iii. Niza


La estatua tiene siete metros de altura, y Viktor la considera un poco extravagante, incluso para su gusto. Personas van caminando por la cuadra, usando faldas y shorts para soportar el sol veraniego de Niza, pero encuentra a Yuuri fácilmente, sentado en la fuente que rodea a la monstruosa escultura, tocando la guitarra con la mente, muy obviamente, en otra parte.

"Like ships in the night, you keep passing me by, just wasting time, trying to prove who's right…"

Hoy, no tiene un micrófono, y las personas que lo están escuchando se pueden contar con dos manos, pero no se ve como si estuviera tocando para alguien en particular. Cuando la canción termina, Yuuri levanta los ojos y encuentra a Viktor, y sus mejillas se coloran con una sonrisa incrédula.

"Con una nota así," Viktor comienza, sentándose junto a él en la fuente, "pude haber terminado en Grecia."

"Tenía absoluta confianza en ti," Yuuri dice, riendo antes de morderse el labio. "Aunque, digo, Grecia es un lugar precioso. No te habrías perdido de mucho, si hubieras acabado allá."

Ahí va otra vez, Viktor piensa, y habla antes de que pueda entender por completo lo que está diciendo. "Te hubiera perdido a ti."

El aliento de Yuuri se le atora en la garganta. "Bueno, um…" murmura, desviando la mirada con un sonrojo.

"¿Por qué Niza? ¿Tiene algo que ver con que está cerca de París, la ciudad del amor? ¿Estás intentando decirme algo, Yuuri?"

Yuuri rueda los ojos con una exasperación casi afectuoso. "Tranquilo, Romeo. El único significado oculto es que extrañaba la playa," dice, a lo que Viktor hace un puchero, y Yuuri le toca la frente con un dedo. "Así que, ¿listo para el tour?"


Tres días después, siguen en Niza. Viktor no está seguro, pero piensa que tiene algo que ver con la playa, con el aire salado. Yuuri parece perder la mirada en el mar, cada vez que voltea hacia la costa. Parece tener un aire de melancolía rodeándolo, pero Viktor lo deja ser, porque también parece estar contento, mucho más calmado de lo que Viktor lo ha visto antes. Flojean durante el día, y por la noche, Yuuri canta en la plaza, para después ir a la playa, y sentarse y hablar mientras las olas besan la arena a sus pies.

"Me recuerda a casa," Viktor comenta, escuchando las gaviotas en la distancia.

Yuuri aprieta los labios, como si quisiese guardarse un secreto. No me tienes que decir nada, Viktor quiere que sepa. No tienes qué, si no te sientes listo.

"…A mí también," responde en un susurro que casi es robado por el viento.

Viktor se queda en silencio, esperando a que Yuuri elabore más al respecto, pero cuando no lo hace, se dispone a desmantelar la tensión en el aire. "Pero sólo me quedan dos semanas de vacaciones, así que no creo que deba andar perdiendo el tiempo extrañando San Petersburgo."

Yuuri lo voltea a ver en ese instante, pánico en sus ojos café. "Jesús," exhala. "Olvidé por completo que estabas de vacaciones. Hice que te salieras de tu ruta, ¿no es así? Lo siento…"

Su ruta, Viktor piensa, ahogándose un bufido. Como si no tuviera suficiente de rutas y planes. Poder salir de su ruta, de su meticulosa rutina, es exactamente la razón por la que se fue.

"No tenía planes, ya te había dicho." La verdad es que a Viktor no le importaría pasar el resto de su tiempo libre allí, sentado en una playa con Yuuri, intercambiando palabras con suave facilidad. De vez en cuando, Yuuri toma su guitarra y toca algo para él, y Viktor intenta ignorar la felicidad que abraza su corazón. "Pero si te preocupa, estoy seguro que me lo puedes compensar."

Yuuri levanta las cejas. "¿Oh?"

"Toca una de tus canciones originales."

No era lo que Yuuri había estado esperando, y tarda demasiado en controlar su expresión, la cual se derrumba por un segundo, sorpresa y tristeza apareciendo por un breve segundo. Pero entonces se sienta con la espalda erguida, dejando la guitarra sobre la arena.

"No me pidas eso."

"Ya lo hice."

"No."

"¿Y por qué no?" Viktor pregunta, sin poder evitar la mueca que se forma en su cara.

No hay respuesta por unos segundos, pero cuando llega, la voz de Yuuri se oye tan delicada, casi inaudible. "No quiero decepcionarte, Viktor."

Ante su tono, Viktor baja el volumen de su voz, en un intento de confort. "No lo harás," promete. Y es verdad. Sabe que aún si la música de Yuuri no es tan buena como espera — aún si es absolutamente horrible —, seguirá siendo un reflejo del corazón de Yuuri, y la adorará aunque sea sólo por eso. Pero no está seguro de cómo poner eso en palabras, y no lo haría ni aunque supiera cómo explicarse a sí mismo.

"Vamos," insiste, chocando un hombro con el de Yuuri. "Ustedes artistas son todos demasiado dramáticos."

