Yuri! On Ice no es de mi propiedad, si no de Kubo-sensei, Yamamoto y estudios MAPPA.

Advertencia: AU / Amor a primera vista
Pairing: Victuuri ❤

Nota: ¡Aquí les traigo el tercer capi de este fic que, sinceramente, adoro! Me gusta como va y lsdkjfsdlkfjs, es mi orgullo. Puse 'ene' esfuerzo en este fic y sdlkjf, espero les guste tanto como a mi ❤

¡Sin más palabras! ¡Les dejo el fic! :)

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En el capítulo anterior:

Mientras Yuuri y su compañero se sacudían el confeti de las ropas, el ruso alzo ambas cejas en señal de victoria, mientras sonreía triunfante como diciendo: Te lo dije, es de la fortuna.

Katsuki solo relojeo los ojos, disfrutando la victoria ajena. — Este bien, está bien, te creo.

¡Yey!


Después de dos horas, muchas fotos y un par de llaveros a juego, Yuuri y su compañero observaron el ocaso en un pequeño mirador, disfrutando de la compañía ajena. Para terminar con el improvisado tour, acabaron colándose a una pequeña fiestecita al aire libre.

Tal parecía una jovencita celebraba su cumpleaños.

Si alguien le dijera a Yuuri que terminaría explorando un pueblito del cual nunca supo su existencia, acompañado de un infantil y divertido ruso, pasando las mejores horas de su vida, probablemente te diría que fueras a un psiquiatra y te hicieras ver.
Porque Katsuki Yuuri es una persona demasiado seria y prudente para hacer ese tipo de cosas.

Bueno, al menos el Yuuri de hace unas horas atrás era así.

Él mismo desconocía esa parte tan alocada y divertida de sí mismo ¡Es que estaba irreconocible! Le dolía la panza de tanto reír, sus ojos nunca había soltado tantas lagrimas de felicidad, sus mejillas se acalambraban de tanto que había sonreído y su pecho vibraba de la emoción ¡Por Kami! ¿De todo esto se ha estado perdiendo? Se sentía tan vivo ahora.

Bailaba descoordinadamente la canción de turno, observando solo rostros felices, palpando la alegría en el ambiente y sobre todo, deleitarse con ese hombre ruso de seductor bailar y preciosa sonrisa con forma de corazón ¿Era normal sonreír así? Qué más da, si es hermosa de todos modos.

Los muchachos que tocaban en ese momento, pasaron de una canción rítmica y movida a una lenta y romántica. Sus mejillas ya coloreadas por tanto baile, se tiñeron de un carmín aun más potente al ver la mano extendida del ruso, el cual lo invitaba a bailar.

— ¿Estás seguro? Somos dos hombres. —Indicó Katsuki, mirando a los demás a su alrededor, cada uno perdido en su propio mundo junto a su pareja.

— ¿Por qué no? ¿Acaso eres homofóbico?

— ¿Qué? ¡Claro que no!

— ¿Entonces? ¿Qué tiene de malo? Porque por lo que yo veo, a nadie le importa su entorno, mucho menos el que haremos nosotros... —Antes de recibir una afirmación o rechazo, el eslavo tomó con una delicadeza única la mano del nipón y entrelazó sus dedos con los ajenos, acariciando su piel con descaro.— ¿Quieres bailar conmigo Yuuri?

Katsuki no sabía a qué venía ese tipo de pregunta, cuando atraía su cuerpo al de él y claramente le decía que si. Pero prefirió solo ignorar eso y con un pequeño pasito hacía adelante, soltó la mano del ojizafiro y le abrazó por el cuello ¿Él hizo eso? Pues, tal parecía también descubrió que era una persona atrevida.

Se miraban con una vergüenza cálida, de esa que rayaba con la inocencia; Algo raro en hombres que ya pasaban los 20. El peliplata posó sus grandes manos en las caderas de Yuuri y este no pudo evitar disfrutar de aquella fascinante sensación que dejaba las cálidas palmas de su compañero, logrando que Katsuki bajara sus últimas defensas, rindiéndose ante aquel kamikaze ruso.

—¿S-Siempre haces esto?

—¿Que cosa?

—Explorar, viajar, vivir el momento, arriesgarte...

