DISCLAIMER: Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto, aunque espero que me preste un poquito a Gaara sama.

Hinata despertó con los rayos de luz que se filtraban por la ventana. Se sonrojó notoriamente al ver que estaba completamente desnuda y tapada con las sábanas. Del pelirrojo no había ni rastro, aunque si pudo comprobar al levantarse de la cama y pisar en el suelo como había dejado su rastro de arena esparcido.

Se vistió y aseó rápidamente y acto seguido, bajó a prepararse algo para desayunar.

En la cocina estaban los dos hermanos. Temari parecía discutir a regañadientes con el marionetista, que al parecer había derramado algo por el suelo.

-¡Bu…buenos días!!

Los dos hermanos se giraron levemente para observar a la Hyuuga que permanecía de pie en la cocina con sus mejillas levemente sonrojadas.

El castaño la inspeccionó de arriba abajo como solía hacerlo, y desbocando en su rostro una sonrisa idiota.

-Hola Hinata, ¿Ya te encuentras mejor?

-Si, Gracias Temari chan.

La peliazulada observó la estancia alrededor, pero no encontró signo de que Gaara estuviese allí.

-Gaara se marcho temprano. Dijo que tenía unos asuntos que atender. Nos dijo que no te despertásemos y que te dejáramos descansar.-Agregó el marionetista.-Bueno, yo ya me marcho. –Dijo mientras se bebía un sorbo de lo que parecía café, mientras se escaqueaba rápidamente de una regañina femenina de su hermana mayor.

-Baka!!Replicó Temari por lo bajo.

-¡Yo te ayudaré Temari chan!!

-No sabes cuanto te lo agradezco, Hinata. La verdad es que tenerte aquí es estupendo. Hay veces que yo sóla no puedo con ellos. Kankuro me crispa los nervios.

Se dirigió hacia su puesto como habitualmente. Llamó a la puerta como solía hacerlo, y tras escuchar un –adelante- Hinata entró en el despacho del kazekage.

Kankuro permanecía a la espera de que Gaara firmase unos documentos de unas misiones para los chuunin de la arena, y tras proferir una sonrisa a la peliazulada provocando un leve sonrojo, recogió los papeles y salió del despacho dejándolos sólos.

Hinata suspiró. Hubiese preferido que Kankuro estuviese más rato, así no tendría que quedarse a solas con el pelirrojo, después de lo que había ocurrido esa misma noche….

Aunque él parecía comportarse como si nada hubiera pasado. Siguió pasando las hojas de un libro concentrado en su trabajo.

-Hyuuga.

La aludida levantó sus ojos del suelo.

-Coge los papeles que he dejado en ese montón y llévaselos a los del consejo. Ya los he firmado.

-En-enseguida.

Hinata no entendía como Gaara podía comportarse de esa manera. Ella le daba siempre muchas vueltas a todo, y aunque prefería que Gaara estuviese callado realizando sus tareas diarias, en su interior deseaba que él la tocase. Que la mirase como solía hacerlo. Que derritiera su mirada y erizara su piel como sólo él solía hacerlo. Y de repente, se sorprendió de la idea que surgía por su mente. La Hinata de siempre jamás lo habría hecho, pero a Hinata le encantaban las dulces torturas del pelirrojo.

Tomó los papeles en sus manos, y cuando estaba a punto de salir por la puerta, arrojó los papeles al suelo intencionadamente.

Gaara, que hasta ahora permanecía con la vista fija en el papeleo, levantó la vista para ver como Hinata se disculpaba. Si no fuera de Hinata de quien estuviésemos hablando, le pareció que había tirado los papeles al suelo intencionadamente. Pero no podía ser. Hinata no era así. Era él el enfermo, el que se alteraba cada vez que la veía caminar con esos cortos vestidos por su despacho, el que se torturaba cada vez que llegaba a su olfato la fragancia de la Hyuuga.

Hinata se agachó para recoger los papeles, que yacían desperdigados por el suelo, sin darse cuenta siquiera que el pelirrojo la observaba fijamente con la mirada.

Cuando los hubo recogido, se levantó del suelo y estiró su mano para girar el pomo de la puerta, pero algo se lo estaba impidiendo, o más bien alguien, cuando observó que salía arena de la cerradura.

Se le erizó la piel cuando notó el aliento del pelirrojo en su nuca, y se tensó de sobremanera cuando él se apegó hacia ella mientras daba una palmada en su trasero.

