¡Hola personas lindas!

¿Que tal con todas?

Luego hablaré más, sólo vine informar dos cosas:

Una: Rurouni Kenshin y sus personajes no me pertenencen. Pero la história si. No ganó nada con eso tan poco, infelizmente. Ya que si ganará ya estaria muy adinerada. jajajajaja

Dos: Ese capitulo contiene Lemon. (no... No estoy loca, ya verán.)

Por eso, si no les gustan o son menores de edad, dejaré las frases para indicarles cuando parar de leer y cuando podran continuar. Si son menores y aun así quieren leer, estan por su cuenta, no me vengan reclamar porque avisé. u.u
Paren de leer: "La fuerte y gruesa mano masculina..."
Poden retomar la lectura: "La sonrisa de satisfacción y deleite..."

Beta Pajaritoazul


03. Inesperado.

Aoshi entró en la mansión y fue recibido por Tae Sekihara, quién no sólo había sido el ama de llaves de la familia durante lo últimos años, sino también la cocinera jefe. Era una joven de veintiséis años, cabello hasta los hombros y del mismo color de sus ojos, castaño. Era delgada y de baja estatura, una chica linda y tierna.

Entró a la familia gracias a su madre quien era la antigua ama de llaves. Y Hiko fue quien pagó los estudios de gastronomía de la chica. Recibió la posición de cocinera después de que finalizó la universidad y el de ama de llaves tras la muerte de su madre, quien sufrió una corta enfermedad.

Cuando descubrieron la enfermedad, el jefe de familia se empeñó en obtener el mejor tratamiento para la mujer, pero infelizmente no fue posible salvarla. Después de la tragedia, él ofreció el puesto a la joven, quien inmediatamente aceptó y ahora servía de buen grado la familia.

— Señor Aoshi… ¡Sea bien venido!

Con una reverencia ella lo recibió en la entrada.

— Buenos días Tae. ¿Cómo estás?

— Bien señor. ¿Le preparo algo de comer? Su tío y hermanos ya desayunaron.

— Por favor… te lo agradecería mucho. Algo ligero porque no dormí en toda la noche y quiero descansar.

— Como desee. Todos están en la biblioteca.

Ella tomó su chaqueta viéndole fruncir el ceño con la información. Aoshi miró el reloj confirmando la hora.

— ¿No fueron trabajar?

— No, señor.

— Gracias… ¿Puedes pedir que lleven a mi cuarto lo que prepararás? Comeré allí.

— Por supuesto.

Y con una despedida rápida él se dirigió inmediatamente a la biblioteca de la casa.

-/-/-

— ¡Jaque mate!

Los ojos violáceos se ampliaron con la tercera derrota de la mañana. Mientras Hiko reía con mucha energía.

— Mi estúpido sobrino y pupilo, nunca vas a aprender.

Las carcajadas de Sano interrumpieron a los dos que estaban jugando ajedrez. El luchador estaba confortablemente sentado, holgado con las piernas cruzadas en el asiento, mientras comía un sándwich y bebía un gigante vaso de jugo de naranja.

La biblioteca era amplia, con enormes ventanas de vidrio por donde entraba mucha luz y la única que tenía la cortina cerrada era la que quedaba al lado de Hiko y Kenshin, para que no los molestara la claridad durante el juego. Habían altos estantes que iban desde techo al suelo, llenos de libros de todos tipos y temas. Los muebles eran claros, en colores blancos y dorados, todo elegante y armoniosamente decorado. El sofá en que estaba Sano quedaba de espaldas a la puerta doble de vidrio, estilo francés, y frente al tablero de ajedrez con base de mármol y piezas de cristal blanco y negro. Detrás del sofá de él había otro igual, espalda con espalda, que quedaba frente a la puerta y otros dos sillones de los que era separado sólo por una mesa baja. Las paredes que no tenían ventanas estaban llenas de estanterías, y los adornos consistían en pequeñas esculturas y jarrones pintados a mano, todo distribuido estratégicamente.

Aoshi se paró junto a la puerta y elevó una ceja, confuso con la escena.

— ¿Nadie más trabaja en esa familia?

Preguntó mientras entraba. Sano dejó de reír decidido a molestar a su hermano.

— Mira quien habla… Pasó la noche entera en calle, llega a las diez de la mañana y aún así habla de trabajo

Los ojos celestes encararon a su hermano fríamente.

— Yo estaba trabajando, idiota.

Sano volvió a reír, feliz porque su guasa había salido como deseó. El recién llegado giró los ojos y volvió su atención a su tío, quien se divertía mirando la interacción entre los hermanos. Kenshin, por su parte, ignoraba todo y continuaba observando fijamente el tablero, intentando averiguar dónde había estado su error.

— Entonces… ¿Porque llegas a estas horas? — Hiko preguntó curioso.

— Saitou cree que estoy obligado a pasar la noche entera haciendo redacción de informes.

Habló agotado, pero sin muestras de emoción.

— ¿No deberías dormir?

Por primera vez el pelirrojo se manifestó y su hermano, que estaba de pie, sólo asintió con la cabeza.

— ¿Y que hacen todavía en casa?

— El tío y yo no tenemos nada que hacer en la empresa esta mañana y Sano…

Hiko y Kenshin se callaron, se miraron y encararon el más joven del grupo mientras masticaba tranquilamente.

