Los Ángeles blancos by shirachan
Palacio de Ishdrar morada de los Dioses de las tinieblas.
- ¿Cómo dijiste!- Exclamó Low, el rey de los dioses negros en lo que fue un grito de guerra a su oficial de más alto rango- Debes estar bromeando
- Lo siento, mi señor, pero hablo completamente en serio- Dijo un chico que parecía demasiado joven como para ocuparse de ningún ejercito.
- Por el amor de todos los dioses... ¿Me estas diciendo que mi único hijo ha desaparecido del castillo más custodiado de esta Tierra sin que nadie lo viera y ahora nadie es capaz de encontrarlo?
- Yo mismo no lo habría dicho más claro, señor- Le contestó el chico mirando a su rey con confianza. Si bien solo llevaba trabajando para aquel rey unos años, Wufei había sabido ganarse rápidamente la confianza del hombre y de las demás personas de palacio, pese a ser extranjero.
- Pero es que eso no es posible. ¡Este crío un día acabará conmigo!- Gritó Low, completamente fuera de sí- ¿Es que acaso no podía haber tenido un hijo normal y corriente como todos los demás hombres? Pero no... Mi hijo tiene que escaparse de casa cada vez que le viene en gana y hacer lo que el quiera todo el rato...
Wufei solo sonrió ante el ataque de su rey, el sabía que el hombre amaba con todo su corazón a su hijo, solo que a veces Quatre se excedía demasiado al colmar su paciencia.
- Tranquilo señor, lo encontraremos pronto.
- Eso espero, de todos modos no pudo ir muy lejos, no tiene monedas ni nada con lo que sobrevivir y no es tan tonto como para usar su magia, eso sería delatarse.
Como si alguna clase de mal de ojo le hubiese sido echado al rey, en aquel momento entró un soldado uniformado y jadeante por la carrera. El rey, temiéndose lo peor, le ordenó hablar apresuradamente
- Han desaparecido del tesoro real una buena cantidad de monedas de oro. Creemos que ha sido el príncipe Quatre- El soldado rubio miro con temor a su rey, sabía que el acusar a su hijo podía traer nefastas consecuencias, pero las pruebas eran bastante claras como para negar lo evidente.
- ¿Cómo?- Dijo el rey incrédulo, pero antes de poder decir nada más su oficial se le adelantó
- ¿Cómo sabes que fue el príncipe soldado?
- Por un mensaje que había en la pared con fuego
El rey temiéndose el contenido del mensaje tragó saliva para decir:
- Habla.
- Pues vera...Ponía... Ehh... Que si tanto quería la maldita alianza, fuera usted mismo a casarse con el príncipe Barton.
El rey guardo silenció por unos minutos y Wufei, sabiendo a la perfección lo que vendría a continuación, echó de la sala discretamente al soldado para volver a quedarse a solas con Low.
- ¡Pero cómo se ha atrevido a llegar tan lejos y dejarme así en ridículo!- El hombre camino apresurado hasta su trono, necesitaba sentarse urgentemente- Maldita sea, es mi hijo, debería tratarme con respeto... ¿O acaso es eso mucho pedir?
- Tranquilícese, recuerde que estaba enfadado, quizás ayer fue algo... ¿brusco? Cuando le dio la noticia.
- Intente decírselo con tacto. ¡Pero con él es imposible! Empezó a quejarse y terminó sacándome de mis casillas.
- Yo iré a por él personalmente, y le aseguro que le traeré de vuelta en menos de lo que espera.
- ¿Y que les diré a los Barton? ... Oye perdonad pero es que mi rebelde hijo se ha escapado de casa nada más enterarse de su futura boda, pero tranquilos que ahora mismo lo traigo de vuelta.
- Quatre estará bien, mi señor, no debe preocuparse- Wufei se acercó hasta colocar una de sus manos en el hombro del rey, cuidándose de no reír ante la diatriba de su rey. Low solo lo miró con el ceño fruncido por un momento
- ¿Quién dijo que estoy preocupado por él?
