Introspección: Un plan estratégico de publicidad y una mentira conectan a un político corrupto y a una socialité caprichosa.
Sumary: ¿Qué se necesita para llegar al cielo? Una escalera. Un trato entre el sol y la luna. Una mentira.
Disclaimer: Bleach y todos sus personajes pertenecen a Kubo Tite. No busco lucro ni nada por el estilo.
Notas:
El texto en itálica (cursiva) es para hechos pasados, flashback.
No generalizo a los políticos, quiero pensar que hay sus excepciones.
Me faltaron personas por responderles sus reviews ;)
Kuchiki Rukia 7: Hola!! jejeje las visiones, más adelanye sabrás si son certeras o no ;) ya me cuentas jeje . Gracias por leerme y dejar tu comentario. Saludos!!
Naoko tendo: Hi!!!! :3 Si estoy bien ( al menos ahora jeje) espero que también lo estés. Y bueno, Yoruichi aquí la autora intelectual de todo, ya veremos que métodos usa Ichigo para convencer a Rukia ;). Gracias por leerme y dejarme tu opinión. Saludos!!!
yoxxa: Hola!!! ouch... soy la causante de los problemas o_o pero me alegra saber que te gustan ;) mis cosas raros. Y claro, no hay fic que no termine, así que don't worry, a estos dos que tengo voy a terminarlos. Gracias por leerme y dejarme tu opinión, te mando saludos!!!
Y praticamente me paso también a agradecerle a: nana18, metitus, Kuchiki Rukia 7, Naoko tendo, Hitsuki93, yoxxa, uchiha katze, Anita509, Kuchiki Hanako, karenangel, y a todos aquellos y aquellas que han leido la historia y les ha agradado; y/o a quienes han dejado su comentario. Mil gracias y seguimos adelante ;)
"Desde el corazón" espero actualizarlo el viernes, no me ha dado mucho tiempo pero traigo laa ctualización de éste, el capítulo III "encuentro", espero sea de su agrado, les mando a todos y todas muchos saludos y gracias de antemano.
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"Los políticos tímidos e interesados se preocupan mucho más de la seguridad de sus puestos que de la seguridad de su país" - Thomas Macaulay.
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Capítulo III
"Encuentro"
Estaba atorado en el tráfico, como odiaba estar atrapado entre automóviles y ser escucha de la orquesta de cláxones, no era un hombre paciente, de hecho también se había unido al barullo, más por desesperación que por gusto, ya que tenía una entrevista con un periódico local y no quería dar mala impresión llegando tarde, bueno, más de la que ya tenía.
— ¡¡Con una mierda, muévanse!! — Gritó a todo pulmón al asomar su cabeza por la ventanilla, con el ceño fruncido, completamente huraño a la par que tocaba el claxon continuamente.
Miró hacia el frente, con una evidente muestra de fastidio y por momentos observaba el finísimo reloj que rodeaba su muñeca, y nuevamente hastiado regresaba la mirada hacia su mismo punto.
Y como bien decían que la música aplacaba a las bestias, y no es que se considerara una, así que lo primero que se le ocurrió para amenizarse fue encender el radio.
Siguió a espera de que el tráfico avanzara, aunque era muy poca la movilidad del mismo, parecía que era eterno.
—Voy a llegar tarde…— Murmuró para sí mismo ya casi resignado, mínimo pensaba hablar a las oficinas de susodicho periódico para darles sus excusas, aunque sabía de antemano que lo iban a mandar mucho a volar.
Y mientras seguía a la espera, su teléfono celular empezó a sonar y a vibrar al mismo tiempo, sin alarmarse mucho, observó la micro pantalla de la tapa, se trataba de Yoruichi, así que sin más le contestó la llamada.
—Buen día Ichigo…— Saludó la de piel canela con entusiasmo.
—Que tiene de buenos— Fue la respuesta del pelinaranja con su molesto tono.
—Al parecer hoy te levantaste con el pié equivocado— Se burló la ojiambar.
— ¿Nada más llamaste a molestar? — Le inquirió con axiomático enfado, mientras pasaba la mirada al nada alentador tráfico.
—No, para nada, de hecho Sentaro me comentó sobre tu decisión— Dio inicio al tema 'importante', al menos el actual.
— ¿Ah sí, qué te dijo? — Fingiendo interés le respondió, su humor ya no estaba del todo bien.
—Rechazaste mis propuestas para 'compañera' y al final postulaste a la hermana de Kuchiki Byakuya— Le contestó en sencillas palabras, mientras se miraba las uñas de su mano libre.
