Capítulo 2
Godric's Hollow: 1981
Cuando por fin todo dejó de dar vueltas alrededor de él, Harry permaneció aún unos minutos con los ojos fuertemente cerrados. Intentó, con sus otros sentidos, evaluar el ambiente. Escuchó las risas de un niño y el canto de los pájaros, olió algo parecido a unas flores y sintió una cálida brisa revolviendo su ya de por sí despeinado cabello.
Notó un leve hormigueo bajo su nariz y a punto estuvo de estornudar, pero se contuvo en el último momento. Se dio cuenta entonces de que había alguien aferrado a su cintura. Harry abrió los ojos y comprobó la causa de las cosquillas: una mata de pelo pelirrojo. Ginny Weasley.
Respiró hondo y descubrió también que el olor a flores no provenía del ambiente, sino de esa cabellera color fuego.
Miró por encima de la cabeza de la muchacha y se asustó momentáneamente al no reconocer el lugar en el que se encontraban. Una carretera bordeada por árboles y una hilera de casas en la acera contraria. No necesitó voltearse para imaginar la simetría del lugar. Era un sitio agradable, con un cálido ambiente.
Sintió a Ginny removerse bajo sus brazos y aflojó la presión, dándole a la chica la oportunidad de separarse de él. Carraspeó, algo incómodo, al darse cuenta de que nunca hasta ahora había habido tanta cercanía entre ellos.
—Eh… estás… ¿estás bien?
Ella retrocedió dos pasos y clavó en Harry su mirada castaña —¿Qué ha pasado?
—Ni idea… —se llevó una mano al pelo y frunció la frente— Lo último que recuerdo de antes de aparecer aquí son las velas que Fred colocó sobre la tarta.
—¿Crees que sea una broma de ellos? ¿De los gemelos?
—¿Una broma? —negó con la cabeza—. Demasiado difícil, ¿no crees? Nos han transportado hasta este lugar que solo Merlín sabe dónde está… ¿cómo iban a haberlo conseguido?
—¿Un traslador?
Harry pronunció más las arrugas de su frente, haciendo memoria, pero volvió a negar antes de perder más tiempo.
—Imposible. Yo no toqué las velas, no toqué nada… y tú mucho menos.
Ginny se cruzó de brazos y le dio la espalda por un momento. Al parecer, se había dado por vencida. Harry se llevó las manos a la frente y se estrujó el cerebro para intentar encontrar una explicación a lo sucedido. La idea del traslador era la que más se acercaba a la realidad, pero ya había decidido que resultaba impensable. Quizás fuese una trampa de los mortífagos, aunque no tenía mucho sentido que hubiesen llevado a Ginny con él. Y, de todas formas, llevaba varios minutos con la guardia baja, si alguien hubiera querido atacar, habría perdido una oportunidad perfecta.
Una exclamación de Ginny, quien miraba de nuevo hacia él, le hizo abandonar sus elucubraciones.
—¿Qué…?
—¡No puede ser!
Se llevó las manos a la cara y se palpó el rostro en busca de alguna anomalía. Ginny lo miraba con los ojos tan desorbitados que creyó posible tener cualquier cosa atacando sus facciones.
—¿Qué tengo? —preguntó ligeramente asustado.
—¡Estás ahí! —exclamó ella, extendiendo un brazo por encima de su hombro.
Por un momento, Harry se relajó. Lo que Ginny miraba con tal expresión de asombro no era su cara, sino algo situado a su espalda. Pero entonces asimiló sus palabras: Estás ahí. ¿Estaba ahí? ¿Ahí detrás de ellos? No entendía nada.
Fue a voltearse, pero ella se lo impidió antes de que pudiese hacerlo.
—¡No pueden verte!
—No entiendo nada, Ginny.
—Estás ahí, ahí mismo… —parecía alucinada. Harry pensó que quizás se tratase justamente de eso: era una alucinación. Parpadearía dos veces y ambos regresarían a la cálida cocina de la Madriguera. Se llevó una mano al brazo y se pellizco con fuerza. Dolía. La idea del sueño quedaba descartada. Se rascó la frente y, antes de pensarlo demasiado, pellizcó a Ginny— ¡Auch! —se quejó la muchacha, frotándose la parte del brazo dañada— ¿Qué demonios haces?