"Ustedes atletas son todos un dolor de cabeza," Yuuri responde, pero está sonriendo. Está muy cerca, sus ojos brillando bajo la luna llena, y Viktor tiene que tragarse el imposiblemente fuerte deseo de cerrar la distancia entre ellos. Se quedan congelados, así, por un momento, la sonrisa de Yuuri convirtiéndose en algo más tierno, pero entonces se da la vuelta abruptamente.

"Bien," dice, recogiendo su guitarra una vez más. "Pero ten en mente que tú mismo te lo buscaste."

El destello de decepción es remplazado por júbilo cuando Viktor se da cuenta de lo que está pasando. Yuuri empieza a tocar una dulce melodía, y Viktor está paralizado. No le sorprende que la canción sea triste, y desea con desesperación poder entender el significado detrás de cada palabra de remordimiento y dolor. No es como nada de lo que había esperado. Es mucho, mucho mejor.

Yuuri no lo mira mientras toca, y cuando la canción termina sólo queda el sonido de las olas. La última nota parece estar suspendida en el aire. Yuuri suelta la guitarra y fija la mirada al frente, la mano entre ellos bajando a tomar un manojo de arena.

Viktor tiembla como si acabase de despertar. "Fue hermoso," susurra. "Yuuri."

"No tienes que mentir, sabes—"

"¿Podrías no ser tan testarudo por un momento? No estoy mintiendo, Yuuri. Lo amé." Deja que las palabras floten alrededor brevemente. "Desearía poder entenderlo."

Yuuri ríe. "Yo también desearía poder entenderlo."

"Oh. Ha-Ha. Cállate."

"No, es en serio, ¿crees que los artistas entienden toda la basura que escriben?"

"Creo que entiendes perfectamente lo que estabas cantando."

La sonrisa de Yuuri está llena de cariño. "Eso es porque eres muy perceptivo. O porque no tengo defensas contra ti."

Con el corazón estampándose en su pecho, Viktor prueba su suerte. "¿Cuándo la escribiste?"

Yuuri lo mira a los ojos. Sus hombros están uno contra el otro, y cuando habla es tan quedamente que Viktor sólo lo escucha por la cercanía entre los dos. "Después de que mi hermana muriera."

Viktor deja de respirar. Nunca antes ha tenido tanto miedo de decir las palabras equivocadas, de no saber cómo actuar. No es conocido por su tacto, pero ahora quisiera poder reconfortar con la misma facilidad que tiene para inspirar. "¿Qué pasó?" pregunta, finalmente.

"Accidente de coche. La llevaron al hospital. Seguía consciente, y mis papás corrieron allá. Intentaron llamarme." Yuuri no desvía los ojos; mira a Viktor como si se estuviera forzando a hacerlo, o como si fuera un castigo. Como si estuviera retando a Viktor a soltarle la mirada primero. Viktor no lo hace. "Estaba ebrio y desmayado en un bar por ahí. Mari murió durante la cirugía."

Ahí es cuando deja de ver a Viktor, su expresión cayendo, dientes enterrándose en sus labios, y Viktor no tiene ni la oportunidad de hablar antes de que de una corta, gastada risa. "Esto es muy injusto de tu parte, ¿sabes?"

"¿Cómo?"

"Tú, obligándome a contarte mi vida sólo porque no te puedo negar nada. Hasta toqué esa estúpida canción para ti, lo que no he hecho en cinco años, y tú no me has dado nada a cambio y—"

"Tienes razón," acuerda.

Yuuri se queda quieto, abriendo los ojos de par en par. "No. No, lo siento, no tienes que—"

Viktor habla por sobre de él, encantado de compartir ahora que ha encontrado algo con lo que pagarle a Yuuri. "Te conté sobre el patinaje. Pero lo que no te dije es que mis padres nunca estuvieron a mi favor." Yuuri no protesta más. Espera al resto, como si estuviera aguantando la respiración. "Cuando era pequeño, tomaba clases de patinaje como un pasatiempo. Iba todos los días después de clases, y aunque no fuera muy bueno, me enamoré del hielo. Para cuando tenía doce, decidí que eso es lo que quería hacer con mi vida, pero mis padres no lo aprobaban. Pensaban que sería un desperdicio, que debería estudiar y encontrar una carrera digna, o algo por el estilo. Mi entrenador, Yakov, insistía que tenía talento, que debería perseguir mis sueños."

"¿Y qué pasó?" Yuuri pregunta gentilmente, aunque seguramente puede hacerse una idea él mismo.

"Lo hice," responde. Intenta hacer como Yuuri y no mirar a otra parte más que a sus ojos. "Aún si eso significaba irme de casa y terminar en la puerta de Yakov con una maleta en una mano y la correa de mi perro en la otra… Intercambié mi familia por el hielo."

"Viktor." Yuuri no dice su nombre como la letra de una canción, no pronuncia cada sílaba como si estuviera saboreando su sonido — lo dice todo de un golpe, como si hubiera estado esperando para decirlo y ya no aguantaba más. "Tuviste éxito, tomaste la decisión correcta."