—No la postulé… De hecho, no he elegido a nadie— Sentenció, aclarándole la errónea o modificada información que el hombre de barbilla le dio a conocer.
— ¿Entonces?... Recuerda que se acaba el tiempo… ¿Vas por la hermana de Kuchiki? — Yoruichi se estaba cansando de lo testarudo que era su cliente, había hecho toda una hazaña para enaltecer sus posibilidades de ganar las elecciones y a él, nada le parecía.
—No. Ella no— Estaba seguro de eso, y exactamente por las mismas razones que expuso ante Sentaro.
— ¿Porqué?... Kuchiki Rukia es una muchacha muy bonita, tiene un status social…— A Yoruichi le agradaba la idea, había tenido el gusto de conocer a la hermana menor de Byakuya en la típica cena de navidad que realizaba el partido y le resultaba una buena muchacha, algo joven para el pelinaranja pero inteligente y famosa.
—Sí, lo sé. Pero ella… no… no hace ese tipo de tratos con la gente…—
—Pues propónselo, no pierdes nada…— Dijo entusiasmada. Yoruichi era conciente de que en la vida no había imposibles, y quizás Kuchiki Rukia no era una mujer que se prestara a ese tipo de negociaciones, pero uno nunca sabe, quizás si se lo proponía y le daba una buena suma podría cambiar de opinión. Era cuestión de iniciativa.
—La conocí casualmente, no tengo como contactarme— Impuso otra excusa más, y aunque era verídica, le serviría también para alejar la idea.
—No te preocupes, yo me encargo de eso— Apuntó la de piel canela ya que de hacer el contacto era lo de menos, conocía a los Kuchiki desde hace varios años y aunque la relación no era precisamente amistosa pero si de negocios, podría arreglar que el pelinaranja y la hermana del empresario se vieran y pudieran acordar algo.
—Pero…— Quiso articular algo que evocara a la idea pero la mujer al otro lado de la línea le finalizó la llamada no sin antes despedirse.
Golpeó el volante con la mano, y lanzó el celular al asiento de al lado. No era un gran problema en el que estaba metido si ladeaba el hecho de que estaba atrapado en el tráfico, pero si el encuentro causal que tuvo con Rukia hace 3 años no había sido el mejor del mundo, ¿Qué podía esperar del segundo?... Ahora tenía que ser más astuto que ella si en verdad quería lograr el gran sueño de ser Gobernador de la Prefectura de Tokio.
Su esbelta figura caminaba por los largos y vacíos pasillos de la Facultad de Información Global y Estudios de Telecomunicación, con cierta curiosidad se apresuraba a llegar a la oficina del director de la carrera, en la cual hace minutos habían solicitado su pronta presencia debido a un urgente asunto por resolver.
Cuando divisó el recinto dedicado a los asuntos administrativos de la facultad, la morena agilizó el paso hasta llegar y cruzar el umbral, al pasar se encontró con la secretaria tras su escribanía y a una mujer de piel canela que cruzada de brazos se encontraba descansando su presencia en una de los divanes.
Rukia pudo reconocerla, ya la había visto antes, en algunas de las tantas festividades que realizaba un partido político, pero su llamada no la asoció para nada con ella, así que se dirigió a la secretaria.
—Disculpe— Dijo la morena, la mujer que fungía como secretaria la miró atentamente —El director de la facultad me mandó llamar— Acotó, dando la razón por la cual estaba ahí.
—Bien. Espera por favor— Contestó la señorita para pausar sus acciones en la computadora y pasar al intercomunicador.
Apretó un botón que conectaba con la oficina del Licenciado y le dio el recado.
—Licenciado Jushiro, la Señorita Kuchiki está aquí—
—En seguida la atiendo, gracias— Fue la tranquila voz que se escuchó en respuesta al mensaje enviado.
—En unos minutos está con usted, por favor, tome asiento— Pidió cortésmente la secretaria, a lo que la morena asintió con la cabeza y fue a donde los divanes.
Pasados algunos minutos, la puerta de la oficina principal se abrió, dejando a vista a un hombre alto, de blancuzca cabellera y semblante amable. Se acercó hasta donde esperaba la morena y con gesto sutil le explicó la real situación de su llamado.
—No tengo nada que ver en el llamado. Fue Yoruichi-san quien me pidió de favor que lo hiciera ya que al parecer quiere hablar contigo— Explicó el hombre de gentil mirar para sorpresa de la morena, quien al instante miró a su costado y ahí estaba la ojiambar con amplia sonrisa.
Tanto Rukia como Yoruichi se levantaron de su asiento, y fue ésta última quien acortó la distancia.
