Tal y como dije en Amor Yaoi: ¡Siento el retraso! Como compensación, he hecho el capítulo un pelín más largo.

Todo parecía muy sencillo en el primer cap, luego en el segundo no tanto. Pues en éste, la cosa se lía más aún.

Ay madre Naruto... no sabes dónde te estás metiendo.

P.D: ¡¡El verdadero Sasunaru está al caer!! Avisados quedáis.


-

-

Capítulo 2º: Invitación

-

-

Nubes esponjosas y deformes pasaban tranquilamente por el cielo azul acuarela del amanecer. Su pelo dorado se mecía con el gentil viento y sus pies descalzos se balanceaban suspendidos en el escarpado barranco mientras tarareaba una extraña canción:

Have you heard the news?
They say the bridge is coming down.

London Bridge is falling down,
falling down, falling down;
London Bridge is falling down,
My fair lady.

Build it up with stone so strong,
Stone so strong, stone so strong,
Build it up with stone so strong,
My fair lady.

...

Calló al ver sobrevolar una mariposa negra por encima de su cabeza. Una voz familiar se oyó desde la lejanía, llamándole. Naruto se encaró despacio a la figura borrosa que se acercaba desde lejos. Tenía los ojos metálicos, tanto, que casi podía palpar el sabor a óxido en su boca.

De pronto, una desagradable vocecita en su oído comenzó a cantar lo que él había interrumpido:

London Bridge is falling down,
falling down, falling down;
London Bridge is falling down,

...My fair lady.

...

Naruto abrió los ojos sobresaltado. Su pecho subía y bajaba a una velocidad descontrolada y un sudor frío y pegajoso se adhería a su nuca.

Se llevó una mano a la cabeza.

Por un instante, se había creído que aún estaba en Okinawa. Respirando el aire puro y limpio de la costa, suspendiendo sus piernas en el vacío. Cantando aquella vieja canción… Sin embargo, después había llegado aquella persona desconocida de ojos de hierro fundido y había empezado a sonar una desconcertante voz en su oído.

Luego, simplemente despertó en el estado de un niño al que le da miedo la oscuridad.

—Maldita pesadilla —masculló de mal humor.

Naruto se levantó poco a poco de la cama para no marearse y echó un vistazo a su nueva y temporal habitación. Tenía que reconocer que estaba muy bien decorada y adaptada a sus necesidades. Aunque no lo haría delante del idiota del casero, por su puesto. Él tenía por entonces más orgullo que principios, y darle puntos a ese Sasuke no era unos de sus objetivos principales. De hecho, era más bien al revés. Porque le caía mal. Muy mal.

Colocándose las zapatillas de estar por casa, el joven de pelo rubio salió del cuarto absorto en sus pensamientos. No sería una especulación afirmar que se movía más por hambre que por deseo propio y que entre esos pensamientos que sólo él conocía había un tazón alado de ramen subido sobre un pedestal que le guiaba por la casa en tinieblas.

Recorrió el largo pasillo de la segunda planta en dirección contraria a la vez que iba inspeccionando con la destreza de un espía veterano todas las demás habitaciones. Dos de ellas permanecían fuertemente trancadas: la de Sakura casi al inicio de las escaleras, y otra justo al fondo del pasillo.

Las ganas de comer algo comenzaron a tirar con más fervor del cuerpo de Naruto para que bajara hasta la cocina. Pero éste se hallaba clavado frente a la segunda puerta cerrada.

¿Qué guardaría Sasu-teme tras esa puerta? ¿Y si había un diario con todas las cosas vergonzosas que le habían pasado durante su traumática juventud? ¿Y si allí dentro depositaba todos los cadáveres de las personas a las que se cargaba? ¿Qué pasaría si la abría? ¿Se daría cuenta? ¿Y si no? ¿Estaría bien hacerlo?

Naruto alargó una mano hasta el pomo de la puerta… y trató de desatrancarlo.

Nada.

Aún picado por la curiosidad, probó a mirar por el ojo de la cerradura.

Y lo que vio dentro le cortó el aliento de un tijeretazo.

—No. No es bipolar —Naruto apartó desconcertado la vista de la montaña de juguetes destrozados y amorfos que se semi-apreciaba al otro lado de la puerta—. Pero tiene problemas de identidad. O algo peor.

Cuidadoso de no hacer ruido, se fue alejando del fondo del pasillo y bajó por las escaleras enmoquetadas. La oscuridad seguía siendo latente pese a que eran casi las ocho de la mañana y por primera vez desde que había llegado a Tokio, se preguntó abiertamente qué demonios estaba haciendo allí.

Un estrafalario reloj de cuco tañó las en punto en respuesta a su pregunta, liberando un alegre petirrojo de su interior.

—¿Tienes hambre?

—¿Eh? —Naruto se giró de golpe y observó con los ojos como platos cómo Sasuke le sonreía.

—Digo que si tienes hambre —repitió éste sin dejar de mostrarse complacido por haberle asustado.

—Un poco. ¿Por?

