Capítulo 3: Paso a paso
Aquella mañana Rachel tenía que ir a sus ensayos para la obra Funny girl, así que se despidió de todos con un beso –se la notaba un poco más entusiasmada que el día anterior- y se fue corriendo.
Santana dio un suspiro y dijo que tenía que ir a trabajar y que además Dani la estaría esperando, Quinn decidió acompañarla y de paso tomar un café mientras miraba en el diario, apartamentos para alquilar.
Fueron caminando dado que no quedaba muy lejos y la rubia comenzó a hacerlo todo tipo de preguntas respecto a esta nueva chica en la vida de la latina. Estaba intrigada aunque todavía no podía creer que, aún amando a Brittany, la dejara ir así sin más.
S-. Bueno, ella es… -Sonrió cubriéndose el rostro-. Ya la conocerás, es un encanto.
Q-. Debe ser rubia… -Inquirió y la amiga frunció el ceño.
S-. Sí, ¿Cómo lo sabes?
Q-. Siempre tuviste debilidad por las rubias –Rió y Santana le pegó un codazo, y luego de un rato en silencio, cuando estaban a punto de entrar al restaurante, Quinn la atajó-. Solo quiero decirte que si eres feliz con ella, me parece bien
S-. ¿Pero? –Sabía que venía algo más.
Q-. Deberías hablar con Brittany –La latina hizo girar los ojos como cansada del asunto.
S-. Quinn, debes entender que lo nuestro ya terminó y yo debo seguir adelante así como ella debe hacerlo –La rubia asintió no muy convencida pero por dentro sabía que tenía razón y se preguntó si Rachel podría hacer lo mismo. Olvidar a Finn y construirse un nuevo camino que la condujera hacia el amor.
Entraron y Quinn se sentó en una mesa, con el periódico abierto en la página de alquileres mientras Santana iba a traerle un café. Supuso que se quedaría toda la mañana allí, resaltando los lugares que le parecieran habitables.
Y finalmente pudo verla. Una chica rubia hablando con un cliente y sonriendo de oreja a oreja que se movía con gracia de un lado hacia el otro, llamó su atención, debía ser Dani. Era bonita, sí pero Quinn aún no se rendía con el asunto Brittany. De todas formas iba a llamarla para preguntarle por qué no pudo venir a despedir a Finn a pesar de haberse enterado de su muerte.
Dani fue la que le trajo el café, sonriente de nuevo, y lo apoyó sobre la mesita junto a un vaso con agua.
D-. Aquí tienes. Soy Dani, por cierto –Volvió a sonreír. Aquella sonrisa empezaba a inquietarla a Quinn. Esta la miró de reojo como intentando grabar cada detalle de ella y le correspondió al saludo.
Q-. Quinn –Hizo una pausa y Dani le depositó un beso en la mejilla. Ok, demasiada confianza, pensó la rubia-. Santana me ha hablado de ti.
D-. ¿Lo hizo? –Abrió la boca sonriente y se sentó frente a ella.
Q-. Sí. ¿Están saliendo? –Dani rió e hizo un ademán con la mano como restándole importancia.
D-. No, aún no. Nos estamos conociendo. ¿Ustedes de dónde se conocen? Nunca me habló de ti.
Q-. De la secundaria. ¿Te contó que éramos animadoras? –Dani entornó los ojos, algo sorprendida.
D-. ¡No! Y qué… ¿Tenían que usar vestiditos y todo eso? –Quinn asintió y esta rió. No sé qué le parecía tan gracioso-. Por suerte en mi colegio no le dábamos importancia a esas cosas y no nos obligaban a llevar uniformes tontos.
Q-. ¡Nadie nos obligaba! Los usábamos porque queríamos –Se enojó la rubia; cada vez le estaba cayendo peor.
D-. Pero supongo que se sentían poderosas con esos uniformes ¿O me equivoco? –Se acercó lentamente hacia Quinn, sonriendo con una sonrisa extraña en el rostro que Quinn no pudo decodificar.
