"Everything about you pains my envying; your soul can't hate anything. Everything about you is so easy to love; they're watching you from above."

Bliss – Muse.


En voz baja

Capítulo III

Hospital

Cuando finalmente la tocó la luz del día, sus ojos ardían como si se estuvieran secando. Era lógico, puesto a que a duras penas pudo conciliar el sueño después de leer ese minúsculo párrafo tan significativo.

No se trataba de la adolescente más empática de la Tierra, tampoco de la región, y tal vez ni siquiera de esa casa, pero Bra sintió un dolor muy profundo en su interior al leer esas líneas al azar en el diario de Trunks. Recordaba alguna vez en la que su madre había soltado algo de información sobre la vida de ese otro hijo que una vez los visitó del futuro, y en aquel momento no había prestado verdadera atención simplemente porque no era de su interés, le resultaba un asunto trivial. Sabía que en la realidad en la que estaba ahora muchas cosas eran diferentes y sus amigos incluso habían muerto sin remedio, aunque nunca tuvo la delicadeza de pensar cómo había sucedido. Trunks había presenciado más de una muerte al ser un joven muchacho, y ella ni siquiera había tenido un desengaño amoroso aún. Él creció en un mundo destruido del que ella se había salvado… y ahora que lo pensaba con más detenimiento, él la había salvado de ello al intervenir en su realidad. A pesar de haber salvado la vida de su familia, la línea de tiempo de ese Trunks no volvió a ser lo que debía… continuó igual y por ello ahora dedicaba su vida a reconstruir lo que quedaba del mundo. Y con una sonrisa.

Luego de revolverse incómoda en la cama, se sentó y abrazó sus rodillas, con el ceño fruncido. Miró de lado al nefasto diario que le quitó el sueño y apretó los dientes.

Y aun así, sonríe.

Sintió algo de fastidio, al mismo tiempo y sin entender totalmente por qué. Parecía ser que Trunks daba lo mejor de sí en todo momento para mejorar la situación de su mundo, pero el conservar ese diario con tan oscuros pensamientos plasmados la llevó a pensar en que quizás habrían escritos más actuales y tal vez igual de oscuros. Pero por alguna razón se abstuvo de comprobarlo. Después de una ducha que la ayudó a despabilarse, tomó el pequeño cuaderno entre sus manos y lo guardó en el cajón, fuera de la vista de él. Tomó su camisa blanca y sus shorts caqui y salió por el pasillo mientras se secaba el cabello con una toalla. Al llegar a la sala de estar, inspeccionó con la mirada el sofá y lo encontró en perfectas condiciones, nadie hubiera imaginado que Trunks había dormido allí. Evidentemente se levantaba más temprano que ella y arreglaba todo para que no lo encontraran durmiendo, ni a él, ni a las sábanas desordenadas sobre los cojines. Se olía levemente el aroma del café y la nicotina, lo que la atrajo hasta la cocina donde Bulma revisaba unos apuntes mientras bebía de su taza y junto a la ventana, sobre un cenicero, tenía su cigarrillo. Ella levantó la mirada y le dio los buenos días, luego se apresuró junto a la ventana para cerrarla.

—Lo siento, no solemos tener muchas visitas —dijo aparentemente decidida a apagar su cigarrillo.

—Déjalo, no me molesta —Le dijo Bra, caminando hasta la ventana.

La jovencita miró los alrededores sin prestar real atención. Bulma se acomodó el cabello detrás de la oreja, la trenza que se armó en la mañana se le desarmaba, miró de reojo a Bra que parecía dispersa y bebió un sorbo de su café, tan fuerte como le gustaba. De un momento al otro se le escapó una sonrisa bastante amplia, estaba emocionada, tan emocionada como no estaba hacía años. Cuando iba a comenzar a hablar se detuvo a sí misma y luego de una corta batalla consigo misma, resolvió romper el silencio.

