Disclaimer: Glee no me pertenece y esta historia tampoco :(


Diego sigue hablando de cosas que realmente no me importan pero el chico tiene carisma, así que es la única razón por la que aún no me levanto de la mesa y me alejo de su voz chillona. José asiente sin poner atención y sonríe en los momentos adecuados. Javier y Axel me tienen aburrido, no hacen más que susurrarse palabras de amor y robarse besos de vez en cuando.

He perdido de vista a Blaine, porque ese es su nombre, Blaine Anderson… ahora sé algunas cosas sobre él, Diego me ha dicho que vivía en Westerville, tiene veinte años y está aquí porque su padrastro terminó en el hospital gracias a una "inofensiva" broma para alejarlo de su madre y hermanas. Ama los tatuajes y Madame Dur prefiere hacer caso omiso de su presencia que perder el tiempo y saliva tratando de corregir a un chico como él.

Dylan y Sebastian siguen en la mesa, Sebastian recorre el brazo de Dylan con cuidado, como si pusiese romperse pero el chico de cabello rosa no le toma importancia. La sonrisa de Sebastian es hermosa, sus dientes blancos y esa fina barba hacen de sus rasgos musulmanes aún más deseables. Y yo me pregunto ¿Cómo es que un chico como él puede ser gay? Digo… los musulmanes no permitirían eso. Dylan sigue comiendo como si Sebastian no estuviera presente y cuando yo estoy a punto de retirar la vista hace el primer movimiento con el que sé, tiene sentimientos. Una sonrisa, pequeña, pero es una sonrisa.

-¿No lo crees, Kurt?- pregunta Diego.

-¿Qué? -José deja de prestar atención a la servilleta rallada frente a él y me mira, serio.

-Diego, deja a Kurt en paz, siempre atosigas a los nuevos.

-No, no importa- contesto con rapidez porque Diego ha perdido la sonrisa.- Estoy un poco abrumado, perdona.

-No importa, solo decía que creo que deberían de servir comida para humanos en esta cafetería… mi abuela hacia una pasta riquísima, mi madre cocina delicioso pero no puedo regresar a casa porque tengo problemas con mi padre y ya sabes, no la deja traerme comida y mi….

¡Dios! Él nunca se calla. Su atención regresa a José, este solo asiente y sonríe, como todo el tiempo que le he visto. Creo que tiene mucha paciencia porque, si fuera él ya habría callado a Diego, y no de un buen modo.

-No tendremos más clases hasta mañana- dice Javier de repente.- Te daré tu horario y las reglas cuando regresemos a los dormitorios… mientras puedes salir a los jardines o estar en la biblioteca, en la cafetería o en tu habitación… pero ten cuidado, has cámaras de seguridad por todos lados aunque nunca hemos visto una Madame Dur se entera de todo… ¡Oh! Una persona sabe dónde están las cámaras… nunca se lo ha dicho a nadie, es como si pequeño secreto, no es que le importe mucho, Madame Dur y Blaine se omiten siempre.

Una sonrisa se abre paso en mi cara, ni siquiera conozco al tipo pero ya me tiene sonriendo. Pero debo de dejar eso atrás, no creo que sea buena idea meterme en los territorios de Dylan.

-Tengo que ir al baño. José me da las instrucciones para ir al sanitario más cercano, este internado es enorme pero me acostumbraré.

Salgo de la cafetería con toda la elegancia que puedo- que no es mucha- y giro a la izquierda para encontrarme con un pasillo pulcro y con eco, una puerta negra se localiza al final, a un lado de un ventanal sin cortinas que da a vista a un jardín con flores coloridas… y juro que es la única parte del exterior que tiene color, o eso he visto hasta ahora. Empiezo a tararear una canción sin sentido que mi madre me cantaba cuando era pequeño, no me gusta cantarla, es como reconocer que extraño a la mujer que me abandono hace algunas horas en un punto en alguna parte del país, lejos de mi verdadero hogar. Espero con todas mis fuerzas que llore todo el camino y que mi padre se harte de ella pero se trague sus palabras como siempre, que la escuche gritar y berrear, que se le salte esa vena de la frente que indica que está tratando de mantener la compostura y que apriete el volante con fuerza… por las ocho horas que dura el viaje.

Llegando a la puerta negra noto el silencio del pasillo, por la noche no saldré de mi recamara, se parece mucho a una de esas historias de miedo donde saldrá algún niño tratando de jugar contigo y llevarse tu alma en el intento. La perta se abre sin hacer el menor ruido y es una proeza. Me meto en uno de los cubículos y cierro la puerta detrás de mí. Mientras hago mis necesidades fisiológicas tarareo aún más fuerte la maldita canción de mi madre y me descubro a mí mismo creyéndome una estrella del rock, con una mano frente a mí como si fuera un micrófono y la otra… ya saben dónde. Grito y mi voz se agudiza, de un momento a otro el baño parece un concierto de Kiss.

