Capítulo 3:

Cavilando sobre su misión, Anteo de Géminis llegó a su casa. Le gustaba el templo, pero se le hacía demasiado grande para él.

Sin quitarse su armadura, miró a ambos lados buscando a alguien con la mirada. Pero estaba solo, de modo que Anteo suspiró y se la quitó.

- "Tendré que ir a buscarle".

Pero apenas acabó de pensar aquello un cosmos conocido apareció. Anteo sonrió y se dirigió a un punto concreto, donde al poco apareció un chico de pelo corto morado y ojos grises.

- A buenas horas volviste, Amíntor- le dijo al recién llegado.

- Lo siento, Maestro- se disculpó, con expresión seria, expresión adoptada de Anteo-. Esta vez me costó mucho salir. Se pasó- agregó.

- Pues a partir de ahora las cosas serán así, así que deberás espabilarte- dijo sin inmutarse su maestro-. Pero no ahora. Nuestra Señora Atenea desea que salga a una misión- explicó-. Dice que puedo llevarme algún alumno.

- Y dado que Temis estará con el resto de mujeres y que no tiene más alumnos intuyo que iré con usted.

- Intuyes bien, Amíntor. Además Temis ya no es mi alumna- aclaró-. No fue más que un momento puntual para que fuera santa.

- Claro, el hermanito que ayuda a la hermanita- bromeó Amíntor. Anteo le miró acusadoramente, pero Amíntor no hizo caso-. Oh, vamos. ¿No acepta ninguna broma?

- Entrenarla porque es mi hermana no quiere decir que fuese más blando con ella- dijo cerrando los ojos-. ¿O si?

- No, que va- aseguró Amíntor, cosa que era bastante cierta-. ¿Y a dónde vamos?- preguntó después.

- Ya te lo diré. Partiremos esta tarde, después de que regreses.

- ¿Yo? ¿De dón…- pero no terminó su frase, pues Anteo le envió a Otra Dimensión.

- Más te vale volver pronto, porque no iré a por ti- dijo, aún a sabiendas de que Amíntor no le escuchaba.

Ahora que estaba nuevamente solo se alejó en busca de su colección de libros sobre las guerras santas antiguas. Le gustaba mucho leer lo que habían escrito los supervivientes a lo largo de los siglos, creía que así era una manera de saber qué les iba a esperar. Claro que había un problema: en todo lo que leía estaba marcado el dios Hades como el enemigo número uno y ahora, según Atenea, era un aliado.

- "Esto si que es un gran problema"- pensó, buscando algún libro que dijera algo, hasta que encontró uno que se le antojó ideal- "Éste"- en la portada se podía leer La Tercera Guerra Sagrada. Volumen II-. "Creo que en éste se explica cuándo la señora Atenea y Hades pasaron a ser enemigos."

Y estuvo durante un rato leyendo.

- "Hades puede resucitar a los muertos"- pensó, después de leer varias veces un fragmento en el que se explicaba que luchar contra la recién creada orden de Hades era casi imposible porque el dios devolvía a la vida una y otra vez a sus guerreros-. Los muertos…- susurró.

Temis no era su única hermana. Anteo recordó cuando llegó al Santuario, con cuatro años. Él tenía un hermano gemelo, pero murió temprano. Una tormenta les había sorprendido en su pequeña casa de las costas griegas. Sus padres, que eran muy pobres, hicieron lo posible por ayudar a sus hijos, muriendo en el intento. Los gemelos huyeron de la tormenta como pudieron, Anteo sostenía en brazos a su hermana, que era un bebé, mientras su hermano corría delante de ellos. No recordaba exactamente cómo fue, solo recordaba que en algún momento dado, él se encontraba subido en algún sitio alto de quién sabe qué, mientras su hermano no llegaba y se ahogaba en el intento.

Y murió. Anteo no se lo perdonaría nunca, creía que era su culpa. Pero a fin de cuentas, pensaba ahora veinte años después, que quizás había sido mejor, pues leyendo como leía sobre el pasado, no quería verse inmerso en las mismas batallas que su casa soportó, hacía solo dos siglos.

Sin embargo algo no estaba bien. Su hermano estaba muerto y, sin embargo, tenía la extraña sensación de que estaba en alguna parte. No se lo había dicho a nadie, ni tan siquiera a Temis.

