Y es Suiza el que baja de un árbol, con la ballesta en la mano y el ceño fruncido apuntando a Inglaterra.
—Oh... SHITE! —levanta las manos en automático al reconocerle y Roma necesita un par de segundos para mirar a todas partes antes de entender lo que pasa. Suiza mira a Inglaterra con el ceño fruncido y... Es que me hace gracia la escena de Suiza viniendo a defender a su novio Francia de las garras de Inglaterra... En el palacio de Austria.
—¡No te muevas! —suelta el suizo agresivo, frunciendo el ceño y fulminando al inglés. Evidentemente él no lo hace. Roma levanta las cejas al reconocerle. Francia sigue abrazado a Inglaterra como boa. Se tranquiliza un poco al ver que es Suiza, en realidad.
—¿Estas bien? —pregunta Suiza con suavidad mirando a Francia de reojo. Desde luego, habla en francés.
—J-Je... Je... Oui.
—Switzerland, esto no es lo que parece —interviene Inglaterra intentando defenderse... falla miserablemente, pues una frase así no puede sino que inculparle aún más.
—No tengo ni idea de que supones tú que parece, pero a mis ojos se ve como un vil y absoluto secuestro —sentencia—. Baja —pide a Francia mientras detiene al caballo apuntándole aún a Inglaterra a la cabeza, vigilando a Roma de reojo.
Francia suelta un poco a Inglaterra... Y es que no crean que quiere soltarle en realidad. Aun así aprovecha para "rozarle" (toquetearle) las regiones vitales a su antojo antes de soltarle. Cosa que hace al inglés sonrojarse e incomodarse, revolviéndose con las manos en alto y el corazón acelerado.
—¡Pero si yo a ti te conozco! Suizzera!
Suiza parpadea mirando a Roma de reojo y dando un pasito atrás mientras Francia sonríe un poco con la incomodidad. Se baja de un salto y se sacude.
—Di tu nombre y de dónde vienes. Si das UN paso más le vuelo la cabeza a tu compañero.
—Soy... Romekistán. Vengo de Asia menor.
Inglaterra facepalm.
—Quoi? No sé quién eres ni conozco Asia mejor. NO te acerques.
—Tranquilo —se acerca un pasito igual. El helvético extiende una mano y pone a Francia detrás de él, aun apuntando a Inglaterra que trata de salir del blanco haciendo girar al caballo un poco, de forma que si dispara, le dé al animal.
Suiza no es tonto y da dos pasos más atrás. Cambia el ángulo.
—Baja del caballo —pide muy, muy serio.
—Tranquilo, tranquilo —Roma trata de volver a llamar su atención—. Soy hermano de Frans.
Inglaterra remolonea a la espera del efecto de eso.
— ¿Hermano de France? —levanta las cejas—. ¿Es cierto?
—No lo sé, verás, no es como que haya hablado mucho con él... Me sacaron los dos bestias por la ventana —se acerca a Inglaterra y le toma de la pierna—. Baja.
Él lo hace y Roma sonríe.
—En realidad, nunca nos han presentado —asegura.
—Y él, es Angleterre —Francia le explica a Suiza acercándose a él y acariciándole el brazo un poco. Le sonríe.
—Angleterre?! —Suiza levanta las cejas, porque con claridad Inglaterra es el enemigo.
—¡No! —chilla Inglaterra.
—Mais oui, me dirás que no es interesante tenerle aquí. ¿Puedes apuntarle a la cabeza, mon amour?
Suiza frunce el ceño y... Bueno, ya lo estaba haciendo en realidad. Francia sonríe hacia Inglaterra más en control de toda la situación.
—¿Vas a ponerte ahora de rodillas?
—Of course not!
—¿Estás seguro? No creo que quieras terminar con una flecha de lado a lado de la cabeza.
—No creo que Switzerland vaya a dispararme nada más porque no me da la gana de hacer la pomposa e inútil ridiculez que quieres.
—Suisse... —Francia le mira de reojo—. Una pierna.
—Es una orden, Schweiz —suelta Inglaterra en alemán imitando cierto tono. Suiza parpadea y da un paso atrás. Francia bufa sin que le guste que le hable en alemán en lo absoluto. Menos con la reacción.
