La visita de Mashiro la señora del Sur III ( I parte):
El Día no tan Feliz de Rin
La "joven" Mashiro era de ese tipo de personas -yokai- que le gusta viajar por todos lados, y obviamente detestaba estar en su palacio, y como a muy pocos, mejor dicho nadie, le gustaba invitarla a pasarse una temporada por sus tierras, ella sola se auto invitaba e iba hacia ellos, claro que al final terminaba con más muertos en su lista, y corrida del lugar, es por ello que actualmente no se la llevaba bien con casi ningún señor, pero eso no le quitaba el hecho de que ella siguiese yendo a sus palacios aun cuando sabía de antemano que no era bien recibida.
Así que el día de hoy, viendo el cadáver en descomposición de cinco días de su décimo quinto esposo –de ese año- sobre su futón, y sin no tener nada entretenido que hacer, decidió hacer una visita a uno de los lord, que ella más admiraba y temía a la vez, y del cual tenía excelentes antecedentes para celebrar su viudez, así que mandando a empacar sus pertenencias y a sacar el cadáver de su antiguo hombre, se puso en marcha para las tierras del Oeste, para ver claro está a su querido Sesshomaru.
…
Era entrada la noche cuando Rin se despertó sobresaltada, su respiración agitada y el corazón martillándole con frenesí en su pecho, solo hizo que un dolor de cabeza insistente la invadiera al acto, se veía perturbada y cansada, pero el sueño no quería venir a ella, aun cuando ya se había intentado descansar, las cosas no estaban saliendo muy bien, además que su cuerpo parecía demasiado sofocante para ser normal. Una voz le hizo olvidar por un segundo todo eso.
―Rin duérmete ―demandó entre la penumbra Sesshomaru, en un tono más amenazante que otra cosa, descorriendo las puertas corredizas.
―Como si fuera tan fácil― replicó con acidez, una parte de ella le dijo que responder eso estaba mal, pero su contestación había salido tan espontánea, como alejar las manos del fuego.
Sesshomaru entrecerró los ojos claramente molesto, pero se recordó que matar a Rin no era una opción. «Esa no es Rin pero pronto lo será y lo lamentaras» se dijo, para poder ser capaz de girarse, cerrar las puertas y dejar a la joven sola en la penumbra. Rin se sintió turbada en la soledad y se acostó nuevamente dispuesta a dormir y olvidar a Sesshomaru.
En la oscuridad de la habitación no fue capaz de dormir ni un poco su cuerpo parecía renuente a dejarla descansar, la cabeza le dolía y las puntas de los dedos empezaron a quemarle, era algo muy débil pero que se extendía por todo su cuerpo, haciendo que empezara a asustarse. Temblando de pies a cabeza, y con casi todo el cuerpo quemándole por dentro, corrió hasta las puertas, la frialdad de la noche fue como un bálsamo en esos momentos. Pero uno muy débil.
Asustada sin saber que hacer sintió como la rabia emergía en ella, de forma tan abrupta como el calor abrazante en sus venas. También se sintió frustrada y enojada, lo primero porque no podía entender lo que sucedía y lo segundo porque ni siquiera tenía una idea clara de quien era ella, su cuerpo solo le decía que Sesshomaru era seguro, pero más nada su mente estaba en blanco y no hallaba forma para cambiar eso.
Sesshomaru, pensó después de unos segundos sin nada coherente en su cabeza, ya que solo sentía el calor abrazador que parecía aumentar de intensidad. ¿Que estaba le sucediendo?
―SESSHOMARU―grito desesperada.
Un brillo rápido, como un destello y ya no se encontraba sola, al sentirse en brazos del daiyokai, ya no había fuego que la quemara, temblando desorientada, se limpió las lágrimas y vio unos cabellos plateados que caían en su rostro. Sesshomaru sintió una pequeña debilidad, fue como si le fuera arrebatado sus energías, pero duro tan solo unos segundos que obvio el pensamiento cuando los marrones ojos de Rin le miraban desesperada.
―Regresa a tu puesto ―escucho Rin entre la lejanía que se encontraba víctima de su propio sopor.
―Si señor ― escucho en respuesta.
Miro la figura de lo que creyó era su señor Sesshomaru, pero no estuvo segura, su cuerpo estaba demasiado perturbado y cansado, solo pudo apretarse más hacia un pecho que se notaba lo suficientemente frío para tranquilizarle y poder dormirse.
Esa noche soñó con una niña corriendo a través de la fría nieve en busca de una mariposa que volaba sobre ella, extrañamente el sueño le molesto en extremo cuando lo recordó esa mañana y todo empeoro cuando descubrió que Sesshomaru no estaba a su lado.