- "Tiene gracia que él fuera el mayor y que tuviera un nombre más adecuado"- pensó. Efectivamente, el hermano gemelo de Anteo se llamaba Pollux, como una de las estrellas de Géminis y, además, era el mayor. Ironías de la vida, pensaba Anteo-. Creo que tendría que hablar con Atenea sobre esto, no debo callarme más. Quizás ella sepa decirme el porqué- dejó el libro que no había soltado en todo el rato, volvió a ponerse su armadura y salió, esperando que Atenea le recibiese.

Y esperando a que, al regresar, Amíntor hubiera sido capaz de regresar de la Otra Dimensión.


En la entrada del Templo del Escorpión Celeste, Shaula observaba con detenimiento el paisaje ante sus ojos. Siete casas a sus pies, el reloj de fuego y buena parte del Santuario se podía ver desde allí.

Shaula estaba tranquila, pero aún así llevaba puesta su armadura y tenía los brazos cruzados. Necesitaba moverse, hacer algo, y no era capaz de entender que Atenea la hubiera "elegido para quedarse". Por una parte estaba bien, porque significaba eso ser uno de los que la protegieran en caso de ataque. Pero por otra parte…

Shaula sabía que, aunque Atenea le había dado la razón por el asesinato de Zaki cuando Gildor y ella se quedaron a solas con su diosa, dejarla allí era como una especie de castigo, por haber atentado contra un compañero de la orden, aunque no fuera un santo dorado.

Esperar iba en contra del espíritu del Escorpión, su constelación guardiana.

- Maestra…- los alumnos de Shaula hicieron su aparición.

El chico del centro, que era quién había hablado, estaba algo nervioso. Los otros dos, un chico y una chica, estaban más atrasados, como si sencillamente fueran a ver qué pasaba. Shaula no se dio la vuelta para mirarles, pero si que le habló.

- ¿Qué pasa, Nash?

- Esto… es que… yo…- Nash se hacía un lío. No sabía por donde empezar y movía las manos nerviosamente.

- ¿Qué pasa?- repitió Shaula.

- Es que… ¿se acuerda del lugar dónde conseguí mi armadura?- preguntó al fin.

- Si- respondió Shaula indiferente.

- Pues… me gustaría volver…

¿Tantos nervios para eso? Shaula suspiró con resignación, ¡no tenía por qué ponerse así solo por eso!

- Puedes volver cuando quieras, nadie te lo impide- dijo-. Siempre y cuando no estemos en estado de alerta, como ahora.

- ¿Van a atacarnos?- preguntó la chica, con un hilo de voz.

- No.

- ¿Entonces?- preguntó la chica.

Shaula no respondió así que tras unos segundos, Nash miró a sus compañeros, volvió a mirar a su maestra y habló.

- Verá, Maestra Shaula, no es solo que me gustase el lugar donde estaba mi armadura, es que…

- Olvídalo.

- ¿Qué?

- Que lo olvides. Si piensas de ese modo no puedes irte. No te dejaré ir a México aunque fuera el lugar donde estaba tu armadura.

- Pero Maestra, yo quiero hacer vida allí. Me gustó- dijo como si aquello lo explicase todo.

- Es otro idioma- se dio la vuelta para mirarle a los ojos-. No te dejaré ni aprender su idioma ni viajar hasta allí- Nash apretó los puños-. No hay más que hablar. Ahora, a entrenar.

Pero Nash no se movió.

- ¡Para usted es muy fácil!- gritó, enfadado-. ¡Usted es griega, entrena en el Santuario y su armadura estaba en Grecia!- los otros dos alumnos dieron unos pasos atrás, asustados. ¡En qué lío se estaba metiendo Nash! Así que, por si acaso, era mejor apartarse-. ¡No necesita saber ningún idioma! ¿Pero y si los demás queremos irnos a otro país aunque tengamos que aprender su lengua? ¡Le recuerdo que muchos de los santos hemos tenido que aprender griego!

- ¿De dónde eres?- preguntó, su voz hacía parecer calma aunque su alumno la gritase de esa manera.

Nash se quedó perplejo ante la pregunta y dudó unos instantes en contestar.

- Alemania- dijo al fin.

- Bien entonces- dijo en alemán. Nash abrió los ojos como platos-. Podría matarte sólo por gritarme de esa manera. Pero no lo haré.

Nash abrió la boca para hablar, pero no fue capaz de emitir sonido alguno. Shaula continuó, pero esta vez en griego nuevamente.

- Como puedes ver, no tengo privilegios por ser griega, yo también sé idiomas.

