Hola, new chapter!

Lamento lo tarde :/ pero hoy tuve un problema horrible en mi trabajo por culpa de unas babosas que me quieren meter en problemas y bueno, cuando llegué al medio día me solté a llorar y no publiqué el capítulo porque entre tanto llanto de impotencia pues ni si quiera prendí la pc y cuando me di cuenta ya era hora de volver al trabajo.

Si se confunden en algo… pregunten jajaja.

Como aclaración previa: Shiroi Yuki en ingles significa: Nieve Blanca.

Declaimer: Los personajes son de Masashi Kishidrogaslocasmoto, a quién amo por hacernos taaaaan cannon jaajjaja


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~~Yuuwaku Miko~~

La tentación de la sacerdotisa

CAPÍTULO 3:

Blanco.

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¿Y cómo se supone que evitara sentirme atraído por su belleza? Era perfecta por donde se le viera. Sus mejillas sonrojadas que la mostraban tímida e inocente contrastaban a la perfección con sus cabellos largos y alisados enmarcando su rostro, sus ojos blancos te deslumbraban y su piel tan terse te invitaba a tocarla. No era su culpa ser hermosa.

No era mi culpa desearla.

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La ceremonia de matrimonio finalizó con novios se retiraron y los monjes y sacerdotisas comenzaron a levantarse, todos y cada uno, a excepción de la única que vestía de negro.

—Vamos —le susurró Shion al rubio—. Es hora de retirarnos.

—¿Eh? —Naruto parpadeó un par de veces.

—Dice que debemos irnos, Naruto —le repitió Sakura, halándolo del brazo.

—¿Estaba soñando despierto?

—Parece que sí —le respondió con sorna Shion.

—¿Y ella, no sé irá con nosotros?

—Claro que no —respondió en el acto la rubia—. Ella tiene que permanecer un tiempo a solas en el templo. Ustedes vendrán a ayudar a lavar trastes al comedor.

—¿Trastes? —preguntó Sakura, luchando por ocultar su asco.

—Sí, tenemos un comedor dentro del templo, dónde alimentamos a las personas de las calles menos afortunadas, siempre tenemos mucho trabajo en la cocina, y un par de manos extras no nos vendrán más.

—Pensé que escoltaríamos a la Sucesora o algo así.

—Mi señora, acostúmbrate a llamarla así —dijo respondiendo a la duda de Naruto—. Y no, los Yamabushi se aseguran siempre de que ella permanezca a salvo en cualquier instancia del templo o el castigo sin que ella necesariamente deba verlos siguiéndola —ambos invitados intercambiaron miradas desanimadas.

Sus piernas, moviéndose continuamente los llevaron a su nuevo lugar de trabajo. Sin quitarse aquellos trajes «pesados» según Sakura y «calurosos» según Naruto, les tendieron un par de delantales, gorros de tela y guantes de hule. Les presentaron el lavabo y les entregaron el jabón de platos.

Se miraron con dudas pero el rubio le sonrió y tomó el primer plato para comenzar a lavar. Pero, ¿para qué lo negaría?, no le importaban en lo más mínimo los platos sucios, solo era una oportunidad por enfriar su cabeza.

Aquel sueño, ese bendito sueño que había sido tan real, o más que un sueño una fantasía pasajera que lo abordó mientras sentía que se dormiría, aburrido por la espera, se había imaginado ingenuamente una aventura acompañado de aquella joven que tanto adoraban.

—¿Qué hacen ellos aquí? —escuchó una voz a su espalda y se giró por impulso.

—Mi señora —escuchó la voz de Shion—. Les he traído para que ayuden con la limpieza del comedor.

—Es una tarea denigrante —dijo con el mismo semblante que llevaba al salir del templo—. No parecen gratos o felices de estar haciendo esto.

—Pero, mi señora, no hay acto más digno que el de ayudar a otros.

