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Metrópolis. Noche.
El ruido de sirenas, los sonidos de los disparos en la distancia y el olor a pólvora saturaban el aire; los gritos de las personas que huían y los incendios y explosiones provocados por bombas molotov llenaban la noche de la ciudad.
El caos reinaba en las calles.
Bandas organizadas de delincuentes saqueaban comercios, casas y edificios. Nada quedaba intacto, fijo y salvo. Los criminales arrasaban con todo, robando, destruyendo e incendiando.
Superman descendió en mitad de este pandemonium desde el cielo, dispuesto a hacer justicia. Un ladrón que se llevaba un TV plasma se topó con él y del susto, soltó la carga. Salió corriendo mientras gritaba a los miembros de su banda de la llegada del superhéroe…
-¡Es él! ¡Es él!
Varias armas de fuego fueron sacadas. Todas apuntaron al Hombre de Acero.
Ninguna llegó a disparar una bala, siquiera.
Con su visión calorífica, las derritió todas en las manos de sus portadores.
-Quedan todos detenidos – dijo a los delincuentes, mirándolos serio.
Una turba de malvivientes le hizo frente. Portaban palos, barras de acero, cadenas, cuchillos y navajas.
Superman se movió a supervelocidad entre ellos, como un rayo. Los noqueó a todos de certeros golpes.
Un criminal solitario vio su oportunidad. Al ver como aquella banda de colegas de profesión fue derrotada, colocó un explosivo en el edificio de un banco cercano, para destruirlo…
Superman lo vio y fue a detenerlo. Le arrebató la bomba y mientras el delincuente huía, la arrojó de un envión hacia el cielo.
Explotó en las alturas sin ocasionar más daños que unos cuantos vidrios rotos por la onda expansiva.
-¡Bravo, bravo! – dijo alguien, aplaudiendo - ¡Magnifico espectáculo!
Superman se volvió hacia el dueño de aquella voz. Lex aplaudía enérgicamente. Estaba vestido con una gabardina oscura y sonreía.
-¡Buen trabajo! En verdad, no exageraron cuando me hablaron de ti.
El Hombre de Acero estaba perplejo. ¿Qué hacia el hijo de Luthor allí? Pero entonces recordó el desorden reinante y el caos, y entendió que aquel viejo refrán se cumplía al pie de la letra…
"De tal palo, tal astilla".
-Ya veo – dijo – Tú eres el culpable de esto.
El joven Lex hizo una reverencia. Llevaba unos guantes negros en sus manos.
-Tenia muchas ganas de conocerte en persona – se acercó al superhéroe despacio – Francamente hablando, sentí curiosidad por ver mas directamente al asesino de mi padre.
Superman no dijo nada. No lo sacó de su error.
Solo su hijo y él conocían la verdad: que fue Lois Lane quien tuvo que matar al Luthor original para salvar al mundo.
Lex le tendió la mano, en un gesto de cordial saludo.
No se la estrechó.
-Vamos, Superman. Es un mero gesto de cortesía. Tan solo dos enemigos mortales que se saludan en el campo de batalla…
El Ultimo Hijo de Krypton se cruzó de brazos.
-Realmente, ¿Qué pretendes? – le preguntó.
-Ah… estilo directo. Admiro eso de un hombre que viste con pijama.
Superman enarcó una ceja. Revisó a Lex con su visión de rayos X.
No portaba armas.
No era una amenaza.
Solo estaba distrayéndolo con su charla. La ciudad estaba siendo atacada por sus agentes. Las personas de Metrópolis le necesitaban con urgencia…
Se dio la media vuelta y comenzó a irse. Lex lo detuvo, apoyándole una mano en el hombro.
-No tan rápido – dijo – En verdad, ¿no creerás que puedes ganar, no?
-Mírame.
Superman alzó vuelo. El hijo de Luthor lo vio dirigirse hacia el foco de problemas más próximo donde sus hombres proseguían con la operación de causar caos y desorden en la ciudad.
Sonrió y despacio, se sacó el guante con el que había tocado al superhéroe.
Una camioneta oscura apareció. La portezuela lateral se abrió y Lex entró en su interior.
En la parte trasera del vehículo, un mini-laboratorio estaba montado. Con cuidado, colocó el guante en una caja de cristal que se cerró automáticamente al vacío.
-Vamonos – le ordenó al conductor.
Tenía lo que quería.
¡Y qué fácil lo consiguió!
La siguiente parada de Superman en aquella larga noche fue en mitad de un saqueo a un centro comercial. Había varios ladrones allí dentro, dispuestos a llevárselo todo… solo que, cuando él entró para detenerlos, todos yacían muertos, asesinados por una única figura negra embutida en un traje de cuero, quien ya huía por los techos al ser descubierta.
El Hombre de Acero fue tras ella. La halló despreocupadamente reposando sobre un tejado…
-¿Dónde es el fuego?