- ¿Cuántos?- preguntó emocionado el otro alumno.

- Griego, alemán, italiano- el chico se emocionó nuevamente, pues era italiano- e inglés. Pero tampoco te emociones tanto, Prato. Hablar varios idiomas es normal en todos los santos de oro.

- Supongo…- Prato se desilusionó.

- A todo esto… Prato, Korin, ¿no tendríais que entrenar?

Los otros dos alumnos obedecieron y salieron de allí, intuyendo que no era más que una excusa de su maestra para hablar a solas con Nash. Nash también se dio cuenta, pues dio un paso hacia atrás y tragó saliva.

- Nash, perderías un tiempo valioso de entrenamiento dedicado al estudio de un nuevo idioma- dijo Shaula. Nash arqueó una ceja, ¿por eso quería que se fueran Prato y Korin? No tenía lógica-. Eres mi mejor alumno, Nash- el aludido abrió nuevamente los ojos como platos ante esa revelación-. No quiero que pierdas el tiempo.

¡Por eso no quería que Prato y Korin estuvieran presentes! Porque la maestra Shaula no quería que los otros dos se enterasen de que él era su mejor alumno. Ahora lo entendía.

- Maestra… yo…

- Nash- Shaula no le dejó a hablar, que volvía a mover las manos nerviosamente-. Los santos no hablamos idiomas por gusto, sino por necesidad- explicó-. Y aprender un idioma hasta dominarlo es muy difícil, se pierde mucho tiempo- Nash bajó la mirada, apesadumbrado. Shaula suspiró-. Mírame, Nash- Nash obedeció, lentamente-. Ahora mírate a ti. Eres un Santo de Plata, estás justo por debajo de la élite y más de la mitad de los santos estarían a tus órdenes si te lo propusieras. Además cuentas con el honor de haber sido entrenado bajo las órdenes de un santo dorado, todavía te obedecerían más. Puedes ser muy poderoso, estoy segura. Por eso no quiero que pierdas tu tiempo en otro idioma.

- Pero…

- Dame una buena razón, Nash- inquirió. Nash la miró confundido-. Dame un verdadero motivo y te dejaré marchar.

Nash no respondió. Miró a otro lado hasta que recordó algo.

- No soy su único santo de plata.

- ¿Y?

- ¿Por qué debería ser el mejor?

- ¿Éste es tu modo de decir que no tienes un motivo?- Nash se mordió el labio. Shaula miró al techo y suspiró profundamente antes de continuar-. Tú no ibas a ser alumno mío.

Por tercera vez en lo que iba de día, Nash abrió los ojos como platos.

- Nash es una estrella de la constelación de Sagitario- siguió Shaula-. Y tú eres Sagitario. El santo de la novena casa iba a ser tu maestro.

- ¿Cómo?

- Pero conseguí entrenarte yo- "¿Por qué?" parecía decir Nash con la mirada mas no se atrevió a pronunciar palabra-. Supongo que será que los bichos se apoyarán- agregó a modo de respuesta. Nash se relajó, ligeramente-. Prato va a ser un santo de bronce, no le queda mucho. Y…

- Korin es una santa de plata, Maestra.

Shaula negó con la cabeza.

- Una débil santa de plata- corrigió.

- ¿Débil? Korin es muy fuerte.

- Para mi es débil, Nash- dijo-. Mírame, ¿te infundo respeto?

Nash no dudó en responder.

- ¡Por supuesto! Sois una de los doce santos dorados, ¡pocas mujeres lo han logrado en la historia! Además sois muy poderosa y una gran maestra. Un poco dura, pero una gran maestra.

- Ahora responde como si no me conocieras.

- ¿Qué?

- Dime si te infundiera respeto si no me conocieras.

Nash dudó.

- Esto… si, claro que si. A parte de que formáis parte de la élite dorada y que se nota que sois fuerte, solo veros infunda temor. Y por supuesto respeto- agregó.

Bajo su máscara, Shaula sonrió.

- Ahora dime qué pensarías de Korin si no la conocieras.

Nash dudó algo más que antes en responder.

- No me da ningún miedo- dijo.

- Por ende, tampoco la respetarías- Nash no respondió-. ¿Te parece a ti que así es como debe ser una Santa de Atenea?

