Ya que me estoy tardando tanto en actualizar he decidido, gracias a un par de comentarios en la página de la comunidad, a bajar la cantidad de palabras por capítulo. Todavía tiene una narración preciosa, pues la he hecho io(? ¡De esta forma puedo actualizar más rápido y no demorarme un mes como con el segundo capítulo!
Quizá hasta avance más de este modo, irónicamente escribiendo menos.
Por ahora el apoyo que este fanfic está recibiendo me gusta, ¡Muchas gracias por los comentarios! Siempre me anima saber que hay gente pendiente de mis historias. Gotas de Agua es un proyecto grande. ¡Por favor, continúen apoyando! De esa manera tendré más ánimos para continuar~
¡Por favor, disfruten este capítulo!
Gotas de Agua.
Capítulo 3. Ahogado.
Nadie en su sano juicio disfrutaría tanto de clasificar plantas como Judar lo hace ahora mismo. Eso es lo que piensa cierto rey mientras ve fijamente todo eso que escribe.
No entiende mucho, pero sabe que se trata de plantas. Recientemente esto es lo único en lo que el japonés se ha preocupado, más que en su propia libertad.
La verdad eso es bueno para Sinbad, ¿entonces para qué quejarse? Así está todo bien. Pero su curiosidad ahora mismo es grande. Siendo tan parecidos que hasta el mismo rey lo confundió, ¿Judar habrá tenido este mismo problema antes?
A simple vista, con lo poco que ha llegado a conocerlo, piensa que Judar tiene una vida realmente tranquila y monótona en un país pequeño pero abundante de gente. Como profesor, ¿qué tanta diversión puede tener?
Seguramente no la suficiente, al menos eso piensa Sinbad.
— ¿Te molesta que te lleguen a comprar con Judal?
Judar para de escribir un momento, pero tan rápido como se detiene vuelve a seguir.
Qué repentina la pregunta, casi siente que rompe todo el sonido que la naturaleza nocturna les prestaba para relajarse.
— Realmente nadie lo hacía antes de que yo hiciera este viaje. Verá… mi hermano y yo nos hemos distanciado un poco. Bueno, bastante en realidad… —Conforme va diciendo esto su tono va bajando poco a poco hasta hacerse apenas un murmullo, por alguna razón se siente avergonzado. — Tan solo póngase en mi lugar. —Suspira. — Aunque él sea un modelo tan famoso, no me ha pasado que me confundan con él en la calle. —Al menos que él se dé cuenta.
Pensativo, el rey lleva una mano a su mentón en gesto filosófico.
— Debe ser duro a veces. Pensar que alguna chiquilla se te acerque pensando que eres él. Debe ser algo… ¿Humillante?
— No lo sé, no me ha pasado. —Insiste, con una sonrisilla.
Y no miente, en realidad no le ha pasado. Quizá porque su zona departamental no está en una especialmente transitada de gente joven así que en el barrio nada de eso. Ni siquiera en la facultad sus alumnos se lo han mencionado.
— Pues ahora sé la verdad, pequeño japonés. Esperaremos a que él se digne a venir y cumpla la parte de su trato para que puedas irte a casa. —Pero aunque se lo dice con un tono bastante seguro, la verdad es que no piensa dejarlo ir así de fácil. No luego de descubrir el tesoro de este hermano.
No se siente especialmente culpable cuando Judar le sonríe. La sonrisa se va de boca del rey en cuanto este vuelve a mirar la libreta y luego sigue haciendo notas.
Con toda tranquilidad, se pone un poco más cómodo al apoyar su mejilla en su puño, con el codo sobre el escritorio.
Era una noche tranquila, diez días después de que Judar llegó por primera vez a su palacio con toda la buena intención de pagarle una supuesta deuda que nunca existió.
— ¿Terminaste? —Le pregunta cuando lo ve soltar la pluma y estirarse, dándole un vistazo rápido a todo aquello que escribió. Eran kanjis, vaya. Se le escapa una sonrisa estúpida. — No sé leer la mayoría.
La hoja está dividida en dos columnas, con una caligrafía impecable, hasta daba gusto ver apuntes así de bien hechos.
Que le muestre algo de su trabajo.