-¿Te parece bonito lo que has hecho Hyuuga?-Preguntó él en su oído.-Creo que voy a tener que enseñarte modales.

Otra vez ese temblor recorrió su espalda de nuevo y se sintió desfallecer.

-Gaara kun no…puede venir alguien.

Gaara sonrió de forma sádica y la volteó de forma violenta, agarrándola por las muñecas, provocando que los papeles cayesen al suelo de nuevo, para, acto seguido invadir su boca con la suya propia.

Hinata cerró los ojos y se dejó llevar. Le encantaban las sensaciones que él le hacía sentir en cada parte de su piel, le encantaba la tortura. Se había convertido en una sádica igual que él.

Gaara la arrojó contra la mesa y comenzó a deslizar sus labios por su cuello hasta llegar al inicio de su pecho. Como una fiera hambrienta la despojó de su vestido, y acto seguido quitó su brasier para atormentar sus erizados pechos.

Lamió y succionó cada parte de ellos deleitándose mientras su otra mano se movía descontroladamente hacia dentro de sus braguitas.

Cualquiera que pudiese entrar en el despacho, y los viese de esa forma….Hinata tirada sobre la mesa, arqueando su espalda por el placer que le provocaba el pelirrojo al deslizar sus dedos dentro de ella como en una danza.

Hinata soltó un sonoro gemido, momento que el pelirrojo aprovechó para inundar su boca con su lengua, y para comenzar a desabrocharse el pantalón, dejando ver su profunda excitación.

Apegándose al cuerpo de la Hyuuga, quitó rápidamente su ropa interior mientras acariciaba sus muslos con fuerza. Minutos después Hinata gimió al sentir como era embestida con brutalidad. La mesa del despacho se movía violentamente mientras el pelirrojo emitía profundos gruñidos.

De repente alguien llamó a la puerta.

Hinata se sobresaltó e intentó levantarse de la mesa, pero el pelirrojo tapó su boca con su mano y siguió embistiéndola aunque menos violentamente.

-Gaara sama Soy Matsuri, vengo para ver si puede supervisar mi entrenamiento. ¿Puedo pasar?

-Estoy…ocupado. –Dijo entre jadeos.-Dile a Kankuro… que te supervise él.

Matsuri pegó su oído a la puerta. -¿Se encuentra bien Gaara sensei?

Parecía como si estuviese entrenando en el despacho, con los contínuos jadeos y el movimiento de la mesa.

-¡Si!¡Márchate ya!!¡tengo cosas urgentes que hacer!!

Matsuri se asustó por su tono de voz y salió corriendo.

El pelirrojo desvió su mirada de la puerta para mirar como la Hyuuga se retorcia de placer bajo su cuerpo y quitó su mano de su boca.

Tomó sus piernas y las colocó sobre sus piernas, para penetrarla con más profundidad, provocando que ambos llegasen al clímax.

Cuando hubieron terminado, el pelirrojo subió sus pantalones y se abrochó mientras la Hyuuga se colocaba el vestido e intentaba peinarse el desperfecto que había sufrido su pelo por las contínuas embestidas.

Hinata volvió a agacharse para recoger los papeles, pero la arena del pelirrojo los hizo una pila levantándolos y colocándolos en sus manos.

-Gracias, Gaara sama.

Acto seguido abrió la puerta del despacho y salió. Luego se apoyó sobre la misma.

Se torturó mentalmente. ¿Por qué había hecho eso? ¿Por qué sentía semejante adicción a que el pelirrojo la tocara? ¿Por qué latía su corazón tan fuertemente cuando solamente la penetraba con esos ojos aguamarina?

Estaba claro. Era la misma sensación que había sentido con Naruto, aunque más intensa. Se había enamorado del kazekage de la arena.

Y bueno, hasta aquí hemos llegado hoy. En el próximo veremos como piensa Gaara acerca de toda esta situación. Jejejeje. De aquí a más adelante prometo que será más interesante. Uy!!Si me ha salido una rima rapera como a killer bee.

AGRADECIMIENTOS:

Gaahina eterniti

Tabuki semapi

Chetza

TemariLand

EstrellaSakuraBlue

Uzumaki Zoe

Layill

Vuestros reviews me animan mucho a seguir escribiendo!!!Matta ne!!!