Nada más despertarme en aquella cama de flores doradas, me levanté. Ignoré a Flowey, pasando de largo. No quería perder el tiempo y que Toriel me alcanzara. Por suerte, no la encontré. Su explicación y charla me haría perder demasiado tiempo. Llegué a su casa y abrí la puerta. Estaba todo despejado, por lo cual bajé las escaleras hasta la puerta de salida y continúe el camino. Esta vez no me encontré al esqueleto más bajo al salir, ya que todavía no perdiera la oreja izquierda. Estaba aliviada.

dejé de correr y vislumbré a lo lejos a los hermanos que me había encontrado la anterior vez. Con calma, intenté disuadirlos.

Sans me vio, cambiando su expresión a una de extrañeza. Parecía confundido. Por otra parte, Papyrus comenzó a señalarme emocionado.

-Hey, niño. Ven aquí un momento. ¿No sabes como saludar a unos nuevos compañeros?

Me acerqué a ellos, algo temerosa.

-¡Humano! Yo, el gran Papyrus, te capturaré con uno de mis brillantes puzzles que te esperan a unos cuantos pasos de aquí - comenzó a reírse, intentando parecer malvado- Así que te capturaré.

Se fue corriendo y Sans no se movió del sitio. Seguía con una expresión de confusión.

-¿Nos conocemos?

-Creo que no- Sonreí, tratando de evitar más preguntas y sin comprender por qué el recordaba algo de mí.

-Yo creo que sí. Choqué tu mano en la entrada de las ruinas, y te reíste por mi broma.

-No sé de qué hablas. Si me disculpas, he de volver a la superficie.

Comencé a correr, dejándolo con la duda.

Esa vez no tardé mucho en resolver los puzzles, haciendo que Papyrus se quedara asombrado por mi talento.

No obstante, el esqueleto me entretuvo con conversación. Antes de llegar al primer pueblo, perdí mi oreja. No obstante, no me sentía muy alarmada a pesar del dolor, ya que creía que si evitaba la lucha contra Papyrus me daría tiempo a llegar al castillo.

La pelea contra Papyrus fue más sencilla al conocer su truco de volver mi alma azul. Papyrus pronto comenzó a cansarse, y tras esto decidió dejarme pasar. Como la otra vez, Sans también me ofreció ir a comer algo, pero lo rechacé gentilmente. Su expresión fue de desilusión.

-Pensé que está vez dirías que sí.

Esta vez no me crucé con Moster Kid, lo que hizo más corto el trayecto hasta que noté que el dolor invadía mi ser otra vez. Volví a perder la zona del corazón y parte del cuello. Me vi reflejada en el agua y comencé a reírme. La situación era curiosa, ya que tenía un agujero en el pecho. Proseguí mi camino y volví a caer en el mismo sitio por la misma razón que la anterior vez: Undyne.

Esta vez la cama de flores se notó más confortable que la anterior.

Me crucé con un muñeco que comenzó a amenazarme por la pureza que emanaba. Simplemente lo eliminé por molestar en mi camino. No quería perder más tiempo. Mis manos estaban cubiertas de polvo al asesinar a aquel monstruoso muñeco. Extrañamente, no me sentí completamente mal, lo que me preocupó. El fantasma que me había observado anteriormente se alejó. Supuse que sería por el miedo de ver como le quitaba la vida a otro fantasma.

Sin avisar, el dolor regresó a mí, antes de lo que me esperaba. Perdí parte del antebrazo que la anterior vez había quedado intacto. No sabía que pensar.

Fui arrastrándome hasta llegar a lo que parecía otra cueva. Undyne me esperaba subida a ella. Tras un reto, entró en la cueva, esperándome.

Los golpes que llevé se hicieron notar por todo mi cuerpo. Hematomas, arañazos, cortes... Trataba de escapar de aquella mujer medio pez pero ella no quería permitírmelo. Caí al suelo tras llegar a una zona con mucho más calor que el anterior. Undyne cada vez parecía pesar más, costándole avanzar. Finalmente, cayó al suelo, a mi lado. Al darme cuenta de esto, eché agua sobre ella para que se hidratara de nuevo. Avergonzada, se fue.

Sans me veía desde su puesto en Hotland, mientras fingía dormir. Antes había pedido su ayuda y no me hiciera el más mínimo caso. Yo hice lo mismo cuando habló.

Hacía demasiado calor en aquel lugar, por lo que cuando vi un edificio en medio del lugar, decidí entrar. Todo estaba oscuro, y cuando encendí las luces, una pequeña criatura escamosa con gafas y bata de científica me miró con asombro.

-El humano... Me alegra que hayas llegado.

La hice callar.

-Lo siento. No tengo tiempo.

El dolor que comencé a notar el la nuca me mostraba que era hora de avanzar antes de quedarme sin tiempo. Era un dolor terrible, pero no dije nada. Este era por lo menos tolerable.

-Pero he de advertirte que hay un robot asesino de humanos aquí cerca... Y... Va a ir a por ti.

La pared se rompió al terminar esa frase. Mettaton entró en escena.

-¡Es momento de juego de preguntas!

El tiempo se me terminaba, y ya no sabía que hacer. No quería volver a morir. Una descarga propiciada por el robot hizo que recuperara el sentido.

-segunda pregunta: si un tren A va a...

Dejé de escuchar más. El dolor de la nuca se había extendido hasta el brazo, dando una clara señal de que solo me quedaban dos horas.

La científica y el robot intentaron socorrerme al notar que mi brazo desaparecía.

-Alphys. ¿Esto era parte de tu plan? - preguntó el robot por lo que mi oído llegó a alcanzar a oír.

-¡No! Dios mío, esto no debería estar pasando. ¿A qué se debe? Debe ser una anomalía o algo extraño. Parece que se desintegra...

Volví a ver después, despertándome en una cama con sábanas de lo que parecía un anime. Además del brazo, había desaparecido parte de mi gemelo derecho.

Salí de la cama y proseguí mi camino. Todos los puzzles que me esperaban hicieron que terminara mi tiempo y volviera a morir.