Sola en la gran habitación, noto sus manos más pálidas de lo habitual, en realidad todo su cuerpo era más pálido, y sentía su piel un poco fuerte, lo único que pudo pensar fue en las llamas de la noche anterior, pero creía que debería estar negra y carbonizada no todo lo contrario. Suspiro enojada nuevamente de no comprender nada. La imagen de estar bañada en sangre le invadió súbitamente, para luego ser secuenciado por un dolor en su cabeza, haciendo que cayera al piso en un ovillo.
…
El sol ya estaba saliendo entre las montañas cuando llegaron a las tierras del Oeste, solo quedaban algunas horas para llegar al palacio de Sesshomaru, y por ende la ansiedad y emoción de la yokai iba en aumento, así que se arregló lo mejor que pudo, tradúzcase en: quedar con la ropa más floja, mostrando descaradamente bastante piel, y pintando sus labios de un rojo intenso, y por supuesto preparada psicológicamente para atrapar a Sesshomaru entre sus sabanas. Claro que no contaba con lo que vería a continuación….
Desde que despertó Rin supo que no sería un buen día, estaba enojada y como era de esperarse todos los subiditos se mantenían lo más lejos posible de ella.
Primero había comenzado con el dolor de cabeza que la recibió apenas despertar, luego fue con la comida alegando que era horrible y lanzándola al piso, luego fue porque hacía mucho calor así que se quitó toda la ropa que con mucho esfuerzo había puesto Yazumi -después de mucho batallar para que la dejara acercarse a ella-, después grito a todo pulmón por los ruidos de los soldados.
Después que los soldados cambiaron su lugar habitual para entrenar –no querían verse envueltos en la ira de Sesshomaru-, todo quedo en completa tranquilidad,aunqueno paso mucho tiempo cuando tres jarrones impactaron contra el piso ya que arreglándolos con flores una abeja le pico en un dedo y ella furiosa los lanzo todos al piso y grito ¡más nunca volveré a armar un ramo!, al instante muchos pensaron que cual era su problema ya que nadie la había obligado hacerlo (es más ella solita se había ofrecido) todo parecía ir de mal en peor.
Y ahora se encontraba enfurruñada en un rincón al lado de Sesshomaru quien revisaba varios pergaminos junto a otros generales, sin hacer ruido pero con ganas de empezar a pegar gritos en ese instante, mientras que Sesshomaru contaba mentalmente cuando tiempo su humana soportaría estar en completo silencio, él deseaba que fuera mucho, pero bien sabía que ya esos diez minutos que llevaba así era un milagro que no duraría mucho más.
― ¡No puedo! ― grito exasperada, hasta ahí había durado la magia, pensó con tranquilidad el demonio, los otros generales que no entendían muy bien así que solo omitieron todo y siguieron en su labores.
―Rin retírate a tus aposentos y descansa ― ordenó con seriedad Sesshomaru, pero la joven le ignoro y giro su rostro hacia el jardín.
Fue en esos mismo momentos, que Mashiro llego al palacio salto el muro sin esperar que fueran abiertas las puertas – como le era costumbre- olfateando el aire buscando a Sesshomaru. Mashiro que justamente estaba caminando hacia el jardín, miro a Rin con sorpresa, al verla al lado del Señor del Oeste, la cual paso a enojo al mismo instante.
Sesshomaru que también había notado su presencia no escondió un resoplido de disgusto.
― ¿Qué haces aquí Mashiro? ―hablo con frialdad sabiendo que la mujer podría escucharlo perfectamente, desde su posición.
La yokai sonrío ampliamente y sin conformarse hablar a esa distancia, olvido la presencia de todos los demás en la habitación, para saltar con agilidad al lado de Sesshomaru quien le dirigió una de sus miradas amenazadoras.
―Porque no te vez feliz Sesshomaru, si he venido a visitarte―casi canto de éxtasis, al ver de cerca a su querido daiyokai.
―Lárgate Mashiro ― dijo con su estoica voz.
―Pero Sesshomaru el palacio del sur está muy solo― gimoteo, el daiyokai alzo una ceja interrogante, como si aquello le interesara.
Rin a su lado miraba de Mashiro a Sesshomaru, desconcertada, también vio a los generales a ver si le daban una pista de quien era aquella mujer, pero todos parecían igual de renuentes a su presencia.
Entonces llego a la conclusión. Si a mi señor no le cae bien a mí tampoco.
―Si nadie te ha invitado te puedes largar― dijo con una autoridad que no poseía, pero la mujer igual la miro.
― ¡Sigues con vida! ― exclamó sorprendida, olvidado por unos segundos lo que le había dicho.
―Pues claro que estoy con vida ― gruñó, sin entender muy bien a que se refería aquella horrible mujer, que molestaba a su señor.
El mal humor dentro de ella fue elevándose cada vez más. Algo dentro de ella, le decía que la conocía de alguna parte, pero eso solo aumentaba su rabia. Sus cabellos rosados y su forma de hablar le eran tan desagradablemente conocidos.
