Acá otro capítulo, no tengo nada que comentar ahora, así que tengan buena lectura:

Capítulo 2: Un encuentro no deseado.

El avión estaba aterrizando. Ya había pasado un día desde que comenzó el viaje de Moose Lake a Río de Janeiro.

Se pudo escuchar como las ruedas del avión hacían contacto con el suelo.

Un rato después la dueña de Blu, Linda, junto al ornitólogo estaban cargando las maletas sobre un coche. Pusieron cuidadosamente la jaula en la parte de atrás.

Una vez el vehículo estaba en marcha Blu sólo disfrutaba el paisaje y el viento refrescando su cuerpo.

"Hace tanto tiempo que no veo el Sol…" – se dijo a sí mismo con mucha nostalgia – "Es como si estuviera en mi verdadero hogar o algo así"

Unas grandes y asombrosas montañas se veían en el horizonte, el clima era distinto al de Minnesota y para sorpresa de Blu y Linda, no estaba nevando allí.

"Te pondré tu protector solar, Blu" – dijo Linda – "Para que tu pico no sea un pan tostado"

Blu miró por arriba de su jaula, y allí descubrió al dúo dinámico de Nico y Pedro cantando alegremente.

"¿Todo bien?" – preguntó el canario mientras volaba y se sujetaba de las barras de la jaula.

"Mmm…" – murmuró Blu mientras sacaba un manual de traducción, pero por desgracia se le cayó – "Amh… yo no ser de aquí"

"Hey Nico, este tío es un turista" – dijo el cardenal.

"En mi opinión no se parece a un turista"

"¿En serio?" – preguntó el guacamayo – "¿No parezco?"

"No, pero creo que tienes un regalito de paloma en la nariz" – respondió el cardenal burlándose.

"Oh… no es un regalito de paloma, es sólo una crema para evitar quemarse"

"Entonces, ¿has venido al Carnaval?"

"Amh… no" – contestó él.

"¿Y qué hace un tipo como tú en un lugar como este?"

"Pues, yo vine para conocer a una… chica" – dijo algo avergonzado.

"¡Ah, una chica!" – exclamó Nico picarón.

"Seee…"

"Te voy a dar un consejo" – dijo el cardenal – "Tú tienes que dar el primer paso, las hembras brasileras buscan machos seguros"

"¿Seguros en qué sentido?" – preguntó Blu con curiosidad.

"En el sentido romántico hermano, ya me entiendes" – respondió el canario.

"Oh, claro"

"¡Tienes que sacar ese pecho, agitar esa cola y los ojos entrecerrados como una especie de halcón seductor!"

"¡Pero primero tenemos que sacarte de ahí!" – exclamó Nico.

"¡Sí, voy a abrir esa jaula como una lata de soda!" – exclamó el cardenal – "¡YIAAA, WUAATAAA!" – gritaba él mientras daba golpe tras golpe, sin resultados positivos.

"¿Quieres abrirlo así?" – preguntó Nico con ironía.

"Ufff… esta cosa tiene aguante" – opinó Pedro agotado.

"Tranquilos, esta jaula me encanta, de hecho la adoro" – dijo Blu mientras acariciaba la jaula como si fuera algo importante.

"Okey, como quieras" – aceptó el canario mientras se marchaba.

"Oh, y no lo olvides" – dijo Pedro – "¡El halcón seductor!"

"¡Sí, gracias!"

Un rato después llegaron a un gran edificio. Tulio estacionó el coche en el garaje, desempacaron todo y finalmente entraron a la clínica.

Mientras Tulio charlaba alegremente con Linda sobre diversos factores de la medicina, Blu observaba varias aves heridas y maltratadas.

"A muchas las hemos rescatado de los contrabandistas" – informó Tulio.

"¿Contrabandistas?" – Linda estaba preocupada.

"Sí" – afirmó él – "Y por desgracia, algunas mueren en el proceso"

Blu tragó saliva al escuchar eso…

"Mira, a esta ave la encontraron ayer por la noche" – dijo Tulio señalando a una cacatúa que parecía estar muy maltratada.

