agitado?
Asomo la cabeza para ver si se ha metido dentro de la habitación, suspiro, ya está dentro. Subo de nuevo la gran escalera para ir a mi habitación. Saco mi cuaderno más "personal" y me pongo a escribir:
Todos los días siempre es lo mismo. Mi madre me llama a primera hora de la mañana y me despierta, no la respondo. Tengo miedo de escuchar su voz y salir corriendo para coger el primer vuelo e ir a casa. La echo tanto de menos… a ella, a mí padre… a mí hermano.
Hoy fui a la playa, nada fuera de mi vida normal aquí. Pero hoy, algo me ha sorprendido. Por primera vez desde hace mucho tiempo he vuelto a sentir un sentimiento… un sentimiento de dolor, una necesidad de proteger a alguien… a una desconocida. Una chica que estuvo en frente mío pero ella ni siquiera se ha dado cuenta. Una chica simple, con el pelo recogido en una trenza de lado lloró delante de mí. Sin darse cuenta me ha mostrado lo más profundo de ella… conozco a muy pocas personas de esa manera.
No sé cómo pero esa chica ahora está en mi casa, el lugar más seguro que conozco. Tengo la necesidad de protegerla, de velar por ella… ella es una desconocida pero a la vez no… ya me duele la cabeza de tanto pensar.
¿Qué es lo que supone que tengo que hacer con ella? Es extraño… esto lo que siento.
Entonces oigo un ruido abajo. Me levanto de la cama y bajo las escaleras rápidamente pero de manera silenciosa. Percibo luz desde la cocina, miro hacia la puerta de la habitación de invitados y está entreabierta, me quedo más tranquilo. Qué estupidez la mía… ni siquiera la he invitado algo para comer…
-¿Qué haces? –la saludo tomándola por sorpresa.
Ella se gira hacia mí avergonzada, entonces me fijo en la isla de la cocina donde tiene una lata de refresco y un paquete de galletas. Sonrío para mí mismo… ¿de verdad sólo va a comer eso?
-Yo… tenía hambre. –se sonroja. –Te lo pagaré…
¿Qué? ¿En serio? ¿De verdad piensa pagarme una lata de refresco y un paquete de oreos?
Me acerco a ella y me sitúo a su lado mirándola de frente. Ahora puedo observarla mejor, tiene la piel blanquecina, sus pestañas son largas y me gusta mucho ver como se agitan cada vez que cierra los ojos. Noto que su respiración se acelera… quizás es por mí cercanía.
-¿Cómo te llamas? –al fin pregunto. En ningún momento he oído su nombre. Necesito saber su nombre
-¿Qué? –ahora se gira hacia mí y me mira desde abajo. Luce nerviosa.
-Tú nombre. –repito. –Porque supongo que tendrás uno.
-Ahmm… antes… no he podido darte las gracias. Gracias por dejarme quedar aquí… -murmura y entrecierro los ojos. No me quiere decir su nombre.
-Tú nombre es algo largo, ¿no te parece? –alzo una ceja.
Ella se queda en silencio. Se remueve nerviosa pero en ningún momento se aleja de mí, se lo agradezco. Me doy cuenta que no me va a decir su nombre por su silencio. Suspiro profundamente, tendré que encontrar otra manera de saberlo.
-No me tienes que agradecer nada. –le suelto y noto que ella suelta un suspiro de alivio.
Antes de poder decirla algo más ya ha pasado a mi lado con su "cena" en la mano. Me doy la vuelta y observo como camina con pasos rápidos hacia la habitación. De repente se da la vuelta y me da tiempo a evaluarla con la mirada.
-¿Podría utilizar el teléfono? Es que tengo que llamar a mi madre… -me dice.
-Claro. –asiento.
Y sigue con su camino, cierra la puerta y de nuevo me quedo solo.
Cierto, recuerdo su discusión con Primrose. Supuestamente ha dejado a su madre para venir a buscar a su hermana. Yo que tanto evito las llamadas de mi madre, ella es totalmente lo contrario. Por un momento la envidio… ella ahora va a poder oír la voz de su madre.
Decido prepararla un sándwich, ni de coña voy a dejar que duerma con el estómago vacío. Una vez que termino de hacer su sándwich, camino hacia la habitación… y me encuentro con la puerta entreabierta.
-Mamá… -escucho.
Mamá. Una palabra de cuatro letras y con un significado tan grande. El problema es yo no considero que ese sea el significado correcto.
El bolso de otra mujer. La casa de otra mujer. El marido de otra mujer. Una persona que siempre será desafortunada porque aspira a cosas que ella jamás podría tener… o podría poseer.
Eso para mí… es el significado de mamá. Esa persona desafortunada… es mi madre.
Recuerdo lo primero que escribí en mi cuaderno. El significado de mamá que yo tengo… que yo sé. Quizás esta chica conozca otro significado… pero al menos para mí, ese es que conozco.
