Me desperté más temprano de lo normal. La emoción del momento no me había dejado dormir más de la cuenta, lo único que deseaba era ya estar de pie y comenzar mis actividades. Tomé un baño de agua bien fría para poder despertar y después de cepillar mi cabello me vestí con el traje que había elegido la noche anterior. Recogí mi cabello en una coleta, puse mis tacones, tomé la agenda y salí al pasillo. Ya muchos empleados estaban de pie a pesar de ser apenas las siete y media de la mañana. Lily me guió a través de los pasillos hasta la oficina principal del rey, la cual se encontraba en un lugar especialmente escondido que daba por la parte de atrás del palacio. Así, según me dijo Lily, el rey Diamante no sería molestado por el constante ruido y ajetreo del palacio. La oficina era muy grande y hermosa, justo como el resto del palacio. Los muebles hermosos y antiguos, bien cuidados y elegantes, había una puerta en la pared izquierda la cual abrió Lily con una llave que después me entregó.

-Aquí estarás trabajando tú siempre y cuando el rey no te necesite. Tu oficina dentro de la oficina del rey. ¿Segura que no quieres desayunar antes? Su majestad no baja hasta las nueve y apenas van a ser las ocho.

-Segura, Lily, mejor te veo a la hora de comida, estoy demasiado nerviosa para pensar en comida.

Lily me dio un beso en la mejilla y salió. Me dediqué a acomodar las pocas cosas que tenía en aquel reducido espacio. Mis lápices y plumas en la base, hojas, papeles, agendas, mapas del palacio, fotos de mi familia y amigos, algunos libros importantes, etc. Durante un lapso de una hora me dedique a crear algo parecido a un pizarrón con cartón y papel en el cual escribiría cada actividad del rey para que así me lo memorizara más rápido. Afortunadamente siempre se me había dado eso de las manualidades y me era bastante fácil crear, cortar, pegar y hacer toda clase de cosas con lo que fuera. Encontré mucho material útil en mi nueva oficina, pegamentos, tijeras, colores, lápices, cartulinas, carpetas, pins, etc.

-Buenos días, señorita Tsukino.

De pronto dejé de sentir mi propio pulso y el aliento se me escapó. Levanté la cabeza lentamente al tiempo que temblaba de pies a cabeza. Vi al Rey Diamante justo frente a mí, observándome cuidadosamente como pensativo. Inmediatamente solté el marcador que tenía entre la mano y me incline para hacer una pequeña reverencia.

-Su…su majestad… no lo escuché entrar, buenos días. No pensé que usted recordara mi nombre…

-¿Por qué no habría de hacerlo? Un buen rey recuerda a todos y cada uno de sus allegados. Además, vas a ser mi asistente personal, es mi obligación conocerla.

Sonreí tímidamente y el marcador resbaló de mis dedos. Me incliné para tomarlo pero el rey lo alcanzó antes que yo.

-Tenga más cuidado.-dijo colocándolo sobre el escritorio.- ¿Puede explicarme qué hace con todo esto?

-Claro que sí, su majestad, estoy creando un pizarrón para que tanto usted como yo podamos memorizar y saber qué actividades tiene. Es grande, visible y claro, le agradará.

-Hmmm, jamás habría pensado en eso, me parece buena idea. Señorita, sé que es su primer día, ¿puede llamarle a la primer ministro y preguntarle qué me espera para hoy?

-No tiene por qué preocuparse, mi señor, a las diez tiene una junta con el secretario de relaciones públicas, a las 11:30 vendrá el dentista a checarlo, a las 12:30 vendrá a verlo el señor Akane Miyamoto, el gobernador de Osaka para tratar de llegar a un acuerdo con los impuestos que han estado peleando. Después de eso no tiene más compromisos hasta las cuatro de la tarde, su hermano y usted en su tiempo para montar y a las 5:30 viene la señorita Setsuna. Eso es todo por hoy, su majestad.

