Notas de la autora: decidí hacer la actualización de esta historia; espero que le guste, dejen reviews; decir que estoy agregando dos personajes más.
Mi realidad.
Intervenciones: Anónimos.
Somos Camila Robinson y Alexandra Jhons; y somos amigas de Lily; al verla tan deprimida decidimos intervenir; para tratar de ayudarla a regresar con James; para eso decidimos pedir ayuda a dos personas; Remus y Sirius; esto fue lo que sucedió.
- ¿Cómo está Lily? – preguntó Camila.
- Bien, aunque ayer no bajo de la habitación – contestó Alexandra.
- Lily, me preocupa; está así desde que termino con Potter – comentó Camila, mientras se hacía una trenza con su cabellera castaña.
- Si tienes razón; quien iba a pensar que nuestra Lily se iba a enamorar – corroboró Alexandra.
- Si pero ahora está sufriendo; y no es por culpa de Potter; es por ella misma – argumentó la castaña.
- ¿Por qué siempre te tenemos que dar la razón? – preguntó Alexandra.
- Es que siempre les digo la verdad – indicó la castaña – aunque creo que con lo de Lily, hay que hacer algo, lleva como dos semanas, muerta en vida; y Potter por lo visto ya se recuperó – añade Camila.
- Pero también cabe la posibilidad de que Potter, se haga él que está recuperado – indica Alexandra, mientras observa a los merodeadores.
- Puede que tengas razón – dice Camila - aunque hay que ayudarlos, espérate que Potter se vaya y hablamos con Remus y Sirius – propone.
- Ya – aceptó su amiga, en el preciso momento que James y Peter salían de la Sala Común.
- ¡Vamos! – la apuró la castaña, mientras jalaba a su amiga hacia los dos merodeadores restantes.
- Hola chicos – saludó Alexandra.
- Hola – respondió Remus.
- ¿A qué se debe su visita? – preguntó Sirius.
- Bueno… como explicarles – la castaña buscaba las palabras adecuadas – desde que James y Lily terminaron, nuestra amiga está un poco mal, y nosotras queríamos ayudarlos.
- Si, que buena amiga, pero te recuerdo que fue tu amiga la que terminó con mi amigo – contestó algo molesto Sirius.
- Pero, Sirius tú amigo también está mal por la separación; ¿no crees que sería bueno ayudarlos a que se reconcilien? – trató de disuadirlo la castaña, mientras observaba como Sirius se ponía a pensar un poco la idea.
- Ya; puede ser; tienes algo de razón, pero tendrás alguna idea para hacerlos que regresen – opinó Sirius.
- ¿Para qué crees que nos acercamos a ustedes? – preguntó burlonamente Alexandra.
- Me parece o no tienen ideas, y esperan que nosotros la pensemos – dijo Remus.
- Exactamente – añadió Alexandra.
- Pero, ¿que podríamos hacer?, sin que ellos se den cuenta – comentó Sirius.
- Anónimos – soltó Remus.
- ¿Qué? – dijeron al unísono los demás.
- Anónimos; enviarle cartas, chocolates, peluches, rosas y todas esas tonterías que le gustan a las chicas; a Lily – explicó Remus.
- Remus, no se si te habrás dado cuenta pero aquí hay dos chicas – comentó algo picada Alexandra.
- Bueno es una buena idea – expresó la castaña – ¿están de acuerdo?
- Sí – respondieron los demás.
- Pues hay que poner ese plan en marcha – indicó la castaña.
- Pero, ¿de dónde vamos a conseguir regalos? – preguntó Sirius.
- Fácil, chocolates de Remus, las cartas las escribe Alexandra, los peluches los pongo yo y tú consigues las rosas – respondió con simpleza Camila.
- ¿Por qué yo las rosas y Remus los chocolates? – interrogó Sirius.
- Porque él es un adicto al chocolate y debe tener varias tabletas, bombones escondidos en su baúl – contestó Alexandra.
- Pero son de uso personal – indicó Remus.
- Son por una buena causa – trató de disuadirlo Alexandra, mientras movía sus pestañas rítmicamente; que escondían sus grandes ojos pardos.
- Ya, solo por está vez; aunque espero que me los repongan – dijo el licántropo.
- Bueno comencemos, con nuestro plan de anónimos – sugirió la castaña – vamos a la lechuzería; Remus trae una caja de bombones.
- ¿Qué hacen? – preguntó Sirius a las aludidas mientras están cuchicheaban.
- Una carta – contestaron.
- Yo la hago – opinó Sirius.
- ¿Por qué tú?; dijimos que yo me encargaría de las cartas – soltó de mala gana Alexandra.