Q-. Bueno, teníamos cierto status, no voy a mentir pero no fue eso lo que nos unió, sino el coro de canto.
D-. Ah sí, me ha hablado de ello. Y que han perdido a un gran amigo suyo –Por la forma en que lo dijo, como si estuviera anunciando que en la mesa siete ordenaban dos cafés y un emparedado, esto le hizo enfadar aún más a Quinn. ¿Qué sabía ella de lo que significaba Finn para Santana, ella misma y… Rachel?
C-. No tienes idea –La confrontó mirándola fija con aquellos ojos pardos como retándola. Dani iba a responder pero de pronto apareció Santana con una gran sonrisa en el rostro, se la notaba alegre.
S-. Veo que ya se han conocido –Le guiñó un ojo a Quinn pero esta no se lo devolvió. De pronto, Quinn cerró el periódico, dejó el dinero del café y se levantó excusándose con que tenía que ir a ver un apartamento y ni siquiera se despidió de su amiga, simplemente salió huyendo. Sintió que se estaba asfixiando allí dentro, con esa tal Dani, irrumpiendo en sus vidas como si nada, hablando de Finn sin conocerlo.
Caminó un par de cuadras, perdida en la gran ciudad; ninguno de los nombres le sonaba, estaba totalmente desorientada y no quería llamar a Kurt para que le indique cómo volver a casa. Por alguna razón, tenía el presentimiento de que a él no le caía muy bien. Con solo verle la cara que puso cuando se enteró que se quedaría con ellos unos días, le bastó para darse cuenta. Era muy posesivo con Rachel y se puso celoso cuando se enteró que habían dormido juntas. Supongo que hubiera querido ser él quien durmiera con ella la primera noche que regresaban de Ohio. Pero Rachel la eligió a ella, y se sintió tan profundamente agradecida. Verla despertar y sonreír fue una de sus últimas grandes alegrías después de la terrible noticia.
De pronto, se le ocurrió que podría ir a visitar a Rachel a los ensayos. Tenía anotada la dirección por algún lugar, en su cartera y cogió un taxi indicándole la misma dirección.
El teatro no quedaba muy lejos de la cafetería, parecía que en NY todo estaba conectado, y entró tímidamente porque en realidad nadie la había invitado pero logró colarse de todas formas.
Entonces la vio: Allí estaba, la dulce Rachel, en el centro del escenario, repitiendo unas líneas y hablando con los demás actores sueltamente. No vio dolor en sus ojos en aquella oportunidad y pensó que no duraría mucho, así que decidió tomarle una fotografía. A Quinn le encantaba la fotografía y llevaba la cámara a todos lados. Sería un lindo recuerdo esa fotografía.
Esperó sentada en el fondo del teatro observando toda la obra y emocionada por verla ya en cartel, cuando el director pegó un grito de que habían finalizado por el momento. Era la hora del descanso para almorzar.
Quinn aprovechó y se acercó a ella sigilosamente, tanto que cuando la morena se dio vuelta, se pegó un buen susto.
R-. ¡Quinn! Por el amor de Dios, me has asustado. ¿Qué haces aquí? –De pronto, la idea de irla a visitar y compartir un rato con ella, le pareció estúpida e imprudente de su parte. Se ruborizó bajando la mirada.
Q-. Bueno, estaba de paso y recordé que aquí ensayabas.
R-. ¿Y has entrado sin más? Sabes que no puedes estar aquí, ¿Verdad? –La rubia asintió, entonces la morocha la tomó del brazo cogiendo su cartera y salieron del teatro-. Vámonos antes de que te descubran, el director me mataría.
Q-. ¿A dónde vamos? –Preguntó un poco mareada por la situación.
R-. Bueno, es mi turno de almorzar. ¿Te parece si comemos algo? –Quinn volvió a asentir y dejó que la morena la dirigiera a una cafetería cercana. Se sentaron y ordenaron algo. Obvio que Rachel escogió el menú vegetariano. Parecía un poco nervioso, no paraba de moverse.