—No, Shion —le reprendió retirando el velo y de su cabeza, mostrando a la perfección el leve escote del vestido y su piel blanca—. Los actos que se hacen sin desearlo no son dignos. Toda cosa que haces obligado es un castigo que cumples por necesidad más que por deseo. Si quieres hacer un acto altruista hazlo porque de tu corazón ha salido, porque así tu lo quieres… —se acercó a la joven prometida y tomó sus manos, acercándolas a la llave hasta lavarlas, sin importarle mojar sus guantes ceremoniales—. Un acto altruista… pierde su valor si no es lo que tu corazón quiere.

—Mi señora…

—Por favor, dejen eso —pidió tomando esta vez las manos del rubio y lavándolas—. Ustedes han venido a aprender y a ganarse un lugar en el templo, no para permanecer en él, pero sí para merecer la aprobación de nuestros dioses —soltó las manos del rubio y extendió sus manos a Sakura—. «Una mano lava la otra» —citó—. Yo les concedo la oportunidad de que tu matrimonio sea bendecido, y lo único que les pido de vuelta es que le den una oportunidad a Osaka, que no solo estén aquí físicamente para cumplir la prueba, quiero que estén aquí de corazón, que cuando deban irse, sientan que dejan su hogar y no una cárcel.

—Eso… es muy lindo… —susurró Sakura con una sonrisa en su rostro.

—Sobre todo tú, que desposarás a un hombre de mi pueblo. No quiero que pienses que estamos locos.

—En ese caso me estaría casando con un loco, ¿no? —la pelinegra sonrió desviando la mirada.

—De verdad… es muy importante para mí… realmente deseo que… recuerden este lugar cómo un bonito paraje al que quieren regresar pronto.

Sus ojos platinados se desviaron de forma casi imperceptible en dirección al rubio. Naruto lo notó, junto a un leve sonrojo en aquellas mejillas pálidas. Quiso decir algo pero, las palabras no salieron de sus labios, además, el que Shion estuviera ahí solo lo intimidaba aún más.

La rubia tomó las manos de Hinata, girándola con brusquedad, cortando el contacto visual. Su mirada era reprobatoria y fría, y sin cambiarla le quitó los guantes empapados.

—Será mejor que se cambie pronto —susurró entre dientes—. Más tarde debe de ir a orar al templo, los fieles esperan contar con su presencia, para la buena suerte.

—Lo sé. Estaré ahí sin falta —respondió la pelinegra con una tenue sonrisa en sus labios—. Consigue un par de voluntarios para ayudarte en el comedor, yo iré a cambiar mis ropas y les mostraré el castillo a nuestros invitados.

—Mi señora…

—No debes de preocuparte, Shion —le dijo y la rubia se arrodilló ante ella—. Por favor, no olvides llevar algo de comer a Shiroi Yuki, por favor.

—¿Qué…? —la rubia se levantó, dejando de lado su reverencia y negó velozmente con su cabeza—. No lo haré, ni loca.

—¿Desobedeces las ordenes de tu señora?

—No… no es eso…Es solo que…

—Olvidalo —la sonrisa volvió a sus labios y tomó una caja grande de madera vacía que arrastró hasta una de las grandes neveras—. Ustedes dos —dijo, llamando la atención del rubio y la futura esposa—. ¿Pueden ayudarme?

—Claro —respondió Sakura acercándose.

¿«Shiroi Yuki»? —el rubio se acercó a las dos mujeres, sin sacar aquel nombre de su cabeza—. ¿Será lo que creo? —se preguntó a sí mismo con una tenue sonrisa en sus labios.

La pelinegra levantó la tapa de uno de los refrigeradores de gran tamaño y comenzó a sacar grandes trozos de carne roja y los arrojaba en la caja. Sakura se dedicó a ayudarla, con la cara deformada al inicio por la sangre que escurrían los trozos de carne y más por imaginar que cosa iban a alimentar con carne cruda, sobre todo por la cantidad que arrojaban.