—Sabes… —comenzó con la vista en el espiral que se había formado al revolver su café—, me da mucha curiosidad que estés aquí —dijo, atrapando la atención de Bra—. La verdad es que cuando llegaste deseaba hacerte muchas preguntas, te hubiera tenido aquí conmigo toda la noche pero Trunks me pidió que no lo hiciera. Al principio no entendí muy bien a qué se refería, creí que por ser hija mía y verte exactamente como yo cuando tenía tu edad, serías accesible y no te molestaría, que venir aquí sería una aventura tuya, como yo tuve la mía en su momento. Aunque me molestó y tuve que reprimirme mucho, le hice caso a Trunks, él nunca me pide nada y no sería justo negarle nada cuándo lo hace. Luego de conocerte sólo un poco me di cuenta por qué me lo pidió… eres más como él que como yo, ni siquiera necesito preguntarte quién es tu padre porque al verte ahí, parada junto a la ventana, de brazos cruzados y con esa mirada desconfiada me provocas un escalofrío intenso, un dejavú muy vívido. No tengo ninguna duda de que eres hija de Vegeta —la joven no supo exactamente qué respuesta esperaba de ella, se quedó callada y desvió la mirada, algo incómoda—. Muchas veces me pregunté si a esta altura seguiríamos juntos, tu padre y yo. Si él habría cambiado, si me hubiera cansado, si nos hubiéramos hartado el uno del otro, y el verte aquí en lugar de darme respuestas me trae más dudas.

—¿Qué dudas tienes? —preguntó Bra, sacando a Bulma de su ensimismamiento.

La mujer presionó los labios, se dejó apoyar sobre el respaldo de su silla, pensando con detenimiento lo que contestaría. Tal vez debía ser selectiva ya que si Bra resultaba ser como Vegeta, no diría mucho.

—¿Me volví más tolerante, indulgente, permisiva o es que él realmente cambió?

—¿Mi mamá? ¿tolerante? —cuestionó ella en un tono altanero y soltó un bufido—, es muy insistente… no es severa, sólo que le cuesta entender que puedo cuidarme sola… Papá es diferente.

—¿Cómo diferente?

—No lo sé, sólo diferente —no bastó más para que Bulma notara lo enternecido de su mirada y la obvia admiración que se le desbordaba con sólo pensarlo. Similar a la que le transmitió su hijo, cuando volvió de la otra línea de tiempo.

—Bueno, hay café si quieres tomar algo. Trunks salió temprano a hacer unas diligencias, volverá por la tarde.

—¿En dónde está?

—En una ciudad vecina al norte, a 200 kilómetros de aquí. Están reconstruyendo un hospital y Trunks parece ser muy útil a la hora de llevar materiales de un lado al otro. Les ahorra bastante tiempo.

—Mi hermano no hace uso de su fuerza frente a la gente, creerían que es raro.

—Bueno, nosotros no podemos darnos el lujo de mantener escondido semejante don. Necesitamos toda la ayuda posible.

Bra se arrimó al recipiente del café y se tomó un segundo para acomodar sus ideas, tomó una taza amarilla y se sirvió de la bebida caliente.

—¿También puedo ir?


—Déjame ayudarte.

—No… Estoy bien, gracias.

—Nunca me dejas ayudarte.

—Es que yo… no, en serio, estoy bien.

Con sus ojos celestes buscó en el cielo algo que le ayudara a disimular el rubor de sus mejillas, como si eso fuera posible. Tal vez desviar la mirada para que ella no notara lo apenado que se ponía al tener a una insistente y hermosa mujer a su lado.

Jamu tomó una caja de herramientas del piso y caminó decida junto a Trunks, que cargaba pesados materiales de construcción, caminando por la escalera hasta el segundo piso.

—Con tu ayuda terminaremos antes de lo que pensábamos —comentó sonriente tocando distraídamente el brazo del muchacho.

Él apretó los dientes y contuvo el aire hasta que ella lo soltó, sencillamente no encontraba manera de simular tranquilidad cuando ella se encontraba atrevidamente cerca, aunque no fuera su real intención transgredir los límites del otro.

—¿Comiste algo?, deberíamos comer cuando terminemos aquí.

—Si quieres puedes ir a comer algo, yo puedo seguir —agregó él.

—No, cómo crees. No te dejaré trabajando solo.

