Disclaimer: Los personajes pertenecen a la fabulosa JK Rowling.
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"Como las ciudades en guerra, todas la mujeres tienen un blanco indefenso. Cuando se les descubre, la plaza se rinde inmediatamente".
Marqués de Sade
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Aberration of Starlight.
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CAPÍTULO II
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La cobarde.
Los días en el Número 12 de Grimmauld Place, no podían haber sido más largos para Pansy Parkinson.
Su larga cabellera negra; ahora lisa y pulcra, se encontraba atada en una coleta alta y elegante que dejaba a relucir de manera perfecta, su delgado y bien definido cuello. Ginevra Weasley, acostumbraba mirarla por el rabillo del ojo cuando Parkinson no se percataba. Le causaba curiosidad desmedida con afán de convertirse por muy poco en un capricho: el conocer cómo era realmente vivir en una casa llena de mortífagos, y también en mayor escala, saber cómo es que un Malfoy, se había unido a la Orden. Pues a pesar del tiempo que había transcurrido desde aquello, el único que lo sabía todo, era nada más y nada menos que el mismísimo Harry Potter, y a éste, no le gustaba que le preguntaran al respecto. Solía zafarse de las preguntas con evasivas y con abruptos cambios de tema, al igual que lo hacía Hermione, cuando se le preguntaba por el mortífago en cuestión. Ron Weasley, mantenía la cabeza enfocada en mejorar sus habilidades de magia sin varita, tanto, que no le quedaba espacio para percatarse de nada más a su alrededor; pero Ginny era perspicaz y terca, a diferencia de su hermano, que por más leal que fuera, su falta de capacidad intuitiva lo hacía perderse la mayoría de las cosas importantes.
La pelirroja sabía que algo ocurría, estaba convencida de eso desde hacía años y debía saberlo ya. No podía continuar en las penumbras, en la completa incertidumbre.
Y si sus mejores amigos no estaban dispuestos a contarle la verdad, seguramente Pansy Parkinson; quien nunca se detenía a la hora de hablar, sería una buena opción para recabar información. O eso era lo que había pensado la bruja cuando había visto a la pelinegra llegar bien sujeta de la mano del rubio; pensamiento que dio un cambio drástico con el paso del tiempo. Ya que la hermosa serpiente de ojos azules, se enfrascaba casi siempre en sí misma, sin compartir palabra con nadie. La veía contemplar con regularidad en dirección a la puerta y a la chimenea, pero las semanas transcurrían y Malfoy no aparecía.
Ese detalle, para todos los miembros de la Orden: insignificante; poco a poco, con la velocidad con la que se sopla una vela, comenzaba a hacer mella en Pansy. Seguía desmejorada y un tanto flacucha, y la ausencia de contacto y calidez humana de la que Draco solía embargarla, empezaba a sofocar la poca luminosidad de su semblante.
Ginny, levantó la barbilla con optimismo, decidida a llevar a cabo su cometido.
— ¿Puedo hacerte una pregunta?
Sin perder más tiempo se dirigió a la chica, que vigilaba atenta sin siquiera pestañear hacia la deteriorada puerta de la habitación. Sin duda, esperaba que el rubio la atravesara en cualquier momento de manera dramática, iluminando con su tez pálida el entorno. Pero en cuanto la voz de la pelirroja contaminó su tranquilidad instruida, la chica clavó su helada mirada en ella y asintió sin darle importancia. Ginny, creía que Pansy odiaba cada detalle de la habitación lúgubre; desde el roído alfombrado verde malta, hasta el acolchado corrugado de su cama. Seguramente, en su casa, en su mansión, las cosas eran muy diferentes. Pues allí, Pansy era la princesa de los Parkinson, más sin en cambio, en el cuartel; no era más que una arrimada a la que nada le pertenecía.
A Ginny le daba pena la situación de la chica, pero no le gustaba admitirlo. Todos habían visto la condición en la que Pansy había llegado al cuartel, pero era difícil de asimilar. La chica había sido violada durante años; eso había dicho la Sanadora en cuanto la hubo revisado en su segundo día de estancia, sin embargo, nadie terminaba por convencerse. Una situación tan desagradable como esa, siempre acababa siendo asimilada bajo el cruel escrutinio de la ignorancia. Pansy era una serpiente, una hija de mortífagos, y odiarla, estaba implícito en su apellido.
— ¿Cómo es qué Malfoy, terminó uniéndose a la Orden?