-Soy yo mamá. Lo siento si no he podido llamarte antes. –me asomo un poco más y la encuentro sentada en el suelo abrazada a sus rodillas. –Mamá… aquí hace mucho calor y las vistas son fantásticas… -se seca las lágrimas. –Prim… -se le rompe la voz… pero intenta esconderlo. –Prim está bien mamá, está más bronceada… -traga. –Ahora mismo… ahora mismo estoy en su casa, pero ella no está. Tiene trabajo… su casa… es muy bonita mamá, pequeña… pero bonita. –se encoge aún más. –Así que, no te preocupes por ella. Ella… está bien. Cuídate mucho mamá… voy a colgar. Te quiero.
Trago en seco. ¿Cómo es posible que tenga esa capacidad de mentirle a su madre? Pero claro, quién soy yo para decir eso… al menos ella tiene el valor de llamarla escondiendo sus verdaderos sentimientos… y yo, ni siquiera soy capaz de oír la voz de mi madre.
Y de nuevo de echa a llorar. ¿Por qué siempre tiene que llorar cuando estoy mirándola? Ahora estoy más seguro que nunca de que no me gusta verla llorar… de hecho, no lo soporto. Doy un suspiro profundo… y entro a la habitación.
-¿Qué… qué haces? –se levanta enseguida, sorprendida. -¿Acaso no sabes tocar las puertas?
Doy dos toques en la puerta.
-Te he traído algo de comer… -dirijo mi mirada hacia la bolsita de oreo vacío. –Ten.
Me mira a mí y el plato alternativamente.
-Primero se toca y después se entra… aunque este sea tu casa. –murmura cogiendo el plato de mis manos. –Gracias.
-No es nada… es bueno para mí alimentarte bien… -me encojo de hombros.
-¡Deja de bromear con eso! –reclama y tengo que esconder mi sonrisa.
-Sabes mentir bien… -murmuro.
Ella me mira confusa y después echa su cabeza hacia un lado para fijarse en la puerta abierta.
-¿Has estado escuchando? ¿Por qué escuchas conversaciones ajenas? –ensancha los ojos.
-Estoy acostumbrado a que la casa esté en silencio… es raro tener a alguien haciendo ruido por todas partes. –observo la habitación y me llama la atención un billete de un dólar en la mesilla. -¿Qué es eso? –señalo la mesita.
-El pago por la llamada. –murmura.
-¿Debo suponer que eres rica? –la digo. -¿Por qué vas así el dinero?
Ella aparta la mirada y mira sus pies. Obviamente sé que no es rica, estoy bastante seguro que el poco dinero que tenía estaba en ese sobre blanco que se llevó su hermana. Se da la vuelta y coge algo de la cama. Me sorprendo… me suena mucho ese objeto.
-Toma. –me ofrece el objeto extraño. –Tómalo como pago por dormir aquí esta noche… sé que no es gran cosa, era para mi hermana pero… te lo doy a ti.
Alzo la ceja.
-Ahora me he convertido en algo así como el segundo plato… -murmuro cogiendo el objeto y observándolo.
-Si no lo quieres… -intenta arrebatármela pero no la dejo.
-¿Qué es? –pregunto interesado al objeto.
-Es un atrapa sueños… se supone que atrapa sueños malos y solo deja pasar los buenos…
-¿También deja pasar a chicas guapas? –sonrío de lado.
Me muestra una mueca.
-Dámelo. –ordena.
-No, ya me lo has dado. –sonrío. –Y come el sándwich… ya te dije que tengo que alimentarte bien.
-¡Te dije que no bromees con esas cosas! –exclama.
No puedo evitar reírme. Ella está mejor así… prefiero verla enfadada que triste. Salgo de la habitación sin parar de observar el atrapa sueños. Estoy seguro que si funciona tal y como me ha dicho me servirá de mucho… quizás deje de soñar con la conversación que tuve con mi hermano. Me dirijo hacia fuera para tomar un poco de aire y antes de cruzar el umbral de la puerta cuelgo el objeto. Suspiro profundamente… de repente se ha convertido en algo especial.
Me siento en una de las tumbonas y comienzo a comer mi sándwich que me preparé. Diviso la habitación de huéspedes a través de sus ventanas de cristal que da hacia el exterior. ¿Qué demonios está haciendo? De repente me encuentro riéndome como un loco al ver a la chica moviendo las sillas y mesas hacia la puerta para evitar que yo pueda entrar. La sigo observando detenidamente. Ella mira su "obra maestra" se dirige hacia su maleta, saca lo que supongo que es su pijama… y entonces…
-¡Mierda! –exclamo para mí mismo.
Se está quitando la camisa delante de mis propios ojos. Me sorprendo tanto que casi me ahogo con el sándwich que tenía en la boca. Salgo corriendo dentro de la casa y me voy a mí habitación.
Mierda, Peeta. Creo que nos vamos a meter en un buen problema.
