Notas: No olviden pasar donde Adkin [s/9613178/1/12-días] y KeyKnows [s/9613177/1/12-días] para conocer el asunto entero.

Este es un AU, aunque quiero pensar que podría quedar en semi-AU y, bueno, tuve un sueño así que culpo de todo a mi subconsciente. Tenía otro tinte pero al final esto fue lo que quedó, y perdón si la pareja está muy indirecta... No sé mucho de Clint, la verdad, y leí muy poco, así que espero no haberme equivocado. Cualquier cosa, me encantaría que me dieran aclaraciones al respecto.

¡Mira Deii, ahora sí fueron más de mil palabras! :]

Disclaimer y demás en el primer capítulo.

Día 3: Clint/Loki

En el día tercero…

Lo último que supo de sí mismo fue que corría por una calle que no conocía intentando huir de la policía. Su hermano lo había traicionado, pero más que estar molesto, tenía un vacío en el pecho, un pedazo de corazón que le había sido arrancado de tajo. Quizá se había tropezado al correr, sí, algo recordaba, un hombre, joven, vestido de negro mirando hacia el cielo como si no estuviera lloviendo y que lo miró con algo que oscilaba entre la lástima y la molestia. Un segundo después de eso se golpeaba la cabeza contra el piso, y por la mañana despertaba en una habitación que jamás había visto, una cama más cómoda que las que pudo tener antes, incluso cuando tenía padres, y el hombre de negro sentado junto a él, una mano en su frente y un resplandor azul en su pecho. Y de pronto ya no se sentía tan vacío. De pronto ya nada importaba mucho, su hermano era un pequeño punto en el pasado, su vida era algo que quizá había sucedido, quizá no, ¿cómo saberlo? ¿Había alguien que pudiera recordarlo?

Cuando cayó la tarde el hombre de negro no era más un rostro desconocido, se llamaba Loki, hijo de Odín, príncipe de Asgard, o lo que quedaba de él aunque no lo pronunciaba; ya no era más el hombre de negro bajo la lluvia, era un príncipe y vestía como tal la indumentaria. Le dio de comer, de beber y le dijo que no estaba ahí para disfrutar, que había sido llevado y sanado con un propósito, que ahora su vida le pertenecía hasta que no le fuera de utilidad, entonces quizá sería benevolente y lo dejaría regresar a Midgard. Él no sabía si quería regresar.

—Has nacido para ser un arquero —le dijo —. Te he visto y he decidido que tus servicios serían requeridos, y si lo haces bien entonces podrás ganarte tu propia vida. Dime tu nombre, humano.

No sabía si aquello significaba que, de no cumplir el cometido le quitaría la vida o simplemente lo dejaría morir, lejos de todo lo que alguna vez conoció, ¿pero es que tenía algo a lo que regresar? Él ya no lo sabía y tampoco podía sentir que tuviera que importarle. —Clint. Clint Barton.

—Clint, a partir de ahora serás Ojo de halcón, verás más allá del horizonte, tan lejos como ningún otro hombre ha podido y tu vida será para servir a Loki hasta que él decida lo contrario. Si no cumples tu cometido serás relevado de tu cargo, y si pretendes escapar serás encerrado sin comido o agua hasta que aprendas cuál es tu lugar.

Clint no pretendía escapar, no podía recordar por qué hubiera podido querer estar en otro lugar, no podía recordar si había algún otro lugar para él; sólo sabía que ahora había un lugar en el que se suponía que debía estar. Ahora era el ojo que miraba más allá del horizonte como ningún otro hombre pudo hacerlo antes o podría hacerlo jamás.

Se le dio un arco y flechas, una armadura dorada y una misión: ser el mejor guerrero en todo lo que hiciera, acabar con todo aquello que se acercara mucho antes de que pudiera verlo siquiera.

Al tercer día, Ojo de halcón fue llevado ante un hombre dorado, de cabellera rubia y carismática sonrisa que borró de su rostro cuando Loki entró en la habitación. Loki tembló por un segundo, sus ojos se llenaron de una ansiedad que desapareció más rápido de lo que había llegado, instantánea y fugaz pero que había sido detectada por la última persona que se suponía que podría hacerlo, el humano que iba a su costado, pequeño e insignificante como es siempre un humano entre los dioses. Clint, que había sido llamado esa mañana para cumplir una misión importante, sabía que no podía disparar al único hombre en la habitación que sus entrañas le decían que se lo merecía. Quizá no era un impulso propio, quizá era sólo la parte que el hijo menor de Odín había dejado en él para sanarlo, aquel resplandor azul que lo mantenía a su lado sin saber si tenía o no a dónde ir. O quizá era sólo la empatía, la traición que podía sentir en el aire.

