Culpable

By Sophieluna

Tercero: Exilio

Una semana había pasado y Harry, aun no mostraba señales de mejorar. Medio muerto y ensangrentado, Hermione le llevó a San Mungo luego de hallarlo abrazado al slytherin, en el destrozado apartamento. Le entregó su magia a Draco para salvarlo, de hecho, consiguió sanar cada una de sus heridas, dejando sólo secos rastros de sangre sobre la blanca piel del rubio. Hoy sólo se mantenía estable bajo todos los aparatos que le mantenían vivo, siendo incapaz de respirar por si mismo. Lejos de despertar, atado a la deriva en el vacío en que su culpa le dejó.

Tomó una mano entre las suyas y al sentirla helada, la apretó fuertemente para devolverle la calidez que ya no tenía. El pecho del moreno se alzaba acompasadamente, gracias a la respiración asistida, era la única muestra de que estaba todavía vivo. El único movimiento de su cuerpo luego del caos que se había desatado…

Sonrió pesadamente, sintiendo que la tormenta ya había pasado del todo y que sólo faltaría un poco de tiempo para que su mundo volviera a girar en la dirección indicada. Recordó que Ron ya no estaba a su lado, que unos malditos se lo habían robado y que todos habían caído en la trampa… y la tristeza vino de nuevo, arrancándole largos suspiros y lágrimas saladas. Estaba sola junto a Harry que se negaba a vivir, lejos de nadie, apretando los ojos y luchando por no dejarse caer a su lado.

Draco estaba lejos, en su mansión, encapsulado y sin ganas de verla de nuevo, según lo que el mismo rubio había dicho. Draco no olvidaría nunca, así que ella debía acostumbrarse al reducido mundo en que se había convertido su vida. Se acercó lentamente a Harry, hasta quedar bastante cerca para hablarle al oído.

-Sabes que te quiero mucho… -susurró, revolviendo con su mano libre el negro cabello; - que haría cualquier cosa por devolverte tu sonrisa… -De nuevo, las lágrimas rodaron por sus mejillas, haciendo temblar su voz y apretar con más fuerza su mano alrededor de la muñeca del moreno.

Un par de golpes en la puerta, le hicieron saber que su tiempo había terminado. Debía salir para que Molly, Ginny y el resto de Weasleys pudieran visitar a Harry. Por momentos olvidaba que, existían personas ahí afuera que se preocupaban igual que ella, aunque ajenas en alguna medida.

-Draco está bien, Harry… -continuó, repitiéndolo de nuevo, como cada día desde que el moreno estaba allí; -está en la mansión… -en ese punto, siempre se le agotaban las palabras, -le salvaste la vida con tu magia, sólo falta que te recuperes y sigas con tu vida. Sólo faltas tú, Harry.

Besó al moreno en la frente, sintiendo el helado contacto de la piel de Harry con sus labios, cada vez mas desconcertada por el frio que el cuerpo de su amigo estaba calando. Acomodó la muñeca del moreno cuidadosamente, limpió sus lágrimas y salió.

-oOo-

Volver a su anterior vida estaba costando sus últimos esfuerzos. Era una lucha a muerte con el vacio, el silencio y el dolor que aun hacía sangrar su pecho. Estaba de nuevo en el lugar en que había terminado luego de la guerra, con dolores que las pociones no podían sanar y pesadillas que arrancaban su sueño. Recordó que tan sólo unos meses atrás, se había despedido del encierro que por mucho tiempo fue su mundo, reducido a las altas y oscuras paredes de su vacía mansión. Hoy regresaba a ella, con mucho menos de lo que tenía, clamando por refugio y fuerza para no derrumbarse de nuevo.

Pero en medio del desastre que había quedado, existía una cosa clara: encontraría a los malditos responsables de lo ocurrido, así fuera lo último que hiciera. Tenía grabado a fuego en su cabeza, el rostro de cada uno de ellos; de hecho, por alguna razón, no le sorprendió encontrarlos en el apartamento de Weasley, sabía perfectamente que era lo que querían. Quizá, esa era la peor pesadilla que le había atormentado sin descanso durante las últimas noches. Porque las pocas horas en las que podía conciliar el sueño, se veían eclipsadas por el horrible recuerdo de lo sucedido en aquel lugar… cada vez, la pesadilla se esclarecía mas, mostrándole sin clemencia alguna… todo.