Q-. ¿Sucede algo? –Preguntó luego de comenzar ella misma a inquietarse.
R-. No, nada. Solo que no te esperaba.
Q-. ¿He hecho mal en venir? –La miró fijo como si fuera una fotografía e intentó transcribir esa sonrisa que le había visto poner en el escenario pero era inútil, ya no sonreía.
R-. No puedes entrar a los ensayos pero aparte de eso, no, me alegra que estés aquí –Les trajeron sus pedidos y comenzaron a comer en silencio. Quinn estaba pensando en algo para hablar, quería decirle lo maravillosa que lucía allí arriba en el escenario, interpretando el papel de sus sueños, y que podía ver, finalmente, a la estrella que siempre había estado dentro de ella, pero no encontró palabras para hablar. Hasta que Rachel decidió tomar la iniciativa-. Y bien, ya que me has visto ¿Qué opinas? –Quinn sonrió, dejando a la morena un poco confusa-. ¿Qué?
Q-. Creo que has estado asombrosa. Nunca antes te había visto así.
R-. ¿De verdad? Yo creo que me falta practicar un montón… -Lanzó un suspiro acomodándose en el asiento, y todo el entusiasmo que tenía antes fue desapareciendo de repente, como si alguien le hubiese dibujado una sonrisa triste en su rostro. Quinn se acomodó en el asiento para acercarse a ella y le tomó la mano.
Q-. Bueno, con el tiempo, irás mejorando cada vez más pero creo que lo has hecho bien –Rachel no la miraba directo a los ojos, estaba mirando algo por la ventana que parecía mantenerla entretenida, lejos de la rubia, lo más lejos que pudiera estar-. ¿Qué sucede? –Preguntó preocupada aunque sabía la respuesta: Finn.
R-. Desearía que Finn pudiera verme ahora mismo. Puedo imaginarlo con aquella gran sonrisa en su rostro felicitándome, dándome ánimos –Sonrió con nostalgia. La rubia apretó la mandíbula porque pensó que iba a estallar de la bronca. ¿Acaso ella no era suficiente? ¡Claro que no! Rachel lo necesitaba a él. ¿De qué servía que ella le dijera que había estado fantástica si siempre estaría buscando la respuesta en alguien que jamás volvería a ver? De repente, toda la emoción por verla en el escenario, el modo en que se acercó a Rachel sonriente, el almuerzo… ¡Quería mandar todo al diablo! Imitó la actitud de la morena, y miró por la ventana viendo cómo una pareja se tomaba de la mano. Ansiaba sentir amor, poder amar a alguien y entregarse por completo a esa persona pero aún no la encontraba aunque no podía ver que la tenía justo frente a ella. Aún era muy temprano para darse cuenta.
Q-. Creo que debería irme, he estado buscando apartamentos pero todavía no tuve suerte –Dijo finalmente –Rachel asintió, sumida en sus pensamientos y se despidieron allí mismo. Antes, le pidió la dirección de la casa para poder volver en taxi.
Cuando llegó, estaba agotada, solo quería echarse a dormir. No había nadie allí, Kurt debía estar en NYADA o en algún local de ropa o revisando catálogos para la boda. Estúpido amor, pensó derrotada y se dejó tirar en el sillón, mirando fijo hacia el televisor que estaba apagado.
Se levantó y comenzó a ver todas las películas que tenían, por supuesto, todas eran musicales. Sintió que ella no pertenecía allí y que solo les estaba robando tiempo a sus amigos. Debía mudarse lo más pronto posible y conseguir un trabajo porque el dinero no le alcanzaría.
Se tiró a dormir en el sillón y luego de varias horas, la despertó el sonido de la puerta. Rachel y Santana volvían, hablando animadamente sobre algo que no pudo oír.
Se incorporó de inmediato, frotándose los ojos.
S-. Hola, hola –Alguien parecía contento, al menos. Cuando Rachel vio a Quinn y sus miradas se cruzaron, la morena la apartó inmediatamente y la rubia no podía entender por qué. Parecía como si la estuviera evitando a toda costa.