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Mi alarma comienza a sonar. Después de todo lo que ha pasado ayer se me había olvidado que hoy tenía clases… Me desperezo y aparto mis sábanas. Me doy una ducha rápida y me alisto en treinta minutos. Mientras recojo mis cosas intento analizar todo lo que ha pasado el día anterior. ¿Habrá sido solo un sueño o de verdad tengo a una desconocida conmigo aquí en la casa? Mi conciencia me afirma que todo lo que ha ocurrido ayer es cierto, una chica con el pelo oscuro y trenzado, una chica con los unos ojos grises profundos, una chica con una piel aceitunada… sí, definitivamente me acuerdo de esa chica. Esa chica es real.
Entonces diviso a alguien en mis ventanales. Distingo una silueta fina al lado de la piscina y me acerco más a la ventana para verlo mejor. Y allí está ella… la chica que conocí ayer. Salgo en mi balcón y la observo mejor, ella está pie junto a la piscina y supongo que estará admirando las vistas del mar. Noto cómo sonríe para ella misma… el viento agita su cabellera ahora completamente suelto, ahora puedo distinguir lo largo y ondulado que es su pelo. Entonces se me detiene el corazón cuando pone un mechón de su pelo detrás de su oreja y se gira hacia dónde estoy… me mira… se sorprende… y me sonríe.
Siento como algo dentro de mi pecho revolotea sin parar. ¿Qué me está haciendo esta chica? Conecto mi mirada con las de ella y por primera vez puedo distinguir un brillo especial en ella… un brillo que no sabría cómo explicar. Ella tampoco aparta su mirada de mí, su pelo ondeando con el viento y sus ojos brillantes fijos en mí me hace notar lo hermosa que es… Además, desde que la conocí nunca la había visto sonreír y ahora… la primera sonrisa que veo en su rostro me lo dedica a mí.
Creo que ella nota de que no puedo apartar mi mirada de ella, así que alza una mano a modo de saludo. Yo aún estoy en estado de shock y anonadado… ni siquiera sé lo que tengo que hacer así que me limito en entrar de nuevo a mi habitación, agarrar mi mochila y bajar…
-Buenos días… -me saluda mientras entra en la sala.
-Hola. –la saludo secamente.
-Tu casa es muy bonita… las vistas son fantásticas. –me lo dice con una voz suave… otra cosa nueva para mí.
-Sí… bueno…
Silencio. Joder, Peeta. ¿Ahora vas a actuar como un idiota?
-Ahmm… ¿vas en alguna parte? –me pregunta mirando la mochila que llevo en la espalda.
-Sí… tengo clases… -murmuro recogiendo las llaves del deportivo en la mesa.
-Entonces… eres un estudiante de intercambio… -me dice. –Lo que suponía… -creo que es lo murmura más para ella misma. –Siempre me ha parecido interesante ver cómo son los colegios en EEUU…
Ahora parece que ella quiere hablar… bien, ahora decide charlar cuando yo me siento incómodo. Ahora… ¿por qué demonios de repente me siento incómodo?
-Y… ¿cómo crees que son los colegios aquí? –murmuro mirándola. -¿No te creerás que son como Hogwarts? Creo que más bien eso está en Inglaterra… de dónde tú vienes…
Y ella hace algo que de nuevo hace agitar mi corazón. Se lleva un mechón de pelo detrás de la oreja, otra vez, y se ríe… una cosa muy… adorable. Yo me quedo… estático. Trago.
-Te ríes… otra vez… -murmuro en alto. –Supongo que llorar no es la única cosa que haces…
-¿Qué? –me mira confusa. Entonces creo que se da cuenta de su repentina confianza hacía mí y se endereza. –Si te vas a ir… ¿podrías esperarme un momento? Voy a recoger mis cosas…
-Espera… ¿adónde vas? –digo repentinamente y ella se sorprende.
-Si tú te vas… yo ya no tengo nada que hacer aquí… -murmura. -¿No irás a dejar un desconocido en tu casa, cierto?
-Pero… te puedes quedar… -¿qué demonios estoy haciendo?
-¿Cómo? –pregunta confusa.
-Tú… no tienes adónde ir… quédate hasta que vuelva de las clases…
-Mi hermana…
-La cafetería está cerrada a estas horas… abren más tarde…
-Ahh… ¿de verdad? Entonces cogeré…
-Aquí no pasan buses… la gente que vive aquí va en coches… -la interrumpo.
-Ya… pero…
-Si no te sientes cómoda estando sola aquí… -la miro fingiendo estar pensativo. –Si quieres puedes venir conmigo a mis clases… ¿no tenías curiosidad de ver los colegios de aquí?
Ella me mira pensativa y sé al instante que va aceptar. Mi conciencia me dice que me estoy metiendo en un gran problema… aunque ahora mismo el problema más grande que tengo es que de repente esta chica… desaparezca de mi lado.
Ella se alista en unos minutos y nos disponemos para marcharnos. Decido coger mi descapotable y disfrutar del aire y sol californiano… aparte de que es más cómodo para ir a clases.