— Buena pregunta ¿Que haces tú aquí? — Completó

Tragó y bebió un buen sorbo antes de contestar.

— Anji me dijo que tenía el día libre.

Y sencillamente dio por terminada la conversación, no obstante, Hiko lo miraba escrutador, como quien dice: Tú me debes mucho más que eso como explicación.

— Bueno, voy descansar. Hasta más tarde.

Y con una despedida general, Aoshi se fue directo a su habitación.

-/-/-

Como una verdadera enamorada y admiradora de la cultura occidental, Misao decoró su habitación con cosas típicas de la parte izquierda del mapa. Por supuesto, que con la convivencia que ahora había entre los dos lados hace mucho tiempo que esas cosas dejaron de ser algo sólo occidental, aun así no le importaba ya que todo el resto de la casa tenía una apariencia más nipona, su dormitorio era la excepción.

Por lo general, los japoneses preferían muebles prácticos, pequeños, para hacer frente a la falta de espacio que algunas casas poseían. Pero la joven eligió todo lo contrario. Su habitación no tenía todo el espacio que ella quería, sin embargo, como era muy flaca no habría problema con el poco que quedaba, pensaba la chica.

Inmediatamente después de abrir la puerta del cuarto, junto a la pared izquierda, se podía ver una mesa mediana con un notebook, papeles y carpetas de estudio y trabajo que hacían que luciera totalmente llena. Por encima de la mesa habían dos estantes que contenían aún más carpetas, papeles y artículos en general, todo para su trabajo. Entre las estanterías y la mesa, una lámpara de pared, y después de la mesa una amplia ventana adornada por una cortina azul clara. Frente a la ventana una gran cama doble que acababa con la mayor parte del espacio: Quedaba en diagonal a la mesa de trabajo, dejando sólo un camino estrecho para pasar.

Al otro lado de la cama se encontraba un amplio placard con puerta corrediza, esto para que no fuera un problema abrirlo ya que sólo unos cincuenta centímetros lo distanciaban de la cama. Luego, estaba la puerta del cuarto de baño privado, y frente a la cama, entre la puerta del baño y de la entrada, tenía un mueble con cajones sobre el que tenía un equipo de música de última generación, por encima de el un televisor de plasma en la pared, un reproductor de DVD al lado del equipo de música y en los demás espacios del mueble: películas, CDs, álbumes de fotos, cosas personales como premios o trofeos de torneos, había de todo un poco. Todo el mobiliario era de madera de caoba, lo que contrastaba con la alfombra y la pared pintada de un azul muy claro.

Siempre que estaba incomodada con algo, la joven heredera del restaurante más famoso de la ciudad, que ocupaba en la parte inferior de su casa, se encerraba en su habitación para pensar e investigar. Y a lo largo de la noche no había podido dormir: Dos cosas rondaban su mente. La primera: Quién podría estar intentando incriminar su amiga. La segunda: Cómo encontraría de nuevo aquel hermoso y perfecto detective. Por supuesto que ella luchaba duramente para centrarse en la primera.

Acostada en su cama y aún con su pijama, que consistía en un conjunto de pantaloncillos y una corta blusa ajustada, con su cabello suelto enmarañado miraba al techo fijamente. Sus pensamientos vagaban sobre todas las posibilidades.

Ella sabía perfectamente que Kaoru hacía trabajos sucios para el Juppongatana, pero la razón aún le era desconocida. Que su amiga era una buena persona, no tenía dudas, por eso sólo quedaba la opción de que algo estaba mal y que estaba siendo obligada por algo o alguien, tal vez fuera hasta la misma persona que completaba el servicio que Kaoru no tenía coraje de terminar. Pero, ¿Quién?

Con un salto se puso de pie y empezó a andar de un lado a otro, después en círculos y, como no había espacio, subía y bajaba de la cama y jugaba a esquivar todos los obstáculos de su habitación, pero no se encontraba con nada. Perdida en su mente.

Repentinamente se detuvo y miró por la ventana. En el otro lado había un cartel, tan grande que desde donde estaba podía leer el contenido. Era la publicidad de un evento que habría esa noche, de aquellos a los que sólo asisten personas consideradas peligrosas y sus cómplices, o esos idiotas que piensan que están siendo muy poderosos al asistir a esos lugares porque muestran su coraje, pero a la primera señal de problemas se esconden y lloran por sus mamas. Sin embargo, no era nada de eso que había logrado capturar su atención.

Lo que la dejó realmente intrigada fue el logo del patrocinador del evento: Una guadaña al revés, formando una "J" dentro de un círculo de fuego. La insignia del Juppongatana. Sonrió satisfecha; sabía exactamente dónde iba a pasar la noche. Pensaba en ello cuando oyó a Omasu gritar para que fuera a comer, paso su mano por el cabello intentando organizarlo y luego corrió fuera de la habitación; ya sentía a su estómago reclamar de hambre.

-/-/-

En el último piso del monumental edificio de la Hiko's Enterprises, se encontraba la sala del poderoso CEO Seijuro Hiko, quien se encontraba tranquilamente revisando algunos documentos sobre la compra de artículos deportivos. El lugar era espartano y simple, pero tan suntuoso como el entorno que le rodeaba.