- Vamos, señor... A mí no puede engañarme, se nota demasiado.
Low suspiró, momentos después estaba dándole órdenes al moreno para que partiera tras Quatre. Wufei tenía razón, estaba preocupado. ¿Pero cómo no estarlo en aquellos tiempos de guerra? Su hijo era lo bastante fuerte para cuidarse solo, pero si un ejército enemigo le descubría, no tendría ninguna posibilidad.
Ciudad de Nistrick, pueblo de humanos pacíficos.
- ¡Señor! – Llamó uno de los soldados a su superior en tono respetuoso- Tenemos que salir de aquí si queremos dejar de llamar la atención de la gente
El joven soldado miró a su general, que se erguía orgulloso ante él. Con tan solo 18 años, el famoso Uchiha había llegado más lejos que cualquier otra persona en el ejercito de los dioses blancos. Aquel chico huérfano y según los rumores sediento de venganza, lo único que quería era escalar puestos en el ejército y volverse más fuerte para vengarse del asesino de su familia. Aun que eran solo rumores.
- Lo sé- Sasuke Uchiha miró seriamente a su subordinado mientras meditaba lo que harían a continuación- Será mejor que volváis todos al campamento de las afueras del pueblo, yo me quedaré en alguna posada por si aparece el príncipe.
- Pero no se puede quedar sin protección, podrían tenderle una emboscada.- Sasuke dejó de lado su orgullo herido por ser considerado incapaz de cuidar de si mismo y contestó solo con un gruñido. Sin embargo, aquello pareció ser suficiente para que el soldado se dirigiera al resto del grupo de 15 subordinados, que les esperaban a solo unos metros, para comunicarles que harían a continuación. Momentos después Sasuke vio como todos se dirigían hacía la calle principal del pueblo para abandonarlo.
Sin más, el joven emprendió su camino en busca de morada para la noche. Con su magia a buen resguardo y aquella capa con una capucha bien ajustada, era difícil que alguien le pudiera reconocer y atacarle. Había demasiada gente para no pasar desapercibido.
Sasuke repasó por un momento las órdenes de su reina. Habían sido claras y concisas. Debía encontrar a cualquier precio al príncipe Barton y llevarlo a su boda concertada. Sasuke había visto pocas veces al príncipe, ya que la mayor parte de su vida se la había pasado en el campo de batalla, y allí era bastante raro ver al príncipe de ojos esmeralda y pelo castaño.
Pero aun que no lo conocía, le comprendía. Él, en la situación actual del príncipe, habría escapado. Se tenía que casar nada más y nada menos que con el heredero de los ángeles negros. Según se decía, aquel era un niño caprichoso y demasiado estúpido como para reconocerse si quiera en un espejo. Se decía que era tan feo que asustaba solo de verlo y que su magia era tan oscura como su alma. Sasuke de verdad compadecía al príncipe.
Cuando por fin llegó a una de las posadas, se dirigió a recepción, y por suerte aun quedaban unas habitaciones. Echó mano de su bolsillo y su capucha se deslizó hacía tras dejando a la vista de todos los que pasaban por allí su rostro. Para su mala suerte, la recepción se encontraba frente a una especie de pequeño comedor, donde un par de familias comían en aquel mismo instante. Como era de esperar, su rostro enseguida atrajo todas sus miradas.
Frustrado, levantó de nuevo su capucha para subir hasta su habitación.
Pero Sasuke sabía que nadie lo había reconocido, era simplemente la reacción de todos los que veían su cara. El Uchiha era toda una belleza. Su cabello, liso pero despuntado, le llegaba algo más arriba de su pálido cuello, pero la parte delantera estaba recortada enmarcando aquella cara de rasgos finísimos. La piel parecía translúcida y lo que más llamaba la atención del chico eran unos impresionantes ojos negros. Unos ojos en los que la gente se perdía cuando los miraba.