Estaba de espaldas acostado sobre su cama, refugiándose en el calor de su cuerpo entre las mantas, sin ganas de levantarse, huyendo de cualquier actividad que no fuera recordar. El fuego ardía en la chimenea, distante, iluminando débilmente y sólo lo suficiente para que sus ojos se perdieran entre las llamas. Un momento después, la pesadilla cobraba vida, de nuevo.

-oOo-

El mensaje era bastante claro:

"Malfoy, ven a mi apartamento ahora mismo. Tengo algo urgente que mostrarte."

Ron Weasley

La lechuza esperaba a por la respuesta, apoyada en la ventana. Era demasiado extraño para ser verdad, de hecho, era la primera vez que el gryffindor le llamaba de esa manera. Aun así, garabateó un "espérame, comadreja" rápidamente en el revés del pergamino y lo ató a las patas del animal. Hizo su peor mueca de desagrado y caminó hacia el baño, todavía medio dormido.

Cuando se apareció dentro del apartamento del pelirrojo, la quietud que encontró le hizo sospechar aun más. En las pocas veces que había visitado el lugar en compañía de Harry, las algarabías de los demás Weasleys eran simplemente insoportables o el ruido de los artefactos muggles que Granger había adoptado, hacían imposible cualquier tipo de conversación. Hoy… el silencio era total. Caminó con cautela a través de la acogedora estancia, rodeando los muebles y un gran aparato muggle, que recordaba, emitía imágenes y sonido de casi cualquier lugar.

-Weasley. –Llamó, dirigiendo su vista hacia el sombrío pasillo. Tres habitaciones se encontraban debidamente cerradas, salvo la última, que estaba con la puerta abierta y un asomo de luz se colaba hacia el exterior.

No recibió respuesta alguna.

-Weasley, deja de hacerte el interesante. ¿Qué es eso tan urgente que tenías que mostrarme? –Preguntó con su tono más sarcástico.

El silencio continuó imperturbable. Algo estaba pasando. Era lo último que esperaba… una comadreja buscando jugar a las escondidas. Odió su estúpida resolución que lo había llevado hasta ese lugar, en vez de continuar con su exquisito descanso, entre el calor de su cama. Y pensar que era su día de descanso…

-Si no sales de tu escondite en este maldito momento, te juro que me largo. –Gritó lanzando veneno. Suspiró largamente, sintiéndose furioso.

-Pero qué impaciente puede llegar a ser, joven Malfoy.

El extrañamente familiar timbre de voz, le hizo volver la cabeza en dirección del pasillo. Desde la puerta de la última habitación, unos ojos negros le observaban con un asqueroso brillo que aumentaba lentamente. El viejo mortífago le sonrió satisfecho, adivinando la expresión del rubio.

-¿Qué demonios…? –Draco simplemente, no podía ocultar la sorpresa.

-Joven Malfoy.

-Tu... ¿Qué demonios haces aquí?

"No puede ser… simplemente no puede ser"; pero realmente parecía estar ocurriendo.

-De nuevo, nos encontramos. –continuó, ensanchando la sonrisa.

Un escalofrío le hizo perder el rumbo por un segundo. Había pasado mucho tiempo ya, desde la última vez en que había visto al padre de su antiguo compañero de casa. El odio reverberó sin control, entendiendo el por qué de su "visita".

-Lo he dejado sin palabras. –Se mofó ante el silencio de Draco.

-Maldito… -Siseó al tiempo que buscaba su varita, desesperadamente.

-Absténgase de hacer cualquier movimiento, si no quiere que su nuevo-amigo-Weasley pague las consecuencias.

El rubio se congeló ante las palabras, temiendo por la vida de Ron. Era cierto que en el poco tiempo que llevaba con Harry, la alejada relación con el pelirrojo había empeorado hasta ser detestable, de hecho, aprovechaba cualquier oportunidad para lanzarle fuego envuelto en seda. Tenía que reconocer que lo disfrutaba tanto… aun así, no podría permitir que algo le pasara al gryffindor.

