Free! - Iwatobi Swim Club pertenece a Kyoto Animation.
Friendzone.
3.1.
Los ojos verdes de Makoto releyeron el mensaje por quinta, séptima o décima vez. ¿En serio? –se preguntaba mentalmente. Fue un no sé qué que formó un enorme hueco entre su estómago y sus tripas; una sensación tan aterradora pero a su vez tan… emocionante.
— ¿Makoto?
— ¿Eh? —Despegó por un momento la vista del celular y miró con desconcierto a Haruka, por un momento se le había olvidado que se encontraba en el tren rumbo a la Preparatoria Iwatobi, con Haru a su lado.
En la larga relación con Nanase había una regla no establecida; Makoto era el que hablaba. Sí, la conexión que tenían, la mínima comunicación que los volvía amigos era gracias a la plática unilateral que sostenía el castaño. Por este motivo era más que evidente que algo sucedía con Tachibana, tan claro que hasta Haruka lo notaba.
— ¿Sucede algo? —Los ojos azules de su amigo viajaban del teléfono ajeno a la cara del castaño.
La desarrollada habilidad de leer, casi telepáticamente, lo que Haru pensaba, permitió a Makoto entender la enorme pregunta que el moreno no formuló; ¿Por qué le prestas más atención a esa cosa que a mí? A pesar de que, claro, en realidad Haru no estuviera diciendo absolutamente nada.
Makoto sonrió. Tomó con un poco más de fuerza el celular entre sus manos; lo guardó en su bolsillo con discreción y cuidado, no queriendo que Haruka viera el mensaje que traía su mundo de cabeza.
— Nada —soltó con ligereza—. ¿Cómo te fue ayer?
Aunque la pregunta en realidad era una evasiva, pareció que fue suficiente para Haru, quien –a base de monosílabos– había explicado su cita. Y fuera del enojo, o tristeza que esto pudo causar en Makoto, el castaño seguía perdido en otro tema. El dichoso mensaje.
Un mensaje que llegó como intruso a su vida justo cuando el reloj marcó las nueve de la mañana, y desde tempranas horas agobiaba su alma.
Había dormido en la casa de Yamazaki Sousuke –el tipo que conoció apenas unas semanas atrás, mejor amigo de Rin y actual huracán en su vida. Claro, dormir era un decir; el castaño y el azabache no descansaron hasta después de las cuatro de la madrugada –a las siete Makoto se levantó exaltado y perezoso al darse cuenta que tenía entrenamiento a las once de la mañas y que, todavía, tenía que regresar a su casa, desayunar, recibir el regaño por no haber llegado a dormir, cambiarse, esperar a Haru e ir al club; por lo tanto, con algo de pena por despertar a su anfitrión que parecía descansar profundamente, avisó al moreno que se tenía que ir.
— ¿A esta hora? —Había dicho Sousuke, desperezándose aún entre las sábanas—. Es casi de madrugada —enterró la cara en la almohada, víctima de la somnolencia—, vuelve a la cama, te acompañaré más tarde.
— N-No, me iré yo solo. No hay problema. Tengo cosas que hacer.
Y aunque su frase no tenía intenciones malignas, pareció que Yamazaki no lo tomó así, pues rápidamente despegó el rostro de la mullida almohada, encarándolo con una ceja alzada que preguntaba algo como:" ¿Eso implica a Nanase, no?".
— Ugh. Está bien —se levantó del futón, con los ojos cerrados y el ceño levemente fruncido—, te llevo ya. Pesado —susurró lo último, perdiéndose en el baño con una muda de ropa limpia en las manos—. ¿Quieres ducharte?
— Esperaré a mi casa, gracias —Makoto sonrió con algo de vergüenza.
Después de exactamente media hora, Sousuke salió del baño, listo para iniciar el día; opacando con su delicioso aroma a mar y su cabello mojado a un desaliñado Makoto –tal vez sí hubiera sido mejor tomar un baño. En la estación del tren, mientras esperaban, fueron envueltos por un silencio incómodo. No hablar estando con Sousuke era el polo opuesto a no hablar estando con Haruka; con Haruka había cierta comunicación no verbal previamente establecida, y saber lo que pensaba el otro era ya cosa fácil; con Yamazaki solo había incertidumbre y la constancia de cuestionarse ¿Qué estará pensando?
— ¿Hah? —Makoto, al querer revisar la hora, se dio cuenta que el móvil no se encontraba en sus bolsillos. Entró en un ligero pánico—. Mi teléfono. No lo encuentro.
— ¿Dónde lo dejaste? —Makoto no acostumbraba decir comentarios hostiles, pero sí que podía pensarlos; y en ese momento le hubiera encantado decir "si lo supiera no lo estaría buscando". Pero se limitó a seguir buscando—. Dame tu número, te marcaré —ordenó, comenzando a teclear los números de la lada.
