Hola, mas regalos de fin de año ¡otro capi de la historia! ¡Hurra!
Espero les guste y me disculpen si sueltan unas lagrimitas.
¡Gracias sutkii y liluz! ¡Son las mejores chicas!
¡Déjenme saber su parecer! ¡Con un hermoso REVIEW!
Saint seya, es propiedad de Masami Kurumada, yo solo, les regalo historias que las hagan vivir las aventuras de los personajes.
Premonición, preparativos.
Eo se revolvía inquieto en sus cobijas, lloraba y gritaba, golpeaba y pateaba - ¡nooooooooo!¡maestroooooooo!¡noooooooooo! seguía gritando, Dimitri, el cual, solo vestía unos shores llegó y despertó al niño.
-Eo ¿Qué viste Eo? Preguntó el mayor al niño, este lo miró aún con las lágrimas resbalando por sus mejillas.
-usted moría maestro, moría. Dimitri asintió, el estaba acostumbrado a las visiones, la última que tuvo antes de perder el don, eso era señal de que pronto llegaría el nuevo representante de Ezilla, fue: el cuerpo de la señora Odi roto como el de una muñeca, durante años, esa visión lo atormentó, pero como nunca ocurrió, imaginó que solo había sido un sueño, no, una visión.
- ¿en manos de quien? Le preguntó con suavidad, el niño se tapó el rostro.
- ¡no lo se!¡no lo se! Exclamó presa del miedo, Dimitri le acarició la espalda al pequeño.
-ya Eo, respira, vamos, respira. Dijo mientras el niño alzaba la vista, el mayor tomó una camiseta sucia del menor y le secó el rostro.
-vamos a dormir, estás muy alterado. El niño asintió mientras aferraba el cuello del mayor.
Giselle estaba durmiendo desnuda, en su cuarto, había pasado la noche con Kanon, dormía apaciblemente, cuando el sonido de la puerta al abrirse suavemente, la despertó.
-maestra. Llamó Crisna - ¿Qué pasa Crisna? Son las 2 de la madrugada. Dijo la mujer.
-maestra, lamento molestarla, pero, alguien estuvo en mi cuarto, era una figura pequeña, como la de un niño. Giselle abrió mucho sus ojos.
- ¿la de un niño? Crisna asintió.
-si maestra. Confirmó - ¿Qué quería el infante? Preguntó Giselle, Crisna se apoyó en la pared, ella le hizo señas para que se sentara en la cama.
-lo único que dijo, fue que todos moriríamos. Giselle asintió.
-regresa a dormir, hablaré con los chicos mañana. Crisna asintió se regresó a su dormitorio.
Un llanto se oía en la gran casa de Poseidón, una mujer de largo cabello negro, se removía angustiada en las cobijas.
¡Michel noooooo! ¡Michel! ¡Miiiiicheeeeel! despertaba dando un grito de terror, se abrazaba a si misma -no fue Camus, tampoco Antoin, una sombra mató a mi Michel, una sombra obscura, el había detenido los poderes de mis hijos, los detuvo, los detuvo, pero la sombra, tomó las energías de ambos, las lanzó hacia el, los chicos no lo vieron, una sombra lo mató ¡lo mató! ¡lo mató! ¡una sombra mató a Michel! La puerta del cuarto de la mujer se abrió, una sempiterna joven, pelirroja de ojos azules entró.
-Odette ¿otra vez tienes pesadillas? Preguntó con dulzura, la mujer sollozó amargamente.
Desde ese horrible 11 de marzo, tengo pesadillas todas las noches señora, siempre es lo mismo, con la muerte de Mich, de mi Mich. Anfitrite se acercó a Odette y le acarició la espalda y los hombros mientras espasmos de llanto la recorrían.
-mi Mich, mi amado Michel. Era lo único que podía decir, la pelirroja intuyó que la pelinegra había visto algo mas.
Ya sabes ¿Quién mató a Michel de Acuario? Ella, al igual que su protectora, sabía que ninguno de los gemelos había matado a su padre, Odette lo sabía por intuición, Anfitrite, por certeza.
