Esta historia no me pertenece, si no a Wingardium Leviosa 11, que me ha dado su consentimiento para traducirla. La forma original de esta historia, en inglés, está completa, por lo que la traducción no me llevará demasiado. Es una historia genial, con una trama excelentemente desarrollada. En fin.


Capítulo 3

Los primeros días de Draco en el apartamento de Hermione fueron duros, por decir lo mínimo. Le tuvo que enseñar el televisor al menos veinte veces, y soportaba críticas constantes por su sección de libros. Trataba de ser paciente, pero estaba empezando a dudar de la genialidad de su plan. ¿Cómo se suponía que iba a convertir a Draco Malfoy? ¿Y cómo podría probarlo al finalizar el año? Sin decirle a Draco la intención verdadera de este año en detención, estaba empezando a dudar de que él pudiera cambiar en absoluto.

Aunque odiaba la idea de condenarlo a una vida en Azkaban, odiaba incluso más la idea de que podía estar equivocada, e incluso más que eso, la idea de que se pudiera comprobar que estuviera equivocada.

Ella nunca esperó que el trabajo se volviera su santuario, pero aquí estaba. Todos los días escribía reportes de los progresos de Draco, donde hasta ahora, todavía tenía que intentar escribir más de una o dos optimistas referencias sobre el "por favor" que dijo por accidente, o la hora que pasó sin maldecir. Adicionalmente al experimento, estaba encargada de categorizar "amigos" de "enemigos", como de determinar castigos.

Estaba hojeando el expediente de Gregory Goyle cuando escuchó un sonido familiar que hizo su oído más atento. Conocía esos zapatos pasearse calmadamente por el pasillo, y juzgando el volumen del sonido, le quedaban 28 segundos. Puso el archivo de lado, alisó su blusa, trató en vano de acomodar su cabello y se miró rápidamente en el pequeño espejo que tenía en un cajón de su escritorio, que tenía sólo para este propósito. Volvió a abrir el archivo, en un intento de parecer ocupada, justo cuando doblaba la esquina y aparecía en la puerta de su oficina.

-¡Hola, Oliver! ¡Ni siquiera te escuché entrar! ¿Cómo estás? ¿Cómo estuvieron tus vacaciones? ¿Estuvo el tiempo fabuloso? Te ves bronceado. ¿Pasaste mucho tiempo en la playa? -¡¿Por qué no podía dejar de hablar?!

-Fue bastante placentero, señorita Granger. Sólo pasaba a agradecerle por cuidar de la planta de mi oficina mientras no estuve. ¡Se ve incluso más saludable que antes! –Hermione sabía que ese hechizo de crecimiento serviría.

-Oh, no fue ninguna molestia, Oliver. Realmente, ¡ninguna molestia! De hecho, ¡me encantó! Es una planta muy agradable. No es como si tuviera una personalidad, sabes, es sólo una planta, pero agradable, ¿sabes? –Hermione juró que podía patearse a ella misma.

-Sí...bien...gracias, de nuevo. –Oliver asintió levemente y se apresuró a irse. Hermione apenas tuvo el tiempo necesario para transfigurar la parte superior del escritorio en una almohada antes de dejar su cabeza caer en ella.

No había otra forma para que su día pudiera empeorar. Escuchó un golpecillo en la ventana, y tomó la nota que traía su propia lechuza.

Hermione pudo predecir qué decía.

Granger. La televisión está rota. No se encendía o mostraba las imágenes o hacía algún sonido, y yo estaba bastante seguro de que estaba rota. Y luego lancé el control remoto a la pantalla. Y ahora está definitivamente rota. Ven a arreglarla.

Ella volvió a dejar caer su cabeza a su superficie de trabajo.


Su día se alegró un poco en la tarde, cuando Harry pasó por su oficina a dejar el expediente de Millicent Bulstrode. Notando su cansancio, él acercó una silla.

-Entonces, ¿es cierto? ¿Ahora eres niñera de Draco Malfoy?

-Sí, ahora lo soy.

-No puedo entender cómo ésta idea tuya funcionará. ¿Cómo un año de arresto domiciliario es un castigo adecuado para lo que hizo?

Aunque se había acordado mantener el experimento real en secreto, Hermione le había pedido a Kingsley si podía decirles a Harry y Ron la verdad, y él había aceptado. Le explicó a Harry el plan, como su creciente temor de que fuera imposible de lograr o incluso juzgar.

-Bueno, no puedes hacerlo por tu cuenta, eso es seguro; yo podría ayudarte. Creo que es una buena idea, Hermione, pero va a ser muy difícil lograrlo en ese apartamento tuyo. ¿Por qué no lo traes al desayuno el domingo donde los Weasley? Si hay alguien puede reformar, es Molly Weasley.

-¿No crees que les vaya a importar que lleve a alguien más?

-Sabes que a Molly le encantará más bocas que alimentar, especialmente si su asistencia significa que tú irás también. Le escribiré y le enviaré una lechuza esta misma tarde y le explicaré la situación... bueno, la "cubierta", no la historia verdadera. Tráelo el domingo, y se nos ocurrirá algo.