—Comprobar que no estamos soñando.
—Pues duele, así que no, no estamos soñando. —volvió a mirar por encima de su hombro y suspiró con pesar— No lo entiendo.
—Ginny, ¿podrías explicarme? Dices que estoy ahí atrás, pero no me dejas voltearme, y tu cara de terror no ayuda demasiado a calmar mis nervios.
—Escucha, Harry, esto va a ser difícil de asimilar, pero no puedes perder los papeles —le agarró por los brazos y le obligó a mirar sus ojos almendrados—. Me parece que hemos retrocedido en el tiempo. Me parece que… —cerró la boca de golpe y se refugió en el pecho del muchacho, escondiéndose de vete a saber qué cosa. Antes de que Harry pudiese preguntar al respecto, Ginny maldijo por lo bajo y bufó con frustración— ¡Nos han visto!
—¡¿Quiénes?!
—¡Tus padres!
Ahora fue el turno de Harry de abrir los ojos todo lo que le dieron de sí. Vale, Ginny había heredado el carácter bromista de los gemelos y se estaba divirtiendo a cuenta de él un rato. No había otra explicación posible. ¡Sus padres estaban muertos!
—¡Oh, no! —se lamentó la muchacha, aumentando la expresión de angustia de su rostro— Viene hacia aquí… ¿Qué vamos a hacer? ¡No puede verte! Eres idéntico a él…
—No tiene gracia, Ginny —interrumpió Harry, quien ya empezaba a estar un poco cansado de la situación.
Pero ella no le escuchaba. Seguía murmurando cosas sin sentido y mirando con aprensión a los supuestos padres del muchacho. Frunció la nariz y, pareciendo llegar a alguna conclusión, fijó sus ojos en Harry durante un instante.
—Lo siento mucho, Harry, pero no pueden reconocerte —le apuntó con la varita directamente a la cara y murmuró las palabras en voz tan baja que él apenas alcanzó a escucharlas— ¡Accio gafas! —las atrapó con la mano que tenía libre y antes de que Harry pudiese reaccionar, murmuró otro hechizo con un efecto completamente diferente al convocador— ¡Furnunculus!
La reacción fue inmediata. Harry sintió la cara arder y tuvo la sensación de que comenzaba a inflamarse, o que algunas partes comenzaban a hacerlo. Escocía. Quiso gritar, pero el gemido se perdió en su garganta cuando otra voz se antepuso a sus propios pensamientos.
—¿Quiénes sois vosotros y qué hacéis en el jardín de mi casa?
Harry se quedó paralizado de la impresión. Por primera vez se tomó en serio las palabras de Ginny. Conocía aquella voz, la había escuchado en sus recuerdos cuando los dementores andaban cerca: «¡Coge a Harry y vete, Lily! ¡Es él! ¡Corre, vete! ¡Yo lo contendré!». Se estremeció ante el sonido de aquellas palabras en su cabeza.
Miró a Ginny y rogó para que ella tuviese algo que decir, porque él había perdido la capacidad de emitir algún sonido inteligente. Ni siquiera tenía la valentía de voltearse y mirar a su padre de frente, ¿dónde quedaba el valor Gryffindor en momentos como aquel?
—Hemos aparecido aquí y no sabem…
—¿Qué habéis aparecido aquí? —James interrumpió a la pelirroja antes de que esta pudiese terminar su explicación—. Eso es imposible. Está casa está protegida con toda clase de sortilegios. ¿Quién os envía? ¿Sois mortífagos?
Ginny se escandalizó ante tal acusación.
—¿Mortífagos? ¿Acaso nos ve cara de mortífagos?
—La cara a él no se la veo, precisamente.
Harry reaccionó a esa indirecta y estuvo tentado a voltearse, pero sus pies parecían anclados en el suelo. Por suerte, Ginny volvió a intervenir sin darle opción a nada.
—¡Ni siquiera somos mayores de edad!
—Bueno, puede que tengas razón —terció James al cabo de unos segundos—, pero eso no hace que os ganéis mi confianza.
—Tampoco es eso lo que pretendo, gracias.