La puerta era de madera sólida color clara, haciendo juego con los muebles de marfil de la habitación. Un sofá de color gris oscuro estaba junto a la puerta, frente a una mesa de centro con la tapa de cristal y luego, después de pocos metros, estaba la mesa de escritorio, larga y de madera espesa, con las sillas de cuero de color gris oscuro a juego, siendo la más grande la que ocupaba el dueño de aquel lugar. Detrás del escritorio, una amplia ventana de vidrio que iba desde techo al suelo. La computadora quedaba en uno de los extremos de la mesa, dejando el centro lo más limpio y libre posible.

Firmaba el documento cuando el teléfono de la oficina sonó y su secretaria informó que tenía una visita de la señorita Okon. Con una sonrisa ladina Seijuro ordenó dejarla pasar y a su asistente que prohibiese la entrada de cualquier otra persona a su despacho, además de que no lo llamara por ninguna razón. No quería ser interrumpido.

La puerta de la espaciosa oficina se abrió justo cuando el empresario retiraba la última hoja de encima de la mesa, dejándola totalmente limpia. Y la mujer que entró hizo que el importante hombre detrás de la mesa sonriera presumido y malicioso.

—Entonces… ¿Tú eres la prima de Misao?

—¿Y tú el viejo amigo de Okina?

La muchacha lo miraba con una sonrisa de lado, sus ojos llenos de deseo recorrieron el cuerpo atlético del hombre. Su cuerpo marcado por un vestido con la espalda abierta, bien ajustado y color ciruela, con una falda que se detenía en la mitad del muslo, dejando en evidencia sus piernas bien trabajadas. Sus pies lucían sandalias de tacón alto, fino. El cabello castaño, largo y suelto, cayendo pesadamente sobre su espalda y su dulce aroma llenaba el aire, aumentando la libido del otro miembro de la habitación.

Seijuro se puso en pie y le extendió la mano izquierda para que Okon la sostuviera, cuando la mujer lo hizo él la tiró con fuerza, envolviéndola alrededor de la cintura con el brazo derecho mientras tomaba posesión de los labios femeninos.

Ella, por su parte, se dejaba hacer. Moviendo las manos por los anchos hombros del hombre alto, sobre la camisa de seda, bajando por la espalda, siguiendo las marcas de cada músculo del cuerpo varonil. Sintiendo como él la tomaba cada segundo con más hambre. Aceptando de buen grado el beso lleno de pasión y afecto.

La falta de aire forzó a la pareja a separarse, pero no se soltaran del abrazo.

— Entonces… ¿Tengo que decirle a Okina que estoy saliendo con la prima de su nieta?

Le preguntó burlón, haciéndola reír para enseguida contestar con el mismo humor de él.

— No sabía que éramos novios…

— Pues ahora lo sabes.

La tomó sin previo aviso, sentándola sobre su mesa y posicionándose en medio de sus piernas. Ella lo mordió en el labio inferior, sintiendo no sólo su propia excitación sino también la de él. El aroma masculino intoxicó sus sentidos y dejó caer su cabeza hacia atrás cuando él comenzó a besar y mordisquear su cuello y escote. La sonrisa nunca abandonó el rostro femenino.

Sosteniéndose de la cintura del hombre para no caer, bajó un poco más las manos y tocó sin ningún pudor sus nalgas firmes, obligándolo a sonreír satisfecho; amaba como ella se entregaba sin demora a sus caricias, olvidándose de todo y todos, sin molestarse en fingir timidez.

Desde que se conocieron en la tienda de espadas, él estuvo seguro de que ella encajaría perfectamente con su personalidad. Empezaron así una relación precoz, que para ambos comenzó con una desmedida atracción sexual, la que poco a poco fue mezclándose con cariño, gustó y ahora, por más que ningún de ellos lo dijera en voz alta, sabían que existía un sentimiento mucho más fuerte en medio de todo este deseo. Un sentimiento palpable y verdadero.

Pero era una relación aún escondida, y fue una sorpresa para ambos cuando se encontraron en el restaurante descubriendo cómo estaban conectados; algo que ni siquiera habían sospechado. No tuvieron el coraje de decir que ya se conocían y el momento pasó, entonces decidieron continuar donde siempre estuvieron… En la lubricidad llena de amor.

La fuerte y gruesa mano masculina paseo por la pierna izquierda de la mujer, delineando el camino con cuidado y provocando un escalofrío en la espalda de la chica. Un gemido bajo salió de los labios enrojecidos de ella cuando él llegó hasta su intimidad, tocándola suavemente por encima de la braga. Él sonrió malicioso al sentir la humedad que traspasaba la delicada tela.

— Siempre lista…

Susurro en el oído de ella con la voz ronca, haciéndola temblar por completo: Ese era el efecto que él tenía sobre ella.

— Basta con mirarte…

Él sonrió, y haciendo a un lado la tela que la cubría, paseo sus dedos en la intimidad de la mujer jugando con su punto de placer. El acto la hizo abrir aún más las piernas y gemir suavemente, intentando controlar su propia voz.

— Hum… Entonces cuando me vio en el restaurante, ¿También quedó excitada?

No respondió, simplemente gimió.

— Si hubiese sabido te habría arrastrado a algún lugar escondido para ocuparme de satisfacer tus deseos.