Pero incluso los mejores pensamientos terminan. Jalo la palanca del baño y cuando salgo, sonriendo como un estúpido por la penosa escena que acabo de hacer escucho las palmadas lentas de un chico frente a mí.

-Perfecto, simplemente glorioso. Ni siquiera November Rain de Guns n' Roses me había llegado tanto al corazón.

Blaine Anderson está sentado en el lavamanos, con un cigarrillo en la boca y las piernas cruzadas, se ve un tanto bajo de estatura pero yo no puedo hacer nada más que quedarme callado, sonrojarme y bajar la mirada. ¡Acabo de cantar una canción de Barney frente a él! ¡Y en el estilo de Kiss!

-Vamos, chico nuevo, no te sonrojes.

Sacudo la cabeza y voy hacia el lavamanos más alejado, el agua está fría y espero que eso me calme un poco. Le veo ponerse de pie con elegancia y depositar el cigarrillo en el bote de basura más cercano. Se mira en el espejo y acomoda sus rizos hacia arriba, me mira por el reflejo pero intento no prestarle atención. ¡Javier me ha dicho que no lo intentara! ¡Dylan me puede noquear de un golpe!

Sus Vans hacen un ruido casi inaudible en el mármol cuando se acerca a mí. Siento su presencia a mi lado, más que verla porque soy un cobarde y le he dado la espalda alegando tener que secarme las manos.

-Mi nombre es Blaine- me dice y siento su voz muy, muy cerca de mí oído.- Blaine Anderson pero puedes llamarme cuando quieras.

¡JA! ¿Es eso una broma o no se le da para nada bien el ligar?

-Aja… soy Kurt.

-Pues hola, Kurt.

-Hola. …. ¿Y ahora qué hago? Me doy la vuelta muy lentamente y de repente sus ojos mieles entran en mi campo se visión.

-Tienes unos lindos ojos.

¡Respira, Kurt!

-Y tus mejillas rosadas son tentadoras.

¡No vale la pena ponerte en peligro solo por esos hermosos ojos!

-Tus labios me gustan.

¡Muévete, maldita sea! Le saco la vuelta y me atrevo a caminar a la salida, dejaré de temblar en algún momento, de eso estoy seguro. Una risita atraviesa mis oídos y de repente ya no estoy viendo la puerta, mi cabeza rebota en la pared fría y los brazos de Blaine me acorralan, tampoco es que me resista mucho.

Unos ojos mieles y demandantes me dan la bienvenida a mi nuevo infierno. Dos en un solo día, eso es un record.

-No me gusta que me den la espalda, Kurt. A ver… vamos a aclarar algunas cosas con respecto a los buenos modales. Número uno- y como si sufriera de un retraso mental coloco uno de sus dedos frente a mí, indicándome el punto número uno- cuando uno se presenta, se tiende a dar un nombre completo… ahora sé que te llamas Kurt, pero no se tu apellido, porque no lo diste… número dos- y un dedo se suma al primero cuando una persona, muy amablemente te hace un cumplido… ejemplo: me gustan tus ojos… ¿Cómo tiene que responder la persona alagada?

¿Este tío cree que soy estúpido?

-Con unas gracias- contesto rodando los ojos.

-¡Bravo!- su sonrisa me puede- número tres…-y un dedo se une a los otros dos, pero ahora, lentamente recorren mi perfil, desde mis labios a mí oído y de regreso, bajando a mi cuello y regresando a mis labios.- Nunca se le da la espalda a una persona que ha sido buena contigo… eso es de muy mala educación, joven Kurt.

Estoy a punto de derretirme cuando la puerta se abre por completo, una melena rosa y corta entra a la habitación y se sitúa frente al espejo. Blaine se endereza lentamente y su sonrisa ha desaparecido por completo, Sebastian está recargado en el marco de la puerta y yo me he quedado clavado en mi sitio.

-Cuando termines de tontear con el nuevo, Blaine, te estaría muy agradecido si volvieras a poner tu maldita atención en mí. Tenemos cosas de que hablar y Madame me ha esperado pacientemente con la respuesta final, así que déjate de estupideces y hablemos.

Su voz es tranquila pero su actitud lo es más. Estoy en busca de una imperfección que claramente no encontraré, su piel morena luce tersa y suave, sus ojos son negros, tanto que parecen que te robaran el alma y sus labios están brillosos, no tengo claro si es porque Sebastian lo ha besado o porque usa brillo labial. Blaine carraspea la garganta y siento que tengo que salir de aquí.

