Dedicado a: Angekila... ¡diablos!, ¿hace cuánto debí de haber terminado esta historia?
Shaman King no me pertenece; si fuera así, el remake del anime sería más apegado al manga para que así crearan el anime de Shaman King Flowers.
Anna suspiró mientras pasaba su mano por sus rubios y bien cuidados cabellos. La oreja ya le dolía, el tímpano le palpitaba por tanto escuchar a la voz chillona que provenía del otro lado de la bocina ―la cual, le irritaba―, su cabeza quería estallar, y su brazo estaba cansado por sostener el molesto teléfono.
¿Qué no entendía que tenía trabajo? Esa idiota de Katsura, llamándole en el momento indicado ―nótese el sarcasmo―; ella sí era una mujer ocupada, decente; no una prostituta barata que se vendía con cualquier tipo que se le atravesara en frente y que tenía todo el tiempo del mundo para desperdiciarlo en cualquier porquería de chisme.
O bueno, eso era lo que pensaba cuando su madrastra le llamó para decirle las buenas nuevas del día: generalmente, Katsura sólo le hablaba para pedir dinero o para contarle sus aventuras con otros; esta vez era diferente: esta vez sí tenía que ver con ella.
―¿Cuándo? ―fue lo único que salió de su boca después de unos segundos de silencio.
―Hoy, a las ocho de la mañana: lo encontré muerto en su despacho junto a una botella de licor y un frasco de pastillas para dormir vacío. La policía ya viene para acá.
Se pasó la mano libre por su cara y apretó los párpados con fuerza. Era imposible. ¿Muerto? Si acababa de hablar con él hace poco más de tres días, cuando fue su cumpleaños: le había dicho que la quería y necesitaba verla. Ella se excusó diciendo que tenía mucho trabajo y que no podía hacerlo; no por ahora. ¿Muerto? ¿Su padre... muerto?
Bueno, no era tan imposible de creer: aun recordaba que, después del abandono de su madre, él se intentó suicidar dos veces. La primera vez no funcionó, ya que Anna había llamado a la policía para que la auxiliaran. La segunda vez... la segunda vez apareció Katsura.
Esa ballena cuarentona, aunque intentaba ―y aseguraba― tener veintitantos años, le había impedido el ahogarse en la piscina pública cerca de su ex casa. El ego se le subió por un tiempo al enterarse que había salido en las noticias y periódicos cercanos. Aunque debía agradecerle ese favor: para esos entonces, ella aún necesitaba a su padre a su lado. Aunque después conoció el verdadero infierno cuando, a escondidas de ella, esos dos se casaron.
Anna por supuesto que se molestó, no era tan idiota: sabía que lo único que intentaba hacer su padre era reconstruir su corazón dañado pero, ¿por qué con la primera tipa golfa que se le atravesaba? No la quería cerca... pero era eso o ser abandonada. No sabía dónde estaba su madre, no podría irse con ella. Y no tenía más familiares. Además, ella la había abandonado, ¿para qué irse con ella? ¿Para ser abandonada otra vez? No: prefirió el ser ignorada e incluso dañada por ese hombre que le dio más importancia a su licor y a sus cigarrillos antes que a su propia sangre.
Y también el ser golpeada y maltratada por esa ballena llena de grasa de Katsura.
―Espero que pagues el funeral y todo eso. Ten un poco de consideración: fue tu padre.
Sí, pero fue tu esposo. Lo amabas, ¿no? ¡Ah, no! Ya recuerdo, te casaste con él por su dinero, además de que estaba necesitado. Claro, cómo olvidarlo, vieja bruja hija de tu...
―No te preocupes por eso. Yo me encargo.
―¿Y ni siquiera una lágrima o algo? Por Dios... ¡era tu padre! Eres una insensible. Qué ingrata.
―Era tu esposo. Y hasta te escucho alegre. Creo que te dejó toda su herencia, ¿no? Felicidades. ¿Es todo? Bien, adiós.
Y colgó, dejándola con la palabra en la boca. Frotó su frente, frustrada. ¡Diablos! Esta tipa ya le había amargado la mañana con eso último. Estúpida migraña; estúpida. Necesitaba terminar su trabajo y, ahora, por la culpa de esa golfa, tenía que planificar, por lo menos, un entierro decente, en lo que se hacía la autopsia al cuerpo de su padre, que en paz descanse.
