DISCLAIMER: Skip Beat! no me pertenece.

AVISOS: Este capítulo está narrada desde diferentes perspectivas.


Sebastian entra en el despacho de Lory, pero trae consigo a una persona.

– ¿Cómo se siente al estar de vuelta en casa? –le pregunta el presidente.

– ... –Ren no responde. Sabe que cuando él formuló esa pregunta había furia contenida.

– ¡Un año! ¡Un año sin tener noticias tuyas! Ren, ¿qué has estado haciendo durante este tiempo? Todo iba bien hasta que dejé de recibir noticias tuyas y desapareciste del mapa. Me tenías muy preocupado.

– Es una historia muy larga. Dejémoslo para otro día. Kyoko... quiero saber cómo está Kyoko.

– No. No me cambies de tema. A ti, ella no te interesa. Después de todo, no la has necesitado durante todo este tiempo.

– Si no me lo quieres contar, iré yo mismo a verla con mis propios ojos amenaza él.

Lory deja escapar un suspiro.

– Ren, acabas de volver a Japón. Si los medios de comunicación todavía no están preparados para tu regreso, menos lo estará ella. No puedes desaparecer de su vida un día y volver en otro.

– Solo quiero verla. No hará falta que me vea ella a mí.

– Me niego rotundamente.

Él hace caso omiso de las palabras de Lory y se levanta. Cuando abre la puerta se encuentra con ella.

Ren tiene a Kyoko justo delante y no puede evitar pensar que ha cambiado; está más hermosa.

Su pelo ha crecido y no hay indicios de que una vez fue naranja. Sus curvas se han acentuado y está más alta. Sus ojos siguen desprendiendo brillo, aunque no ese tipo de brillo que se tiene cuando se es joven. Ha madurado. Ahora es adulta.

– Mogami-kun, creo haberte dicho que te tomarás el día libre. ¿A qué se debe tu repentina visita? –Lory irrumpe en ese momento. Tiene un semblante serio, pero se puede percibir la desesperación en su voz.

– Presidente, yo... –Kyoko es incapaz de hablar. Está conmocionada–. ¿Qué hace Tsuruga-san aquí? –Es lo único que logra salir de su boca.

– He vuelto –responde él por Lory.

*Silencio*

– Kyoko, Ren y yo tenemos asuntos que zanjar. Si no te importa...

– Discúlpeme. Ahora me voy –se disculpa Kyoko y como prometió, se retira.

Ren no quita su mirada de ella hasta que la pierde de vista.

– Ren, volvamos a dentro antes de que alguien más te vea –pide Lory, a lo que él obedece.

Reanudan su conversa, pero esta vez Lory empieza a hablar de trabajo, a lo que él solo asiente. Su mente está en otra parte. Preguntas como ¿Por qué se empeña tanto en que no la viera? O ¿No era él quién, tiempo atrás, elaboraba planes para juntarnos? rondaban en su mente.

Lory, por su parte, se plantea si contarle sobre la relación de Kyoko y Caín. Reúne valor, pero no lo suficiente así que se lo calla. Las cosas ya están demasiado complicadas como para añadir otra preocupación. Tarde o temprano se descubrirá todo. Sólo espera que todo salga bien.


'He vuelto'. Las palabras de su senpai no paran de resonar en su cabeza. Ha vuelto.

Su mente está hecha un caos. Un encuentro con Tsuruga-san no es lo que esperaba al pasar a saludar su jefe. Lleva tanto tiempo sin saber o hablar de él que le había olvidado. Tienes tantas preguntas... ¿Por qué se fue? ¿Por qué ha vuelto? ¿Es por eso que el presidente le había dado el día libre? ¿Para evitar un encuentro entre ella y su actor estrella? Y Caín, ¿como se lo tomará?

Él sabe lo que ella sentía por su senpai. No tiene ningún sentido ocultárselo. Lo que teme es su ira.

De repente se acuerda de algo. ¡El anillo! ¿Lo habrá visto? Se lo quita y lo guarda junto a Corn. Segundos más tarde se avergüenza de su comportamiento. ¿Por qué lo ha hecho?

Ahora que ha Tsuruga san ha vuelto ya no puede hablar con Caín como si nada. Sabe que se lo tiene que contar. Pero ¿cómo decirle a tu futuro esposo que el hombre que amabas ha vuelto?

Necesita tiempo para asimilar las cosas.


Kyoko está nerviosa; puede notarlo. Sabe lo que ella intenta decir, pero no se molesta en hacérselo saber. Que sufra un poco, piensa él. En otras circunstancias se habría mostrado más benevolente, pero lo que descubrió cuando le vio hablar con él el otro día le pone de mal humor.

Entra a LME con la intención de hablar con Kyoko sobre Tsuruga Ren. Los empleados, normalmente corteses, huyen más rápido que las ratas Titanic. Sienten cómo emana su aura y tienen miedo. Sube unas cuantas plantas y entonces la ve en uno de los muchos pasillos de LME. Pero no está sola: está con él. Se queda parado y duda si encaminarse o no hacia ellos. Finalmente se decanta por la segunda opción. Les observa hablar y escucha su conversación. Ella parece incómoda y él también. Se queda estudiando el hombre con el que habla su prometida y entonces se da cuenta de algo: padece la misma dolencia que él, por Kyoko. Eso cambia las cosas. Su mano se cierra en un puño y antes de que pierda el control, se va.

Cada vez que le viene ese recuerdo se pregunta por qué Kyoko y esa persona no han acabado juntos. Todo este tiempo ha pensado que el amor de Kyoko por su senpai era unilateral, pero estaba equivocado. Se correspondían. El regreso de esa persona iba a ser mucho más problemático de lo que creía.

– Caín, Tsuruga-san ha vuelto –espeta ella súbitamente.

