Too Lost To Be Saved?

~~By Karumi

Capítulo III.- It's so strong...

—Entonces, Albus… ¿Cómo van los preparativos para el cumpleaños de tu papá?

Antes de que Rose pudiera dar una respuesta, Hermione se había levantado de la mesa para ver por qué la niña tardaba tanto y, afanosa, había logrado que Albus terminara sentado a la mesa con sus tíos y sus primos. El ojiverde trataba de disimular las miradas enfadadas que le dedicaba a la pelirroja, y lo lograba hablando de video juegos con Hugo y comiendo como sólo un Weasley podía hacerlo. Rose apenas tocaba su comida, pateando a Scorpius una, dos, tres veces en su mente.

Maldito bastardo incapaz de callarle una simple cosa a su mejor amigo.

—Muchas gracias, tía, estuvo exquisito.

—De nada, querido, cuando quieras.

—¿Rosie? ¿Terminaste?

Un murmullo bajo de la niña contestó mientras ella levantaba su plato; su expresión contrarrestaba con la alegría que demostraba su primo. En realidad era un excelente actor. Apenas estuvieron asegurados en el dormitorio de la niña volvió a su expresión huraña y la mirada desafiante.

—¿Y?

—Albus… es mi decisión.

It's so strong and I let myself be sincere…

—Tu decisión nada, Rose. ¿Qué pretendes?

¿Y qué demonios le decía? ¿Que lo quería? ¿Que estaba dispuesta a todo? Demonios, era demasiado de novela romántica, Albus se reiría de ella como mínimo. Además… aún ni siquiera hablaba con Scorpius. Quizá ese beso… esa declaración…

—Tu papá te va a matar.

Por supuesto que lo sabía. Se lo repitió cuando escuchó a su primo despedirse de su familia en el primer piso. Se lo repitió cuando quedó sola en su cuarto. Se lo repitió cuando su primo la saludó desde la fotografía de la pared, al lado de un rubio de ojos grises. Se lo repitió cuando ese rubio le mandó un beso a través del aire y Albus le pegó en la cabeza. Esa foto había sido tomada dos semanas antes de que terminara el curso, cuando molestaban con la nueva cámara que Albus había recibido por su cumpleaños; la misma Rose había insistido en sacar ella una foto de ambos para tenerla de recuerdo.

Rose… eres mi mejor amiga. Lo sabes, ¿Cierto?

Por supuesto que lo sé, Scorpius. ¿Era necesario traerme a un vagón solitario para decirme eso?

No, no… claro que no… lo que pasa es que…

Lo que pasa es que… recordó cuánto lo odió cuando dijo eso. Detestaba que la dejaran en ascuas, y Scorpius no hacía más que retorcerse los dedos como si se los quisiera arrancar y mirarla dudoso. Eran mejores amigos, ¿Era muy difícil contarle algo?

Claro que no. No era difícil contarle… sino lo que iba a desencadenar el que le contara.

Recordó el beso que había seguido a esa última frase. Había sido suave, gentil, casi hecho de aire. Fue tan efímero que ella misma dudó de si había pasado o no, pero la sonrisa traviesa de Scorpius fue suficiente. Su mejor amigo la había besado, y eso era… ¿Eran mariposas?

¿Y eso…?

Me gustas, Rose… me gustas…

Claro, dicho con su voz amable, con sus ojos intensos, con ese roce leve que le tocaba la mano… por supuesto que parecía real. Sin embargo al momento de salir de ese compartimento, cuando se enfrentó al mundo real… Dios, los temores fueron inminentes.

No seas muy amigable con él, Rosie. El Abuelo Weasley nunca te perdonaría que te casaras con un sangre pura.

En ese momento no le dio importancia. ¿Casarse? ¡Por Merlín! Tenía once años, entonces… la palabra "casarse" era bastante lejana en su lista de prioridades. Sin embargo ahora tenía quince, no era una niña, y aunque el casarse seguía siendo bastante lejano, ya no era tan incomprensible como a los once.

Sin embargo, ¿El Abuelo Weasley le perdonaría el besar a un Sangre Pura? ¿Y el querer ser su novia? Aunque, quizá, el abuelo Weasley no era precisamente el problema.

Ronald Weasley era un hombre maravilloso en varios sentidos. De hecho, Rose no se imaginaba una pareja mejor que él: era despistado a veces, pero era adorable con su mamá, absolutamente adorable incluso hasta cuando discutían. Scorpius era diferente en algunas cosas, y en otras ella lograba encontrar la semejanza con su modelo ideal de hombre desde que era una niña.

Por supuesto, su modelo ideal de hombre la iba a asesinar cuando supiera que pensaba en más allá de una amistad con un Malfoy. Ya le costaba asimilar que Scorpius fuera su amigo y que tuviera una foto de él en su cuarto, no importaba si la foto fuera con el mismo Papa —aunque en su caso fuere alguien peor, su extremadamente sobreprotector primo—. Ronald Weasley no iba a aceptar que su princesita se paseara siquiera de la mano con esa serpiente y, lo peor, jamás le iba a creer que era por voluntad propia. Conocía a su padre, y era lo suficientemente paranoico con su gente como para creer que a su pequeña Rosie le habían echado un Confundus o, simplemente, una poción de amor.

Maldición.

No era fácil, nunca lo había sido. Recordaba una vez, cuando ella tenía apenas nueve años y llegó a casa con una flor que un compañero de la primaria le había regalado. Pésima idea. Aparte de que su padre intentó averiguar hasta el grupo sanguíneo del chico, para el siguiente paseo de curso el pelirrojo fue exclusivamente para mirar feo al chico por tres horas seguidas. Por supuesto, eso ahora en Hogwarts era imposible, pero… James, Hugo y Albus hacían su trabajo perfectamente.