Jamu se había vuelto el dolor de cabeza más grande de Trunks. Cualquier otro que colaborara con la reconstrucción del hospital creería que él era el más afortunado de todos. Los ojos púrpura de ella era hipnóticos, profundos y ciertamente sensuales; su cabello también púrpura era lacio y largo hasta la mitad de su menuda espalda, de piel blanca, bellas proporciones e impactante delantera. La mayoría de los días, como éste, se pintaba los labios de un tono rojizo que hoy se veía perfecto con la playera roja de mangas cortas que tenía.

Las intenciones de ella eran obvias por mucho que intentara negarlo, estaba enamorada de Trunks. Cada día lo esperaba pacientemente frente al hospital desde que lo conoció y lo acompañaba en sus tareas diarias, maravillada por su fuerza y bondad, y por supuesto su atractivo aspecto. Pero a pesar de las continuas invitaciones que le hacía, a pasar algo de tiempo juntos fuera de la construcción, él la rechazaba sutilmente. Aun así no destruía sus esperanzas, ella volvía a intentarlo al día siguiente y lo seguiría intentando. Se había tomado la molestia de preguntarle cada aspecto de su vida, y entre lo que pudo recabar del reservado hombre, no había una novia. Trunks fingía no notar sus avances, en orden de no darles respuesta, pero cada vez se sentía más intimidado por su sola presencia.

—No viniste ayer… —dijo ella apartando la mirada, esperando lo peor.

—Oh, sí. Lo siento —contestó girándose a ella. Ya habían llegado al segundo piso y él debía comenzar con sus labores, pero lo tomó desprevenido y al juzgar por la mirada de ella, esperaba más de su respuesta—. Llevé al parque de diversiones a…—los ojos de Jamu se ensancharon, de decirle que estaba con quien en otro tiempo hubiese sido su pequeña hermana, vendrían muchas más explicaciones que dar y no le pareció de lo más conveniente—. Una amiga.

—Ya veo —musitó ella con la voz adolorida imaginando que otra había logrado lo que ella no.

Trunks la miró con atención, a pesar de rechazarla todo el tiempo no deseaba causarle ningún daño. Era una buena mujer y merecía ser correspondida, sólo que él simplemente no podía hacerlo.

—No es lo que crees —se apresuró a decir y ella alzó la mirada, luego él tragó saliva y continuó con sus labores—, es mi prima…mi prima lejana.

La justificación de Trunks, alcanzó para revivirle la sonrisa a Jamu.

—¿Me la presentarás?, me gustaría conocerla.

—No sé cuánto tiempo se vaya a quedar.

—¿Entonces está de vacaciones?, podemos llevarla de paseo a la plaza, invitarle un helado. Podemos llevarla al cine, tal vez si quieres hasta podría llevarla a un día de chicas.

—No creo que sea muy buena idea, Jamu. Tiene un carácter particular… —dijo sonriendo, cordialmente—, la verdad me da miedo lo que podría pasar —agregó luego, en voz baja.

Si en algo Bra podía parecerse a su padre era en la inhabilidad de soportar a la gente que hablara demasiado y muy rápido. Bulma era la única mujer parlanchina a la que podían tolerar, y lamentablemente no podían aplicarlo al resto de la humanidad. Dejar a Bra sola con Jamu sería como arrojar una molotov a un convento en plena misa. Desastre.


El invierno ya se hacía presente en el aire frío que predominaba en las calles, haciendo que la muchacha del otro tiempo se arrepintiera levemente de sus atrevidos pantalones cortos. Estaba fastidiada mucho antes de salir de casa, mucho antes incluso de despertar. La manera tan cándida que tenía Trunks de comportarse todos los días a pesar de la infortunada vida que le toca vivir, le dejaba un agrio sabor de boca. Como si todo lo que había conocido de él no fuera más que una fachada que buscaba aparentar algo más crudo debajo. Que su sonrisa tal vez era una mentira, que sus ganas de ayudar al prójimo eran el antifaz de un ser desolado. Y eso la enfurecía, aunque no entendiera por qué.

Se sentía como si él le estuviese mintiendo, y la indignación que traía encima se le hacía tan insoportable que no encontró más remedio que ir tras él y exigirle una explicación, aunque tal vez ella no la mereciera.

