A la mañana siguiente todo parecía haberse calmado un poco, aunque la mayoría de los niños presentaba los ojos hinchados de haber llorado. Daigo los mandó a lavarse la cara y a vestirse, ya se les estaba haciendo tarde. Cuando Jou salió de la habitación ya vestido fue a buscar a Maki, que estaba ayudando a Misako a servir el desayuno.

— — Maki-san, Koushiro-san no se levanta.

— — Yo me ocupo, tú desayuna.

No era la primera vez que Koushiro no se levantaba de la cama, la primera vez intentó convencerlo de que fuera a la escuela y cuando vio que no servía de nada llamó a Shinomoto, la psicóloga que lo atendía una vez cada dos semanas, le recomendó que lo dejara estar en la cama si eso era lo que quería. A la mañana siguiente se levantó como si nada y fue a la escuela.

Efectivamente Koushiro seguía en la cama pero estaba despierto.

— — ¿Te encuentras mal, Koushiro-kun? – No recibió respuesta. – Sabes que no pasa nada si no quieres ir a la escuela. Llamaré y diré que estás enfermo.

El niño no emitió ningún sonido, Maki apagó la luz y cerró la puerta. Koushiro se levantaría cuando quisiera levantarse.

Los niños terminaron el desayuno: extra grande para Taichi, con extra de champiñones para Jou, con un bombón de regalo para Mimi, salado para Sora y con pescado a la parrilla para Yamato. Hikari y Takeru recibieron uno especial con caras sonrientes dibujadas en la comida.

Hikari se quedó un poco rezagada cuando los demás salieron a por sus mochilas y se acercó a Misako.

— — Obaa-san – pareció que dudada de si continuar o no. Era una niña tímida que jamás pedía nada.

— — Dime, Hikari-chan. ¿Te has quedado con hambre?

— — ¡No! No es eso.

— — ¿Entonces?

— — Verás… ¿Recuerdas la casa en ruinas al final del camino?

— — Sí, ya sabes que no podéis jugar allí. Es peligroso.

— — Lo sé. Pero verás – parecía buscar el valor para hablar – Allí vive una gatita, y esa gatita acaba de tener gatitos… - no acabó la frase, aún le costaba mucho pedir cosas.

— — Y quieres llevarle algo de comer a los gatitos, ¿No? – la niña asintió avergonzada. – Ve a por la mochila, te prepararé algo.

El grupo de seis niños estaba ya preparado en la puerta para despedirse. Jou ya había obtenido el permiso para ir en bicicleta y Maki le había permitido usar la vieja bicicleta de Daigo porque a veces se quedaba hasta tarde en el colegio. Yamato, Sora y Taichi podrían obtener el permiso aquel año y los adultos ya estaban buscando formas de ahorrar en el presupuesto para conseguir más vehículos.

— — Maki-san, ¿Dónde está Koushiro-kun? – preguntó Mimi por su compañero de curso.

— — Hoy no irá a la escuela, cariño. No se encuentra bien.

— — Oh, entonces le traeré los deberes a la vuelta.

— — Muchas gracias, seguro que le gustará el detalle. – Mimi pareció contenta.

Así los seis niños partieron hacia el primer día de clase llenos de ilusión.

Maki se fue al despacho después de echarle un vistazo a Koushiro, que seguía en la cama. Ya había hablado con el centro y dicho que el pequeño estaba resfriado, lo habían entendido perfectamente. Un par de horas después bajó a estirar las piernas y Koushiro estaba en la salita sentado en una de las mesas, inmóvil.

— — ¿Quieres desayunar? – el niño asintió con la cabeza, estaba un poco pálido.

Misako había dejado un plato con onigiris por si el niño despertaba, Maki se las sirvió con un poco de té. El niño comió despacio pero pareció recuperarse un poco después de comer algo.

— — ¿Quieres volver a la cama? – preguntó Maki. El niño negó - ¿Quieres jugar a algo? – volvió a negar. – Tengo cosas que hacer en el despacho, ¿Me ayudas? Esta vez asintió.

Maki lo condujo al piso de arriba, los niños apenas iban a aquel lugar por lo que Koushiro lo miraba todo con curiosidad.

— — Bien, tengo que pasar estas cifras – las señaló en el papel – en el ordenador, ¿Crees que podrás hacerlo? – Era una tarea sencilla y si se equivocaba podría remediarlo fácilmente.

Le enseñó lo básico sobre manejo de ordenadores, el niño ya había dado algunas sesiones en el colegio así que no fue difícil que comenzara a escribir cifras. Mientras Koushiro se centraba en su tarea Maki revisaba documentos que debía entregar a final de mes a la administración, se sorprendió cuando una hora después Koushiro le anunciaba que ya había terminado, y no sólo había transcrito las cifras sino que había añadido las de la otra columna y hecho la relación entre ellas que ella tenía pensado hacer. Sabía que Koushiro era muy inteligente y que se le daban bien lo números, pero se sorprendía hasta qué punto.

— — ¿Más? – No entendió del todo a lo que se refería el niño.