—Vas a ponerte de rodillas, así tenga que cortarte las piernas —le advierte a Inglaterra—. Dispara Suisse.
El inglés le sonríe burlón a Francia aun con las manos en alto, casi sin mirar a Suiza.
—Ah! ¡Es verdad! Eso me recuerda que no he visto a Austria —Roma a su puta bola, da una vuelta mirando por ahí. Suiza se teeeensa y baja un poco la ballesta—. ¿Dónde está? —pregunta Roma al suizo.
—Antes de que acabe el día, antes de que te mate o te largues a casa, vas a hincarte frente a mí. Sea como sea —susurra el francés para Inglaterra. Cada quien a su puta bola. Suiza apunta ahora a Roma.
—No sé de quién me hablas. Cierra la boca.
—Y estaré satisfecho de haber logrado hacerte perder un día entero en semejante estupidez—sonríe de lado Inglaterra aun. Francia entrecierra los ojos.
—Claro que lo sabes ¿Qué ha pasado? O espera... ¿estamos en esa época? —Roma aún está un poco confundido con la línea temporal en su cabeza.
—Subestimas ciertas cosas... —le asegura Francia a Inglaterra girándose a Suiza y, por consiguiente, dándole un poco la espalda, ahora en modo "voy a Ignorarte", se arregla otra vez un poco el pelo, descubre que su coronita de laureles se ha quedado ladeada, la acomoda lo mejor que puede y se vuelve a sacudir.
—¿A ti, por ejemplo? Será que eres subestimable —presiona el británico.
—Claro que NO lo sé. Dije cierra la boca —sisea Suiza.
—Me parece que te encantaría poder subestimarme a mí, Angleterre. Sinceramente, tu ingenuidad es mi ganancia.
—Lo bueno es que por lo que sé va a ir a mejor —Roma no puede evitarlo—. Aunque creo que no será pronto...
—Mejor aplícate el cuento, porque más bien es al revés y tú empiezas a estar cegado de fama y poder —sigue el inglés. Suiza sube el arma y da un pasito hacha Roma con el ceño fruncido.
—No me interesa lo que haga o lo que no, ni lo que vengas a decirme. Si te ha mandado él —hace una pausa porque Austria ha tenido que huir, derrotado y no le gusta estar aquí ni pelear contra él. Ya se negó una vez y discutió con Francia por ello—. No vas a conseguir manipularme.
Francia mira a Inglaterra de reojo y suelta una carcajada.
—Ah, non, non, no me ha mandado él, yo he venido a ver a Frans —responde Roma levantando las manos inocente—. Aunque me hace gracia verte a ti.
—Claaaro, claro. Que divertido eres, Angleterre —hace los ojos en blanco—. Ahora que me has dicho eso reflexionaré y consideraré que tienes toda la razón, debería cedértelo todo a ti e ir a Paris a ser un don nadie —más risas y mira alrededor preguntándose donde demonios están sus guardias. Deben estar buscándolos... Muy lentamente. Mira a Suiza y al romano.
—Ni que yo quisiera nada de todo esto —suelta Inglaterra en un tono desinteresado que no se cree ni él.
—A mí no me haría tanta gracia —escupe Suiza tenso y sin entender a estas personas y que hacen aquí hablando con ellas. Mira a Inglaterra de reojo y luego a Francia reír.
Francia se ríe un poco más con el comentario del inglés haciendo los ojos en blanco de nuevo y acercándose a Suiza, volviendo a pretender ignorarle. Mira al romano y le pone a Suiza una mano en la cintura acercándose a él y bajando el tono. E Inglaterra nota el movimiento y automáticamente la sangre le hierve en celos, mordiéndose un poco el labio.
—Subamos al caballo y encaminémonos a casa con ellos dos. Asumo que nuestros guardias no tardarán mucho en vernos y hacerse cargo —susurra muy bajito y le sonríe un poco antes de darle un beso en la mejilla.
—Hacerse cargo... —murmura tensándose igual con la cercanía y el beso, sonrojado—. Si no han hecho nada hasta ahora. Además ESTO no es casa.
Francia se ríe un poco con ese comentario de Suiza y se separa un poco acercándose al caballo, arrugando la nariz porque no le encanta tener que ir por ahí en un caballo cualquiera. Aun así, se sube.