Q-. ¿Cómo ha estado el trabajo? –Le preguntó a la latina, sabiendo que Rachel no le dirigía la palabra.
S-. Bien, hoy saldré a comer con Dani. Dijo que me llevaría a algún lugar sorpresa –Sonrió sentándose a su lado en el sofá.
Q-. Fantástico –Susurró, algo fastidiada y Santana frunció el ceño.
S-. ¿Qué?
Q-. Nada, no he tenido suerte con los apartamentos. Están muy caros y no me alcanza el dinero. Es solo eso –Mintió porque no quería contarle por todas las cosas que estaba atravesando: el hecho de que Dani no le cayera bien, que Rachel la evitara, que Kurt apenas le hablara, que odiaba el amor, que no conseguía apartamento. Todo parecía estar en su contra.
S-. Si necesitas trabajo, puedo pedirle a mi jefe que te dé un lugar en la cafetería –Le propuso animándose nuevamente. ¡Perfecto! Tener que trabajar y ver a su amiga y a la rubia coquetear todo el tiempo-. Porque Rachel ha renunciado ahora que tiene el papel y andamos necesitando empleadas, ya sabes.
Q-. Es amable de tu parte pero no me veo trabajando de mesera –Suspiró agobiada.
S-. No es tan difícil. Mientras tanto, podrás seguir viviendo aquí, no hay ningún problema con eso, nadie te apura. Vale, mañana iremos juntas al trabajo y le preguntaremos a mi jefe –Le dio una palmadita en la pierna y se levantó hacia la cocina a prepararse un café.
Rachel pasó a su lado, sin siquiera dedicarle una mirada. Quinn necesitaba una respuesta de qué diablos estaba sucediendo. ¿Acaso estaría enojada por haberse aparecido sin avisar en el teatro?
La siguió hasta su habitación solo que esta vez no entró, tocó la puerta y la morena le indicó que pase y eso hizo.
Q-. Quizás empiece a trabajar con Santana -Dijo para empezar la conversación.
R-. Sí, lo he escuchado. Me parece bien –Respondió sin ningún tono de emoción en su voz, parecía totalmente desconectada de lo que estaba sucediendo. La rubia se acercó a ella y la forzó a que la mirara.
Q-. ¿Qué pasa? Has estado evitándome.
R-. No, no lo he hecho –Repuso.
Q-. Vamos, puedes decirme lo que sea. Si te molesta que esté aquí, empaco mis maletas y me voy. Es así de simple.
R-. No es eso –Respondió enojada.
Q-. ¿Entonces? ¿Te molestó que te haya ido a visitar hoy? –Rachel no respondía, estaba totalmente inmóvil, sentada en la cama, mirándose las manos. Esto la inquietó aún más a la rubia-. ¿Rachel? –Esta levantó la mirada y por primera vez en el día la miró fijo pero nuevamente, parecía que no la miraba en verdad, como si estuviera contemplando un cuadro cualquiera.
R-. ¿Lo amabas? –Preguntó sin más preámbulos. Quinn frunció el ceño.
Q-. ¿A quién? ¿De qué estás hablando? –Rachel lanzó un suspiro y señaló el portarretratos que tenía en la cómoda. Era una foto de ella con Finn. Cuando lo vio, volvió a sentir una especie de rabia inexplicable. Otra vez él. ¿Acaso era el único tema de conversación? Se tomó su tiempo para hablar y serenarse-. Claro, era mi amigo.
R-. Me refiero… como a algo más que amigos.
Q-. Antes, cuando salíamos, sí. ¿Por qué lo preguntas?
R-. Y luego de él, ¿Pudiste volver a sentir lo mismo por alguien? –Quinn recordó a Puck, a Sam, al profesor de su universidad pero la verdad es que no creía que había vuelvo a amar tanto a alguien como lo había hecho con Finn, la diferencia es que para ella eso había terminado.
Q-. No lo sé. Pero en algún momento, sucedió: lo olvidé –Notó que lágrimas discurrían por los ojos de la morena y le dieron ganas de abrazarla pero se contuvo.
