El de la locura y el de la cordura son dos países limítrofes, de fronteras tan imperceptibles, que nunca puedes saber con seguridad si te encuentras en el territorio de la una o en el territorio de la otra.
Arturo Graf
Serenidad en el olvido...
El aura que oprimía su pecho disminuyo en el momento en que cruzo el portal y fue remplazada paulatinamente por un sentimiento de mareo y nauseas, como si demasiada información se arremolinara alrededor de ella regresando a su cabeza de un solo golpe. Y como si fueran los créditos de una película, los conocimientos empezaron a aparecer en la pantalla casi obscura que era su mente. Brecha no pudo evitar buscar el suelo con sus dos manos para detener el mundo que parecía girar demasiado rápido; sus dos manos. Si hubiera tenido algo de tiempo se preguntaría porque dos minutos atrás tenía un par extra de manos monstruosas pero las náuseas en su estómago eran más importantes. Estaba segura que de haber tenido algo en el estómago lo vomitaría en ese momento. Finalmente todo volvió… excepto sus memorias. Era extraño, de cierta manera sabía cómo funcionaba el mundo pero no sabía cómo funcionaba ella, no recordaba donde había estado, como había llegado ahí, si conocía a más gente, si tenía un hogar, ni siquiera como había logrado llegar ahí; lo único que sabía era un nombre. Brecha. Una frase se le vino a la mente.
-Yo solo sé que no se nada- Brecha se sorprendió de oír su propia voz, de saber que tenía una voz. El lugar donde se encontraba era tan pacifico, no en el sentido de vacío, sino más en el sentido de libre de toda actividad humana, que su áspera voz parecía romper con la armonía. Levantándose analizo su situación, intentando recordar cómo era que había hecho el portal que la trajo ahí Brecha movió sus manos de una manera que le pareció estúpida.
"Por supuesto que no va a servir de nada" pensó cuando después de un par de intentos ninguna ruptura en el espacio sucedió. Cualquier voz era demasiado fuerte para ese lugar.
Al menos el nuevo sitio donde se encontraba tenía más sentido que el anterior. Ahí si había gravedad y por suerte también había piso. Sin embargo era extraño. Se sentía más ligera de lo que recordaba, el piso era suave no por tener pasto o al menos eso creía que era la carpeta de plantas verdes que se mecían al ritmo de una fuerte briza ocupando una larga extensión que parecía interminable y que le llegaba a su cintura. El cielo también era de cierta manera extraño. Estaba tan sumida en sus ponderaciones sobre el cielo que parecía estar en un crepúsculo; de un lado un sol pequeño y naranja y del otro tres lunas, que casi no escucho un susurro que no pertenecía al del viento escurriéndose por entre las hojas albinas.
Un susurro en la distancia la llamaba por su nombre. Haciendo palpable la soledad en la que se encontraba.
Siguiendo la dirección en la que creyó escuchar la voz en el viento, Brecha empezó a caminar por lo que parecieron horas, sin embargo el cielo no dio señales del paso del tiempo. Pronto las dudas empezaron a surgir en su cabeza ¿Qué tal si solamente había creído escuchar esa voz? El lugar parecía lo suficientemente solitario como para pensar que existía otro ser pensante sobre la faz de ese mundo ¿Cómo sabía que iba en el camino correcto? No tenía mas que una corazonada. Y pronto empezaron a surgir preguntas mas mundanas ¿Cuándo era la última vez que había comido o bebido algo? ¿Qué pasaba si empezaba a hacer frio, sus ropas un tanto desgastadas no la mantendrían caliente o que pasaría si empezaba a hacer demasiado calor?, entonces donde encontraría refugio de los elementos en ese paramo blanco. Pero nada de eso le importaba lo suficiente como para preocuparla, sortearía esos problemas cuando surgieran. El descubrir de donde venía el susurro su prioridad principal, paso por paso caminaría hasta llegar a la fuente de esa voz. Cualquier cosa era mejor que la soledad, aunque fuera en un lugar tan pacifico, soledad que una vez consiente de la misma le aterraba de sobremanera.