— Es la clasificación de las plantas que tiene. —Sale de sus pensamientos cuando el japonés le dirige la palabra, está señalando una de las columnas con la pluma. — En esta parte están enlistadas las plantas de acuerdo al tamaño de sus hojas, la hice hace un par de días pero apenas pude terminarla hoy. En esta otra —Y ahora señala la otra columna con la pluma. — Son las mismas plantas pero ahora clasificadas de acuerdo al tipo de clima que necesitan. Por suerte la mayoría son de clima húmedo, pero tiene este par que son de clima seco y que no deberían estar aquí. —Y las señala y no solo eso, las encierra con un óvalo. — Pero puedo solucionarlo. Aunque necesitaré más materiales…
— Tú pide por esa linda boca, que yo te lo doy.
Intrigado, Judar se pregunta a sí mismo si debería de. Pero, ¿qué tiene de malo que Sinbad gaste en algo de auto-beneficio? El jardín es después de todo para él.
— Arena y algunas rocas. Necesito un buen montón, ¡de todos los tamaños! Pero lisas.
— Todo lo que pides es demasiado sencillo. —Menciona el rey de forma casual, a simple vista complacido por eso. — Todo eso lo tenemos aquí en Sindria. ¿Se te antoja algo más?
— Umh… ¿No he pedido demasiado ya?
— Todo lo hagas con ese jardín será para mi propio bien, y el dinero sobra. No importa.
Eso mismo piensa Judar, pero solo quería estar seguro.
— Entonces… algo de ayuda. No soy muy fuerte físicamente, como ya habrá imaginado.
— Te la brindaré, pero no será pronto. Mañana llega un invitado muy importante, así que espero te portes bien y no intentes buscar huir, solo encárgate del jardín y luce bonito para mí.
También va a ignorar eso.
— ¿Invitado? —Ignora lo último, ahora mismo en lo que menos piensa es en huir luego de entusiasmarse tanto con el jardín.
— Mi sobrina.
La mañana lo recibe con una fresca brisa que trae consigo el sonido del mar y de la civilización, junto a una calidez humana a la que ya se estaba acostumbrando, para su mala suerte.
La excusa de no quiero que intentes escapar ya no era una excusa válida, pero el rey continuaba empeñado en que durmiera en su cuarto y Judar todavía no había ganado tanta confianza como para llevarle la contraria a alguien tan importante como un rey.
Eso estaría bien si no fuera porque Sinbad quería compartir la misma cama, y encima lo abrazaba. Oh, y todavía peor. El rey tiene la costumbre de dormir desnudo y eso era algo muy incómodo. Le da calor. Es un poco extraño también.
Busca recuperar un poco de su espacio personal al empujar al otro con sus manos por los hombros del hombre mayor, aunque ni con su fuerza –la cual tampoco es que sea mucha– consigue mucho más que ver más allá del hombro del rey.
Aunque la ventana en la pared no es más que un simple hueco bien definido con bordes suaves y sin cristal, la luz que pasa no es mucha todavía. Seguramente es muy temprano.
Oculta el rostro contra la suave tela de una cobija y bosteza contra ella. Sabe que no está bien sentirse tan cómodo luego de ser prácticamente secuestrado por el caprichoso rey en un país extranjero, aunque también es verdad que no tiene a alguien tan importante esperándole en casa. No es que no piense en Kougyoku, simplemente lamenta no tener a la señorita Miní aquí con él.
Abre los ojos y lentamente para el trasero en popa, retrocediendo con ayuda de sus manos y rodillas hasta salir del abrazo. ¡Vaya que la cama era grande! Acalorado, se abanica con una mano mientras se sienta y deja que sus pies desnudos toquen el suelo. Estaba frío… Antes de que pueda haber riesgo de enfermarse, decide volver a subir sus pies y busca con la mirada su calzado. Demonios, por eso es malo dormirse sin calcetines. Se inclina hacia adelante y toma su par el suelo, nada tarda en colocárselos sin hacer el menor ruido posible.
Sabe que no puede salir de la habitación si no está Sinbad a su lado, así que se evita cualquier disgusto y apenas tiene sus zapatos bien puesto se levanta para caminar a la ventana y asomarse.
En serio que Sindria era bonita. Parecía un país atrapado en el tiempo. Desde el estilo de las casas hasta la propia ciudadanía. Lástima por el turismo, esos edificios modernos nada quedan con el estilo. No tiene nada en contra del turismo pero algunas veces era mejor vivir una experiencia al cien, no con la comodidad que la nueva era puede ofrecer. Esos rascacielos y moteles de lujo contaminan el país.
Apoya los brazos en el ancho borde y se asoma ahora hacia abajo.
Ya no está el guardia.