Tomó el aparato y llamó a Tamao. Necesitaba algo para esa migraña... y de paso, para esa sensación de querer vomitar. En menos de cinco segundos, la pelirosa ya estaba en la puerta, un poco nerviosa y con una carpeta en la mano: no por nada le había llamado tres veces seguidas.
―¿Me llamó, señorita Anna?
―Necesito que me traigas algo para la migraña y para el asco ―Tamao la miró, confundida. Y sin dejar de anotar todo lo que decía su jefa―. Por Katsura: me arruinó el día.
Tamao asintió, comprendiendo todo: siempre le daba migraña a Anna cuando Katsura le llamaba. Aunque eso del asco era nuevo.
―¿Algo más?
Anna pareció meditárselo por medio segundo.
―Sí: ayúdame a planificar un funeral. Es urgente.
Si no fuera porque se trataba de Anna, Tamao se hubiera largado a reír por aquello que, por la frialdad con lo que lo dijo, parecía más una broma que algo real.
―Perdón, ¿qué fue...?
―Eso: no me interesa el costo, no me interesa el lugar, no me interesa nada; sólo quiero... sólo quiero despedir bien a mi padre. ¿Podrías encargarte de eso? Tengo mucho trabajo por hacer.
A Tamao se le cayó la quijada al suelo, literalmente. ¿Su padre? ¡¿Su padre?! ¡¿Cómo era posible que su padre acababa de morir y Anna... lo dijera como si se tratara de cualquier otra cosa?! O peor, aun, que le dejara el trabajo a ella de planificar todo eso, cuando le tocaba a Anna planificarlo. ¿Acaso era verdad ser aquella ser inhumana que todo el mundo asegura que es?
Suspiró. Se estaba exaltando más de la cuenta: ella mejor que nadie en ese lugar la conocía bien, y su jefa no es así. Sólo... no tuvo buena relación con su padre; eso es todo.
―Yo me encargo ―contestó finalmente, aguantándose todas las ganas de preguntarle si ella estaba bien: no quería morir ahora―. ¿Algo más?
―No, es todo. Puedes retirarte.
La pelirosa asintió, y lentamente comenzó a salir de la habitación, aun sin asimilar lo que acababa de pasar hace unos momentos. Estuvo a punto de cerrar la puerta del despacho de su jefa, hasta que ésta misma la detuvo.
―Gracias, Tamao.
Entonces así, Tamao supo tres cosas: que Anna sí era humana; que ella siempre sería un misterio; y que algo no andaba bien con ella. Anna jamás daba las gracias por algo. Jamás.
Y sonrió: en sus años de amistad ―algo rara, obviamente―, sólo dos veces le había agradecido: esta era la segunda vez. La primera vez había sido hace muchos años, cuando ella la apoyó cuando más lo necesitaba. Caminó hasta su pequeño lugar y llamó a varios lugares, atendió unos teléfonos, le llevó sus medicamentos a Anna, y sólo se desconcentró de sus deberes al escuchar al menor de los Asakura saludarla y caminar hacia el despacho de Anna, a entrar como siempre.
Sabía cómo estaba Anna, y dejar que Yoh hiciera lo que quisiera, como siempre, le iba a costar caro. ¿Qué tal si Anna lo mataba? No, no: jamás descansaría en paz al saber que ella pudo haberlo impedido, y no lo hizo. Se levantó de golpe y caminó hacia él, llamándole de paso. Entonces maldijo el momento en que le elogió esos audífonos naranjas. Lo jaló fuertemente del brazo, a tal grado de casi tirarlo. Todo para que no entre, pensó al escucharlo quejarse.
―Auch. Eso dolió. ¿Pasa algo, Tami?
Y entonces, Tamao recordó que no podía hablar con él. Estúpidos nervios y sonrojos involuntarios.
―Yo... esto... bueno... es que...
E Yoh rió. Tamao era... Tamao.
―¿Cómo?
―No pu–puede en–entrar. La se–señorita Anna está ocupada y es–estresada. No quie–quiero que se desquite con usted.
Vaya: hace mucho que no tartamudeaba de esa manera. ¿En serio seguía siendo tímida? Qué vergüenza. Yoh la miró confundido, ¡diablos! Lo había hecho preocuparse, ¿ahora qué diría? No podía decirle lo de su padre: si Anna se entera que fue ella quien le dijo eso a Yoh, sería ella quien terminaría muerta.
Y entonces, Yoh rió... otra vez.
―Pero si siempre está así ―contestó simple, colgándose sus audífonos en el cuello―, no le veo lo raro.