—No está de más advertirles a ambos que Suisse es el mejor tirador del mundo... Ya vieron lo que ha hecho con el otro caballo —hace que el caballo de media vuelta sobre sí mismo y se acerque a Suiza—. Si a uno de los dos, o a los dos, le da por salir corriendo acabara con una flecha o una daga clavada en las piernas... O en la cabeza. Dependiendo a dónde apunte.
—Menos mal que lo tienes a él porque si tenemos que fiarnos de tu talento al arco, monsieur emperador del mundo —suelta Inglaterra crispadísimo, sin sonreír. Roma, que planeaba decir algo, mira a Inglaterra de reojo... y no lo hace sabiendo bien que es como su madre.
—Veo que empiezas a entender cómo es que debes dirigirte a mí. Sólo que te falta agregarle "grande" e "ilustre". Poco a poco —se defiende Francia frunciendo un poco el ceño.
—Veo que también se te ha secado el sentido de detectar el sarcasmo con los aires de grandeza que se te han subido a la cabeza.
—Por algo será —responde acercándose a Suiza, que frunce el ceño hacia Inglaterra sin que le encante nada de esta discusión... Aunque no es capaz de determinar por qué. Francia le sonríe al suizo y le hace un gesto de que se suba al caballo.
—Pues es lo que tiene la fama inmerecida.
Otra risa.
—Inmerecida.
—Si ni tú mismo puedes disparar, dos extraños pueden secuestrarte y hasta no puedes lograr que me arrodille ¿qué vas a merecerte?
Francia se humedece los labios, claro... No debían de haber podido secuestrarle, debería dispararle él en realidad y dejarse de imbecilidades. Suiza se monta en el caballo tras él, sonrojadito y Francia valora la idea de darle un flechazo en una pierna... Al final, Suiza ya tenía cargada la ballesta (que era lo más complicado).
—Deja ahora también que tus guardias me apresen y que otros me torturen mientras sigues poniéndote gordo y viejo encerrado en tu torre. Ni siquiera serás capaz de impedirme escapar.
Y al fin, AL FIN, justamente en este momento se acercan a ellos una horda de guardias, que para el gusto de Francia han tardado el día y la víspera. Roma se tensa con ellos.
Francia mira a Inglaterra desde arriba del caballo, con el ceño fruncido y la mirada dura de nuevo. Él era el imperio, ÉL era el más fuerte y el más poderoso. No importaba lo que dijera el inglés. ÉL había conseguido todo esto, ÉL. Él solo, al fin, a pesar de todo, había conseguido arrasar con todos y aplastarles. ¿Por qué habría de importar que Inglaterra viniera aquí a decirle esas cosas? Además... No estaba ni gordo, ni viejo, ni solo (sí, lo de solo lo había agregado él sin ni notarlo). No entendía que hacia aquí, tampoco entendía que hacia aquí así. Le da la vuelta al caballo dándole la espalda después de la mirada flamígera.
—Y así el que calla otorga, por fin pareces entrar en razón —sonríe Inglaterra vencedor, un poco nervioso porque no quiere que se vaya. Quién sabe si les dejen acercarse de nuevo.
—No tengo porque escucharte. ¡Llévenselos! —ordena acercándose a uno de los capitanes y bajando el tono—. SIN lastimarles. Si alguien va a tocarle siquiera voy a ser yo —murmura y arrea al caballo con bastante fuerza para empezar a galopar hacia el palacio cuando los guardias ya están ahí, encima de ellos.
—VEN A VERNOS SI QUIERES SABER DE AUSTRIAE —grita Roma de repente antes de que no puedan oírle... todos sabemos para quien.
—No les oigas —susurra Francia y espolea con más fuerza, disgustado porque joder, ya bastante humillante ha sido que le secuestren así, ahora no pretenderán además debilitar su relación con Suiza JUSTO por el punto que, de por sí, es el más débil.
Aunque la idea no es debilitar su relación con él. Roma no sabe ni que va a decirle a Suiza ni si realmente vendrá o no, si el odio ganara a la curiosidad, lo que no quiere es que realmente esta aventura acabe aquí con los dos foráneos en las mazmorras. Pero eso en concreto no es lo que piensa ahora mismo este Francia sobre su caballo.