El nombrado solo bufó divertido por lo bajo, mientras se acercaba un poquito más al nipón. — Soy muy aventurero e impulsivo, pero es la primera vez que hago esto con alguien... —Dejándose llevar por el sentimiento que lo dominaba en ese momento, el ojiceleste recargó su mejilla en un costado de la cabeza de Yuuri, embriagándose del aroma de sus azabaches cabellos.

El corazón del nipón golpeaba tan fuerte su caja torácica, que le parecía extraño que no tuviese un paro cardíaco en ese mismo instante. Pero ante cualquier pronóstico obvio, Katsuki enterró su nariz en la curvatura de su cuello, aspirando descaradamente su exquisito perfume y causando una pequeña risita en el otro.

Cada uno perdido en la sensación de los aromas, en su propio Nirvana ¿Así se siente un pedacito de paraíso? Se sumieron en un silencio cómodo, disfrutando de la improvisada música y el descoordinado baile.

— ¿Vas a Fukuoka verdad?

—Si, pero no me lo recuerdes... No ahora.

—Yuuri ¿Tú de verdad quieres ser Ingeniero?

... No conocía nada de ese extraño y sentía que era mejor así, no hay ataduras. Quizás por lo mismo es que se sincero con él, porque era un desconocido que no podía juzgarlo. Solo se abrazó fuertemente a él y dejó que las verdaderas palabras de su corazón salieran.

— No, no quiero... Yo quería ser un artista.

— Ya decía yo.

— ¿Que quieres decir con eso?—Preguntó intrigado el japonés.

—Tu aura Yuuri, es delicada, deslumbrante y cálida. No es una aura cualquiera, es la de una persona que ha vivido el arte con cada fibra de su ser y con cada latido de su corazón, el aura de los artistas es muy destacable y poco ordinaria.

— Ya veo...—Dijo el pelinegro algo perdido en sus pensamientos.

El más bajo alzó un poco su mirada para observar sus propias manos tratando de ver en vano su 'aura', sin separarse del ruso. No creía que 'esa esencia' que le mencionaba fuese la gran cosa, él era una persona bastante sencilla a decir verdad.
Pero no quiso ahondar el tema, si el extraño lo decía quizás era por algo... Pero había algo que carcomía la cabeza de Yuuri y ya que estaban entrando en confianza ¿Por qué no?

— ¿A dónde vas?

—Kurume...

— ¿Y después de ahí?

El peliplata rió por lo bajo, apoyándose más en Katsuki. — No tengo idea... Pero eso es lo hermoso de todo esto, no sabes a donde te llevará el destino. — ¿Y qué hay de ti? ¿Solo será Fukuoka?

Yuuri se encogió de hombros y terminó recargando totalmente su mejilla en el hombro del ojicielo. Él era tan cálido y suave. —Es la primera vez que salgo de mi ciudad, esto es lo más lejano que he estado de mi hogar.

Y antes de que el eslavo hiciera otras preguntas de tipo más personal, escucharon el intenso y fuerte campaneo inundando las antiguas calles del pueblito, tanto el peliplata como él alzaron el rostro, asustados y buscando el origen del fuerte sonido, sin encontrarlo.

Pero la ansiedad de Yuuri fue mayor y más astuta. — ¡Señor! Disculpe ¿Sabe dónde está la estación de trenes? —Preguntó rápidamente a un hombre mayor que bailaba cerca de ellos.

El anciano solo les sonrió con amabilidad y apuntó la calle principal.

—Directo esta calle, está muy cerca. Si corren alcanzarán el tren.

— ¡Gracias señor! —Corearon los dos y sin mediar más palabras, salieron corriendo en dicha dirección.

¿En qué momento oscureció? ¿Cómo fue que pasaron tan rápido 6 horas? ¡Se sintieron como 5 minutos! Yuuri maldijo sus piernas cortas, pues el ruso ya se le había adelantado un par de pasos; Notando que el japonés se estaba quedando atrás, no dudo en tomarle la mano y hacer que se impulsara con él, jalando su brazo para que no se quedara atrás.

— ¡Vamos, corre Yuuri!

— ¿Qué rayos crees que estoy haciendo?