— — No, ya no hay que hacer nada más. Pero si quieres puedes jugar con el ordenador. – el niño pareció conforme y comenzó a trastear con distintos programas. Maki estuvo a punto de reprenderle porque si el ordenador se estropeaba estarían en problemas pero el niño parecía tan concentrado que no quiso decirle nada, era la primera vez que veía que Koushiro prestaba tanta atención a algo.

Se acercaba la hora en que los niños volvían de la escuela, Hikari y Takeru regresarían un poco antes por ser de primero, el resto llegaría media hora después. Escuchó la puerta abrirse y bajó a recibir a los pequeños, no se esperaba encontrar a Hikari llorando con un bulto en las manos y la camiseta llena de sangre. Casi entra en pánico, ¿Qué había pasado?

— — ¿Hikari-chan? ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? – la niña no dejaba de hipar y llorar. Como no obtenía respuesta se giró hacia Takeru, que parecía más entero.

— — ¿Qué ha pasado, Takeru-kun? – Le niño miró a Hikari como pidiendo permiso para hablar. – No estoy enfadada, Takeru, sólo quiero saber qué ha pasado.

— — Hemos ido a dar de comer a los gatitos - ¿Qué gatitos? – pero su mamá estaba muerta y había mucha sangre. – Maki se tranquilizó, parecía que aquella sangre no era de la niña.

— — Hikari, ¿Qué llevas ahí, cariño? – La niña parecía algo más calmada al ver que no estaba enfadada.

Aún le costaba hablar así que le alcanzó el bulto arropado en su sudadera manchada, era un gatito muy pequeño.

— — Ve a cambiarte, yo me ocuparé del gatito, ¿Vale? Acompáñala, Takeru.

Maki miraba al gatito que buscaba con la nariz un poco de alimento. Koushiro observaba con curiosidad al animal y se preguntaba si sobreviviría, él lo hizo cuando sus padres murieron.

Un par de minutos después ambos niños ingresaron en la cocina, cambiados y limpios.

— — Su mamá no se movía y no sabía qué hacer, Takeru-san me dijo que lo envolviera en mi chaqueta y lo trajera. El gatito ahora no tiene padres, como Koushiro-san.

— — Es un gatito, ¿Lo ves? – Le dijo Takeru que había cogido al felino en su regazo.

— — Podemos lavarlo y darle algo de comer, luego haré un par de llamadas. – Maki lo sentía mucho, pero ocho niños ya era suficiente como para tener una mascota también.

Prepararon agua templada en un barreño y metieron poco a poco al animal, que parecía apreciar el calor del líquido. Entre todos limpiaron al felino y quitaron los restos de sangre del pelaje, blanco con manchas anaranjadas. Seguramente un gato había entrado en la casa abandonada y la gata había salido a defender a sus vástagos, pero el otro gato debía ser más grande porque acabó matando a la madre y a los bebés.

Acababan de terminar de acomodar al pequeño gato cuando la puerta se abrió y un coro de voces anunció su llegada. Taichi fue el primero en llegar, siempre echaba un vistazo en la cocina por si había algo rico para comer. Se sorprendió al ver a su hermana con los ojos irritados junto a Takeru y Koushiro, se asustó un poco.

— — ¿Qué le habéis hecho a mi hermana? – Jamás permitiría que Hikari sufriera.

— — No le han hecho nada, Taichi. – Dijo algo enfadad Maki, no le gustaban los conflictos entre los niños.

— — ¿Entonces qué ha pasado?

— — He encontrado un gatito, Onii-chan. – Le enseñó el pequeño animal a su hermano con cierto orgullo.

— — Ah, así que era eso. – No le entusiasmaban demasiado los animales.

— ¡— Mira, Onii-san! Lo hemos encontrado volviendo de la escuela. – Takeru arrastró a su hermano a ver al gato.

— — ¿No habrás entrado en aquella casa abandonada, verdad? Te he dicho mil veces que no te acercaras. Podrías haberte hecho daño.

— — Lo siento. – Aunque no lo sentía en absoluto.

Uno a uno los niños se acercaron a la cama improvisada donde yacía el gatito acurrucado junto a un peluche que Hikari le había dado.

Por suerte conocía al veterinario de la zona, tenía una granja cerca de allí y su mujer regentaba una tienda de verduras donde compraba a menudo. El hombre estaba fuera de la ciudad visitando a unos parientes pero le dijo que el gato tendría alrededor de 20 días y que tenía muchas posibilidades de sobrevivir, sólo debían darle un poco de leche templada rebajada con agua cada pocas horas y mantenerlo caliente. Mañana se pasaría para echarle un vistazo y hablarían de su futuro.

Jou su puso al frente del grupo de apoyo felino. El mayor ayudaba de vez en cuando en la enfermería del colegio, donde había aprendido a vendar heridas y socorrer a otros. Muchas veces el enfermero del centro también trataba animales heridos encontrados dentro del recinto y aquello le daba a Jou la autoridad suficiente para hacerse cargo de la tarea.