"Cielos…" – murmuró Linda impactada.

"Hola chaparrito" – saludó Tulio mientras le daba una caricia a la cacatúa – "Te ves mejor que ayer, mucho mejor" – agregó mientras se alejaban.

"¡Que te mejores!" – animó Blu.

La cacatúa sólo le devolvió una mirada escalofriante…

"Uy…" – murmuró el guacamayo azul.

"Entonces, ¿dónde está la hembra?" – preguntó Linda con interés.

"Ah, para ella tenemos un lugar muy especial, es una hembra muy bonita y alegre" – opinó Tulio.

"Sí que se nota lo cariñosa que es" – murmuró otro doctor lleno de rasguños.

"¿Ella lo hizo?" – Blu estaba espantado – "Sí que es muy cariñosa, oigan ya quiero irme a casita"

"Oye, tranquilo" – pidió el doctor – "Te voy a convertir en todo un galán copetón"


Tulio y Linda se encontraban en la sala de monitoreo…

Ellos pudieron notar que Blu estaba muy nervioso…

"¡LINDAAAAA!" – gritó él, pero Linda y Tulio sólo escucharon un fuerte graznido.

"Tal vez debería…" – pero Linda fue interrumpida.

"No te apresures, dales una oportunidad" – pidió el doctor.

Blu se quitó aquél horrible peinado que Tulio le había hecho y nerviosamente comenzó a caminar por el hábitat artificial.

"¿Hola?" – llamó él, pero no hubo respuesta.

Siguió caminando por un pequeño puente que conectaba dos orillas.

"¿Hola?" – repitió él, pero inesperadamente pudo ver una silueta escondida entre los arbustos, pero no pudo distinguirla ya que se perdió entre la maleza.

Siguió explorando aquél territorio totalmente desconocido para él.

"Vengo en paz" – dijo él, pero se quedó callado y mirando algo que estaba volando frente a él – "Por Dios… ella es… es… hermosa…" – pensó él con los ojos perdidos.

Aquella hembra cada vez estaba más cerca, ella lo miraba de una forma adorable.

"Me habían dicho otra cosa, es… es como un ángel…" – opinó él totalmente enamorado – "Un ángel que me va a… aplastar…" – repentinamente fue atropellado y ahorcado por la hembra.

"Quem é você?" – preguntó ella – "Que esta fazendo aquí?"

Blu intentó responderle, pero se le escuchó muy raro…

"¿Qué dijiste?"

"Me pisas al cogote…"

"Ah, eres de afuera" – dijo ella con interés.

"Gracias, es que no puedo hablar si me rompes el cuello" – dijo Blu mientras la hembra lo revisaba por todos lados.

"Igualito a mí" – admitió ella – "Soy Perla"

"Oh, ¿qué tal?"

"Bien" – respondió ella – "¿Y tú cómo te llamas?"

"Me llamo Blu" – respondió él – "Azul en English, como el cielo, cuando no hay muchas moscas claro" – agregó él.

Perla sólo se quedó mirando…

"Soy un menso, menso menso menso" – repetía él en voz baja mientras Perla observaba los alrededores.

"Listo, hagámoslo, no hay mucho tiempo" – dijo ella mientras lo tomaba de las alas.

Blu sólo se rió de una forma estúpida mientras trataba de ocultar su rubor…

Inesperadamente ella salió corriendo mientras lo arrastraba.

"¡Aguanta un poco!" – pidió él – "¡AWW!" – se quejó al golpearse con una rama.

Blu observó cómo Perla se alejaba de él, así que se dirigió a unas escaleras improvisadas y comenzó a escalar con mucha habilidad.

"¿Ya estás preparado?" – preguntó ella mientras lo miraba seductoramente.

"¿Para qué?" – preguntó él sin entender – "Oh, claro, jeje"

Perla se alejó otra vez…

"Sin miedo, soy un galán gavilán" – pensó Blu mientras seguía los consejos de Nico y Pedro y caminaba hacia ella.