– Lo sé –Su respuesta ha impactado a Kyoko–. Lo vi en las noticias, pero quería oírlo de tu boca.

*Silencio*

– ¿Te parece bien? –logra articular Kyoko después.

– ¿Y por qué me parecería mal? Él te ayudó mucho –Kyoko no está satisfecha con su respuesta–. ¿Es que hay algo del que deba preocuparme?

– No, en absoluto.

– La próxima semana empieza el rodaje de la película.

– Vendré a verte –sentenció ella.

Es un hecho que cuando él quiere algo, ella trate de complacerle.

Una sonrisa asomó en su interior. Su coprotagonista se llevará una (no) grata sorpresa al conocer a su futura esposa.


Ren está celoso de Yashiro. Durante su ausencia su representante ha ejercido como mánager de Kyoko. Él ha visto su ascenso en el mundo del espectáculo y ha estado con ella para apoyarla. Es él quien tenía que haber estado a su lado, no Yashiro. Y no sólo se siente culpable por eso, sino también por quitarle su representante. Ella le ha dicho que no se preocupara; que ya encontraría a otra persona. Pero esas palabras no han logrado más que hacerle enfadar consigo mismo. La única parte positiva de ello era que podía sonsacarle muchas cosas a Yashiro. Era. Ahora la parte positiva no existe. Su mánager no le cuenta nada; solo se limita a corroborar la pequeña información que posee. Esto en parte se debe a que esta furioso con él por desaparecer sin ni siquiera avisarle y por el tiempo que ha tardado en volver. Pero también sabe que se debe a otro motivo desconocido.

Hoy se comporta de un modo muy extraño. Le cuenta muchas cosas de Heel-san. Lo que más le extraña es que le llame por su primer nombre, Caín.

Cuando llegan al plató el director Ogata les recibe con una sonrisa. Uno de los motivos por el cual eligió estar en su proyecto es porque sabe que él no le atosigará con preguntas.

Les guía hasta un pequeño cuarto donde sólo se hallan una mesa y unas sillas alrededor. Mientras entra en aquel lugar ve a una persona sentada. Tarda poco menos de un segundo en averiguar quién es, pero espera a que el director Ogata haga la presentación.

– Tsuruga-san, le presento a Heel-san. Heel-san, este es Tsuruga-san.

Cuando Ren le mira a la cara, sus ojos son los que captan su atención. Son de un azul zafiro y a pesar de su rostro inescrutable, su mirada desprende mucha intensidad. Él es el principal motivo de por qué ha aceptado participar en el proyecto de Ogata. Quería conocer el hombre que lleva su antiguo título.

Ninguno de los dos da la iniciativa de darse la mano.

– Es un placer conocerle, Heel-san. –Finalmente es Ren quien lo hace.

– Lo mismo digo –le responde él–. Y a ti, Yashiro, hace tiempo que no te veo.

Con lo último que ha dicho Caín, Ren confirma sus sospechas: Yashiro y él se conocen desde hace tiempo.

– Ahora que hemos concluido con las presentaciones, me gustaría proceder a discutir los detalles de la película –anuncia Ogata.


– Yashiro –la voz de detrás le sobresalta.

En voltearse ve justo a la persona que quiere evitar.

– Caín –su voz tiene un cierto temblor.

– Vengo a preguntarte si quería comer conmigo. Kyoko ha preparado dos bentos y…

– ¡No! Quiero decir, me gustaría, pero no puedo. Tengo que ir a comprar comida para Ren interrumpe Yashiro. Dicho esto, se va corriendo.

Los labios de Caín se curvan en una sonrisa. Tiene el pellejo despejado


Mira su reloj y se pregunta por qué Yashiro tarda tanto. Ve a Heel acercarse. Nunca, en sus años de experiencia en el mundo del espectáculo, se ha sentido amenazado. Caín Heel es condenadamente bueno y es la primera persona que le enfrenta a ese sentimiento de angustia y emoción. Cada escena interpretada por él es impecable y se ha de destacar su habilidad por las artes marciales: la precisión de sus golpes y la agilidad con la que se mueve hace de él un gran contrincante. Es un rival digno de él.

– ¿Puedo comer aquí? –pregunta Caín.

– Sí –responde él algo atónito.

– Gracias.

Caín coge una silla y lo pone a su lado. Mientras lo hace, Ren repara en que tiene dos bentos.

– ¿No lleva comida? –pregunta su compañero.

– No, pero no importa.

– Sí, que lo es. Tome –Caín le alarga uno de los dos bentos.

– ¡No! No hace falta.

– Insisto. Rara vez comparto comida con alguien que no sea cercano a mí.

– Gracias, entonces –Ren lo acepta, aun sabiendo que se está condenando a sí mismo.

– ¿Cómo es que habla el japonés con mucha fluidez? Tengo entendido que sólo creció con su lengua materna, el inglés.

– Tuve a la mejor profesora. Ahora es mi prometida.

Ren queda algo sorprendido ante esta revelación, pero lo disimula. Se lleva el primer bocado a la boca. Mmh. El sabor hace que recuerde a una persona. A...

– Kyoko –El nombre de la persona en la que estaba pensando. Pero no es él quien lo dice, sino su compañero.

Mira a Caín, pero él está mirando a otro lado. Un impulso le lleva a dirigir su mirada donde están los de él. Entonces la ve. Kyoko. Su mente se convierte en un batiburrillo de preguntas. ¿Qué hace allí Kyoko? ¿Caín la conoce? ¿Cómo es que la ha llamado por su nombre? ¿Qué está pasando?


N/A: Siento haber tardado en actualizar. Motivos personales me lo impedían. ¿Qué les ha parecido?

Si la inspiración no me falla, nos veremos antes de navidad.