- Porque nosotros somos chicos – argumentó Sirius.
- ¿Y eso? – preguntó la castaña.
- Que nosotros sabemos de eso, hemos escrito cartas a chicas y se que se puede decir – contestó Sirius.
- Hay que hacerla los cuatro juntos – sugirió Remus viendo que se avecinaba una pelea; después de un rato habían logrado esto:
Lily, preciosa, mi vida, no sabes cuanto te quiero.
Te deseo a mí lado; creo que demasiado.
Quiero pasar el resto de mis días contigo; y también las noches.
Tu cabello rojo como el fuego me vuelve loco; y tus ojos son los que alumbran mí camino; que ahora está muy oscuro ya que no estas aquí para darme cariño, sobretodo en las noches; donde me siento más solo.
- Nos quedó muy bien – opinó Sirius.
- ¿Tu crees? – preguntó insegura Alexandra.
- Si, les dije que eso de las noches lo iba a hacer quedar perfecto – contestó Sirius.
- Hay que enviarla – propuso Camila, mientras buscaba una lechuza y ataba la carta y los bombones.
- Bueno vamos a ver como se lo toma Lily – sugirió Alexandra, mientras recogía su cabello rubio en una coleta.
- Si vamos – opinó una emocionada Camila, mientras salían de la lechuzería y se dirigían al Gran Comedor.
- Hola, Lily – saludó la rubia.
- Hola, chicas – respondió la pelirroja, mientras observaba con sus impresionantes ojos verdes; la llegada de una lechuza que se poso a su lado.
- Tienes una carta Lily – soltó una emocionada Camila.
- ¿Haber, que dice? – preguntó Alexandra.
- ¡Quién pudo escribir semejante estupidez! – gritó la pelirroja después de leer la carta.
- Potter – sugirió la castaña.
- Pero, no es para tanto – opinó la rubia.
- No es para tanto, suena como si alguien quisiera acostarse conmigo – soltó la pelirroja; James nunca escribiría algo así, eso era imposible.
- ¿Qué tal salió? – preguntaron los dos merodeadores ya en la Sala Común.
- Lily dijo que sonaba a una proposición para acostarse con ella – respondió la castaña; mientras posaba sus ojos azules en los grises de Sirius.
- ¿Cómo? – interrogó Sirius – eso es imposible, si esa era la mejor muestra de amor en toda la historia.
- No se, pero Lily se enojo – contestó la castaña.
- Quizás quiera algo más empalagoso o romántico – sugirió Sirius.
- Si, creo que también tenemos que enviarle un peluche; quizás eso le alegre – opinó la rubia.
- Si tienes razón – corroboró Remus.
- Ya, vamos de nuevo a escribir una carta – añadió la castaña.
Hola Lily, no se si te habrá gustado mi carta anterior; la verdad espero que sí.
Pero lo que te quería decir es:
Quisiera besarte en luna llena.
Llenar de rosas tu cama.
Respirar tu aroma.
Sentir tu cuerpo.
Abrazarte.
Y morir contigo, eso es lo que quiero.
- ¿Qué tal quedo? – preguntó Remus.
- Linda, a mí me gusta – opinó la rubia.
- Si creo que está es mejor que la anterior – expresó la castaña.
- Que malos, yo escribí la anterior – dijo apenado Sirius.
- No esa también estaba perfecta – añadió la castaña, ya que Sirius tenía intenciones de hacer un berrinche.
- ¿Cómo vamos a enviarla? – interrogó la rubia.
- Por vía lechuza no; la podemos dejar entre sus cosas – sugirió Camila.
- Si, tienes razón; yo lo dejo – corroboró la rubia, mientras dejaba el anónimo y el peluche.
- Tanto se demora la pelirroja – dijo Sirius; después de que estuvieran como media hora esperándola.
- Si tienes razón – opinó la castaña; cuando el retrato se abría y dejaba ver a una soñolienta Lily.
- Hablando de la reina de Roma – susurró la rubia.
- Chicas, ¿Qué hacen despiertas? – preguntó con cansancio la pelirroja.
- Esperándote – contestaron las aludidas a coro.
- No se debieron molestar – indicó la pelirroja, mientras se dirigía sus cosas.
- Eres nuestra amiga – argumentó la rubia.
- En las buenas y las malas – corroboró la castaña.
- ¿Otro? – interrogó para sí misma la pelirroja.
- ¿Otro qué? – preguntó la castaña.
- Anónimo con regalo – contestó la pelirroja, mientras leía el anónimo.
- ¿Qué dice? – interrogó la rubia.
- Es algo triste para mí estado de ánimo – dijo la pelirroja mientras salía corriendo a su dormitorio.