Sasuke tenía belleza comparable con la chica más bella pero sin llegar a parecer femenino. Su rostro, sin una marca o impureza, le hacía parecer un aristócrata y aquellos labios rellenos y bien formados invitaban al pecado. Sasuke decididamente odiaba su aspecto, lo único que le causaba era problemas.
Cuando llegó a su cuarto y abrió la puerta de roble, vio con agrado como la estancia no estaba mal. No era nada del otro mundo, pero con una cama, dos sillas y una mesa y aquel gran armario, era todo lo que el chico necesitaba. La habitación estaba bastante limpia y Sasuke agradeció aquello. Lo último con lo que quería salir de allí eran pulgas o algún bicho parecido.
Decidió que aquel día ya había sido suficientemente largo, por lo que quitándose su rustica vestimenta se fue a dormir. Mañana seguiría buscando al príncipe.
Lo que Sasuke no sabía era que el susodicho príncipe en aquellos momentos se encontraba ideando un plan de cómo escapar de su inconfundible general.
En aquella misma taberna, en uno de los oscuros rincones ocultos a la vista de los visitantes, se encontraba un chico de ojos esmeraldas que aun miraba nervioso por donde momentos antes había desaparecido Sasuke Uchiha. Estaba claro que el chico sabía como hacer su trabajo, y solo le había llevado unos días encontrar al príncipe que se había escapado de su castillo tras enterarse de su próxima boda con el príncipe de los ángeles blancos. Trowa no sabía como lo lograría aún, pero debía salir de allí sin ser visto. Si Uchiha llegaba si quiera a sospechar de su presencia Trowa no tendría ninguna posibilidad de escapar de allí.
El castaño se colocó su capa cubriéndose así lo mejor que pudo y con paso apresurado abandono el lugar. Una vez en la calle, Trowa miró con frustración a ambos lados, todo parecía ser igual, oscuridad y silencio. No es que el príncipe tuviese miedo, era simplemente que no sabía donde dirigirse, y además, sospechaba que el resto de los soldados de su padre aun seguiría por allí.
Sin pensar demasiado en sus optativas, Trowa tomo el camino hacía arriba por aquella estrecha y desértica calle y empezó a caminar con pasos indecisos. Recordaba perfectamente la discusión que había tenido con su madre después de que esta le soltara en plena cena, como si de algo banal se tratara, que debía casarse con el príncipe negro, como lo llamaban algunos.
La primera reacción del ojiverde fue reírse por la supuesta broma que su madre le hacía, pero tras ver que era el único presente que parecía divertido, una sensación no muy agradable se instalo en su pecho, apretándole dolorosamente. Trowa lo había intentado todo para convencer a su madre de que recapacitara, pero había sido inútil. Desde los ruegos a las amenazas habían entrado por un oído de su querida madre y salido por el otro.
Sus pasos parecían resonar con un eco estremecedor mientras que el frío característico de la época se colaba entre su capa de viaje. Trowa se estremeció, pero antes de poder si quiera hacer ademán de abrigarse, unas voces se escucharon salir de una de las tabernas que, abiertas hasta altas horas de la noche, adornaban el lugar dándole algo de colorido con los rayos de luz que lograban filtrarse desde su puerta entre abierta.
Decidió pasar por allí en silenció, sin llamar la atención, hasta que de pronto oyó un nombre que le resultaba vagamente familiar.
- Vamos Wufei, bebe aun que sea un trago, no te pasaría nada por probar- Trowa se acercó a la puerta sin hacer sonido alguno para captar la conversación más nítidamente- ¿O será acaso que el gran general Wufei Chang teme tomar unos cuantos tragos?- El hombre que estaba hablando se quedó en silenció al escuchar algo muy parecido a una exclamación que provenía de la entrada de la taberna. Entrecerrando los ojos, decidió ir a ver quien osaba espiarlos. Pero cuando llegó y abrió la puerta de golpe, solo encontró la calle igual de vacía que lo estaba hacía unos minutos, cuando llegaron allí. Encogiéndose de hombros, el soldado volvió junto a Wufei diciendo que nada pasaba.
