Capítulo 3
Me encontraba en mi cama, viendo tan sólo el techo de mi cuarto. Tenía una extraña sensación, sentía un dolor en el pecho, no era un dolor que ahogaba pero si latía demostrando así su existencia.
Ya no sabía qué hacer para ayudar a Leah, todo es culpa de estas malditas leyendas. Hace seis meses que me transforme en lobo, y Sam apenas hace unas semanas, después de él no pasaron ni tres días para que los demás chicos empezarán a transformarse: Quil, Embry, Paul y Jared. Mi padre dice que posiblemente también lo hagan Collin y Seth. Y al ser el primero en transformarme me convierte en el Alfa de todos ellos, aparte de que soy el heredero del Gran Taha Aki, pero es un cargo que me estresa.
La culpa me aniquila, yo tuve la posibilidad de advertirle de todo esto a Leah, pero como imaginarme que Sam no imprimaría de ella, algo que muy en el fondo me alegra. Sé que es cruel pensar de esta manera pero la verdad aquí, es que esa chica me gusta y la quiero. Pero al verla sufrir, verla derrumbada, ver como lágrimas caen de esos bellos ojos me mata. Hacen que quiera matar a Sam, arrancando sus partes una por una, pero sé que si hago eso ella simplemente moriría.
Como sacarla de ese pozo de sufrimiento en el que se ha sumido, ella ya no es la de antes, aquella chica que con una sonrisa me alegraba hasta los días más grises, y la que lograba casi lo imposible, arrancarle una sonrisa al idiota de Paul, ese tipo que siempre anda enojado, y obviamente no podíamos olvidar como era capaz de arrastrar a Sam a realizar sus sueños más locos. Y a pesar de que respeto mucho a Sam, no pude evitar fijarme en su novia, pero como no hacerlo, ella es la chica más linda de toda la Push, la más dulce pero con un carácter endemoniado que me cautiva.
Juré a mí mismo que si un día ellos terminaban yo no desperdiciaría la oportunidad y la enamoraría, pero eso ahora ya no es necesario, la imprimación se encargó de separarlos. Lo genial de ser el Alfa es que eso a mí nunca me sucederá, la estúpida imprimación nunca me atrapara; al ser el Alfa soy más fuerte, y eso hace que tenga un mayor control sobre el lobo, o sea, el hombre al ser la parte racional, la parte pensante y la parte que más siente contrala al animal, y yo, el hombre, Jacob Black, ha elegido a Leah para amarla. Y al parecer también al lobo le agrada ya que cada vez que abrazo a Leah siento como este ronronea y nace en él el instinto de protegerla, amarla y hacerla feliz.
Ahora lo único que tengo que lograr es que ella me ame. Que se olvide de Sam, y no me importa cuánto tiempo me lleve eso, lo lograre, lograre devolver a la Leah de siempre, aquella a la que todos quieren y desean que regrese, lograre quitar a esa persona fría, déspota y sarcástica, a esa que llaman la arpía, para volver a convertirla en la chica dulce y divertida que era antes.
—Jake, baja a desayunar —escuché la voz de mi hermana Rebecca sacándome de mis pensamientos.
—Ahorita bajo —tomé una ducha, y bajé las escaleras corriendo. Al entrar a la cocina mi padre y mis hermanas ya tomaban su desayuno— Buenos días.
—Buenos días —saludaron al unísono.
—Hasta que te levantas —dijo Rachel, besando mi mejilla y yo tan solo le sonreí.
—¿Iras a ver a Leah hoy? —preguntó, mi padre, con una mirada divertida provocando así las risas de mis dos entrometidas hermanas.
—Tal vez —contesté.
—Deberías conquistarla ahora, hermanito, no la dejes ir —me soltó Rebecca.
—No lo haré, Leah es la chica que quiero y la voy a conquistar —les dije muy seguro, pero en el fondo tenia mis dudas. Qué tal si no lo lograba y ella me sigue viendo solo como un amigo.
—Me alegro escuchar eso —dijo emocionada Rachel, aplaudiendo.
Terminando de desayunar, me coloqué uno de mis más desgastados pantalones y una camiseta vieja. Abrí la puerta, el aire frio azotó contra mi cara, como mi temperatura era elevada este hecho no me perjudica, y antes de salir escuché el ruido de la silla de mi padre acercarse.