Con la última palabra, él abrió el broche que sostenía la parte superior del vestido detrás del cuello. La ligera tela cayó dejando a la vista sus senos firmes y llenos, él sin demora los tomó con la boca, causando sensaciones más radicales en el cuerpo femenino y sintiendo que su propia erección se tornaba cada momento más molesta, anhelando liberarse de su prisión.

— Seijuro…

La voz ahogada por la lujuria salió de los labios femeninos causando el temblor de la excitación en el cuerpo masculino. Incapaz de soportar más de aquel martirio, Hiko se apartó de ella para desnudarse. Sabiendo lo que se avecinaba, ella no tardó en asistirlo: Su camisa no tardó en llegar al suelo, siendo tirada por Okon por encima de su cabeza, para continuar él abrió los brazos y la encaró con una sonrisa descarada, mientras ella luchaba agresivamente para aflojar la hebilla del cinturón y abrir la bragueta de sus pantalones negros. Inmediatamente dejó caer los pantalones y los boxers para terminar el trabajo empujando sensualmente con sus pies.

Él la atrapó por sus muslos y metiendo sus manos sin ninguna consideración dentro de la falda le quitó la braga de encaje negro deslizándola por las piernas femeninas hasta sacarla por completo y guardarla cuidadosamente dentro del cajón de la mesa. Subió la falda hasta la cintura dejando al vestido arrugado mientras su parte íntima y sus senos lucían una maravillosa desnudes, entonces, él la obligo a recostarse sobre la mesa.

Hiko bajó a través de las piernas femeninas hasta pasar su lengua por completo en la intimidad de ella, haciéndola arquear la espalda mientras una intensa sensación la atravesaba, llevándola a morder su dedo índice de la mano derecha para ahogar un grito de placer.

La torturó un poco más, sintiendo en su boca el sabor de su excitación, regocijándose con el néctar que sólo a él le pertenecía. Entonces, al verla completamente extasiada y perdida en el placer, la penetró de una vez mientras tomaba sus labios en un beso ardiente.

Okon se apoyó en los musculosos brazos de su amante para sostenerse mientras lo sentía crecer aún más dentro de ella. Comenzaron las embestidas y los gemidos fueron amortiguados por los besos intercambiados con fervor. Luego él bajó los labios por su cuello, jugando con la punta de cada seno, primero lamiendo y chupando, luego mordiendo. Ella a su vez rasguñaba la espalda de Hiko, marcando las uñas en su piel mientras mordía su labio inferior.

Hiko agarró la cintura de ella con su mano izquierda y con la derecha subió la pierna izquierda de su compañera, ampliando su acceso a ella e intensificando aún más la embestidas hasta que la vio gemir y desplomarse, deleitándose con el rostro de placer de Okon al alcanzar el orgasmo. Sonriendo y aumentando aún más su velocidad, su boca entreabierta dejó escapar su respiración entrecortada y con un gemido gutural él llegó a su propia liberación, cayendo sobre ella con las piernas temblorosas y el corazón acelerado. Su cabeza fue acogida entre los femeninos brazos y acostado sobre sus pechos recibió las caricias de la chica sobre su larga cabellera negra.

La sonrisa de satisfacción y deleite no abandonaba los labios de ningún de los dos.

— ¿Qué será de nosotros?

Ella rompió el silencio, cuestionandolo. Pero no era un reproche, sólo curiosidad.

Él irguió la cabeza y la miro a los ojos, siendo recompensado con la mirada de ella.

— ¿Qué crees? — Se levantó — no te voy a dejar, y si lo mejor es decir a todos sobre nuestra relación, que así sea.

Okon no pudo evitar una larga sonrisa a modo de respuesta. Ya no podía seguir ocultando que lo quería. Después de recibir un tierno beso de su amante, él la ayudó a ponerse en pie y a arreglar su vestido, mientras recogía y acomodaba su propia ropa.

Después, él la abrazó por la espalda y le dio un beso en el hombro.

— ¿Crees que tus sobrinos aceptaran?

Frunció el ceño ante la pregunta y la obligó darse la vuelta y mirarlo a la cara.

— Ellos no tienen porque oponerse, y yo tampoco se los permitiría. ¿Crees que Okina, tu hermana y tu prima aceptaran?

Replicó provocativo, ella rió y asintió para luego volverse a besar ardientemente.

-/-/-

— ¡Lo hiciste a propósito!

Gritó con rabia interrumpiendo la clase de kendo, obligando todos a parar su entrenamiento para prestar atención al acontecimiento.

— No lo hice a propósito, tú eres el que no sabe quedarse en el lugar correcto.

Kaoru se pasó una mano por la cara, aquella era su tercera clase del día, estaba agotada y como siempre Yahiko y Yutaro estaban peleando. Eran los mejores amigos fuera del dojo, pero cada vez que ponían un pie allí dentro y blandían sus shinais se convertían en los competidores más grandes del mundo. Lo que por un lado era bueno, ya que esa voluntad de ser "el mejor" los tornó realmente en los mejores del dojo, pero por otro lado era agotador porque siempre estaban peleando y perturbando las clases.

— ¿Que pasó ahora?