La menor de los Weasley, decidió empezar por la pregunta menos complicada, pero al ver la cara de sorpresa con la que la chica correspondió a su interrogante, se arrepintió, dándose cuenta, de que conocía a Pansy, tanto como conocía a Snape. Uno de los miembros más importantes de la Orden, que apenas si acudía al cuartel y si no fuera porque Malfoy les mantenía al tanto de su estado, no sabrían si quiera si el brillante mago continuaba con vida. Desde la muerte de Dumbledore, Severus Snape, jamás había sido visto, más que por Malfoy. Y a nadie le disgustaba aquello. Tratar con aquel murciélago de cabello seboso, no le causaba gracia a nadie. Después de todo, él había matado a Albus Dumbledore. Y aunque hubiera sido bajo ordenes del mismo, para la mojigatería de la mayoría de los miembros de la resistencia, se manifestaba inverosímil el perdonarle. Aunque, francamente, no hubiera nada que perdonar.
Pansy dejó escapar una tosesita antes de hablar, para aclarar el tono.
— ¿Acaso Granger, no te lo ha contado?
La cuestión se había transformado en un reclamo, a medida que la voz de Pansy se esparcía. Era un reclamo inofensivo e inesperado, también. Pero ella no tenía nada que reclamarle a Ginevra, por lo cual, esta no comprendió su reacción.
— ¿Por qué Hermione tendría que saber eso?
El labio inferior de Ginny, tembló ante la duda, sin que ella misma se diera cuenta. Ya sabía que algo le ocultaba su amiga, pero era difícil y endemoniadamente desgastante el comprobarlo. Después de todo, ella siempre le había demostrado que era alguien de fiar. ¿Por qué Hermione, habría de guardar secretos?
Un chasquido, proveniente de las escaleras, provocó que ambas chicas guardaran silencio por un momento antes de continuar. Seguramente Kreacher, estaría insultando a Hermione de nuevo. Pues la presencia de una sangre sucia en su amada casa Black, no le causaba nada de gracia al elfo; de grandes y puntiagudas orejas, de las que emergían mechones blancos de pelo. Claro que su comportamiento había mejorado un poco desde que Pansy había llegado, y aunque éste se desvivía por atenderla, a ella le resultaba más que incómodo. Estaba acostumbrada a hacer todo por sí misma, y que alguien estuviera revoloteando a su alrededor con los ojos desorbitados y brillantes, porque tan solo un mandato saliera de su boca... Le resultaba enfermizo. Pero tampoco, podía ser cruel con Kreacher, por lo que de vez en cuando, le pedía que la ayudara a tender la cama o a limpiar la habitación que compartía con Ginevra, en donde pasaba gran parte del tiempo.
La pelinegra se humedeció los labios, pues sentía la garganta reseca. Desde el té de la mañana, no había probado nada más y lo que tenía que contar a continuación, resultaba demasiado largo como para tener el estómago vacío.
— Ella y Draco, tuvieron una especie de conexión antes de que los mortífagos tomaran Hogwarts. — le reveló con insignificancia. — ¡No puedo creer que no te dieras cuenta! — se mofó, disgustada. — Las incansables miradas, los suspiros, los roces calculados, la falta de insultos por parte de ambos, y sobre todo, durante las clases de Pociones, cuando tu amiga se deleitaba mirando a Draco mientras creía que nadie se daba cuenta... Pero yo lo hacía, siempre lo supe. Y él, poco después me contó todo. No hay nada que no me diga. — dijo Pansy, hinchándose de orgullo. — Pensé que tú y Granger eran iguales, pero ya veo… — una sonrisa maliciosa curvó los labios de la bruja. — Draco, no es el único que ha probado el veneno de su traición. ¡Interesante!
La voz sonaba dura, con el filo de la amargura agudizando cada palabra que pronunciaba. Estaba molesta, y no le preocupaba demostrarlo.
Ginny, se llevó las manos al estómago, queriendo contener la abrumadora decepción que gorgoteaba en sus entrañas. ¿Cómo es qué su amiga no le había dicho algo tan importante? Peor aún… ¿Cómo es qué ella y Ron…
— Pero Hermione y mi hermano…
Pansy, levantó una mano, poniéndole freno a su absurda defensa. Hermione, tenía todas las de perder.