—¿Iras a casa de los Clearwater? —me giré y sonreí. Él ya conocía esa respuesta, desde que Sam y Leah se separaron no pasa ningún día en que yo no vaya a verla, no sé cuál era su intención al preguntar.
—¿Necesitas que haga algo por ti? —pregunté.
—Sí, dile a Harry que mañana domingo saldremos de pesca, Charlie ya está avisado.
—De acuerdo —salí de casa.
Esta noche le había tocado la guardia a Sam y Paul, fui detrás de un árbol y me despojé de la ropa, amarré las piezas a mis tobillos, y me concentré para entrar en fase. En segundos sentí la suave tierra humedad entre mis garras. Empecé a trotar e inmediatamente me uní a la mente de los chicos.
—Chicos, los veo en la playa —les ordené.
—Ahorita vamos.
Llegué a la playa, mientras esperaba la llegada de ambos lobos me dispuse a observar la olas. Se veían tormentosas, así como los tomentosos pensamientos que se alojaban en mi mente. La rabia ante esta situación me ahogaba, no poder ayudar a Leah me carcomía las entrañas. El sufrimiento de ella no era más que la consecuencia de esta maldita leyenda, leyenda que debió quedarse en eso, en una simple leyenda.
Escuché el ruido del viento romperse por la velocidad en la que venían los chicos. Desde que Sam se transformó las cosas no han sido fáciles, antes éramos amigos, pero ahora con todo esto las cosas han cambiado, y la única razón aparente es porque no quiere que yo sea su Alfa. Pero eso a mí me da igual, si le agrado o no, ese no es mi problema. Mi único problema aquí es recuperar a la Leah de antes.
—¿Quieres dejar de pensar en mi Leah? —me rugió Sam, sus ojos negros centellaban peligrosamente.
—Sam, contrólate —escuché que le decía Paul.
—Por lo que sé ella no es tuya —le dije calmadamente pero alzándome en toda mi estatura.
—¿Y eso a ti qué? —gruñó— Desde que todo esto ocurrió no has dejado de pensar en ella y me lo he aguantado… tú sabes muy bien que aun la amo, pero esto de la imprimación es más fuerte que yo —gritó mentalmente, y me percaté de que todavía había amor y dolor en él.
—Pues aquí de frente te digo, Sam Uley, yo quiero a Leah y haré todo lo posible para conquistarla y hacer que se olvide de ti —observé como se ponía en posición de ataque y gruñidos furiosos salían de su garganta.
—Eres un maldito traidor, cómo pudiste llamarte mi amigo cuando lo único que deseabas era quitarme a Leah.
—No soy ningún traidor —espeté— Cuando ella estaba contigo, yo respete su relación, aunque no te lo niego desde ese entonces ya me gustaba, pero ahora que ella está sola no pienso perder mi oportunidad —le solté con calma.
—Tan solo quiero que me contestes algo, y si logras conquistarla, hacer que te amé ¿Cómo le harás cuando te atrape la imprimación? —pregunto él. Pude ver en su mente que esa era su única esperanza para que yo no lo intentara, pero que sorpresa se iba a llevar.
—Sam, deberías conocer mejor las leyendas y todo lo que implique en ésta —vi su cara de confusión y sonreí internamente— El Alfa de la manada nunca se imprime, y si no me crees, puedes preguntarles al consejo de ancianos —vi como sus ojos volvían a irradiar esa aura de peligro.
—No, eso no es posible, tú no te puedes quedarte con ella, ella es mía, maldito, mía tan solo mía —gritó él, antes de embestirme con todas sus fuerzas.
La batalla era intensa, podía sentir cada uno de sus sentimientos en cada golpe o mordida, pero yo no me quedaba atrás. En mis golpes le demostraba la furia que me hacía ver el sufrimiento de Leah, la ira de verla desboronada, el dolor de sus lágrimas. La pelea terminó cuanto coloqué ambas patas sobre el pecho de Sam y le gruñí muy cerca de rostro.
—Cálmate Sam —le ordené y lentamente me alejé de él.
Pude observar como Paul se encontraba echado alado de un árbol observando entretenido la pelea. Sam se levantó jadeando de manera rabiosa con ganas de volver atacar
—Vete a casa, Sam —le volví a decir. Le hice un gesto a Paul para que me siguiera y así lo hizo— Avísale a Quil y a Embry que les toca la guardia toda la tarde —él tan sólo asintió.
