Saludos!!

¿Creyeron que se librarían de mí tan fácilmente?, pues no, aquí estoy de nuevo con el capitulo 3

Muchísimas gracias por sus mensajes, me motivan mucho, DE VERAS!!

Declaración: Ninguno de los personajes me pertenece son de Masashi Kishimoto

La historia si me pertenece.

Sakura-Stolzes Herz

Sin más preámbulo he aquí el tercer capitulo

CAPITULO 3: EL TIEMPO VUELA.

-¡Ay, no!- me queje cuando el barniz para uñas había caído encima de mi edredón, derramando un poco de su contenido. Con cuidado, y sin despintarme las uñas que se secaban, levante la pequeña botella, tapándola y colocándola en el buro derecho de mi cama.

¡Había quedado una mancha negra encima de mi edredón blanco!, ¡Qué desastre!

Después de unos instantes de observar la mancha sobre la pulcritud de mi edredón, me puse a pensar en mi pasado.

Justo en ese instante, negro profundo, blanco como la nieve, se me figuraban a cierta persona, que tenia los mismos colores en él, el oscuro de su cabello, el oscuro de sus ojos, era, en ese instante el barniz negro de uñas, su piel pálida, la blancura de su ser-para mí- era mi edredón.

Sé que es un poco ridícula la comparación pero, el estaba en mi mente cuando veía esos colores, o más bien, cada cosa que me pareciera hermosa, me lo recordaba a él, mi romeo, mi unicornio.

¿Cómo es posible, que aún al haber transcurrido tres largos años desde la última vez que lo vi y aún sigo pensando en él? Ridícula.

Pero, me sentía feliz, completa y extraordinariamente, enamorada, cuando pensaba en él, en sus ojos……, en su piel. En fin, todo su ser.

¿Qué sería de él?, ¿Qué tanto le habrían afectado o favorecido estos tres años? No lo sabía, y me moría por dentro de la incertidumbre de saberlo, pero… ¿cómo?

Solo unas semanas después de que salimos de la secundaria, me había enterado de que él y su familia se habían marchado de la ciudad. Eso lo sabía gracias a Karin, que mantenía contacto con algunas de las chicas que se derretían por él y lo sabían todo, tal vez sabían más de su vida que él mismo.

Observe de nuevo la mancha, y los colores llenaban mi retina, el negro era la oscuridad, profunda, la soledad representada en color, pero había formulado una cosa: Muchas personas odian ese color, dicen algunas que es sombrío, sin chiste; otras más, piensan que representa al mal mismo. Para mí, ahora no era así, al menos ya no pensaba en eso, desde que lo conocí. Con el paso de los años me di cuenta que, entre más profunda sea la oscuridad, se logra y se aprecia más los rayos de luz. Muy pocas personas lo entenderían.

Me levante de mi cama y camine hacia la ventana que se encontraba enfrente de mi cama, abrí las cortinas y observe la ciudad, la gente que en esos instantes caminaba por las banquetas.

Yo misma tenía en cuenta que ya no era una niñita de 14 años, sino que ahora era una señorita madura (no en su totalidad) de 17 años de edad, que veía las cosas desde una perspectiva diferente.

La madurez estaba en grandes cantidades ahora, cuando sucedió el divorcio de mis padres, el autoestima tan baja que tenía debido a mi aspecto físico, aumentando las burlas de mis compañeros, provocaron mis constantes visitas al psicólogo y lo más importante, mi gran pérdida de peso. Mi cabello creció 3 centímetros por debajo de mis hombros, mis facciones de la cara ya no eran toscas, ahora eran más finas, debido a que mis mejillas no cubrían la mitad de mi cara.

Mis ojos seguían teniendo el mismo color verde que resaltaban cuando utilizaba el delineador y el rímel negro.

Mi piel blanca, al igual que mis ojos, resaltaba mas cundo usaba ropa negra, es por eso que se volvió un color predilecto, sin embargo, seguía teniendo muchas blusas de diferentes colores.