"Bueno…" – dijo ella, pero fue interrumpida por Blu, quien se le acercó e intentó besarla, pero ella lo apartó – "Oye, oye ¿qué es lo qué haces?"

"Que… que… pues lo que tú querías que haga…" – respondió él sin saber que decir.

"¿Lo que yo quería que tú me hagas?" – ella estaba algo enfadada por esa respuesta – "¿Qué es lo que pretendes?"

"Nada…"

"¿Entonces?"

"Para dejarlo bien claro, ¿qué estabas haciendo tú?" – preguntó él.

"Estaba tratando de escapar, menso" – contestó ella señalando un ducto de ventilación, cuya reja guardia ya estaba moderadamente dañada.

"Oh… ah… sí, escapar, eso fue lo que intenté… con eso que hice…"

"Alto alto alto" – repetía ella – "¿Creíste que te iba a besar?"

"No no no"

"¡No nos conocemos!"

"Madre mía…" – murmuró Linda mientras observaba como Perla le gritaba a Blu.

"Creo que necesitan que los acerquemos más" – dijo Tulio.

"Oye, Perla, sé que mis plumas son atractivas pero no soy esa clase de guacamayo, ¿entiendes?"

Repentinamente una bola de discoteca apareció de la nada y una muy romántica canción empezó a sonar…

"Oye, yo no mandé a pedir esto" – admitió Blu avergonzado – "Pero hay que admitir que la cancionsita no está nada mal" – agregó mientras cantaba unas pequeñas estrofas.

Perla se quedó mirando con el pico abierto por esa vergonzosa escena.

"Échale Lionel…" – dijo él antes de que Perla se le arrojara encima y cayeran juntos hasta el fondo, en donde luego de un pequeño enfrentamiento terminaron en una posición muy vergonzosa, ambos se quedaron mirándose a los ojos.

"Cielos… ya le surgía…" – murmuró Linda algo ruborizada por esa posición.

"Lionel…" – murmuró Tulio – "Ese hombre es tremendo" – agregó chistoso.

"Eso creo"

"Oye, creo que deberíamos solos para que se den unos besitos" – dijo Tulio mientras se levantaba de su silla y se retiraba de la habitación junto a Linda.

"Oye, no me siento demasiado tranquila dejando que Blu se quede aquí"

"Tranquila, Silvio los vigilará toda la noche" – aseguró el doctor mientras señalaba a un gigantesco guardia, quien arrojó su lápiz contra la pared y le atinó a una pequeña mosca – "Además, Perla está divirtiéndose con él"

En algún otro lado estaba Blu siendo golpeado por Perla por todas partes…

"¡ESTÁ LOCA!" – gritó él antes de ser derribado por ella.


No muy lejos del centro de conservación ambiental pasaba un muchacho moreno vestido con una remera amarilla y unos pantalones estilo playero o algo parecido.

Siguió caminando y se encontró cara a cara con una gran puerta metálica.

"Es fácil" – se dijo a sí mismo mientras sacaba una caja de herramientas y realizaba un pirateo a los controles.

Una vez la puerta estaba abierta, el muchacho ingresó al lugar.

Se escondió detrás de una fuente y miró por una ventana.

"¡Psst!" – chistó él – "Ya estoy aquí…"

Nadie respondió…

"¡Pssst, hey!"

El muchacho agarró una piedrita y la arrojó contra la ventana.

Tampoco hubo respuesta…

El joven agarró otra piedra y la arrojó a la ventana, y esta vez la rompió.

"Uy…"


Silvio se quitó toda la ropa y se puso un traje estilo bikini y comenzó a bailar alocadamente mientras escuchaba una canción por radio.

Repentinamente se escuchó que algo de vidrio se rompió (la ventana que rompió el intruso).

Silvio caminó hacia el lugar del sospechoso ruido y allí se puso a examinar todo…

En su camino encontró una cacatúa.

Inmediatamente, y sin dudarlo un segundo la cacatúa se abalanzó contra Silvio y tapó su boca con un pañuelo cubierto de somníferos, echándolo a dormir una siesta nocturna.

Pepillo arrebató las llaves al guardia inconsciente, voló hacia la ventana y descubrió que estaba rota.