Ante una señal de Goyle, dos mortífagos más, salieron de la penumbra sosteniendo a un maltratado pelirrojo. Draco tragó con dificultad, sopesando sus opciones y viendo el regreso de su pasado que no se molestaba en atormentarlo, una vez más. Avanzaron en su dirección, haciéndole retroceder hasta la estancia, mientras el mortífago se deleitaba con lo que estaba obteniendo.

-Tengo que reconocer que esto era lo último que esperaba. –Habló, cerca de la cólera. –Su padre, que durante su vida luchó contra los sangresucia, esa inmunda plaga que sólo han infestado de malas costumbres nuestra sociedad, inyectando la corrupción y la perversión dentro de nuestros hogares… -la parsimonia en su voz tocaba un punto efervescente. Un poco más y podría parecer estar dando un discurso de moralidad ante un público de marginados sociales; -a pesar de que algunas antiguas familias, -hizo un ademán cargado de desprecio hacia Ron,

-estaban permitiendo su ingreso al seno de nuestras vidas, luchamos para erradicarlos… no es posible como usted hoy, esté echando por tierra el esfuerzo de tantos hombres honorables siendo parte de la misma plaga.

-Deja tu asquerosa diplomacia para otro día. ¿Qué es lo que quieres? –Inquirió, Draco, con su tono mas helado.

-¡Pero qué modales! –Suspiró, profundamente conmovido; -creo que la influencia de esta gente ha hecho mella en su educación, y pensar que el señor Lucius estaba tan comprometido por…

-¿Vas a hablar de una vez o…? –La expresión del rubio se congelaba en un arremedo de sonrisa entremezclada con el asco y la desesperación contenida que sólo fortalecía más su espíritu. El mortífago caminó dos pasos en su dirección, cambió rápidamente sus facciones y murmuró:

-Puede dar por terminado su treta por deshonrar a su familia, joven Malfoy. Es hora de que alguien le haga recordar cómo debe comportarse.

-No es de tu incumbencia lo que yo haga o deje de hacer con mi vida. Creo que ya estoy en edad de elegir… -Alzó la voz peligrosamente, - o ¿aun debo pedir consejo antes de escoger entre el negro y el blanco?

-Usted puede hacer lo que le venga en gana, joven Malfoy, siempre y cuando eso no vaya en contra de la honorable organización que su padre…

-¡¡Ya basta de estupideces!! –Gritó, apretando los puños. -¡El trato o lo que sea que tenías con mi padre terminó en el mismo momento en que el murió! O ¡¿Tengo que repetirte que yo no soy mi padre?! Puedes regresar al mismo hueco de donde viniste, -Suspiró recobrando su frialdad; -no voy a permitir que otros manejen mi vida a su antojo. Mucho menos alguien como tú.

-No está en condiciones de exigir, joven Malfoy. A no ser que este despreciable Weasley le valga nada… ¿no es así?

A una señal de Goyle, la varita de uno de los mortífagos que esperaban en silencio, fue dirigida hacia Ron. El pelirrojo empezó a estremecerse horriblemente sobre el piso, gimiendo lastimeramente aun contra su voluntad. Draco parpadeaba desesperado, viendo los ojos heridos del pelirrojo que se esforzaban por enfocar.

-Para ya. –Siseó.

La varita ondeó de nuevo. Los espasmos aumentaron y el cuerpo del gryffindor se convulsionó con mucha más fuerza mientras las lágrimas resbalaban por su rostro sin control. Sus ojos se clavaron en Draco, adivinando, preguntando, esperando. El rubio le observó cada vez más abatido, llenó de aire sus pulmones y alzó la vista a Goyle.

-Te he dicho que pares, maldita sea. Es suficiente. –El brillo en los ojos de Draco, hizo que por un momento Goyle perdiera los estribos. Las facciones del rubio y la forma en que dijo aquellas palabras le recordó su pasado. Parecía estar hablando con el mismo Lucius Malfoy y ese mismo tono cuerdo, helado y tenso.