—Si, es algo importante— Dijo a penas para la pelinegra, quien aún dudosa se mantenía.
—Bueno las dejo para que platiquen, con su permiso— Fueron las última palabras de Ukitake antes de retirarse de regreso a sus aposentos.
Ambas mujeres se miraron y fue la misma Yoruichi quien inició la plática.
—Ya nos hemos visto en ocasiones anteriores… así que confía en mí— Inició el discurso al notar a la morena muy dubitativa —La razón por la que acudo a ti es porque necesitamos de tu ayuda— Continuó diciendo como introducción, asombrando cada vez más a la pelinegra.
Rukia estaba perpleja y confundida, ¿la necesitaban?, prácticamente en qué podía ayudarlos si no estaba vinculada tan estrechamente con Yoruichi y las personas en su medio ambiente.
—Me halaga que lo digas pero no entiendo porqué… no tengo nada que ver en tu entorno, pero si lo que necesitas es que te contacte con Nii-sama, solo dilo— Fue la respuesta de Rukia, siendo sincera, lo más lógico a su criterio era que buscara la ayuda de su hermano, por eso le hacía saber lo último.
—No, no. Es a ti a quien necesitamos, a nadie más— Le corrigió, cosa que causó mayor expectativa en la ojiazul-violeta.
—Verás, un cliente ha pedido verte para proponerte algo— Le dijo a grandes rasgos, notando la extrañeza en el semblante de la hermana de Byakuya.
— ¿Qué tipo de propuesta? — Fue lo primero que se le ocurrió preguntar. Todo eso le resultaba muy misterioso, y aunque quisiera pensarlo, con Yoruichi que era una respetable mujer de negocios, no era posible creer que la buscara para ser la 'diversión' de uno de sus clientes.
—No lo sé, sólo él sabe los detalles. Pero no es nada que ponga en riesgo tu dignidad— Dijo la de piel canela tratando de fomentar la confianza en la pelinegra, quien un poco más tranquila por lo último empezó a considerarlo.
— Quiere verte lo más pronto posible… ¿Qué me dices? — Añadió una vez más, orillándola a darle una respuesta.
Rukia lo pensó un poco y después soltó la "decisión".
—Dime cuando y en donde lo veré. Ahí estaré—
Yoruichi sonrió ampliamente, como siempre su persuasión era muy efectiva, ya había hecho su parte, ahora esperaba que Ichigo hiciera la suya y no lo arruinara.
—En el restaurante Arawaga a las 10:00 de la noche— Fue los datos que aportó para el conocimiento de la muchacha. Se había tomado la molestia de elegir un lugar elegante, realizar una reservación con la seguridad de que las cosas saldrían bien.
—Bien, ahí estaré. Y bueno, tengo que volver a clase, nos veremos— Sentenció la morena antes de marcharse a retomar sus clases. Realmente no estaba interesada en ayudar como bien lo exponía Yoruichi, de hecho había aceptado por simple cortesía, una vez estando allá y sin importa la propuesta hecha, para bien o para mal, se negaría.
Yoruichi le esperaba en su oficina, completamente animada y feliz por su proeza, y su cliente no podía decirle que no, prácticamente le estaba sirviendo las cosas en bandeja de plata y hacer un sacrificio era poco, así que se quiso ver positiva a la idea de que Ichigo aceptara la propuesta, que de eso dependían muchas personas.
El pelinaranja llegó puntual a su cita con la de ojos ámbar, completamente acalorado cruzó el umbral y cerró la puerta tras él. Con absoluta cara de fastidio se dejó caer en la almohadillada silla frente a la escribanía de la directora de campaña.
— ¿Cómo te fue en tu entrevista? — Preguntó ella para estar al pendiente de la situación mediática del ojimiel.
—Llegué tarde… pero bien— Soltó sin más, sin ninguna emoción, en su semblante era notorio que la carga era grande, pero hacía todo en su haber por que las cosas le salieran bien.
—Pues déjame decirte que a cabo de ir a ver a la hermana de Kuchiki Byakuya…— Comenzó a darle pié a resto del plan, esperando la reacción del ojimiel.
—Ahh…— Fue la breve respuesta, sin tomarle mucha importancia, mirando hacia otro punto.
—Le expuse la situación pero le di pocos datos, no manejé cifras ni nada de eso, sólo le dije que la necesitábamos y bueno, la verás mañana en el restaurante Aragawa, a las 10 de la noche— Comunicó con toda naturalidad. Sabía de antemano que un 'pero' le iba encontrar Kurosaki, así que cuando se dio cuenta de la forma que éste la miraba, sonrió complacida.