La chica que me causa mucha confusión se encuentra a mi lado muy sonriente. Extrañamente mi humor de esta mañana está aumentando de nivel… y aumenta más en estas situaciones en la que estoy con ella sonriendo… Noto como el sol la vislumbra y el viento choca contra su rostro por la rapidez que llevo el vehículo, agarro unas gafas de sol que tengo en la guantera y se lo ofrezco. Ella me mira extrañada…
-No pasa nada… -murmura, aún en la sonrisa en la cara.
-Si no quieres acabar con los ojos rojos, cógelos. –le digo.
Ella duda un momento para después aceptarlo. Noto que ella me mira… quiere decirme algo.
-¿Podría pedirte un favor? –tengo que mirarla, ahora soy yo el confundido… y ansioso.
-¿Qué?
-Quiero sacar la mano en la ventana… avísame si es… extraño… -murmura y se sonroja.
Tengo que reprimir una sonrisa. ¿Cómo es posible que esta chica me esté demostrando lo inocente y adorable que es? Para ser sinceros es la primera chica que conozco en Los Ángeles que actúe de esta manera… normalmente las chicas de aquí son muy alocadas.
-Tienes sólo un minuto.
Y ella asiente como una niña pequeña. Con cuidado saca el brazo izquierdo en la ventana invisible del descapotable. Tengo que mantenerme alerto de mirar el camino pero no quiero apartar mi mirada de ella. Su rostro presenta tantas expresiones, pero definitivamente la que más me gusta es cuando sonríe enseñando todos los dientes… no puedo evitar esbozar una sonrisa…
-Esto es tan genial… -murmura.
Suspiro profundamente. Y sigo mirando nuestro camino.
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-Quédate aquí… -la digo. –Sólo tengo una clase… y mi aula es aquella de allí. –apunto la venta de al lado.
-Puedo darme una vuelta mientras espero… -murmura ella sin para de observar los alrededores.
-No… -suelto y ella me mira. –Digo… cuando salga te daré una vuelta… y luego vamos en la cafetería.
-Está bien. –se da por vencida.
-Bien. Me tengo que ir… -ella se sienta en un banco. –No vayas a ninguna parte.
-De acuerdo.
Y me dirijo a mi clase. Sinceramente no he prestado mucha atención ya que todo lo que tengo hacia la ventana que da justo delante de donde ella está sentada. Ella lo observa todo con tanto entusiasmo que me hace sonreír.
-Recordad que al final de la clase me tenéis que entregar vuestros ensayos… contará para lo nota final de la asignatura. –me llama atención el profesor. –Ya os podéis levantar y entregarme vuestros cuadernos.
Enseguida me levanto y me precipito hacia la salida.
-Peeta. –me llama una voz grave.
Tengo que darme la vuelta e ir en dirección al profesor.
-¿No vas a entregarme tu ensayo? –me mira cruzado de brazos.
-Yo… aún no está completo… -murmuro.
-¿Y para cuando crees que estará completo? –me mira.
-Cuando esté preparado…
El profesor suspira profundamente y espera a que todo el mundo se marche. Se sienta en su silla y me mira fijamente.
-He leído tus primeros trabajos, Peeta. Y son increíbles. –me dice. –Pero a pesar de saber que eres un gran escritor, si no me entregas los ensayos no puedo darte un aprobado.
-No los necesito.
-Sólo entrégamelo cuando… estés listo. –suspira.
-Gracias.
Hubo un tiempo en que fui un buen estudiante. Puede sonar un poco arrogante de mi parte pero es la verdad. Pero poco a poco empecé a vaguear… empecé a suspender y a no entregar los trabajos, pero eso no significa que no los haya hecho. De hecho el ensayo que me está pidiendo el profesor es lo que llevo escribiendo desde el comienzo del curso. El señor Beetee es uno de los primero profesores que tuve desde que me trasladé aquí y él me conoce mejor que otros profesores, y este curso se ha propuesto en "hacerme trabajar", él fue quién me propuso hacer un ensayo sobre mis sentimientos… según él yo no expreso muchos y la mayoría del tiempo en que lo hago lo escribo en un papel. Por eso tengo mi cuaderno.
Pero como ya le he dicho aún no lo tengo… aún no estoy preparado. Aún no soy capaz dejar a flote todo lo que siento.
Intento despejar mi mente y salgo corriendo hacia donde supuestamente la he dejado. Pero ya no está. Mi corazón se acelera y comienzo a correr en su busca. ¿Qué pasaría si se hubiera ido? No… no puede ser. Entonces la diviso delante de nuestro tablón de anuncios observando algo… corro hacia ella y la agarro de los hombros.
-Te dije que te quedaras en tu sitio… -la reclamo aún con el corazón en la boca. –Creí… que te habías ido… -murmuro.
-Me aburría… -se excusa.
Respiro profundamente y me intento calmar. Después de todo no hay razón para ponerme tan nervioso solo porque la haya perdido de vista.
-¿Qué miras? –pregunto mirando el tablón.
-Es divertido ver lo que ponen los estudiantes en el tablón… -sonríe. –Puedes encontrar una gran variedad.
-¿Cómo qué? –me pongo a observarlo yo también.
