Capitulo 3: Energía Cosmica. 2 Días para la llegada del cometa.
Me desperté y abrí los ojos de golpe, pero la luz del sol me hizo volverlos a cerrar en seguida. Me sentía pésimo. No tenía idea donde estaba. Por lo que me decían mis sentidos, estaba acostado de espaldas en una superficie de roca. Hice un ademán de levantarme, pero mis músculos se sentían pesados. Recogí mis piernas levantando las rodillas y llevé una mano a mi frente para tapar parcialmente la luz. Giré la cabeza hacia un lado y abrí los ojos lentamente. Pude ver las cimas de montañas puntiagudas sobresaliendo entre las nubes. Mire el piso y descubrí que eran baldosas. Habían árboles en aquellas montañas. Me resultaba demasiado familiar.
- ¿Un templo Aire? – Me pregunté extrañado a mi mismo.
- ¡Exacto!
Me estremecí. No estaba preparado para escuchar una voz justo encima de mi cabeza. El miedo hizo que mis músculos reaccionaran y en un instante giré mi cuerpo en medio de un salto para caer cobre mis rodillas y mis manos para ver quién había hablado.
- ¿Pathik? – No cabía de confusión.
- ¡Hola Aang! – me saludó el anciano Gurú al verme allí, como si fuera algo de todos los días.
- Pero… pero ¿Qué? ¿Cómo? ¿ Qué hago aquí? – Escupí interrogantes sin parar a pensar.
- Relájate joven Avatar. ¿Quieres jugo de bananas con cebolla? – me extendió un cuenco con el brebaje amarillo.
Quedé anonadado a la respuesta. Iba a replicar cualquier tontería cuando mi estomagó rugió quedando en evidencia de que tenía hambre y ni me había dado cuenta. Tome el cuenco que Pathik me ofrecía amablemente y bebí de un trago todo el líquido. La extraña combinación sabía tan mal como me acordaba.
- Gracias Pathik – dije con una mueca de disgusto y la lengua afuera.
- Entonces, Aang. ¿Querías preguntarme algo? – Pathik retomó la conversación.
- Pathik, ¿Qué hago aquí? ¿Cómo llegué? ¿Estoy en el templo oriental del Aire?
- Bueno, sinceramente no se que haces aquí, y llegaste volando – Dijo con expresión divertida mientras apuntaba mi planeador que estaba a unos metros de mí con la cabeza – Y, si. Este es el templo oriental del Aire.
- Pero cómo… ¿Por qué? – Estaba en una total confusión. ¿Qué demonios hacia en el templo oriental del aire?
- En realidad – Dijo Pathik mirándome con curiosidad – esperaba a que tú me dijeras que hacías aquí.
- No tengo idea… Lo único que recuerdo es que escapé volando y que mis tatuajes… - y de pronto caí en cuenta. Mis tatuajes. – ¡Estaba en el estado Avatar! ¡Pathik! ¡Llegué aquí en el estado Avatar! ¿Cómo es posible? Creí que había perdido la capacidad de entrar después de que Azula…
¿Qué estaba sucediendo? Cuando Azula me atacó creí haber perdido la capacidad de entrar al estado Avatar. Pero aún así entré a él en un estado de furia con lo que sucedió. Katara. Toda esta situación me había quitado el episodio de la mente. Katara…
Apreté los puños.
- Aang, siento que estás perdido. Tu alma no está en calma – me dijo Pathik con tono preocupado.
- Lo siento Pathik. Tengo muchas preguntas que deben ser contestadas. Debo hablar con Roku.
Me paré y dí una reverencia a lo que Pathik contestó asintiendo. Comencé a caminar en busca de un lugar para meditar. Si alguien podía ayudarme, ese era Roku. ¿Qué había sucedido? ¿Cómo pude entrar en el estado Avatar de nuevo? ¿Por qué rayos estaba en el templo aire oriental?. La verdad es que, después de todo, estaba aliviado de estar lejos, muy lejos de Katara. Todos los recuerdos comenzaron a llegar. Extrañamente se sentía como si hubiese pasado mucho tiempo. ¿Y si el cometa ya había llegado? Un estremecimiento de culpa sacudió mi cuerpo. Roku sabrá. Necesito hablar con él.
Encontré una patio al lado de un pequeño edificio. Había cruzado un puente colgante para llegar a la cima de una montaña que era una planicie. Habían varios árboles y el edificio en cuestión, que parecía ser una sala de oración. Decidí sentarme bajo la sombra de un árbol. Crucé mis piernas en forma de loto, y junté mis manos para comenzar a meditar.
Respiré hondo y comencé a nublar mi mente y dejarla en blanco. Pero tenía demasiados sentimientos que me perturbaban. Katara. Tenía tanta pena. Tantos celos. Me sentía traicionado. Cada vez que la imagen de Katara se aparecía en mi cabeza me daba una sensación de vértigo en el estómago. La había visto besar a Zuko. Maldición Katara. Estaban ahí, en el balcón. Abrazados. ¿Cómo saber si ese beso no era el primero? Soy tan ingenuo que no me di cuenta. Pero si es obvio! Katara me ve como a un hermano y jamás seré otra cosa para ella. Katara, Katara, Katara. ¿Por qué? ¡¿Por qué?
La rabia siguió aumentando hasta que exploté. Abrí los ojos rindiéndome al no poder concentrarme. Las lágrimas comenzaron a rodar por mi mejilla. Apreté los ojos y los dientes. Me puse de rodillas y arranque el pasto al introducir los dedos a la tierra. El dolor que sentía era demasiado grande. Katara ya no era para mí. Sollocé al dejar caer la cabeza al suelo. Con mi frente pegada al césped puse mis manos en mi pecho, sintiendo el gran dolor que me apresaba.