El rey me miró algo sorprendido mientras se sentaba en su escritorio.

-Me sorprende usted, señorita Tsukino, creo que no nos equivocamos en elegirla.

Sonreí libremente, no podía creer que el mismo rey aprobara mi trabajo.

-Dígame algo, señorita, ¿de verdad le soy una inspiración?, ¿puede explicarme por qué?

-Pues… verá, mi señor, siempre admiré su determinación para aceptar los hechos que lo rodearon, admiré el hecho de a pesar de haber sido tan joven, pudo manejar una responsabilidad tan grande como es gobernar un país. Sus decisiones siempre son las correctas, en ningún momento ha fallado a su pueblo. Nunca nos ha puesto en una desagradable situación, siempre encuentra la manera de resolver los problemas de Japón.

-Pues, debería estarle agradecido, señorita, no tenía idea de que allá fuera tuviera una admiradora.

-Oh, no no, mi señor, usted no debe agradecerme nada, usted es mi rey, y yo soy su asistente, soy yo quien siempre le va a agradecer, jamás al revés.

Por estar tan atenta a lo que él decía y hacía, no me di cuenta de que mi estómago rugía con intensidad, tanto que el mismo rey lo notó.

-Son apenas las nueve y quince, señorita, vaya a la cocina y desayune algo para que esté de vuelta a las diez en punto, ¿de acuerdo?

-Pero yo…

-Si quiere estar bien el resto de la mañana, será mejor que coma algo.

El rey se dedicó a leer unos papeles que se encontraban sobre su escritorio. Salí sin hacer mucho ruido y me dirigí hasta la cocina. Lily me miró extrañada y luego me sirvió desayuno. Me encontraba sola en la mesa acompañada por los cocineros.

-Su majestad es muy bueno al darte tiempo de venir a comer algo, mi niña.

-Lo sé, Lily, estoy sorprendida, él es tan… amable y gentil.

Regresé cinco minutos antes de las diez y lo encontré firmando algunos papeles. Me miró cuando cerré la puerta tras de mí y sonrió.

-Estoy lista, mi señor, me han informado de que el secretario se encuentra en el salón de té esperándolo.

-Claro, pero aún no son las diez. Tiene que aprender, señorita Tsukino, que cada vez que tenga una cita, debo llegar a la hora indicada, ni antes ni después. Por lo pronto ayúdeme a colocarme mi capa.

Dejé mi carpeta sobre el escritorio y le ayudé a colocarse la capa real. Me sentí verdaderamente importante, poniendo yo misma la capa real de su majestad, tocando la más fina de las telas. Lo acompañé a través de los largos pasillos hasta el salón de té, en donde el mismo rey me presentó ante el secretario de relaciones públicas. Alrededor de una hora charlaron sobre las próximas festividades debido a los festejos artísticos de la ciudad. Anoté todo lo que escuché y más, tenía que estar prevenida, anotar las cosas importantes, cualquier consejo, idea, lo que fuera. El día transcurrió lentamente y yo nunca me separé del rey Diamante. Estuve con él en sus reuniones, presté atención, escuché, aprendí, escribí, lo seguí a todas partes. Tan solo nos separamos a la hora de comer, pero volví a su lado justo dos horas después.

Lo encontré en el jardín, cerca de las caballerizas. Su melena se agitaba ligeramente con el viento al ritmo que acariciaba a su hermoso caballo que era del mismo color de su cabello. Su semblante lucía preocupado, por lo que no pude evitar cuestionarle.

-No quiero ser entrometida, mi señor, pero… ¿qué es lo que lo acongoja? ¿Es por lo de las festividades artísticas?

-Está en lo cierto, señorita, yo no tengo idea de qué les gusta a los jóvenes de ahora, qué es lo que quieren, yo no estoy seguro de si podré tomar las decisiones correctas.