Antes de retirarse de Corporación Capsula, Bulma le indicó el sitio en el que Trunks trabajaría, feliz de verla con intenciones de colaborar en la obra, cosa de la que ella pasaba totalmente pero no parecía muy cortés mencionárselo. Con un poco de reticencia levitó en la entrada de casa, no sin antes echar un vistazo en busca de algún curioso, subió el cierre de su chaqueta y se retiró rápidamente. El frío ya le había sonrojado las mejillas y endurecido los nudillos, aunque estuvieran bien ocultos en sus bolsillos; para cuando vio con dificultad una ciudad. Decidió bajar en donde nadie pudiera verla, un callejón entre dos edificios y así evitarse miradas asombradas.

—Ya, ahora dónde estará ese hospital —se preguntó a sí misma y luego oyó el sonido de unas latas a su espalda. Se giró con agresividad, lista para defenderse, pero no encontró un atacante, sólo una lata rodando hasta sus pies. Se inclinó y la tomó entre sus manos, extrañada caminó hacia adelante y del contenedor de basura que estaba colmado de desperdicios, cayeron un par de hojas de diario y bolsas negras de residuos. Había alguien allí dentro.

—¡Vamos, hermano! Apresúrate —escuchó de una infante que se acercaba corriendo y se ocultó detrás del contenedor—. Me da miedo estar aquí.

—No te preocupes, Minene. Yo te cuidaré —contestó un muchachito de unos nueve años que salió de un salto del contenedor.

—¿Encontraste algo?

—No, aquí no hay comida.

Los ojos de Bra se agigantaron. ¿Comida?, se preguntó, alarmada.

—¿Y qué vamos a cenar?

—Yo me preocuparé por eso, Minene —dijo el niño, acariciando la cabellera lila de su pequeña hermanita con una cálida sonrisa, similar a la de Trunks.

—¡Esperen! —soltó Bra sin pensar, asustando a los niños, que se hicieron hacia atrás rápidamente—. ¡No! No tengas miedo, ten —siguió, agitada mientras hurgaba en sus bolsillos, dejando caer al suelo la lata—, con esto pueden comprar comida ¿no?

El niño la miró con desconfianza y colocó a la niña a su espalda, observando los arrugados billetes que traía ella en su mano.

—¿Y qué quieres a cambio?

—Nada.

—¡¿Crees que me creeré eso?!

—¡Pues créetelo!

—¡¿Qué quieres de nosotros?!

—¡Ya no discutas niño sólo toma el maldito dinero y cállate! ¡¿O es que no quieres comer?!

La posición amenazante de Bra hizo temblar al par de críos, que sin más opción tomaron con terror el dinero y corrieron al otro lado del callejón. Bra soltó un respiro, al menos lo habían tomado y tal vez sí, debería considerar mejorar un poco sus habilidades de convencimiento y negociación.

Al llegar a la calle el niño se detuvo, y su hermanita jaló de su ropa hecha jirones pero él no titubeó al mirarla e inclinar la cabeza en agradecimiento, luego de devolver el gesto, ella sonrió con suavidad y la mirada enternecida, como no hacía desde que era niña.

Observó el suelo por un momento manteniendo esa ligera sonrisa que se deslizó en pocos segundos, formando una línea recta y fría. Pateó la lata con fuerza y ésta rebotó contra la pared de concreto y se vengó contra su blanco muslo, cortándola con el extremo abierto y oxidado.

—¡Mierda! —chilló abrazando su pierna, que comenzaba a escurrir pequeñas gotas de sangre.

Afortunadamente no se trataba de una herida profunda, sólo superficial. El único inconveniente probablemente sería lo oxidado que estaba aquel pedazo de aluminio.

—De todos modos iba al hospital, espero que haya alguien que pueda ayudarme.

Luego de buscarlo por varias cuadras, vio a lo lejos un edificio que más bien parecía sólo el armazón del mismo. A pesar de que había varios pisos sin terminar, unas habitaciones parecían estar en funcionamiento. Asumió que por la necesidad y urgencia del servicio sanitario.