El hermano que no había sabido mantener su lealtad y amor donde deberían haberse quedado.

—Thor.

—Hermano. ¿Qué te trae a esta reunión? —el implícito "a la que no has sido invitado" —¿Acaso habrás decidido que también te apetece el favor de Odín y has conseguido un guerrero lo suficientemente hábil para ganártelo? ¿Es un humano lo que tienes ahí?

Hubo una risa colectiva con la última afirmación, la realidad de lo ridícula que era la idea de un humano como guerrero de Asgard golpeando de pronto con demasiada fuerza, pero jamás la suficiente para deshacer la determinación de Clint. Tenía una misión que debía ser cumplida al pie de la letra, mirar más allá del horizonte como ninguna otra criatura lo había hecho antes, y servir a Loki, hijo de Odín, en todo lo que fuera requerido; incluso si eso significaba servir también a Thor, el hombre dorado en cuya sangre circulaba la traición a un hermano, lo sabía incluso si nadie se había atrevido a decirlo.

—Te has levantado esta mañana lleno de preguntas, hermano —fue la respuesta de Loki —. He venido aquí, no por mí sino por ti. Sé de buena fuente que no has conseguido un guerrero -una mueca de Thor que llenó de satisfacción a Loki — Yo tengo un guerrero que desea probarse y tú necesitas el favor de nuestro padre. Favor que, te recuerdo, no ganarás sin un guerrero que salga victorioso de la justa.

—¿Qué pides a cambio? —pregunta de quien sabe que nada en la vida es gratuito, por lo menos no en un trato con Loki, y un dolor en el pecho del menor, un dolor de quien podría hacerlo todo sin pedir nada a cambio. Un dolor de quien sólo quiere reconocimiento que no se atreve a pedir. Un dolor de quien ha aprendido a engañar como ningún otro para salvar la poca dignidad que le queda.

—Quiero mi propio castillo. Una morada modesta para mí y mi humano, construida de piedra de río en los límites de las tierras que conciernen a Asgard, hacia el sur.

Thor apretó sus manos alrededor de su silla, como quien se contiene de decir algo privado, un gesto entre la desolación y la ira.

—¡Bien! ¡Qué así sea! Yo, Thor hijo de Odín, haré tu castillo con mis propias manos si tu pequeño e insignificante humano concede para mí el favor de nuestro padre. Pero si tu pequeño midgardiano resulta perdedor entonces deberá ser sacrificado. ¡Sin trucos ni excusas, Loki! Si tu humano pierde, tu humano muere, esas son las reglas.

—Mi humano no perderá, hermano. Y te arrepentirás de haberlo subestimado. Mi humano podría acabar con tu vida ahora mismo si yo se lo pidiera.

Incluso relegado como estaba de la situación, Clint sabía del explícito "por qué no se lo pides" en la mirada de Thor, y el silencio de Loki que iba más allá de sus labios.

Clint no perdió la justa. Peleó para Thor en el nombre de Loki, y en el nombre de Loki ganó, pero no como el pequeño e insignificante guerrero humano que era; ganó como Ojo de Halcón, como aquel que puede ver más allá del horizonte, quien pone la flecha sin fallar al corazón de su oponente incluso antes de siquiera mirarlo a los ojos.

Clint no perdió la justa y tomó a Thor dos días con sus noches, sin descanso, terminar el castillo que había prometido a su hermano. Jamás supo cuál era el favor que había ganado para Thor, cuando fue premiado ellos ya estaban lejos, en las fronteras del sur, donde Loki podía invocar la nieve.

Clint no perdió la justa y tampoco supo mucho de lo que pasó después, cuando Loki lo llevó al castillo de piedra y le dio el beso helado, labios tan fríos que le calaron hasta el corazón, lo que quedaba de él muriendo en el gesto pausado de un parpadeo.

Alguna vez fue Clint Barton, el chico del arco en la feria. Alguna vez fue el sirviente de Loki. Alguna vez fue Ojo de Halcón, y otra más el guerrero humano que ganó el favor de Odín para Thor. Pero ahí, en el castillo de piedra y con el corazón frío como el cuerpo de Loki que se apretaba contra él por las noches en un abrazo lleno de melancolía, quizá era sólo un niño, el niño que siempre había sido, el niño que nunca había dejado de ser. Ahí, al sur de Asgard donde la nieve caía sin una aparente razón, quizá eran sólo dos niños solos haciéndose compañía.

«∞»

Los comentarios son como suéteres cuando hace frío, no olviden dejarme uno salvo que quieran que muera de hipotermia :]