Pero vivan tranquilos, que DESDE LUEGO no van a terminar en las mazmorras. Van a pasar por ellas, pero a Francia de menos van a volverle a ver en un cuarto del palacio. Las palabras de Inglaterra NO las toma a la ligera y esto de que alguien más les torture mientras él no hace nada, no le ha gustado.
De momento acaban en las mazmorras... ninguno de los dos tiene muy claro quién tiene la culpa. Inglaterra suspira apretando los ojos recordando porque siempre ha odiado a Francia, pensando que debe haber ido a tirarse a Suiza AHORA MISMO.
Y Exactamente. Nada más para molestarle a él, para derretirle el cerebro a Suiza, para desestresarse y para... Vale, para molestarle en una gran medida.
Francia se tooooma su tiempo con Suiza, en especial después del sexo, hablando con él sobre sus impresiones de los intrusos y quejándose un poco de sus guardias, obviando el hecho de lo confuso que es que haya ido Inglaterra. Sigue siendo un misterio para ambos cómo llegaron adentro del palacio, que es lo que quieren y también quien es el otro hombre que dice ser hermano de Francia.
Suiza supone que es un impostor, Francia piensa que tiene ALGO que lo hace conocido y familiar. La conclusión obvia es que deben interrogarlos... La no tan obvia es la manera.
Pese a las protestas de Suiza, es el francés quien insiste que (en parte conociendo la necedad de Inglaterra) la mejor manera es tratarles un poco como invitados. Hacerles partícipes de la magnanimidad del imperio siempre y cuando hagan lo que él quiere. Y también, un poco para borrar la mancha de desorden y fragilidad que ha dado un rato antes.
Finalmente, se levanta de la cama pidiéndole a Suiza que se vista con uno de los trajes buenos (y nuevos) antes de irse a vestir para bajar nuevamente a la sala del piano, donde ordena que le suban a los prisioneros.
Roma mira a Inglaterra de reojo mientras están ahí abajo, notándole enfurruñado y de mal humor. Suspira sin poder evitar pensar en Germania.
Inglaterra nada más murmura asegurándose que Francia es un imbécil y no le importa, ni le quiere ni nada, como siempre... y es probable que el Francia actual acabe pagando los desperfectos.
En un momento dado el romano se le acerca para preguntarle si está bien y él le pregunta muy en serio si no quiere volver ya a casa, pero Roma niega porque aún no ha visto nada y le recuerda al inglés como es que se parece mucho a su madre y Francia hace como él con ella. Aprovechando el tiempo para contarle como a pesar de todo ella logra embobarle y llamar su atención mucho más que cualquier otro sin necesidad de ser tan bonita.
Y también la atención de Francia, de hecho... Es decir, aún ahora... La mitad de las cosas, están girando a su alrededor.
En realidad, Inglaterra se siente un poco mejor con eso y cuando llegan los guardias deben encontrar al inglés siendo acunado entre los brazos de Roma... nada más un poco hecho bolita, sin sonrojarse. De verdad que Roma no lo entiende y se pregunta si no podría ser así su relación con Romanito en vez de con Inglaterra.
Los guardias levantan una ceja al mirarles (Logan está entré ellos), sin embargo, les piden con bastante amabilidad que salgan y les sigan.
Inglaterra toma aire para adquirir fuerzas y se separa de Roma suspirando. Roma sigue flipando con su actitud. Intenta meterle mano mientras se le separa, pero Inglaterra nada más pide hasta disculpas para más DAFAQ de Roma. Francia le manda a decir que él también lo piensa.
Los soldados les ofrecen incluso un poco de agua para limpiarse y arreglarse, llevándoles al baño. Otra vez en actitud de ser visitas.
Roma más que encantado, debe querer darse un baño incluso, hasta que al mear se ve el asunto y se acuerda de Britania y se caga en todos sus muertos. Ella le manda saludos.
Los guardias les esperan tranquilamente, sin ninguna prisa, cuchicheando un poco sobre el regaño que va a meterles Francia más tarde. Inglaterra se lava la cara y el pelo, notando en el espejo lo raros que son sus ojos, porque aún no se había visto, antes de salir. Roma hace un poco más de draaama pero al final va detrás.
Los soldados les dirigen y les llevan por los pasillos hasta señalarles el salón del piano para que pasen ahí dentro de nueeeevo.
