Final Alternativo B

En años futuros, aquel día en que, después de una apacible noche, el sol de Celestia se levantó radiante sobre Ponyville, dando la bienvenida al Día de lo Azahares en Flor, sería recordado como un maravilloso día lleno de preciosísimos recuerdos dignos de atesorarse la vida entera.

Pero para Burning Spades no sería así. Si bien, él recordaría aquel día, no sería por gusto, sino por la increíble cantidad de culpa, remordimiento y estrés que acabo ocasionándole. Y al final, preferiría olvidarlo.

Lo cierto es que la noche en que llegó a su casa confuso y deliberando sobre cuál sería su plan de acción respecto a las invitaciones de sus seis amigas de asistir con ellas a la celebración, la pasaría completamente en vela.

Con la mente enfrascada en un dilema que no tenía solución, y sabiendo que le sería imposible conciliar el sueño, el herrero, tomó sus herramientas y se puso a trabajar toda la noche. Mientras la oscuridad dominaba en el cielo nocturno, trabajó a la luz de las velas trazando los planos de piezas y mecanismos que pensaba realizar en el futuro.

Tan pronto como amaneció, consideró prudente encender el horno y comenzar a trabajar sobre el yunque con su pesado martillo. Durante el día entero, los sonoros golpes metálicos no dejarían de resonar en la herrería. Y en realidad prácticamente ningún poni los notaría. La gran mayoría de los habitantes de la villa estarían disfrutando de su día de campo en la granja y no repararían en el ruido o el humo de la chimenea de Spades.

Mientras tanto, Burns parecía que golpeaba el yunque con mucha más fuerza de lo habitual, como si quisiera disimular la voz de su conciencia con el golpear del martillo.

¿Tendría acaso el descaro de volver a dirigirle la palabra a cualquiera de las chicas, siendo que no solo se había negado a asistir con alguna de ellas al festejo (sabiendo que el resto habría entendido si hubiera decidido invitar a cualquiera de ellas) sino que ni siquiera había tenido la decencia de escribirles una nota excusándose?

Esa pregunta le dio vueltas en la cabeza la tarde entera, y cuando el sol se ocultó de nuevo en horizonte, el poni de pelaje rojo estaba exhausto y calló rendido sobre su cama. Pero no era solo la fatiga lo que lo había derribado, sino una abrumadora culpa que lo oprimía dejándolo abatido sobre su lecho.

Simplemente, ¿Por qué no había tenido el valor de invitar a alguna de las chicas? ¿Por qué? ¿Por qué si Rainbow se había acercado cortésmente y había sacado a relucir el tema, prácticamente pidiéndole asistir con ella, no había tenido el coraje necesario para aceptar?

Finalmente, el hambre, el cansancio, el fastidio y la tristeza obligaron a Burning Spades a conciliar el sueño. Su estadía en cama se prolongaría más de lo esperado, pues tanto estrés en tan poco tiempo le ocasionaría caer enfermo, y nadie en la villa volvería a saber de él hasta que, casi dos días después, escucharía la voz de Twilight tocando a su puerta:

—¿Burns? Burns, ¿estás ahí? ¿Te encuentras bien? Las chicas estamos preocupadas porque tenemos tiempo sin verte y vinimos a verificar que estuvieras saludable. ¿Burns?

No se levantaría a abrir. No podía. Estaba demasiado fatigado, débil y enfermo. Tarde o temprano las chicas entrarían y lo verían tan maltrecho. Entonces se apiadarían de él, lo cuidarían y se pondría bien. Eso mantenía al poni confiado, el hecho de que a pesar de su actuación cobarde y descortés, el lazo de amistad que lo unía con sus amigas no había desaparecido.

Burning se repondría, volvería a caminar, a sonreír incluso. Lo que no recuperaría jamás, serían los valiosos recuerdos de momentos inolvidables de los que se perdió, y todo porque no pudo decidirse a tiempo por una de las opciones que tenía delante.

Porque, aunque no quisiera admitirlo, había tenido opciones y pareciera que la que acabó eligiendo, fue la peor.