Repentinamente recordó con incomodidad la expresión en la mirada de aquel niño, que con tanto recelo cuidaba de su hermana. Tal vez era una reacción común en los hombres fingir naturalidad ante los hechos más lamentables que tuvieran que vivir, mientras alguien los observara. Alzó la vista y Trunks cargaba sobre su hombro una gruesa viga, de esas que formarían parte del armazón del edificio, y la depositaba sobre uno de los últimos pisos. Volando, sin importarle las miradas. Entonces se dio cuenta de que no sólo ella era quien lo espiaba, muchos ojos curiosos a su alrededor lo señalaban e incluso murmuraban sobre él. Trunks no tenía una hermanita que cuidar, sino un mundo entero.

Comenzó a entender con amargura por qué Trunks no exteriorizaba todo el dolor que podía sentir y por qué lo ocultaba hasta de su propia mirada. Aunque ella seguía creyendo que tanta serenidad era inhumana y que tal actuación no era más que una vil máscara para lo que sea que fuera, que viviera debajo.

Se decidió a entrar al edificio blanco luego de juntar algo de coraje que iba perdiendo a medida que se acercaba al último piso con la mirada del niño pintada sobre sus ojos. Pero su línea mental se vio desvanecida cuando escuchó el primero de muchos piropos y se detuvo un instante.

—¿Te acompaño, bebé? —le dijo un desagradable hombre de mediana edad vistiendo unos jeans que le quedaban cortos, a juzgar por la línea ennegrecida que se asomaba de su trasero. El sujeto le giñó un ojo y los labios de ella temblaron de repulsión.

Siguió caminando y escuchó un silbido, unos pasos más y oyó "lindas piernas, muñeca", así que aceleró el paso hasta que un "creo que voy a casarme" le poseyó las piernas y con desesperación subió al último piso. Su rostro se dio de lleno contra una camiseta negra, con manchas de tierra o cemento y olor a sudor tapado por un desodorante masculino, unos grandes brazos se enlazaron a su cuerpo y se quedó sin aliento al ver lo definido de sus bíceps y la suavidad de su piel morena. Respiró profundo al levantar la mirada y cruzarse con su amplio cuello que aún conservaba un ligero aroma a su jabón de baño. Miró sus ojos celestes y descubrió con el rostro sonrojado que se trataba de la dulce mirada de Trunks, que le sonrió con cortesía y le acomodó el cabello, que el abrupto encuentro le había revuelto. Ella se hizo un paso hacia atrás bruscamente y frunció el ceño, apartó la mirada y se cruzó de brazos.

—¿Cómo te cruzas así de la nada?

Él sonrió y se rascó la nuca, llevaba el cabello suelto y se había quitado la chaqueta de jean que acostumbraba, seguramente para trabajar con más comodidad.

—Lo siento, no sabía que vendrías. ¿Mamá te dijo dónde encontrarme?

—Sí… Es que yo… —dudó su propósito y deslizó la mirada a su hombro.

—Te lastimaste —notó él enseguida y se agachó, tomando su muslo con una mano.

—¡Oye!, ¡qué haces! —reclamó Bra, sosteniéndose del hombro de Trunks.

Su rostro se cubrió de rubor mientras el de cabellera larga inspeccionaba la herida de su pierna, y presionó los labios con fuerza.

—No es profunda, ¿con qué te lo hiciste?

—Con una lata, estaba oxidada. Creo que necesitaré una antitetánica —entonces bajó la mirada y él la observaba con atención y con la boca entre abierta. Se veía tan diferente a su hermano que no podía creer que fueran la misma persona. Su cabello incluso parecía más claro, entre lila y grisáceo mientras que el del otro era algo más bien púrpura. La musculatura de éste estaba más definida, sus brazos más grandes y su olor era diferente. No tenía la mirada pícara de su hermano, tenía otra, más inocente, más pura.

Él se levantó sacándola de sus pensamientos y soltando su pierna, ella rápidamente se soltó del hombro de él y se incorporó sobre sus dos pies.

—Acompáñame, Jamu puede ayudarte con eso.

—¿Quién es Jamu? —preguntó Bra.

—Una chica que colabora con la obra, es enfermera y trabajará aquí cuando terminemos.