-Pues hay fiestas… -señala varios panfletos del tema. –Unos cuantos perros perdidos… e incluso declaraciones de amor… me pregunto si el chico o chica a quién va destinado lo habrá leído…
Sonrío ante su conclusión.
-Me temo que no… -ella me mira interesada. –Nadie se pone a leer y rebuscar entre todos los papeles que hay colgado… -me río. –Además… si lo hacen solo es para ver si hay alguna fiesta en la que asistir…
-¿De verdad? –pregunta.
Asiento.
-Tendría que irme ya… -de repente salta. –Debo ir en la cafetería… gracias por enseñarme donde estudias.
-Espera… -la llamo. –Te dije que te iba llevar… ¿recuerdas?
Ella solo asiente y sonríe. Tengo una extraña sensación de que pronto se va a ir de mi lado… sinceramente… espero que todavía no.
KATNISS POV
-Lo siento querida… pero llamó para renunciar esta misma mañana. –me informa la gerente del local.
-¿Cómo? Pero…
-Ella sólo llamó para decirme que no podía volver a trabajar. También me dijo que vendrías y que te dijera que volvieras con vuestra madre… que ya no tienes nada que hacer aquí. Ya te llamará cuando estés en Londres. –cada palabra es como un puñal en mi cuerpo. ¿Cómo es posible que una persona a quién quiero tanto me esté haciendo esto?
-¿Ella no dejó ningún número? –de repente salta la voz de mi acompañante. -¿No dijo si se iba a algún lugar?
-Lo siento… pero ella solo me dijo lo que os estoy contando. –le responde la señora apenada.
-Está bien… de todos modos gracias. –no puedo hacer nada más que tragarme todo lo que tenía que decirle a mi querida hermana.
La gerente se disculpa una vez más antes de volver a su trabajo. Mi acompañante se queda a mi lado en silencio y mirándome.
¿Por qué tiene que hacer esto? ¿Acaso es tan difícil explicarme todo lo que le pasado aquí? Quizás, si me lo explicara mejor, si me contara las dificultades por las que ha pasado pueda entenderla. Pero en estas circunstancias… no podía dejarla llevarse el dinero de mi madre. ¿Ahora qué se supone que tengo que hacer? ¿Qué le voy a decir a mi madre? ¿Cómo le voy a explicar todo lo que ha estado haciendo su hija? La voy a romper el corazón…
-Nos tenemos que ir… -murmura el chico rubio y asiento lentamente mientras nos dirigimos en la salida.
-¿Qué voy a hacer? Se ha llevado el dinero de mi madre… no me puedo creer que haya huido… -murmuro en alto… aunque ahora mismo ya no me importa nada.
-¡Oye! –de repente ambos nos giramos a la persona que grita detrás de nosotros. -¡Eres la hermana de Primrose!
Reconozco al hombre peludo… es el supuesto novio de mi hermana.
-¡¿Dónde está mi hermana?! –le exclamo.
-¡Eso es lo que me pregunto yo! ¡¿Dónde está la zorra de tu hermana?! –exclama él también. -¡Se ha llevado todo mi dinero! –me amenaza con su mano.
Enseguida el chico que va conmigo me agarra del brazo y me esconde tras su espalda, y encara al hombre enfadado.
-No te atrevas a levantarle la mano a una señorita, tío. –murmura mi acompañante con la mandíbula apretada.
-¡¿Pegaste así a mi hermana?! –exclamo yo.
-¡¿Dónde está ella?! –vuelve a gritar el hombre dando un paso hacia nosotros.
De repente el chico rubio se abalanza sobre él propinándole un golpe seco en la mandíbula y después le golpea el estómago con la rodilla. Yo me quedo quieta y asustada.
-Te he dicho claramente que no le levantes la mano a la señorita… -vuelve a repetir cabreado.
-¡Vosotros! –de repente otras dos voces se unen a nuestra "conversación".
-Deben de ser sus amigos… -le digo al chico que tiene al hombre a sus pies, él se gira para mirar a los dos hombres.
-Cuando cuente tres… -y le interrumpo.
Sin pensarlo dos veces le agarro la mano y tiro de él corriendo. Él me sigue sin decir nada pero siento que yo soy la que más está poniendo su empeño. Subimos unas escaleras y es como si llevara todo encima su peso… ¿por qué demonios no corre más? Si se le ve que es un chico atlético… además él nos ha metido en esto. Él es quién pegó al hombre ese…
-¡Vosotros dos! ¡Esperad! –gritan los hombres persiguiéndonos.
Oigo como mi acompañante se ríe.
-¿Por qué demonios estamos corriendo? –se ríe el chico que va de la mano conmigo.
-Dijiste que cuando contaras tres… -murmuro jadeando.
Él me obliga a detenerme y tira de mi cuerpo hacia el suyo haciendo que nos choquemos. Me aparto enseguida de él y cuando le miro él está sonriendo enseñando todos los diente… parece divertirse mucho haciendo estas cosas… quizás lo haga todos los días, después de todo no desecho la idea de que sea un vendedor de drogas. Pero me fijo mejor en su rostro… está sudando y tiene los ojos muy brillantes, el sol hace que el azul de sus ojos resplandezcan más… y su sonrisa… su sonrisa de alguna manera consigue calmarme.