-Bueno, señor, no quiero meterme en sus asuntos, pero si me permite opinar, conozco unas cuantas bandas musicales que están de moda y que estarían encantadas de participar en el festival, también sé que mi hermano está en un grupo de lectura, y todos los miembros admiran mucho a la escritora Anne Rice, ella es muy reconocida y seguramente vendría a dar algunas conferencias, pero puedo darle más opciones, podemos traer algunas películas independientes de cine de arte para exponerlas en nuestros cines más populares gratuitamente por algunos días, le aseguro que son mejor apreciadas que las hollywoodenses, o…

-Señorita Tsukino, ¿por qué no anota todas sus ideas y me las deja en mi escritorio esta tarde?

-¿De verdad usted…?

-Claro que sí. Necesito analizarlas con precaución.

El caballerango llegó en ese momento con el caballo negro que pertenecía al príncipe Zafiro. Nos informó que le sería difícil llegar a montar, estaba ocupado con algunos asuntos.

-¿Desea que guarde su caballo, majestad?

-No, Roi, déjelo encillado, aun así saldré a montar.

-¿Con quién, su alteza?

-La señorita Tsukino me acompañará.

Abrí los ojos como platos.

-Pero yo nunca he montado, mi señor…

-No se preocupe, no es difícil.

De pronto sentí cómo me tomaba con ambos brazos cargándome hasta subirme encima de su caballo.

-Yo… no… por favor… su majestad…

El Rey Diamante luego subió también para sentarse justo detrás de mí. Instantáneamente me puse nerviosa. No precisamente por el hecho de estar sobre un caballo, pero por tener al rey de Japón sentado detrás de mí tan cerca, tan cerca que podía sentir su aliento golpear mi cabeza. Sentí sus brazos rozar los míos para poder tomar las riendas del animal e iniciar el viaje. Galopamos durante algún tiempo por el vasto jardín, los primeros minutos creí que caería del caballo sin excepción, pero luego no me importó si caería porque sus brazos me protegían de cierta manera. Nos detuvimos frente al lago artificial que se encontraba en la parte trasera del palacio. Bajó primero para después ayudarme a bajar con cuidado.

-¿Lo ha disfrutado, señorita Tsukino?

-Su majestad, yo… ha sido muy placentero. Jamás había hecho algo así.

-Si usted desea puedo mandarle traer un caballo para usted sola, y puedo enseñarle a montar.

-Oh, no, no… su majestad no tiene que gastar en eso, yo estoy aquí solo para ser su asistente, despreocúpese.

-Bueno, mi asistente personal debe saber todo lo que yo sé hacer, señorita Tsukino, eso implica saber montar.-sonrió.

No podía creer que estuviera con el mismo el rey en aquél hermoso lugar. Me eché sobre el pasto para poder sentir la suavidad de éste, el rey Diamante me miró extrañado y al mismo tiempo sorprendido.

-Debería hacerlo usted también, mi señor, se sentirá mucho mejor aquí abajo, libre y sin rodeos.-le dije mientras giraba sobre el pasto.

El rey sonrió silenciosamente mientras poco a poco se iba hasta el suelo. Ya sentado me observó como esperando a que le diera indicaciones, pero luego se dio cuenta de que era él mismo quien necesitaba moverse. Se recostó y comenzó a mover sus brazos y piernas, parecía alegrarse de estar ahí. Ambos giramos y reímos mientras estábamos ahí, juntos y disfrutando del aire libre. Después de un rato nos sentamos a la orilla del lago y lo persuadí a remojar sus pies como lo hacía yo. Me imitó y ahí sentados observamos como el sol iba escondiéndose paulatinamente.

-Se siente realmente bien estar aquí afuera un rato, el pasto es muy agradable y el agua está muy tibia y deliciosa.-me dijo el rey inclinándose hacia atrás.

-Estar al aire libre hace mucho bien a quien sea, es una buena terapia.