Preguntó la maestra caminando en dirección a los dos y observando como Yutaro Tsukayama — un chico de la edad de Yahiko y con su mismo tipo de cuerpo aunque que de cabello castaño, liso y ojos de un marrón más claro — se frotaba la cabeza con una mano. Una vez a su lado el castaño contestó.

— Yahiko me golpeó en la cabeza…

Kaoru miró a su hermano adoptivo.

— Fue un accidente, es su culpa por no quedarse quieto en el lugar.

— Yahiko… Debes prestar atención alrededor. ¿Cómo quieres ser un buen espadachín si no eres capaz de ver quien puede o no salir herirdo? — soltó enojada — Y tú Yutaro — aminoró la voz — tienes que mejorar tus pasos y equilibrio. Como castigo, quiero otras treinta repeticiones, y es para ambos.

— Pero, Kaoru…

El moreno intentó rebatir a su hermana, pero sólo consiguió una mirada de advertencia.

— No lo olvides Yahiko, tú fuiste elegido para representar al dojo Kamiya en el próximo torneo de kendo del estado. No puedes cometer errores como este.

El muchacho bajó la cabeza disgustado. Yutaro suspiró contrariado y comenzó sus ejercicios adicionales. La dueña de los ojos azules volvió su atención a la clase y los ejercicios volvieron a ser ejecutados.

Se apartó de los estudiantes y fue a tomar un sorbo de agua. Aquel día estaba siendo muy espinoso, no había sido capaz de concentrarse correctamente y se vio obligada a dar un castigo a ambos muchachos. Normalmente, ella hubiera estado atenta y se habría dado cuenta de quien tenía la culpa, ya que conocía las actitudes de ambos, pero el rojo había tomado cuenta de toda su mente desde el momento en que se despidió de Kenshin.

Sin embargo, creía que eso no era realmente lo que más le molestaba ese día: Tenía un mal presentimiento. Miró el reloj en su muñeca izquierda, marcaba las cinco para las cinco de la tarde, la clase llegaba a su fin.

-/-/-

Salió de la ducha mientras las gotas de agua aún corrían por su pecho y abdomen, que estaban totalmente definidos. El pelo negro, húmedo, estaba todo desordenado después de ser lavado y el vapor del baño caliente empañaba el espejo obligándolo a pasar la mano para limpiar un pedazo con el fin de ver su propio reflejo. Los ojos azules lo encaraban a sí mismo y soltó el aire de forma cadenciosa.

Se apartó del espejo y dejó caer la toalla que envolvía su cintura, sin preocuparse por su propia desnudez. Aoshi caminó hasta el cuarto mientras las piernas gruesas y las nalgas firmes se contraían con cada paso. Los hombros anchos y la cintura estrecha sólo resaltan la belleza varonil del detective.

No se preocupó por secar su cuerpo, pasó su desodorizante corporal y vistió una camisa de seda negro, abrochándola con calma. Después, subió por sus piernas un boxer Armani también negro, como cada una de las piezas que se colocaría aquella noche. Los pantalones de cuero ligeramente ajustados se deslizaron por sus muslos. En los pies puso calcetines y un par de botas negras, con los cordones — intencionadamente -— apenas atados, dandole un aire descuidado. No abotonó las mangas alrededor de las muñecas, dejándolas abiertas y sueltas.

Volvió al espejo, que ya no se encontraba tan empañado, y peinó su cabello con los dedos, dejándolo desordenado y dándole un aire salvaje a su apariencia. Colocó una cadena de plata alrededor de su cuello manteniendo la camisa abierta hasta el inicio del pecho, se miró en el espejo y vio que estaba exactamente como lo tenía planeado; lucía un aspecto rebelde. Tomó un poco de dinero y agarró su larga gabardina que le llegaba hasta los tobillos, de cuero negro, y salió de su habitación. No sin primero esconder en su bota una navaja de muelle pequeña.

Sin despedirse de nadie, Aoshi bajó las escaleras y salió de la mansión rumbo al garaje, montó su moto BMW S1000RR 2015 toda negra y con sólo algunos detalles discretos en plata. Partió a toda velocidad hacia su destino. Esa noche tenía que investigar disfrazado.

-/-/-

Yahiko cerró el portón mientras gritaba un adiós para Kaoru, quien gritó en respuesta que no volviera muy tarde, pero acabó hablando con la puerta ya que él ya se había ido sin prestar atención a lo que ella decía. Suspiró desanimada y pasó su mano por el flequillo. Meneo la cabeza con incredulidad y se dirigió al dojo; tenía que terminar de organizarlo todo.

Se detuvo en la entrada e hizo una reverencia antes de sacar sus zapatos y caminar por el amplio salón con pisos de madera pulidos. El dojo había estado en la familia durante generaciones y las características de antiguas épocas aún gobernaban en el sitio, llevando a las personas a otras décadas cada vez que ponían los pies en el interior.

Luego de poner el ultimo bokken en el soporte de la pared, sintió como un escalofrío le atravesaba la columna vertebral... Tragó saliva al sentir una mirada asesina a sus espaldas. No soltó la empuñadura de la espada, la levantó lentamente mientras daba la vuelta con calma, intentando disimular el miedo que se apoderaba de ella. Y los azules se encontraron frente a frente a los demoníacos ojos negros ampliados e insanos de Jin-e.