Pero mientras tanto, en el tejado que aquella misma posada, Trowa aun seguía demasiado sorprendido por lo que acababa de ver. Solo había tenido que escuchar su nombre para reconocerle, y es que, ¿Quién no conocía a Wufei Chang, general de más alto rango en el ejército de los ángeles negros? Pero esa no era la pregunta, lo que Trowa no entendía era que hacían él y todos aquellos hombres allí.
- Esto no puede ser bueno- Susurró acomodándose la capucha que se le había desprendido cuando, de un salto, se escondió en aquel tejado antes de ser descubierto. – "¿Es que acaso saben que los hombres de mi padre están aquí y quieren enfrentarse a ellos?" – Pensó, sin embargo desechó aquella idea, después de todo, estaban planeando una boda para unir a ambos bandos y Trowa dudaba que ellos quisieran atacarles.
Pero otra idea le vino a Trowa, dejándole aun más desesperado.
- ¿Y si ellos se enteraron de que escapé y vienen buscándome?- Trowa no se dio cuenta de que estaba hablando en voz alta y completamente solo, cosa que de haber sido vista por alguien habría sido claro signo de locura Bajó sin problemas del tejado y siguió el camino que había empezado sin rumbo alguno.
Pero solo hicieron falta unos minutos para que algo más entorpeciera su camino. De la nada, aparecieron cinco hombres que, con ropas andrajosas y todos ellos con pintas de maleantes, se colocaron frente a Trowa para atacar a lo que ellos creían, sería una presa fácil.
- Pero miren que tenemos aquí- Escupió uno de los hombres, acercándose aun más al chico. Cuando estuvo tan solo a unos pasos de distancia, Trowa puedo ver el pelo rubio del individuo y unos ojos negros que destilaban maldad. Su sonrisa podría calificarse perfectamente de escalofriante y en sus manos llevaba un sable que a Trowa se le antojo más que peligroso. Pero no se inmutó cuando otro de ellos se coloco junto a él, después de todo, era un ángel y de ser necesario se libraría de aquellos tipos en un momento.
No podía olvidar, sin embargo, el pequeño problema de que, si usaba su magia, corría el riesgo de ser descubierto por otros ángeles, y eso Trowa no lo podía permitir, antes muerto que en manos del príncipe negro.
- Parece que éste debe tener una buena bolsa. Mira sus botas, son de cuero y no exactamente del malo.- El otro hombre, de pelo también rubio pero con los ojos marrones y no mejor aspecto que su compinche, alargó una mano en un intento de quitarle la capa a Trowa, pero éste simplemente cogió los dedos del hombre y haciendo presión habló con tono calmado y frío.
- No tengo nada contra ustedes. Si os vais de ahora mismo, os dejare vivir.- Los maleantes parecieron no prestar ninguna atención a la amenaza y uno de ellos, el que primero se había atrevido a acercarse a Trowa, se adelantó con su sable en mano alzada para dar la única y fatal estocada. Grave error.
Trowa no tuvo más que levantar su mano y de ella salió una onda expansiva con un pálido tono verde que hizo al hombre salir volando hacía atrás, retrocediendo unos metros. Trowa miró a los otros hombres que ahora le veían con el horror reflejado en la cara.
Trowa parecía una bella estatua allí de pie y mirando sin piedad ninguna a los hombres que de pronto habían perdido todas las ganas de asaltarle. Pero era demasiado tarde. Sin embargo, quizás debido a la oculta preocupación del chico por que los soldados hubiesen sentido su magia, no se percató de la persona que, detrás de el, levantaba un grueso palo para dejarlo caer momentos después sobre su cabeza.
Lo que si percibió fue la oscuridad que al instante le invadió, haciendo que sus piernas flaquearan, y sin remedio alguno cayera completamente indefenso al suelo, desmayado.
- Estúpido niño- Masculló el hombre que estaba detrás de él- ¿Y vosotros que pretendíais atacando a alguien como él?