Entrecerró los ojos y lo miró con furia. Harry quiso advertirle de que ese no era el modo adecuado de no parecer sospechosos, pero el carácter Weasley estaba saliendo a flote y él poco podía hacer al respecto.
—¿Qué estáis haciendo aquí? —insistió su padre— ¿Qué buscáis?
—¡No lo sé! Ya le he dicho que hemos aparecido sin saber porqué. Es… es complicado de explicar.
—Necesitamos hablar con Dumbledore —soltó Harry de pronto, comprendiendo en ese momento que el gran mago sería el único capaz de entenderlos.
Ginny lo miró con sorpresa, como si hubiese olvidado que se encontraba allí junto a ella, y suavizó levemente su expresión de enfado cuando Harry la miró a través de su cara inflamada. El muchacho decidió tomar cartas en el asunto. No tenía sentido dejar que Ginny discutiese con su padre. Él no quería enemistarse con su padre, desde luego.
Respiró hondo y se volteó, sintiendo el corazón palpitar a mil por hora bajo su pecho.
—¡Ugh… por Merlín! —exclamó James, retrocediendo dos pasos hacia atrás— ¿Qué demonios te ha pasado, muchacho?
—Ehm… digamos que… medidas de seguridad.
Estuvo a punto de reírse de su propia situación. Nunca hubiese imaginado volver a encontrarse con sus padres, pero si alguna vez ese pensamiento hubiera cruzado su mente, desde luego que no se veía a sí mismo con la cara llena de granos y furúnculos.
—Necesitamos a Dumbledore, en serio —intentó sonar convincente, pese a que tener a su padre a menos de dos metros con la varita en guardia no era muy alentador— No te pido que confíes en nosotros, pero sí que no nos tomes por lo que no somos. No queremos haceros daño… a ninguno de los que viven en esta casa —en un intento desesperado por salir de aquel atolladero, extrajo la varita de su bolsillo y se la tendió a James—. Mira, te entregamos nuestras varitas. Dudo mucho que nos creas capaces de realizar magia sin ellas…
Su padre pareció conforme con ese hecho. Si bien no bajó su varita, sí que se acercó a ellos y extendió la mano para que el joven pudiese depositar en ella la suya. Durante una milésima de segundo, los dedos de Harry rozaron la palma de James. Fue un contacto prácticamente imperceptible, pero que al joven le sirvió para comprobar que todo aquello era real. Su padre era sólido, era imposible pensar en él como en una mera visión de su subconsciente.
—Ginny… —murmuró, intentando mostrarse lo más sereno posible—, tu varita.
—¿Qué?
—Entrégale tu varita.
Ella abrió la boca con asombro, como si no pudiese creer lo que Harry le estaba pidiendo. No había contado con quedarse desarmada. Frunció los labios y, sin oponer resistencia, imitó al moreno y depositó su arma en la mano de James. Se cruzó de brazos y murmuró para sí, pero Harry llegó a comprender palabras como increíble, Potter, iguales, idiotas y mocomurciélagos. Le recordó increíblemente a la señora Weasley.
Carraspeó y se obligó a no perder la concentración. Apartó la mirada de la pelirroja y volvió a fijarla en su padre, alzando las manos en gesto de paz.
—¿Y bien…?
James, quien también parecía haberse perdido por un instante en su propio mundo, pegó un pequeño bote y se guardó las varitas de los adolescentes en el bolsillo trasero de su pantalón.
—De acuerdo —accedió, sin dejar de apuntarlos directamente con la suya—. Adentro.
Les hizo un gesto con la cabeza y los obligó a avanzar por delante de él. Harry tropezó con la rama de un árbol y a punto estuvo de caerse de bruces, pero Ginny fue más rápida y extendió un brazo a modo de apoyo. Debía calmarse y fijarse por donde pisaba si no quería terminar en el suelo. Recordó que, aparte de la hinchazón, tampoco llevaba las gafas puestas, por lo que la visión que tenía ante sus ojos estaba ligeramente nublada. Sin poder evitarlo ladeó la cabeza hacia atrás y observó el rostro de su padre. Distinguía el pelo desordenado y las gafas redondas, pero el resto de detalles estaban borrosos. Deseó poder deshacerse de su miopía. Por primera vez en su vida estaba viendo a su padre y no quería perderse ni un solo detalle de él.