— Te buscaba…

La voz carente de sentimiento hizo que el cuerpo de la mujer se estremeciera. Nunca se lo había encontrado de frente pero no necesitaba una presentación formal para saber quién era. Tan sólo al mirar sus ojos y la amplia sonrisa diabólica supo quién estaba delante suyo.

Udo Jin-e era un hombre muy famoso en el submundo del crimen. Un asesino en serie que hacía servicios bajo demanda, cobrando un precio razonable ya que su mayor recompensa era ver la sangre de sus víctimas que rezuma fuera de sus cuerpos. Alto, más de lo que ella esperaba, con un cuerpo fornido cubierto por entero de ropa negra; la camisa que era casi una segunda piel de tan pegada al cuerpo. El cabello gris en su totalidad era retenido por una banda que utiliza para mantener flequillo largo fuera de su campo visual, impidiendo que lo molestase. Su rostro rectangular de rasgos finos no mostraba ningún sentimiento humano, a pesar de su sonrisa inacabable.

— Yo sé quién eres…

La voz femenina sonó más débil de lo que ella hubiese querido. Él amplió aún más la sonrisa, si era posible, y sus ojos brillaron. Kaoru dio un paso atrás, sintiendo las piernas débiles, pero aferrándose a no demostrar su pavor.

— Me alegro de no tener que perder el tiempo en presentaciones… Kaoru Kamiya.

Tuvo la sensación de que su corazón falló, dando un vuelco. Tiró del aire con dificultad, tragando saliva. Su mente voló cuestionándose sobre el porqué de su presencia.

— Su muerte no fue comisionada, si es lo que quiere saber.

Leyendo su mente, contestó.

— Entonces…

— Eres tan interesante de observar… No entiendo por qué Shishio te mantiene viva. Una inútil que no puede quitar la vida de nadie, incluso sosteniendo una espada afilada.

El gesto sutil con su mano derecha la hizo notar por primera vez el brillo de la hoja de su espada desenvainada al lado del cuerpo masculino siguiendo la longitud de las piernas largas. Los azules viajaron de la figura humana a la larga katana y volvieron hacia los negros ojos, donde ella pudo distinguir una enferma satisfacción.

— ¿Y que es lo que realmente te llama la atención de mi?

Decidió ganar tiempo. La bokken aun estaba en su mano pero sabía que no le sería útil. Precisaba encontrar una forma de llegar hasta su verdarera espada, la que ella ocultaba debajo del piso de madera, bajo el tablón que contenía el nombre de su difunto padre. Donde ella constantemente adornaba con una flor, en honor a él.

— Usted me parece un ratón de laboratorio, alguien con quien quiero jugar y experimentar… Quién sabe, tal vez si te abro la piel descubro de dónde viene esta cosa llamada compasión. Será una interesante manera de estudiar.

— ¿No hay nada mejor en la televisión?

Preguntó sin pensar, ignorando el malestar que sintió con la confesión del asesino. Miró por el rabillo midiendo mentalmente a cuántos pasos de distancia se encontraba del escondite de su espada.

— No me gusta la televisión. Observar sus misiones es mucho más divertido.

Comenzó a moverse hacia ella, con pasos cortos y sin ninguna prisa. El tiempo acabó y Kaoru aun se contenía para no correr, empezó a retroceder a su misma velocidad para no alertarle, en dirección al lugar que necesitaba alcanzar.

La luz se estaba apagando poco a poco y Kaoru notó que pronto la lámpara se quemaría, precisaba llegar rápidamente a su destino, antes de que le fuera imposible defenderse del lunático. Miró por última vez y confirmó con alivio que estaba a tres pasos del piso hueco.

— ¿Seguirás huyendo?

Volvió a mirarlo, él dejó de avanzar y ella de retroceder. Se enfrentaron una última vez en tregua. Ella entonces sonrió astuta, exponiendo una confianza que sinceramente no sentía.

— Yo nunca huyo de una buena pelea.

Anunció firmemente, la luz se quemó, la oscuridad inundó el salón teniendo como única iluminación la luz que venía desde afuera, entrando por la puerta abierta. Kaoru lanzó con toda su fuerza y buena puntería la bokken que tenía en las manos sobre Jin-e. Sabía que no iba golpearlo y que él la desviaría a tiempo; así sucedió, pero sirvió para distraerlo los segundos que necesitaba para llegar hasta su espada, desenvainando en tiempo record y poniéndose a la defensiva.

La pelea empezaba.

Sin demora, el hombre se lanzó sobre ella, obligando a la joven maestra a rodar por el suelo para escapar de una estocada que seguramente con la fuerza utilizada sería imposible de contener.

— Huyendo de nuevo.

— Una espada no está hecha para la defensa. Podemos usarla para ese fin, pero su verdadera utilidad es el ataque. Si yo me quedara todo el tiempo defendiéndome de tus golpes con ella, terminará rompiéndose o dañándose de una manera que ya no me sería útil.

Él sonrió.

— Veo que eres más inteligente de lo que me imaginé.

— Yo soy la maestra de estilo Kamiya Kasshin; no te atrevas a subestimarme.