El hombre, quien desentonaba demasiado en aquel lugar con sus ropas aristocráticas y totalmente pulcras, se acercó a Trowa para comprobar si aun estaba vivo, y para su alivio así era. Lo último que quería ahora era matar a alguien con toda la guardia detrás de él.
- ¿Habéis conseguido lo que os pedí?- Preguntó, echándose su larga y platinada melena sobre el hombro y dejando ver en el acto unos rasgos pincelados, finos y muy atractivos aún a sus 49 años.
- Lo siento, pero ha sido completamente imposible colarnos en la casa del magistrado de la ciudad. Para ser tan pequeña, tiene muy buena seguridad, y mágica- Esto último lo añadió con énfasis como si de algún modo solo con aquella palabra hiciese comprender al hombre el por que de su fallo.
Pero el ladrón tenía razón. En aquellos tiempos donde los mapas se encontraban en constante cambio, uno no sabía que podía suceder con ciudades como aquella. Había quien lo llamaba pueblo, ya que realmente no contaba ni con la superficie ni la población suficiente como para llamarse a si misma ciudad.
Pero no siempre había sido así. Y en un pobre intento de rememorar tiempos más pacíficos, algunos se empeñaban en mantener las pocas cosas que quedaban de un pasado ya demasiado lejano.
- ¡Sois idiotas! Quiero que lo sigáis intentando hasta tener ese maldito documento en vuestras manos, y por consiguiente, en las mías.
- Entendido, amo Malfoy, tendremos el pergamino para antes de que su familia vuelva a su casa.
El rubio se dio la vuelta dispuesto a irse de allí pero antes de eso les dedicó la última advertencia a aquella panda de inútiles
-Espero que si os llegasen a descubrir, mi nombre no aparezca por ningún lado. Si no, sufriréis un destino peor que la muerte.- El tono escalofriante y la reputación del hombre hicieron que los demás se estremecieran ante las palabras. Lucius, sin más, emprendió el camino de vuelta a su casa, supuestamente con su mujer- que aun que nadie lo sabía, murió tres años atrás- y su hijo, del que había mantenido en secreto su huída de casa hacía ya cinco largos años.
Solo esperaba que ellos lo consiguieran, necesitaba el pergamino sagrado para conseguir el poder con el que al fin realizaría su sueño. Acabaría con las familias que protegían a aquellos estúpidos humanos que de nada servían.
Los hombres que había dejado atrás sin embargo, de pronto se encontraron con el cuerpo de un joven y sin ninguna idea de que hacer con él. El hombre rubio, recordando el golpe recibido por el otro, exclamó furioso
- Matémosle. Total, no creo que nadie se de cuenta de su falta. Y si lo hacen, ya será demasiado tarde.
- Pero no sabemos quien es... Podría traernos más problemas de los que tenemos.
- ¿Más? Déjame dudarlo Perkin.- El hombre rubio se acerco cogiendo su sable de donde se había caído anteriormente y lo levantó para acabar con aquel miserable que le había humillado frente a sus hombres. Pero antes de poder hacer nada, una voz le paró en seco.
- ¡Yo no haría eso amigo!- Un chico castaño y con unos preciosos y entrecerrados ojos amatistas, fijos en el hombre que blandía el arma, se acerco a donde se encontraba Trowa y los demás.- No está nada bien que ataques a alguien que no se puede defender, sería como atacarlo por la espalda. O tal vez peor.
- ¿Quién demonios eres tú?- Casi gritó el rubio, desesperado ya de interrupciones- ¡Lárgate de aquí si no quieres terminar como él!
- Eso no es posible- Duo se acercó más al hombre, pero con movimientos pausados para no acrecentar sus ansias de sangre. Un paso en falso podía ser fatal para el chico que estaba tendido en el suelo.
El trenzado no podía creer lo que estaba viendo. Al principio, cuando salió de su casa al escuchar unas voces, había pensado que solo se trataba de algún borracho haciendo escándalo, pero al encontrarse con la escena de alguien a punto de ser asesinado no pudo menos que intervenir. Era una pena que aquellos hombres no fueran del pueblo, si no, solo con su presencia todo aquello terminaría. Algo bueno tenía que tener el que la gente te temiera.