-Gracias, Harry. Sé que lo he dicho antes, pero no sé qué haría sin ti.

-Igual. –Contestó Harry con una sonrisa, y volvió a su oficina.

Hermione empezó a sentirse, vacilantemente, optimista. Si Molly Weasley pudo asesinar a Bellatrix Lestrange, ¿qué no podría hacer?


La escena que la recibió al abrir la puerta la dejó momentáneamente en shock. Los retratos arrancados de las paredes, con sus paneles de vidrio destrozados. El sillón estaba vuelto, las almohadas rasgadas, y su relleno estaba esparcido por el apartamento. Las páginas de los libros estaban esparcidas por el piso. Se veía como una zona de guerra.

Y en el medio de ella, estaba sentado Draco Malfoy, con una sonrisa maliciosa en su rostro.

Hermione funció el ceño, elevó su varita y pronunció "Reparo totalium". Inmediatamente, el vidrio se reconectó, acomodó a sí mismo de vuelta a los marcos y los retratos volvieron a las paredes. El sillón volvió a su sitio y las almohadas recuperaron su mullida gloria. Las páginas de los libros se ordenaron y reconectaron a sus libros, que volaron de vuelta a su posición alfabetizada en los estantes. Luego de veinte segundos, el apartamento se había restaurado.

-Ahí va un día completo de trabajo por el drenaje. Mil gracias, Granger. –Draco lanzó sus brazos al aire.

-Necesito conseguirte un hobby.

-Oh, mira. La televisión está arreglada. Fuera de mi camino, Granger. –Se acomodó en el sillón y puso el canal de programas de juegos, que se había convertido en su diaria obsesión. Hermione se encaminó a la cocina, mientras que Draco gritaba (en su mayoría, incorrectas) las respuestas a la pantalla y ridiculizaba sin piedad a los participantes que (también) contestaban incorrectamente.

En la cena, Hermione sacó el tema del desayuno del domingo con Draco.

-¿Esperas que coma en ese nido de ratas? Absolutamente no. De ningún modo. Absolutamente no iré, y no importa cuántos hechizos lances a mi trasero o de cuáles colores cambies mi habitación.

-¿Sabes? Puedo bloquear el canal de programas de juegos.

-Peleas sucio, Granger.


El domingo, a las diez, Hermione y un Draco con pucheros se aparecieron en la Madriguera.


Antes de irse, Hermione había repasado las reglas con Draco una vez más.

-Nada de llamar a nadie "Weasel", "Weaslette" o cualquier forma despectiva de "Weasley". Nada de burlarse de personas pelirrojas, pecas o... desgarbadas. Sé educado con todos, especialmente con Molly. Por cada error, pasarás un día sin el canal de los programas de juegos. Y sí, eso incluye Million Dollar Pyramid.

Draco jadeó.

-Está bien, Granger. ¿Hay algo que pueda hacer?

-Absolutamente. Puedes sonreír, comer, hablar educadamente,...

-Excelente. Lo tengo. Sólo vámonos. Entre más pronto nos vayamos, más pronto podremos regresar y podré ver mis programas.

Mientras desaparecían, Hermione decidió que necesitaba desintoxicarlo del televisor.


Si un observador anónimo hubiera estado en la Madriguera, sin ningún conocimiento previo de Voldemort, la guerra, o Draco Malfoy, hubiera pensada que Molly Weasley estaba recibiendo a un sobrino lejano. Inmediatamente, lo atrajo en un abrazo y despeinó su cabello. Lo mantuvo frente a ella a un brazo de distancia y evalúo su apariencia.

-Hermione, ¿con qué lo has alimentado? ¿Lo has alimentado?

Draco hizo un puchero patético, absorbiendo la simpatía de Molly.

No era la bienvenida que Hermione esperaba, pero decidió tomar ventaja del receso de ser la niñera de Malfoy, y corrió a encontrar a Harry y Ron mientras Molly guiaba a un confundido Draco a la cocina.

Encontró a Harry y Ron en una manta de picnic en el jardín, y se sentó con ellos. Después de un año de estar extremadamente cerca mientras buscaban los Horrocruxes, ella encontraba que extrañaba la simplicidad de la proximidad. Descansando su cabeza en el estómago de Ron y en una lucha de pulgares con Harry, encontró el momento de calma de había deseado por semanas. No importaba que más iba a aparecer en su vida, nada importaba tanto como esto.

Rompiendo su momento de felicidad, Ron sacó el tema de la ruina de su existencia.

-Así que Harry me contó que te tomaste sobre ti misma convertir el hurón. Personalmente, creo que estás loca de remate, pero también sé que es mejor no discutir contigo. No tengo que hablar con él, ¿verdad?

-No tienes que hacerlo, Ron, pero desearía que lo hicieras. Creo que necesita amigos hombres. O amigos.