— Días antes de que Draco, ayudara a los mortífagos a entrar por el armario evanescente al castillo, ella se le confesó. Le dijo que lo quería, que no sabía cómo ni porqué, pero que había desarrollado una especie de afecto hacia él. No se lo esperaba, y corrió a contármelo. — negaba con la cabeza, incrédula, a medida que proseguía con su relato. — ¡Nunca en mi vida lo vi tan pálido como en esa noche! — Pansy sonrió ante el recuerdo. — Draco, estaba harto de todo. De tener que ocultarse de los mortífagos, de tener que ocultar información al mismo Voldemort, estaba tan asqueado de portar la marca, que… — soltó un suspiro silencioso y paso saliva. — Creyó, que la posibilidad de que alguien como Granger, pudiera quererlo, le quitaba un poco de pena y vergüenza a todo lo que estaba obligado a hacer. Granger, no era alguien a quién proteger, y por ese motivo tan importante, podía permitirse quererla… Pero… Al día siguiente, cuando fue a verla a su torre, la vio en los brazos de Weasley, besándose. Cuando la enfrentó, ella lo admitió, que estaba saliendo con tu estúpido hermano. — chistó. — Draco, no lo entendía, y entonces ella le explicó. No podía dejarlo todo por un futuro inexistente con un Malfoy. Weasley, representaba todos los valores y virtudes que ella idolatraba, y Draco, reflejaba la oscuridad que tanto temía y repudiaba. Tiempo después, Granger se enteró de que él trabajaba de infiltrado para la Orden. Potter, se lo dijo y entonces fue a buscarlo. Tengo que reconocer, que se arriesgó bastante al ir al Callejón Diagon, pero es todo lo bueno que diré sobre ella. — la bruja bufó, desviando la mirada. — Fue a buscarlo para decirle que no tenía que hacer todo eso, que ella no necesitaba que él se arriesgara, que no tenía porque dar su vida por una causa que ni siquiera entendía ni compartía… ¡Pero Draco, no se unió a la Orden por ella! Draco, se unió a la Orden pocos días después de que empezara nuestro sexto año en Hogwarts. ¡Él le contó todo a Dumbledore, y junto con Snape, planearon todo lo que ya sabes, lo que todos saben! Y aún, cuando Granger fue a buscarlo, seguía con tu hermano. — Pansy, se cruzó de brazos, mirando por encima de su hombro, a la lejanía, visualizando un recuerdo que le afligía. — Tengo entendido que esa noche, se acostaron. Draco, creyó que eso le daría valor, pero ella se fue en medio de la noche, y después actuó como si nada hubiese ocurrido. Su miedo, sus prejuicios, todo fue más fuerte. ¡Porque no lo ama, estoy segura de que no lo ama ni lo merece! ¡Es una maldita rata traidora! ¡Tan miserable que ni siquiera se merece que la mate!
Pansy, no perdió la compostura en ningún momento, pero su voz y su falta de expresión en el rostro cuando se refería a la castaña, hizo que Ginny se sintiera intimidada. En algún momento de la narración, la pelirroja se había visto obligada a sentarse. Esa historia… Pansy, como buena serpiente, tenía que estar mintiendo, o hablado de otra persona, una muy diferente a la Hermione que ella conocía. Siempre correcta, siempre valiente y leal. Esa historia, no podía ser cierta. Seguramente Pansy, no había podido olvidar las rencillas del colegio y se había inventado todo eso para dejar mal parada a su amiga.
Ginny Weasley, se levantó sin decir nada, ya estaba por girar el descolorido pomo metálico de la puerta para marcharse y ponerle fin a la charla; pero la castaña, la chica de ojos chocolate entró de repente, con el entrecejo fruncido y el semblante adusto. Acostumbraba estar de pésimo humor cuando Pansy, se hallaba cerca. La detestaba.
— Ginny, tenemos que...
Weasley, la miró con detenimiento, queriendo encontrar algo perdido en esa cara, en esos ojos; pero no hallaba la coincidencia con sus recuerdos.
— ¿Estás bien Ginny? ¡¿Ella te hizo algo?! — le preguntó Hermione, al ver la expresión de la pelirroja, olvidando momentáneamente, la razón por la que la había ido a buscar.
Pansy, ni se movió cuando la castaña hizo aquella sugerencia. No era la primera vez que decía algo así.
— ¿Tuviste algo que ver con Malfoy?
Hermione, no daba crédito a la pregunta, pero cuando se dio cuenta de que había escuchado bien, no hizo más que mirar al suelo, totalmente avergonzada. Sintió como sus manos sudaban, así que comenzó a refregarlas en la falda roja de algodón que llevaba puesta. Y se hubiese desmayado de la impresión si no fuera tan orgullosa. Sus piernas, no le permitían el flaquear tan desvergonzadamente.
— Ginny, yo… No te lo dije porque, creí que… Al ser Malfoy, él no…
La castaña titubeó, por primera vez en su vida, dando una imagen pobre de sí misma.
— ¡Esto no se trata de Malfoy! Puedes meterte con quien quieras, yo no iba a juzgarte. Creí que eras inteligente, Hermione. Esto es por nosotras, nuestra amistad, o lo que yo creía que era una amistad; está claro que no es algo mutuo. Pasaron años, y nada pudiste decirme. ¡Años! — gritó, con la irritación colgándole de la punta de la lengua, aniquilando a Hermione con la mirada, conteniéndose a su vez, de echarle la Maldición de los Mocomurciélagos, de la cual era famosa en Hogwarts.
Ginny, se apartó con violencia, y unas cuantas lágrimas de cólera, cayeron silenciosamente sobre su suéter de lana. La muchacha se fue, azotando la puerta detrás de sí.
Un silencio rencoroso gobernó la estancia por un minuto y después, Hermione, rompió en llanto.
Un llanto desgarrador que acostumbraba guardar para las noches de tormenta. Por más que se había esforzado en mantener sus sentimientos a raya, el rubio aparecía en su mente y sueños sin que ella lo llamara y sin que pudiera ponerle remedio.