"¿Lo hice?" pregunta secamente. No está seguro de la respuesta. "Así que mis padres no me hablan. Y yo no me estoy haciendo más joven, tendré que retirarme del patinaje pronto, y no tendré una familia a la cual ir." Suspira, sintiendo el peso de los años sobre sus hombros. "Dediqué veinte años de mi vida al patinaje y olvidé todo lo demás. No sé qué es lo que voy a hacer… Por eso Chris sugirió que me fuera por un tiempo. Para visitar lugares, aclarar mi mente." Sonríe. "Conocer nuevas personas."

Chris no tenía idea de la grandiosidad de su idea, jamás podría haber predicho a Yuuri, no cuando Viktor ni siquiera podría imaginar a alguien como él. Y aun así, Yuuri es como un bálsamo para su alma herida, claridad en medio de confusión y soledad.

Se quedan en silencio, y entonces Viktor dice, "Tu hermana no se enojaría contigo."

"Esa es la peor parte," Yuuri susurra en respuesta, voz quebrándose. "Desearía que lo hiciera. Desearía que me dijera que soy un bastardo inútil, que los puse a todos ellos en un infierno, que ella no sufría cada vez que yo terminaba en el hospital, que…" Sacude la cabeza, dejando esa línea de ideas. "Pero en lugar de eso, me apoyó hasta el final, y yo ni siquiera pude estar con ella cuando me necesitaba. No me intentes hacer sentir mejor, Viktor, yo no lo merezco."

"Claro que lo mereces," dice con facilidad. De eso, tiene absoluta certeza. "No fue tu culpa. No tienes que… autoexiliarte. Tu familia sigue ahí, tus amigos, si te dieras una oportunidad para hablarles—"

Yuuri se pone de pie bruscamente, llevando su guitarra consigo. "Deberías irte de Niza, disfrutar el resto de tus vacaciones," dice, comenzando a caminar en la otra dirección.

Viktor lo sigue, repentinamente enojado, y torta hasta que puede tomar a Yuuri por el brazo. "Entonces llévame a otro lugar," intenta, corazón golpeteando en su pecho ahora que decidió dejar de pretender que no está ahí por el músico de los ojos café.

"Es como si estuvieras sordo," Yuuri sisea. "¿Para qué hablo si no me vas a escuchar?"

"Al contrario, eres tú el que no me escucha a ." Se cruza de brazos y dice, en un tono que indica que no aceptará ninguna oposición, "¿A dónde iremos ahora?"

Yuuri le da una sonrisa involuntaria ante el iremos, aun cuando sigue viendo a Viktor con exasperación.

"De acuerdo," dice al fin. "Ya es hora de que conozcas Italia."


Esa noche, no es Mila, ni Georgi quien responde su llamada, sino Chris.

"Viktor, mi estúpido Casanova, ¿cómo está Niza?"

"Caluroso y arenoso, pero nos iremos a Italia mañana por la mañana, así que no hay razón para seguirse quejando."

"¿Oh? ¿En plural?" Chris pregunta con un tono casi burlón.

Viktor suspira. Usualmente es más cuidadoso con sus palabras (o, al menos, eso intenta), pero encuentra que no se arrepiente mucho de ese error. De hecho, desde que regresó de la playa, la sonrisa de Yuuri impresa en su memoria — y, Dios, ¿por qué pensó que necesitaría de un video para recordarlo? Es imposible, honestamente, que el recuerdo de Yuuri, desde su voz hasta el tono exacto de su piel, desaparezca de su mente — ha estado demasiado agitado como para tener cuidado.

La sensación lo lleva a su adolescencia, justo antes de una competencia, o después de un flip cuádruple exitoso. No se ha sentido así en años.

"Yuuri y yo iremos juntos," responde, sin poder contener el anhelo en su voz.

"¿…Yuri?"

"¡Oh! No, él también se llama Yuuri. Así que no te preocupes, no voy a escapar a Italia con el pequeño Yurio."

"¿Yurio?" Chris ríe en el teléfono. "Oh, cuando Yuri se entere, te va a decapitar~ ¡Pero en fin! Cuéntame un poco sobre él."

No hay suficiente tiempo, piensa, para decir todo lo que hace a Yuuri especial, así que dice lo primero que le llega a la mente. "Sus ojos son muy café."

Chris parece estar intentando aguantarse la risa. "Oh, Viktor, por Dios, te hemos perdido. Cuando regreses, no verás el fin de las burlas. Espera, espera! Tengo que anotarlo. Sus ojos son muy café. Mila se va a morir cuando le diga."

Viktor ríe, pero cuando cuelga, piensa en lo que Chris dijo. Cuando regrese. Ha estado tratando de ignorar el futuro, pero ahora la ansiedad se mezcla con la extraña sensación que duda en llamar felicidad, y entonces, siente que lo que tiene con Yuuri es algo increíblemente frágil.

En los últimos tres días, ha deseado muchas cosas. Pero en ese instante, todo lo que quisiera es poder detener el paso del tiempo.


Nota de Autor: Esta vez no tengo más qué decir que darles las gracias por los comentarios y por tomarse el tiempo de leer~ Espero que este capítulo les haya gustado ∩(︶▽︶)∩ Kisses!