- No…

- Korin es poderosa, si, no te lo negaré. Pero es débil de carácter. Y una mujer en el Santuario, que ante todo lucha por hacerse valer sin ser menospreciada, no puede darse el lujo de ser así. Por eso decidí entrenarla yo, porque quiero que sea fuerte física y psíquicamente.

- ¿Y Prato?

- Tengo mucho trabajo con ella- continuó hablando de Korin, entonces se dio cuenta de la pregunta-. ¿Prato? A Prato me lo encargó Atenea, hace casi seis años. Le rige el escorpión, igual que a mi.

- Entiendo. Maestra, usted habla alemán y dice saber italiano. Yo soy alemán y Prato es italiano, ¿es por nosotros que habla estos idiomas?

- No es más que una casualidad- le aseguró su maestra-. De ser así también hablaría japonés por Korin. Y no tengo intención alguna de aprenderlo.

- Oh… pensé…

- Nash, ve a entrenar con los demás, que yo tengo cosas que hacer- le cortó Shaula.

- ¿Vigilar?

- Si.

- Pero si antes dijo que no nos atacarían.

- Pero podría ser que sí- Nash no comprendió-. Estamos en alerta, Nash, por supuesto que pueden atacarnos.

- ¿Entonces por qué le dijo a Korin que no?- unos segundos después Nash se detuvo, pensando. Shaula se dio la vuelta-. Ya entiendo…- dijo.

- Eres muy listo. No podía esperar más de un santo de plata.

- Un santo de plata entrenado por usted.

- Hablar así no funciona conmigo, deberías saberlo- Nash sonrió-. Ahora a entrenar.

- ¡Si, Maestra!

Y Nash se marchó, pero justo antes Shaula le habló de nuevo.

- Antes de medianoche quiero tu respuesta, Nash- Nash no respondió-. Si antes de medianoche me das un verdadero motivo por el cual deseas aprender castellano y vivir en México, te dejaré ir allí. Eso sí, después de que termine el estado de alerta- sin responder, Nash se fue de allí-. "Nuestra Señora está convencida de que quedan unos años antes de la auténtica guerra. Entonces debes ser uno de los más poderosos y tendrás santos a tu cargo. Debes vivir hasta entonces, no pierdas el tiempo en cosas que no sean el entrenamiento. A no ser que seas capaz de hacer las dos cosas al mismo tiempo."


Horas más tarde, en una mansión de la costa, muy cercana al Cabo Sunion, dos hombres discuten tranquilamente.

- Tiene gracia que tú me digas eso- un muchacho vestido muy elegante le reprende con una sonrisa burlona a otro.

- No peleéis, Señor- pidió el otro, que no era otro que Hypnos-. El Señor Hades no peleará más, le gustaría ver a su hermano estar de su parte.

- Nunca estuve ni de parte de Hades, ni mucho menos de parte de Atenea.

- Pero usted la ayudó(1).

- Eso fue porque no quise ver triunfar a Hades. Pero a fin de cuentas de poco me sirvió, los demás dioses volvieron a crear la vida. Un poco como Deucalión, sólo que esta vez yo no estuve presente(2).

- Pero Señor, el Señor Hades ha cambiado y…

- Ni siquiera le has visto desde que los santos acabaron contigo y tuviste que reencarnar- dijo Poseidón-. Dudo mucho que sepas si ha cambiado o no- agregó.

- Pero le aseguro que es verdad- dijo Hypnos-. Hermes me lo contó, Señor.

- ¿Hermes?

- El Señor Zeus le envió, Señor. Cuando mi hermano y yo estuvimos preparados para ser quienes somos en realidad el señor Zeus nos envió a Hermes- explicó-. También nos contó que su esposa, Señor, está aquí y…

- ¿Anfitrite está aquí?- le interrumpió Poseidón. No dejó que Hypnos le contestase- Si Anfitrite pretende que me una mucho me temo que el dios Poseidón dejara de ser un dios casado.

- Pero Señor…

- Lárgate, Hypnos- le espetó-. No te necesito. Debo esperar ahora a que lleguen los santos.

Hypnos iba a responder, pero la voz de una mujer detrás de la puerta le hizo callar y esfumarse. Allí no había nada más que hacer.

- ¡Alexandros! ¡Alexandros! ¿Estás aquí?

- Estoy aquí, Mamá- dijo con semblante serio, ahora es que parecía un chico normal, todo lo normal que podía ser el heredero de los Solo.

La puerta se abrió y apareció una mujer, su madre mortal.

- Menos mal, Alex. Te estaba llamando.