— ¡¿Cómo pudiste?! ¡¿Cómo pudiste?!
Le preguntaba una y otra vez a la chica de tez tan blanca como la luna, que intentaba calentar sus manos con la delgada frazada de la cama. Pansy, no tenía derecho a un edredón como los demás, pues sólo era una acogida de Malfoy. Ya era suficiente el que le hubieran otorgado una cama. Nadie había estado de acuerdo, más que Potter y Ginny.
— Ya fueron años, Granger. Es momento de que enfrentes tus míseras acciones.
— ¡Esa era mi decisión! — chilló, Hermione.
— Lo siento, no se me da mentir. Y ella, me ha hecho una pregunta directa.
La chica se encogió de hombros, con tal sinceridad en su respuesta, que Hermione, no pudo más que soltar un nuevo sollozo.
— Siempre he hecho lo correcto, esto, estar con Ron, era: es lo correcto.
Pansy, se miró las uñas con detenimiento e hizo un mohín.
— Estoy segura de que amar a alguien no se trata de una elección. Pero como dices, eres demasiado correcta para saberlo. Espero que una infelicidad perpetua tanto para ti como para él, sea lo que quieres, porque es lo que vas a conseguir. Draco, se desilusionó de ti, y fue todo. Él es fuerte, él es Draco Malfoy; ése Draco Malfoy, que tanto desprecias y que tanto bien ha hecho. — Pansy, clavó su mirada desdeñosa en los ojos chocolate y prosiguió. — Es cierto, va vestido de mortífago y tiene las manos llenas de sangre; del tipo inocente y del tipo que no lo es, pero no todos pueden salvarse. Él es lo que es porque está seguro de sus convicciones y de su lealtad a sí mismo y hacia los que quiere, pero tú… ¡Tienes más amor propio que nada! No finjas que haces esto por nadie más que por ti. El chico Weasley, cuando se dé cuenta de que no lo amas, con el tiempo, tendrá más alma de mortífago que, Draco Malfoy.
Hermione, se echó hacia atrás, como si la pelinegra le hubiera dado un puñetazo en plena cara.
— Puedo llegar a quererlo… Tú no sabes…
— El tiempo no desarrolla afecto. El amor se conoce al primer instante, es esa corriente que te impulsa a seguir vivo, a querer un mundo mejor. No importa de quien te enamores, siempre y cuando sea mutuo y los dos estén dispuestos a luchar. Porque el amor es una guerra. Y de una vez te digo, que alces tu espada, porque Draco, es digno de que cualquiera quiera ir al campo de batalla, a morir o a lo que sea...
Hermione, se llevó las manos al pecho y dejó que su peso descansara en la puerta. Su subconsciente la había hecho retroceder, pues estar cerca de la salida, la hacía, en cierta forma, sentirse a salvo. Además, no podía hacer la pregunta que empujaba desde su pecho, afanándose en ser formulada, sin sostenerse de algún modo. Pues la respuesta, podría tener consecuencias fatales.
Hermione Granger, amaba a Draco Malfoy, pero le temía tanto a su marca y a lo que ésta representaba, que no podía hacer nada más que quedarse en silencio.
— ¿Tú lo amas? — al fin consiguió preguntar, aunque con un tintineo débil, sin apartar la vista de la punta de sus zapatos desgastados.
— Lo amo. — admitió Parkinson, por vez primera en voz alta. La chica de hielo, la de los ojos tristes y enfadados, amaba a un Malfoy. Pero eso no era ninguna novedad. No era algo que pudiera impedirse. Ambos, estaban hechos para amarse, de una forma o de otra.
Pansy, adoraba al rubio; más no de la forma en que la castaña se había referido, de eso estaba convencida, no obstante en ese momento, la pelinegra no consideró que aclarar el hecho fuera necesario. Quizá, el no hacerlo, podría hasta resultar útil. Nada nos empuja más a lo deseado, como que otro ronde el fruto de nuestro empeño y amenace con tomarlo.
— Hablaré con Ron. No ahora, necesito tiempo, pero… Hablaré con él. Mientras tanto, no le digas a nadie más lo que acabas de hablar con Ginny.
Pansy, sonrió a medias.
Tiempo, tiempo. El tiempo, de un día a otro, podía volverse eterno y mortal.
La bruja asintió, no era su estilo el ir regando rumores por doquier, ya no era una chiquilla. Se levantó con un movimiento pausado pero refinado, salió de la habitación que consideraba asfixiante y se apresuró a bajar las escaleras. No le agradaba Hermione, en lo más mínimo, y si Draco, se lo hubiese permitido, la habría matado desde hacía años. Sin importarle si valía o no la pena.