El peliplata no esperaba ese tipo de respuesta tan hostil, pero más que molestarle, le hicieron reír estrepitosamente, combinando su fuerte carcajada con los insistentes campaneos del tren. Yuuri solo se rió por lo bajo por tan extraño momento.

Sudorosos y agitados fue como llegaron a la estación de trenes, mientras observaban a un par de pasajeros subir tranquilamente por la puerta principal.

—N-Nos apuramos por nada... Aún falta para partir. —Se quejó el más alto, algo irritado tratando de recuperar el aire.

Quizás habían exagerado con eso de correr tremenda maratón por las calles del pintoresco pueblo, pero la calma había vuelto al cuerpo de Katsuki, no podía evitar ser algo obsesivo con la puntualidad, como buen japonés que era.

—A-Al menos llegamos.

— ¿Ansioso por llegar a Fukuoka Yuuri?

—No molestes. —Cortó con diversión, mientras le daba un pequeño empujoncito y subía al tren.

En 20 minutos más se renovará el servició Ferroviario, disculpen las molestias. —Se disculpó el revisor de tren, entregando un par de tickets a ambos después de subir al ferrocarril y agradecerle.


Ya instalados en sus asientos, observando el manto estrellado a través de la ventana y secando la sudoración de aquella carrera, Yuuri y el Ruso le decían adiós a aquel pintoresco pueblito, que les regaló momentos totalmente inolvidables a ambos. Yuuri observó su llavero, recordando que hacía juego con el del hombre sentado frente a él.

Esa pequeña y simple observación le hicieron reír encantadoramente, sonrisa que llamó la atención del extranjero y le causaron un agradable calor en el pecho ¿En serio alguien puede ser tan bello al sonreír?

Y si la sonrisa de Yuuri le pareció descomunalmente tierna y adorable, verlo bostezar como un cachorrito le encogió el corazón al de una pasita, porque aquello fue la cosa más bella y hermosa que pudo presenciar ¿Cómo lo hace? El ruso se perdió en la belleza de Yuuri unos segundos más, sin importarle si era descubierto o no mirándolo con descaro.

Katsuki, como fue obvio, lo atrapó una vez más estudiando detalladamente su rostro, causando un notorio sonrojo y una gran vergüenza.

—Deja de mirarme así.

El eslavo se vio atrapado. — ¿Así como?

«Como si quisieras comerme» —No lo sé, como si quisieras leerme la mente...

—Sería interesante saber que tanto hay en tu cabecita Yuuri. —Una coqueta sonrisa adornó los labios del peliplata, causando que el nipón frunciera las cejas y sus mejillas ganaran aún más color que antes.

—Tú no quieres ver que tanto hay en mi cabeza...

Aquella frase dejó en un profundo silencio al más alto, como si fuera una invitación a descifrar sus pensamientos. Un reto. Y antes de que volviese a preguntar algo, un nuevo bostezo del asiático lo interrumpió mientras este mismo, sacaba una manta del compartimiento del costado.

—Buenas noches.

—Oh si... Buenas noches. —La verdad es que el ojiceleste esperaba quedarse un rato más despierto y conversando con él, pero tal parecía que Yuuri había tenido un día muy agitado y ahora solo quería dormir. Sonrió sin darse cuenta de ello. —Que descanses.

—Hmm.


No tenía su celular a mano, pero deducía que eran las 3 am, aproximadamente cuando despertó por un movimiento del tren. Bostezó, se estiró un poco y restregó su ojo con la mano derecha.

Trató de enfocar la vista, aun borrosa por el sueño y se extraño al encontrar al ruso mirando por la ventana, perdido en los danzarines arboles de afuera.

Así que con cuidado susurró: —¿No puedes dormir?

La dulce voz del nipón le sacó de su ensoñación y le asustó un poco, pero solo un poco.

Alzo su brillante y azulada mirada al japonés y le sonrió, mientras negaba lentamente. —Tengo un poco de insomnio. En momentos así suelo abrazar a mi perro...

Eso ultimo fue más bien un pensamiento en voz alta.