-No iba a decir que salieras corriendo… y ni siquiera me has dejado contar hasta tres… -me dice guiñándome un ojo. Me remuevo incómoda cada vez que hace eso.
-Pero… -miro a los dos hombres que nos siguen… aún están a varios metros de nosotros.
-¿Te has fijado a quiénes nos siguen? –se ríe. –El tío flaco debe de haberse bebido ya un par de latas de cerveza y el gordo el algún momento le va a dar un paro cardiaco… créeme que no nos van a alcanzar ni de coña. –se ríe aún más y me mira.
Tiene razón, los dos parecen rendidos, y me río con él.
-He estado cargando con tu peso mientras corríamos… -le echo en la cara. -¿Por qué no me has detenido antes?
-Estabas adorable… -me mira fijamente… y tengo que tragar en seco.
Menos mal que su móvil comienza a sonar.
-Espera… -me dice y saca el móvil de su bolsillo.
Yo sigo mirando a los hombres… pero no oigo que conteste. Me giro para mirarlo y lo veo con la mirada clavada en la pantalla de su móvil, le vuelvo a mirar y lo encuentro pálido… con los ojos entrecerrados… ¿qué es lo que pasa? Entonces cuelga y se sorprende cuando me pilla mirándolo. Intenta sonreír.
-Era un cliente… pero como ya ves… estoy un poquito ocupado. –me dice con la sonrisa falsa.
-¿De verdad vendes drogas? –pregunto.
-Esas cosas no se preguntan… ¿acaso quieres ser cómplice? –me dice y niego con la cabeza.
-Déjalo… -murmuro.
-Bueno… ahora por tu culpa estoy cansado y sediento… -dice mirando a los hombres que creo que ni siquiera han avanzado. -¿No piensas invitarme a algo? –me sonríe de lado.
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Compro dos cafés helados y camino hacia donde está el chico rubio. Ahora que lo pienso tampoco sé su nombre… aunque es mejor mantener las cosas así, tampoco es que nos vayamos a hacer cercanos y no creo que volvamos a ver ya que después de todo tendré que volver a Londres con mi madre y él… bueno, él supongo que seguirá con sus estudios aquí y vendiendo lo que sea que vende.
Cuando lo veo con la espalda apoyada en una barandilla esperándome de nuevo lo veo con su móvil en la mano. Otra vez tiene la vista fija en la pantalla y se ve muy concentrado. Me pregunto quién será la que lo ha llamado antes… ¿es posible que sea unos de sus compradores? Pero… no sé, se ve un poco… afectado.
-Ten… -le doy su café helado interrumpiendo sus pensamientos. Él eleva su mirada hacia mí mientras guarda su móvil disimuladamente. -¿Ya has hecho la llamada de tus pedidos? –intento bromear.
Él se queda callado y por primera vez no me sonríe… desde esta mañana está muy frío conmigo. Es posible que esté incomodo ahora… doy un sorbo de mi café y se me va todos los pensamientos.
-Vaya… este café está buenísimo… -exclamo y doy otro sorbo. Él me mira de nuevo inquisitivo y me deja ver una pequeña sonrisa… yo también sonrío. –Lo sé… actúo de manera rara… pero no todos los días puedo probar un café americano de verdad… -sonrío. –Por primera vez puedo guardar un recuerdo bonito de EEUU… -me encojo de hombros.
-¿Estás segura de que sólo vas a tener recuerdos malos? –me mira curioso, pero noto un brillo en sus ojos.
-Bueno… -lo miro. –Si lo pienso mejor…
Todo lo bueno llegó cuando te conocí…
-En fín… ¿cuánto llevas aquí en EEUU? –cambio de tema.
-Oye… lo notado vale… -se ríe. –Está bien… no me digas… yo tampoco te voy a contestar a eso.
Sin darme cuenta los dos sonreímos. Entonces veo a un grupo de chicos haciéndose fotos… son unos turistas… y se me enciende la bombilla... móvil, fotos… internet. ¡Internet!
-Cómo no se habrá ocurrido antes… -murmuro.
-¿Qué? –me mira confuso el chico rubio.
Lo miro con una sonrisa y creo que él se asusta.
-¿Me dejarías tu móvil un momento? –le pido.
-¿Por qué? –pregunta.
-Sólo… voy a ver si puedo hablar con un amigo… -murmuro.
Él rebusca en su bolsillo y me da el aparato…
-¿Qué haces? –me mira curioso.
-No sé por qué no se me ha ocurrido meterme en mi cuenta de Facebook… -le digo y él asiente.
-Sinceramente… a mí no me van esas cosas… -me dice.
Sonrío triunfante al meterme en mi cuenta. Ninguna notificación… qué sorpresa. Busco a Marvel y le doy a enviar mensaje… noto que el rubio tiene la mirada atenta en la pantalla y frunce el ceño.