No paso mucho tiempo después de que se empezó a hacer esas preguntas que visualizo a la distancia una figura que rompía con la homogeneidad del paisaje. Una persona, parecía una persona. Quizás él o ella tenía las respuestas que estaba buscando. Quizá la conocía y podía explicarle que había pasado con sus memorias. Quizá accedería a hacerle compañía mientras buscaba sus respuestas y así no estaría sola. En un arrebato esperanzado Brecha corrió lo mas rápido que pudo hacia la figura que lentamente se empezó a hacer mas grande y mas grande y mas grande… hasta que finalmente pudo distinguirla del todo. No podía expresar con palabras la decepción que sintió cuando vio que el perfil a la distancia no era mas que un árbol de unos dos o tres metros con una forma muy particular. Resaltando por encima del paisaje con sus hojas naranja oscuro, su tronco café pálido y su increíble parecido con un perfil humano. De cierta manera el otro objeto único en ese mar resplandeciente e inmaculado. Acercándose al árbol toco con sus manos el tronco, deseando que en verdad fuera otra persona. Sin embargo nada podía hacer de ese árbol una persona. Alejando la palma de su mano empezó a rodear el árbol, buscando algo especial en el. El árbol era normal, lo suficientemente normal al menos, pero descubrió un pequeño estanque, tan pequeño que parecía un charco grande y casi no lo había visto escondido detrás del árbol. Parándose en la orilla del estanque Brecha se asomo para ver su profundidad. Podía ver con claridad el fondo, no porque fuera muy poco profundo, sino porque como las demás cosas en ese lugar, era un estanque pacífico y su superficie asemejaba un espejo cristalino imperturbado por la briza que parecía soplar de manera perpetua, meciendo las hojas del árbol y el pasto albino así como su cabello y falda. Un espejo. Por primera vez después de salir de la Nada, Brecha veía su rostro. Quitándose el cabello de su cara Brecha observo con detenimiento sus facciones. No era fea, al menos eso creía pues no recordaba tener algo con que compararse, pero a pesar de tener un poco de suciedad fácil de quitar y estar un poco "demasiado" delgada, ella no era fea. Nada que un buen baño y una buena comida no pudieran resolver. Después de unos segundos de observar la fuente fresca de lo que parecía ser agua Brecha se percató de la terrible resequedad de su garganta y labios que desde hace ya un tiempo había estado ignorando. Tenía sed, demasiada sed. Arriesgándose a descubrir de la mala manera que ese charco no era agua, Brecha sumergió su mano derecha en el. Para su sorpresa era mas profundo de lo que parecía y fue un alivio que nada la tomara por debajo del agua ni que su piel se empezara a quemar. Después de esperar un rato para estar segura que no había efectos secundarios y que volvió a intentar sin éxito el abrir otro portal para no tener que arriesgarse a morir por envenenamiento, Brecha se armo de un coraje desesperado para tomar un sorbo de agua. Tenía tanta sed que parecía que no había bebido agua en meses. Tomando un poco de líquido en sus manos Brecha se limpió la cara y bebió un poco. Para su alivio el sentimiento en su garganta no se asemejaba en nada a acido quemándole sus entrañas, sino que era una frescura intensa. Después de beber hasta saciarse se tumbó en el pasto bajo el árbol solitario, lamentando que no existiera un estanque con comida en ese planeta. Mientras tanto el sol y las lunas seguían en su persecución eterna donde la noche quería alcanzar al día y simplemente no podía. Cerrando sus ojos Brecha empezó a dormitar.
Una imagen translucida que se proyectaba en su cerebro asalto su placido descanso. El susurro se dejaba oír de nuevo
Estaba corriendo, sabía que era ella porque reconocía de manera vaga el sonido de sus pasos en el ardiente asfalto, el sol en su espalda y las incandescentes bocanadas de aire que quemaban su garganta y secaban sus labios. Estaba huyendo, huyendo de unos hombres malos. Hombres malos vestidos con un traje extraño y armas aun más extrañas. Ella no había hecho nada malo ¿Por qué la perseguían? Gritaban que se detuviera, gritaban que era un monstruo y disparaban sus armas sin esperar a que ella respondiera. Había caído varias veces pero aun asi no la alcanzaban, estaba sucia y su ropa se había raspado ahí donde rozo con el suelo pero aun asi la perseguían. Unos surcos en su cara marcaban ahí donde las lágrimas escurrían. Estaba cansada, tan cansada que no se dio cuenta del hombre cerrándole el paso en ese callejón. Su estómago choco con la culata de su rifle. Estaba asustada, tan asustada que no podía hacer ningún portal para escapar a su lugar feliz. Papa y mama habían sido secuestrados por esos hombres cuando despertó en la mañana y desde entonces corria. Las lágrimas no dejaban de correr. Tenía tanto miedo de que la lastimaran que lo único que podía pensar era en correr, ni siquiera en crear un portal. Estaba tan asustada, tenia tanto miedo… tenia tanto enojo. ¿Por qué la gente la veía raro? ¿Por qué disparaban en vez de hablar? ¿Por qué no comprendían que solamente era una niña? Tenia tanta ira. Y el miedo fue paulatinamente sustituido por la ira.
Y la ira le dio fuerza.
Y la ira movió sus brazos.
Y la ira creo un portal para cada hombre y mujer que ahora la rodeaban con sus armas apuntadas.
Y la ira los mando lejos, muy lejos, tal como ella queria.
Y la ira hiso que de su garganta surgiera un grito desesperado.
Un aplauso proveniente de las sombras la distrajo de su ira, una cara sonriente la veía desde un rincón oscuro del callejón al que había ido a parar.
Era una cara larga y bien parecida, su cabello era largo y de un completo color negro menos en dos mechones que eran completamente blancos. Sonreía, pero no era una sonrisa llena de amor ni felicidad ni siquiera asemejaba a un gesto de amabilidad. Era orgullosa, llena de egoísmo y de cierta manera terrible. Pero a pesar del frio que emanaba era reconfortante. La primera cara que recordaba con claridad. En el Abismo había visto otra cara pero no recordaba sus facciones del todo, como una imagen, un objeto que fue observado fugazmente; sabes que lo viste aunque sus características no se afianzaron del todo bien a tu mente y simplemente no puedes decir donde lo viste con exactitud. La nueva cara le ofreció una mano, una mano que no correspondía a ningún humano, grande y dorada con puntas de metal como uñas. "Bien hecho" creyo ver sus labios decir. Brecha sintió como sus propios labios se estiraban en una sonrisa mientras estiraba su mano para tomar el guante dorado ofrecido. La mano que se estiro para tomar el guante dorado era todo, menos humana.
Con sorpresa Brecha se levantó de golpe, su respiración agitada y sus ojos completamente abiertos. Todavía estaba bajo el árbol alienígena y sus manos eran normales ¿Qué había sido eso? ¿Una memoria?
El cielo por fin había cambiado y la noche parecía ganarle terreno al día haciendo que la temperatura bajara un poco.
Buscando el estanque para remojarse la cara y terminar de despertar Brecha encontró otro portal rojo donde antes no había nada. Del otro lado se podía deslumbrar un castillo en ruinas.
Si no tienes nada bueno que decir no digas nada
...