Y Tamao sintió, por primera vez, las ganas de golpear a Yoh con esa maceta que estaba a su lado.
―Yoh, entienda: Anna está mal. No creo que quiera verlo el día de...
Oops. Su primer error: «Anna está mal». Bien hecho, Tamao, bien hecho. Sólo había hecho que el Asakura se preocupara de verdad: se había puesto serio, muy serio, mirándola inquietado. A Tamao se le volvieron a subir los colores al rostro. A la goma la vida, ¿por qué no nació siendo un ave?
―¿Mal? ¿Pues qué tiene?
Tamao se golpeó mentalmente. ¿Decirle o no decirle la verdad? Esa era la cuestión. Bueno, consideraría el no decirle nada: no quería morir en brazos de Anna... ¿pero y si le decía? Tal vez, Yoh haría que Anna se desahogara: sabía que ella necesitaba un empujoncito pequeño para llorar. Pero, ¿estaría bien que quien le diera ese empujoncito fuera Yoh?
―Bueno, pero más le vale no decir que le dije yo ―Aunque sería lo mismo; sólo yo sé lo que le pasó―. El papá de Anna falleció y...
No dijo más, no porque no quisiera, sino porque Yoh ya había corrido a la oficina de Anna, dejándola ahí parada con los nervios de punta. Lo había echado a perder todo, absolutamente todo.
Escuchó el toqueteo de la puerta de su oficina y lanzó un gruñido. ¡Diablos! Necesitaba trabajar, ¿qué nadie lo entendía? Si tuviera rayos láser ya hubiera quemado esa puerta, y de paso, a la persona que estaba del otro lado de ésta. Sí, eso sería genial: así nadie la molestaría más. Así sí tendría el gusto de ser llamada «bruja sin sentimientos».
Rodó los ojos: como detestaba a las personas que osaban llamarla de esa manera. Sólo lo hacían para molestarla, ni siquiera la conocían bien.
―¡¿Quién?! ―Bueno, aunque sí le podía quedar ese nombre sin necesidad de más.
―Yoh, ¿puedo pasar?
¿Yoh? Oh, perfecto, lo que necesitaba: un adulto que se comportaba como un niño de cinco años para que la molestara y la sacara de sus casillas más de lo que ya estaba. Se tocó la frente y el pecho: hacer corajes de más le estaba dañando ya la salud. Contó hasta diez y respiró profundamente. Momentos después, regresó la vista a la puerta.
―No, Asakura, vete: no tengo ni tiempo ni paciencia para ti.
Y regresó la vista hacia los documentos que tenía en su escritorio, esperanzada de que el dolor de pecho, al igual que el castaño, desaparecieran para dejarla tranquila.
Lo que jamás entendía ―y tampoco quería entender― era el porqué de molestarse en pedir permiso si al final de cuentas ese idiota iba a hacer lo que se le viniera en gana. Ahora ya estaba ahí, sentado frente a ella, con una sonrisa torpe pero inquietante. ¿De qué servía decir «no» si al final de cuentas iba a hacer lo que quería? No lo entendía. Definitivamente no.
Anna lo miró, esperando a que dijera o hiciera algo, pero sólo estaba ahí sentado, mirándola fijamente, haciéndola incomodar al máximo.
―¿Necesitas algo, Asakura?
―Yo no, ¿tú necesitas algo, Annita?
Oh, qué bien, ahora Yoh era un zopenco idiota que se creía quién–sabe–qué cosa. Y ella no estaba de humor para soportar aquello, menos por ese hueco en el pecho. ¡Estúpido hueco!
―No me digas... ―Rodó los ojos―. No, Asakura, no necesito nada. Y no entiendo a qué quieres llegar. Además, ¿acaso te importa?
El Asakura la miró atentamente, un poco avergonzado.
―Claro que me importa: me preocupas y mucho. ¿Qué tal si te pasa algo?, yo no sabría qué hacer si a ti... ―calló, sonrojado. Se le estaba yendo un poco la lengua.
Anna dejó su par de hojas a un lado para mirar al castaño, bastante irritada. Se levantó de golpe y lo miró; Yoh no supo identificar si era odio, recelo... o tristeza.
―Lárgate, ahora mismo. ¿Crees que le contaría mis problemas a un idiota que pasa parte de su vida jodiendo la de otros? Pues no, estás equivocado.
Sólo así, el Asakura se puso serio y se levantó, quedando a la misma altura de la rubia.
