La mañana del primero de septiembre, despertó a Kurt con un débil rayo de sol en la cara. Patti, la gata que Burt le compró a su hijo para llevar a Hogwarts, se estiraba perezosa junto a él. Emitiendo un leve ronroneo, Patti pasó su cabeza por toda la cara de su dueño.
- Ya voy – dijo Kurt remolón.
A los minutos, Burt se hizo presente en la habitación de su hijo y dándole suaves sacudidas logró que éste abriera los ojos.
- Debes arreglarte para ir al colegio.
Kurt contempló el rostro de su padre. Sonreía, pero su voz denotaba un poco de tristeza y es que no lo volvería a ver hasta la navidad. Él y su padre habían estado muy unidos. Solo se tenían el uno al otro y Burt nunca había consentido que el pequeño castaño hiciera viajes largos sin compañía. Pero ahora las cosas eran diferentes, Kurt tenía que ir al colegio, era su obligación y así lo habría querido Elizabeth…
Elizabeth…
El recuerdo de su esposa lo hizo sonreír. Ella estaría feliz de que su único hijo haya mostrado aptitudes para la magia. Burt suspiró y salió por la puerta, insistiéndole una vez más a Kurt para que se levantara.
Una hora después, Kurt y Burt iban montados en su camioneta, de camino a Londres. Destino exacto: Estación King Cross. Hora tope de llegada: 10:30 hrs. Nivel de ansiedad: Por las nubes.
Si el día en que fueron a comprar los útiles y materiales, Kurt estaba ansioso, ahora no cabía en si de la emoción. Se removía inquieto sobre su asiento. Miraba compulsivamente sobre su hombro, asegurándose de que Patti iba bien en su canasto. Cada dos por tres sacaba un pergamino viejo y arrugado y chequeaba las cosas que había anotado para llevar. Al final, miraba hacia delante, cruzaba sus blancas manitos sobre su regazo y suspiraba sonoramente. Al llegar a King Cross, Kurt se sintió paralizado. Salió del vehículo y mecánicamente tomó el canasto de Patti, mientras su padre se encargaba del baúl. Lo esperó un momento (-¡¿Qué echaste aquí Kurt?! Pesa una tonelada) y juntos se fueron a buscar el andén 9 ¾
- Andén nueve y andén diez. No hay ninguno que sea 9¾ - Kurt miró con preocupación a su padre.
Burt miró las placas que tenían grabadas los números de los andenes. Luego miró a su alrededor y si no confiara en que tenía una estupenda salud mental, hubiera jurado que vio a un grupo de personas cruzando una pared. Justo entre los andenes.
- Kurt, sígueme – Burt había montado el baúl y el canasto de Patti en un carrito y se dirigía con paso seguro hacia una pared.
- ¿Papá? Vas derecho contra una pared – Pero Burt no parecía reaccionar - ¡Papá para! – había clamado Kurt y cuando debía llegar el impacto, Burt desapareció de su vista. Mirando a todos lados, Kurt se preguntó que había pasado y justo cuando no sabía que hacer, la cabeza de su padre emergió de la pared.
- ¿Vienes o no?
El pequeño castaño lo miró con sorpresa y de inmediato se lanzó contra la pared, esperando chocar. Pero nada de eso ocurrió, ya que al igual que su padre, él había pasado de largo y frente a sus ojos se presentaba la visión más alucinante que hubiera visto en su vida. Una locomotora escarlata, que parecía nueva, relucía frente a él, echando orgullosa sus vapores y ruidos al viento. Un grupo de niños pasó corriendo por delante de él y volviendo a la realidad miró a su padre.
- Algo recordaba de lo que me había contado tu madre de cuando iba al colegio – respondió sonriente.
Se abrazó instintivamente a él y se quedó un momento ahí, pegado a su padre, respirando profundamente, grabando en su mente esos últimos momentos con él antes de que el expreso partiera.
- ¿Crees que los Puckerman hayan llegado? – consultó Burt mirando a su alrededor.
- No lo sé. – Kurt lo imitó y entre la multitud pudo distinguir dos pares de ojos que lo miraban fijamente. Unos grises y otros color avellana que traían unas gafas redondas. Les devolvió la mirada y trato de sonreír, pero los desconocidos no parecían querer sonreírle e ignorando a Kurt, se enfrascaron en una conversación.
Un llamado de la locomotora le hizo saber a los Hummel que era la hora de despedirse. Sin cruzar más que un "Te amo" ambos se abrazaron, mientras Burt se apresuraba en subir el baúl y la canasta de Patti al tren. Muchos otros padres se despedían de sus hijos. El andén se llenó de manos que se agitaban, lágrimas que caían y uno que otro grito de "adiós".
Suspirando una vez más, Kurt tomó el canasto y sacó a Patti de ahí. Luego tomó el baúl y, a duras penas, comenzó a arrastrarlo por los angostos pasillos del tren, buscando un compartimento que estuviera vacío. Patti paseaba delante de él con su cola levantada. Su blanco pelaje relucía con la luz que entraba por las ventanas y su rostro denotaba majestad. – Esta gata se parece a mi – pensó Kurt, divertido. De un momento a otro, Patti erizó los pelos, sacó las garras y mostró los dientes. Sorprendido, el pequeño castaño soltó su baúl, fue a tomar a Patti y cuando levantó la vista, se encontró con los muchachos que lo habían estado mirando. Se quedó tieso y les devolvió una mirada desafiante.