Cuando curse la preparatoria, y mi cambio estaba en proceso, todo el sexo opuesto me miraba, (mucho más cuando baje de peso debo decir), mi madre me enseño a maquillarme y a escoger mi ropa, un nuevo estilo, un nuevo yo.

Seguía frecuentándome con Karin, que fue y seguirá siendo mi mejor amiga, ya que la separación en la escuela, no afecto nada en nuestra amistad, al contrario creció.

Cerré de nuevo las delicadas cortinas de seda blanca de mi ventana y di media vuelta, observe mi habitación que también había cambiado, pero no tanto como mi aspecto físico y mental. Solo había sustituido mi cama de tamaño individual por una matrimonial. Había pintado las paredes de un lila muy tenue, mi madre me compro un estéreo nuevo que tenía en un mueble de madera, junto a él, apilados en orden alfabético mis discos de música, que también había cambiado. Ya no escuchaba ni trataba de imitar a Fey, me limitaba a escuchar música clásica, y a Yiruma, mi compositor favorito de piano, también escuchaba –en muy raras ocasiones- música pop, o alguna que otra balada. También se encontraban discos de música gótica que era realmente bella y se estaba convirtiendo en una de mis favoritas.

En la mesa de tareas se encontraba siempre, siempre, un florero de rosas rojas, que me ayudaba a recordar lo que me sucedió en secundaría, y que nunca pude descubrir al autor de tan fascinante obsequio que me daba cada día.

Mis ojos cayeron en mi ropero de madera, que tenía tres puertas, en dos de ellas era donde guardaba toda mi ropa; la tercera era más pequeña, llegaba más o menos a la mitad que las otras tenía un espejo, en ella guardaba mis perfumes, maquillaje, cremas, etcétera, debajo de esa puerta había dos cajones que se cerraban con llave. Puse la mano en mi cuello y jale una cadena de plata en la que colgaba una llave, me encamine a mi ropero y me agache hasta quedar a la altura del último cajón, coloque la llave y abrí el cajón, viendo su contenido.

Loca, estúpida, paranoica. Eso era yo.

En el cajón se encontraban ordenados, todas las fichas bibliográficas con las hermosas palabras de ánimo y amor que había recibido, todos los pétalos secos y marchitos de lo que alguna vez fueron bellas rosas, los listones rosas enrollados y atados con cinta.

Todos los días, durante tres años leía por lo menos una ficha. Nunca le comente a mamá de lo que recibí, me lo guarde para mí y Karin, que era la única que lo sabía.

La canasta que recibí la ultima vez la guarde en el sótano de mi casa en una pequeña caja para que no se maltratara, claro que, cuando llegue con ella a casa mi mama armo un alboroto, pero yo, solo le dije que había sido obsequio del profesor de química que me admiraba por mi inteligencia en la ciencia. Me creyó. Tome la ultima que recibí y la leí, me hacía sentirme bien, y aumentaba el poco ego que tenía.

Deje la nota en su lugar y volví a cerrar el cajón con llave.

Mi madre no estaba, había salido a comprar la despensa al supermercado, y yo disidí quedarme en casa a pintarme las uñas, y preparar la ropa que utilizaría el día de mañana, en mi primer día como universitaria.

Las horas se pasaron volando, cuando me di cuenta, mi madre había regresado con muchas bolsas, le ayude a bajarlas del auto ya a acomodarlas en la cocina, comimos y, me encargue de lavar los platos. Cuando termine, subí a mi cuarto, mi madre entro en el estudio y se puso a hacer un trabajo en su lap top.

Yo, ya estando en mi habitación, me cambie y me puse mi cómoda y hermosa piyama de franela y me dispuse a dormir, prepare la alarma en mi teléfono celular, lo guarde debajo de mi almohada, distendí mi cama y de nueva cuenta observe el barniz impregnado en mi edredón, le eche un último vistazo y me acosté quedando profundamente dormida, soñando con él, de nuevo…

Soñaba que él estaba conmigo que velaba mi dormir, pero mi subconsciente sabía que era un sueño y que no se haría realidad

Al día siguiente me levante con muchos ánimos, era lunes, un hermoso, lunes soleado, tendí mi cama y salí de mi habitación con mi toalla, shampoo, mi jabón de baño y mi cepillo de dientes.