Cuando se encontraba a unos pasos solo del hombre armado, Duo pudo ver como el chico en el suelo empezaba a reaccionar y entonces le reconoció, era Trowa, el chico que había entrado el día anterior en su tienda.
- ¡Párate ahora mismo donde estas!- Grito el hombre sacando a Duo de sus pensamientos, y vio con horror como la espada era elevada en el aire dispuesta a dar el golpe que acabaría con la muerte de Trowa. Pero algo en Duo reaccionó. No era algo nuevo, pero si más fuerte de lo que nunca había sido.
Aquella sensación tan conocida empezó a extenderse por cada punto de su cuerpo, creando un extraño calor emergente que rodeaba a Duo. Los demás pudieron ver perfectamente como un aura violeta rodeaba al chico y aquella escena tan bella y escalofriante a la vez fue lo último que vieron antes de que todo se les volviera oscuridad.
Cuando Duo se recupero de su "letargo", miro horrorizado los cinco cuerpos tirados en el suelo, aun que no era el único que había visto lo sucedido. Trowa se acerco rápidamente a los hombres para comprobar si respiraban y suspiro aliviado cuando sintió el leve pero rítmico latido de sus corazones.
- ¿Cómo hiciste eso? Nunca he conocido a nadie capaz de dormir a la gente o dejarla inconsciente así de fácil- Trowa se levanto del suelo, apoyándose antes de rodillas hasta que el mareo se le paso, y con cuidado de no hacer movimientos bruscos, logró enderezarse. La cabeza le dolía como si se la hubiesen abierto con un hacha.
- Eso no importa, vamos dentro de mi casa que te vea eso. A estas alturas mi hermano y mi padre deben haberse despertado.
- ¿Tu eres Duo, verdad? El chico que conocí ayer en la panadería.- Trowa se acercó a aquel ser que le había salvado de un modo tan extraño y sin saber exactamente como, supo que podía confiar completamente en él. Aquel chico emanaba algo tranquilizado y agradable, aquel chico emanaba vida.
Duo solo asintió como respuesta y lo condujo a su casa. Para su sorpresa, su familia no se había despertado y el comedor estaba completamente vacío. Duo hizo sentarse a Trowa en un rustico sillón y fue en un momento a por un botiquín para curarle la herida que aun le sangraba detrás de la cabeza.
- Dime. ¿Qué hacías a estas horas de la noche tu solo por la calle?- Dijo el trenzado mientras vendaba de una manera no muy experta pero si lo suficientemente eficiente la cabeza del chico.
- Yo… Bueno veras es que...- Trowa vacilaba en su respuesta y Duo, no queriéndole presionar en aquellas circunstancias, decidió cambiar de tema.
- Vaya estas guapo aún con esa venda tapándote parte de la cabeza y el pelo hecho un nido de pájaros- Su voz había sonado divertida y Trowa sintió como una sonrisa se dibujaba en sus labios.
- Gracias… Creo. Y no solo por el cumplido- Pronto toda diversión pasó y Trowa, cogiendo una de las manos de Duo le hizo sentarse en el sofá junto a él.- Si no fuera por ti, en este momento estaría muerto. Ahora quiero que me cuentes algo y quiero que seas sincero. ¿Eres algún tipo de ángel? ¿Blanco o negro?
Trowa vio como el chico abría los ojos y negaba con la cabeza. Supo que no mentía. Era algo que no se explicaba, pero si le estuviera mintiendo él lo sabría. De alguna forma aquella cruda franqueza le hizo notar su propia necesidad de desahogarse con alguien. Midiendo las posibles consecuencias, empezó a hablar con vacilación.
- Voy a contarte algo, mero me tienes que jurar que no dirás ni una palabra de esto a nadie.- Duo asintió, más serio de lo que Trowa le había visto hasta entonces- En realidad estoy huyendo de... mi familia. Digamos que de un matrimonio que no deseo llevar a cabo.