James les instó a que siguiesen recto una vez hubieron cruzado el umbral de la puerta, dirigiéndolos directamente a las escaleras que conducían al piso superior. Inútilmente, Harry miró en torno a él, ansioso por conocer la casa en la que una vez tuvo su hogar, pero de nuevo su ceguera le dejó con las ganas. No había llegado ni a la mitad de la escalinata cuando la voz de una mujer le paralizó los pies. La voz de su madre.
—¿James? ¿Qué…?
—Tranquila, Lily —la calmó el aludido—. Lo tengo controlado.
—¿Quiénes son? ¿Qué hacían en el jardín?
Sin poder contenerse más, Harry volteó el cuerpo. Pese a saber que sólo conseguiría una imagen borrosa y distorsionada, necesitaba mirar hacia ella. Tropezó con sus propias piernas y de no ser porque una vez más Ginny lo sostuvo, hubiera terminado rodando escaleras abajo.
—Ten más cuidado —susurró la muchacha.
—¿Qué le ha ocurrido? —preguntó con urgencia su madre, refiriéndose seguramente a su cara deforme— ¿Los han atacado?
—No, no… —James se llevó una mano a la cabeza y se revolvió el pelo, una imagen que a Harry le hizo recordar el pensadero de Snape—. Bueno, no creo…
—¡¿No crees?! ¡James! —lo reprendió.
—Me preocupaba más que ellos nos pudiesen atacar a nosotros, la verdad.
Lily chasqueó la lengua con impaciencia —Si son solo unos niños…
—Pueden estar bajo el efecto de la poción multijugos.
—¡Oh, por favor! —gritó Ginny, incapaz de permanecer en silencio— No habla en serio.
—¿Y por qué no iba a hacerlo? —James la miró directamente a ella—. No sabemos nada de vosotros.
—¡Te hemos entregado nuestras varitas! ¡No somos mortífagos!
—Debo proteger a mi familia, y… —Ginny bufó ante estas palabras, volteó los ojos y contuvo una sonrisa, provocando el escepticismo de James— ¿Qué es tan gracioso?
—Si usted supiera… —murmuró ella por lo bajo.
—Ginny, basta —la interrumpió Harry antes de que hablase de más. Resopló con fuerza y se dirigió a su padre— Dumbledore, por favor. Necesitamos hablar con él.
James dudó un instante y el muchacho se impacientó al pensar que habían vuelto a la desconfianza del jardín. Iba a insistir cuando Lily habló por él.
—James, cielo, ningún mortífago en su sano juicio exigiría hablar con Albus.
—Pero, ¿y la poción multijugos? No lo había pensado hasta que lo he dicho, pero ahora que…
Ella no le dejó terminar —Los efectos se pasan en una hora. Tendremos que esperar para ver su aspecto después de eso.
—Pueden tener reservas…
Ni él mismo parecía creer en sus palabras, pero daba la impresión de que quería encontrar el mayor número de amenazas ante su presencia. Lily volteó los ojos con la misma impaciencia que Ginny había mostrado segundos antes. A Harry le hizo gracia la comparación.
Su madre extrajo su varita y la bamboleó en el aire.
—Accio poción multijugos —espero a ver si algo sucedía y volvió a hablarle a James cuando nada acudió a ella— ¿Conforme?
—Por ahora… —y antes de instar a los muchachos a continuar ascendiendo— ¿Dónde está Harry?
Claro. Ahora lo comprendía. El bebé al que había escuchado reír tras aparecer allí era él mismo.
—En la sala, jugando.
James pareció aliviado —Voy a subirles a la habitación de invitados. Cuida de él mientras regreso.
Lily sonrió y se acercó a él, le revolvió el pelo con cariño y depositó un leve beso en su mejilla. La imagen se le antojó tan íntima a Harry que se sintió incómodo allí con ellos, igual que un intruso. Desvió la vista hacia Ginny e intuyó que su amiga estaba sintiendo algo similar.
—Estaremos bien —susurró su madre en tono bajo.
James asintió, con algo más de confianza, y dio media vuelta hacia ellos. Alzó de nuevo su varita y ambos le precedieron escaleras arriba. No hablaron en el trayecto que quedaba hasta la habitación de invitados y, una vez allí, James se limitó a abrir la puerta y hacerlos pasar. Cerró sin más miramientos y, desde afuera, les echó algún tipo de hechizo protector.