-Usted parece saber muchas cosas, señorita Tsukino, yo en cambio… quisiera conocer más a mi pueblo, saber sus gustos y sus necesidades con más precisión… muchas veces siento que no soy el buen rey que quisiera ser, que no soy el rey que ellos esperan.

-No se tiene que sentir así, su majestad, usted nos ha dado todo, si no fuera por sus decisiones nosotros no recibiríamos todo.

-Aun así, mis padres nunca me enseñaron a interesarme más por las necesidades de cada ciudadano de Japón.

-Pero eso sería casi imposible, mi señor, lo que sí podría hacer sería quizá… conocer un poco más lo que hay fuera, saber quiénes son los más necesitados, encontrar maneras de ayudarlos, mostrar interés en su pueblo mucho más allá de ser solo un monarca.

-Quisiera hacerlo, de verdad, pero conozco poco de Tokio… conozco poco de Japón. Incluso cuando es mi país, mi nación, he tenido poco tacto con ella.

-¡Pero su majestad! Eso puede tener solución. No tiene por qué sentirse mal, usted es nuestro rey y lo importante es que nos cumpla.

-Gracias, señorita. Creo que ya se ha hecho tarde y aún hay cosas por hacer. ¿Nos vamos?

Regresamos a la oficina en donde me dediqué a escribir las propuestas para el festival artístico de Tokio formalmente. Se las entregué al rey Diamante y como ya no me necesitaba más, me despedí de él y fui a buscar a Lily para tomar té con ella. Charlamos mientras bebimos té y comimos algo de pastel, como ya casi era de cenar, le ayudé a servir la comida. Después de cenar decidí salir al jardín de nuevo. Me encantaba cómo lucía el jardín de noche y un criado se me acercó para decirme que me dirigiera a las caballerizas pronto. Me entregó una notita escrita por el mismo rey que decía: "Ella es Luna, su nueva yegua, solo para usted, señorita Tsukino, sus propuestas han sido maravillosas, ya han sido aprobadas para el próximo festival, mañana trabajaremos en la organización. Rey Diamante Blackmoon I." sonreí de oreja a oreja. La yegua era hermosa y grande, brillaba tanto como la luna y era de color marrón, casi como el color de mi cabello. Estaba parada justo al lado de Artemis, el caballo de mi señor y al lado de Noche, el caballo del príncipe Zafiro. No podía creer que ahora tenía mi propia yegua y que aprendería a montar. Eso solo lo aprendía la gente de la realeza y los burgueses, yo no era ni lo uno ni lo otro y aun así aprendería. Cuando me di la vuelta encontré a Zafiro observándome con los brazos cruzados.

-Veo que mi hermano te ha regalado una linda yegua.-dijo acercándose.-Ahora podrás cabalgar con nosotros, es genial.

-Estoy muy agradecida, jamás llegué a imaginarme teniendo una yegua.

-Ya verás que será divertido cuando te enseñemos a montar, yo estoy libre por las noches y las tardes, ya sabes eso.-sonrió.-No tuve la oportunidad de verte en todo el día, Serena, esperé saludarte.

-Lo siento, prin…Zafiro, tuvimos mucho trabajo este día.

-Te perdono por esta vez.-dijo tomando mi mano.- ¿Por qué no caminamos un rato?

-Me gustaría mucho, Zafiro, pero de hecho ya me iba a retirar a dormir, me levanté demasiado temprano hoy por los nervios…

-Ya veo.-dijo soltándome.-No importa, Serena, lo comprendo, solo te dejo ir si prometes que mañana lo haremos.

-Claro que sí.

Le di las buenas noches y regresé a mi habitación. Afortunadamente logré dormir rápido y sin dificultades, pues estaba realmente cansada. No pude evitar sonreír mientras conciliaba el sueño, pues había sido uno de los mejores días de mi vida. El principio de mi aventura junto al rey Diamante, apenas comenzaba.