En el piso habían dos habitaciones a medio construir, una de ellas estaba casi terminada y Trunks acompañó a la más joven hasta la puerta. Al abrirla, Jamu pintaba con una brocha larga las paredes de un tono verde pastel. Se giró y le sonrió ampliamente a él, como si estuviera emocionada de verlo otra vez. Bra salió de detrás de la amplia espalda de Trunks y ella le dirigió una no tan alegre sonrisa, sin embargo cordial.

—Ella es Bra, mi… mi prima —la aludida alzó una ceja, pero guardó silencio—, se lastimó ¿podrías ver su herida?

—Por supuesto —contestó en un tono entusiasta.

La acomodó en una silla y trajo su botiquín de primeros auxilios, limpió la herida y la vendó. No necesitaría de ningún punto y al terminar, Jamu dijo que se procuraría un par de cosas de la enfermería de abajo para inyectarla y se retiró.

—¿Prima? —cuestionó Bra, mirando las paredes. Como si le restara importancia a su propia pregunta.

—Creo que sería más fácil de entender para ella, nunca le mencioné que tengo una máquina del tiempo, tampoco que tengo una hermana y tenerla de un día para el otro puede ser extraño para algunas personas —dijo con humor.

—Como volar o tener fuerza sobre humana.

Trunks la miró sorprendido—. Son cosas diferentes.

—Una mentira es una mentira.

—Sólo… no es necesario que Jamu sepa ciertas cosas. Ella es una chica dulce, normal, tiene buenas intenciones. Algunas cosas son demasiado extrañas para que ella pueda manejarlas.

—Yo puedo manejarlas.

—Pero tú eres diferente, Bra.

Ella se quedó callada, no es como si le hubiera ofendido lo que acaba de salir de los labios de Trunks, ella siempre se sintió diferente, especial, incluso más importante que el promedio.

—¿Te gusta esa chica?

—¿Qué? No, no… No es eso, verás, es qué… Bra, a veces hay que hacer sacrificios por la gente que uno quiere. Es por eso que—

—¡Aquí tengo todo, linda! Sólo un pequeño pinchacito y ya —soltó Jamu como una cascada de palabrería sin fin y sujetó el brazo de Bra con una banda plástica—. Quizás luego podamos ir de compras o por un helado, cuando Trunks me comentó que su prima estaba de visita y que la había llevado al parque de diversiones imaginé que se trataría de una niña más pequeña pero veo que eres toda una mujer. Ahora no sé si llevarte a la plaza para columpiarte, mejor vamos a ver ropa o al cine ¿qué dices?

—Uhm… en verdad yo… uhm —murmuró, deslizando la miranda entre la inocente de Jamu y la incómoda de Trunks—, creo que preferiría pasar estas vacaciones con mi tía Bulma y mi primo Trunks.

—Oh, pues. Está bien, Bra —contestó con un ligero tono de amargura, deslizando la aguja fuera del brazo de la muchacha y presionando el sitio con una pequeña bola de algodón.

Durante el resto del día Bra ayudó a su ahora primo con sus tareas, si bien no se comparaba a su fuerza podía hacer uso de sus habilidades en pintura o martillar una que otra tabla sin perder un dedo en el proceso. Para el atardecer ya estaba exhausta y somnolienta, asediada por sus propios bostezos y librando una batalla interminable con sus párpados. Cuando Trunks notó lo agotada que estaba decidió que era hora de terminar e ir a casa, se despidieron de la agradable muchachita de cabello púrpura y Trunks tomó a Bra entre sus brazos decidido a regresar a Corporación Capsula.

—¿Sabes que no necesito que me cargues, verdad?

—Lo sé, es que te ves algo cansada y no quisiera que te esfuerces demás. Hiciste un gran trabajo hoy. Te felicito, Bra.

Y otra vez le dedicó esa mirada que le transmitía una sensación cálida, esa amabilidad que interpretaba tan estupendamente y que se creía en cada tacto, o en cada gesto. No podía ser que fuera una fachada, que fuera todo un espejismo. ¿Realmente sentiría genuina cada una de las sonrisas que le regalaba o era sólo una anestesia? Una manera de calmar la incertidumbre ajena y hacerle creer que todo siempre estaría bien. Si ese era su fin, cumplía con su cometido a la perfección puesto que Bra sintió en su pecho un calor casi sofocante a pesar del frío invernal que bañaba la noche, sintió también a sus mejillas reaccionar ante la amabilidad de Trunks e inmediatamente se incomodó y apartó la mirada. Jamás se había sentido de esta manera con su hermano.