Y, después de una sosa escena en la que el teléfono apareció en el bolsillo trasero del pantalón de Makoto, el tren arribó a la estación. Y la incomodidad e incertidumbre de no saber cómo actuar volvió.
— Esto…, gracias por todo, supongo… eh… —Makoto se sentía –y tenía el presentimiento que lucía como un tonto. Tratando de despedirse mientras abordaba el tren con sus torpes acciones, dignas de quien no coordina bien.
— Regresa con cuidado. —Las puertas se cerraron, y a través del cristal, el moreno alzó una mano a modo de despedida.
Él debió haber contestado algo –algo como "gracias, igualmente", pero no dijo nada, sólo se quedó pasmado viendo cómo las puertas se cerraban en sus narices y saliendo de su mini shock hasta que el movimiento brusco del tren lo obligó a sujetarse de algo.
¿Qué demonios estaba sucediendo con él?
¿Desde cuándo no sabía qué decir? Ni con Haru, ni con Ran o Ren, ni con Rei, Nagisa, Gou o Rin, ni con nadie nunca se había quedado tan en blanco en una conversación, o despedida. Lo atribuyó a que Sousuke, de hecho, era una persona totalmente nueva; él esta muy lejos de las distintas personalidades con las que alguna vez convivió.
Pero todo aquello solo era el preludio de lo que ahora lo mantenía con un fuerte nudo en el estómago.
Casi cuando salía de su casa, rumbo a su práctica matutina, su celular timbró anunciando la llegada de un correo electrónico. Suponiendo que se trataba de Haruka, lo abrió apresuradamente. Entonces pop.
"Tachibana, ¿llegaste bien? Siento si te han castigado por mi culpa".
Un mensaje sencillo, corto, casi escueto e insignificante a la vista de cualquiera. Pero no para Makoto.
Porque un no sé qué golpeó su estómago, y de un momento a otro parecía que sus pulmones se inflaban con más fuerza lastimando su pecho, los labios le temblaron rogando porque una enorme sonrisa se dibujara con ellos. Un cúmulo de emociones se atoró en su interior.
"Bien, gracias". Escribió. Pero se lo pensó bien, y sonaba como no adecuado. "Sin problema, ¿tú llegaste bien?". Nope, muy forzado además de tonto ¿qué le podría pasa en las dos cuadras camino a su casa? Por Dios. "O. K.". ¡Claro que no!
Terminó sin contestar el mensaje y de camino al club junto a Haruka.
—Rin dijo algo ayer.
Fue lo último que alcanzó a escuchar de la conversación que se suponía mantenía con Haruka. Makoto ladeó la cabeza, invitando al azabache a continuar con su narración, aunque para sus adentros sabía que no le era, digamos, relevante lo que el chico de cabellos rojos comentara con Nanase mientras tenían una cita.
—Dijo que actuabas como si yo te gustase.
—¿Eh?
No se sonrojó, más bien, el monosílabo estaba por completo lleno de sorpresa. Era cierto. Se suponía que a Makoto le gustaba Haruka; ¿entonces qué hacía alborotándose tanto por otra persona? No era como si estuviera admitiendo que sentía algo por alguien diferente a Haru, pero al castaño no le gustaban las mentiras, y sabía que se mentiría a sí mismo si dijera que no sintió ese fru-fru en su pecho cuando recibió un mensaje simplón de un casi-desconocido.
—Sí, es tonto. Lo mismo le dije.
Las cejas caídas de Tachibana se fruncieron levemente. Sabía que Haruka no lo hacía con intención, pero parecía que cada que hablaban de amor terminaba hiriendo los sentimientos del castaño. Suspiró y lo dejó pasar.
A pesar de ser la perfecta oportunidad de dejar en claro que, de hecho, sí le gustaba Nanase; que lo quería más allá de una forma amistosa o fraternal. Pero no, lo dejó pasar.
—Yamazaki actúa más como si gustara de Rin.
Fue casi como una cubetada de agua fría caer en su espalda. Se mordió el labio inferior para evitar un suspiro amargo. A Yamazaki le gustaba Rin; y no sólo, alguna vez lo besó; y no sólo, era capaz de todo por estar a su lado. Chasqueó la lengua. Parecía que Rin estaba muy de moda.
¿Y dónde quedaba Makoto en toda esta extraña ecuación?
3.2.
El agua tibia en contraste con la de las piscina, algo fría por ser finales de invierno, le relajó los músculos. De todos los lugares en donde podía sumergirse, sin dudas la bañera de su hogar era su sitio favorito.
Las baldosas goteaban con el agua que previamente fue vapor. Cerró los ojos sumergiéndose hasta los hombros, recargó la cabeza llena de castaños y sedosos cabellos en la pared posterior, vivió un entrenamiento pesado y el día previo no había dormido las ocho horas reglamentarias. Estaba cansado.