Me pego aún más a la pared y empiezo a moverme tranquilo, Blaine sigue viendo a Dylan que a su vez se sigue viendo en el espejo pero cuando le miro de nuevo me está mirando a mí, con una ceja levantada y los labios fruncidos. Tengo que salir de aquí, ahora. Tomo todo el valor que puedo y me pongo en marcha, Sebastian me sonríe y me hace un pequeño espacio para que pueda pasar… peor es nada. Me pego al marco y me desAnneo, no sin antes sentir toda su virilidad en el trasero. No está para nada mal dotado.

Una vez fuera me encamino a la cafetería y me siento entre mis nuevos amigos. Nada ha cambiado, nadie se ha dado cuenta de nada.

-XXXX-

Javier, Axel y yo subimos las escaleras a nuestros dormitorios. Entro a mi habitación sin decir palabra y me doy cuenta de que mis maletas están junto a mi cama. Tengo que ordenar mis pertenencias, decorar mi habitación y ponerme al tanto de las reglas, horarios, materias, maestros… todos mis nuevos deberes.

Sobre el escritorio se encuentra una carpeta con el logo del instituto y mi nombre. Mis horarios y otras actividades se encuentran acomodadas dentro de ella. No me apetece revisar nada, no quiero ni siquiera saber que estoy en este lugar. Tomo la primera de mis maletas y la coloco en la cama, al abrirla mi ropa me da la bienvenida, una secadora de cabello que no es mía está allí, esperando a que la acomode en un cajón. Anne Cox, se lee en un lado. Pues no mamá, no la usaré, nunca. Es un símbolo de rebeldía hacia ustedes y sus métodos estúpidos para hacer que me dejen de gustar los penes. Pues no, ¡Me gustan los penes, y muy adentro! a

Una hora y media después todo está en su lugar, el armario está lleno y los cajones también, la secadora se quedó dentro de la maleta, prefiero vivir despeinado que usarla. No me importa que me digan estúpido o me tomen de inmaduro, estoy dolido y esa es la mejor solución hasta ahora.

Mi laptop y mi celular se encuentran en el escritorio, es una suerte que no tenga prohibido su uso pero entre las reglas se especifica que no podemos borrar el historial… lo que significa dos cosas:

1.- No más porno.

2.- Porno y que me hagan pasar la vergüenza de saber que como todo adolescente con miedo al sexo veo porno.

Ese es un dilema. Tengo muchas cosas en que pensar. Cámaras de seguridad con localización no definida, amigos raros, nueva vida, mi perro no está conmigo, no puedo ver porno y Blaine Anderson. Aunque no puedo mentir, ahora lo que más me preocupa es no poder borrar mi historial.

Me acuesto en la cama y veo el techo, la ventana abierta deja que entre el aire fresco y el sol ya está escondiéndose. Javier no ha venido a explicarme las reglas pero puedo esperar hasta mañana, no es como que quiera hablar con alguien ahora.

La puerta hace un pequeño sonido al ser empujada pero la manija no se mueve, escucho unos pequeños pasos del otro lado que se alejan, tengo el mundo en mis hombros, la pesadez en los parpados y me rehúso a salir de la cama, pero también soy curioso. Me levanto tomándome mi tiempo, dejo los zapatos a un lado y camino descalzo, absorbiendo todo el frio por la piel. La puerta se abre con facilidad y asomo la cabeza pero todo está en orden, no hay intrusos en los pasillos y las puertas están cerradas, me encojo de hombros y al cerrar la puerta lo veo, pegado con cinta en la chapa, una hoja de cuaderno con una mancha de ceniza a un lado, la tomo y leo las simples palabras que me prometen una serie de eventos desafortunados.

"Seguiremos con la clase de modales en otra ocasión, Y por cierto, me gustan tus ojos, solo Kurt". B.A.

Me olvido de las advertencias de Javier, del trío que tiene con Dylan y Sebastian y de que soy una vergüenza gay para mis padres, me olvido hasta del porno. Me olvido de todo porque esas simples palabras mal escritas en una hoja de cuaderno arrugada y mancha me dicen solo una cosa:

Kurt Hummel, te has metido en un lío.

Pero ¿A quien no le gustan las aventuras? Tal vez solo así valdrá la pena perderme un año de mi vida en esta escuela. Tal vez no todo es tan malo.


Gracias por los reviews, les contestaría pero no tengo mucho tiempo :'(.

Sin embargo quiero aclarar una duda, el de cabello rosa es Dylan no Sebastian, creo que no esta muy claro.

Ademas buenas noticias,subiré el tercer capitulo la próxima semana, pero solo si gana mi selección O.o.

Así que rezen por ellos, please xd