Capitulo 2
¿Quién es él?
Las clases comenzaban en el instituto Seijô, los chicos y chicas se reunían en sus aulas para conversar e iniciar la jornada de clases. En una de ellas, sentada junto a la ventana, se encontraba la joven de cabellos castaños. Era la misma muchacha que la noche anterior fue atacada por un vampiro y fuese rescatada por otro, aún más misterioso. Sus pensamientos no se encontraban allí en la sala de clases, solo tenia la mirada fija en aquella rosa roja que dejó su salvador.
-Kinomoto…
"¿Quién es él? ¿Qué era él?" muchas preguntas giraban por su mente. Solo de una cosa estaba segura en ese momento: lo que vivió fue lo más increíble que jamás experimentó.
-Kinomoto…
No podía sacar de su mente esos ojos color chocolate, los que antes eran rojos y le causaban tanto temor, pero ahora les causaba un sentimiento calido. No sabía exactamente qué era, pero jamás los olvidaría.
-¡KINOMOTO! –
Aquel grito logró hacer volver a la niña a la realidad, que sobresaltada observa como todos sus compañeros la miraban, unos con burla, otros con desaprobación y algunos con sorpresa. En frente de ella su profesor, quien se llamaba Yoshiyuki Terada, que la miraba severamente.
-Kinomoto, la he estado llamando para que venga al frente y resuelva esta ecuación. ¿Qué es lo que pretende?
-Hoe… lo… siento… profesor… -dijo la muchacha completamente avergonzada-. Este… es qué anoche no pude dormir bien.
-Creo que debería meditar la importancia de descansar señorita, afuera del salón… -dictó el maestro con firmeza.
-Sí, profesor…
La niña caminó lentamente hacia fuera del aula, ante la mirada de sus compañeros. Siempre había sido algo desatenta en clase, no por ser rebelde sino que le interesaban más la música y los deportes, donde ella era experta en gimnasia artística. Sakura Kinomoto a sus 15 años era miembro del equipo escolar del instituto, y ya era la orgullosa poseedora de varios premios. Pero si alguien pensara que ella era engreída por ello, estaría completamente equivocado ya que Sakura era la niña más inocente y gentil de toda la escuela.
Aun así, y gracias a qué ella se distraía con gran facilidad, la señorita se ganaba algún castigo, como en aquel momento que se encontraba parada al lado de la puerta de su salón. Suspiraba al pensar que su madre recibiría otra nota de atención, la chica trataba de poner todo de su parte para evitarlo, pero recibía al menos una nota de esas por semana.
Entonces allí lo vio; a través del cristal del pasillo, lo observó caminar hacia donde estaba ella. Era él, su joven salvador, su gallardo caballero pero… ¿acaso no era un vampiro? ¡Si los vampiros no pueden salir al sol! Sin embargo, allí estaba él. No podía equivocarse, ya que eran los mismos ojos de chocolate que tanto admiraba.