Harry soltó todo el aire contenido de golpe y se dejó caer en la cama que había en el centro del cuarto.
—Muy simpático tu padre —opinó Ginny, sacándose las gafas de debajo de su chaqueta y lanzándoselas por el aire.
Harry las cogió al vuelo y se las colocó, pensando en las palabras de la pelirroja. Sí, simpático, desde luego. Curvó los labios en media sonrisa y, sin darse cuenta de cómo, comenzó a reír de forma estrepitosa, contagiando a Ginny de sus carcajadas.
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Llevaban al menos media hora encerrados en aquella habitación. Harry seguía tumbado en la cama, con los ojos cerrados, y Ginny sospechó que había terminado por quedarse dormido.
Se ahuecó el pelo e improvisó un moño con su melena pelirroja. Estaba empezando a agobiarse allí dentro.
Caminó de un lado a otro del cuarto con nerviosismo. La habitación era sencilla, la típica habitación destinada a los invitados de la casa. Una cama doble, un escritorio con una silla, un armario no muy grande y una cómoda con un espejo en la pared contigua. Pero, pese a los pocos detalles personales que allí había, algo le indicaba a Ginny que aquella no era una mera habitación para las visitas. La colcha granate que cubría la cama no era de ese color por casualidad, las revistas de motocicletas muggles que había sobre el escritorio no servían como entretenimiento a cualquiera y la colonia de encima de la cómoda no era un detalle de cortesía por parte de Lily y James. Sirius Black estaba presente en cada uno de los rincones del cuarto.
Harry se removió inquieto en la cama y ella fijó su atención en él. Se estremeció ante los granos que surcaban su rostro, asustándose ante la posibilidad de haber lanzado mal el hechizo. Nunca antes había utilizado aquel maleficio y no estaba segura de lo que duraba su efecto, pero se le hacía que ya había pasado el tiempo suficiente.
Estaba preocupada por él.
No se atrevía a preguntar demasiado, pero sabía que ese viaje al pasado tenía que haberle afectado. Y, para colmo, ella no le había ayudado en absoluto. ¿A quién se le ocurría ponerse a la altura de James? ¡Lo único que le hubiese faltado fue echarle el maleficio de los mocomurciélagos! Y eso debería agradecérselo a Harry y a su idea de entregar sus varitas, porque de haber tenido la suya a mano no dudaba de su falta de control.
—¿Te duele? —se atrevió a preguntar cuando estuvo segura de que Harry no dormía. Se acercó y se sentó junto a él en la cama— Lo siento mucho, no se me ocurrió otra cosa para ocultar tu cara. No se me da bien razonar cuando estoy bajo presión.
—¿Bromeas? —Harry abrió los ojos— ¡Yo ni siquiera había considerado la opción de ocultarme! Hubiese sido desastroso que me viesen tal cual soy.
—Sí, hay que reconocer que tu cara sin granos da mucho más miedo que con ellos —bromeó la pelirroja, consiguiendo, por segunda vez en lo que llevaban de día, que Harry rompiese a reír— Me alegra que te lo tomes con tanta alegría.
—Bueno, en realidad no sé muy bien cómo debería reaccionar. Todo esto es muy confuso.
—¿Qué nos habrá traído hasta aquí?
Harry se encogió de hombros y negó con la cabeza.
Aquella duda había estado presente durante todo el encontronazo con James. A Ginny no le gustaba pensar que las cosas sucedían por cuestión del azar, así que creía que si estaban precisamente allí debía ser por algo importante. Había mil épocas e innumerables lugares en los que aparecerse, ¿por qué precisamente la casa de los padres de Harry cuando estos aún estaban vivos? Le había estado dando vueltas desde que estaban encerrados, pero no encontraba ninguna respuesta coherente.
—Eh… ¿Tú… tú estás bien? —le preguntó con cautela.
—¿Lo dices por… por mis padres? —Ginny asintió— Estoy sorprendido… y confuso, pero bien, sí… o eso creo. ¿No es algo malo, no? Quiero decir, habernos encontrado con ellos… no puede ser malo.