- ¿Matrimonio? - Duo sentía que se estaba perdiendo la mayor parte de la historia
Trowa vaciló. De verdad necesitaba contar todo lo sucedido a alguien. Suspirando apesadumbrado empezó a narrarle lo acontecido en su vida en aquellos últimos días. Cómo su madre le dio la noticia de su boda impuesta con el príncipe negro, como logró escapar de su castillo. Duo no le interrumpió, pero su ceño fruncido le dijo a Trowa que algo no iba bien. Y Trowa sabía qué era.
- ¿Conoces a ese príncipe? ¿Tan malo es?- Trowa miró mortificado el suelo a sus pies. Sonrojándose levemente.
- En verdad no le conozco personalmente...- Trowa al ver como Duo se preparaba para lo que de seguro sería una replica a sus palabras, continuo con su discurso- Pero todo el mundo sabe como es. Todos conocen al príncipe negro. Un niño mimado y cruel que mata por el simple placer de ver la sangre correr.
Duo pareció tranquilizarse, en aquellos momentos necesitaba urgentemente el apoyo de alguien y Duo decidió que pasara lo que pasara, el le ayudaría. Después de todo Duo sabía lo que era vivir rodeado de enemigos. De personas que te miraban sobre el hombro con desdén y malicia. Y eso sería lo que sufriría Trowa de casarse con el príncipe.
- Quizás yo no soy la personas más adecuada para decirlo pero... Te comprendo. En tu caso hubiese hecho exactamente lo mismo
Trowa solo le miro agradecido y Duo alzo su mano acariciando la manchada mejilla del otro. No hubo lujuria en el acto, simplemente amistad y comprensión. Trowa era especial. Lo bastante especial como para mantener sus manos quietas.
- ¿Y quien te persigue?
- Los soldados de mi padre. Antes he usado mi magia, así que lo más seguro es que ellos sepan que estoy aquí. También he visto a los soldados del ejército negro... Quizás se enteraron de que escape y vinieron por mí.
- Trowa tranquilo, te puedes quedar aquí hasta que decidas marcharte, pero antes quiero avisarte de algo. No soy demasiado bien considerado en este pueblo. Estar cerca de mí hará que la gente… te dé de lado. No estoy seguro ni de que soy, pero como ya has visto, nada parecido a lo que se conoce hasta ahora.
- Yo... Quizás moleste aquí- Dijo inseguro el ojiverde- Por lo otro no te preocupes, lo mismo puedo ayudarte a descubrir algo de ti.
Y así quedó decidido que Trowa viviría con Duo. Se empeñó en que el también trabajaría lo que hiciera falta en la panadería, y Duo fue incapaz de quitarle aquello de la cabeza. Sin embargo también tendría que pasar tiempo en la taberna, para no atraer demasiado la atención sobre la casa del trenzado.
Tanto el padre como el hermano de Duo recibieron a Trowa como uno más y Trowa pudo ver que Gaara en verdad era más amable de lo que le había parecido en la tienda. El chico simplemente parecía ser incapaz de llevarse bien con alguien sin conocerlo bien.
En ese momento, mientras tanto, en la misma taberna que había abandonado Trowa un chico moreno y su maestro miraban por la pequeña ventana que adornaba su cuarto.
- ¿Lo sentiste, verdad Heero?- preguntó el anciano a su pupilo.
- Es inconfundible. Fue un ángel blanco.
- No pensé que estuviesen aquí tan pronto pero... ¿Ya sabes lo que eso significa, verdad?
El moreno solo asintió antes de mirar a los ojos de su maestro seriamente- Lo encontraré y acabaré con él. Puedo percibir su rastro allá donde este.
- Quiero su cabeza Heero, y la quiero ya.- Estas palabras fueron las últimas que Isaac le dedicó a Heero antes de abandonar el cuarto. El chico se dirigió a su cama pensando que al día siguiente empezaría de verdad su venganza. Al día siguiente mataría a aquel ángel que había tenido la mala suerte de cruzarse en su camino.