―Interesante, ciertamente cuando vi en primera fila como te retorcías de dolor en el palacio de INobukana― dijo en una risilla histérica, como si lamentara no haber sido ella la que hubiese hecho el trabajo.
― ¿De qué habla? ― pregunto curiosa y enojada a la vez. Busco en sus recuerdos eso pero no encontró absolutamente nada que le revelara a que se refería aquella yokai.
―Ya lárgate de mí vista Mashiro ― exigió amenazante Sesshomaru, colocando su mano en la empuñadura de su espada. La yokai suspiro.
―Estaré solo por dos días, quiero visitar a unos amigos en el norte, pero están en batalla, desde que Yuriko mato a su señor, todos quieren el puesto, solo esperare aquí hasta que las cosas se calmen― y sin esperar respuesta salto hacia el jardín y se perdió de la vista los presentes.
― ¿Quién es ella Señor Sesshomaru? ―preguntó agarrándole del brazo.
―Un futuro cadáver Rin, ahora ve a tu habitación ― su voz sonó tan autoritaria, que no opuso resistencia, hizo una reverencia y salió del lugar dispuesta a buscar a esa mujer y averiguar quién era.
…
Pasó toda la tarde buscando a la mujer, y parecía que cuando ya la tenía esta se escabullía de su presencia, había refunfuñado en varias oportunidades, esperando bastante enojada, que por fin el momento llegara y conseguir con su paradero. Al final de la tarde, solo pudo, irse a su habitación frustrada, y como no, enojada también.
― ¿Tú eres la amante de Sesshomaru? ― la voz de la mujer la sobresalto de tal manera que cayó al piso, con el cuerpo temblándole como una hoja.
―La que ¿amate? ― recordó una tarde lluviosa que un joven yokai le había dicho una palabra similar, pero no lo recordaba con exactitud, además que estaba tan confundida, que el solo hecho de pararse se llevó toda su atención.
―Eres estúpida o que, estoy diciendo que si duermes en con el― la joven pensó en ello, y la respuesta era que si lo hacía…bueno él se acostaba a su lado, pero siempre que se despertaba en la noche, él también. Desconocía si eso valía o no.
―Si ― dijo no muy segura, pero la mujer pareció complacida por esto.
―Me han dicho que es muy buen amante, ¿Es cierto? ― esto le dejo pensativa, no sabía que era amate o era amante, pero su amo Sesshomaru era bueno en todo lo que hacía, ¿por qué no iba hacerlo en eso?
―Si―Mashiro lanzo una largar carcajada.
―Mira que tenemos aquí, y eso que te vez tan tranquilita, pero eso está muy bien, podré disfrutar una buena noche, así que humana espero que no interrumpas o te cortare esa carita― Rin le miro perturbada, y por acto reflejo toco su rostro, ¿Qué significaba una buena noche? Y así mismo creció la interrogante se lo pregunto a la yokai. – Pero que humana más entrometida, pero solo diré que una buena noche será esta, cuando este encima de Sesshomaru― con esto dio una fuerte carcajada y se perdió entre los pasillos, dejando a Rin estupefacta.
¿Encima de su señor? Esa yokai estaba loca, como iba hacerle eso a su amo, que era tan poderoso. Tendría que evitarlo a toda costa.
…
Era de noche cuando las dos decidieron que era una hora propicia para entrar de encubierto en los aposentos de Sesshomaru, Mashiro por su velocidad tenía una gran oportunidad, mientras que Rin por estar en la habitación contigua a la del inuyokai, era la más beneficiada. Las dos caminaron sigilosas, Rin por la puerta corrediza principal y Mashiro por la puerta que daba al jardín.
Sesshomaru adentro de sus aposentos, entrecerró los ojos y se levantó del futón, se colocó la parte superior de su kimono, y tomo las espadas, esperando en silencio a ver cuándo dudarían sus "visitantes" a abrir las puertas. Pasaron unos segundos, y no sucedió más nada, fastidiado abrió el mismo, donde se encontraba su humana, quien cayó al piso al estar apoyada, en esta. Desde el suelo la joven sonrió, con las mejillas sonrojadas.
― ¿Qué quieres? ―dijo con auténtica frialdad, intentando apartar sus ojos del obvio escote que dejaba entrever los pechos de la joven al tener el kimono tan una simple humana y tu protegida, se tuvo que repetir molesto.
―Sesshomaru― la voz melosa de Mashiro se escuchó del otro extremo de la habitación, ella al igual que Rin tenía el kimono suelto, pero la vista de la otra mujer, solo aviva sus ganas de cortarle el cuerpo en pequeños pedazos. –Humana te dije que no interrumpieras, ¡vete de aquí!― esa fue la gota que derramo el vaso.