"Niño estúpido" – opinó él mientras veía a Fernando, quien lo estaba saludando con la mano inocentemente.

Voló hacia la puerta, puso las llaves y la abrió.

"Ellos deben estar por aquí…" – murmuró el chico.

Caminaron por un largo rato hasta que llegaron al cuarto de monitoreo.

"Ahí están" – dijo Fernando señalando un par de guacamayos.


¡PUM PUM PUM! – se escuchaba.

"Oye… ¿podrías bajarle al ruido?" – preguntó Blu mientras bostezaba.

"Ay dormilonsito, perdóname" – pidió ella.

"Te perdono"

"Lo dije irónicamente, yo estoy tratando de escaparme"

"¿Escaparte?" – preguntó él – "¿Por qué? La jaula está buena"

"¿Qué?" – Perla estaba impactada – "Ay… este es un perdedor…"

"No entendí lo que dijiste"

"No puedo esperar que una mascotita lo entienda"

"¿Mascota? ¿Me llamaste mascota?" – preguntó él – "Soy un amigo, y haz lo que quieras porque mañana volveré a tomar mi chocolatada con Linda"

"¡Increíble, prefieres estar con un humano que con una hembra de tu especie!" – exclamó ella decepcionada.

"¡Pues, esa humana me ha dado cariño y papacho desde hace quince años, mientras que la hembra de mi especie intentó dejarme sin cuello en quince segundos!"

"Ellos me quitaron todo" – admitió ella triste – "¡No son confiables!"

Repentinamente la puerta del hábitat se abrió, Perla sonrió y voló para escaparse…

"Ahí viene la hembra…" – susurró Fernando.

"¡Soy libre!" – exclamó Perla – "¡SIIIIII!"

"¡Te tengo, ave bonita!" – exclamó Pepillo mientras la agarraba del cuello y la ahorcaba, provocando que ella deje escapar un grito.

"¿Perla?" – llamó Blu – "¿Estás bien?"

Un muchacho apareció frente a él…

"Hola" – saludó él, pero el muchacho lo atrapó en un saco.


En algún otro lugar de Río de Janeiro, más bien el centro de la ciudad, había un elegante restaurante en el cual Tulio y Linda estaban esperando ser atendidos por el personal del lugar para que puedan ordenar lo que quieran comer.

"Que buena eres al acompañarme a cenar, siempre ceno sólo" – dijo él – "Amh… quiero decir por mi trabajo…"

Linda se rió levemente…

"Creí que yo era la única amante de las aves hasta que te conocí"

"Sí, claro" – dijo él – "¿Tienes alguna ave favorita?"

"Pues sí, es obvio que los guacamayos azules me encantan"

"Te comprendo, Linda, son aves muy atractivas"

"Me interesa más su inteligencia, no las plumas"

Antes de que pudieran decir algo más, dos mozos locos con un par cuchillos y carne vinieron a atenderlos.

El teléfono de Tulio comenzó a sonar con un tono de gallina:

"¿Hola?"

Linda siguió saboreando su gran platillo, pero dejó de comer al notar la preocupada mirada de Tulio…


Linda salía de la mansión, ella estaba llorando sin control.

"Todo esto es mi culpa" – dijo ella entre sollozos – "Nada hubiera pasado si Blu no hubiera salido de Minnesota…"

"No no no" – repetía el doctor – "Linda, esto no es tu culpa"

"Claro… tienes razón…" – admitió ella.

"Pues claro que la tengo"

"¡Fue tu culpa!"

"¿Qué?"

"Tu tonto lenguaje de aves y tu parloteo y tu… ¡AAHHH!" – gritó ella.

"Oye, no es mi culpa"

En ese momento Linda le habló en idioma de ave, pero luego se tapó la boca…

"Lo siento, te dije baboso"

"No logro entender, Silvio es el más valiente de los guardias"

Linda y Tulio miraron al policía que estaba hablando con Silvio:

"Repítame los hechos, joven" – pidió el oficial – "¿Fue atacado por un pajarito blanco?"