— ¿En Aragawa? ¿Te volviste loca? — Inquirió a poco de estallar el ira, todo lugar menos Aragawa, las razones, eran más de cuestión económica.
—No. Es un buen lugar para cerrar tratos…— Fue el argumento dado por Yoruichi. Ichigo la miró de manera fulminante.
— En ese lugar un simple filete te cuesta un ojo de la cara… ¿Y al menos vas a darme un bono o algo para pagar la cuenta? — Se quejó, Ichigo sabía cuan caro era ese sitio, sólo gente exclusiva y despilfarradora de dinero iba ahí.
—No, vas a pagarlo con tu dinero— La de piel canela le respondió burlona, desafortunadamente quien iba a pagar los platos rotos iba a ser el ojimiel, si no arriesgaba no ganaba.
—De ninguna manera…— Fue su rápida respuesta, ¿Qué pensaba Yoruichi?, ¿Qué tenía todo el dinero del mundo para darse esos innecesarios lujos?. Trabajaba para el Gobierno, si, tenía un muy buen sueldo, pero no iba a gastarse la mitad del mismo en un sitio exuberantemente caro y menos por una situación con la hermana de Kuchiki.
—Es eso o nada… Dijiste que harías lo que fuese necesario para ganar, esta es la opción… Tómala o déjala— Fueron las alentadoras palabras de la ojiambar, sabía manipular a la gente, y por lo melindroso que era Ichigo, a veces tenía que usar ese lavado cerebral para hacerlo entender.
Una vez más en el día, Ichigo lo volvió a meditar, se acomodó en pose de pensador mientras volvía a recapitular los pros y los contras del plan. Estaba renuente a la idea de que fuese Rukia su 'romance ficticio político', en primera porque ella dudaba de su calidad como político honrado, y en segunda, era mucho más joven que él, seguro lo tomaría de 'asalta cunas'. Pero lo positivo era la popularidad que tomaría su persona en poco tiempo, la gran cantidad de votantes que captaría además de que le arrebataría muchos puntos a Ishida para aventajarlo en las encuestas, esos últimos factores eran lo que lo animaban a dar el 'sí' a la idea.
— ¿Mañana a las 10? — Volvió a preguntar frunciendo el ceño, como muestra de su indirecta aceptación.
— Si… Negocia un buen precio y trátala bien… ¿de acuerdo? — Fueron los consejos dados por la directora de campaña a su cliente.
—Lo intentaré— Fue su respuesta con duda, no le garantizaba un rato espléndido porque ni conocía la amabilidad con ciertas personas, pero lo intentaría al menos para beneficiarse.
La morena estaba muy callada, con la mirada puesta al frente pero no estaba presente al menos mentalmente, la curiosidad no podía dejarla en paz, y no era para menos, no todos los días llegaba Yoruichi Shihoin diciendo que necesitaba de su ayuda, no. Realmente quería saber que había detrás de todo eso, pero debía esperar hasta mañana en la noche para averiguarlo.
— Estás muy callada, ¿el ratón te comió la lengua? — Preguntó el pelirrojo que iba al volante, mirando por momento a su copiloto, Rukia.
—No, nada más que no estoy de humor— Respondió a penas, con seriedad, sin siquiera mirarlo, acomodándose en el asiento.
— ¿Quieres ir a algún lugar? Al cine, a tomar un café… — Preguntó Renji mirándola de reojo, a espera de una respuesta, lo que ella dijera lo haría.
—No, sólo llévame a casa— Respondió con tranquilidad. No deseaba hacer nada en esos momentos, sólo quería descansar y pensar.
—Como quieras… pero estás más insufrible que nunca— Le comentó a voz audible.
Renji había notado un cambio en el humor de la morena, como si algo le incomodara, y lo peor es que eso afectaba su relación, la cual de por sí esa difícil de definir, habían sido novios hace tiempo pero aún después de que terminó siguieron siendo amigos, lo difícil era que al menos él, aún mantenía vivas sus esperanzas de volver a lo de antes aunque Rukia no daba muchas señales de eso.
Pero intentaba, pasaba por ella a la universidad, invitándola a salir de vez en cuando, le daba algunos detalles, básicamente manteniéndose a su lado, para convencerla de que en el mundo no había nadie que la quisiera tanto como él.
Sin cruzar la palabra siguieron el camino por la carretera, siendo armonizados por la música que transmitía el radio a esas horas, cada uno en sus cosas.
