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- Entiendo…- Balbuceo Namikoshi, al borde del shock- Me iré, solo déjame bañarme y tomar mis cosas. Ya no te molestare.

- Idiota, eres mi responsabilidad. Si te vas, me das permiso para pegarte un tiro.

- ¡Hazlo, entonces!- Exploto, con pequeñas lagrimas saladas en sus ojos- Si es así como piensas de mí, nada de esto tiene sentido.

- Allá estas otra vez, con tu papel de víctima para hacerme sentir mal- Con rudeza, le empujo justo en el centro del pecho. Era increíblemente suave.- ¡Te quedas, te guste o no, así como yo me quede por tu egoísmo!

- ¡No, Akechi, déjame!

- Cierra la boca, Veinte Caras, entra a bañarte, apestas.

Namikoshi titubeo, fijándose en detective y en la puerta de baño con duda. En su apasionada discusión, o descarga porque Akechi era quien hablaba, el moreno se dio cuenta que Namikoshi comenzaba a temerle, deseando huir de él.

Al fin, lo consiguió.

Namikoshi le tenía miedo, así debía ser.

¿Por qué le frustraba? ¿Por qué le molestaba que lo mirara como esos abusadores de la escuela, que estuviera tan indefenso como antaño? Dios, se veía tan indefenso que quería romperle unos huesos…Akechi se sintió poderoso, las cosas habían vuelto a su lugar.

"Ahora, ya sabes quien tiene el control…No volverás a arrastrarme contigo"

Finalmente, Namikoshi fue empujado dentro de la bañera y Akechi, en un intento de opacar su humor de perros, intento no mirarlo por mucho tiempo. El agua ya estaba lista, seguramente desde antes de esa escena, y Namikoshi ni siquiera se quejó de lo fría que estaba cuando empezó a asearse y permaneció allí unos minutos, inmóvil y en silencio.

Al cabo de un rato, el rubio cogió una esponja y jabón, evitando ver a Akechi, que tomo asiento apenas a un metro de la tina. Ese miedo ya no le gustaba, comenzaba a disgustarle más que satisfacerle. Como en el pasado, Namikoshi era el niño herido que se tragaba sus lágrimas y evitaba preguntar porque era molestado, maltratado, rechazado, que Akechi hasta llego a sentir compasión por él, sin embargo, su orgullo pudo más y se quedó a observar, vigilando que no se le ocurriría nada estúpido, ya sea como tragarse el jabón o tomar una navaja de afeitar. La idea de que se fuera a suicidar frente a sus ojos era muy probable, más que aplicable después que Akechi prácticamente lo vio soltarse de su mano voluntariamente para echarse al vacío.

Cuidar de un suicida, vaya chiste.

Como otras veces, Namikoshi no hizo nada extraño, excepto quedarse en silencio largo rato y no fue hasta la hora de dormir (Akechi le mando a dormir temprano para trabajar mejor) que logro escuchar su voz, tímida y susurrante.

- Al final…Hice que me reconocieras.

- Sí, nunca conocí a nadie más idiota.

- No- Ya vestido con ropa de dormir y la cara gacha, Namikoshi era una simple voz rota en el aire- Ahora lo sé, desde lo más profundo de tu ser, me odias, me aborreces. Lo lamento, Akechi, hice que te involucraras en todo esto y te relacionaras con una lacra como yo, lo siento.

Akechi estaba a un paso de cerrar la puerta y dejarlo solo, ya no quería verlo, ni oírlo, simplemente quería olvidarse de él, cuando antes solo quería encontrarlo y decirle todas sus verdades.

- Si Kobayashi tenía razón y me quieres solo para vengarte, lo acepto. Puedes echarme cuando te hayas cansado, solo…- Si conocía su ex amigo podría jurar que una lagrima traicionera cayo de sus ojos y que se esforzaba por terminar la dolorosa frase- Solo no desperdicies el tiempo con alguien como yo, no lo valgo.