Ginny lo meditó un poco antes de contestarle nada. Estaba segura de que Hermione en su lugar hubiera recitado una lista de razones por las cuales un encuentro entre Harry y sus padres podía resultar desastroso, pero ella era incapaz de encontrar alguna. Harry la miraba ahora esperanzado, como queriendo confirmar que no era el único loco por ver el lado bueno a esa situación, y ella no pudo hacer más que sonreír. ¿Cómo iba a ser malo algo que a Harry le hacía tan feliz? Se merecía un poco de alegría en su vida.
—No, no es malo —aseguró—, para nada.
Él sonrió, radiante, y abrió la boca para agradecer, pero se calló cuando algo al otro lado de la puerta llamó su atención. Ginny miró también hacia la entrada al mismo tiempo en el que Harry daba media vuelta en la cama y se tumbaba de espaldas a ella, haciéndose el dormido e intentando pasar desapercibido a quien quiera que fuese quien los estaba visitando.
Ginny se levantó y esperó a una distancia prudencial de la puerta.
Cuando esta se abrió, apenas una rendija, otra cabellera pelirroja se coló en la habitación. La muchacha se sorprendió de ver allí a Lily en lugar de a James, pero intentó no mostrarlo.
—¿Cómo estáis? —preguntó la mujer— Disculpad a James, cualquier medida de seguridad es poca en estos tiempos que corren —se adentró más hacia el centro y se detuvo antes de llegar al borde de la cama, temerosa— ¿Él está bien?
—Sí… —afirmó Ginny—, se ha quedado dormido. El día ha sido bastante… eh, complicado.
—¿No sabéis por qué habéis aparecido justo aquí?
—No tenemos ni idea, por eso necesitamos a Dumbledore. Él nos podrá ayudar.
—James se ha puesto en contacto con él, pero está en una misión de La Ord… —se interrumpió justo a tiempo de desvelar algo, suponiendo que aquellos dos adolescentes poco tenían que ver con la Orden—. Está de viaje —improvisó—, y no sabemos cuándo podrá pasarse. Puede que hoy a última hora, aunque lo más probable es que hasta mañana nada.
Ginny suspiró con desánimo y miró a Harry, quien por un momento se había olvidado de acompasar su respiración. No habían contado con que Dumbledore no acudiese al instante y no sabían cómo se suponía debían actuar. No le apetecía estar escondida una hora más, pero Harry no podía pasearse por allí a riesgo de que los descubriesen. No, al menos, hasta que el profesor les hubiera aconsejado al respecto.
—Bueno —murmuró al fin—, podría ser peor, supongo.
Lily volvió a mirar la espalda de Harry —¿Cómo va de la erupción?
—Mal, muy mal. No sé porque no se le va.
—¿Fue cosa de un hechizo? —Ginny asintió y entonces ella le tendió un cuenco que había estado sosteniendo todo ese rato— Esto ayudará —explicó—. Debes untárselo por encima de las postillas como si fuese una crema.
—¿Qué es? —preguntó, aceptando con gusto cualquier cosa que aliviase la inflamación.
—Ortiga seca, colmillos de serpiente, pedazos de cuerno y púas de erizo —Ginny la miró con tal expresión en la cara que Lily soltó una carcajada— Soy buena en pociones. Le vendrá bien, hazme caso.
No muy convencida, la muchacha finalmente terminó accediendo. No le gustaba ni el color ni el olor de ese mejunje, pero nada podía ser peor que las pústulas que había hecho aparecer en la cara de Harry.
—Te llamas Ginny, ¿no? —preguntó, algo temerosa, Lily. Ella asintió, recordando que Harry la había llamado por su nombre en presencia de sus padres— Verás, hoy es el cumpleaños de Harry —y entrando en detalles—, nuestro hijo, cumple un año.
—Oh… —contestó, incapaz de pensar en algo más inteligente. La idea de tener dos Harrys en una misma casa era algo que se le antojaba extrañísimo.
—Bueno, el caso es que ninguno de nuestros amigos va a poder venir. Tienen eh… asuntos que atender —explicó, eludiendo de nuevo la mención a la Orden—, y no nos gustaría celebrar solos el día. Puede que la vecina de al lado se pase a tomar un té, pero es ya mayor y, con todos los respetos, no creo que sea el alma de la fiesta. He estado hablando con James y ambos estaríamos encantados de que bajaseis a hacernos compañía.
