Las gotas de lluvia golpetearon contra su nuca, una, dos y hasta tres veces antes de que decidiera volver a levantar la vista hacia el camino que llegaba desde la entrada de Samezuka hasta el edificio principal. Quizá en verdad sería mejor que entrase antes de que alguno de sus compañeros intentara localizarlo por el móvil, aunque también podría apagar el mismo pero...tal vez a esta altura ya solo quería esperar un mensaje que dijese que Aomine no vendría por cosas del clima, o de la práctica...¿cómo saber la razón? tal vez simplemente le había salido algo más importante para hacer el día de hoy y no podía culparlo.
Llevó una mano por sobre su móvil para cubrirlo de la lluvia en el momento en que la pantalla se iluminó y los números aparecieron sobre el fondo de flores que tenía. Había pasado una hora desde el momento que ambos habían acordado encontrarse y obviamente que había pensado en su momento que quizá el moreno podría haberse perdido o algo, pero darle vueltas de más no era necesario, no cuando podrían verse en cualquier otro momento.
Y entonces, ¿porque apretaba los dientes? ¿Estaba tan ilusionado con volver a ver a Aomine?
Pasos se escucharon viniendo desde fuera del edificio y una figura alta pronto comenzó a tomar forma. A Rin no le tomó mucho trabajo el reconocer a Sousuke entre la espesa neblina que comenzaba a subir. Claro que le sorprendía de que hubiese sabido donde buscarlo...o tal vez aquél había llegado hasta allí por una simple coincidencia.
—¿Otra vez te has perdido? —Preguntó el pelirrojo, irguiéndose apenas hacia atrás, emulando una sonrisa en sus labios.
—Más bien diría que trataba de encontrarte y por azares de la vida llegué aquí. —El azabache guió el paraguas que traía entre manos para dejarlo reposar justo sobre la cabeza de su mejor amigo. —Vas a pescar un resfriado si sigues aquí. —Y aunque no tenía idea de porqué Rin se encontraba en ese lugar, sabía que su amigo tenía momentos en los que deseaba estar solo, ya fuera por haber discutido con alguno de los chicos de Iwatobi o por otras causas que pudiese desconocer. De cualquier modo pensó que terminaría enterándose porque Rin era un desastre manteniendo sus sentimientos ocultos.
El pelirrojo volvió a bajar la vista. Todavía tenía la esperanza de ver al moreno asomarse por la entrada, pero Sousuke tenía razón y esperar en ese lugar solo conseguiría hacerle pescar un resfriado. Con su meta de ganarle a Haruka y volverse más rápido, no podía darse la chance de perder tiempo de entrenamiento por culpa de una enfermedad. Y guiado por ese motivo, Rin se puso de pie, llevando ambas manos a los bolsillos de su pantalón.
—Quizá podamos competir a ver quien llega antes hasta los dormitorios. —Postuló Sousuke quien, debería ser muy despistado para no darse cuenta de la cara de decepción del pelirrojo y, aunque no sabía el motivo, si sabía que no le gustaba verlo así.
—Eso sería interesante, Yamazaki, ¿No te basta con todas las victorias que tengo sobre ti? —El pelirrojo sonrió ampliamente esta vez.
—Eso es en el piedra, papel o tijeras, no te hagas como si fueras el más fuerte en todo. —El más alto apretó la nariz del pelirrojo con una de sus manos antes de colocar el paraguas justo sobre ambos, aunque claro, si competían, en un momento ya no serviría de nada así que en lugar de dejarlo en ese lugar simplemente volvió a cerrarlo.
No pasó más que un momento antes de que salieran disparados hacia los dormitorios, dejando aquél lugar donde se habían encontrado hasta entonces en total silencio. O al menos fue así hasta que unos pasos comenzaron a retumbar por los alrededores, pasos apresurados bajo la lluvia que pronto había tomado control de la tarde.
Cuando Aomine llegó hasta las puertas de la academia Samezuka lo hizo irguiéndose hacia adelante, aferrándose con una de sus manos a la entrada en lo que recuperaba el aliento. Satsuki lo había entretenido de más aquella tarde, se había olvidado por completo de que los chicos querían reunirse tras la práctica y librarse de los mismos -y sobre todo de la pelirrosa- no había sido tan fácil como en otras ocasiones.
