Estaba a punto de desmayarse cuando Inuyasha se apartó, con lágrimas en los ojos.

─Lo siento, Kagome. Perdóname, no podía detenerme. Perdón, perdón─ le rogaba.

Temblaba mientras la sostenía contra su pecho, y no dejaba de balbucear disculpas.

Ella le regaló una sonrisa.

─Tus ojos… son de ese dorado que tanto me gusta, volvieron a la normalidad.

Él la miró incrédulo, ¿acaso eso era todo lo que iba a decir? ¿Que sus ojos habían vuelto a la normalidad? ¡Por poco la había matado y eso era todo lo que decía!

─¡Estúpida! ─ le reprochó ─No debiste haberme tentado a hacer algo así. Tenía tanto miedo de no poder detenerme... estaba volviéndome loco, no me habría perdonado nunca si te pasaba algo por mi culpa.

La abrazó contra su pecho con fuerza, estaba poniéndose fría.

─No me importa, ahora estas mejor ¿cierto? Valió la pena.

Ella se acurrucó en su pecho, agradeciendo silenciosamente el calor que le brindaba. Tenía mucho sueño, los ojos le pesaban demasiado y antes de percatarse se quedó profundamente dormida.

Inuyasha la mantuvo así, cuidándola. El dolor se había aliviado sobremanera, ya no sentía esa presión por hacer cosas que no quería, de alguna manera la sangre de Kagome le había dado paz.

Kagome respiraba tranquilamente mientras dormía. Era el mismo sueño de noches anteriores, o muy parecido al menos.

*Unos ojos rojos como la sangre la miraban desde la más profunda de las oscuridades, helándole la sangre en las venas. Podía escuchar claramente el sonido de su corazón latiendo desenfrenado ante el terror que aquella situación le provocaba.

El susurro de una voz cerca de su oído la hiso reaccionar, y salió disparada a los brazos de la oscuridad reinante, pero por más que lo intentara esos ojos rojos estaban cada vez más y más cerca de ella. Sus pies perdieron contacto con el suelo y se sintió caer hacia un abismo.

Mientras caía, por primera vez vio el cielo, los oscuros nubarrones se despejaron, dejando pasar la luz de la luna que alumbró las profundas tinieblas en las que había estado sumergida. Y en el borde del peñasco vio al ser de ojos rojizos que la perseguía, era Inuyasha, que sin pensarlo se lanzó detrás de ella para alcanzarla y protegerla de lo que hubiera allí abajo.

Cayeron al agua, Inuyasha parecía inconsciente y la soltó cuando se hundieron, sin embargo ella lo agarró del brazo con fuerza a pesar de que el peso del hombre los hundiera a ambos en las profundidades del agua.

Se despertó sobresaltada, y notó que estaba envuelta en una manta suavecita y que la luz entraba a raudales por la ventana del cuarto.

─Hermana, ¿ya te sientes mejor? ─ le preguntó Souta entrando a la habitación.

─Sí, estoy bien. ¿Qué paso? ─ preguntó confundida.

No lo sé. Anoche te trajo un muchacho, dijo que estabas desmayada en un callejón.

La verdad era que no recordaba bien, alguien llamó a la puerta de entrada y el niño salió corriendo a abrir. Al rato volvió al cuarto de la muchacha acompañado de un alto y apuesto joven.

─Me alegra ver que estas mejor─ le dijo.

Ella miró a su hermano pequeño, esperando a que explicara quien era ese muchacho que estaba allí de pie en su habitación.

─No me recuerdas, ¿cierto? Que cruel eres Kagome, soy Inuyasha─ dijo presentándose a sí mismo.

─¿Inuyasha? ─ una ola de recuerdos la golpeó, aquel era el joven al que le había permitido beber de su sangre la noche anterior.

No entendía porque le había tenido tanto miedo, parecía alguien en realidad amable. Asintió y lo invitó a acercarse. Souta desapareció de escena, dejándolos solos. Inuyasha se inclinó sobre ella y le dio un beso, ella correspondió con ganas.

─Te amo─ le susurró cuando se separaron.

Él no dijo nada, y solo la abrazó. El calor que irradiaba le hizo cerrar los ojos un instante, disfrutando de su cercanía.*

Cuando abrió los ojos de nuevo ya había amanecido, Inuyasha la tenía aferrada de la cintura, acomodada entre sus piernas, aun en lo alto de ese enorme árbol. Estaba dormido, así que se acomodó en su pecho y disfruto de la maravillosa vista que tenía desde lo alto del bosque. Se sentía afortunada de estar ahí con él.

