Ahora sí que la había jodido. Si el día anterior el chico ya le había parecido triste ahora tenía la mirada del último cachorro de la manada, aquel al que nadie quiere y que se da cuenta de que todos a su alrededor han desaparecido. Y que nadie lo quiere a él. ¡MIERDA! Nunca se le habían dado bien estas situaciones, sería el menos indicado para esta labor si no fuera porque conocía a unos cuantos más insensibles que él. Sus habilidades sociales apestaban, era algo que nunca se cansaban de repetir.
Haber como salía de esta sin dañar más al pobre chico. "Piensa, piensa Arthur, tu puedes salir de está sin quemadura graves"
-¿Por qué? – Genial, como siempre excelente, su boca no estaba conectada con su cerebro.
-Porque no era lo que mi padre esperaba que fuera.
Bien, por lo menos el chico parecía que tenía la inteligencia emocional menos desarrollada que él.
-Dejemos entonces eso, ¿tienes algún lugar en el que quedarte de momento? – negación con la cabeza – ¿dinero? – vale , lo iba comprendiendo – y supongo que ya no hablemos de otras pertenencias personales, ¿no?.
El chico empezó a rebuscar en sus bolsillos, sin levantarse. Esperaba que su actitud de falta de respeto se debiera a la resaca y no a la mala educación.
-Mi móvil y mi PSP. Pero no tengo el cargador de mi PSP. Y solo tengo una tarjeta, las demás están en la mochila. Y hay más que tuve que dejar en casa, con el resto de mis juegos.
Bien… parecía que la había tocado recoger a un ser extraño más, estaba más preocupado por sus juegos que por sus papeles.
Y encima se le hacía tarde. Por lo menos no parecía peligroso, y con la resaca que traía encima tenía más aspecto de quedarse todo el día en el sofá que de dedicarse a robar. Cogiendo un bolígrafo y un papel, escribió en él y lo puso encima de la tele.
-Mira, ahora tengo que ir a trabajar, ya tendría que haber abierto la tienda, con lo que te voy a dejar aquí. Duerme, ya vendré a la hora de la comida y ya veremos qué hacer. Mi nombre es Arthur, si necesitas algo, te dejo mi número de teléfono apuntado aquí.
-Alfred. Me llamo Alfred.
-Adiós, Alfred.
Saliendo del piso a toda prisa se dirigió a su establecimiento a toda prisa. Podría no ser una tienda muy convencional y menos un gran negocio, pero era suyo, y estaba orgulloso de él. La abrió y espero a los clientes. No solían ser muchos, en una tienda especializada en magia como lo era la suya y la mayoría de las veces se trataba de adolescentes y jóvenes curiosos por cotillear que verdaderos interesados en el tema. Aunque mucha gente había intentado razonar con él sobre el futuro de una empresa así, todavía era algo de lo que estaba malditamente seguro, su pasión. Y con sus productos especiales hechos por él mismo, eran más los clientes que se estaban acercando a conocer su tienda.
Mientras esperaba a la clientela y atendía a los clientes que se presentaban por la mañana se fue olvidando poco a poco del muchacho que acabada de recoger. Para ser un día entresemana y sin ninguna festividad cercana era extraño la cantidad de gente que estaba entrando en su tienda. Aunque podría tener que ver con la nueva línea de productos que había sacado. Aunque se cortaría una pierna antes de reconocerlo, Francis tenía razón con que el sexo siempre era un buen negocio. Sus productos afrodisiacos estaban ganando fama por sí mismo, desde aceites a jabones, con ingredientes que eran totalmente naturales, como el pau de Cabinda. Después de todo la magia siempre había estado en fuerte unión con las pócimas ¿no?.
Fue en unos momentos sin ninguna clientela cuando recibió la llamada. Y todo regreso a su mente… era la llamada que llevaba un día esperando y a la que temía. Lo único es que le extrañaba que hubiera tardado tanto en llegar.
-Hola Scott, ¿Qué pasa? – mierda, mierda… que su tono sonará lo más casual posible, que no se le notará la culpa.
- ¿Qué pasa? ¿en serio? Enano, tu y yo vamos a tener ahora mismo una buena charla. ¿Qué cojones se te paso ayer por la cabeza?
FUCK! Era la hora de las recriminaciones. Plan A, no dar nada de información y hacer ver que no sabes de lo que está hablando.
-¿De qué estás hablando? – bien, eso era lo suficientemente discreto.
-No te hagas el listo conmigo, enano – shit! No había colado, que no le callera encima por lo de la pelea – ¿desaparecer en mitad de la noche con un hombre?
-¡Ah! ¿Ehhh?
-Nada de eh, ¿en que estabas pensando? De todas maneras ya me dieron su mochila, con lo que este fin de semana mismo quiero conocer al jodido hijo de perra. Os quiero aquí a la hora de la cena, ya avisare a mama
Y sin dar opción ninguna discusión, colgó. Si no fuera por las últimas frases habría pensado que estaba hablando con la abuela. Scott tendría que aprender a relajarse
Y más y más problemas. Lo que le faltaba, ya le empezaba a doler la cabeza
El pau de cabinda es el nombre de un árbol pero su corteza es un afrodisiaco natural bastante potente. Mejor información en Google, buen amigo del público en general