No le da tanta importancia, se entretiene mirando un momento su trabajo. El jardín, lejos de parecer bonito, ahora mismo era un patio sucio y desordenado. Judar había cavado muchísimos agujeros en el suelo de varias profundidades y no había regresado la tierra, y tampoco sabe qué hacer con ella. La tierra ya no era buena, no tiene los nutrientes que las plantas necesitan absorber. Necesita prepararla y volverla fértil de nuevo.
¿Pero eso realmente está bien?
Le echa una miradita rápida al rey, pero si bien apenas y regresa a ver el exterior vuelve a mirar al rey, ahora sorprendido. Estaba despierto, mirándolo sin decir nada, y con esa sonrisa de marca playboy en los labios.
— ¿Buscando vías de escape?
— No, solo pensaba en el trabajo que tengo hoy. —No sabe qué clase de milagro fue el que hizo que hablara sin titubear.
Sin dejar de mirarlo, el rey comienza a incorporarse. Solo Dios sabe cómo es que la cobija no ha dejado ver de más. Lo ve llevarse una mano a la cabeza para rascarse un poco, y entonces Judar nota algo.
Está más dormido que despierto. Quizá no fue tan escurridizo y silencioso como pensó.
— ¿Tú piensas que tienes trabajo? —Por el tono, Judar entiende que Sinbad está refunfuñando. — Yo sí que tengo trabajo, ¿qué día es hoy?
— ¿Jueves? Lo sabría si tuviera mi celular de vuelta. —Reta de forma sutil, sonriéndole.
— No funciona, cariño. —El rey se quita la cobija de encima por fin y se levanta. Parece no afectarle lo frío del suelo, solo camina a paso tambaleante hasta el elegante clóset para buscar ropa. — No vas a tenerlo tan fácil. Te compraré un bonito calendario de gatitos más tarde.
Será graciosito…
Por poco y se pone en modo defensivo, alegando que era injusto. Y es que lo es y Sinbad lo sabe, pero no va a arriesgarse a nada todavía.
— ¿Hoy llega su sobrina? —Pregunta de repente, y para darle algo de intimidad al rey mientras se viste –como si el rey respetara la suya– vuelve a ver por el bonito hueco al exterior.
— ¿Uh? Ah… —Parece que no se acordaba, o solo está a nada de volverse a tumbar a la cama y dormir. — Sí. Quizá por la noche, es un largo camino en barco hasta acá.
— ¿Sí? ¿Y desde dónde viene?
— Jizán.
Santa madre.
— ¿Arabia?
— Así es.
La comida había sido del mismo modo que todos los días. Sinbad se quedaba, con su plato al frente siempre servido en una bandeja, en la misma mesa que el resto de generales y Judar un rato y luego se levantaba, llamaba a Judar y este siempre lo seguía bajo la atenta mirada de todos los hombres presentes en la mesa. Hacía exactamente el mismo recorrido por los jardines hasta llegar al otro ala del castillo, el ala madre como escuchó le llamaban los guardias que resguardan el pasillo fuera de la habitación del rey. La madre de Sinbad, si bien no le había dirigido ni una sola palabra, solo se limitaba a verlo con desconfianza mientras él y su hijo compartían desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena. Pocas veces Judar comía en la misma habitación que ellos, parecía comprender que la mujer no estaba muy bien con su presencia y en parte lo entiende.
Esra es la primera en juzgarlo a mal por su apariencia tan parecida a la de Judal. Bueno, aunque también considerando a Sinbad…
Muchas veces sintió la mirada de esa mujer mientras trabajaba en el jardín cargando las pesadas macetas, cavando huecos o simplemente regando las plantas que no fueron removidas, las que Judar catalogó como "Están en su sitio perfecto".
Se puede decir que ya tiene una gran influencia en este jardín. Aunque no todo era por su propia mano, ¡como dijo el rey, se le brindó ayuda! De cinco generales, los que Sinbad catalogó como los más flojos. Eran hombres grandes y bastante fuertes, bastante útiles en sus labores. Y aunque él les agradecía en los dos idiomas que mejor se sabía ninguno de ellos le dirigía palabra, de hecho apenas y volteaban a verlo para preguntar a dónde hay que llevar el material.
Esa misma noche se le informó de la llegada del familiar del rey durante la cena, pero la noticia pareció no ser realmente importante ni para Esra ni para Sinbad, quien apenas asintió y pidió al guardia irse. Posiblemente porque alteraba a su madre.