—¿Y a quien le toca la de la noche? —preguntó, sonreí al ver que deseaba escuchar que no le tocaba a él.
—Yo la hare, ahora tú y Sam vayan a descansar.
Después de eso salí a todo galope a la casa de los Clearwater. Detrás de un árbol salí de fase y me vestí. Caminé lentamente a la pequeña casa, antes de llegar pude ver como Seth salía de su casa y cerraba la puerta de manera estruendosa. Él no se había percatado de mi presencia y observé como pateaba las rocas del camino como si estas lo hubieran ofendido. Su cara presentaba enojo, tristeza y frustración, y maldecía en voz baja.
—Oye Seth —grité, cuando vi que se disponía a lanzar una maceta de las cuidadas flores de su madre— ¿Qué pasa, hermano? —sus ojos estaban que echaban chispa y, aunque sabía que su coraje no era contra de mí, me veía con rabia.
—Lo que pasa es que ya no soporto a mis padres —me gritó furioso, y después lanzó la maceta de barro al suelo. La puerta se abrió y la cara de Sue, al ver su maceta destrozada y toda la tierra en el suelo, me recordó a Leah cuando sacaba una mala nota.
—Cómo te atreves hacer eso Seth, estas castigado y no…
—Déjame en paz, Sue —espetó Seth. El rostro de Sue de distorsionó por el dolor al escuchar la rabia con la que su hijo le hablaba. Me acerqué a él y le coloqué una mano en el hombro.
—Cálmate, Seth —aconsejé. Sentí como la temperatura aumentaba y su cuerpo empezó a temblar.
Esto no podía estar pasando, el cuerpo del muchacho cayó al suelo aun convulsionando, sus ojos se tornaron amarillos y en ellos había el dolor que la transformación provocaba, los temblores iban en aumento y segundos después ante mi estaba un lobo de color arena aullando. Los trozos de tela se regaron sobre la tierra. Sin preocuparme en la reacción de Sue y sus exclamaciones de asombro, me desnudé y entré en fase. Me conecté mentalmente con él.
—Seth, mírame, trata de respirar profundo y levántate —le pedí, pero el solo aullaba— Seth, lo que quieras decirme hazlo mentalmente —vi cómo luchaba para concentrarse. Sus ojos me enfocaron y empezaron a tranquilizarse.
—Santo cielo, soy un animal —fue lo primero que gritó estando ya de patas. Empezó a caminar y se balanceaba de un lado a otro— Ve tengo una colita —me reí por la tonterías que hacía y decía. Parecía un cachorro persiguiendo su propia cola.
Seth, cielo ¿estás bien? —preguntó, la señora Clearwater acercándose de manera lenta.
Vi como Seth se alejó, esquivando la mano de su madre que lo quería tocar. No sabía lo que pasaba, en la mente del chico tan sólo había un fuerte dolor y coraje en contra de sus padres. Lo que haya pasado tendría que haber sido grave.
—Seth ¿quieres ir a dar una vuelta? —pregunté, para ver si aligeraba la tensión en ese lugar.
—Sí.
Fue todo lo que contestó y corrió lejos de su madre. Me giré y con mis dientes atrapé mi ropa. Me despedí de Sue con un movimiento de cabeza, pero ella tan solo tenía ojos para su hijo que se alejaba, ojos llenos de lágrimas.
Seth, me esperó en medio de un claro. Cuando llegué él estaba saltando unos troncos y espantando a las aves que se posaban en la copa de los árboles. Sus aullidos alegres alejaban a los animales.
—Esto es genial —exclamó, antes de embestirme.
—Sí, chico, esto es genial, ahora contrólate ¿quieres? —le pedí, ya que él no paraba de saltar y correr.
—Me encanta. Mira, soy un lobo —su voz aun sonaba asombrada. Lo vi caminar viendo sus peludas patas— Sí que parezco un peluche —se empezó a reír. Yo reí este chico era todo un caso— ¿Oye, porque tú eres más grande? —preguntó, ladeando la cabeza.
—Porque soy mayor que tú —le respondí.
—¿Entonces mientras vaya creciendo el lobo crecerá?
—Así es —contesté.