Ese era su turno de atacar. Se levantó rápidamente, enviado al infierno cualquier sentimiento de miedo y saltó sobre su oponente con un golpe frontal de arriba hacia abajo, no obstante, fue fácilmente desviado por el otro, que giró a la izquierda y realizó un corte superficial en la costilla de ella. Kaoru cayó al suelo sintiendo el inicio del dolor y el aumento de la adrenalina.

Aún agachada, con la rodilla izquierda y el pie derecho en el suelo, llevó la mano izquierda sobre su costilla del mismo lado y visualizó con disgusto su propia sangre.

Necesitaba reaccionar o seria su ultima noche con vida, si es que duraba más que algunos segundos.

Jin-e la encaraba con diversión en el rostro. De pie, observando fascinado como la sangre goteaba en el suelo.

— ¿Usted es de esos cabrones que se excitan con la muerte de los demás?

Él la miró fijamente, ni siquiera se había dado cuenta de lo que ella le había planteado, confuso, borró su sonrisa del rostro y pidió una respuesta en silencio.

— Mi mejor amiga estudia criminología, y ella me habló sobre el comportamiento de algunos asesinos que son incapaces de sentir placer a menos que están recortando y matando los demás.

La risa del hombre llenó el lugar. Se echó a reír sin cesar.

— Ya me gustó esa amiga suya, tal vez la encuentre después — contestó mientras se calmaba.

— No tendrá una próxima vez. Esto acaba hoy.

Ella se puso en posición de defensa, las piernas separadas a la distancia de los hombros, las manos unidas en la empuñadura, una bajo la otra, la derecha arriba. Y la espada en la vertical con la punta hacia arriba.

Él la analizó de pies a cabeza y pudo notar en el rostro determinado de la joven que ella simplemente ignoraba el dolor que sentía por la herida, y eso lo dejó admirado.

— Estoy empezando a entender que es lo que Battousai vio en ti…

El comentario la desconcertó.

— ¿Battousai?

Preguntó, pero no obtuvo más respuesta que un ataque directo en un lugar que ella no consiguió desviar, fue obligada a defenderse con su espada, la que chocó con la del hombre. Por poco no consiguió parar la embestida y podría haber perdido un brazo, ya que él tenía como blanco su hombro derecho. Sería un corte rápido y limpio.

Arrojó el cuerpo hacia la izquierda y sintió el músculo repujar, no pudo contener el grito de dolor.

— Será tan placentero matarte lentamente.

Dejó el cuerpo relajado, provocándola con su indiferencia, apoyo la parte de atrás de la hoja de su espada sobre el hombro mientras la observaba con cuidado. Kaoru se irritó y cerró la expresión para luego saltar sobre él.

Una secuencia de golpes y defensas comenzó.

Las espadas bailaban en una secuencia sin lógica, cada uno atacando y defendiendo, sin embargo, la que estaba visiblemente en desventaja era ella. No sólo la fuerza de él era muy superior, como la técnica no era compatible y ella aun lidiaba con la diferencia de altura que repercutía directamente en la envergadura del cuerpo. Es decir, su estatura de él era de al menos dos veces más que la de ella.

Al separarse, la maestra del dojo estaba visiblemente cansada, sin aliento. Las gotas de sudor corrían por su rostro cayendo al suelo y mezclandose con su propia sangre, la que salía de los cortes superficiales esparcidos por su cuerpo. La ropa de entrenamiento estaba toda desgarrada dejando visible la piel blanca teñida de rojo.

Jin-e la confrontaba con una sonrisa entusiasmada. Estaba intacto. Sin lesiones graves y sin fatiga. Pero algo lo sorprendió. Había un corte en su brazo que él no había notado antes y eso lo irritó. La miró con rabia y recibió una sonrisa satisfecha.

— Ya basta.

Jin-e luchador del estilo Nikaidou Heihou, se ha convertido en un verdadero experto en el uso de la técnica Shin no Ippou para complementar su poder. Esta técnica está hecha para paralizar a su oponente con el poder de su propio ki. Y pocos, durante toda la vida, han sido capaces de romper esta energía. Poquísimos.

Él la miró tan profundamente a los ojos que Kaoru no consiguió no devolver la mirada. Ella podía jurar que vio un brillo diferente llenar el negro de los ojos de aquel maldito lunático por algunos segundos. Luego, ella se sintió totalmente paralizada. No conseguía mover ningún músculo, ni siquiera decir algo. El miedo se apoderó por completo de su cuerpo, el temor y la seguridad de su muerte la asaltaron.

El de pelo gris avanzó lentamente hasta ella, como un león delante de un antílope solitario que le servirá como cena, y alzó su espada, sonrió malvadamente listo para dar el golpe final. La única cosa que ella podía mover eran sus ojos, los que acompañaban cada movimiento del tipo en cámara lenta, y eran capaces de ver exactamente el momento en que la hoja bajaba contra su cuello.

Su último aliento iba a ser en ese momento, sino fuera por lo inesperado.

El sonido de las hojas de acero chocando una contra la otra llenó el lugar causando eco. Jin-e ensanchó los ojos al ver al tercer miembro de la escena, quien acaba de llegar. El mismo que interrumpió su diversión, y Kaoru apenas pudo notar un cuerpo masculino junto a ella, antes de perder el conocimiento.