—Es que tu estómago cruje tanto que parece que se va a caer a cachos. ¿Has pensado en ponerle un silenciador?

Naruto le sacó la lengua por toda réplica. Sasuke le ignoró nuevamente.

—Te vas a tragar tus insultos baratos cuando veas lo bien que cocino —comentó el chico rubio mientras pasaba a su lado. Sasuke alzó una ceja, escéptico.

—Si no me quemas la casa, me doy con un canto en los dientes —dijo siguiéndolo hasta la cocina.

—¿Te gustan los fideos? A mí sí. Así que comeremos fideos.

Tanteando la pared, el joven de ojos azules encontró el interruptor de la luz y la encendió. A su lado, el rostro de su anfitrión se contrajo en una mueca de molestia al recibir tan directamente la luz de la lámpara.

—Por lo menos avisa cuando vayas a hacer eso —le espetó con los ojos entrecerrados y los labios fruncidos.

—Es tu culpa por estar con todo a oscuras. Parece que vivimos en una cripta medieval en vez de en una casa de un barrio residencial.

Sasuke no se molestó en devolverle el golpe. Ya con la vista más aclarada analizaba atentamente la figura de su huésped, el cual se movía con eficacia por los fogones de la cocina con dos tazones de un ramen que habían aparecido por generación espontánea. El pijama índigo que se ajustaba levemente a su esbelta espalda y a sus largas piernas, contrastaba con su piel tostada por el Sol de Okinawa. La mirada fija que clavaba en lo que estaba haciendo se filtraba a su alrededor en forma de cruda concentración.

Con esa clara y reveladora imagen delante de él, fue imposible no recordar Itachi una vez más. Sasuke se odió por hacerlo, claro. Pero no llegó a odiarse tanto como odiaba a su hermano y al memorándum andante de su hermano: Uzumaki Naruto. También le desquiciaba la idea de tener que vivir con él durante un año entero. Porque aparte de traerle malos recuerdos le caía mal. Muy mal.

—¿A qué hora empiezan tus clases? —preguntó sin verdadero interés.

—A las nueve —respondió Naruto sin girarse.

—¿Qué estudias?

—Algo.

—¿Y ese algo cómo se llama?

—Tako-tako el vendedor de boniatos.

El joven moreno reprimió las ganas que sintió de estrangularlo. Se sentó en la mesa con aparente tranquilidad y alzó la mano para que le entregara su tazón de ramen.

—¿Y tú qué haces?

La pregunta pilló a Sasuke de improvisto. Antes de responder, eligió bien sus palabras:

—Soy ingeniero del diseño industrial.

—En nuestro idioma.

—Diseño juguetes.

—Ah.

Aspirando ruidosamente un par de fideos, Naruto se acordó de la montaña de juguetes rotos y deshechos que había tras la puerta trancada. Ahora que sabía cuál era su profesión, ya no le resultaba un hecho tan siniestro.

O al menos no del todo.

—Pero eres muy joven como para ser ingeniero, ¿no? —Sasuke se encogió de hombros y negó con la cabeza.

—Cuando era más pequeño tenía mucho tiempo libre y me entretenía fabricando trenes y esas cosas. No me fue muy difícil graduarme antes de tiempo.

—Empollón.

Para cuando Sasuke levantó la vista de su desayuno para replicar algo, estaba solo. Bueno, casi solo; estaba acompañado por dos simpáticos tazones de ramen.

En el piso de arriba se alcanzaba a escuchar la agitada carrera de Naruto en un intento desesperado por ducharse y vestirse al mismo tiempo mientras gritaba: "¡Llego tarde! ¡Llego tarde!"

El joven juguetero miró el reloj de cuco tratando discretamente de ocultar su diversión.

—Menudo personaje es este Uzumaki —dijo.

Y siguió comiendo en silencio.

-

-

0o0o0o0o0

-

-

La campana que señalaba el inicio de las clases comenzó a sonar justo en el mismo momento en el que Naruto pisaba el edificio de su facultad. Con la mochila prácticamente arrastras y el pulso acelerado de tantas prisas, se adentró en la universidad junto con los demás estudiantes.

—Bienvenido a la Universidad Wasabe —le saludó un profesor con un parche en el ojo y cejas grises cuando entró en clase—. Nos lo pasaremos bien estudiando juntos.

En silencio y sin despegar los ojos del suelo, Naruto asintió educadamente, avanzó por un pasillo de mesas ocupadas y se sentó en la que estaba pegada la ventana. Repentinamente, la voz tranquila del profesor comenzó a vibrar en el aire y su corazón empezó a bombear más despacio, digiriendo el torrente de emociones que le atenazaban la garganta.

Con algo de curiosidad, Naruto desplazó la cabeza en un escáner general, donde su vista pasó por veintitrés caras extrañas, su oído captó bostezos y varios ir y venir de notitas de papel, y su olfato quedó atrapado en un fuerte olor a chicle de cereza. Aturdido, volvió a centrar su vista en la superficie vacía de la mesa y cerró los ojos.

—¿Enserio eres japonés? —dijo una voz suspicaz a su espalda— Misterios del mundo.