- Creo que la jodimos de nuevo – comentó Sirius.
- Sí, tiene razón – opinó Camila.
- No le gusta lo romántico, no le gusta lo que vaya con noche; está pelirroja es difícil – argumentó Remus.
- ¿Qué le gustará? – preguntó la rubia.
- Quizás lo agresivo – contestó Camila, mientras se le iluminaban los ojos.
- ¿Qué? – preguntaron a coro los tres.
- Yo hago la carta agresiva si quieren – sugirió la castaña.
- ¿Tú crees? – preguntó Alexandra – no creo que a Lily le guste algo así.
- Uno no sabe; en gusto nadie opina – comentó la castaña.
- Ya; haz la carta – pidió Remus ante el entusiasmo de su amiga.
- Pásenme tinta y pergamino - dijo la chica; diez minutos después ella mostraba su trabajo a los demás.
Lily, sabes ya me cansé de niñerías.
Me tienes que aceptar sí o sí; no acepto un no como respuesta.
Mira que cuando me enojo, me vuelvo un poco loco.
Y puedo hacer muchas cosas malas.
Te estaré vigilando.
- ¿Qué tal? - preguntó la castaña.
- Da miedo – opinó la rubia.
- Es algo, amenazador – expresó sus pensamientos Remus.
- A mí me gusta – indicó Sirius.
- ¿A dónde vas? – preguntó la rubia; cuando se percató que su amiga subía las escaleras al dormitorio de chicas.
- A dejársela a Lily – contestó una alegre Camila, mientras desaparecía por la escalera.
- Tú amiga ¿no? – preguntó Remus.
- Sí, solo que se ha emocionado mucho – contestó la rubia.
- Ya llegue – dijo una emocionada castaña.
- ¿Lograste dejarle el anónimo a Lily? – preguntó la rubia.
- Sí – dijo pero se fue interrumpida por una pelirroja que bajaba corriendo las escaleras.
- ¿Qué pasa? – preguntaron.
- Alguien me acosa – dijo la pelirroja mientras lograba recuperarse de la carrera.
- ¿Qué? – preguntaron sus amigas.
- Miren esto – habló la pelirroja; mientras enseñaba el anónimo.
- ¿Quién te lo envío? – preguntó Sirius.
- No se; ninguno de los tres anónimos que he recibido hoy día iban firmados – contestó la pelirroja.
- Pero, seguro son una broma – dijo la rubia tratando de calmar a su amiga.
- Si una broma, primero me dicen que se quieren acostar conmigo; luego que el se va a matar; y por último que tengo que estar con esa persona sí o sí – soltó la pelirroja.
- Creo que no es para tanto – habló Sirius.
- Si como no – dijo sarcásticamente la pelirroja – tengo una idea.
- ¿Qué? – preguntaron los demás a coro.
- Estos dos – señalando a los merodeadores – duermen hoy día con nosotras.
- ¿Qué? – preguntaron sorprendidas sus amigas.
- Pelirroja no pensé que te nos insinuaras – dijo en son de broma Sirius.
- No se, en el suelo, porque sino no voy a dormir; y por cierto Black yo no me estoy insinuando – aclaró la pelirroja.
- Pero, Lily son chicos no van a poder subir a nuestro dormitorio – trató de disuadirla Camila.
- Ellos tendrán sus métodos; por algo son los merodeadores, sin contar que Black a veces para rondando los dormitorios de chicas – argumentó la pelirroja.
- ¿Yo?; pelirroja como puedes decir – trató de hacerse el ofendido Sirius.
- Ya déjate de boberías; ¡en este momento los quiero a los dos en mi cuarto! – gritó la pelirroja.
- Si mí general – dijo Sirius; recibiendo una mirada asesina por parte de la pelirroja.
- Lily, das miedo – opinó la castaña.
- ¿Por cierto?; como vas a explicarle a las demás que los merodeadores estaban en nuestro cuarto – preguntó la rubia.
- Algo se me ocurrirá – contestó Lily – y ustedes dos también me acompañan.
- Me duele la espalda – dijo Sirius mientras se levantaba; como Lily había dicho durmieron en el suelo.
- No eres el único – comentó Remus.
- Prefiero pasar una noche de luna llena contigo – opinó Sirius.
- ¿Por qué? – preguntó el licántropo.
- Porque ayer trate de meterme a la cama de Robinson; y esa mujer tira más patadas – contestó Sirius mientras le enseñaba un moretón a Remus.
- Para que intentas algo así; Sirius; ponte que se despertaba te lanzaba maldiciones – indicó Remus.