Si, creo que si. Dijo Odette, Anfitrite la abrazó.
Lo extraño tanto en las noches, a toda hora, me hacen falta sus miradas y besos señora, sus caricias y sus palabras, escuchar sus risas y sus bromas. Anfitrite asintió.
Querida Odette, no sabes como te entiendo. Odette se incorporó.
Debo ir a hablar con Camus, debo decirle, para que no se sienta culpable, para que recupere la relación con su hermano. Anfitrite asintió.
Lo harás mañana ¿quieres que te cante para dormirte? Odette negó.
Me pondré a entrenar.
Al día siguiente, los generales se reunieron todos en casa de Kanon –otra vez ¿Por qué cada vez que debemos reunirnos lo hacemos en mi casa? Preguntó Kanon aburrido.
-porque cocinas de lo mejor Kanuchis. Dijo Tomas divertido –amamos tus galletitas de avena. Secundó Augusto.
-váyanse al infierno. Dijo Kanon malhumorado, Giselle rió y lo abrazó.
-no les hagas caso. Le murmuró al oído –alto chicos, vamos, dejen las pelis de adultos. Dijo Dimitri.
-esto es serio. Dijeron Antoin y Mauricio a coro, Kanon se enserió.
-Eo ha estado teniendo pesadillas. Dijo Dimitri –eso escuchamos. Dijo Tomas.
-tu aprendiz no ha dejado de meterle miedo a los nuestros. Se quejó Augusto –ya chicos. Dijo Giselle conciliadora.
-vamos a ver muchachos. Dijo Antoin –al parecer, recibiremos visitas. Todos asintieron.
-pero no sabemos en cuanto tiempo. Dijo Kanon –Dimitri debe averiguarlo. Dijo Giselle.
-es verdad. Dijo Antoin.
-haré la lectura y les informaré. Dijo Dimitri –por lo demás. Comenzó Mauricio.
-pienso que a la hora de la batalla, los chicos deberían ser resguardados en el soporte principal. Todos asintieron al comentario.
-buena idea. Dijo Kanon –haré los preparativos necesarios. Dijo Giselle.
-hablaré con la señora Anfitrite, quizás ella, debería ocuparse también de resguardarse. Dijo Tomas, todos asintieron y se dispersaron a cumplir sus tareas.
Odette llegó a la entrada del santuario de Grecia, los guardias atravesaron sus lanzas.
-déjenme pasar, excrementos de la inmundicia. Espetó la mujer enfurecida.
-no pasarás marina. Dijo uno con altivez –el que vive allí, es mi hijo rata venenosa ¡déjame pasar antes de que parta tus malditos huesos! Amenazó la francesa, una voz se oyó detrás de los guardias.
-dejen pasar a la dama. Ricardo de Escorpión se encontraba en la puerta.
-yo la escoltaré y la vigilaré. Los guardias asintieron y descruzaron sus lanzas –basuras. Dijo Odette mientras le lanzaba rayos rojizos a los guardias, le tomó la mano a Ricardo.
-hola Odi. Dijo el, ella asintió con un gesto de cabeza –yo te hacía en isla Milo Ric. Dijo la mujer, el hombre le dirigió una sonrisa mientras caminaban.
-he venido a ver a Milo. Dijo, Odette asintió y subieron en silencio hasta la onceava casa.
-gracias Ric. Dijo Odette, el asintió –Odi…siento lo de…estás…tu estás… ella lo cortó.
-no te preocupes por mi. Dijo, el asintió y se alejó, ella entró a la casa, los pasos de Michel y los fantasmas de sus hijos pequeños jugando al escondite se escuchaban por allí, sus fantasmales risas eran eco de un pasado mas feliz.
-Camus, Camus hijo. El aludido salió de las sombras.
-no debiste venir madre, es peligroso y estaba prohibido que pisaras el santuario, desde hace años. Ella asintió.
-lo se, pero… el la interrumpió –si querías verme, hubieras llamado, no hubiera tenido problemas en bajar a Rodorio a encontrarnos. Ella miraba a su hijo.