—¿Qué? —se sorprendió la joven pelirroja. Por nada del mundo se hubiera imaginado algo así— ¿Bajar a la fiesta?
—Será una merienda sencilla en realidad, pero habrá tarta.
—¿Y su marido está de acuerdo? ¿Ya no cree que seamos mortífagos deseosos de terminar con ustedes?
Lily soltó una risilla nerviosa —En realidad nunca pensó tal cosa, pero debía asegurarse.
—¿Y qué le ha hecho "asegurarse"?
—Mi opinión —sonrió la mujer—. No creo que seáis peligrosos, más bien parece que necesitéis nuestra ayuda.
Ginny le devolvió la sonrisa en un gesto de agradecimiento. Era reconfortante saber que ya no te suponían ninguna amenaza.
—¿Bajaréis entonces a merendar?
—Lo consultaré con él cuando se despierte.
Lily volvió a sonreír, aparentemente complacida, y abrió la puerta para marcharse. Se detuvo en el marco, vacilante, y terminó por ampliar su sonrisa.
—No os encerraré. No creo que sea necesario – y, tras guiñar un ojo, desapareció de la vista de Ginny.
La pelirroja suspiró y cerró los ojos. Cuando los volvió a abrir, se encontró con los verdes de Harry mirándola con fijeza. Sin mediar palabra, volvió a tomar asiento junto a él en la cama, le quitó con delicadeza las gafas y comenzó a aplicarle el extraño ungüento que Lily les había dado.
—Si quieres puedo hacerlo yo mismo…
—No, no te preocupes.
El mejunje olía peor que los excregutos de cola explosiva de Hagrid y era pegajoso al tacto. Pensó que quizás también escociese al contacto con las postillas, pero apartó esa idea al ver el alivio reflejado en la cara de Harry. Algo más confiada, sonrió al mismo tiempo que seguía aplicándole la pomada mágica.
Todo aquello era irreal. No solo el haber viajado al pasado, sino también el hecho de estar allí con Harry. ¡Por Merlín! ¡Hacía dos años no era capaz ni de pronunciar palabra en su presencia! Intentó recordar el momento en el que las cosas cambiaron para bien, ¿el baile de navidad de su tercer año, tal vez? Quizás Michael Corner tuviese la culpa de todo. Puede que al final resultase ser un estúpido, pero fue quien le enseñó a tener un poco más de confianza en sí misma. Fue el primero en mirarla de manera diferente a como la miraban sus hermanos. Y, gracias a él, ella relegó a Harry a un segundo lugar. Comprobó que no era difícil hablar con él, reír con él… Sin darse cuenta de cómo, había pasado de ser la hermana pequeña de su amigo Ron a ser simplemente Ginny. Su amiga Ginny. Le gustaba esa etiqueta.
—Ginny… —llamó Harry, con la voz ligeramente rota.
—Hmn…
—Deberías bajar al cumpleaños.
Dejó de aplicarle el ungüento. No se había atrevido a sacar el tema después de que Lily los dejó solos, por lo que agradecía enormemente que hubiera sido él quien hubiera hablado de ello. Quería bajar, pero no quería hacerlo sola.
—Tú deberías bajar. Al fin y al cabo es tu cumpleaños.
Él sonrió con cierto pesar —Pero eso ellos no lo saben.
—Ya, pero…
Harry no la dejó hablar.
—Acabamos de librarnos del hechizo Furnunculus, no me apetece llenarme otra vez de estos horribles granos.
En eso tenía razón. El preparado de Lily había dado resultados al momento. No había ni rastro de los furúnculos en la cara de Harry. Y, tal y como él estaba diciendo, no era lógico volver a lanzarle el maleficio. Arrugó la nariz, un gesto inconsciente cuando pensaba, e intentó encontrar otra solución.
—No hay manera, Ginny. En sexto curso aprenderemos las transformaciones humanas, pero, desgraciadamente, ninguno de los dos sabe emplearlas ahora mismo.
—Sí, tienes razón, supongo —cedió, suspirando con frustración.
—Pero sería descortés que ninguno apareciese. Tú deberías bajar.