Con asombro, Superman comprobó que se trataba de una mujer imbuida en un ajustado traje oscuro y mascara sobre su rostro. Sonreía felinamente y mantuvo el gesto mientras se erguía de manera sexy y lo enfrentaba.
-¿Quién eres?
-Puedes llamarme Black Cat – le respondió ella, guiñándole un ojo – Soy la nueva salvadora de Metrópolis.
"¡Lo que me faltaba esta noche!", pensó él, "¡Una desquiciada vigilante enmascarada!"
-Señorita, esto no es Gotham City – dijo él – Acaba de matar a varios hombres. Va a tener que acompañarme.
Black Cat revoleó los ojos.
-No lo creo.
Moviéndose con agilidad, le arrojó a Superman en la cara una bomba de humo. Aquello en sí no le produjo ningún daño al kryptoniano, salvo distraerlo por unos instantes… los cuales la enmascarada utilizó para huir arrojándose del techo al de la vivienda vecina y descender corriendo hacia la calle.
El Hombre de Acero amagó en seguirla, pero el sonido de una serie de explosiones en alguna parte hizo que su atención fuera requerida.
El misterio de la mujer-gato tendría que esperar.
Voló hacia otra parte de Metrópolis.
Al día siguiente, la evaluación de los daños acaecidos a la propiedad privada y pública ascendió a millones de dólares.
Si bien Superman colaboró deteniendo a los maleantes, la Prensa inflamó el caso y la llamó: "La Noche de la Anarquía".
Hubo quién se benefició del caos desatado y del colapso de las fuerzas de la Ley para hacerle frente.
Lionel Luthor convocó a todos los medios de televisión y gráficos al lobby de LexCorp. En mitad de un encendido discurso contra la actual gestión de gobierno municipal, largó su candidatura a Alcalde de la ciudad…
El efecto dominó no se hizo esperar. La noticia se regó por todas partes como la pólvora. Hubo debates y la gente finalmente terminó cuestionando al actual Alcalde como persona apta e idónea para realizar su trabajo.
El plan de Lex estaba en marcha.
Era tan solo la Fase Uno.
Edificio LexCorp.
Por la tarde.
Lionel entró en su oficina y se encontró con Lex fumándose un habano de la caja que había en su escritorio. Frunció el ceño.
-¿Desde cuando fumas, muchacho? – quiso saber.
-George, nuestro mayordomo… él me consiguió cigarros de tanto en tanto – le informó el joven – Pero estaba seguro de que guardabas lo mejor aquí.
-Eres igualito a tu padre – terció el anciano. Se sacó su chaqueta y la colgó en un perchero – Cero respeto por las autoridades.
-Gracias. Ese es un buen cumplido.
-Muy bien, Lex. Estamos en el baile. ¿Cómo sigue el ritmo?
-Fase Dos – Lex alzó dos dedos – Destrucción de Superman.
-Creí que ese alienígena no te quitaba el sueño.
-No lo hace. Ya sé como acabar con él.
Lionel enarcó una ceja.
-¿De veras?
-Creeme. Así es.
-Pues mejor me vas explicando cómo logramos eso.
-Es tan sencillo – Lex fumó un rato. Exhaló una amplia vaharada de humo – Para destruir a Superman, primero tenemos que convertirlo en lo que mas odia.
-O sea…
-En nosotros.
-¿Quieres decir, calumniarlo?
-Arruinar su imagen publica. Ensombrecer su luz.
-¿Y como lo hacemos?
Lex se puso de pie. Le pidió a su abuelo que lo siga.
Entraron en un ascensor y bajaron un par de pisos.
Mientras caminaban hasta su destino, Lex explicó su plan…
-Ayer, le tomé muestras de ADN a Superman sin que se diera cuenta, siquiera. Las guardé y se las entregué a nuestra División Genética y Biotecnológica, para ver si podíamos sacar algo.
-¿Y bien?
Lex se detuvo ante una puerta de metal. Extrajo una tarjeta magnética, la pasó por el escáner, colocó su ojo sobre otro de retina y ésta se abrió.
-Fíjate tú mismo – dijo, con un gesto teatral.
Lionel entró en lo que parecía ser un avanzado laboratorio de última tecnología. Allí, flotando en un tubo enorme lleno de líquido, reposaba un hombre desnudo igualito a Superman.
-No lo puedo creer – Lionel examinó al doble con fascinación - ¡Hiciste un clon de Superman!
-Bien, no exactamente – replicó Lex – Veras: el ADN extraterrestre de nuestro amigo es difícil de replicar, por lo que suplimos su carencia con genoma artificial. Un subproducto de nuestra fabrica genética.
-¡Asombroso!
Lex acarició el tanque.
-En teoría, posee los mismos poderes y habilidades del Superman original, solo que su mente ha sido alterada para obedecernos.
-¡Lex, esto es bizarro!
El duplicado en el tanque abrió los ojos. Los observó con malevolencia.
-Si. Creo que es un buen nombre para nuestro chico. "Bizarro". Muy conveniente.
Fin de la Parte Dos.
Continuara…