Y franqueada por los tres se descubrió al día siguiente, caminando junto a Lily por el Callejón Diagon. Albus era quien la miraba perspicazmente, conociendo lo suficiente a su prima como para saber que no iba a detenerla ni aunque quisiera, y pensando seriamente en ir a Malfoy Manor y asesinar a sangre fría a su mejor amigo por sólo haber osado a poner los ojos en su prima.

—¿Y? —Preguntó James con voz entusiasta— ¿Qué le vamos a comprar a mi papá?

—Podríamos regalarle un libro de Defensa.

—Para qué, Rose… ¿Para que lea de nuevo la historia de la derrota de Lord Voldemort? ¡Oh, momento! ¿Te recuerdo algo? ¡Él estuvo ahí, frente a frente cuando Voldemort murió!

Rose le pegó en el brazo mientras los demás se reían. Claro, hace dos años ella le había regalado a su tío Harry un libro donde, sin que ella se diera cuenta, se había colado un reportaje detallado a la última batalla. A pesar de que Harry se lo agradeció enormemente porque tenía, según él, "detalles que no había leído antes", James se encargó de recordárselo cada Navidad y 31 de julio. Y Rose sufría por sus orejas, que se ponían coloradas con la misma facilidad que la gran mayoría de los Weasley.

—Cállate, James. Vamos a conseguirle algo a tu papá, mejor.

Y la muchacha comenzó a caminar adelante del grupo ante las risas del resto. Claro, encontró la manera de escabullirse cuando James y Albus se entretuvieron en la tienda de Quidditch y Lily y Hugo se fueron corriendo al Boticario para conseguir algunos ingredientes para sus deberes de pociones. Aunque a Albus no le gustara, sería capaz de adivinar dónde andaba…

Entró al Caldero Chorreante de nuevo, sintiéndose como una criminal fugada. Se imaginó por un momento la cara de su papá si supiera lo que estaba haciendo, pero lo desechó al ver la conocida cabeza rubia mirándola desde la puerta.

—Scor…

La muchacha caminó rápidamente y le dio un abrazo. Scorpius la besó levemente en la mejilla y la invitó con un ademán galante al Londres muggle. Preguntándose asustada cuánto podría forzar su suerte, la pelirroja miró por un momento la puerta que daba al Callejón y a Scorpius…

—No puede ser más de media hora, Scor…

—De acuerdo…

Su voz… la había extrañado.

Salieron del Caldero Chorreante caminando lado a lado, llegando en cinco minutos a un pequeño parque con varios árboles. El día era soleado, muy soleado. La niña andaba con unos vaqueros azules y una polera morada con tirantes. Scorpius, vestido como muggle para la ocasión, andaba con unos vaqueros negros y una polera pulcramente blanca y, aparentemente, de una marca exclusiva. Sí, efectivamente era una polera Lacoste, se dijo la niña mirando atentamente la insignia bordada.

Sentados, lado a lado, se miraban sin saber bien cómo empezar. Lo último de ellos dos juntos había sido una declaración casi inconclusa y fingir que nada había pasado cuando volvieron, por separado, al compartimento donde Albus, Lily y Hugo los esperaban.

¿Ahora qué…?

It's so strong and I let myself be sincere…

—Scorpius… —Ella lo había citado, ella debía comenzar—. Scorpius, yo… tengo que decirte algo muy importante.

—¿Qué cosa, Rose? ¿Qué tienes…?

—Yo… —La muchacha le tomó la mano, el chico sonrió a su pesar y se la acarició—. Scorpius, yo también te quiero.

La muchacha se acercó sin ninguna prisa, con todo el tiempo que se le antojó, y unió sus labios tal como la primera vez lo hiciera él. Ella le soltó la mano para subirle las manos a los hombros, él sujetó su cintura casi rozándola. Ambos pendientes sólo del otro, olvidando por un momento el qué podía pasar, el qué iba a pasar ahora. Rose era una chica independiente y segura, Scorpius era decidido y astuto… si ambos querían estar juntos… ¿Qué importaba lo demás?

Porque ella no cambiaría nada de ese sentimiento que le producía el rubio idiota que tenía al frente de ella… era lo mejor que le había pasado.


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Gente!...

Ok, de acuerdo, lo lamento... no pude actualizar cuando debía porque... SALÍ DE VACACIONES! YAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAY! *Se ve a Karumi corriendo de un lado a otro en la habitación de su hermana* Eso me significó, por supuesto, mi último examen ¬¬ y el viaje de vuelta a mi hogar =D... es extraño, en mi casa no escribo tanto como cuando estoy en la ciudad que estudio... curioso, ne?

Bueeenooo... helo aquí. Ha aparecido Scorpius!... y Rose le dijo que también lo quería, ¿A que no son adorables? *O* siguiente capi, el cumpleaños de Harry James Potter xD... y las reacciones de los muchachos ante la desaparición de Rose :D ... cualquier duda, por favor, díganme... ah! por supuesto... la frase es de Innocence, Avril Lavigne... debo decir ke me costó HORRORES encontrar la frase para este capi.. ojala les guste =D

Ehm... eso... gracias a las ke comentaron el capi anterior, fueron devueltos sus msjs... y... me largo, tengo ke ir a preparar desayuno xD... nos vemos, cuídense! ^^