Como si le hubieran pinchado con un alfiler, el joven de pelo rubio abrió los ojos de sopetón y desvió su rostro hacia el chico que se sentaba una mesa más atrás y que le sonreía por el reflejo del cristal de la ventana.

—Nací en Japón, pero mi padre era inglés —respondió en voz baja.

—Oh, eso lo explica todo —el chico amplió su sonrisa de una forma amistosa—. Yo me llamo Sai. Encantado.

—Naruto —se limitó a decir.

—Las clases de introducción a la publicidad son un muermo, Naruto —comentó Sai al calibrar su silencio como un no-pienso-abrir-más-la-boca—. Lo único bueno que tienen es que Kakashi-sensei es quien las da.

—¿Kakashi-sensei es el tío con complejo de pirata que está ahí? —señaló con un dedo al profesor del parche. Sai asintió—. ¿Le gusta el exhibicionismo? ¿O es el fan número uno de Zaraki Kempachi? Hasta el pelo es igual si le pones trencitas y cascabeles.

—Mira quién habla —le recriminó, divertido—. Un chico que afirma ser japonés cuando tiene el pelo casi platino, y mitad inglés cuando tiene la piel claramente tostada por el Sol.

Naruto no pudo evitar sonreír ante el comentario. Simplemente, tenía toda la razón del mundo.

—Eso es algo que puedo justificar —movió la silla donde estaba sentado y la colocó al lado de la de Sai—: El pelo y los ojos son herencia de mi padre inglés, y el tono de mi piel es así porque de donde yo vengo casca mucho el Sol.

Sai se sobó la barbilla.

—Si eres japonés y dices que hace mucho Sol… ¿vienes de Okinawa?

—Buena deducción…

—…mi querido Watson.

—¡Silencio allá atrás!

Sai y Naruto cerraron sus bocas con una cremallera invisible y guardaron el silencio que les pedían.

-

-

Al terminar las clases, Sai se ofreció a acompañar a Naruto hasta su casa. Por el camino hablaron de música, manga, cine y de datos personales de interés. También de el qué les había llevado a venir a Tokio a estudiar.

—Supongo que ya que me habían ofrecido una beca… tenía que emplearla en una buena universidad —había dicho Naruto—. A Sakura le gustaba ésta y bueno, yo no podía negarme.

—¿Sakura es tu novia? —inquirió el chico de piel pálida con sospecha—. Qué bonito es el amor.

—¡Nada de eso! —Naruto como se le iba toda la sangre a la cabeza—. Tú no sabes como es Sakura. No te niego que me gustase cuando éramos críos, pero…

—¿Ahora está demasiado buena para ti?

—Ahora no soy capaz de verla como más que una gran amiga.

—Te comprendo —Sai se llevó una mano al corazón.

—¿En serio?

—Qué va. Pero es lo que se debe decir en momentos como éste, ¿no? Lo leí en un libro titulado "Como hacer amigos aún siendo idiota" —el chico medio inglés se atragantó con su propia saliva. Sai siguió andando sin hacerle caso.

Anduvieron por las calles residenciales de Tokio y pasaron de largo la monstruosa biblioteca que como de costumbre estaba abierta. Doblaron por la izquierda y se pararon justo enfrente de la casa de huéspedes nº 42.

—¿"Prepararse para morir"? —articuló Sai cuando leyó el número— ¿Vives en una casa del terror o algo por el estilo? Menuda grima da esto.

—Yo usaría el término "cripta medieval", pero "casa del terror" también sirve.

—Si sigues con vida para mañana, toma.

Naruto cogió la invitación que le dio Sai. Al parecer, era para una fiesta universitaria que iba a tener lugar al día siguiente en un parque que estaba a las afueras de la ciudad. Empezaba sobre las 22:00 y a saber cuando terminaba. Primero pensó en declinar la invitación, pero luego se imaginó a él mismo solo en casa con Sasuke y se lo pensó de nuevo.

Quizás es una buena oportunidad para hacer algunas amistades, pensó un Naruto más animado.

—Gracias, iré —le dijo a Sai mientras traspasaba la verja y se adentraba en el jardín.

—Vale —respondió éste.

Posteriormente, el graznido de un cuervo caló en el creciente atardecer y un viento racheado comenzó a soplar desde el Norte. Comprobando que no había nadie a su alrededor, el joven de eterna sonrisa y ojos inexpresivos chasqueó la lengua, se llevó una mano dentro del bolsillo del pantalón y sacó un móvil del año de la pera.

—¿Hola? ¿Kakashi-sempai? Sí. Soy yo, Sai —guardó silencio durante unos segundos—. Sí. Ya sé donde vive. Te cuento el resto después y vemos qué hacemos mañana. Hasta luego.

Colgó y siguió su camino.

-

-

ToBeContued…

-

-


¡Muchas gracias por leer! El próximo capítulo supongo que estará para finales de Navidad.

¡¡¡QUE PASEN UNAS FELICES FIESTAS!!!

Un abrazo,

Coelum