Había estado acongojado toda el día, dándole vueltas al asunto del mensaje. Y, lo que probablemente lo ponía de peor humor, era que un simple mensaje lo trastocara tanto, un escueto mensaje; algo que le envías a cualquier persona en cualquier momento. No había nada de especial en un conjunto de caracteres pre diseñados. Pero, como todo en Sousuke Yamazaki, lo mantenía en vilo, tratando de hallar alguna explicación, una razón oculta tras el sencillo gesto.
Yamazaki Sousuke. ¿Qué hacía Makoto Tachibana pensando tanto en Sousuke Yamazaki? En qué momento el enorme tipo de ojos aguamarina, ceño fruncido y actitud ligera fue a meterse en su vida.
—Sousuke...
Abrió los ojos de golpe y las mejillas se le colorearon de rojo. Se mordió la lengua. No había dicho eso en voz alta —no podía haber dicho eso en voz alta, ¿no?. Se mordió suavemente la lengua con algo de nerviosismo, mirando con algo de pánico los alrededores de la habitación a sabiendas de hallarse solo.
Como quien dice alguna mentira, llevó sus manos a la boca, dejando un ligero espacio para susurrar algo en la soledad de la habitación. Fue un murmullo ligero, rápido y travieso.
—Sousuke —y tapó sus labios con las palmas de sus manos. Divertido.
El nombre del azabache sonaba aterciopelado, suave, siseante, llamativo. Lo repitió una vez más, dos, tres y cuatro. Jugueteando con los tonos que podía ponerle a la pronunciación; alargando la 'o', deletreando el nombre, separándole por sílabas.
Recordó el olor a mar que desprendían las prendas de Yamazaki. No podía negar algo, era atractivo. Nadie a los alrededores lo podía negar, de hecho. ¿Quién no sentiría atracción por un moreno de un metro ochenta, de músculos definidos, porte cool y sonrisa galante?
Entonces, para sus adentros y allegados, admitió que —tal vez— tenía cierta atracción física por Yamazaki Sousuke. Y, a su vez, estaba casi seguro de que esa atracción empezaba y terminaba en su físico.
Se preguntó, ¿cómo Sousuke terminó enamorado de Rin? Obviando la homosexualidad, Rin no parecía el tipo de alguien como Sousuke. Pensándolo detenidamente ¿cómo sería el tipo de Yamazaki? Alguien apasionado, tal vez, que soportara sus comentarios con doble sentido o insinuaciones. ¿Sousuke era el tipo de hombres..., saben..., horny?
¿Cómo amaba Yamazaki Sousuke? Era acaso alguien dulce, o más bien lujurioso. ¿Cómo sería ser besado por Sousuke? Besaría lento o despacio, tal vez casto; pero estaba seguro que era un buen besador —sus delgados y bonitos labios parecían experimentados. ¿Cómo sería ser tocado por Sousuke?
Se hundió por completo en la bañera, cerrando fuertemente los ojos al sentir una semi erección entre las piernas. ¿Qué demonios estaba pasando?
3.3.
Navidad pasó más rápido de lo esperado; año nuevo no fue diferente. Las vacaciones de invierno se fueron tan rápido como llegaron, y cuando menos se lo imaginaron los inicios de febrero tocaban a la puerta. La escuela comenzaría en cuestión de nada y su rutina volvería a ser la misma.
Pero los mensajes que recibía Makoto del Samezuka fueron constantes antes de eso.
"Tengo exámenes esta semana, mátame". "¿Entrarás a la carrera de cien metros libres este fin de semana?". "Oi, ¿eres bueno en literatura? Creo que no tendré buena nota". "Buenos días".
Y este último, que llegó unos días antes de Navidad, fue el que más lo turbó porque... bueno, aun no descubría el por qué. Cada mensaje le provocaba lo mismo; sonreía como tonto, se volvía torpe, soñaba despierto, y al final nunca respondía nada.
No era porque no quisiera contestar. Sí quería, moría por hacerlo, pero...; ¿Qué podía responder? Todo lo que se animaba a redactar le resultaba como una tonta réplica, o muy seca, muy forzada, muy sosa, muy cortante, muy... Ugh. El resultado era el mismo; no contestaba nada aunque se hubiera pasado toda la tarde quebrándose la cabeza. Lo consolaba el hecho de que, después de uno o dos días, recibiría un nuevo mensaje que lo mantendría como tonto.
Pero no fue así. Después de ese "Buenos días" los cortos y lindos mensajes dejaron de llegar; y la ligera depresión que le daba por ratos a Makoto volvió con su ausencia. No había visto a Yamazaki desde la vez que durmió en su casa, pero al recibir sus correos podía sentirlo —de alguna extraña manera—, como si estuvieran hablando frente a frente. Cuando desapareció, se comenzó a preocupar por los hechos más irrelevantes, su humor variaba como si de un síndrome pre menstrual se tratara, y volvía su manía por sentirse excluido cada que Haruka y Rin se veían fuera de la escuela.