Por supuesto que al sacar su móvil y ver la hora, supo que lo más probable era que Rin ya no siguiese allí esperándole. Y solo entro para confirmarlo, avanzando por el vacío pasillo hasta que encontró un sitio donde sentarse, justo bajo unos árboles que apenas y le cubrían un poco de la lluvia.
Bien, se lo merecía, tardarse más de una hora en llegar era suficiente aviso para comprender que quizá no llegaría, pero estando ahora allí, en verdad sentía que no podía irse sin ver a Rin, aunque fuese solo por un momento.
Por eso se tomó el atrevimiento de marcar el número del pelirrojo antes de guiar el aparato hacia uno de sus oídos. Aun esperaba al menos poder decirle, que en verdad había intentado llegar a la hora, aunque solo fuese una pobre y burda excusa.
El móvil sonó sobre el escritorio de Rin al menos unas dos o tres veces antes de que el pelirrojo se acercara para contestar. Había cambiado su ropa por unos jeans y una camiseta holgada en lo que su ropa de la escuela terminaba de asearse en la lavandería. Una pequeña toalla todavía se encontraba sobre sus cabellos al momento de ver quién era el remitente de la llamada. Apenas apretó los labios antes de guiar con dedos presurosos el teléfono hasta uno de sus oídos.
"¿Hola? Aomine."
"Hey... "Aomine dudó un momento antes de volver a hablar. "Temía que no fuera a encontrarte disponible.
"Ah...no, solo estaba cambiándome. "Rin aprovechó que Sousuke había salido a comprar unas gaseosas para salir hacia el pasillo, llevándose consigo la toalla que aun descansaba sobre sus cabellos. "¿Dónde estás? Puedo escuchar la lluvia bastante claro".
Aomine rió levemente, se sentía como un idiota sentado bajo la lluvia, pero no quería dejar las cosas como habían quedado.
"Pues, estoy sentado aquí, a la entrada de Samezuka...aunque realmente he llegado bastante más tarde de lo previsto". El moreno observó hacia el cielo en el momento exacto en el que un rugido hacia su presencia entre las nubes.
Rin se paró en seco al escucharle. ¿estaba en la entrada de Samezuka? Negó con la cabeza y antes de que siquiera se diese cuenta, ya estaba corriendo en esa dirección.
"Quédate dónde estás. En un momento estoy allí." No le dio tiempo al contrario a que dijese algo y simplemente cortó la llamada. No se esperaba que en verdad viniese más tarde y mucho menos que le esperase bajo la lluvia. Y a pesar de que no había previsto nada de aquello, sentía como sus labios subían en una perfecta sonrisa.
La toalla cayó sobre sus hombros a medida que amainaba la marcha. Su aliento se convertía en vapor al salir por su boca, pero ni el frío ni la lluvia le importaron cuando vio la figura del moreno sentada en el mismo lugar donde rato antes había estado esperándole él.
Aomine no tardó en guiar los ojos hacia el pelirrojo al sentir pasos en su dirección, y sí, efectivamente se había tratado de Rin. Sonrió evidentemente culpable, aunque pronto decidió reemplazar aquella expresión por una más vigorosa, porque nada le quitaba que estaba emocionado de volver a ver al curioso chico de dentadura afilada.
Finalmente Aomine se puso de pie, saludando al contrario con una de sus manos en lo que se acercaba hasta detenerse a un par de pasos de distancia.
—Siento la...
—No es necesario que te disculpes. —Interrumpió Rin al contrario. —No es necesario. Sé que algo debió surgir para que llegaras tarde y no tengo razón para sentirme molesto por aquello así que...
Lo que en verdad hubiese querido decir es que le bastaba con tenerlo ahora delante, pero sería demasiado vergonzoso decirlo de esa forma sin mencionar que no creía que sonara muy bien.
El moreno suspiró justo antes de guiar una de sus manos hacia su nuca.
—Entonces al menos déjame compensarte alguna otra vez. Ahora no creo que nos dejen entrar a algún sitio estando así de empapados. —Aomine sonrió hacia el contrario.
