Sus ojos sobre mí me devoraban ansiosamente, era como un deleite mi tortura para esas dos, verme retorcer del dolor que me provocaban y como si fuera más placentero el goce sobre mi pecho la herida con lentitud era escarbada.

─ ¡por favor no!

Era inútil seguir suplicando, lo sabía. Una dos, veinte veces en las que mis gemidos de dolor caían en oídos sordos. Ya mi cuerpo estaba ´perdiendo la batalla, mi corazón acelerado por el miedo pronto pararía y su reposo seria eterno.

Jamás imaginé terminar de esa manera, muerta por las manos de aquellas que consideraba grandes compañeras, grandes amigas. Tal vez en mi final llegaría con el tiempo, o por una enfermedad incurable, o por un accidente mortal, todo era posible y lo tenía en cuenta… pero no aquello, no que Chitose me atara a una cama y que Yui me torturara abriendo una herida en mi pecho, no así. Mi tiempo era largo pero tenía un límite, como aquel afilado objeto que en mí se sumergía privándome de mi vida que escapaba lentamente.

─ Calma Ayano-chan ─ me decía la chica albina ─ pronto acabará y te sentirás mejor que nunca

Como era eso si quiera posible, estará experimentando conmigo y aun si quiera tendría la decencia de decirme la verdad, aquella que sin duda dejará que mis temores se acumulen y mi miedo fluya. Es parte de su plan, es parte de mi castigo, soy una mala persona.

─ eh!

De pronto se levantan sobre mi alejando lo que estaban haciéndome por un momento, el cual, pude respirar pero segura aun no me sentía y el dolor seguía aferrado a mi cuerpo.

─ Ahí está otra vez

No sabía a qué se estaban refiriendo, pero si, escuchaba con ellas ciertos ajetreos que parecen venir de algún lado, en mi posición era difícil saber con precisión.

─ ¿terminaste con ella Chitose?

─ Si Funami-san, lo hice

─ Entonces…

Eran pasos torpes que vagaban por ahí, ruidos de objetos cayendo tristes de su posición. Alguien estaba ahí afuera, alguien que supuse que para esas dos, no debería andar suelto.

─ ¿quieres que vaya a ver?

─ mejor te acompaño, la última vez no pudiste contenerla sola

Bajaron sus manos y dejaron mi cuerpo en paz, silenciosas y sin más abandonaron la habitación marchándose hacia lo que yo suponía era la fuerte de aquel ruido.

Me sentí un poco aliviada pero no del todo, estaba consiente pero eso solo sería cuestión de tiempo antes de que la mayor parte de mi sangre fluya fuera de mí, y ese efecto lo estaba empezando a notar por la falta de mis fuerzas.

─ debo salir de aquí

No sería humana o animal sino me aferrara a mi existencia a este mundo, así que eche un vistazo a mí alrededor por algo que pudiera ayudarme a salir de esa escalofriante situación. A mi derecha no había nada a mi alcance y si lo hubiera sería difícil con mis manos bien atadas; a mi izquierda era otra historia y aquel afilado y ensangrentado bisturí que sobre una mesa descansaba de seguro me serviría para cortar mis ataduras, pero, la misma historia, era inalcanzable para mí.

Pero yo no me rendiría sin intentarlo volviéndome a sacudir forcejeé mi mano izquierda para librarme de ese agarre… no… el destino que me aguardaba parecía estar ya escrito, y mi mano lastimada seguía sin tener un cambio.

Empecé a llorar de la frustración que eso me provocaba, llorar del miedo y de la muerte que me asechaba. Temblé y patalee, o al menos lo intenté convenciéndome a mí misma de que mi final era ese y ningún otro.

Pero en eso sentí algo frio rozarme la mano derecha, no podía ver lo que era pues las cuerdas me lo impedían, sin embargo use mi tacto y adivine en un momento lo que era y sin más en mi mano lo tomé.

─ parece una tijera ─ Adivine sintiendo su filo y como había llegado ahí, supuse que Chitose la había colocado sobre mí y al momento de moverme esta cayó a un costado.