Naruto las ayudaba, y cuando la caja estuvo a tope la levantó, con dificultad por el peso, pero aún así decidió encargarse de ello. Hinata salió adelante, con sus manos al frente y su espalda recta, desbordando la elegancia y belleza que solía mostrar, mientras Sakura la seguía de cerca, nerviosa pero feliz de no continuar en presencia de la acusadora mirada de la rubia.

—Naruto —el rubio escuchó ser llamado y se detuvo, girando el rostro hacía la sacerdotisa vidente, que con una filosa mirada se acercó hasta presionar dos de sus dedos contra el torso masculino—. Si te atreves… si siquiera se te ocurre o pasa por tu mente la idea de tocar a Hinata, voy a desgraciar tu vida.

—Shion yo…

—No quiero escuchar tus escusas, Uzumaki Naruto —sujetó el borde del yukata y lo haló hacía ella—. Podrás lucir inocente y engañarla a ella, pero a mí no me engañas… demonio.

—Shion, estás exagerando.

—Te lo advierto, Uzumaki Naruto… si te atreves a hacerle algo… me asegurare que termines en el refrigerados donde se guarda la comida de Shiroi Yuki-sama.

—Estás loca —bufó restándole importancia a las palabras de la rubia—. Yo no he venido a hacerle nada a la Sucesora, he venido por mi cuenta, para dar apoyo a Sasuke y a Sakura —le sujetó la mano, apretándole la muñeca, obligándola a soltarlo y sus ojos se tornaron rojos—. Y para que te quede claro… no te tengo miedo, pequeña bruja.

—Maldito… —susurró por lo bajo la rubia, acariciando su muñeca una vez que el rubio siguió avanzando al frente, mostrando esfuerzo al mover la caja. Los dedos y la forma de la mano del hombre había quedado marcada, cómo una quemadura—. No sé qué debo hacer…

Chasqueó la lengua irritada, buscando en su yukata un par de guantes blancos que normalmente usaban para orar en el templo, pero era lo único que le servía en aquel momento para cumplir la marca dejada en ella. Dejó todo en manos del voluntariado del templo y caminó a paso presuroso fuera del comedor. Salió por la puerta trasera y prácticamente corrió en dirección al templo, entró, sin siquiera detenerse a saludar a los Yamabushi de la entrada y se perdió en lo largo de los pasillos y escaleras del inmenso laberinto subterráneo que formaba parte de aquel hermoso lugar.

—No dejaré que ese maldito Kurama se salga con la suya —se dijo a si misma de pie frente a una gran puerta de madera, alumbrada por un par de antorchas.

Sobre la superficie, el rubio caminaba tranquilo, siguiendo a paso calmado a las dos mujeres delante de él. Sakura trataba de imitar el limpio caminar de su compañera, pero al final no podía evitar quedarse mirándola con curiosidad.

—Disculpe, Mi señora… —la llamó buscando ser respetuosa—. ¿Quién o qué es Shiroi Yuki? —preguntó con curiosidad.

—Es mi mascota —respondió directamente, saludando con una leve inclinación a algunos feligreses cerca de ellas—. Fue un regalo de mi honorable padre —aseguró con firmeza y orgullo en su mirada—. Me lo regaló cuando cumplí 5 años y se anunció de manera oficial que sería la próxima sucesora.

—Valla… eso es genial… creo.

—Lo es… sé que te agradará Shiroi. Es muy lindo y amable.

El camino volvió al silencio que lo había caracterizado segundos atrás. Un niño se acercó a ellas, haciendo que ambas se detuvieran repentinamente. Con las mejillas sonrojadas y manos temblorosas acercó una flor a la afamada y reconocida mujer.

—Muchas gracias —dijo Sakura con una amplia sonrisa al recibir una camelia e sus manos, pero sus ojos se desviaron hacía Hinata que aún no tomaba la que el niño le ofrecía a ella y su rostro se deformaba cada instante, cómo si un muerto hubiese aparecido ante ella.

—Gracias por el obsequio —dijo el rubio atravesándose entre el niño y la sacerdotisa—. Mi señora está muy agradecida, pero es alérgica a las flores, si me lo permites, yo la guardaré por ella —dijo el rubio, ganándose una avergonzada sonrisa del niño al entregarle la hermosa camelia blanca.