Creo que jamás en mi vida me había sentido peor.
Pero algo hizo eco en mi mente. Nunca me había sentido peor. Y eso era así por que cada vez que había sufrido dolor extremo, entraba al estado Avatar. Nunca había tenido la oportunidad de explotar y llorar con tanta desesperación por que el estado Avatar me lo impedía. ¿Por qué ahora no había entrado? Estaba sintiendo lo mismo que cuando escapé y volé en la lluvia y de eso no había duda. Si había recuperado la habilidad de inducir el estado Avatar con emociones incontrolables, lo lógico es que ahora esté en aquel estado. Algo no me calzaba y necesitaba la respuesta.
Intenté calmarme respirando muy hondo. Todo lo que estaba sucediendo no tenía sentido. Tengo que hablar con Roku. Volví a adoptar la posición para meditar e intenté quedar en blanco. Luego de haber explotado y expulsado todo lo que tenía dentro, se hizo un poco más fácil, pero aún así fue tarea complicada. Podía sentir como las lagrimas seguían corriendo y cómo mi cuerpo sufría espasmos esporádicos. Poco a poco, fui quedando en blanco. Entregándome a mi lado espiritual.
Me olvidé de todo y sentí paz. Sentí mi cuerpo flotar y mi mente fluir. Lo había logrado.
Abrí los ojos y me encontré frente a frente con Roku.
- Aang – Susurró Roku.
- Avatar Roku, tengo muchas preguntas.
- Supongo que entre ellas está el por qué te encuentras en el templo oriental del Aire – dijo Roku alzando una ceja.
- Ehh… Si… asi es… - No entendía por qué lo sabía. Entrecerré un ojo en señal de duda. La respuesta no se hizo esperar.
- Yo te he traído hasta aquí, Aang. – Roku me miraba imperturbable.
- ¿Cómo? ¡Pero si yo perdí la habilidad del estado Avatar! Al bloquearse mi séptimo chakra cuando Azula me atacó creí que ya no podría usar las habilidades de mis vidas pasadas. – Todo esto era muy confuso.
- Aang. Es verdad. Tu chakra esta bloqueado, y ya no puedes entrar al estado Avatar ni siquiera cuando te encuentras en un estado emocional inestable.
- No puede ser… Yo creí que había entrado al estado avatar después de sentir mucha pena y rabia – las palabras salieron de mi boca y me hicieron sentir tristeza.
- No Aang. Tu ya no puedes entrar en nosotros, pero nosotros si podemos entrar en ti – Roku dijo esto mirándome todavía con ese gesto imperturbable.
- ¿Cómo? – no se si realmente lo que decía no tenia ni pies ni cabeza o si yo no acababa de entender.
- He guiado tu camino por ti. Has entrado al trance del estado Avatar, pero gracias a mí. Sólo guié tu camino, pero ya no puedes adquirir el poder de tus antepasados.
- O sea, Roku. Me salvaste… - Lo miré con admiración- Gracias. – sentí un raro sentimiento de alivio. A pesar de todo, si había alguien que estaba preocupándose de mí, aunque no estuviera en el mundo real. Roku me dedicó una sonrisa paternal.
- Roku, el cometa aún no ha llegado? – Casi se me olvidaba. Era la pregunta más importante.
- No Aang. Viajaste toda la noche y llegaste al templo esta mañana – Uf que alivio. Todavía estaba a tiempo.
- Maestro Roku. ¿Por qué acá? ¿Por qué al templo oriental? – Todavía no terminaba de entender las intenciones de Roku
- Escucha Aang, te he traído hasta acá por una razón muy importante. Debes abrir tu chakra para controlar el estado avatar. Esto es crucial. Aún quedan dos días que es tiempo suficiente para abrir tu séptimo chakra. Es la única forma de detener esta guerra.
- Entiendo. No te decepcionare Roku – le dediqué una mirada firme, haciéndole entender en que pondría todo mi esfuerzo.
- Nunca lo has hecho, Aang. Cuento contigo para terminar toda esta guerra a la que pude ponerle un terminó hace mucho tiempo.
Abrir el séptimo chakra. La ultima vez que estuve aquí no pude hacerlo por…
Un pensamiento me invadió, y antes de que nuestra conversación terminara dije:
- Roku. Me trajiste aquí por que sabías que este era el momento en el que podía abrir mi chakra, cierto? O si no lo hubieras hecho antes – Katara estaba en mi cabeza, con profundo dolor.
- Aang, es tu deber salvar al mundo. Ese es el deber del Avatar. El momento se ha presentado y debes aprovecharlo. Recuerda que si pierdes esta guerra, ya no habrá un mundo que salvar.
Asentí. Sabía lo que esto significaba. Cerré los ojos y me dejé caer de vuelta al mundo real.
El sol se estaba escondiendo detrás de las montañas. Había pasado mucho tiempo dentro del mundo espiritual sin darme cuenta. Me puse sobre mis pies y comencé a caminar para encontrarme de vuelta con el Gurú.
Mi destino estaba frente de mí. Tengo que terminar esta guerra, y debo lograrlo cueste lo que cueste. Tengo que abrir mi chakra y para eso tengo que ser capaz de dejar fluir todas las cosas que me aferran a la tierra. La última vez no lo logré por que la sola idea de dejar a Katara me aterraba. Ahora era ella quien me había dejado a mí.
El destino es algo curioso. Te da vueltas y desordena todos tus planes. Al final creo que esto estaba destinado a suceder. Que Katara haya escogido otro camino significa que el camino para cumplir mi obligación como Avatar estaba libre. Ya no tengo nada a lo que aferrarme. Apreté los puños y los ojos. Era necesario. No había otra forma. Katara… adiós.
- Estoy listo, Maestro Pathik.
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