Pero en fin, tenía hambre. Últimamente todo el tiempo tenía hambre. En sus días en la Mansión Parkinson, comía tan poco, y bebía tan poco, y vivía mucho menos; que ahora, quería beberse y comerse todo lo que encontrara... Así fuese algo egoísta; pues las provisiones eran escasas. No siempre se podía ir al Callejón Diagon por comida y mucho menos al mundo Muggle. Se cazaban magos, brujas, muggles e hijos de muggles a diestra y siniestra. Cualquiera que no fuera un fiel servidor al Señor Oscuro, tenía su muerte asegurada. A menos que fueras de Sangre Pura y te unieras a su cruzada, bien podías lanzarte un Avada, tú mismo.
Caminó a pasos quedos hasta llegar al enorme refrigerador, que parecía un bloque de cemento gigante, y abrió la puerta con sigilo. Su cuerpo se tambaleó un poco cuando el frío le llegó a los tobillos, helándole el esqueleto. Todavía no recuperaba sus fuerzas del todo. Pansy, intentaba no recordar, pero su cuerpo, la mantenía con la memoria fresca y con poca disposición a sanar.
Una gota de sudor se deslizó por su frente cuando en un parpadeo, la imagen de ella contra las sábanas de seda de la cama de sus padres, siendo sometida una y otra vez por alguien a quien no le interesaba cuánto dolor sintiera, la embargó.
Soltó un suspiro lleno de resignación, e ignoró el recuerdo con pesadez.
Entonces, se llevó el dedo índice a la boca, evaluando el contenido de la nevera.
Había jugo de calabaza, cervezas de mantequilla, estofado, y un par de manzanas. Nada que realmente quisiera.
Cerró la puerta con una mueca. Nada dulce. La próxima vez que Malfoy, se dignara a visitarla, lo obligaría a llevarle algunos pastelillos, después de todo, era él el culpable de su afición por las cosas dulces, pues desde niños, se escabullían a la enorme cocina de Malfoy Manor para que los elfos les prepararan tartas y diversos postres. Esos habían sido sus breves y escasos momentos felices de la niñez...
— ¿No hay nada de tú agrado?
La voz la sacó de su ensoñación. No estaba acostumbrada a que nadie le hablara, normalmente se le ignoraba, pues nadie la consideraban digna de confianza y ella tampoco tenía interés en ganársela.
— No.
Respondió con simpleza y se apresuró a irse, halando de las mangas de su suéter para cubrirse las palmas; el clima gélido, la apabullaba.
— ¿Te molestaría quedarte? — al notar la reticencia de la chica, el joven se atrevió a pronunciar las palabras mágicas. — Malfoy, me mandó...
— ¡¿Draco, te ha escrito?!
Pansy, se acercó al chico sin reparar en que su cercanía era poco prudente; estaba ansiosa por saber la respuesta. Si Draco, la viera, no creería su reacción, pues la bruja siempre había actuado un tanto distante con él, al igual que lo hacía con todos.
— Lo hace regularmente. — respondió él chico, arrastrando las palabras con un leve sonrojo en las mejillas.
— ¡Infeliz! ¡Voy a matarlo cuando lo vea!
El mago de cabello negro y alborotado, se rió con ganas al ver la expresión fiera de la chica. Le recordaba mucho a una Veela. Criaturas preciosas, pero de temperamento inestable.
— No es muy seguro ponernos en contacto, pero me ha pedido que te de algo.
Las pestañas de la chica revolotearon con interés y el azul de sus orbes se volvió tan intenso, que el muchacho tuvo que carraspear para concentrarse.
— ¿Qué cosa? — el mago, se aclaró la garganta antes de atreverse a mirarla de nuevo.
La emoción de Pansy, contagió al chico, provocándole una media sonrisa. Con todo lo que ocurría, había pocas razones por las cuales sonreír. Ciertamente, no podía recordar ya la última vez que lo había hecho.
— La verdad, no lo sé. — se acomodó las gafas, y metió una de sus manos a la túnica roída de color azul marino que llevaba puesta, descubriendo a su vez, una pequeña caja con un bonito moño verde en un costado. La chica se lo arrebató de las manos antes de que él se la entregara, y se apresuró a ver el contenido.
Se trataba de un prendedor, un bonito prendedor en forma de estrella hecho de brillantes. Malfoy, no perdía su inagotable galantería ni sus atenciones, ni aún en plena lucha. Al fondo de la caja, descansaba una nota, escrita con caligrafía pulcra, apenas rasgando el papel para marcar las letras. Podía notarse el afecto en cada floritura.
No me olvido de mi estrella. D.M
Al leer la misiva, el chico carraspeó incómodo. No era correcto espiar, pero tampoco podía ni quería evitarlo.
— ¿Son...
— No. ¿Por qué todos pensaban lo mismo? ¿Acaso debía mandar un vociferador a todo el mundo diciendo que ella y Malfoy, no eran pareja? — pensó la chica.