-Buenos días- me saludo mi madre cuando nos cruzamos en el pasillo.

-Buenos días, madre- le conteste con una radiante sonrisa.

Entre en la regadera y me bañe, con mucho vapor, producido por el agua caliente. Salí del baño y entre en mi habitación, me dirigí a mi ropero y saque un pantalón negro de vestir acampanado, una blusa rosa de manga ¾, saque de debajo del ropero una botas negras de tacón de aguja de 5 cm largas y puntiagudas.

Me vestí rápidamente, me maquille tenuemente, con delineador y rímel negro, me puse además sombra de color rosa en los ojos, pinte mis labios con un labial liquido y cremoso de color rosa tenue al igual que mis sombras. Cepille mi cabello y lo recogí con una pinza, pero algunos de mis cabellos cortos y rebeldes se salieron del amarre y caían sobre mi rostro enmarcándolo.

Tome mi bolso que contenía una carpeta con muchas hojas, mi lapicera y un libro que llevaba leyendo desde hace algunas semanas.

Baje haciendo ruido con mis botas por las escaleras alertando a mi madre de que pronto entraría en la cocina.

Apenas entre y ya me tenía listo su sermón de ese día.

-Hija, quiero que sepas que estoy muy orgullosa de ti- hablo mientras caminaba hacia mí que estaba parada en el marco de la puerta- Se que lograras ser una buena Ingeniera química, y que serás muy conocida. Da todo de ti hoy en tu primer día, y así te irá todos los demás mientras estés en la escuela- termino de decirme tomándome con sus dos manos puestas en cada lado de mis mejillas, como si fuera una niña de tres años que va a entrar al kínder. Que ridículo, pensé.

-Claro mamá- trate de que mi voz sonará normal, pero salió con un tono de: si ya lo sé no tienes porque repetírmelo ¡Ya tengo 17 años!, ¡Hey, ¿qué te pasa?! A lo que mamá hizo una mueca de enojo. Si que se enojaba fácilmente.- no te preocupes- sonreí- sé lo que debo hacer.

Quito una de sus manos de mis mejillas y me dio un beso, la volvió a colocar mi me sacudió levemente hacia los lados

-Claro, confío en ti hija- me soltó- ahora a desayunar- ordenó.

-Ha…., de hecho, solo me llevare un yogurt, tengo el estomago revuelto de la emoción- y así era tenía emoción, lo malo, es que no era por mi primer día en el nivel superior educativo, si no por otra cosa, la cual, desconocía.

-De acuerdo, te comprendo.

Me acerque y abrí la puerta del refrigerador, extraje un yogurt de manzana y lo metí a mi bolso.

-Bien, me voy, nos vemos después- le dije a mi madre que se encontraba de espaldas a mí, lavando unos trastes. Se volteo y me dio una hermosa sonrisa.

-Si hija, suerte y cuídate, ¿sí?

-Lo haré- dije saliendo de la cocina dirigiéndome a la puerta, que en esos instantes era la puerta de salida.

Camine hacia la esquina de la calle y espere mi autobús. No tuve que esperar demasiado, a los poco minutos llego y aborde a él.

Me senté en el tercer asiento de la fila de la derecha del bus, me coloque mis audífonos y me puse a escuchar una de mis canciones favoritas: Nemo de Nightwish.

A los 15 minutos, visualice la grandiosa puerta de entrada de la universidad, con jardines, arboles y una fuente en el frente; mas atrás se encontraba el estacionamiento de maestros y alumnos, según yo, y luego la entrada a los salones. Era tan grande la escuela, ya que en esa universidad existían tres carreras: Electrónica, Mantenimiento y Química, todas, ingenierías.