No había tiempo y rápidamente la usé para cortar la cuerda que me sostenía por mi muñeca. Esa tarea sería difícil por mi posición, pero tan solo la cuerda derecha me tomaría más tiempo, ya con mi mano libre las otras fueron cortadas en un tiempo menor.

Libre al fin respiré aliviada pero seguía en peligro constante, pues de mi pecho la herida comenzó a sangrar y a doler ya que el esfuerzo aumentaba la presión sobre mí y el líquido brotaba con mayor flujo. Me alejé de la cama con una mano sosteniendo mi pecho evitando la hemorragia, pero solo mi mano o sería suficiente para dicha tarea.

Rogando por más tiempo busque dentro del lugar algo que me ayude a no perder más sangre, pues la que ya había perdido estaba más del límite y de seguir así me desmayaría y moriría en minutos. Encontré una paño milagrosamente limpio en uno de los estantes que ahí habían, eso tendría que ser suficiente hasta que pudiera encontrar ayuda.

Tambaleante use las paredes para moverme dejando un rastro con mi mano las paredes quedaban pintarrajeadas de rojo. Salí de la habitación solo encontrándome con una escena de terror.

Habían cuerpos mutilados esparcidos por los pacillos, ya el olor desprendían los mismos y su carne pútrida se desprendía de sus rostros. Todo eso me dio nauseas, sin embargo de mi reflejo dependía mi supervivencia e ignorando mis sentidos me moví con cautela.

No sabía dónde estaba, las luces parpadeaban en mi cabeza, y aunque la oscuridad gobernaba de vez en cuando di gracias por haber dejado el corredor de la muerte. Cansada apoye mi espalda en la pared, estaba sedienta y con algo de frio.

─ ¿Qué está pasando en este mundo?

fue tu culpa ─ Oí en mi cabeza una voz clara que se me hizo familiar, mi momento de locura había llegado.

─ no tenía idea ¿en que falle?

nos abandonaste ─ volví en sí y con algo de esfuerzo medio recuperado me moví nuevamente.

─ yo no pedí venir aquí ─ fuera la farsa que me llevó a ese mundo, la sonrisa amistosa o la confianza permitida. Nada fue real

ya no importa… debes volver

─ ¿A dónde?

A la mansión

Esa idea era al principio una opción fiable, pero recordaba vagamente aquel momento con dolor y la traición que me llevé. Maldito será siempre ese lugar, donde encontraba mis recuerdos y veía muchos más, pero las imágenes en mi cabeza no fueron las mismas dejándome confundida y asustada.

¡a prisa! Vienen por ti

─ ¿Quiénes?

no importa eso, solo muévete

─ lo siento, no sé a dónde ir

ve derecha por el corredor hasta el final, luego gira hacia la izquierda donde encontraras una gran sala ¡vamos!

─ ¿Cómo sabes eso? ¿Cómo sabes a dónde ir?

esperar la muerte aquí será tu decisión, o ponerte en marcha y morir luchando por tu existencia. De cualquier manera, no tienes muchas opciones

Un impulso de mi cuerpo y nuevamente estaba en movimiento, temblando con mi mano en mi pecho recorrí el pasillo como la voz en mi cabeza había dicho. Creen que debería haber enloquecido pues estaba haciéndole caso a mi propio cerebro, pero más que una voz molesta parecía ser sincera y dispuesta a ayudarme.

Llegué hasta el final del corredor y giré a la izquierda por el pasillo. Increíble o no, había una sala grande que parecía una recepción algo destruida, pero aparte de eso mi asombro no me dejó moverme y el miedo me devoró.

El cuerpo de una chica claramente sin vida era arrastrado de sus piernas, dejando atrás una huella de sangre. Ella era arrastrada por una criatura que se movía en dos patas, de ojos rojos como demonio y dentadura afilada y exhibida, pelaje oscuro y postura encorvada.

Que no te vea o te irá igual como aquella chica ─ ante el llamado mi cuerpo reaccionó colocándome tras un mueble boca abajo

─ ¿Qué es eso?

no lo sé, pero sí sé de lo que son capaces de hacer

─ ¿hay más de esos?

los hay, desde que desapareciste, ellos dominan este mundo.