Después de eso salió corriendo. Lo peor de todo, es que no vería a Leah hasta que la hiperactividad del recién lobo se calmara. Me detuve y vi a Seth en la punta del acantilado, y como si fuera un lobo de verdad y la luna estuviera en lo alto empezó aullar de manera escandalosa
—Basta, Seth, no somos realmente animales para aullar —le dije, riendo
—Lo siento, es que me encanta todo esto —dijo.
Escuché las pisadas, y los pensamientos dispares de mis compañeros. De entre los arboles vi a salir a los lobos que patrullaban.
—Pero mira, Seth se transformó —dijo, emocionado Quil.
—¿Quil? ¿Embry? Chicos que gusto verlos.
Seth se lanzó a Embry para derribarlo, y en minutos los tres jugaban de lo más entretenido. Yo me senté al borde del acantilado, esperando a que los tres cachorros terminaran su juego. Procuraba no pensar en Leah pero realmente se me hacía difícil, sentía que algo estaba mal, algo había cambiado en ese lugar. Necesitaba verla con urgencia pero no podía dejar solo a Seth. Ser Alfa no me gustaba, pero no por eso dejaría a un lado mis obligaciones con la manada.
—Lo sentimos, Alfa, nos distrajimos de nuestro trabajo —escuché las disculpas de Quil y Embry. En cierta forma me molestó; ellos eran mis amigos y no tenían que disculparse por algo como esto.
—En serio, chicos, me estoy cansando de que me traten como un jefe abusador. Soy Jacob, el mismo con el que se escapaban de clases de matemáticas —reproché.
Me levanté y caminé hasta ponerme enfrente de ellos. Escuché como soltaban unas risas y luego se lanzaban a mí, empezando el juego de nuevo.
—Bueno, chicos, Seth y yo debemos seguir… saben pueden tomarse la tarde libre. Yo hare la guardia junto a Seth, ya en la noche la hacen ustedes ¿les parece? —les pregunté.
Quil y Embry asintieron y corrieron de nuevo al bosque después de unos segundos sentí como se desconectaban de la comunicación mental. Le hice una seña con la cabeza a Seth para que me siguiera.
—¿A dónde vamos? —preguntó Seth, mientras olfateaba algunas florecillas.
—A mi casa, quiero decirle a Billy de tu transformación —respondí.
Estábamos ya en los lindes del bosque que daban hacia mi casa, salí de fase y me vestí detrás de un árbol. Como sabía que mis hermanas estaban en casa no podía pedirle a Seth que me siguiera y saliera de fase enfrente de ellas, sabiendo que quedaría completamente desnudo. Así que le pedí que me esperara mientras iba por algo de ropa. Regresé con la ropa y se la tendí, le costó mucho transformarse pero al final lo logro.
—¿Y Billy? —preguntó, cuando vio sentarme sobre unos troncos.
—No está, dicen mis hermanas que se fue a casa de Charlie —le contesté. Tenía curiosidad por saber qué era lo que había pasado, cuál era la causante de su transformación, pero no sabía cómo abordar el tema— ¿Una pregunta? —él asintió y se sentó a mi lado— ¿Por qué estabas tan enojado cuando llegué hoy a tu casa?
Su mirada se perdió en la profundidad del bosque. El gesto de su cara pasó de tranquilidad a molestia. Sus manos ejercieron fuerza sobre la rama que tenía en las manos, y ésta se partió a la mitad con un crujido.
—Porque no soporto a mis padres, sus malditos secretos, las cosas que dicen y hacen, sus estúpidos prejuicios, todo, absolutamente todo. Ya no lo soporto, y lo peor de todo es que mi hermana es la única que debe cargar con la cruz de sus errores.
Sus palabras fueron apretadas en sus labios, como si no pudiera decirlas pero que si las retenía más tiempo se iba a ahogar. Me descolocó su expresión, Seth era incapaz de hablar de esa manera, todo esto era más común en Leah. Vi como una lágrima escapó de sus ojos; posé un brazo sobre sus hombros. Seth para mí era como un hermano menor, sea lo que sea que haya pasado, yo lo iba a ayudar.
—Seth, si quieres hablar hazlo, sabes que yo te ayudare —le dije.
Él se bajó del tronco y empezó a caminar de un lado para otro. Casi podía ver su cabeza trabajando la manera de decirme algo, pero quizás no encontraba las palabras exactas. Abrió la boca un par de veces pero la volvía a cerrar.