- No te oí, perdona- se disculpó-. "No necesitaba tus quejas de mujer mortal, tengo cosas más importantes que hacer." ¿Qué quieres?- preguntó entonces con voz inocente.

- Dos hombres vienen a verte, Alex. Creo que son dos Santos de Atenea.

Alexandros/Poseidón se sorprendió, para después sonreír ligeramente.

- Ahora voy, Mamá, diles que ahora voy.

Su madre salió. Alex se permitió una pequeña mirada a su escritorio. Sobre él se encontraba abierta la vasija en la que su alma de Poseidón había dormido durante dos siglos.

- "Por fin"- pensó-. "Por fin ha llegado la hora".


- Maestra Shaula.

- Nash, ¿qué quieres ahora? Deberías estar entrenando.

- Tengo un motivo.

- ¿Un motivo? ¿Y cuál es?

- Vivir.

Shaula sonrió bajo la máscara. Aquella era la única respuesta que habría aceptado.

Continuará...

N.A: ¡Tercer capítulo a la vista! Espero que os haya gustado. Se me ha hecho raro, no sé, quizás es porque lo escribí rápido...

La escena de Shaula y Nash hacía días que la tenía en mente, aunque no pensaba ponerla ya. Lo que pasa es que, para que no se me olvidase, la escribí antes y, cuando escribí el resto del capítulo decidí meterlo ya porque no se me ocurría como seguir. Aunque el nombre Nash lo puse hoy, pero aún así... así de paso aproveché para ponerle un signo zodiacal. En realidad, no sé porqué, pensé en Capricornio, pero después de buscar (¡qué sería de mi sin la Wikipedia!) no encontré que sus estrellas tuviesen nombres, así que al final me decanté por Sagitario.

Cuando escribí esta historia antes de ser remodelada, el personaje de Anteo se acabó convirtiendo en mi favorito, por eso ahora le tengo mucho cariño. Espero ser imparcial con eso, por eso en este capítulo, que iba a ser mucho de él, al final sale poco. Supongo que en el próximo saldrá más, ahora que ha llegado con su alumno a la mansión de los Solo.

Hablando del próximo capítulo, debería sacar a Nadir y Forcis, ya que los mandaron a Sinigrado, su viaje mucho me temo que será en vano, ya que la vasija no la tiene otro que Alexandros... ya veremos lo que se me ocurre.

(1). Supongo que la gran mayoría ya lo sabrá por los ovas, pero por si acaso aún hay quién no lo explicaré. Durante la batalla contra Hades, cuando los cinco santos de bronce tratan de pelear contra Thanatos en los Campos Elíseos, alguien les envía las cinco armaduras de oro que se corresponden con sus signos zodiacales, para que puedan pelear. Sólo alguien podía hacerlo y ese alguien es Poseidón, que durante unos instantes vuelve a poseer a Julián Solo.

(2). Se refiere al mito del diluvio de Deucalión. Zeus se enojó tanto con los hijos de Licaón que provocó un diluvio con la intención de destruir a toda la raza humana. Deucalión, avisado por su padre, el titán Prometeo, construyó una arca, se refugió en ella junto a su esposa Pirra y se salvaron del diluvio. Cuando el diluvio finalizó y pudieron desembarcar, ofrecieron un sacrificio a Zeus y pidieron que la raza humana regresara. Éste les aseguró entonces que lanzando los huesos de su madre hacia atrás volverían. Los huesos de su madre hacían referencia a la Madre Tierra, así que lanzaron rocas. Aquí vengo a referirme que, aunque lo provocó Zeus, un diluvio no deja de ser cosa de Poseidón, así que aquí tengo en cuenta como si el dios de los mares también hubiese tomado parte.

Por cierto, que Anteo tenga la sensación de que Pollux está vivo no es ninguna tontería. Tengo algo pensando para él (pero, ¡tranquilos! No tiene que ver con Poseidón, que sino demasiadas similitudes serían...)

Este nuevo Hypnos me está gustando bastante. Teniendo en cuenta que era subordinado de la muerte, hermano de la muerte y "vivió" la muerte, válgase la triple redundancia, los cambios de su Señor (me temo que Shun tuvo mucho que ver...) y el tener una vida mortal le están haciendo cambiar mucho. No así Thanatos. Sería muy interesante una lucha entre estos dos, ¿no?

Todo comentario, sugerencia, críticas o tomates serán bienvenidos. ¡Hasta la próxima!