Los ojos de Sesshomaru brillaron entre en un oscuro carmesí, y no hubo que pedir más, Mashiro, tembló de pies a cabeza y sin dar prorroga a mas nada, salió de la estancia. Rin aun no salía de su asombro y se vio en la tarea de apoyarse de la pared para intentar levantarse, pero su cuerpo temblaba demasiado, y se hubiese estampado nuevamente con el suelo si no fuera por los brazos de Sesshomaru que la sostuvieron.
―Sesshomaru― susurro mirándole con adoración, y fue en ese momento que los ojos del yokai empezaron a perder su color rojizo.
― ¿Qué venias hacer aquí Rin? ― exigió mientras le cargaba y la sentaba en su futón.
―Es que…yo bueno― empezó a decir mirando sus manos.
―Rin ― la advertencia en su voz le hizo llegar un vago recuerdo, de ella misma frente a un campo nevado junto con él.
―Bueno es que esa yokai, dijo que ella pasaría una buena noche…encima de usted― los ojos del daiyokai se entrecerraron, no se esperaba esa respuesta― Y yo venía a impedirlo, usted es muy poderoso y no podría dejar que alguien estuviera arriba.- termino en un susurro ― ¿Fue malo de mi parte por venir mi señor?
―No, Rin―respondió ante la mirada afligida que le dirigió su protegida.
―Puedo preguntar algo…―el daiyokai solo asintió en respuesta mientras caminaba hacia una mesilla donde colocaba sus espadas― ¿Puedo dormir con usted esta noche?― el demonio le miro por el rabillo del ojo.
―Es solo para protegerlo que nadie intente estar encima ―se apresuró a decir como escusa ante su atrevimiento. Si Sesshomaru fuera alguien con sentido del humor, se hubiese reído.
―Duérmete Rin ― dijo con su común frialdad.
―Si señor Sesshomaru ―dijo con una enorme sonrisa, mientras se introducía entre las mantas. Después de todo el día no había sido un completo desastre.
…
El ejemplo perfecto para saber que alguien está fuera de sus cabales y que desea como mínimo ser torturado, es el de Kohaku, ni su hermana Sango, ni su cuñado Miroku se imaginaban que el joven estuviera tan increíblemente loco. Se supone que siempre fue un chico centrado y bastante tímido, entonces porque extraña razón se encontraba frente a ellos comentándoles tan tranquilamente que iría al palacio del Oeste para hablar con Rin, según ellos era mucho más cuerdo quedarse tranquilito y olvidar el asunto ¿Cierto? Si en definitiva esa era mejor opción.
―Pero Kohaku es peligroso, mejor espera a que ella venga a la aldea ―volvió a intentar Miroku de convencer al chico que desistiera. ¿Y que respondió el a cambio?
―No, yo quiero pedirle que me perdone, no creo soportar un día mas así ― si no sirvió, todos los argumentos que resultaban perfectamente coherentes, no convencían al joven exterminador, que era una gran estupidez.
―Kirara. ―llamo el joven, pero la gata en vez de obedecerle solo salto hacia los brazos de Sango ― Venga Kirara que nos tenemos que ir ― intento de nuevo, esta ronroneo y se escondió entre los brazos de la exterminadora.
―No seas absurdo Kohaku, hasta Kirara se da cuenta que es una estupidez querer ir hasta allá ― el monje intento ponerle una mano en el hombro y hacerlo desistir pero esto solo hizo que el joven frunciera el ceño.
―Pues me largo solo ― giro en redondo y cuando llegaba casi a las salidas del pueblo, los gritos alegres de los niños dando vueltas por los campos, le hizo girarse y observarlos.
¿Cuántas veces no había estado en el esa misma situación? Corriendo junto a Rin, accediendo a todo tipo de juegos infantiles, solo para estar a su lado y verla feliz. Suspiro y miro al cielo, de donde Kirara descendía para ponerse a su lado.
―Puedes regresar, cuando este de regreso te buscare ― pero internamente deseo que lo acompañara y esta pareció notar sus deseos porque se estrujo en su pierna, y él sonrió al tener de vuelta a su compañera en aquella expedición suicida.
Continuara…
Este capítulo está recién salido del horno, espero que lo hayan disfrutado y me dejen su reviews que me hace extremadamente feliz, no lo olviden. Mis agradecimientos a: Anxelin, black urora, Guest, Ephemerah, Rinsami, Soul of Wolf, jenni-chan, por sus lindos comentarios en los capítulos anteriores me hicieron muy feliz.
N/A Agradezco a quienes leen la edición de este capítulo y a Sotam y Elenita-Ele-Chan por sus comentarios.
Próximo Capitulo: La visita de Mashiro la señora del Sur (II parte): El no tan bienvenido exterminador.