—Jake, yo sé lo que sientes por mi hermana —habló, por fin. Su mirada se clavó en mi rostro.
—¿Tú lo sabes? —pregunté, desconcertado. Siempre creí que fui la persona más discreta del mundo ocultando mis sentimientos.
—Sí, y no te preocupes, no pienso hacer un drama y golpearte por ver a mi hermana —dijo, sonriendo— Es más, eres el único al que me agradaría tener como cuñado. Sam siempre me pareció un chico prepotente —sus labios se crisparon, y sus manos se cerraron en puños.
—Es bueno saberlo.
—Sé que te gusta, y no entiendo cómo es que ella, o la gente de la reserva no se han dado cuenta—frunció el ceño y negó con la cabeza. Mi futuro cuñado sí que me salió perspicaz— Y la verdad no sé cómo decirte esto, a mí me ha dolido mucho y no sé cómo lo tomaras tú —eso último no me gustaba.
—¿Decirme que? —sentí una opresión en el pecho. Esto tenía que ver con Leah, y el coraje que tenía Seth. La preocupación comenzó a subirme a la garganta, y por alguna extraña razón la urgencia de ver a Leah aumentó, hasta el punto de querer entrar en fase en ese mismo instante y correr a su casa.
—La razón por la cual no quiero ni puedo ver a mis padres es porque ellos corrieron a Leah de la casa —me soltó de golpe, y sus ojos chispearon con más fuerza.
—¿Pero… pero por qué? —le pregunté, asombrado de que Harry haya corrido a su princesa de casa.
—Jacob, no sé cómo vas a tomar esto… —se pasó una mano por el cabello.
—Seth, dilo ya —le grité, desesperado.
—Tan solo contéstame algo —pidió. Yo asentí frenéticamente— ¿Quieres a mi hermana? —me preguntó.
Supe que esta iba ser una respuesta crucial para continuar con la conversación. ¿Quererla? Eso se queda demasiado corto para lo que siento. Yo amo a esa chica; amo todo de ella, desde sus enojos atronadores hasta la dulzura de sus sonrisas, sus cabellos oscuros, sus ojos aceitunados, su forma de ser; cada detalle, cada virtud y cada defecto, me engancharon más a ella de lo que algún día podría expresar con simples palabras.
—No, Seth, yo no quiero a tu hermana —vi como sus ojos sé llenaron de tristeza y enojo— Yo amo a tu hermana, la amo más de lo imaginable, no sé cómo sucedió ni cuando, de repente me encontré amándola como a nadie —me sinceré.
—Entonces si la amas tanto como dices, tendrás que ser fuerte para lo que se avecina —aconsejó. Volvió a retomar esa caminata nerviosa.
—Dime que es lo que pasa ¿Por qué tus padres corrieron a Leah de la casa? —le pregunté, aún más desesperado.
—Jacob, esto es importante. Aun no sé cómo funciona esto, pero presiento que posiblemente tú o tú lobo no lo acepten —murmuró, con frustración.
—¿Aceptar que? Seth estás dando mucha vuelta.
—Leah —suspiró— Leah está embarazada —soltó al fin.
El lobo dentro de mí aulló con fuerza; quería salir y descargar todo la rabia de alguna forma. Pero inmediatamente supe que no era por saber que ella tendría un hijo de otro, era más el saber que la mujer que ama está sola, desprotegida y sin casa, eso era lo que le estaba doliendo. Mi instinto protector bullía dentro de mí, como fuego quemándome toda la piel. Quería tenerla a mi lado ahora mismo.
—Jacob ¿estás bien? —me preguntó Seth, preocupado. Me costó enfocar mi vista en él. Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba temblando y gruesas lágrimas caían de mis ojos.
—No, Seth, no estoy bien —le respondí, sinceramente.
—¿Esto cambia algo los sentimientos que tienes por mi hermana? —cuestionó, preocupado.
—No, yo la sigo amando igual, y no te preocupes por el lobo, él esta rabioso pero no por saber que tú hermana está embarazada es el hecho de que ella está sola y desprotegida. El lobo es muy sobreprotector con las personas que ama —le contesté, con suavidad para darle una tranquilidad que estaba muy lejos de sentir— ¿Es por eso que tus padres las corrieron de casa?