Fue un poco incómodo ver todo desde el rincón, solo sentado mientras garabateaba cosas sin importancia en las últimas hojas del diario del jardín. Aunque también interesante, ¿será que para Sinbad la familia no es tan importante?
No, Judar duda mucho que venga cada comida diaria con su madre a comer en privado por deber, aunque eso no significa que deje de verlo como alguien injusto y cabezota.
— ¿No irá a saludarla?
Se arrepiente de haberlo dicho. La forma en que Esra lo ve lo pone completamente tenso. Es una mirada muy fuerte para una mujer tan hermosa, dice tanto…
Cierra la boca. Eso le decía.
En cambio, la de Sinbad permanece igual que siempre con esos aires relajados.
— ¿Debería hacerlo, verdad? Soy un mal tío. —Parece que el tema no le importa demasiado, o al menos eso piensa por su tono.
— … —Y prefiere guardar silencio.
Se limita a apretar los labios y a volver a sus garabatos, aunque ahora su pulso flaquea. Es extraño, no sabe exactamente qué en su pregunta pudo ofender a ambos nobles. Se pone todavía más tenso cuando la madre del rey chasquea la lengua y se levanta de su bonita silla verde para darles la espalda a ambos, aunque eso Judar no lo ve. De repente como que prefiere solo mantenerse callado y estar al margen de todo.
— No sé por qué está aquí. —Dije Esra.
Judar tampoco sabe qué hace aquí. Debería estar en casa, acariciando a su gata mimada y leyendo libros.
— Ella no tiene nada que ver en eso después de todo. Mi hermano era un idiota.
— Pero debe pagar por el pecado cometido de todos modos. De las deudas nadie se libra.
Por favor, que esto pare pronto. Hasta se le comienzan a humedecer un poco de más los ojos.
Total, que la hora de la cena terminó en completo silencio de parte de Judar, quien más que tocar la comida continuaba con sus garabatos. Estos de alguna manera tenían una forma bastante definida para ser solo garabatos. Eran plantas, la más bonita resultó ser un árbol de Sakura a tinta azul. De repente comienza a extrañar su hogar. Escribe la palabra "incómodo" en una raíz suelta del mismo árbol y luego cierra el cuaderno, dejando el bolígrafo dentro de la espiral del lado izquierdo.
Judal, por favor, aparece pronto.
Pero algo en él, una voz interior, le susurra el recuerdo de la traición de su hermano y repentinamente pierde un poco más de confianza.
Pareciera que apenas se da cuenta del mundo tan diferente en el que ha entrado. Ya no es un omega seguro que se relaja con la jardinería, de pronto se siente una visita indeseada.
De hecho, lo era. Judar era simplemente la llave para que Sinbad obtenga de regreso su joya, Judal se vaya y Judar sea dejado de vuelta en Japón, como antes.
Ni siquiera eran unas buenas vacaciones. Apenas y socializaba con más gente, parecía que todos en este palacio tenían la orden de no dirigirle palabra alguna. Se siente solo, e irónicamente está siempre acompañado por un par de guardias o el propio Sinbad.
Su sollozo termina la discusión que Esra y Sinbad habían comenzado sobre ni-sabe-qué, atrayendo primero la mirada ansiosa de la madre y luego la preocupada del rey. ¿Por qué lo mira así?
¿Ve a Judal en mí? ¿Tanto le preocupaba mi hermano?
Realmente no está hecho para ambientes tan tensos. Dado a su amor por la ciencia aún si toda la clase habla en voz alta, él como profesor se siente feliz en su área, enseñando y transmitiendo su conocimiento hacia otras mentes que comparten el mismo objetivo.
Pero aquí apenas y ha encontrado algo en qué distraerse.
Ausente, siente a Sinbad acercársele.
El rey le quita el cuaderno y lo deja sobre la misma mesa en donde antes cenaba con su madre, ante la atenta mirada de la misma. Luego hace que levante el rostro y le aprieta el labio con el dedo pulgar.
¿Por qué hace eso siempre?
Tiene la costumbre de apretarle el labio inferior con el pulgar siempre que le hace levantar la cara así. Aprieta los labios, intentando observar al rey a través de la acuosa cortina que cubre sus ojos.
Se siente tan solo y estresado.