Llegaron a la colonia y calle donde vivía la morena desde su nacimiento, Renji se estacionó en las afueras de la residencia mientras la morena tomó su gran bolso de marca, al tomar la manija de la puerta se detuvo para echarle una mirada al pelirrojo.
—Gracias— Le susurró a penas, pero justo cuando abrió la puerta y trató de impulsarse para salir, el pelirrojo la detuvo al tomar la muñeca del brazo izquierdo, obligándola a que posara de nuevo su mirada en él.
—Haría cualquier cosa por ti…— Le dijo, más como recordatorio, siendo sincero.
—Lo sé… y en verdad, gracias— Era lo único que podía decirle en esos instantes, acompañando sus palabras con una sonrisa que dejó satisfecho a su compañero.
Rukia desbordó el vehículo y cerró la puerta para después mirar por la ventanilla.
—Nos vemos…— Acotó Renji antes de arrancar el motor.
—Nos vemos… cuídate— Respondió la ojiazul-violeta para después alejarse.
El auto volvió a arrancar, llevándose en el interior al pelirrojo. Rukia vio al vehículo perderse entre la distancia y las calles, para después voltearse con dirección hacia su casa.
Se había engalanado con uno de sus tantos trajes oscuros, llevaba su corbata negra y su camisola blanca con el respectivo saco. Del cabello como siempre, algo enmarañado pero era su estilo. Serio, mucho más de lo normal, se adentró al lujoso restaurante Aragawa, lo recibió uno de los dependientes con mucha cortesía aunque indudablemente le reconoció.
—Señor Kurosaki, que gusto verlo por aquí… ¿Tiene una reservación? — Preguntó el dependiente con una amplia sonrisa, todo para tratar bien al candidato del PLD a la Gobernatura de Tokio.
—Sí… en la mesa 10— Dijo frunciendo su ceño, se veía molesto y es que odiaba la hipocresía con que algunas personas lo trataban nada más por ser un importante político y por ende figura pública.
—Ahh sí… la señorita Kuchiki ya llegó…— El dependiente habló con una expresión facial que lindaba entre la burla y la insinuación. Seguro pensaba que estaba relacionado de una manera 'especial' con ella, y aunque eso no le agradaba mucho al pelinaranja, a fin de cuentas ese era el objetivo.
—Mándele la carta y que pida lo que quiera… dígale que estaré con ella en unos minutos pero no mencione mi nombre— Pidió el pelinaranja con toda rigidez que cualquier otra persona pondría en duda cuan 'cercanos' era Ichigo y la morena. Pero el dependiente ya estaba maravillado y embobado con la idea que no se fijó y acató al instante la orden.
El regordete dependiente caminó dadivoso por el lugar, dandose paso entre los comensales, las mesas y los camareros. Hasta que llegó hasta la mesa con el número 10 en el centro y se dirigió amable con la joven ahí sentada.
—Su acompañante a dejado dicho que pida lo que le plazca y que en unos minutos estará con usted— Le dio el recado tal y como lo pidió el político ojimiel.
—Muchas gracias— Respondió la morena con una sonrisa, para después tomar la carta y ver el contenido.
Ichigo vió desde lo lejos la escena, mientras tanto esperaría a que el valor se acumulara en su ser y poder presentarse como era debido.
—Creo que esperaré a mi acompañante antes de pedir— Fue la opinión que soltó la pelinegra al dependiente.
—Como guste—
El regordete dependiente no dijo más y se marchó en regreso a su puesto.
El pelinaranja aspiró profundamente y una vez decidido, emprendió marcha hasta donde la morena, en el camino se topó al dependiente que estaba por darle la opinión de la muchacha pero el pelinaranja no tuvo más opción que darle las gracias por anticipado, sin perder tiempo en trayecto a la mesa 10.
Rukia tenía la vista obstaculizada por la carta, seguía viendo el menú con tranquilidad sin embargó esa serenidad se desmoronó cuando escuchó la voz de su 'acompañante'.
—Disculpa la tardanza—
Asombrada y segura de haber escuchado esa voz antes fue bajando poco a poco la carta, hasta que sus ojos distinguieron un mechón naranja.
Y cuando la carta dejó de estorbarle la vista, reafirmó su sospecha. El hombre que tenía frente suyo era Kurosaki Ichigo, el mismo que conoció casualmente hace 3 años, el mismo corrupto, altanero y desagradable político.
No podía ser. No podía estarle pasando.
Tenía el presentimiento de que esa noche, sería la peor de su existencia.
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Hasta aquí llega el tercero ;)
Gracias de antemano por la lectura y sus comentarios.
Saludos, nos vemos en la próxima entrega y/o actualización de "Desde el corazón".