R-. El punto es que yo no quiero olvidar.
Q-. Tendrás que hacerlo, Rachel, tarde o temprano. Finn se fue, para siempre. ¿Lo entiendes? –Se levantó, exasperada de la cama, enojada con ella misma por ser tan dura con todo lo que estaba pasando Rachel. Quería simplemente tener un aparato para borrar de su mente el recuerdo de que alguna vez existió Finn.
R-. No quiero aceptarlo –Repuso sin hacerle caso.
Q-. Pues tendrás que hacerlo –Le dio una última mirada y se dirigió hacia la puerta pero antes de salir, Rachel la llamó, entonces se detuvo aún sin darse vuelta y esperó a que hablara.
R-. Quinn… ¿Te importaría dormir conmigo esta noche? Prometo que sólo será esta vez –Quinn se volteó dando un suspiro y asintió. Debía ser más comprensiva con Rachel y tenerle paciencia. A fin de cuentas, nunca había visto un amor tan poderoso como el que ellos tenían y eso puede llevar tiempo en borrarse, si es que alguna vez se va.
Antes de irse a dormir, se fijó que la morena durmiera y que todos estuvieran en sus camas y fue a la cocina para llamar a Brittany. Luego de cuatro tonos, la rubia contestó.
B-. ¿Quinn, eres tú?
Q-. ¡Brittany! Lo siento por llamar tan tarde pero es que necesitaba hablar con alguien y de verdad te echo mucho de menos.
B-. Claro, yo también. ¿Qué sucede, Quinnie?
Q-. Me he mudado a NY, estoy viviendo en el apartamento con Kurt, Rachel y Santana.
B-. ¿Has dejado la universidad? –Preguntó preocupada.
Q-. No, me han dado una beca para estudiar aquí y además quería estar más cerca de mis amigos –Bueno, no es que Kurt entrara en la categoría de "amigos" pero lo dijo de todas formas.
B-. Ah, eso es genial, Quinn.
Q-. ¿Por qué no fuiste a Ohio, cuando le hicimos el homenaje a Finn?
B-. Estuve muy ocupada con los asuntos de la universidad. ¿Cómo estuvo? Aún no puedo creerlo.
Q-. Fue difícil
B-. ¿Cómo está Rachel?
Q-. Mal, nunca la he visto tan mal y me preocupa.
B-. Por eso me has llamado, ¿Verdad? –La rubia parecía tener una especie de intuición. Sabía que no la había llamado simplemente para preguntarle cómo estaba. Quinn lanzó un suspiro.
Q-. Sí, no sé qué hacer.
B-. Debes darle tiempo, ya se le pasará.
Q-. Eso mismo pensé hoy pero empiezo a creer que nunca se le pasará –Confesó angustiada.
B-. Quinn, no puedes hacer nada, solo estar allí y apoyarla.
Q-. Lo sé pero siento que no es suficiente. Hoy fui a visitarla al teatro porque consiguió un papel principal para una obra en Broadway y me dijo que desearía que Finn hubiese sido el que la fuera a ver.
B-. ¿Y por qué te molestó? Es normal –Quinn se quedó sin argumentos, de pronto no sabía qué decir. ¿Por qué la había molestado tanto? Todo lo que decía Brittany era verdad, era esperable que Rachel deseara a Finn, que soñara con él, que su mundo girase en torno a él pero…
Q-. No lo sé. Estoy confundida. Te necesito, Britt, ¿Crees que podremos vernos pronto? –Por el modo de súplica de Quinn, la rubia entendió que era realmente importante.
B-. El fin de semana si quieres puedo viajar para allí y quedamos en tomar algo.
Q-. Sería genial –De pronto, recordó que Santana ahora tenía a otra chica y sintió que debía contárselo a su amiga como modo de prevención o algo así pero no lo hizo, prefirió hacerlo en persona-. Bueno, nos estamos viendo. Gracias, Britt, te quiero.
B-. Yo también, Quinnie. Adiós.