Baje del bus y me dispuse a entrar a la escuela. Mi estomago seguía revuelto de emoción que yo desconocía. Atravesé los jardines y la gran fuente y llegue a un camino que estaba entre arboles, yo iba en la acera, ya que el camino era para los automóviles, había piedra roja en el camino, así que por ningún motivo bajaría para ensuciar mis hermosas botas. Al igual que yo, muchos más jóvenes caminaban rumbo a la escuela, para mi desgracia la mayoría eran hombres.

Iban jugando entre ellos, pero cuando me vieron, comenzaron con sus "halagos", camina más a aprisa hasta que llegue al estacionamiento. Lo cruce sin prestar mucha atención a los autos que había ahí. Subí las escaleras y atravesé las grandes puertas de madera, camine entre un gran pasillo, muy ancho, ya que, a mi derecha se encontraban los casilleros. Me detuve un instante para sacar una hoja doblada de entre las hojas de mi carpeta, era mi horario, y según este me tocaba una clase que muy pocos tomarían: calculo avanzado, en si esa era una extra clase, que iba a tomar para poder entender mejor mi materia, que aunque fuera una ciencia que estudiará la materia, se requería saber de números.

Y entonces, sucedió………………………..

Sentí una mirada, fija en mi, sentí un escalofrió recorrer mi cuerpo, era parecido al que sentí la primera vez que vi la rosa en mi butaca, me detuve un instante, algunos de los que pasaban por ahí, me vieron con cara de: ¿Qué le pasará?, ¿se sentirá bien?, pero no era como la mirada que sentía en mi cuerpo. De pronto la deje de sentir, me quede parada un instante más en lo que me reponía y trote en busca de mi salón.

Después de unos minutos de buscar encontré el salón 2"Y", entre en él, no había nadie, había como quince butacas, muy pocas en verdad, acomodadas en tres filas de cinco, el salón tenia ventanas por ambos lados, las del lado izquierdo daban la vista hacia uno de los jardines de la escuela y las otras que estaban al lado de la puerta daban hacia el pasillo, sin embargo, estas ventanas tenían la mitad del vidrio como con una mica que impedía ver bien, hacia el pasillo, suponía que era para no tener tanta distracción aun lado de las ventanas estaba la puerta donde yo me encontraba admirando el salón, delante de todas las butacas estaba el escritorio del profesor, y detrás de este un pizarrón y unos plumones debajo en la pequeña repisa que tenía.

Me senté en la primera fila de lado derecho del salón, en la segunda butaca, saque de mi bolso el libro de lectura, y me dispuse a leerlo para olvidar la mirada y el escalofrío que sentí hace unos instantes. Edgar Allan Poe y su novela del cuervo, lo estaban logrando.

Y entonces sucedió de nuevo…

Pero ahora más fuerte, más intenso, más…………………, oscuro.

El escalofrío me recorrió mi cuerpo, mi estomago se revolvió, mi corazón latió a mas de mil veces por segundo.

Solté el libro y poco, a poco, levante mi mirada, para encontrar al que me miraba de esa forma, aquel que podía causar eso lo mandaría al hospital…., pero entonces mi mirada se levanto chocando con lo que menos esperaba ver.

Mi corazón de pronto se detuvo, el escalofrío paro, el tiempo se detuvo, mi respiración hizo una larga pausa…

Porque justo frente a mí, a menos de medio metro de distancia…..

Se encontraba el culpable de todo esto….

Sasuke Uchiha el unicornio, me miraba….

A mí….

Solo a mí…….

Aquí termina el tercer capítulo.

Espero que les haya gustado, a partir de aquí, comienza lo bueno, habrá sorpresas, personajes nuevos, intriga, amor, y mucho más…

Así que si quieren saber qué es lo que sigue después de este reencuentro, dejen sus mensajes y subiré el siguiente capítulo para no dejarlos con la duda.

Saludos!