Asqueado, Akechi sello la puerta con una patada que oyeron los vecinos de abajo, sintiéndose frustrado y con un sentimiento repulsivo en el pecho.

A Namikoshi le iba excelente hacerse la víctima, tanto que el mismo había adoptado el papel y se volvió tan sincero que era patético, tan asquerosamente débil que daba pena. Akechi podrá haberle dicho "desperdicio" a su enemigo, pero el, muy dentro de su ser, sabía que él era peor.

Akechi Kogoro se sentía una basura.

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La mañana siguiente, Namikoshi se puso emprendedor con su misión y salió con la policía a buscar a los imitadores de Veinte Caras, con el silencioso permiso de Akechi, quien espero impaciente como nunca a que esos entrometidos estudiantes llegaran a su residencia.

Tan pronto vio a Hashiba y a Kobayashi, ya dentro del apartamento sin sus zapatos, abordo al segundo.

- ¿Qué le dijiste a Namikoshi?- "Saludo" el detective, agrio y severo. Para restarle importancia al tema, Akechi fingía teclear algo en el computador, bebiéndose una lata de café de vez en cuando.

- Oye, ¿Y los modales?- Se quejó el presidente estudiantil, ofendido por su actitud.

- La última vez que hable con él, le dije muchas cosas- Admitió Kobayashi, sin temor ni vergüenza- Akechi-sempai. Cada quien tiene su forma de interpretar las palabras y las acciones, así que no entiendo realmente el sentido de tu pregunta.

Akechi gruño. Le gustaba que Kobayashi no fuera discreto, que no disimulara nada ni se pusiera nervioso, eso le restaba una inmensidad de problemas, pero a veces le costaba entenderse con este crió.

- Dijiste algo…Sobre venganza, o que se yo.

- Oh. ¿Namikoshi contó todo eso?

- Recuerdo que dijo esa bonita palabra anoche- Ironizo, tomándose un trago de una vez, profundamente inquieto y sin razón- Habla.

- Yo solo le di mi opinión- Akechi le hizo un gesto con la mano para que prosiguiera:- He estado viéndolos juntos y descifrando como se tratan, es decir, su situación en si es ya muy particular y por eso no me intereso al principio pero…Has comenzado a tenerle una fijación muy extraña a Namikoshi. He pensado que se trata de un oculto deseo de venganza por todo lo que te hizo pasar, después de abusar de tu confianza y traicionarte- Acabo por decir, con la inocencia marcada en la cara.

Hashiba estaba impactado. ¿Cómo alguien dice algo así, con esa pasividad?

- Namikoshi te mantuvo engañado todo el tiempo y por su culpa, pasaste por muchas cosas que no querías. Es natural que estés resentido con él.

- Sí, lo es- Reconoció Akechi, ligeramente incomodo por esa deducción tan acertada de su asistente.

- Exacto, por eso no sé porque Namikoshi se sorprende de que lo detestes- Hashiba quiso parar la charla y Akechi miro por primera vez en el día a su colega, con los ojos fijos en su expresión facial- Bueno…no sé en lo que estará pensando. Deberías hablar con él.

- ¿Yo…que?

Kobayashi lo miro como si esa sugerencia fuera la más ordinaria del mundo. Para Akechi, era inaudito. ¿Sabía que le tenía saña a Veinte Caras pero aun así, quería que hablaran? Él ya dijo lo que tenía que decir, por más que no fue lo correcto, y Namikoshi tal vez no dijo nada en su defensa, pero pudo haberlo hecho y perdió la oportunidad.

- Habla con el- Repitió Kobayashi, como si no fuera ninguna novedad.

- Ahora yo no te entiendo a ti.

- ¿No lo captas, Akechi-sempai?- Se sorprendió el andrógino, apoyando las manos sobre el sofá y mirándolo de reojo- Namikoshi y tu tienen historia. Ya sea como enemigos o como viejos amigos, tienen derecho a tener una conversación libre y sin secretos.

