III: El deber llama.
No puede ser. Estoy alucinando. El brillo enfurecido fue atravesando varios sentimientos hasta estancarse en la sorpresa y la expectativa. Recordé de inmediato a el "clon de Adonis", que me había cautivado en la función y luego; al hombre que me había salvado más tarde esa misma noche.
- El joven de los ojos profundos...
Sus palabras retumbaron en mis oídos, su voz masculina se introdujo en mi masa encefálica y los recuerdos volvieron a aflorar. Él: Adonis y salvación. La misma persona, atrapada en un cuerpo que hasta el momento creí arrogante y sin importancia. Le sonreí con amabilidad y salí caminando -¡corriendo!- de allí. Me adentré en la cocina, respirando agitadamente con la sensación de que mis mejillas estaban siendo hervidas junto con la comida. Ino no tardó en responder a mis acciones, moviendo de un lado a otro un par de servilletas para que un poco de oxígeno entrara en mis pulmones. ¿Qué había sido todo eso? No podía creerlo, seguía sin comprender nada al respecto. Era imposible que aquel bello rostro, aquellos hermosos ojos, la seguridad con la que me defendió frente al peligro y la capacidad para destilar arrogancia pura se reunieran en un solo cuerpo. Y sobretodo, en un buen -apetecible- cuerpo.
- ¿Te encuentras bien? - me preguntó Ino, bastante intrigada al respecto - ¿Qué sucedió con aquel chico?
- Qué no sucedió... - dije casi sin aire - ...con ese chico.
Fijé mis ojos en los suyos y ella pudo captar todo lo que estaba pensando. Fue capaz que atar cabos mucho más rápido que cualquier otra persona y comenzó a saltar de alegría en cuanto comprendió todo. Sus ojos tenían una chispa de diversión. Diversión, que por supuesto, una joven en trance como yo no podía apreciar. ¿Qué tenía de divertido? Me sentía avergonzada de todo aquello.
- ¡Es tu príncipe del destino! - cuchicheó como una niña pequeña - Estás sorprendida y avergonzada.
- Sí, así es.
Solté un suspiro. La imagen de su rostro me inundó por completo...
- Y a juzgar por ese brillo en tus ojos, ¡estás pensando cosas fuera de lugar! - adivinó entre risas - Eres toda una... ¡pervertida!
Oh, Dios mío. Coloqué mi mano libre sobre su boca para que dejara de desnudar mis pensamientos, un poco de privacidad y confidencialidad no me vendrían mal. Alguien ingresó por la puerta y nos observó. Una de mis manos cubría gran parte del rostro de Ino, y la otra estaba moviendo una de las servilletas. La imagen debía ser muy interesante. El desconocido arqueó una de sus cejas pero lo dejó pasar.
- Tú eres la mesera de cabellos exóticos, ¿verdad?
Me señaló con su dedo índice. Su pregunta retumbó en las cuatro paredes, haciendo un eco preciso en las futuras deducciones de mi amiga. Ambas asentimos con la cabeza. El chico comenzó a reírse ante nuestra respuesta. Explicó rápidamente que debía darme un comunicado informal, de alguien que necesitaba mi ayuda. Extendió un papel y lo dejó caer en mi mano. A simple tacto reconocí que era una de las servilletas de nuestro local. Mala señal.
Eres "...La joven de los cabellos exóticos" y
tienes una gran habilidad para escabullirte...
de los momentos incómodos.
Hoy iré a verte, soy fiel a tus funciones.
¿Cómo te llamas?
Leí sus palabras una y otra vez hasta que Ino me arrebató el comunicado de ése alguien que me necesitaba. De ése alguien que quería saber mi nombre y era fiel a mis funciones en el teatro a pesar de todo. Sentí como mis pies comenzaban a desprenderse del suelo y flotaban por toda la habitación, pero yo seguía allí, recostada sobre uno de los muebles. El chef, un hombre sonriente ya entrado en edad, nos miró un poco intrigado pero decidió no opinar al respecto. Era una persona muy sabia y llena de buenas anécdotas. Ino era su ayudante, le guardaba mucho respeto y un profundo cariño. Ambos compartían el amor por la cocción de los alimentos, la espuma del café, el aceite de las frituras y todas esas cosas que no lograba comprender. La imagen perfecta de un abuelo que descubre todas las maravillas del mundo para su inexperta nieta. La joven de cabellos rubios que se encontraba a mi lado le guiñó un ojo y le advirtió sobre mi futuro; lleno de rosas de muchos colores con grandes vestidos y un lindo castillo. ¿Se había comprado toda la colección de las princesas de Disney? ¿Las habría interpretado de pequeña? ¿Tuvo algún cumpleaños temático y eso la traumó?
- Sakura - me llamó alguien asomándose por la puerta -. Tienes que atender al cliente de aquella mesa.
- Por supuesto señor - respondí con respeto a mi jefe - "el deber llama".
Busqué mi libreta en uno de los bolsillos del delantal naranja, junté todo el oxígeno posible pero no pude retenerlo.
- El deber de cierta persona llama - corrigió alguien detrás de mi -. Recuerda Sakura, yo seré la dama de honor.
Exacto. La dama de honor de mi funeral. Crucé la puerta decidida a lo que me deparara el destino y me planté en la recepción. Mi jefe, otro hombre entrado en edad y con el cabello escaseando en su cabeza, señaló una mesa. No había necesidad alguna de decir nada más, ésa era La mesa. Conté los pasos, los golpeteos del corazón y también las respiraciones. Todo estaba acompasado... hasta que él volteó su mirada y fijo sus ojos en mí. Mis mejillas se tiñeron de un inevitable color rosáceo. Mis sentidos perdieron sus funciones y mis piernas siguieron el impulso automático hasta llegar a su lado. Sus ojos tenían una chispa especial, similar a la diversión que no comprendía de Ino, solo que la suya comprometía otros sentimientos indescifrables. Tomé entre mis manos todos los platos y observé que dentro de la carta del menú yacía una cantidad de dinero para pagar la cuenta. Y sobre la mesa, otra cantidad de dinero tenía un lazo -improvisado con una servilleta- que decía: Gracias.
Eso era una broma de mal gusto. A simple vista, se podía apreciar que la propina era exagerada. Mis principios morales -si es que aún los tenía- no permitirían jamás que pudiese tomar ese dinero para mi uso personal. Lo sujeté por el delicado lazo y lo dejé en su mano. Nuestras miradas se encontraron por unos instantes, la suya parecía un poco desconcertada. ¿Me estás rechazando? Interpreté a grandes rasgos.
- La joven de los cabellos exóticos... - susurró.
- Sakura Haruno.
Luego de revelarle mi nombre a un desconocido "clon de Adonis" que solía salvar la vida de las chicas por la noche, suspiré y me dispuse a retirarme. Él quiso detenerme, pero era demasiado tarde.
- Sasuke Uchiha - susurró con una sonrisa, que devolví automáticamente.
- El joven de los ojos profundos... - susurré. Y estoy segura de que pudo escucharme a la perfección.