El cabello de Rin había vuelto a empaparse y se le pegaba a la cara, pero ni siquiera eso podría ser capaz de cubrir el leve rubor que ahora tomaba lugar sobre sus mejillas.
Pero todo aquél momento fue cortado por un nuevo rugido en los cielos, uno al que esta vez le siguió una luz que se expandió por el lugar y que hizo que Rin se pusiera algo nervioso.
—Será mejor que salgamos de bajo la tormenta por ahora. —Pidió a Aomine antes de tomarlo por una de sus muñecas y guiarlo hacia el edificio que les quedaba más cerca.
El depósito de la escuela era un lugar donde rara vez había gente. Allí se guardaban las cosas que algunas veces ocupaban durante el año las distintas materias aunque sobre todo, era allí donde permanecían los elementos de las clases de deportes.
Cuando Rin abrió la puerta, la habitación estaba sumida en la oscuridad, aunque por lo menos estaba seco allí adentro. Llegaron justo cuando la lluvia pareció llegar a su apogeo.
—En cuanto se calme un poco prometo llevarte a los dormitorios. —Mencionó el pelirrojo al entrar en el lugar.
—Bueno, no es que pueda quejarme. —Aomine se encogió de hombros, restándole importancia a los hechos mientras observaba el abandonado lugar.
Fue para entonces que Rin recordó que traía una toalla en los hombros y aunque estaba algo húmeda, decidió extenderla hacia el contrario para que al menos se secara el rostro.
Aomine la observó por un par de segundos antes de aceptarla de buena gana, deteniéndose justo en el momento en que secaba parte de su cara porque...era extraño, pero un suave aroma a flores le llegaba desde aquella prenda, uno que en verdad le hacía cosquillas en la nariz y le retaba a permanecer un momento más así, disfrutando del rico aroma.
De pronto se preguntó si los cabellos de Rin tendrían aquél mismo perfume y al observarlo de vuelta, se topo con la curiosa mirada del pelirrojo.
—Ah...lo siento si la toalla estaba muy mojada. —Rin apartó la vista con obvia vergüenza de haber sido encontrado in fraganti con la vista fija sobre el contrario. Sin querer sus pasos le guiaron hacia la pared, lugar donde su espalda terminó reclinándose.
¿Por qué demonios se ponía tan nervioso por solo haber intercambiado miradas con Aomine?
Pero su vista que había estado pegada al suelo desde entonces, subió al momento de sentir los pasos ajenos en su dirección, cortando la distancia entre ambos al punto que casi podía sentir la ropa de Aomine rozar contra la propia.
Los centímetros que les separaban permitieron que la nariz del moreno acariciara con cuidado los cabellos ajenos en lo que los olía, percibiendo sin problemas el exacto mismo aroma que antes había percibido en la toalla que ahora sostenía en una de sus manos.
Rin subió la vista sintiéndose confundido sí, pero también avergonzado de tener al contrario tan cerca. Pero el buscar la mirada ajena fue un nuevo error en su accionar, pues en cuanto sus ojos se cruzaron con los destellos azules del contrario, sintió su corazón dar un brinco.
Allí estaba de nuevo el rubor sobre las mejillas del pelirrojo. Si bien siempre se mostraba seguro de su accionar, esta vez no supo qué hacer, pero bastó que las manos de Aomine se posaran sobre sus mejillas, para que su cuerpo se relajase, como si respondiera al contrario de alguna forma que Rin no alcanzaba a entender.
Luego de eso, todo pasó tan lento y pausado, sus manos tocaron las mejillas de Rin y dejaron que el rostro del pelirrojo se ajustara a la posición del propio. Sus labios rozaron gentilmente los ajenos, antes de que su paciencia se fuera muy lejos y terminara por concretar un primer beso entre ambos, uno que le supo a flores e inexperiencia, uno que le supo a algo cálido que pareció extenderse por todo su cuerpo.
Aomine lo había sabido aquél día en que se habían conocido y volvía a confirmarlo justo en este momento, mientras las manos de Rin rodeaban las propias con sus dedos; quería conocer más a esta persona, le gustaba esta persona, incluso desde la primera mirada que habían intercambiado.