—Sí —musitó. No pude evitar que la rabia me ahogara— Ves porque no quiero verlos, corrieron a mi hermana porque supuestamente la maldita tribu no se podía enterar de "su estúpido error" y Harry le pidió a Leah que abortara o sino que se fuera de la casa.
Ahora entendía todo, la rabia de este chico estaba bien justificada, yo mismo tenía ganas de ir a casa de Harry y partirle la cara por imbécil. Prejuicios baratos.
—¿Y Sue no la apoyo? —pregunté.
—No, ella estaba de acuerdo con Harry, los dos alegaron de que esto era tan solo un estúpido error. Y por supuesto Sue le pidió a Leah que no fuera a pedirle ayuda a Sam —esa última parte me enfureció, yo no iba a permitir que Sam se acerca a Leah.
—¿Y qué más paso?
—Pues, Leah dijo que ella no iba abortar, que le valía lo que pensara la gente y que mis padres acaban de perder a una hija y a un nieto —murmuró, tristemente.
—¿Cuándo se fue?
—Hoy, en la madrugada.
—¿A dónde se fue? —necesitaba saberlo para ir a buscarla, traerla y si ella no quiere regresar yo me quedaría con ella, no la dejaría sola. Estar separado de ella no me dejaría vivir.
—No lo sé, me dejó su celular y me dijo que cuando estuviera instala me llamaría —me contestó, nervioso— Ya ves porque estoy tan molesto, no sabes lo que sentí al ver a mi hermana siendo humillada y golpeada por Harry, y pidiéndole la bajase de que aborte —mi cabeza repitió esa horrible palabra.
¿Golpeada? Harry se atrevió a tocar a Leah, se atrevió a golpearla, maldito, sabiendo que está embarazada. No pude evitar el temblor de mi cuerpo, la ropa explotó, y entré en fase. Seth se alejó de mí y vi cómo se quitaba la ropa, en segundos ya estaba en sus cuatro patas.
Empecé a correr, esto era más de lo que podía soportar, ella, mi niña dulce siendo golpeada por un imbécil tan solo por unos malditos prejuicios. Observé en la mente de Seth todo lo que había pasado en la noche. Los recuerdos de ver a Leah en el suelo protegiendo su vientre fue lo más duro; los golpes y los insultos de Harry ya me los cobraría luego. Vi la fiereza de Leah al decir que no iba abortar, el tono de voz no menguando en ningún momento. Vi la rabia de Harry al escucharla, vi el enojo de Sue ante todo esto. Luego observé la conversación de ellos dos, cuando ella dijo que se iría para no ofender a nadie con su presencia, verla partir.
Harry me las pagaría, ella no tenía por qué irse, este era su hogar. A mi lado es donde pertenecía. Sin darme cuenta llegué a la casa de los Clearwater. Pude ver a Harry cortando unos troncos y me acerqué a él dispuesto a todo, pero Seth se interpuso en mi camino.
—Sé que estás molesto, aunque yo también quiero que pagué por lo que hizo, mi hermana le dio la peor de las venganzas —aseguró— Le quitó la posibilidad de estar cerca de ella, de ver nacer a su nieto, de verlo crecer. Mis padres renunciaron a lo mejor que les pudo haber dado mi hermana y eso era el ser abuelos.
Las palabras de Seth lograron calmarme, él tenía razón, Leah les quitó a ellos toda la dicha de ver crecer a un niño, ellos mismo trajeron su propio sufrimiento. Yo no tenía que mover ningún músculo, pero las ganas de golpearlo no se iban.
Harry se percató de nuestra presencia, y se acercó con pasos cautelosos.
—¿Seth eres tú? —pregunto con ilusión. El chico tan sólo le gruñó, y se alejó.
Seth salió de fase.
—Déjame en paz, Harry —le gritó, antes de entrar corriendo a su casa.
Después de eso salí corriendo, si me quedaba un segundo más cerca de Harry iba a cometer una locura. Corrí a mi casa y entré por la ventana. Llegó la noche y yo seguía rebanándome los sesos pensando en donde buscarla.
Oh, veo que esto no tiene aceptación. Si noto que la cosa sigue así, pues mejor la quitare. Aun así gracias a los que se tomaron los minutos para leer las divagaciones de esta mente.
By. Cascabelita