-Camus, hijo, escúchame, se que no quieres hablar de esto, pero es necesario. El la miró, ella había comenzado a llorar.
-ninguno de ustedes, mató a su padre hijo, lo hizo una sombra. Camus la interrumpió con sequedad.
-tu no estabas allí mamá, no lo viste. La mujer negó.
- ¡tengo pesadillas todas las noches Michel! ¡con tu padre!¡como muere! ¡esos son mis sueños! Camus se acercó y abrazó a su madre.
-lo lamento, mamá, no lo sabía…yo. Comenzó el Acuario, Odette se aferró a su hijo, era como estar en los brazos de su difunto marido.
-una guerra se acerca, los pronósticos de Ezilla son de lo peor, quiero que hables con tu hermano Camus. El negó.
-no puedo. Dijo, Odette lo miró –claro que puedes Camus, hazlo, te lo suplico. El negó.
-mamá, no me pidas eso. Dijo - ¡deja tu maldito orgullo!¡deja el orgullo de pensar que el tuvo la culpa!¡o de que la tuviste tu!¡estaba haciendo su deber!¡así como tu hacías el tuyo defendiendo la maldita ánfora!¡si el espíritu de mi señor no hubiera sido encerrado!¡nada de esto estuviera pasando! Camus soltó a su madre, ese gesto le dolió.
-vete. Dijo secamente, Odette le volteó el rostro de una bofetada –tu hermano y yo, tenemos probabilidades de morir, no te importa ¡no te importa perdernos para no tener que enfrentar la situación!¡deja de esconderte Michel!¡deja de esconderte! Bramó la mujer, Camus formó un poder azul.
-vete. Odette sonrió - ¿vas a atacar a tu propia madre?¿tan cobarde te has vuelto? Camus dudó, esta reflejada en sus ojos.
-me iré, no te preocupes. Dijo la mujer, le dio la espalda, lo miró por encima del hombro –recuerda que soy tu madre y te amo Camus, te amo tanto como a tu hermano, mi corazón, se partió en 3 pedazos principales, tu, tu hermano y tu padre, ojalá fueras valiente en cuanto se refiere a ir y cruzar unas palabras con Antoin, el te ama también, a pesar…de lo…de lo de tu padre. Dijo la mujer, se alejó con la cabeza gacha, Camus se sentó bajo una columna de su casa, se puso las manos en el rostro, comenzó a sollozar en silencio.
Los niños, corrían y jugaban, a la ere, estaban muy felices y se divertían mucho, cuando vieron a una niña de cabellos azules y ojos morados con una armadura roja, los niños dejaron de comportarse como niños y se pusieron en guardia.
-que divertido. Dijo la niña de 9 años –son muy lindos marinitas. Eo la miraba.
- ¿Quién eres tu? Preguntó –soy Irene de Tortura, una de los generales de Ares. Byan abrió mucho los ojos.
-pero…eres una niña como nosotros. Dijo, Irene asintió –así es, obtuve mi armadura a los 8 asesinando a mi maestro, era muy cruel, ya saben, demasiado, así que…lo maté, fue vigorizante, lo encerré en una doncella de hierro cuando estaba medio muerto, lo demás fue historia. Eo tembló.
- ¿Qué quieres aquí? Preguntó Sorrento mostrando su flauta transversa, Irene rió, su infantil risa, contrastaba con la crueldad de su mirada.
- ¿vas a acabarme con una flauta? Mmm suena entretenido, creo que reclamaré a tu maestro. Sorrento se puso pálido.
-no, no he venido a matarlos, por ahora no, he venido a darles un mensaje. Crisna se adelantó –no te tenemos miedo. Pero era mentira, todos temblaban, Irene rió.
-si claro…en fin, el mensaje es: que dentro de 4 días, vendremos a jugar con ustedes, en 7 los mataremos y colgaremos sus cabezas en los pilares como faros para la muerte de los dioses. Todos se quedaron de piedra, Eo comenzó a llorar.
-no llores niño, prometo que no te dolerá…demasiado. Dijo Irene feliz mientras desaparecía, las 4 criaturas, corrieron asustadas hacia sus maestros.