Incapaz de desobedecer hizo que la tortura terminara. Era el momento de actuar antes de que su vulnerabilidad hiciera perder el rumbo de la misión. Lanzó una mirada hacia su rehén, quien gimió mordiéndose los labios, aturdido, con el rostro lavado de lágrimas y sudor frio.

-Como le decía, ha terminado su burla contra nosotros. Si pensó que nos quedaríamos con los brazos cruzados luego de su "unión" con Potter, permítame decirle que se equivocó. Esa clase de ofensa hacia nosotros, a su estirpe, su familia… no será pasada por alto.

Con un rápido movimiento, la varita del rubio estuvo entre las regordetas manos del mortífago. Entonces Draco perdió todas las esperanzas. Las posibilidades de salir con vida de ese lugar estaban mas que perdidas, incluso, compartiría una muerte con el pelirrojo en el piso. Su nueva vida simplemente quedaba en el mismo lugar de siempre; siendo un febril sueño perdido en lo más profundo de su cabeza.

Los ojos de Ron le taladraron en busca de una explicación, mientras Goyle continuaba con su discurso rancio de buenas costumbres y moral olvidada que sólo a el parecía importarle. Relajó su pecho lo más que pudo, sosteniendo la mirada al pelirrojo Weasley. En sus ojos vio temor y desesperación, pero sólo podía pedirle en silencio un poco mas de tiempo y confianza. Estaba jugándose su última carta; la apuesta era su vida y la del hombre en el piso.

-No tienes por qué meterlo en esto, -Señaló a Ron. –Tu problema es conmigo, a el déjalo en paz.

-¿Pero que dice, mi querido Malfoy… está defendiendo a un traidor de la sangre como a este que está aquí? No puedo creerlo. –Endureció la mirada y alzó la voz; -Usted no es diferente de ellos… usted es un asqueroso traidor que se mofa de todo el trabajo de estos magos honorables. –Le apuntó con la varita; -tiene que pagar por su ofensa, igual que ellos.

Los ojos de Draco se contrajeron ante la visión de la varita apuntándole y el… completamente vulnerable. Observó largamente a Ron que estaba al borde del colapso, pidiendo perdón por estar tan lejos de ayudarle. Bajó el rostro a las hirientes frases que el mortífago no se cansaba de pronunciar, tragando apenas el amargo sabor de su derrota… pudo sentir el peso de sus lágrimas pelear tras sus ojos buscando escapatoria cuando la vio. Estaba girando inconscientemente con su mano derecha un delgado brazalete plateado que descansaba en su muñeca izquierda. Se concentró en el por mucho mas tiempo del que se suponía hasta que recordó completamente y sus ojos se llenaron de una esperanzadora luz. Había una oportunidad de escapar, todavía.

-… la cara que pondrán al saber que el mismo mortífago que había jurado ser un manso cordero, terminó asesinando al mejor amigo de su "supuesto amor" y finalmente decidió suicidarse presa de la desesperación. –Suspiró complacido; -ya puedo ver el titular del Profeta dentro de poco. La justicia estará bastante cerca, señor Malfoy. Es nuestro deber traerla, en nombre de todos los que tienen que esconderse tras las sombras en estos días.

-Esto no los llevará a ningún lado. –Sonrió de pronto, con el rostro erguido nuevamente. –Sólo se hundirán mas, nadie les brindará nada. –Dio un paso. –Sólo la muerte. –Mas seguro que nunca, avanzó un par de pasos mas, desafiante. El rostro de Ron se transfiguraba de pavor. Estaba seguro de que Draco había perdido la cabeza.

-Un paso mas y pedirá no haber nacido. –Siseó, Goyle.

Los dos mortífagos tras Ron se adelantaron cubriendo a su jefe con las varitas en ristre. Draco vaciló antes de dar otro paso y sonreír descaradamente.

-Son unos completos desastres, asquerosos mortífagos. De las cloacas han salido y a ellas regresarán ahora mismo.

-¡¡Maldito traidor!!! –Tres varitas fueron dirigidas hacia su dirección, al tiempo que se lanzaba hacia el vacio a través de la habitación, en busca de Ron. Cayó con estrépito a pocos centímetros del petrificado gryffindor aun presa del pánico.