͠͠͠ * ͠͠͠

Sango se arrojó sobre ella cuando la vio.

─¿Estas bien? ─ le preguntó angustiada, con los ojos hinchados de tanto llorar.

─Sí, estoy más que bien. Lamento mucho haberte preocupado tanto─ le susurró abrazándola.

Claramente tanto Sango como Miroku se habían preocupado por ella, seguro que la había buscado como locos toda la noche. Se sintió culpable, si no fuera por su capricho de querer salir a buscar a Inuyasha al bosque en medio de la noche, seguramente ellos no estarían con los nervios destrozados y totalmente desvelados.

─No es tu culpa… ¡La culpa es de él! ─ gritó señalando acusadoramente a Inuyasha ─Si tú no te la hubieras llevado así sin más, sin decirnos nada, yo no habría estado tan preocupada. No sabía que serias capaz de hacer en tu estado y sentía que todo era culpa mía permitir que saliéramos al bosque en medio de la noche─ se desahogó.

De alguna manera, Sango a veces se comportaba como una madre de todos ellos. Seguramente el instinto materno lo tenía grabado en el ADN, pues siempre sabía qué decir y era la que más se preocupaba por el grupo, aunque nunca dijera nada.

─Lo sé, lo lamento mucho─ dijo Inuyasha bajando la cabeza.

─Ya está bien. ¡Estoy muerto! Ahora que nos relajamos, por fin podríamos dormir. Que dices Sango, ¿dormimos juntos? ─ dijo el monje abrazándola por los hombros.

─¡Pero que dices! ─ exclamó avergonzada, pegándole una cachetada que hizo eco en todo el bosque.

Inuyasha y Kagome se rieron de la escena, enseguida Sango se les unió, y Miroku adolorido por el golpe solo sonrió, alegre de que todos estuvieran bien y juntos de nuevo.

͠͠͠ * ͠͠͠

Kagome tomaba jugo de arándanos, para reponerse de la pérdida de sangre, su piel aún estaba pálida y tenía leves ojeras, pero insistía en que estaba bien. Estaba sentada junto a Inuyasha en el césped, cuando apareció el viejo Totosai a lo lejos.

─¡Oh! Veo que sobrevivieron la noche─ les dijo en cuando estuvo cerca de la pareja.

─¿Qué quieres decir? ─ preguntó ella.

─Ayer Inuyasha fue a verme por su… pequeño problema. Me dijo que por alguna razón se sentía especialmente tentado por el aroma de tu sangre, no la de otra persona, sino por la tuya; así que estaba preocupado por hacerte daño y quería que le diera algo que le permitiera resistir ese deseo.

Kagome recordó que el día anterior Inuyasha había estado afuera todo el día, ¿así que eso era lo que le había ido a consultar al viejo Totosai?

─¡Oye! No digas cosas innecesarias─ exclamó Inuyasha avergonzado ─De todas maneras me dijiste que no tenías nada, ¿qué haces aquí?

─Pues, solo quería ver cómo iba todo. Estuve averiguando y descubrí la forma de sacar ese veneno de tu cuerpo para que no te afecte en las noches de luna sangrienta.

¿Ahora de que servía? Había tenido que resistir, y pasar la noche así, se levantó ofuscado a golpear al anciano. Cuando estuvo a punto de agarrarlo, este lo esquivó y algo saltó a su rostro.

─Amo bonito─ exclamó con emoción.

─¿Myoga? ¿Qué haces aquí? Hace tiempo que no te veíamos.

─Estaba de viaje por el norte, Totosai me buscó y vine lo más rápido que pude. Yo puedo ayudarles, solo déjeme succionar el veneno de su sangre─ dijo alegre como siempre, apresurándose a probar la sangre de su amo.

Inuyasha lo aplastó.

─No es necesario, ahora ya no serviría de nada, la noche de luna sangrienta ya pasó, y el veneno se eliminará en un par de días más, así que no hace falta.

─¿O sea que hice todo este viaje para nada? ─ chilló a punto de llorar ─Es un amo ingrato, ingrato.

─De hecho, anciano Myoga yo necesitaría que me haga un favor─ le dijo Kagome acercándose sonriente.

El anciano escucho atento y alegre de ser útil, y se puso manos a la obra rápidamente.

Esa noche Kagome tenía una botella llena de una bebida oscura –la especialidad de Myoga─ que la ayudaría a reponer su sangre más rápidamente.

Después de insistir mucho, Inuyasha finalmente accedió a que la pulga eliminara el veneno de su sangre. El anciano Myoga estaba regordete y satisfecho de beber sangre.