- Mira James, este es el chico del que te hablé – Dijo el moreno de ojos grises.
- Tienes razón. Se ve bastante delicado. – Bromeó el chico de lentes.
- ¿Perdón y ustedes quienes son? – Soltó Kurt con tono descontento, a tiempo que Patti mostraba los dientes nuevamente.
- ¿Eso que te importa? – amenazó el moreno.- ¿Qué nos vas a hacer? ¿Acusarnos con tu novio?
- ¿Novio? – Kurt estaba verdaderamente confundido.
- Si, el tipo ese con el que te besuqueabas en Flourish and Blotts.
La mente de Kurt funcionaba a toda máquina y de pronto lo recordó. Jake. Él era la única persona a la que había besado en Flourish and Blotts. Pero el hecho de que lo haya besado no lo convertía en su novio ¿O es que en el mundo mágico las cosas eran distintas?
- Bueno yo…- Comenzó a decir Kurt, totalmente contrariado.
- Él no te va acusar con nadie. – Dijo Noah saliendo de un compartimento junto a Kurt, seguido por Jake. – Y vete de aquí Black, si no quieres que te muestre los resultados de mi entrenamiento de verano.
El chico de ojos grises iba a abrir la boca para replicar pero Patti no lo soportó más. De un solo salto, se libró de los brazos de Kurt y se aferró con dientes y garras a la pierna de Black que pegó un salto y comenzó a sacudirse la pierna frenéticamente, mientras James lo miraba entre divertido y asustado. En medio de todo el enredo, Jake tomó las cosas de Kurt y las metió al compartimento, mientras que el castaño llamó a su gata y sin cruzar más palabras se encerraron los cuatro, escuchando como Black se quejaba - ¡Me clavó las garras! – decía impresionado, mientras James se reía.
Respirando agitadamente los tres chicos se miraron y soltaron la risa, dejándose caer en las cómodas butacas.
- Pensé que no ibas a llegar. Los estuvimos esperando un rato, en compañía de mi padre – dijo Noah, una vez que dejó de reírse.
- Si, es que nos retrasamos buscando el dichoso andén 9¾
- ¿Estás bien? – pregunto Jake acercándose a Kurt.
- Si… yo – Por Dios, que incomodo se sentía luego de que Black le recodara lo del beso.
- ¿Por qué ninguno de los dos me contó que se habían besado? – alegó Noah, como quien pregunta por el clima
Jake y Kurt se miraron y ambos se pusieron igual de rojos.
- La verdad es que yo besé a Jake… porque – suspiro – porque me regaló su copia de Mil hierbas mágicas y hongos y no sabía como agradecerle – terminó diciendo atropelladamente, Kurt.
- Ah… Ahora entiendo porque te llegó una copia del libro por lechuza – concluyó Noah mirando a su hermano – Bueno como sea, traten de ser menos efusivos a la hora de darse las gracias. Sobre todo si anda Black cerca…
- ¿Quién es él? – consultó Kurt, tratando desesperadamente de cambiar de tema.
- Un tipo que viene de una familia muy antigua de magos. – explicó Noah con tono desdeñoso – ninguna maravilla
- ¿Y el tipo que lo acompañaba? – volvió a preguntar Kurt
- Otro hijito mimado de familia antigua – dijo Noah. – ¡Genial, golosinas!
La señora del carrito se había hecho presente y Noah, como buen chico hambriento que era se lanzó a escoger golosinas.
- ¿Quieres que te compre algo? – consultó Jake, de manera tímida
- No te preocupes Jake… - Kurt le sonrió – mi padre me dejó dinero.
- Ah bueno… yo pensé que tal vez… - Jake parecía confundido
- Niño ¿Puedes dejar ranas de chocolate para el resto del tren? – La señora del carrito reprendía a Noah
- Ahora, si quieres yo te compro algo – respondió Kurt – y creo que lo haré. Así quedamos a mano con lo del libro. – y sin esperar respuesta por parte de su amigo le quitó unas cuantas ranas de chocolate a Noah y pagándolas, se las dio a Jake que las recibía feliz de la vida.
Indignada, la señora del carrito dejó el compartimento de los chicos y siguió recorriendo el tren.
A las pocas horas de viaje el día comenzaba a marcharse y la noche se dejaba ver entre las montañas. Un prefecto pasó anunciando que debían cambiarse porque estaba a punto de llegar al colegio.
En menos de un minuto, todo el compartimento era un reguero de ropa. Pantalones, camisas, túnicas, túnicas y más túnicas. Noah se había sacado la camiseta y Kurt supo a lo que se refería cuando amenazó a Black con su "entrenamiento de verano". Lucía su cuerpo perfectamente marcado sin pudor alguno. Kurt lo admiró fugazmente y luego lo comparó con su propio cuerpo. Al lado de Noah se veía más flaco y blanco de lo que era. Con rapidez terminó de vestirse y al voltear, se encontró con que Jake luchaba en contra de los botones de su túnica.
- Déjame hacer eso. – Kurt se acercó al moreno y apartando sus manos, se ocupó de abotonar la túnica. Al ser Jake un poco más alto, le tomó un poco de tiempo pero al fin lo logró. – Listo señor Puckerman.
- Gracias – balbuceó Jake a tiempo que el tren se detenía
- Bueno señores – exclamó Noah – llegó el momento.- dijo haciendo referencia a la ceremonia de selección y abriendo la puerta, salió del compartimento, seguido de Jake y Kurt.