Pansy, no derramó ni una lágrima como el muchacho de las gafas, hubiera esperado. En lugar de eso, se acomodó el cabello y se apresuró a colocarse el prendedor. Sonrió con suficiencia, sintiéndose la chica más hermosa del mundo, dejando al joven asombrado y abrumado por el fulgor con el que el broche brillaba desde lo alto de su cabeza.
— Gracias, Potter. Iré a la habitación.
La chica tomó la caja con cuidado, junto con el moño y salió a toda prisa, todavía conservando la sonrisa infantil.
Pansy, casi entraba a la habitación, pero las voces dentro de ésta, la detuvieron. Se acomodó en el duro y gélido peldaño y se dispuso a esperar. Sin dejar de pensar en los brillantes que llevaba en el lado derecho de la cabeza, contrastando perfectamente con su cabello negro. Sonrió, se recargó en la pared mientras abrazaba sus piernas, y cerró los ojos, pensando en cierto rubio de ojos grises.
Al otro lado de la puerta, una discusión entre dos amigas, daba comienzo.
— ¡Dímelo todo, Hermione!
— No hay mucho que contar...
Ginny, se cruzó de brazos. — Entonces, no sé qué haces aquí.
La castaña suspiró, cruzó la habitación y se sentó en la orilla de la cama de Ginny, esperando que ella la siguiera. La pelirroja no lo hizo, estaba muy enojada como para mantenerse quieta. Hermione, se dio por vencida y miró la palma de sus manos, ruborizándose ante el recuerdo.
— No sé exactamente como sucedió Ginny, simplemente, algo cambió en Malfoy, ése año. Harry, estaba convencido de que él llevaba la marca y yo no podía creerlo. Había dejado de insultarnos, siempre se le veía aislado, había perdido interés en el Quidditch… Una noche, Harry, Ron y yo, lo seguimos; fue antes de volver a Hogwarts. Harry, sospechaba de él, así que… En fin, Malfoy, se dio cuenta; yo esperaba que nos reclamara, que nos lanzara una maldición inclusive, pero él no dijo nada... Aunque, después de eso, me miraba diferente, como si yo fuera… Normal. Sé que suena como una idiotez, pero él siempre me miró como si fuera menos, como si fuera algo nocivo y vomitivo, y de repente me empezó a mirar como, como persona… No supe que fue, pero me resultó inevitable el verlo, el notar que él también era un ser humano, con o sin magia, y que podía estar juzgándolo, igual que él me juzgó a mi y a todos los hijos de Muggles. De vez en cuando, coincidíamos en pasillos; una ocasión chocamos, por accidente, ambos íbamos leyendo, Hogwarts: una historia. Él únicamente se rió, y se marchó, se le notaba pálido, pero su sonrisa era... No lo sé. — Hermione, odiaba todo aquello, si hubiera podido elegir el no amarlo, lo habría hecho con toda seguridad. — Después, no dejé de mirarlo, sabía que algo le sucedía, algo oscurecía sus ojos, no había más sonrisas, ni siquiera para Pansy Parkinson. Me percaté de que ella estaba preocupada por él, más de una vez los vi discutir, pero ella, siempre terminaba ganando. Puedo sonar como una loca acosadora, pero… Lo anhelaba, anhelaba que él me mirara como la miraba a ella, como mujer, y no como un cerebro con patas, como acostumbran verme todos. — lo había confesado, por fin. — Un día, al fin me declaré aunque sospechaba que él ya lo sabía, pero… Después de eso, Ron, me dijo que me amaba. Su sonrisa familiar, su aroma, el aroma con el que crecí en Hogwarts y que me recuerda mi propia magia, el olor a hogar, a la madriguera… No pude decirle que no. Su calor, su abrazo se sentía correcto, seguro. Y Malfoy, él es un Malfoy. Su familia nunca me querría, su padre era un mortífago y ahora él lo es, ya lo era entonces y yo… No podía echar a perder mi vida por algo que no tenía futuro. Pero cuando me enteré de que formaba parte de la Orden, no pude soportarlo. Creí que él se había unido por mi causa; fui a buscarlo, discutimos, y él, yo… No pude evitarlo Ginny, cuando está cerca, cuando me toca, cuando me mira, cuando siquiera me habla, él… — Hermione, luchó porque los recuerdos de esa noche no la agobiaran, no ahora que Ginny, estaba presente. — Pero al despertar, la marca en su brazo se movía, vibraba, burlándose de mí y me fui. Ron me esperaba, y yo… Decidí que estar con él, era lo que necesitaba.
Hermione, golpeteó su lengua contra el paladar haciendo un sonido sordo y molesto. El soltar todo aquello, que le parecía incoherente e insano, la hacía sentirse enferma.
— No puedo permitir que hagas infeliz a mi hermano por tu miedo. Y tú, tampoco serás feliz, ni lo eres ahora.
La castaña se mordió la lengua antes de hablar.
— No lo sé, para Malfoy fue muy fácil. Él no tiene nada que perder.