Inglaterra se arregla el pelo y la ropa antes de entrar con determinación mientras Roma sigue hablando tranquilamente con los soldados sobre cómo viven, que cobran, que les dan de comer, como es Francia y todo eso.
En el salón NO esta Francia aún... Pero sí esta Suiza, cerca del piano. Armas enfundadas. Inglaterra se humedece los labios y se acerca a él mientras Roma sigue de cháchara. Suiza le mira con el ceño fruncido.
—France no tardará en venir —murmura analizándole de arriba a abajo.
—¿Dónde está?
—Está arriba. Arreglándose —responde seguro de no recordar a Inglaterra así... Algo en los ojos...
—Ja! Llenándose de joyas y maquillaje idiota —finge que no le gusta. El helvético mira de reojo a la puerta un instante y se cruza de brazos.
—¿Qué hacen aquí? ¿Cómo han entrado? —pregunta ignorando el tono crispado del inglés.
—No es que la seguridad sea muy grande, de no ser por ti.
Frunce el ceño porque es que no le gusta en lo absoluto el concepto de que la seguridad no lo sea.
—Hay guardias en cada entrada. ¿Cómo han entrado? —insiste y también... Le genera cierta tensión el que le hable con tanta familiaridad un desconocido.
—Pues... —se gira a mirar a Roma como si eso lo explicara todo ya que se ríe con los guardias, tan tranquilo. Suiza inclina la cabeza, mira a Roma y toma nota mental de ello.
—Esto es una fortaleza —puntualiza a pesar del desastre previo. Carraspea—. ¿Qué es lo que quieren?
—Nah, no es una fortaleza, es un estúpido y recargado palacio francés que antes era austriaco, no sé cómo no te dan arcadas nada más de vivir aquí —esos son sus celos.
—Es un estúpido y recargado palacio, sin duda —le fulmina—. Y yo no vivo aquí. Estoy aquí ahora, que es diferente.
—Ah, ¿no vives con sa majesté el emperador del mundo?
—Cierra la boca y no olvides que eres un prisionero —Suiza se SONROJA. Inglaterra frunce el ceño.
—Uno que puede marcharse cuando le dé la gana al contrario que otros... —Inglaterra empeñado en que esto no vaya de la manera pacífica en ningún momento. Me hace mucha gracia Inglaterra cuando es sobre Francia... Es que nooooooo puede decir "vale, bueno, lo dejamos pasar".
Suiza da dos pasos hacia él y le levanta de la solapa del saco. Inglaterra frunce el ceño, en guardia, mirándole fijamente a los ojos con los suyos de loco.
—Deja de meterte conmigo —sisea—, no tienes idea de qué dices.
—Tengo perfecta idea. Te conozco bastante.
—Tú no me conoces y créeme, no quieres conocerme —le mira con furia, porque además le ha dado justo en el blanco, desde luego.
El inglés se humedece los labios porque es que no quiere pelear con Suiza pero... sus celos. Acaba por sonreír un poco y encogerse de hombros intentando pensar fríamente que en realidad Suiza está mucho más jodido que él ya que está enamorado de Austria y no de Francia... aunque todo el mundo está enamorado de Francia. Aprieta los ojos.
Suiza parpadea sin entender la sonrisa, aunque relaja un poco los brazos y termina por soltarle.
—¿Que tienes en los ojos?
—Aunque te lo cuente no me creerás.
—Esa no es una respuesta.
—Magia es la respuesta.
Levanta una ceja pensando que esa es una respuesta estúpida.
—¿Quién es él?
—Tampoco me creerás si te lo cuento, así que tómalo como un hermano de France.
—Se parece —valora incómodo rascándose el brazo.
—Sí, se parece —le mira de reojo pensando que su madre tiene un sentido del humor muy peculiar.
—¿Que pretenden que pase ahora? —Y... Joder, es que Inglaterra le cae bien, no sabe ni por qué.
—El... hermano, nada más quiere hacer una visita, conocer el lugar y hablar un poco con France. Si todo va bien es posible que después de cenar dejemos de molestaros —y yo me volveré con MI MARIDO que está enamorado de MI y no de TI ni de NADIE y le da IGUAL si los demás lo estáis porque me quiere a MI... añade para sí. Y me lo tiraré por cinco días seguidos de formas y en posturas que tú ni siquiera podrías llegar a imaginar lamentable sajón cabeza cuadrada. Probablemente luego de todo eso nada más... A LO MEJOR le da un besito en la mejilla sin que se lo pida.