Unos gritos a lo lejos los alertaron en medio de la noche. A lo lejos se distinguían unos seres alados que se dirigían directo a la aldea.

Kagome tragó saliva, y miró a Inuyasha que desenfundó su espada listo para pelear, él se giró hacia ella al sentir el peso de su mirada.

─No te preocupes, esos no son hombres-murciélago─ la tranquilizó ─De todas formas, ¿qué probabilidades hay de que pasará lo mismo dos veces seguidas?

͠͠͠ * ͠͠͠

Todos resultaron ilesos de la pelea, esos seres eran muy débiles y terminaron rápidamente con ellos.

Kagome sintió deseos de ir a ver a su familia después de que toda la locura de los últimos días se hubo tranquilizado. Junto con Inuyasha y su madre estaban tomando té caliente en la cocina cuando entró un pequeño niño gritando emocionado.

─¡Hermana! ¡Orejas de perro! ─ chilló emocionado Souta ─¡Adivinen que! Esta noche sucederá un fenómeno que no se ve hace cerca de 300 años, le dicen "Luna de Sangre", apuesto a que no han visto uno nunca.

Ambos jóvenes se miraron con cierto temor en los ojos, al parecer las probabilidades de que se toparan de vuelta con ese fenómeno había pasado de 0% a 100% en unos cuantos segundos.

─No importa, esta vez no hay nada de qué preocuparse ¿cierto? ─ dijo la muchacha, sonriendo con valentía.

Inuyasha tenía a Tessaiga que mantenía sellada su sangre demoníaca a la perfección, no había peligro, ¿cierto?

Él se contagió de su optimismo y asintió seguro de que no habría problemas esta vez.

Esa noche toda la familia se subió al techo a observar la luna, mientras Souta parloteaba sobre lo que producía ese extraño fenómeno, algo sobre la refracción de la luz del sol sobre la atmósfera que rebotaban en la luna, o algo por el estilo. Kagome no prestaba demasiada atención y se dedicaba más bien a disfrutar el espectáculo.

─No me había percatado de lo bello que es─ le susurró al joven que tenía al lado, mientras afirmaba su cabeza en el hombro de éste.

─Si, cierto─ coincidió él, algo nervioso.

─Oye Inuyasha…

─¿Qué? ─ dijo bajando la mirada hacia ella.

─¿No te apetece? ─ dijo estirando el escote de su blusa para dejar su blanco cuello al descubierto.

─¿Estás loca? Deja de bromear con eso… no fue divertido─ siseó avergonzado desviando la mirada.

─Lo sé, en ese momento no fue divertido, pero ahora si lo es. Me gusta ponerte nervioso─ respondió entre risas.

─¿Ah sí? ─ dijo acercándose mucho a su rostro, fue esta vez ella la que se puso nerviosa y se sonrojó.

¡Estaba delante de toda su familia! Si eso no era vergonzoso entonces no sabía que sí lo era. ¿Es que acaso ese chico no tenía miedo ni vergüenza de lo que pudieran pensar de ellos?

Esta vez fue el turno de Inuyasha de reírse. La madre de Kagome los miraba con cariño.

─¿Cuánto crees que falte para la boda? ─ le susurró su padre con complicidad.

─¡Ay, papá! ─exclamó sorprendida ─Primero tiene que graduarse, luego hablaremos de la boda.

Ambos rieron por ese comentario.

─¿De qué hablan tan en secreto? ─ preguntó el niño.

─De nada en realidad… este es un espectáculo impresionante, ¿no crees?

─Yo también quiero que el orejas de perro sea mi cuñado─ susurró en complicidad con los mayores, que rieron ante la perspicacia del niño.

Todos fingían mirar el cielo, mientras espiaban descaradamente a la pareja que peleaba, y no se daba por enterada de lo que pasaba. Parecían felices y relajados juntos, solo el destino diría lo que les deparaba el futuro…

Fin

Espero que hayan disfrutado la lectura! Creo que el misterio y el drama no son lo mio, mejor me sigo dedicando al romance... después de todo ¡amo los finales felices! xD jajajaja

Espero con ansias sus lindos reviews, para comentar, criticar (siempre que sea de forma constructiva) o simplemente para saludar... :3 jajaja

Me encanta que se pongan como favoritas mis historias, o a mí como autora, pero me harían aun mas feliz si me dijeran que opinan de mi trabajo... no les toma mas que solo un par de minutos mas, asi que... que lluevan esos reviews, lo digo en serio :c jajajajaja

Saludos a todos! Les mando besitos a la distancia a todo aquel que se tomo el tiempo de leer mi historia.. :)