Como no tenían biberones mojaban una tela fina y suave en la leche y se la acercaban a la boca, costó algunos intentos pero al final el gato se bebió medio cuenco para luego dormirse casi al instante. La mayoría estaban obnubilados con el animal, Yamato no parecía interesado, Taichi solo estaba allí porque estaba Hikari y Sora parecía algo desilusionada por lo aburrido que era el animal.

En cuanto Daigo llegó de los recados y escuchó la historia se sumó al círculo de aficionados al minino. Cuando llegó la noche la actitud de Maki para con el gato cambió un poco, los niños prometieron que ellos se encargarían de alimentar al animal para que los adultos no se vieran afectados, era su responsabilidad por haberlo encontrado y traído. Lo que no se esperaba era que los niños fueran reuniendo los futones en la habitación de Mimi y Sora, la más grande. Primero Hikari, que no quería apartarse del animal; Taichi se situó al lado de su hermana, siempre habían dormido juntos; Takeru se situó al otro lado de la niña, él también había participado en el rescate del gatito; Jou era el "enfermero jefe" así que tomó su lugar; Koushiro entró poco después, se había acostumbrado a la respiración de Jou por las noches y le daba miedo dormir solo porque tenía pesadillas; lo que más sorprendió a Maki y Daigo fue que Yamato también se uniera. Al principio parecía reticente, intentó retener a Takeru a su lado pero el niño estaba enamorado del gatito y no pensaba separarse de él cuando los demás lo velaban. Al final pareció debatirse internamente pero cogió el futón y lo puso en el hueco que le dejaron entre Takeru y Koushiro.

— — ¿Qué nombre deberíamos ponerle? – Preguntó Mimi. Aquello le recordaba a las fiestas de pijamas que hacía en los internados y le encantaba.

— — No deberíamos ponerle nombre. No nos dejarán quedarnos con él. – Dijo Yamato cortante.

— — No digas eso, Onii-san. Es muy pequeño, no lo dejarán abandonado.

— — Qué más da. Es un gato, hay cientos de ellos en la calle. – Dijo sin mucha convicción.

— — ¿¡Pero a ti qué te pasa!? – Estalló Taichi, que había tenido que tranquilizar a Hikari. - ¿¡Sólo sabes ser desagradable!? – Taichi se incorporó y Sora lo siguió, dispuesta a seguirle o a pararle.

— — No he dicho nada que no fuera verdad. – Yamato seguía en sus trece, aunque no entendía bien por qué.

— — ¡Lo sé! Sé que puede que no podamos quedarnos al gato, pero es divertido. Ha sido divertido darle de comer todos juntos. – Ya no estaba enfadado.

— — Nunca me había divertido tanto en una casa, ¡Y eso que he estado en muchas! – dijo con alegría Jou.

— — Yo también me lo paso bien aquí. Los internados no estaban mal, pero esto me gusta más – dijo algo avergonzada Mimi.

— — Esto es mil veces mejor que estar en casa. – Respondió con cierto resentimiento Sora.

Koushiro asintió, nadie pareció percibirlo hasta que las lágrimas comenzaron a asomar de sus ojos. Escuchar llorar a alguien tan silencioso como Koushiro les hizo sentir a todos algo incómodo dentro.

El resto de niños quedaron anonadados, el niño no había mostrado apenas sentimientos desde que llegó, se limitaba a ser un mueble más en aquella casa y ahora estallaba en llanto. Daigo, que había estado escuchando casi todo desde la salita hizo el amago de levantarse para ir hacia los niños, pero Maki le agarró del brazo y lo volvió a sentar. Los chicos estaban creando un vínculo y que entrara ahora un adulto lo estropearía todo.

Jou fue el primero en reaccionar y se acercó a su compañero de cuarto y comenzó a frotarle la espalda, Yamato quedaba a su otro lado pero no tenía la más mínima idea de qué hacer y se acercó más a Takeru que comenzaba a inquietarse. Mimi fue la segunda en llegar, Koushiro era su compañero de curso y siempre se encargaba de él en la escuela, se limitó a acariciarle la cabeza mientras le decía frases que creía que podrían tranquilizarlo. Poco a poco todos los niños se reunieron en torno al niño que lloraba con desesperación, unos minutos después pareció relajarse y con el arrullo de caricias y palabras amables se quedó dormido.

Todos estaban conmocionados y abatidos, preguntándose qué pasaría por la cabeza de su amigo y recordando sus propios demonios. Fue uno de los más pequeños quien aligeró el ambiente.

— — Parece un huevo. – dijo Takeru.

— — ¿Cómo? – Preguntó Sora.

— — El gatito parece un huevo cuando se enrosca. – señaló al felino.

— — Pues es verdad. – concordó Taichi.

— — Pues ya está, se llamará Huevo. - anunció Mimi.

Todos recobraron de inmediato la alegría, parecía que nombrar a un gato era lo mejor que les había pasado en sus vidas y durmieron con una sonrisa en los labios. Así fue como Takeru nombró al gatito Huevo y como Koushiro comenzó a interactuar con los demás.