- No creo; pero tú dormiste mejor que yo; al menos Jhons se apiado de ti y te hizo espacio – añadió Sirius.
- Si para en la madrugada botarme de tantas vueltas que se daba – indicó Remus.
- ¡Buenos días; chicos! – saludó una alegre Camila - ¿qué tal durmieron?
- Bien, en el suelo que es súper cómodo – respondió sarcástico Sirius.
- Yo soñé que estaba en un ring de boxeo - comentó la castaña.
- Ah, era eso – dijo Remus.
- Hola, chicos – saludó la rubia que salía del baño.
- Hola – saludaron los aludidos – porque están algo ojerosos.
- ¿Por qué será? – preguntó Sirius.
- Yo creo que mejor se van yendo a su habitación; ya que las demás se pueden despertar – opinó la castaña.
- Tiene razón – la apoyó Remus; mientras jalaba a Sirius fuera de la habitación.
- Esperen, yo los acompaño; tenemos que darle una disculpa a Lily, ¿no? – dijo la rubia.
- Si tienes razón; en un rato los alcanzó – soltó la castaña; mientras entraba al baño.
- Jhons; ¿A dónde vas? – preguntó Sirius; mientras veía como la rubia los seguía hasta su dormitorio.
- Sabes Sirius; hay algo que no te he dicho – contestó la rubia mientras se le acercaba peligrosamente al moreno.
- ¿Qué? – interrogó Sirius.
- Me gustaría hacer un trío contigo y con Remus – respondió sinuosamente al oído de Sirius la rubia.
- Remus, ¿Tú estás de acuerdo con eso? – preguntó Sirius.
- Si, ella me lo comento anoche – contestó el licántropo; mientras se aguantaba la risa.
- ¿Qué? – preguntó Sirius; que todavía no se daba cuenta de nada – ustedes son unos asquerosos.
- Sirius, no es por eso, yo con ustedes dos; ni soñando, vamos a escribir otro anónimo – dijo Alexandra; mientras se unía a las risas de Remus.
- Eres muy inocente – comentó Remus mientras pasaba al lado de Sirius.
- Remus, tienes tinta y pergamino – preguntó la rubia mientras buscaba entre las cosas; es decir media, ropa interior, libros, dulces, basura; de los chicos.
- Toma – dijo Remus; mientras entregaba lo pedido.
- ¡Sirius! – lo llamó la rubia.
- ¿Sí? – preguntó temeroso Sirius, de que la rubia saliera con sus locas ideas.
- Consíguete la rosas, mientras yo terminó de escribir esto – pidió Alexandra.
- ¿Ya está? – preguntó el licántropo; temiendo ver otro anónimo raro.
- Sí; toma – contestó la rubia mientras le alcanzaba el pergamino.
Hola Lily; creo que los anónimos anteriores te asustaron.
Lo único que puedo decir es lo siento.
Por cierto, no te olvides; te amo.
- ¿Qué tal? – preguntó la rubia.
- El mejor de todos – contestó el licántropo.
- Bueno ahora esperar que Sirius venga con las rosas – comentó la rubia; mientras llegaba el moreno con un gran ramo de rosas.
- Perfecto – dijo el licántropo.
- Ahora lo único es llevárselas a Lily, pero a nombre de James – comentó Alexandra.
- Yo se la llevo – se ofreció Sirius.
- No, te olvides a nombre de James dijo la rubia; mientras Sirius se preparaba para salir con la carta y el ramo de rosas.
- Sirius; ¿qué haces con eso? – preguntó James; mientras salía de la ducha.
- Son para alguien – dijo Sirius mientras trataba de ocultar la carta.
- ¿Para quién? – preguntó James; mientras se acercaba a Sirius y le arrebataba la carta; ante la mirada de Remus y Alexandra.
- Para nadie – contestó Sirius; esperando que James le devolviera la carta.
- Acá dice Lily; no tratarás de conquistarla ¿no?; sabes que ella me gusta y tú eres mi mejor amigo – advirtió James; mientras abría más los ojos almendrados; después de leer la carta.
- James, yo…- trató de hablar Sirius.
- Pensé que eras mi amigo – dijo James mientras lo miraba con rencor.
- Déjanos explicarte – dijeron al unísono Remus y Alexandra.
- ¿Qué ustedes también lo sabían? – preguntó James.
- A mí me gusta Camila – gritó Sirius; mientras la castaña se quedaba muda en la puerta.
- ¿Qué? – preguntó James.
- Yo le hice llegar anónimos a Lily; pero la verdad era que estaban destinados a Camila – contestó Sirius; mientras le guiñaba un ojo a la castaña para que lo apoyará en la mentira.