-¡¡¡Mi mano!!!- Gritó, con la muñeca en el aire. -¡¡Toma mi mano!!

El pelirrojo tardó un par de segundos en regresar a la realidad y extendió el brazo, titubeante.

-¡¡Hazlo!! –Gimió, enloquecido. Su muñeca izquierda ardía indeciblemente. -¡¡¡Weasleeeey!!!

Entonces ocurrió. Un rayo verde y luego un golpe seco llenaron el pequeño espacio. Después, silencio y oscuridad.

Tardó mucho tiempo en descubrir que estaba a salvo, en casa. El crepúsculo que se colaba por las ventanas inundó sus ojos congelados, incapaces de moverse siquiera. Aferró su muñeca sangrante, ajeno al dolor y a la pérdida de su preciado regalo. Sólo podía encontrar en su cabeza la mirada confundida de Ron intentando atrapar su muñeca, un par de segundos antes de perder la vida. Entonces la protección atada al brazalete se había activado y… todo había terminado. Se abrazó a su cuerpo sin sentir nada más que frio, sobre la sobria alfombra de su apartamento. Al menos faltaban varias horas hasta el amanecer donde, tendría que enfrentar a Harry y decirle que era el culpable de la muerte de su mejor amigo.

-oOo-

Día 23. Luz, viento, hojas caer y segundos que corren. Con los ojos secos contemplaba el triste, a sus ojos, atardecer, desde la ventana alta de la habitación donde se encontraba Harry. Hoy se quedaría a su lado toda la noche, a pesar de que Ginny se había ofrecido a relevarla de vez en cuando. Pero creía que era sólo su deber y no el de alguien que no lo merecía, sin importar si tenía la voluntad de hacerlo. El sonido lejano del bosque llegaba distante aunque hermoso a sus oídos cansados. Parpadeó lentamente con la parsimonia real de lo que otorga la nada y se alejó de la ventana, regresando los ojos al demacrado moreno sobre la cama. Continuaba sin presentar cambios, mas helado que nunca, atado a un aparato para sobrevivir y sin el menor asomo de querer regresar. Por un momento todo se volvió monstruoso y sus dolores crecieron hasta hacerse tan grandes que… ocuparon de lleno su mundo. Tomó una silla y la acercó a la cama, bajó los ojos y sólo vio oscuridad, cerca y lejos, detrás de sus parpados y allá en su corazón. Supo entonces que no existía esperanza, ni la más mínima, así viviera por encontrarla un día. Apretó los puños viendo de nuevo la cara de Ron, como tantas veces desde su muerte. En medio de todo, el no la había abandonado… porque aun mas allá de la nada, su mirada y esa sonrisa tranquila seguían haciéndola respirar y levantarse cada mañana.

Horas más tarde, hacía su trabajo acompañada del sonido amortiguado de los aparatos a su izquierda y el palpitar de su corazón. Con un libro sobre las piernas, ya no leía. Imágenes en su mente tomaban color y forma, palabras que venían y momentos que se deshacían minuto tras minuto. Lejos de hallar una calma, su mente trabaja velozmente, enajenándola por completo. Hojas blancas y una pluma aparecieron en su mano para empezar a garabatear datos. Su expresión de profunda concentración no se alteró hasta la madrugada cuando un movimiento inusual a su lado la sacó de sus pensamientos. Era una de las tantas veces en que el ininterrumpido descanso de Harry era agitado violentamente, arrancándole gemidos desesperados o solitarios sollozos cuando la madrugada se deslizaba lentamente. Dejó a un lado los papeles y se incorporó hacia la cama, acercó sus labios al oído de Harry y empezó a hablar, al ritmo de su corazón.

-Tranquilo, no te preocupes… todo estará bien, Harry. –Apretó su mano sobre la muñeca del moreno, helada a su contacto. –Estoy aquí cuidándote, sólo no los dejes que te ganen. Son… sólo fantasmas que se irán si tus los echas… -Suspiró, controlando las lagrimas; -no estás solo. Nunca lo estarás mientras yo esté aquí…

Besó su frente y se quedó ahí, apretada contra su cuerpo frio, pidiendo por un día mejor que no fuera este, ni el de mañana o que el que de seguro vendrá después de este. Sólo uno para sonreír, girar el rostro y ver de nuevo la sencilla risa de Harry, cuando ya nada sea importante.