―¿Por qué eres así? ¿Por qué eres tan ruda conmigo? ¿Que acaso no sabes que yo también soy humano? Anna, puedo escucharte y apoyarte si me lo permitieras... ¡pero eres tan necia! ¡Carajo!
Calló al ver a Anna. Estaba... ¿sorprendida? Bueno, y cómo no, si era la primera vez que actuaba así con la rubia. No lo conocía molesto, no lo conocía. A Anna le creció el hueco en su pecho y necesitó sentarse. Le faltaba el aire... le faltaba todo.
―Anna...
―Todos dicen lo mismo: que quieren ayudarme. ¿Con qué? ¿Para qué? Jamás le he visto el propósito a esto. ¿Qué quieren de mí? ¿Verme débil? ¿Que me desmorone en su presencia? ¿Que pida un abrazo... un consuelo? Pues las cosas no funcionan así...
Yoh se acercó a ella y tomó el rostro de Anna entre sus manos, obligándola a mirarlo. Así, pudo apreciar el brillo en sus ojos, un brillo inusual. ¿Anna quería... llorar? No, imposible...
―Anna... no voy a lastimarte... sólo quiero conocerte un poco más. Sé que tu padre falleció esta mañana y...
―¿Cómo sabes eso...? ¡Tamao!
―Ella no tiene la culpa. Literalmente la obligué a que me dijera eso ―Anna iba a decir algo, pero Yoh la calló―. ¿Acaso no te sientes mal? ¿No te duele su partida? ¿Acaso...?
―¡Que no! ―espetó, furiosa―. Yo ni siquiera le importaba: le importaba más su esposa que era más golfa que nada y sus estúpidos vicios antes que su propia sangre, ¡antes que yo, que era su hija! ¿Por qué tendría que sentir algo por ese... hombre?
―Porque era tu padre, y a pesar de sus errores, yo sé que él te quería. Y, muy en el fondo, tú también lo amabas.
Y entonces, Anna soltó las primeras lágrimas. No quería hacerlo, no frente a él pero, ¿cómo no hacerlo cuando el idiota más grande del mundo tenía razón? Era su papá... y hace unos días le había dicho que la quería... ¿y ella qué hizo? Despreciarlo cuando también podía haberle dicho cuánto lo quería. Otro par de lágrimas salieron, y otro, y otro...
Diablos, cuando sintió, ya estaba llorando, llorando de verdad, sintiendo las caricias del castaño en su mejilla; escuchando sus palabras de consuelo. Pero de alguna manera siguió haciéndolo, ese hueco había comenzado a desaparecer. Y se sentía bien.
Tal vez no era tan mala idea despreciarlo; tal vez podría confiar en él. Pero iba a ser tan difícil, aunque si se lo proponía, lo lograría, de eso estaba segura. Por ahora, lo único que pudo hacer fue aferrarse a la camisa del castaño y seguir llorando. De alguna manera, se sentía en confianza. Y sabía que lo estaba.
Hola, ¿cómo han estado? Mi Dios Hao, me quedó un poco largo este capítulo. Y creo que será uno de los pocos capítulos largos que haré... si ustedes quieren. Es decir, por ahora es como una compensación por tardar siglos en actualizar, pero, ¿no se les hizo tedioso leer todo? En sí, son 2496 palabras. Díganmelo con sugerencias: así tal vez siga haciéndolos largos, o mejor lo corto a la mitad. No lo sé, díganme ustedes. Mi no estar acostumbrada a los capítulos largos.
Otra cosa, ¿quieren que agregue más parejas? No sé, quiero hacerlo pero no me animo. Díganme, ¿les gustaría la idea?
Quiero agradecer a Angekila, M-Awesome, Edy Asakura, Cranky Sky y Nikiitako por sus fantásticos reviews que creo que jamás agradecí. Pido perdón por eso pero lo que pasa se reduce a una simple oración: trabajos y tareas de la escuela. Ya con eso creo que entenderán.
Aun así, muchas gracias a todos por su paciencia y por hacerse el tiempo para leerme. No tienen idea de cómo me alegran mi triste corazón (creo que está triste porque el 28 de octubre ―dentro de dos días― cumplo años. Por Hao, qué rápido se pasa el tiempo).
Cualquier duda, sugerencia, queja, felicitación, tomatazo o equis, díganmela. Esta vez, prometo contestar pronto. Oh, y perdón si encuentran errores.
Nos leemos. Que tengan buen día, buena tarde o buena noche. Cuídense mucho. Hasta luego. ¿Review, :3?
*●Muchas gracias a todos●*