Al llegar a casa, Bra se encontró sola nuevamente en la habitación de Trunks. Volvió a usar su camiseta como pijama y se acostó en la cama, mirando hacia la puerta y al velador. Se revolvió un par de veces y reluctante abrió el cajón de la mesa de noche. Tomó el pequeño diario de cobertura negra y encendió la luz. Pasó un par de páginas, casi a donde se quedó y poco a poco su expresión fue perdiendo lo reacio, a una más apenada.

"Han pasado días y no consigo transformarme otra vez. Mamá ya casi no habla y se pasa todo el día en su laboratorio, no come y no duerme, sólo sale para visitar a mi tía Milk y he notado que tiene dificultad para mirarme a los ojos. Creo que también me culpa por la muerte de Gohan… Y tiene razón, ni siquiera pude vengar su muerte, aún estamos escondiéndonos de los androides y yo no puedo volverme a transformar. Ya ni siquiera le encuentro el punto a seguir luchando, y sé que mi mamá me bofetearía de escucharme decirlo en voz altar, pero soy sincero ¿para qué?

Supongo que la vida consiste en ello, hay cosas que lastimarían mucho a mi madre si las compartiera con ella y uno debe sacrificarse por quienes ama. Tal y como Gohan lo hizo por mí, yo se lo debo… Es la única razón que me motiva por ahora, tal vez cuando los elimine logre perdonarme a mí mismo. No lo sé, el tiempo lo dirá."

Bra se aclaró la garganta, cerró el cuaderno y lo colocó otra vez en el cajón, cada párrafo que leía le dejaba una sensación desgradable. Le dibujaba imágenes mentales de un pequeño niño, similar al de esa mañana, totalmente solo y obligado a valerse como si ya fuera un hombre.

"Es muy triste", pensó.

No podía recordar algo que en su infancia la haya afligido realmente, su madre tenía mucho dinero y por ende no supo jamás lo que significaba la necesidad, su padre siempre la hizo sentir protegida, incluso amada y especial, tenía a su hermano, a Goten, al tío Yamcha, a Goku, a Pan, a Marron, tenía mucho más de lo que él tenía en este mismo instante.

Apagó el velador y se acurrucó esperando que dormir no fuera tan pesado como lo había sido la noche anterior. Fue una dicha para ella haber conciliado el sueño una hora después de acostarse, a pesar de lo perturbada que estaba. Las faenas en el hospital la habían agotado, pero durante la madrugada volvió a despertar ya que las ganas de ir al baño la obligaron a levantarse de la cama y encender la luz. Sintió un escozor y se abrazó a sí misma. El suelo bajo sus pies descalzos estaba helado, el aire frío, tanto que podía contemplar el vapor de sus respiraciones cálidas. Después de ir al baño se preguntó por Trunks, que según sabía, dormía en el sofá con un cobertor y una almohada. Sintió nuevamente esa incomodidad lastimosa en su interior, su ceño se frunció y salió de la habitación a paso lento. No hubo necesidad de buscar demasiado en la oscuridad, las cortinas traslúcidas de la sala de estar dejaban pasar unos mezquinos rayos de la luz de la calle, al interior.

Él estaba temblando de frío, sin saber, totalmente dormido. Ella esperaba que el desequilibrio de temperatura sólo se hubiera dado en su cuarto, pero resultaba ser que toda la casa se estaba congelando y ya no podía dejar a Trunks allí, solo y con un cobertor viejo.

—Trunks —lo llamó ella en voz baja.

Él abrió levemente los ojos, parpadeó y alzó la mirada. Ella estaba parada frente a él, esperando que se levantara. Trunks se incorporó levemente, apoyó sus codos sobre las rodillas y se refregó un ojo con el dorso de su mano.

—¿Sucede algo… —comenzó a preguntar pero se le desvaneció la voz al sentir la cálida mano de ella sosteniendo su mejilla.