— Pues tú, Hermione. Ya has perdido todo. Cuando veas a mi amiga, le dices que la extraño y que espero que vuelva. Pero, esto; Ron, tiene que saberlo.
— Lo sé, sin embargo; antes, hay algo que tengo que hacer. Espera hasta entonces. Debo decírselo yo misma.
— Suerte.
Le contestó Ginny, imaginándose a qué se refería con: algo que hacer.
Hermione, tragó saliva.
Estaba al tanto de que Malfoy, vivía en un departamento en el Callejón Diagon, pues había estado allí una vez, la única tarde que habían pasado juntos. Nadie podía aparecerse allí, excepto un grupo pequeño de personas seleccionadas por dicho mortífago por medio de un encantamiento protector. Confiaba en que él hubiera... En que él no la hubiera quitado de ésa lista… No tenía porqué esperar nada, pero lo probaría, y si no funcionaba, ya pensaría en otra cosa.
Se puso la túnica, se colocó la capucha para cubrirse el rostro por si acaso, y se dispuso a aparecerse; pero no funcionó. Las barreras de Malfoy, no se lo permitieron, provocándole un leve malestar electrizante en el cuerpo, que la mantuvo inmóvil por unos segundos. Pero el dolor físico no le importaba, fue más el desencanto. El saber, que él no aguardaba por ella.
Se acomodó la túnica una vez más, alisándola con las palmas para sacudirse el miedo, y salió de la seguridad de Grimmauld Place.
Aparecerse en el Callejón Diagon, era una misión suicida, pero lo haría, era lo que necesitaba, no quedaba tiempo. Ya habían pasado años. Aunque todavía no estaba segura de nada. Se sentía como una estúpida sin rumbo, pero no existía una buena manera de hacerlo. Lo mejor era no meditarlo demasiado y dejarse llevar, pues si lo pensaba; estaba convencida de que se arrepentiría.
En cuanto se apareció en la calle, el discordante sonido de las alarmas le heló la sangre, y casi al instante, se vio rodeada por un número considerable de mortífagos. Uno de ellos; el más alto, le indicó a los demás con un gesto de mano autoritario, que se fueran. Éstos, acataron su orden de inmediato, por temor a una reprimenda. Y cuando desaparecieron, señaló con el dedo índice que estaba cubierto por un guante de piel de dragón, en dirección a la castaña; dio media vuelta y comenzó a caminar, sin asegurarse ni una vez si ella realmente lo seguía. Pero lo hacía.
Él llevaba la máscara plateada ocultándole el rostro, no obstante, lo reconocía, no había forma de que lo confundiera. Su postura, su altura prominente, su andar dominante y decidido... Lo acompañó en absoluto silencio, a lo largo de la calle principal durante varios minutos, minutos en que la molesta nieve comenzó a empaparla. Las piernas le temblaban, y sin darse cuenta realmente del tiempo transcurrido, llegaron al vestíbulo del sobrio edificio, que tenía toda la apariencia de haber sido abandonado. Con dificultad, él la tomó de la mano sin que ella opusiera resistencia; y en un parpadeo, se aparecieron en el departamento de Malfoy. Hermione, lo recordaba. Las fotografías de Pansy, de Theodore; las pinturas ocres de estilo gótico y de origen muggle, el tocadiscos encantado, los muros azul pálido, la pulcritud del ambiente... Algunas cosas habían cambiado, como las cortinas, que en lugar del color crema de antaño, ostentaban un verde sombrío que resultaba un tanto tétrico a la vista; no obstante, era el mismo sitio de aquel día, de aquella media noche compartida.
Draco, la soltó con urgencia, como si tocarla le hiciera algún daño físico y mental.
— ¡¿Estás jodidamente loca?!
Explotó de repente. Arrancándose la máscara en un movimiento brusco, y arrojándola a uno de los tres sillones de piel que adornaban la estancia. Los pómulos estaban colorados a causa del frío, y los ojos habían adquirido un gris opaco, lleno de desesperanza, que la castaña recordaba; pero que le causaba daño en demasía.
— Quería hablar.
— ¡¿Qué mierda es tan importante como para arriesgar todo?! ¡No sólo se trata de ti, Granger! ¡Muggles, hijos de muggles, magos! ¡Tus malditos amigos dependen de esto también!
— Necesitaba verte.
Le dijo Hermione, llenándose los pulmones de su aroma, que tantos años la había vuelto loca.
— ¡¿Y ahora como mierda voy a sacarte de aquí?! Tuviste suerte de que Bellatrix, esté con el Señor Tenebroso. Ella odia acatar mis órdenes. ¡Tuviste suerte de que estuviera vigilando el perímetro cuando se te ocurrió aparecerte en medio de la maldita calle!
Malfoy, caminaba de un lado al otro sin dejar de despotricar.
— ¿Vas a ignorarme, Draco?