Esa noche descubrió no solo una pequeña riña intrafamiliar en la familia real sino también que sus lágrimas podían dolerle tanto en los ojos. Ahora está frente al mismo espejo de la habitación de Sinbad, mirándose fijamente los ojos. Están rojos, la sal en sus lágrimas siempre los irritan demasiado. Se talla los ojos con los puños y se queda quieto luego de un rato. Sabe que inevitablemente es hora del cuestionario, nota al rey mirándolo fijamente a través del espejo aún desde la cama, buscando su rostro.
— ¿Por qué lloraste?
— Me sentí solo.
— ¿Te sientes solo en qué sentido? —No parece entenderle.
— Rey Sinbad, extraño mi hogar y a mi amiga. —Murmura en voz baja, todavía sin dignarse a verlo. — Y a mi clase, ¡Las vacaciones están a nada de terminar! No quiero perder mi trabajo por incumplimiento laboral. Quiero acariciar a la señorita Miní y leer libros. ¿Por qué me arrastra a esto? Lo que haya hecho Judal no me corresponde. —Pero eso ya se lo gritó un día.
— ¿Señorita Miní?
— Es mi gata.
Pesadamente se sienta en el taburete frente al tocador, bajando sus puños lentamente. Los pasos del rey acercándose lo ponen innegablemente tenso.
— ¿Qué puedo hacer para que no te sientas así, sin que desees regresar a casa?
¿Qué clase de pregunta era esa? Ofendido, se gira y levanta orgullosamente el rostro para verlo. Tiene las cejas fruncidas ahora.
¡Qué cruel! ¿Cómo va a desear NO irse de un país que lo tiene cautivo? ¡Si pudiera hacerlo lo habría hecho! Pero siempre estaba acompañado de guardias o de Sinbad, no podía pensar si quiera en herir a alguien porque no es su estilo, seguramente algo le saldría mal y todo iría a peor.
— ¡Lo menos que puede hacer es regresarme mi celular!
Pero las redes sociales le presentan una grandiosa oportunidad. ¿De libertad? Sí, pero no es ese el motivo por el que lo quiere de vuelta. El motivo es en realidad…
— Pedirás ayuda.
…volver a tener contacto con sus amigos. ¿Por qué Sinbad siempre piensa lo peor?
— ¡No lo haré! —Insiste, con tono desesperado.
La sonrisa burlona del rey lo confunde ahora a él, quien frunce las cejas y lo mira fijamente a los ojos.
— No te creo.
Qué frustración.
El silencio reina dentro de la habitación un buen rato, pero Judar no cede y no deja de mirarlo fijamente a los ojos. La cantidad de sentimientos que los propios expresan ahora mismo comienzan a hacer que el rey se sienta hasta cierto punto incómodo y desee apartar la mirada pero no llega a hacerlo normalmente.
Luego de un rato más, el rey se arrodilla frente al japonés.
— Pasaré más tiempo contigo, lo prometo.
El rey no quiere que se sienta solo después de todo.
— ¡Usted no es mi amigo! —Pero a Judar no le interesa demasiado volverse amigo de su secuestrador, ¿Qué eso no tenía una enfermedad y todo?
— Eh, pero si hasta dormimos juntos~
— ¡Yo no decidí eso! —Punto para Judar.
— ¿No quieres conocerme mejor?
— ¡Rey Sinbad, por favor no bromee, esto en serio es importante para mí!
— Ya lo sé.
— Entonces por fa-
Si Sinbad es bueno para algo es siempre en sorprender a la gente, y vaya sorpresa la que se lleva Judar cuando le toma el rostro de repente para empujarlo hacia adelante y hacer que caiga del taburete, solo para aterrizar en un par de brazos bastantes fuertes. ¿Cómo es que si quiera tuvo tiempo para cargarlo así? Asustado, el japonés se encoge y se aferra con ambas manos a uno de los brazos del rey, parece asustado.
— Si te hago el amor, vas a dejar de quejarte, ¿verdad?
— ¿Hacer… qué?
— Tener sexo. Vamos a relajarnos juntos~
— ¡Está loco!
Sus nervios estaban corriendo peligro, tanto como su ritmo cardiaco en cuanto el rey comienza a caminar hacia la cama con tanto ánimo, cargando con su peso hasta la cama del más grande. Ya en frente, el rey se inclina hacia adelante con su cuerpo todavía en brazos y deja que el trasero del japonés toque el colchón, inclinándose con la clara intención de besarle algo.
Todavía no decido cada cuánto actualizaré este fanfic. Pensé en un capítulo por semana. Depende de cuánto apoyo reciba esta historia. ¡Como mínimo una semana entre capítulo y capítulo!
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