Yuuri observó al extranjero y un extraño sentimiento de nostalgia invadió su interior, mientras sus ojos reflejaban aquel sentimiento de melancolía que lo dominaba. Él también acostumbraba a dormir con su cachorrita, amaba tanto a aquella bolita esponjosa de pelo que le brindaba tanto calor.
Ahora la pobre lo debe estar echando de menos en Hasetsu, esperando a su amo en la puerta principal. Vicchan tan fiel como siempre.

— ¿Qué pasa Yuuri?

El nombrado suspiró profundamente. —Yo también duermo con mi perrita. —Katsuki no acostumbraba a hacer eso, pero tomó su celular y buscó las muchas fotos de su caniche. —Se llama Vicchan.

Al pasarle el celular al ruso, este no pudo evitar abrir sus ojos desmesuradamente y sonreír ampliamente. La luz del celular parecía intensificar el color zafiro de sus ojos, haciéndolo brillar aún más.

— ¡Es una caniche! ¡No lo creo! —A pesar de que estaba susurrando, la emoción de su voz delataba lo impresionado que estaba con esta información. No tardo en buscar en su propio celular las fotos de su mascota, mostrándoselas al nipón.—Él es Makkachin.

Al principio Yuuri no entendió la euforia del peliplata, pero al momento de tener el celular ajeno en sus manos, entendió. Y sin poder evitarlo, sus ojos brillaron con la misma intensidad que la del más alto. — ¿Es una broma? ¿También es un caniche?

Él asintió.

—Pero Makkachin se nota más mayor. Vicchan es más pequeñita.

Yuuri le dio la razón, mientras asentía encantado con las fotos del perrito del ruso. Estaba tan seguro que si alguna vez Vicchan y Makkachin se conocieran, serían buenos amigos. Incluso podrían ser pareja ¿No?

Un bufido divertido de parte del peliplata llamó su atención.

—Makkachin estaría tan feliz de conocerla, lo más seguro es que pasaría a su lado todo el tiempo.

Y ambos no pudieron evitar reír por lo bajo, no solo por la hermosa y adorable imagen mental, sino porque estaban en la misma sintonía de pensamiento ¿Qué loco no?

—Yuuri... —De repente la voz del ojicielo se volvió muy seria y agradeció a la leve oscuridad de la noche, pues así no notaría sus sonrojadas mejillas.

Mientras le extendía el celular ajeno, ladeo su cabeza sin entender el cambio de actitud del extranjero. — ¿Paso algo?

—Verás...—Recibió su celular con la derecha, mientras la izquierda masajeaba nerviosamente su cuello. — Quiero pedirte algo, pero sonará muy raro y no quiero que pienses mal.

Una alerta se encendió en la cabeza de Yuuri, haciendo que su corazón palpitara como un caballo al galope, sus manos sudaran y su respiración comenzaba a hacerse errática ¡Ay! ¿Que rayos le va a pedir? Y pese a que los nervios se lo estaban comiendo vivo, le seguía mirando expectante, esperando que terminara su maldita oración.

— ¿Q-Que cosa? — ¡No! ¡Había tartamudeado!

El eslavo mordió su labio inferior con nervios y nuevamente Yuuri se embobó con ese gesto. El extranjero debía hablar rápido o su imaginación comenzaría a volar hasta lugares infinitos... Si es que no lo estaba haciendo ya.

— ¿M-Me dejas dormir a tu lado? ¡Solo dormir!

¿Solo dormir? Oh por... ¡HAHAHAHAHA! ¿Pero qué clase de pervertido era él? ¡El ruso solo quería dormir! Debo empezar a controlar mis hormonas Pensó con gracia, entre avergonzado por sus pensamientos y por las palabras del peliplata. Aun así le asintió, dándole el permiso para pasarse a su lado del asiento.

—Gracias Yuuri.

—No hay de qué.

El más alto en un rápido movimiento se sentó al lado del japonés con manta y todo, acurrucándose bien al costado del oriental, apoyando sin decoro su cabeza en el hombro ajeno, suspirando encantado con el calorcito que emanaba del cuerpo de Yuuri. —Buenas noches.

—Buenas noches.


ES QUE SDFKJSLDFJSDF, YO DE VERDAD ADORO A MIS HOMOS ❤❤

Respiro Victuuri ❤

Besitos
Litaaa ❤