—Gra-gracias… —susurró por lo bajo Hinata—. Lamento mucho… esto… no puedo…

—Está bien —dijo el rubio con una amplia sonrisa—. Vamos, Shiroi debe de tener hambre.

—S-sí… —dijo por lo bajo, desviando la mirada—. Démonos prisa —Naruto se acercó con la camelia en manos y la colgó tras su oreja.

Con la cabeza llena de incógnitas y confusión, Sakura mantuvo el paso que llevaba junto a la mujer que con tanto respeto era tratada. Naruto seguía llevando la caja en brazos, mostrando cansancio pero sin detenerse. Con sus manos aún temblando y los nervios de punta Hinata siguió andando, sin decir una sola palabra más, asegurándose de que su pálida piel erizada no llamara demasiado la atención.

—He-hemos llegado —susurró con la voz débil—. Por favor, acompáñenme —pidió tras girar la manilla de una gran puerta de madera tallada.

—¿Qué es esto? —susurró Sakura con los ojos ensanchados por la sorpresa.

Detrás de aquel muro que sostenía la puerta había todo un ecosistema. Era de al menos 150 m² o más, con árboles, espesos, grama, una pequeña laguna, arena, y todo lo que se podría considerar necesario.

—Esta es la jaula de Shiroi Yuki —dijo Hinata con una sonrisa suave en su rostro—. Por favor, manténganse junto a mí.

—¿Qué cosa es Shiroi Yuki? —preguntó la pelirosa sujetándose al brazo de Naruto.

—Ya te dije, es mi mascota —un gruñido se escuchó entre la maleza y la invitada se tensó, a la vez que el rubio abría con cuidado la tapa de la caja de madera y la empujaba, dejando caer la carne al suelo.

—¡No puede ser! —Las piernas le temblaron y cayó sentada al suelo, con sus verdes ojos cerrados y el rostro deformado.

—¡Shiroi! —exclamó la pelinegra al ver al gran tigre blanco echado en el suelo frente a la carne, devorando cada trozo, sujetándolo con sus patas y halándolo con los dientes.

—¿E-eso es Shiroi? —preguntó aún temblando la invitada.

—Sí… —el tigre la miró, con sus ojos azules fijos sobre ella, mostró un poco sus dientes y se levantó. Dejó de lado la carne frente a él y dando unas vueltas suaves en el mismo sitio se acercó a ellos.

Un gruñido leve salió de sus labios felinos y se arrojó con sus patas delanteras en alto contra el rubio.

—¡Shiroi, no! —gritó aterrada Hinata—. ¿qué le pasa? É-l nunca…

—¡Ya basta! —exclamó el rubio, empujando el gigantesco animal a un lado—. No seas grosero Shiroi, pesas demasiado —el rubio volvió a levantarse, para el sombro de las mujeres y el tigre se le recostó como un gato buscando cariño—. Yo también te extrañe lindo gatito —dijo, hincado en el suelo y revolviendo los suaves cabellos del animal.

—¿Por qué…?

—Lo siento, creo que… debí ser sincero contigo, Hinata —su amplia sonrisa se redujo a una mueca al levantarse sobre sus pies y acercarse a la ojiplata—. Pero, es mejor que al menos por ahora… —tomó la camelia de su cabeza y la llevó al frente, entregándosela—. Dejemos las cosas así, Mi señora.

El rubio colocó la camelia en la oreja de Hinata y esta, blanca como la nieve se tornó roja como la sangre.

—Tú… ¿Kurama…? —el rubio sonrió, llevando los dedos a la mejilla femenina.

—Me alegra verte de nuevo, Hinata…

—¿Ustedes… se conocen? —preguntó Sakura con incredulidad y sin quitarle los ojos de encima a la mascota de la sacerdotisa.

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Continuará…


Espero lo hallan disfrutado… besos~~ FanFicMatica :*