El rubio se quedó de piedra en cuanto dijo su nombre. Parecía no estar consciente hasta ahora, de que era verdaderamente ella la que estaba allí.
— ¿Qué quieres? — le preguntó sin más, apartándose lo más que pudo de la chica.
Hermione, se armó de valor, formando puños con las manos, enterrando las uñas en las palmas hasta hacerse daño. El tipo de daño que le resultaba familiar y que la incitaba, inducía y estimulaba. El tipo de daño que le daba valor, y que creyó ya había olvidado. Pero ahora, rodeada de cada recuerdo, no podía ignorar la realidad.
— Lo que dije antes, hace años, en Hogwarts: es cierto…
Draco, apretó los labios, ahogándose con un insulto que amenazaba por salir.
— ¿Weasley, está al tanto de eso? — le preguntó, con son de burla. — Creí que quedaba claro que yo no soy segunda opción de nadie. Mientras estés con él, no sé qué haces aquí. Tu presencia me insulta. ¿Hasta cuándo vas a dejar de humillarme? ¿No te vas a casar, acaso? ¿Por qué esos son los planes, no? — el rubio esperó, para ver si la castaña se atrevía a negarlo, pero como no lo hizo, prosiguió. — ¿Qué haces aquí? ¡Deja de quitarme el tiempo!
— Hablaré con él, pero primero… Necesitaba verte. ¿Por qué me lo haces más difícil?
— No estoy seguro de lo que siento por ti Granger, no me diste la oportunidad a sentir nada más. Te fuiste con él antes de tiempo y ya nada puede hacerse. ¡Y después, cuando creí que al fin dejarías tu maldita cobardía, también te fuiste!
El mortífago, se pasó una mano por el cabello rubio, apartándose el par de mechones que acostumbraban cubrirle parte de la frente. No iba a admitir que después de esa noche, todo se había ido a la mierda, y que por más sexo que tuviera, nunca lograba sentirse satisfecho de verdad. El aroma a canela comenzaba a desquiciarlo. Ése conocido y tóxico efluvio, que se potenciaba allí; en el centro, bien protegido por los muslos lechosos de la muchacha de ojos chocolate... Por muy poco, Draco, podía apreciar a través de su memoria al contemplarla, el dulzor acaramelado, picante y mordaz de su tan ansiada carne.
— ¿Es por Pansy?
Malfoy, sonrió al escuchar el nombre. Sintiendo como una conocida sensación adormecedora, le recorría el cuerpo. Relajándolo. Dejando atrás, su fugaz desvarío.
— Pansy… ¿Cómo está ella? ¿Se ha alimentado bien?
Hermione, casi se atragantó con su propia saliva.
— ¿Te estás escuchando? Vine aquí a decirte… Y tú, sólo sabes preguntarme por ella.
— No la he visto en semanas. Te confieso que extraño demasiado a ésa mujer. Todo aquí, es muy aburrido y solitario sin ella… Theo me hace compañía y Blaise, pero no es lo mismo. Ella y yo nos entendemos.
Hermione, no cabía en su indignación; y Draco, no daba crédito a lo que veía.
— ¿Cómo es qué yo debo respetar tu amistad, relación, y muy seguramente futuro compromiso con Weasley? — le increpó con rabia. — ¡Ah! ¡Pero yo soy un patán por amar a mi amiga de toda la vida! ¡Eres una hipócrita!
La acusó con desdén.
— Yo no vine a hablar de Pansy. — sentenció la chica con los dientes apretados.
— ¿Entonces de qué? Vienes aquí, sin nada que dar. Sigues con Weasley. No hay nada en ti que tomar en serio. Me juego la vida todos los días, como para perder el tiempo contigo. Quiero algo seguro y si no, puedo seguir como hasta ahora. No te necesito, Granger. Por fortuna, te alejaste antes de que eso llegara a suceder.
— Draco, escúchame.
Hermione, intentó acercarse al mortífago, pero él negó con la cabeza amenazadoramente. Dispuesto a lanzarle una imperdonable si lo obligaba.
— ¡No! No te atrevas a acercarte a mí con falsas intenciones. Estoy cansado de tus juegos. Me mantuve al margen. ¡Respeté tu decisión, y ahora vuelves con toda esta mierda!
Malfoy, se colocó dos dedos en el puente de la nariz, soltando un suspiro lleno de cansancio.
— Vete. — le pidió con voz neutra.
Hermione, levantó la vista y divisó el casi imperceptible azul eléctrico de esos ojos grises que había amado y sonrió, rendida; pues una bella tormenta amenazaba con emerger de aquélla mirada osca. Entonces, se llevó las manos a la túnica, aferrando los dedos a la tela, dispuesta a despojarse de ella, y de todo lo que llevara encima, que se atreviera a desafiar su ansia.
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Aquí les traigo el segundo capítulo de esta historia que me ha servido mucho para sacudirme esta absurda depresión. Espero que me compartan sus opiniones.
Un abrazo.
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B