—Extraño momento para venir aquí a conocerle y en concreto más aún extraño el acompañante.
—¿Qué es lo extraño?
Vacila un poco, porque ha oído sobre Inglaterra a veces a Francia... Aunque no habla prácticamente nunca con él sobre ello. Pero... Bueno, tampoco es idiota.
—Eres su enemigo, es absurdo.
—Soy... más o menos como tú para Austria.
—¡Con más razón! Su enemigo mortal, yo no iría a verlo ni muerto... ESO sí que me da arcadas.
—Por eso es que realmente no estoy aquí.
—Para no estar aquí causas bastantes problemas.
—¿Por? No fue un secuestro real, le preguntamos si quería venir.
—¿Perdona? —Frunce el ceño.
—Es la verdad —se encoge de hombros. Eso hacía más sentido que cualquier otra cosa, sinceramente. Se revuelve un poco.
—¿Por qué iba a querer ser secuestrado? Es absurdo... Y peligroso.
—Porque... es absurdo y peligroso. No trates de entenderle, no lo logarás.
El helvético le mira de reojo y aprieta más los brazos, frunciendo el ceño aún más si eso es posible.
—No es como que yo sea idiota... —murmura yendo a sentarse a los sillones, nerviosito y ansioso como esta todo el tiempo. Deseando que ya se vayan, en realidad. Aunque tiene, sin que quiera admitirlo, cierto interés en que le cuenten de Austria... No que quiera oírlo ni que le interese, pero... Aprieta los ojos y sacude la cabeza.
—Ya lo sé, los idiotas incomprensibles son ellos.
Todo era culpa de este estúpido palacio, ESTÚPIDO palacio ridículo en el que estaban. ¿Y qué mierda hacían en la habitación del piano? ¡La odiaba! Inglaterra se acerca para sentarse con él.
—Incomprensibles del todo —le da la razón el helvético sin pensar.
El inglés suspira y le mira de reojo porque a pesar de todo es el mismo hombre que en el futuro, sólo que en un momento tremendamente confuso de su vida que le hace parecer completamente perdido.
El suizo mira a la puerta buscando a Francia y sabiendo que aun cuando vaya a buscarle puede que consiga unos cuantos besos más (se sonroja imperceptiblemente con esto), pero... Francia había decidido que les daría una audiencia, Francia había decidido que tenían que hablar con ellos y no había nada que fuera a conseguir que cambiara de opinión.
—Ese hombre... Y tú.
—What? —mira a Roma de reojo. La verdad... Es que no tiene IDEA de por qué está preguntándole eso.
—¿Por qué le acompañas?
—Porque... es una persona importante y nadie más podía hacerlo.
—Debes tener una relación cercana con él como para haber venido aquí... Así. Es del todo irracional.
—Es... de una forma... familia.
Suiza levanta una ceja.
—Tú y France también son...
—What?
—¿Hermanos?
—W-What? No!
—Pero sí son parientes…
—Es... es muy complicado.
—Ya veo que todo es complicado —hace los ojos en blanco y finaaaalmente... A lo lejos escucha el revuelo que indica que ahí viene Francia.
—Al final... aunque no lo creas, tú y yo también acabaremos siendo familia.
Otro levantamiento de cejas.
—Nein. Yo no tengo a nadie.
—Lo tendrás... pronto.
—Nein, no lo tendré —frunce el ceño. Inglaterra suspira—. No entiendo que te hace pensar... De dónde sacas eso. Tú y el idiota de tu compañero. Dicen cosas.
—No pasa nada... —le mira porque además eso que NO pretende hacer seguramente hará que se sienta aún más perdido.
Suiza abre la boca para decir algo... Y luego la cierra cuando alcanza a oír a Francia en el pasillo protestar otra vez, seguramente porque Roma está a la mitad hablando con sus guardias. Y ahora sí... Roma... Es tuyo un poco de tiempo.
Alguien pidió FraSui... pues ahí está el FraSui :D ¡No olvides agradecer a Holly su beteo y edición!