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Después de presentar su documento de identidad, que no era nada más que una buena suma de dinero, ella se adentró en aquel gran almacén; todo estaba iluminado por luces de colores, la música alta era ensordecedora y el ambiente claustrofóbico debido a la cantidad de personas que se presionaba caminando y bailando. No es que ella no tuviera la edad suficiente para estar allí, la verdad era que si la tenía, sin embargo, no quería dar su verdadero nombre para que nadie pudiera reconocerla en el futuro, por eso, pagar era lo recomendado.

Cuando su bota de tacón alto y espeso tocó el piso de metal, donde la puerta frontal daba acceso a una escalera del mismo material para llegar a la parte inferior donde se entraba la fiesta, ella se ganó la atención de muchos de los que estaban allí, observando la fiesta por encima, apoyados en la barandilla de la escalera.

Su manera sexy de vestir llamó la atención de todos a su alrededor. Tanto de hombres como mujeres, cada uno mirándola de manera diferente, pero la malicia se repitió en los ojos de muchos. El pelo largo y negro atrapado en una coleta alta, con las puntas onduladas y algunos mechones sueltos junto con el flequillo adornaban el rostro angelical, que estaba con una expresión altiva, ojos bien marcados con delineador y sombra de ojos color negro, resaltaron el esmerada lleno de vida. Su boca estaba marcada por un labial color ciruela.

La ropa, toda de cuero negro, consistía en un calzón corto que cubría exclusivamente el necesario, dejando toda la pierna descubierta. Un corsé que llegaba hasta la altura del ombligo, dejando un trozo de piel visible entre su término y el inicio del calzón, sus senos se marcaban debido al generoso escote. Por encima del corsé sin mangas, una chaqueta corta, abierta, mostrando cada detalle de la ropa que llevaba por debajo, con las mangas dobladas en el codo.

Llevaba un par de aretes pequeños que simulaban unos cráneos y en el cuello un gargantilla con un colgante con el mismo emblema de los aretes. El aroma dulce llenó el camino por donde pasaba y al instante se convirtió en el centro de atención. Bajó los escalones fingiendo ignorar que la asediaban, pero atenta a cada persona que pasaba.

Sus ojos recorrían cada rincón con el fin de encontrar lo que estaba buscando. No tardó en notar que estaba cerca de la barra.

Se dirigió a la planta baja y una vez allí se encaminó erguida hasta el lugar. Se apoyó en el banco de madera y pidió una cerveza. Al mismo tiempo observaba de lejos a una mujer sentada con las piernas cruzadas, flirteando con un tipo alto que estaba de espaldas a ella. La castaña era su foco.

Ya la había visto trabajar con un muchacho llamado Soujiro Seta, que era uno de los cabecillas del grupo Juppongatana. La castaña que ella reconoció con el nombre de Misanagi, acostumbraba hacer encargos que requerían más "contacto físico" con comerciantes y compradores. Necesitaba saber si ella estaba acompañada esa noche.

Algo en el alto azabache ganó el interés de Misao, que empezó prestar mucha atención a él. ¿Sería un contacto o sólo la más nueva conquista de la prostituta de lujo del grupo?

Vio a la chica excusarse y retirarse a un sitio que parecía ser el baño, se puso de pie para seguirla pero cuando el hombre se movió a la banca, dejando que su perfil fuera visible, la boca de Misao se abrió en espanto y acabó derrumbando su botella de cerveza, la cual cayó y se rompió.

El ruido llamó la atención de Aoshi, quien casi había logrado conseguir la informacion que buscaba de la mujer que deseaba ardientemente llevarlo a la cama. Cuando ella se levantó para ir al baño, ya que según ella necesitaba prepararse para salir de allí a un lugar más reservado, él decidió sentarse y esperar ya que la cola para el baño femenino era muy grande así que supuso que iba a demorar.

Pero el sonido de algo rompiéndose lo suficientemente cerca para escucharlo en medio de la música alta llamó su atención, y lo que vio lo dejó tan asombrado que contuvo el aliento.

Los azules fríos se encontraron con los verdes vivos.

No hubo duda para ninguno de los dos. Se reconocieron de inmediato y el tiempo pareció detenerse.

Continuará...


Entonces, personas lindas, ya quiero mis reviews, donde estan? *o*

¿Quiero saber quien creen que salvará Kaoru?

El primero que hablar el nombre correcto tendra derecho a un regalo, o sea, podra pedirme lo que quieras, puedes ser una escena de el fic, hasta una oneshot. ¿Que les parece?

Ese capitulo se lo dedicó a tres personas que amo y aprecio mucho, cada una por una razón:

LadyMukuge x Misaop x Pajaritoazul

Pero quiero que sepan que me encantan todas y no se que haria sin el cariño de todos que me escriben y me dejan reviews... ¡El fic es un reagalo a todas, no olvidense jamás!

Ahora quiero que sepan que puede ser, no es de todo seguro, que me tarde un poco más de esa vez en actualizar, porque estoy haciendo la direccion de una pieza teatral que estreia dia 1/11, tengo trabajo y para finalizar tengo otras fics que actaulizar. Por lo tanto si me tardo mas de lo normal, es por eso. No voy abandonar nada, ¿ok?

Hasta pronto y dejenme reviews... O puedo cambiar de parecer. ¬¬ jajajajajajaaj (mentira)

Brasil

08/10/2015