- Eso no…

- Deben charlar- Insistió Kobayashi, sorprendiendo a los dos muchachos- Deben hacerlo, porque si no la historia se repetirá.

- ¿Qué dices?- Ahora, Akechi no entendía para nada a donde iban con eso.

- Namikoshi se obsesiono con la fórmula del caos porque tenía problemas que no era capaz de compartir con nadie.

- Eso no justifica…

- Y acabó convirtiéndose en Veinte Caras, hasta fingió suicidarse para seguir su utopía libremente.

- ¡Yo estaba allí!- Se irguió, furioso. A Kobayashi ya no le sorprendió su inesperado accionar, últimamente cuando mencionaban al rubio, su jefe solía ponerse irritable y era impredecible. Otro punto a favor para que insistiera en que fuera con Namikoshi y resolvieran sus problemas- Estaba a su lado cuando lo maltrataban en la escuela, lo defendí de los bravucones y hasta del profesor que le hacia bullying. ¡He estado a su lado más que cualquier otra persona y nunca me contó nada!

- Akechi-sempai, ¿No te das cuenta?

- ¿Qué es esa arrogante pregunta? ¡Explícame lo que estas intentado decirme!

- Siempre estabas allí para el- Empezó Kobayashi, solemne- Por eso, debiste haberlo sabido. Tal vez él no quería involucrarte en sus problemas para manejarlo todo solo, pero siempre te tenía en cuenta. La fórmula del caos que resolvimos entre los tres fue gracias a que Namikoshi pensaba en ti en todos los procesos, hablaba de ti, de cuanto significas para él. Porque tú eras como un ejemplo para él, no quiso darte esa imagen tan patética de sí mismo y pretendió ser una persona nueva para estar a tu altura, aunque eso significara volverse el siniestro Veinte Caras.

Akechi sintió que las piernas le fallaban, que algo andaba mal en su sistema, que la cafeína no le llegaba lo suficiente y que necesitaba otro vicio nuevo, quizás un cigarro, porque era imposible, no quería reconocer la objetividad de Kobayashi como cierta, no quería creer esa posible versión de los hechos.

Sin misericordia, Kobayashi continúo su dictamen.

- Él ha pensado en ti en cada aspecto de su vida. Para Namikoshi, lo eres todo, Akechi-sempai. Por eso hizo todo esto, para que lo reconocieras. ¿Nunca le preguntaste sus razones para hacer lo que hizo? ¿Te dijo si se arrepintió de algo? Por eso, deben hablar.

- Hablar, como no- Farfullo, con un nido de ira haciéndose más pesado en su interior. Se echó al sofá, con una fingida pose de relajación que no engaño a nadie- Para que me siga mintiendo. ¡Yo no estoy malinterpretando nada!

- Nadie dice eso. Solo digo que estas atacando a Namikoshi por las razones equivocadas- Akechi nunca miro a Kobayashi con tanto odio, desprecio y amenaza asesina. Hashiba se asustó tanto que tomo al andrógino de los hombros, rogándole que se detuviera- ¡Entiende, Akechi-sempai!- Intento zafarse de los brazos del delegado, sin éxito- Tus sentimientos heridos no te dejan pensar con claridad, por eso has estado actuando extraño y desatando tu rabia con todos.

- ¡Kobayashi!- suplico Hashiba, apartándolo del detective antes que este decidiera darle el primer golpe, directo a la cara.

El puño ni siquiera llego, porque la voz de Kobayashi retumbo en el apartamento.

- ¡Reconócelo, Akechi Kogoro, estas herido!

Ni Hashiba supo que paso a continuación, solo cerro los ojos del miedo y los volvió a abrir para ver la "oficina de Akechi" sin este presente, un portazo a la altura de las escaleras y un par de latas de café ensuciando la alfombra.

Por otro lado, Kobayashi estaba conforme.

- No los entiendo…- Suspiro, agachándose para recoger las latas y empezar a limpiar- Solo deben hablar.

Hashiba no supo hasta donde se expandían los poderes de influencia de su amigo hasta que los vio en persona.

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