Los tres divagaron hablando vagamente de la intermitente relación de Ron con Lavender, de la continuación de la relación de Harry y Ginny y la inexistente vida romántica de Hermione por los siguientes treinta minutos. Una ruidosa campana desde la cocina los llamó al desayuno. Mientras se sentaban alrededor de la mesa, mágicamente alargada para contener platos de pancakes, tostadas francesas, waffles, tocino, salchichas, galletas, muffins, y otras deliciosas comidas, Hermione notó la expresión abrumada del rostro de Draco.

Molly se sentó en la cabeza de la mesa, con Draco posicionado a su izquierda. Ella apiló su plato con todo de lo que había en la mesa y observó ansiosamente como Draco tomaba vacilante su primer bocado. Él asintió en aprobación, y ella aplaudió, encantada. Hermione no estaba segura de quién estaba más feliz: Molly, por la oportunidad de cuidar de alguien, Draco, por comida real o ella, por la oportunidad de mantenerse alejada de él.

Hermione esperó que la conversación fuera incómoda, pero todos actuaron como si Draco no estuviera ahí. El desayuno pasó con naturalidad con todos hablando ruidosamente, Percy chillando que George le había robado un muffin y Ginny y Harry intercambiando sonrisas furtivas. Draco parecía sorprendido a muerte y no dijo una sola palabra. Hermione decidió tomarlo como una bendición y disfrutó a pesar de la incomodidad de él. Ella pensó que era una buena venganza por la diversión destructiva en su sala de estar al inicio de la semana.

Normalmente, luego del desayuno, todos hubiera ido fuera por un juego de Quidditch, pero Fleur y Bill iban a ir de visita más tarde, lo que significaba que la señora Weasley podría a todos a limpiar la Madriguera. Hermione decidió finalmente apiadarse de Draco y dirigirse a casa. Molly le ofreció a Hermione un rápido e incompleto abrazo antes de ir hacia Draco. Lo abrazó, desordenó su cabello, pellizcó sus mejillas, le dijo lo maravilloso que había sido haberlo tenido ahí y lo abrazó de nuevo. Fue necesario todo de Hermione para separarlo de ella y aparecer de nuevo en casa.


Al regresar, Hermione esperó una descarga de quejas. Pero lo que obtuvo la asustó aún más: absoluto silencio. Draco caminó a el comedor y se quedó frente a la ventana, viendo fijamente al día nublado.

-No voy a volver a ir ahí.

-Vamos, Draco. No estuvo tan mal. Sé que Molly puede ser un poco difícil de sobrellevar, y tuviste que comer demasiado, pero no estuvo tan...

-No lo entiendes, Granger. –Draco la cortó furiosamente. Se volvió para enfrentarla y que viera el dolor en sus ojos, algo que normalmente escondía bien. –No lo entiendes. No soy tu cachorrito. No soy un niño que puedes llevar de lado a lado. ¡Soy una persona! Pero más que eso... soy... un asesino. Soy un criminal. Soy un Mortífago. –Hermione podía ver sus manos temblar. Él se volvió de nuevo a la ventana. –Esto no es un juego, Granger. No vamos a tener un año mágico donde nos convertimos en mejores amigos y me convierto en un héroe.

-¡No es por eso qué estás aquí, Draco! Es sólo arresto domiciliario; sólo un método para probar que no eres peligroso.

-¡Pero soy peligroso, Granger! –Él cruzó rápidamente la habitación y se detuvo directamente frente a ella, a pulgadas de su rostro. –Soy un Mortífago. –Para enfatizar su punto, levantó la manga de su camisa y le mostró el horroroso tatuaje que se había visto forzado a recibir. –Soy un Mortífago, Granger. No soy tu perrito. No puedo volver a toda esa... felicidad. No soy parte de este mundo, tu mundo, Granger, y nunca lo seré.

Él se marchó furiosamente lejos de ella, y lanzó la puerta tras él. Hermione se acercó a la ventana y observó las nubes con cansancio.

Odiaba admitirlo, pero él tenía razón. No era su perro. Era un hombre, un hombre que había experimentado más traumas, más tragedia y más ira en sus dieciocho años que la mayor parte de personas en sus vidas. Ella no podía cambiar su vida, sus valores o sus prejuicios. Este experimento era un chiste.

Se dirigió a la terraza, donde había conjurado tiempo atrás un hechizo a prueba del clima. Normalmente, ella leía ahí, pero hoy tenía mucho en su mente. Su plan había parecido a prueba de tontos en el inicio, pero ahora se daba cuenta de qué tan poco había considerado el proceso real que necesitaría llevarse a cabo. ¿Qué podía hacer ella por él? ¿Qué podría alcanzar en este año?

Mirando las nubes, decide que debe empezar poco a poco. Ella podría lograr que él dejara de odiarla. Ella podía ayudarle a descifrar quién quería ser, qué quería de su vida. Quizá ella podía ayudarle a lidiar con lo que él había experimentado.

Pero más importante, Hermione decidió al ver las primeras gotas de lluvia caer en la acera, que podía ser su amiga.