-¿Quién es Marvel? Es tu… ¿novio?
-Es mi mejor amigo… le voy a mandar un mensaje… -murmuro en alto.
"Marvel, en cuanto veas este mensaje contéstame. No te he dicho nada pero estoy en Los Ángeles… necesito tu ayuda."
Le doy a enviar.
-Bien… ya está… -suspiro entregándole su móvil. -¿Me podrías avisar en cuanto reciba una respuesta?
Él se encoge de hombros aún con el ceño fruncido.
-No sé por qué esperas la respuesta… podrías llamarlo… no sabes cuándo va a responder… -me dice.
-Es que cambió de número recientemente… además, son vacaciones de verano… a saber dónde estará… -murmuro.
-Pues… para ser amigos… o novios… -le fulmino con la mirada. –Es raro que no sepas donde va a pasar las vacaciones…
-¿Y qué…? –le miro con los ojos entrecerrados. –Siempre está en mis pensamientos… eso es lo único que importa.
Pone la cara seriamente y por poco me río, pero me detengo. Frunce el ceño y guarda el móvil en su bolsillo.
-¿Qué pasa si no hay respuesta? –me dice.
-Lo habrá… confío en él… -sonrío.
El chico se despereza y comienza a caminar dejándome atrás. Tengo que correr para llegar a su lado.
-¿Adónde vas? –pregunto.
-Tengo cosas que hacer… -me dice y da un sorbo de su café. –Te llevaré a casa y me esperarás allí…
-¿Qué? –exclamo. –Pero tu coche… lo dejaste en la playa…
-Exacto… -suspira. –Cogeremos un taxi… te dejaré en casa e iré a buscar mi coche.
No me da tiempo a responder ya que enseguida para un taxi. Nos quedamos en silencio dentro del taxi durante un buen trecho. Sinceramente ya me siento menos incómodo con él, no sé, es cómo si me hubiera ganado un poquito… digo, no es tan malo el chico.
-Ehmmm… ¿puedes ver si ya hay contestación? –le miro.
Él suspira profundamente y saca el móvil. Me pone la pantalla en la cara.
-Aún no… ¿estás segura que sois cercanos? –alza la ceja.
-Le conozco desde la mitad de mi vida… -le cuento y pone la cara serio.
-¿Estáis saliendo?
-Ya te he dicho que no…
-¿Habéis salido juntos…?
-Sólo somos amigos… -suspiro. -¿Y a ti qué te importa?
Él se gira y mira hacia la carretera.
-Por favor… es el último favor que te pido… -suspiro. –Hazme saber en cuanto haya respuesta… es… es mi última esperanza.
El chico cierra los ojos durante unos segundos y deja escapar una respiración profunda…
-Está bien…
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-Espérame en la casa… no tardaré más de una hora… -me avisa antes de volver a subir en el taxi. –Toma las llaves…
Casi se me salen los ojos al ver que me está confiando las llaves de su casa.
-¿En serio me estás dando llaves de tu casa? –pregunto sorprendida.
-Si. –se encoge de hombros. –Yo tendré tu pasaporte así que…
Cierto.
-Está bien… te esperaré… pero estate atento por la respuesta…
-Que sí… -se mete dentro del taxi. –Espérame.
Asiento y el taxi arranca.
De nuevo me encuentro en su gran casa… sin nada que hacer. Decido ir recogiendo mis cosas por si al volver Marvel ya me ha contestado. Es posible que me pueda ir más pronto de lo que creía… después de todo la ilusión que me había hecho al viajar a EEUU ya se ha esfumado después de todo lo que ha pasado. En realidad el chico tiene razón… no todos los recuerdos que voy a mantener de este viaje van a ser malos… gracias a él.
Saco la maleta de la habitación cuando oigo un portazo. Vaya, pues no ha tardado nada…
-¿Quién demonios eres tú? –de repente salta una voz femenina.
Enseguida me giro y tengo que ahogar un grito. Esta… esta chica… ¡dios mío! ¡Es la chica del aeropuerto!
-¿Tú? –es lo único que me sale.
-Eres la chica del aeropuerto… -bufa. -¿Qué haces aquí? –alza la ceja.
-Yo… tú… ¿tú qué haces aquí? –repito su pregunta, sinceramente no sé quién soy en esta casa.
-Soy la prometida del dueño.
Y se me cae el mundo encima. ¿Prometida? Pero… sí apenas tienen la edad…
-Pero… el dueño… el dueño es muy joven… creo que es de secundaria… -la digo.
-Nos comprometimos el año pasado… -me muestra una sonrisa egocéntrica. –Ahora… dime qué demonios estás haciendo aquí… y con esa maleta. –mira el objeto que tengo al lado.
-Yo… -no sé qué decir…
-¿Cuántas veces te lo tengo que preguntar? –me mira furiosa. ¿Qué se supone que tengo que responder.