-oOo-

Los días se escurrieron uno tras otro, sin prisa o pausa, blancos y negros, largos y cortos, llenos de nada y nada en ellos, aunque allá afuera el mundo continuaba girando. Resultó un completo caos huir de los periodistas, chismosos y cada tumulto de sentidos admiradores que igual que el resto, no respetaban su silencio. Tenía que manejar el alboroto sin ayuda, aguantando toda clase de reacciones a su paso, razón que la llevó a abstraerse a su propio mundo, hasta no sentir verdaderas ganas de abandonarlo y dejarse ver de nuevo. Sin embargo, le sorprendía la actitud del Ministerio, que simplemente no actuaba a favor o en contra. Y es que luego de dos meses no tenía la menor ayuda acerca de lo que ocurrió en su apartamento aunque… existían muchas cosas claras en todo aquello.

Tiempo vacío era lo que más abundaba en su vida, ahora que sólo iba de la casa a San Mungo y de allí, de regreso a su biblioteca. Su nuevo proyecto era encontrar a esos malditos culpables de todo el desastre en que se había convertido su mundo. De hecho, los culpaba por cada lágrima y el estado en que habían dejado a su amigo… podía deshacerse en su rabia vengativa mil veces hasta sacar las fuerzas necesarias para continuar con la investigación. Para esto, necesitaba respuestas, las que sólo alguien que había estado en ese lugar, podía darle. Pero Draco había huido. Por muchas semanas estuvo enviándole lechuzas, pidiendo a por su ayuda, al menos una breve entrevista si es que no quería tener contacto… la lechuza con la contestación del slytherin aun no llegaba a sus manos. Estaba segura de que Malfoy Manor estaba deshabitada, luego del par de veces en que logró meterse con gran habilidad en ella. Y parecía que el tiempo se burlaba en su cara y el miedo se alzaba hasta querer derrumbarla si continuaba con todo aquello. Pese a todo, una fría calculación de los datos, los momentos y los sentimientos estaba dando reales frutos en su vida. Pronto, estaba segura, podría comenzar su búsqueda.

-oOo-

Tiró la carta sin abrir sobre el fuego de la chimenea, donde días atrás habían ardido otras más. La insistencia enfermiza de Granger por encontrarle era la peor de las molestias que tenia que soportar hoy, luego de que todo parecía estar acabado. O al menos eso había pensado, desde el mismo momento en que llegó de nuevo a su mansión, con las manos ensangrentadas y la frente perlada en sudor. Y de eso habían pasado dos horas.

Continuó caminando a través de la habitación, respirando intranquilamente, todavía incapaz de emitir cualquier clase de sentimiento. Y es que todo había sido tan absurdamente fácil que le costaba trabajo aceptar que había cobrado venganza. Quizá se sentía peor que nunca, con un nudajo en la garganta y un peso gigante amenazando con acabarlo sobre sus hombros, aun así, estaba terminado. Observó sus manos cientos de veces, con el eco de los gritos y las suplicas que disfrutó, colgando en su cabeza, lejos del dolor y más cerca de la locura. La fría efervescencia con que emprendió su viaje hacia lugares donde podría encontrar casi cualquier cosa conservó su cordura hasta dar con el paradero del asesino de Ron y sus sucios gamberros. Los ajustició uno a uno, clavando su propio dolor y arrancando cada una de sus espinas. El resultado fue horrible y hasta cierto punto, macabro.

Con los ojos opacos eclipsaba la luna en la tranquila noche que transcurría en todo su milenario esplendor. Supo que nada quedaba, salvo un goteante vacio en su pecho. Con una nitidez cegadora, los recuerdos de Harry hicieron su aparición luego de semanas en que se habían escabullido en lo más profundo de su alma. Hoy, regresaban para continuar hiriéndolo, recordándole que luego de saldar cuentas, seguía necesitando ese pedazo de cielo para encontrar realmente su lugar.