Se sonrojó inmediatamente y levantó la vista para mirar la silueta que la luz de la calle le dibujaba. Sostuvo su respiración, sintiendo cómo la suave palma de ella no sólo le entibiaba el rostro, sino también el pecho por la infranqueable timidez de él.

No recordaba de alguna mujer que le haya acariciado nunca la mejilla, además de su mamá o su tía Milk.

—Está fría —dijo ella en un tono herido.

Ella retiró su mano y él notó de inmediato el ambiente helado que los rodeaba. Bra se rodeó a sí misma con sus brazos y juntó con fuerza las piernas.

—No debes salir descalza, te puedes lastimar —pidió él con dulzura y ella esquivó la mirada, apretando los dientes—. El termostato se rompió otra vez, debería haber más cobertores en algún lado… Lo siento mucho, Bra, esto pasa de vez en cuando.

—¿Por qué no duermes conmigo? —le preguntó, sin un ápice de duda en la voz.

Él abrió los ojos, conmocionado y la miró a ella, tan decidida y calma que no podía creer lo que acababa de preguntarle. Por supuesto su rostro se llenó de rubor y tragó saliva casi por atragantarse.

—La cama es lo suficientemente grande para los dos, así no pasarás frío —completó ella, cruzándose de brazos.

—Ya entiendo, yo pensé… —y detenidamente se preguntó a sí mismo qué tendría de malo compartir la cama con su pequeña hermanita, después de todo sólo eran eso, hermanos. Tenían la misma sangre, los mismo genes, y él tenía frío, mucho frío en realidad.

—¿Qué dices?

Aunque le contestó que estaba bien, no hubo forma de que disimulara el ardor de su rostro. Al regresar al cuarto ella delimitó territorialmente una línea invisible que ninguno podía cruzar, por sobre todo él. Y se acostó en su lugar junto a la mesa de noche. Él un tanto incómodo se acostó bajo los cobertores y le dio la espalda. Aunque era su cama se sentía diferente, incluso olía diferente, había un perfume dulce impregnado en las hebras de las almohadas que le resultaba muy agradable.

—Y que no se te ocurra darte vuelta dormido —sentenció ella con fiereza mientras apagaba el velador.

En la mañana él abrió los ojos mucho antes que ella y lo primero que encontró fue alboroto verde de cabello, bañado en el aroma de las almohadas. Tras parpadear un par de veces y bajar la mirada encontró la pequeña nariz de Bra, acariciando su mejilla con cada respiración. Se separó un poco y contempló sus labios entreabiertos y sus ojos cerrados. Se vio a sí mismo envolviéndola con cuidado, con su brazo derecho y ella enredándose en él con una de sus piernas.

Recordó la última exigencia de Bra, antes de dormirse y no supo cómo soltarla sin despertarla y que armara un escándalo por ello.

Qué manera más desobediente de despertar, abrazado a su pequeña hermana.


Continuará….


N/A: No saben cómo me emociona este capítulo, estoy tan entusiasmada con este fic y con cada review que me han dejado que decidí subir este capítulo antes (pensaba hacerlo el sábado). Les agradezco el estímulo a todos, tanto a los silenciosos lectores como a los que me dejan unas palabras de apoyo. A decir verdad me esperaba lo peor debido al CRACK de esta pareja pero hasta ahora todos han abierto sus mentes más de lo que pensaba y de corazón les digo gracias. Por supuesto si encuentran cosas que no sean de su agrado o algo que creen que pueda mejorar siempre vienen bien sus sugerencias, todo es un aprendizaje. Sepan que le pongo mucho empeño a cada capítulo y tengo en cuenta sus comentarios. A quienes no he tenido tiempo de contestar sus reviews, ahora mismo me pongo con eso n_n Gracias Schala y Kattie por alimentar mi trunksmanía y Laura Xup por mostrarme tu entusiasmo con la historia, Gracias Michi por tus mega reviews que tengo que sentarme a leer lentito para absorver todo, Daly, Galaxy, Ana Gattara, Dev, Minene (que salió en el capítulo jaja) y Dika *inserte corazón* Espero que nos encontremos en el IV.