Apretó los labios hasta formar con ellos una línea casi imperceptible. No era muy buena ocultando cosas, era demasiado obvia (algo que sus hermanos se empeñaban siempre en recordarle), seguro que terminaba metiendo la pata y hablando más de la cuenta delante de los Potter.
—Creo que deberíamos contarles la verdad.
Harry la miró con los ojos desorbitados —¿Decirles quién soy yo?
Ella asintió. Lo llevaba pensando desde hacía un rato. ¿Qué ganaban ocultándoselo? No sabían cómo regresar a su época y, mientras lo averiguaban, no era lógico que Harry permaneciese encerrado en una habitación.
Él, por el contrario, realizó un gesto negativo con su cabeza.
—Esperaremos a ver qué nos dice Dumbledore, es lo más sensato.
Tuvo que darle la razón de nuevo. Harry era el principal interesado en que sus padres supiesen quien era, así que si creía que lo adecuado era esperar hasta el día siguiente, no podía hacer otra cosa que respetarlo.
—Muy bien, de acuerdo —accedió—. Bajaré a tomar un poco de tarta y a cantarte el cumpleaños feliz.
—Diles que estoy dormido, que no me encuentro bien… cualquier excusa que se te ocurra.
—Espero que no suban a buscarte —murmuró, levantándose y dejando el cuenco, ya vacío, sobre una de las mesillas de noche.
—Me taparía con la sábanas hasta la cabeza —sonrío, como si nada pudiese suceder—, no se van a atrever a quitármelas si piensan que duermo.
—Eso espero…
Y sin detenerse a dar más vueltas al asunto, se despidió con un gesto de mano y salió de la habitación con las piernas temblando. No entendía porque le daba tanto miedo conocer a los Potter.
Hasta aquí el capítulo 2 :) El siguiente será el viaje de Hermione y Remus y después ya iré intercalando los 3 tiempos.
Os contesto vuestras dudas y comentarios por aquí:
Cayazly: Sip, elegí a Fred en lugar de a George porque quería que conociese lo que no va a poder conocer (como le pasa a Tonks). Podría haber metido también a George y mandar a los 2 gemelos, pero no quería tener a demasiada gente viajando :P es más fácil así, jeje.
Helen Nicked Lupin: Teddy aparecerá^^ Recordemos que Harry es su padrino y que tiene bastante relación con él. A ellos sí los ven (bueno, los verán) lo que pasa es que los niños estaban dentro de la casa y ellos en el jardín, viéndolos a través de una ventana y nadie se ha dado cuenta. Los verán cuando entren a la casa :) Remus, Hermione y los merodeadores vendrán en el prox capítulo. ¡Gracias por el coment!
Randa1: Es una buena idea la del reloj de los Weasley, aunque no les van a dejar tan fácilmente acceder a información acerca del futuro. Y de todas formas en el reloj (pensándolo ahora, porque no había planeado meterlo en la historia :P) saldrían solo los 7 hermanos Weasley originales y Arthur y Molly, la nueva generación no. Pero buena idea de todas formas ;) quizás en algún momento (para saber, como has dicho, qué ha pasado con ellos en el futuro y si siguen vivos o qué) puedan ehcarle un ojo.
Jazmin-Black y Rocio: Gracias por pasaros a comentar :)
Francesca85: Yo también soy muy fan de los fics de viajes en el tiempo^^. Pues para ver qué pasa cuando entren a la casa hay que esperar un par de caps, jeje. Intentaré no tardarme! Besos!
Little Granger: Gracias por tus coments!! (por este y por el de "Juntamos Generaciones") Jajaja, sí... me ha dado ahora por lo de los viajes en el tiempo. Más que los viajes en sí, me gusta juntar a los personajes de épocas diferentes :P. He metido a todos los hijos de todos los Weasley, Louise es el hijo pequeño de Bill y Fleur, y Molly y Lucy son hijas de Percy (si pones en google arbol genealógico de los Weasley podras encontrar a los hijos de todos :) o poniendo familia Weasley, en la wikipedia también aparecen los nombres de la Nueva Generación) Espero que te siga gustando! :)
Gracias a todos! Si me seguís dando vuestra opinión me ayudaréis bastante^^ :)
Besoooos