-Yo… tuve unas problemas… y… no tenía adonde ir… y… -balbuceo. –Me quedé a dormir aquí una noche… pero ya me voy…
La chica cambia el rostro de furiosa a histérica. Dios mío… de las cosas que debe de estar pensando…
-No es lo que tú piensas… -murmuro.
-¿Por qué tienes llaves de la casa si solo eres una… invitada? –baja las escaleras y me arrebata de las manos las llaves. –Abre tu maleta…
-¿Perdona? –digo incrédula.
-Que abras tu maleta… estás sola en la casa… tienes llaves… ¿quién me asegura que no eres una ladrona? –sonríe con malicia.
-¿Perdona? –vuelvo a preguntar. –No eres nadie para…
-Mi prometido es el dueño… dentro de poco todo esto será mío…
-Pero aún no lo es… -digo yo.
La chica me fulmina con su mirada.
-Abre tu maleta. –vuelve a decir una vez más.
-No lo hagas. –salta una voz masculina… y enfadada.
El chico rubio presenta el rostro serio mientras baja las escaleras. Me doy cuenta que ni siquiera le dirige la mirada a su "prometida", lo que pone en duda su situación con él, pasa de largo de ella y se detiene enfrente mía.
-¿No te dije que me esperaras? –me dice secamente y mira hacia mi maleta.
-Yo… -no puedo evitar mirar hacia la chica rubia.
-¿Acaso no me he explicado bien? –me dice una vez más… enfadado.
-¡Peeta! –exclama la chica.
Peeta… ese es su nombre…
-¿Pensabas irte? –hace casi omiso a la otra chica y me mira fijamente.
-Yo…
-¡¿Cómo te atreves Peeta?! –exclama la rubia de nuevo.
Peeta me toma por sorpresa cuando agarra mi mano y me arrastra con él. Comienza a caminar hacia escaleras conmigo detrás. La rubia nos observa estupefacta y choca contra su prometido, éste bufa y le fulmina con su mirada.
-Apártate… -murmura él.
-¿Cómo me puedes hacer esto? –escupe la rubia.
-Te dije que te apartes… -vuelve a decir.
La chica suelta un gruñido y me mira como si me fuera a matar. Me sorprendo cuando le arranca el móvil a Peeta de sus manos, él se queda mirándola durante un instante y la rodeamos para poder pasar. Literalmente me arrastra en las escaleras bajo la atenta mirada de la otra chica sin que nos siga. Me conduce hasta el coche rojo aparcado justo delante de la puerta y casi me empuja para que me meta adentro. Rodea el coche, se siente y arranca… no pronuncia ni una palabra.
-¿Por qué has hecho eso? –al fin logro articular palabra. -¿Dónde vamos?
-Lejos de mí casa… -me responde secamente.
Me quedo callada. Aún no logro entender lo que ha pasado hace unos momentos. ¿De verdad esa chica es su prometida? ¿Por qué ni siquiera la ha saludado? ¿Por qué me saca a rastras de su casa?
De repente pega un frenazo y ambos nos movemos hacia delante. Apaga el motor y se gira para mirarme.
-¿Por qué no me haces caso? –me pregunta.
-Yo… sólo estaba recogiendo mis cosas… -balbuceo.
-Ya… y me encuentro con tu maleta en las escaleras… -bufa. –Te dije que me esperaras… ¿acaso es tan difícil para ti hacer eso?
Yo me quedo mirándolo. ¿Por qué hace tanto jaleo por eso? Ni siquiera somos amigos… cercanos…
-¿Por qué insistes tanto en eso? –exclamo. –Yo… no te conozco… te di las gracias al dejarme un techo en donde dormir y cuando me sacaste de aquel lugar donde vivía mi hermana… fuiste muy bueno conmigo y lo acepto… pero no te conozco… ni tú a mí… ¿por qué te molesta tanto que me vaya?
Él aprieta la mandíbula y cierra los ojos. Suspira profundamente… y abre los ojos fijando sus ojos azules en los míos.
-Yo… -frunce el ceño. –Es… es posible… que me gustes.
Mi respiración se detiene.
-¿Qué? –pregunto.
Y estampa sus labios en los míos.
VALE. LOS QUE CONOZCAN EL DORAMA SABRÁN QUE HE CAMBIADO UN POQUITO EL FINAL… HEHEHE! ESE MOMENTO A MÍ ME PARECÍA QUE TENÍA QUE HABER UN BESO IMPULSIVO O ALGO… PERO SABEMOS QUE EN LOS DORAMAS SIEMPRE HAY QUE ESPERAR POR ESE ANSIADO BESO.
BIEN. ESPERO QUE OS HAYA GUSTADO EL SEGUNDO CAPITULO Y OS ESTÉ GUSTANDO LA HISTORIA. MUCHAS GRACIAS POR LOS REVIEWS… AUNQUE… ESPERO RECIBIR UN POCO MÁS… ¿PUEDO?
EN FÍN, DE TODOS MODOS GRACIAS POR LEER. NOS LEEMOS PRONTO.
SALUDOS!