-No, no…no… -Sintió la primera lagrima resbalar, después de mucho tiempo. –No, no puede ser. –Escondió el rostro entre sus manos color carmesí, sin importarle realmente algo más; -yo no soy culpable… no. –Buscaba acallar la voz en su cabeza que parecía no estar satisfecha con el resultado porque, si estaba allí escondido tras una columna de piedra, con las manos ensangrentadas y el pecho alzándose furiosamente era porque era el único responsable de su destino. Sólo el era el culpable.

-oOo-

Acomodó su bolso sobre la silla al lado de la cama, repleto de libros. Esta vez estaba inmersa en varios volúmenes de historia universal muggle, luego de dejar a un lado las novelas insulsas que la habían hartado. Le dio un beso en la frente a Harry, sin dejar de sorprenderse por la frialdad del cuerpo de su amigo y el mal aspecto que avanzaba con los días. Cruzó dos palabras con la medimaga encargada del moreno; todo continuaba igual que siempre, lo que ya no era una novedad. Le amargaba saberlo, aunque cada vez que llegaba preguntaba lo mismo en espera de un cambio. Dejó a un lado la bufanda y el abrigo, viendo el nevado paisaje mientras el día moría y la noche se cerraba tras los árboles. Diciembre avanzaba y con el, la frialdad de los días y la cercanía de las festividades. Oh, estaba cerca de colapsar al saber que esta sería la primera navidad sin Ron y quizás, sin Harry, si continuaba en la misma estabilidad de siempre.

Susurró las mismas palabras cálidas hacia Harry, abrazándolo por largo tiempo y apretando las lágrimas cada vez que estas amenazaban por salir. Odiaba verlo cada vez más demacrado, incluso, creía ver un amarillento color estar cubriendo la blanca piel. En ocasiones estallaba en llanto y tenia que abandonar la habitación para que sus sollozos no fueran escuchados por el moreno, porque estaba segura de que si se quedaba, el podría oírlos. Aunque con los días había aprendido a llorar en silencio sin dejar de apretar la mano inerte de su amigo, un pacto para no dejarlo solo sin importar cuantas veces se derrumbara. Cuando la noche estuvo completamente cerrada, besó su frente un par de veces dándole las buenas noches y se acomodó en la silla con un libro en su regazo.

Alzó los ojos, todavía abstraída, para chequear el estado de Harry. Acomodó su cabeza entre las almohadas y alisó las mantas antes de regresar a su lectura. La acompasada respiración de Harry era el resultado del aparato que se acomodaba a su izquierda porque, las fuerzas del moreno no alcanzaban para mantenerse con vida por si mismo. Cuando ya se acomodaba nuevamente con un bocadillo entre los labios, un sonido ya conocido hizo que alzara los ojos hacia la cama. Parecía que las pesadillas estaban cobrando vida de nuevo, lo que estaba siendo una desagradable costumbre tanto para Harry como para ella. Se incorporó casi con pereza y una vez mas, apretó una mano entre las suyas para después acercarse a su oído y susurrar hermosas palabras. Un momento después, la intranquilidad del moreno estaba alarmándola terriblemente, agitándose casi completamente fuera de control. Pidió ayuda mientras temblaba cerrando sus puños alrededor de los hombros de Harry, esperando a que el medimago de turno se hiciera responsable.

Las lágrimas bajaban copiosamente de sus ojos, suplicándole en voz baja que se tranquilizara. Un momento después parecía hacerle caso hasta serenarse completamente. Descansó su frente sobre la del moreno durante otra eternidad cuando sintió una presión alrededor de su brazo izquierdo. Levantó el rostro lentamente y se congeló ante la visión que presenciaba: la muñeca de Harry apretaba firmemente. Harry parecía estar despertando.

Activó de nuevo la alarma, pidiendo ayuda mientras sonreía estúpidamente sin dejar de llorar. Susurró otras palabras con la voz entrecortada hasta que los ojos del moreno empezaron a agitarse bajo los párpados. Sollozó sin importarle que el sonido molestara al moreno, atenta a cualquier movimiento. El verde acuoso y profundo de los ojos de Harry la sorprendió unos minutos mas tarde cuando el personal de turno se acercaba por el pasillo a grandes zancadas.

***