- Haber si entendí - comenzó a hablar James – a ti te gusta Camila; pero le enviabas anónimos a Lily.
- Es que Camila no solo me gusta sino que la quiero – mintió el morocho – y como son nuevos sentimientos para mí; me sentía algo tímido.
- Ah ya; entiendo – indicó el morocho – pero Canuto; lo acabas de decir todo frente a Camila.
- ¿Qué? – trató de hacerse el sorprendido Sirius – no puede ser – mientras miraba a la castaña.
- Si lo has dicho Sirius – lo ayudó la rubia.
- Black; ¿que decías? – preguntó la casta; mientras trataba de no reírse.
- Díselo Sirius – lo apoyó Remus; mientras se mordía el labio evitando la risa.
- Si díselo; hermano – lo apoyó James.
- Camila; ¿quieres ser mi novia? – preguntó el moreno; pensando que el asunto se estaba saliendo de las manos; aparte el tenía novia; como le explicaría a Selene.
- Sí, por supuesto – dijo la castaña mientras forzaba una sonrisa; esto iba peor, ahora la estúpida de Selene le iba a ser la vida imposible a ella, por quitarle a su Siriuscito.
- Bésense – dijo James, que no se había dado cuenta de nada.
- ¿Qué? – preguntaron los aludidos.
- Que se besen; no son una linda pareja – insistió James.
- Puedo – le susurró Sirius a la castaña – sino no va a ser creíble.
- Sí – contestó la castaña en un murmullo.
- Que lindos – comentó la rubia a Remus; mientras veía a su amiga besarse con Sirius.
-¡Sirius Black!; ¿qué significa esto? – dijo una enfurecida rubia desde la puerta.
- ¡Selene! – dijo Sirius mientras se separaba de la castaña.
- Problemas – dijeron al unísono Remus y Alexandra.
- Significa, que ya no estás con Sirius; y que Sirius está con el amor de su vida – contestó James.
- ¿Qué? – preguntó la rubia – eso no es verdad no Sirius.
- Es verdad – contestó el moreno.
- ¡Eres un cerdo, Sirius Black! – gritó la rubia mientras salía llorando de la habitación.
- No pensé que hicieras eso – susurró la castaña.
- Todo por James – le respondió Sirius en un murmullo.
- Bueno; mejor bajemos – propuso Remus.
- Si tienes razón – lo apoyó la rubia.
- Voy luego – indicó James.
- Me parece o lo de los anónimos; salió mal – comentó la castaña.
- Sí – dijeron los demás al unísono.
- Tendremos que pensar en otra cosa – opinó la rubia.
- Después; ya me cansé por este día – dijo la castaña.
- Ella tiene razón – comentó Remus.
- Si, eso sin contar que tendré que soportar a la sufrida novia de Sirius – corroboró la castaña.
- Si; eso es verdad – añadió Sirius – ahora James piensa que soy tu novio; pero en buena hora me libre de ella.
- Bien por ti Black; mal por mí tendré que cancelar la cita con Thomas Dickinson, del próximo fin en Hogsmeade – comentó pesadamente la castaña.
- Qué más quieres, tendrás que salir conmigo – dijo el moreno.
- ¡Se me ocurre algo! – gritó de pronto la rubia.
- ¿Qué? – preguntó su amiga.
- Cita a ciegas – contestó Alexandra.
- Ya, lo pensaremos después, estoy cansada; mucha emociones juntas está mañana – dijo Camila.
Lo único que podemos decir es que la primera intervención fracaso; si nuestra amiga no fuera tan difícil, eso sin contar que por los celos de James estoy de novia con Black, sin quererlo, y que tengo que soportar a la estúpida de Selene; todo lo que me queda en Hogwarts, ya que ha ido diciendo que yo le quite a su Siriuscito, bah como si lo quisiera; si quiere se lo regalo; pero lo peor es que ha dicho que me encontró en la cama con Sirius; cosa que no es cierto, y medio Hogwarts piensa que soy una perra.
Bueno por el caso de Lily, está algo obsesionada; piensa que la acosan; está insoportable; está mañana amenazó con la varita a un pobre chico de quinto que pasaba y le dijo que era muy guapa; y James; bueno él felicita a Sirius y ha dicho por todo Hogwarts que somos la mejor pareja que puede haber, y todo lleno de cursiladas; pero no hay que quitarle el mérito que dejo calladita a Selene cuando volvía a contar su relato Camila Robinson; estaba en la cama con Sirius Black.
Esperamos que la siguiente intervención que vamos a hacer no nos salga tan mala; por cierto se llama: Cita a ciegas.
¿Qué tal me quedo?
Dejen reviews.
Bye.
Besos.