"¡Sí, me puso este pañuelo en la boca!" – exclamó Silvio – "¡Lo hizo así!"

Silvio puso el pañuelo en su boca y repentinamente cayó inconsciente. El oficial sentía curiosidad, por lo que también le dio una olfateada el pañuelo, pero también cayó durmiendo.

"Nos embolaron" – dijo Linda avergonzada.


La jaula se movía, y nuestros famosos tortolitos estaban dentro de ella.

Perla pudo ver que una pequeña parte de la tela que cubría su jaula estaba rota, por lo que utilizó su pico para abrir un agujero y observar por allí.

"Tranquis… tranquis… no hay como mi casita… no hay como mi casita…" – repetía Blu – "Ay… como quisiera con mi espejo, con mi columpio y mi campanita"

"¡SHHH!" – cuchicheó Perla – "¡Patas para arriba!"

"¿Qué?" – preguntó Blu – "¡No necesito hacerme el muerto, estoy a punto del soponcio!"-

"¡Hazme caso!"

"Bah… ya que…" – murmuró Blu mientras se hacía el muerto, pero accidentalmente cayó sobre Perla.

"¿Quieres quitarte de encima?" – pidió ella.

"Amh…" – murmuró Blu pensando.

Perla lo empujó algo ruborizada…

"Quédate quieto…"

"Hey, es para que me la crean"

"¡SHHH!"

Fernando tocó la puerta de una precaria casa.

Un hombre abrió la puerta y observó al chico:

"Pásale mi chino"

El muchacho caminó hacia un escritorio, donde un hombre estaba sentado de espalda.

"Mira lo que tenemos aquí…" – murmuró el hombre – "Te la rifaste, Fernando"

El chico sonrió.

"¿Qué pasó, recuerdan lo que les había dicho sobre este chico?"

"¿Qué no le darías todo su dinero?"

"No gordinflón" – dijo Marcel – "Que tiene mi misma habilidad y astucia cuando yo tenía su edad"

"Ah…"

"De todas formas, ten tu dinero muchacho"

"Mmm… pero sólo es la mitad de lo que me habías dicho"

"Da igual" – murmuró Marcel antes de levantar la tela de la jaula – "¡¿QUÉ ONDA?"

Fernando se quedó boquiabierto…

"Te dije que necesitaba a las aves vivas" – dijo Marcel – "Dime algo, Fernando, ¿crees que esta ave está viva, sonso?"

Perla abrió sus ojos y le mordió la mano a Marcel, provocando que la suelte.

"¡Atrápenla!"

Perla evadió a todos los humanos, y a tan sólo unos segundos de escapar Pepillo la agarró del cuello y la tiró al suelo.

Al sentir el golpe en el suelo, Blu abrió los ojos y vio a Perla en el suelo…

Pepillo aterrizó en el suelo, se acercó a la guacamaya y la agarró del cogote.

"Hola, pollita linda"

Blu saltó de la jaula, cayó sobre Pepillo y le tapó los ojos.

"Sal de aquí"

Ella no lo dudó, batió sus alas y despegó volando a toda velocidad hacia una pequeña ventana parecida a un ducto.

Antes de escapar ella arrojó una mirada a Blu, quien era golpeado por Pepillo.

Una lágrima recorrió su mejilla izquierda, miró hacia adelante pero antes de despegar la cacatúa apareció frente a ella y la arrastró hacia adentro otra vez.

"Buen trabajo, Pepillo" – dijo Marcel mientras le colocaba las cadenas a Blu y a Perla.

"Plofff… ¿por qué te quedaste mirando y no te escapaste?" – preguntó Blu adolorido.

"No lo sé… creo que estaba preocupada… por ti…" – contestó ella algo insegura, pero mirándolo a los ojos profundamente.


Aquí termina este capítulo...

Bueno, por ahora sólo notarán pequeños cambios, pero a medida que me acerque a los capítulos finales podrán notar gigantescos cambios, pues ya he planeado todo este remake de la película.

¿Qué pasará con nuestra parejita azul favorita?

'Tendrás que oír toda la historia…'

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