Pensó, en más de una ocasión, llamar al celular que para ese momento ya había registrado. Se arrepentía al preguntarse, ¿qué diría si él contestaba? Quedaría como alguna clase de subnormal que sólo llamaba para escuchar la voz de Yamazaki; y si esa idea se escuchaba perturbadora en su cabeza, no quería ni imaginar cómo resultaría en la experimentación. Entonces se arrepentía y volvía a rogar por recibir algún mensaje banal, la mínima señal de vida; una señal que le dijera que Sousuke aún sabía de su existencia.
—Haru, ¿sabes algo de Rin? —Se atrevió a preguntarle una tarde de febrero al chico hidrofílico, quien, sintiendo algo confusa la pregunta, respondió con una ceja en alto.
—Sí, lo vi ayer.
—Oh... —Makoto sabía que Haruka lo seguía escudriñando, pero los ojos verdes no se atrevían a enfrentarlo— y —viró la mirada a cualquier punto en el vacío vagón del tren— ¿sabes algo de Yamazaki-kun?
—¿Hah? —Nanase frunció el ceño, disgustado. ¿Desde cuándo Makoto se interesaba por Yamazaki?
—Es que... —rebuscó en su cabeza alguna excusa a su anterior pregunta—. No, no, nada, olvídalo —terminó con el asunto junto a una sonrisa fingida y un gesto con la mano.
No se atrevió a decirle que, desde hace más tiempo del que imaginaba, había mantenido contacto con el que parecía ser la persona menos favorita de Haruka. Porque.... Y, de vuelta a todo lo que parecía englobar a Sousuke, no sabía por qué.
El Samezuka de ojos turquesa parecía provocar eso en Makoto; lograba volverlo una red de dudas, conjeturas y una mezcla de ridículos sentimientos en el fondo de su pecho. Pero, volviendo al fin de sus ideas, Sousuke parecía haber desaparecido de su vida; tan rápido como había llegado, puesto sus sentimientos y estómago de cabeza, se marchó sin previo aviso.
O eso creyó hasta aquella noche de viernes, el primer fin de semana de febrero, cuando su celular sonó anunciando la entrada de una llamada —no era Haruka, ni ninguno del Iwatobi. Ese primer sentimiento que azotó su interior cuando recibió el primer mensaje de Sousuke, se intensificó mil veces al notar que la llamada era del mismísimo Yamazaki.
—¿D-Diga? —Contestó nervioso, jugando con el borde de su camiseta.
—Tachibana —¿desde cuándo no oía su voz? Tanto había pasado que no recordaba el sutil tinte de la gruesa voz. Se escuchaba bien. No sonaba enfermo, al menos –porque era una de las principales preocupaciones de Makoto. Los labios del castaño lucharon por no soltar un suspiro de alivio y alegría—. Tiempo sin saber de ti, ¿eh?
—Sí —¿cómo estás? ¿Cómo te ha ido? ¿Qué haz hecho últimamente? ¿Por qué no mandabas mensajes? Tantas preguntas que deseaba hacer, y todo lo resumió en un simplón "sí"—. ¿C-cómo...-?
—Voy a decirle a Rin.
¿Qué? Fue el primer pensamiento en la cabeza de Tachibana. La confesión fue tan abrupta que le robó el aire al chico de ojos verdes. ¿A qué se refería con decirle? Hablaba tal vez del tonto plan que maquinaron varias semanas atrás de cómo separar a Haruka y al pelirrojo para así ellos...
—Voy a confesarme..., por las buenas —el silencio inundó más la llamada—. Lo he pensado y, tal vez, tienes razón. Lo mejor será solo decirle y esperar que me corresponda.
—Oh... —Makoto se enterraba las uñas en la palma de la mano mientras apretaba su puño. ¿Por qué le decía aquello?—. Te deseo suerte, Yamazaki-san.
—Tachibana-
—Hasta luego.
Terminó la llamada tan rápido que su corazón aún latía con fuerza por la adrenalina de querer huir. Esta vez, el pecho se le oprimió y no con la linda sensación que casi siempre dejaban los mensajes de Sousuke. No. Esta sensación era horrible. Comparada con el sentimiento que le invadió al ver a un ebrio Yamazaki llorar por el rechazo. Se hiperventiló y sintió los ojos humedecerse; se sentó en el borde de la cama para caerse. Maldijo a Rin en su subconsciente, pero bien sabía que el pelirrojo no tenía la culpa de nada.
La culpa era de Makoto. Era su culpa por comenzar a sentir algo más por alguien que, desde un principio, nunca sintió nada por él.
Final del capítulo tres.
Pia~.
