Habían pasado ya siete años desde la llegada de Damian a la mansión. Siete años en los que los murciélagos habían pasado por más de un drama crítico, incluida la muerte del mismo petirrojo irreverente que en ese momento entrenaba en la Baticueva.

No cabía duda de que era extraordinario, un digno hijo de Batman, así como digno heredero de la Liga de las Sombras, legado contra el que aún luchaba por evadir manteniéndose bajo la tutela de su padre. Bruce no pensaba dejar el manto de Batman pronto y Damian aceptaba eso mientras trataba de demostrar en cada momento su capacidad. Seguía siendo un joven testarudo y prepotente, sin embargo se había vuelto un compañero formidable para el murciélago, aprendiendo que no sacaría mucho con desobediencia, pero optando en algunos temas seguir por el camino que él consideraba mejor pese a lo que su padre dijera. Él, entre esos temas.

Frente a la sociedad, era un joven brillante que sólo compartía con su padre el atractivo y no el gusto por "la vida loca". Siendo el único hijo de sangre del magnate, los medios estaban al acecho en cada uno de los contados eventos en que se presentaba junto a su padre, queriendo inmiscuirse en su privacidad y buscando pistas de alguna pretendiente a la fortuna de los Wayne. Nunca faltaron las mujeres que se presentaran como la novia o incluso la prometida, pero la mentira era pronto desmentida en cada caso. Después de todo, el joven ya tenía los ojos puestos en otra dirección que algunos trataban aún de determinar.

Jason entró en la cueva montado en su motocicleta, con gran escándalo; buscando hacerse notar. No tardó más de unos segundos en quitarse el casco y bajar de su vehículo.

--¿Qué haces aquí, Todd? --preguntó al verlo pasar de largo, siendo ignorado por el forajido. --. Tt ¡Todd! ¿A dónde demonios crees que vas? --le siguió molesto, sin entender a donde se estaba dirigiendo y a qué se debía el atrevimiento de ignorarlo. --. Ahí no hay nada, imbécil.

Intentó tomarlo por el cuello de la chaqueta marrón, sin embargo él otro fue más rápido y le tomó por la muñeca, aprisionandolo contra uno de los rincones obscuros. Al tomar consciencia plena, el más joven se halló a sí mismo entre la pared y el cuerpo de Jason. Suspiró.

--¿Acaso eres estúpido? --preguntó empujandolo con fuerza medida. --. Nos verán aquí.

--"¿Acaso eres estúpido?" --le arremedó el forajido. --. Tengo experiencia en éstas cosas --aseguró atacando los labios del menor con ansia, empujandolo nuevamente contra el frío muro, en las penumbras.

Damian se resistió a preguntar el significado de esas palabras, lo suponía; se limitó a seguirle el paso, respondiendo a la ferocidad con intensidad recíproca. Eso era lo que les quedaba para compartir cobijados por la obscuridad, emanando de sus cuerpos el calor necesario y quemando los toques del uno la piel del otro.

Habían aprendido a conformarse eso: con el calor de los roces, el sabor de sus salivas mezcladas y la sincronía que alguna vez les resultó tan novedosa de sus corazones.

A la hostilidad ante sus quereres ellos la retaban amandose en su guarida al no serles permitido construir su propio nido por una serie de factores que se resumían en el nombre del mentor de ambos. Todd lo sentía como un acto de rebeldía, Damian dejaba de pensar en ello en cuanto sus labios se tocaban.

Aquello era incorrecto, su padre se lo había dicho; no confiaba en sus intenciones, le espetó el mismo a Jason. Pero ambos sabían que su relación estaba lejana a la comprensión de la mayoría, incluso a la del mejor detective del mundo. Y, para ellos, así estaba bien.